Se acercan los 2 años y empiezan a llegar las rabietas, y con ellas, muchas dudas de cómo atenderlas. Nos agobian, nos estresan, nos remueven e incluso a veces nos paralizan. Y por esto, con frecuencia, queremos que paren lo antes posible. No obstante, si nos centramos únicamente en detenerlas a toda costa, puede ser que acabemos recurriendo a métodos poco respetuosos como los gritos, los castigos o los sobornos.
Lo sé, gestionar una rabieta no es nada fácil, y no lo digo solo como pediatra, sino también como madre de dos que ha sufrido las pataletas en su propia piel. Pero a la vez, una rabieta es una gran oportunidad que se nos presenta para enseñarle a nuestro hijo o hija destrezas emocionales que le serán útiles en un futuro. Y ese debe ser nuestro objetivo ante una rabieta.