La Lealtad

Aldo Duzdevich
Norberto Raffoul
Rodolfo Beltramini

Fragmento

INTRODUCCIÓN

Y ahora, los que estamos vivos, y aquí enteros, después de habernos muerto de miedo, muertos de vergüenza por no estar muertos, mientras otros morían de verdad […] ya que tenemos la vida de “prestado” y nuestra vida no nos pertenece […] y no somos simplemente seres vivos, sino que somos resucitados […] y que los que resucitan tienen otras responsabilidades […] y que saben más de la vida que los que recién están en la primera vida […] y sabemos que la esperanza no quedará defraudada.

Padre Jorge Galli1

¿Qué fueron en realidad los primeros 70? ¿Qué contuvo el 73?
La revisión de esos años necesita ahora de un debate más arduo de lo testimonial, lo denunciativo o la información de sus violencias organizadas. […] Tiempo pasado, sin embargo, que aún está allí. Se lo acepte o se lo rechace: tanteado en la penumbra de lo que nos pasa.

Nicolás Casullo2

¿Por qué otro libro sobre los 70?

Los 70 son la historia de la lucha popular dinamizada por una generación que, en pocos pero vertiginosos años, logró arañar con las manos el cielo de la revolución y que, al mismo tiempo, tuvo como corolario un desenlace trágico de una dimensión imprevisible.

Los años del terror militar se llevaron treinta mil de los mejores jóvenes y confinaron al exilio externo e interno a otros tantos. Muchos de los sobrevivientes quedaron presos de la frustración y el silencio profundo durante largo tiempo. Aquella derrota permitió la instauración del liberalismo económico y allanó el terreno para su profundización durante los años venideros.

Es cierto que mucho se ha escrito ya sobre “los 70”, y mucho se habrá de escribir todavía. Este libro pretende reconstruir la historia de parte de esos jóvenes que protagonizaron una de las etapas de mayor efervescencia política de la historia argentina.

Algunos participaban de la lucha armada, otros eran militantes barriales, sindicales o universitarios. En una coyuntura por demás compleja, durante el tercer gobierno constitucional del general Perón, parte de estos jóvenes creyó que era necesario cesar la lucha violenta y acompañar al líder, en cuya figura el pueblo había depositado 18 años de esperanzas. Fue así como constituyeron la JP Lealtad y Montoneros Soldados de Perón.

Narramos en primera persona del plural porque fuimos protagonistas y testigos a la vez. La emocionalidad condiciona nuestro relato, pero pretendemos ser sinceros respecto de las ideas que nos animan y defendemos.

Primero, nos motiva rescatar del olvido el nombre de muchos compañeros que entregaron su vida al servicio del ideal de un país más justo. Al mismo tiempo, pretendemos hacer una profunda reflexión sobre lo acontecido, ya que resulta clave entender por qué esa enorme energía de participación y compromiso político-social de la juventud de los 70 desembocó en muerte, campos de concentración y tres décadas de retroceso en el camino de la liberación de la Patria. Seremos muy críticos de los errores políticos cometidos, pero, a diferencia de otros análisis que cuestionan la violencia de los 70, partimos de reconocer la legitimidad de la lucha armada hasta 1973.

Quede claro que no tenemos intención de aportar a la pretendida versión de “historia completa” o “teoría de los dos demonios”, que se usa para justificar los crímenes de lesa humanidad y el exterminio. A aquellos a quienes el Estado les dio armas y uniformes para defender la Patria y luego se convirtieron en cobardes asesinos de su propio pueblo, torturando y asesinando, protegidos por la oscuridad de los calabozos, no les cabe ningún tipo de justificación moral ni política. Solo las condenas de la Justicia.

No compartimos la teoría del “último Perón malo”. Por izquierda y por derecha abundan los teóricos que hablan de un Perón que “traiciona a los jóvenes”. No comulgamos con esa idea, cuyo único objetivo es intentar destruir el mito originario, cuestionar el rol de Perón en la historia y deslegitimar al peronismo como movimiento de liberación nacional. Inevitablemente, mucho de lo escrito tiende a polemizar con los partícipes de la época, pero escribimos fundamentalmente para los jóvenes, para la nueva generación que hoy se suma con entusiasmo a la militancia política.

Sabemos que ésta es solo una parte más de la verdad. Mostramos otra visión de las muchas posibles. La intención no es entregar versiones definitivas, sino dejar espacio para las reflexiones propias de cada lector. Perón decía que hay que estudiar la historia para aprender del error ajeno, y una buena lectura de los 70 es esencial para no volver a errar el camino.

La organización Montoneros tuvo tres desgajamientos importantes: la Columna Sabino Navarro, a principios del 72; la JP Lealtad, en febrero-marzo de 1974, y el grupo Galimberti-Gelman, ya en el exilio, en 1979.

La Lealtad, que, al decir de algún compañero, “tal vez tuvo como único gran mérito salvar muchas vidas…”, será el tema de este libro. En ese momento, “salvar vidas” no representaba algo que se asociara al mérito, sino, más bien, era condenado como un acto de cobardía. Parecía que la revolución exigía la mayor entrega de sangre que fuese posible. Como si cada militante muerto comprometiera a muchísimos más a seguir su camino. Muchos de los sobrevivientes aún hoy siguen arrastrando la sensación de culpa, la “vergüenza” de no haber muerto como los demás. Algunos se apartaron de la militancia, otros marcharon a los exilios externos o internos, y hay quienes siguen participando de la política hasta nuestros días.

Primera retrospectiva

En diciembre de 1985, en la revista Unidos, Mario Wainfeld3 y Norberto Ivancich4 publicaron el primer y tal vez único texto sobre la experiencia de la JP Lealtad. Los autores reflexionan sobre este desprendimiento de la organización Montoneros:

Perón valoraba la historia de los Montoneros y la diferenciaba de su praxis política de 1973 y 1974. Este planteo de Perón tuvo respuesta favorable en sectores internos de la Tendencia, de la que se desprendieron núcleos de militantes dispuestos a apoyarlo. El primero fue la “columna José Gervasio Artigas”, de la provincia de Buenos Aires, que, mediante un extenso documento, hizo públicas sus diferencias ideológicas y políticas con la conducción montonera. La siguieron miembros de la Juventud Trabajadora Peronista que constituyeron una Mesa Provisoria opuesta a la que adscribía el oficialismo montonero. […] De resultas de estas nuevas rupturas surgieron la JP Lealtad, la JUP Lealtad, la UES Leal y la organización “Montoneros Soldados de Perón”, junto con multiplicidad de JP del interior que rechazaron las conducciones zonales de la JP-Regionales. La “Lealtad” no fue ni el primero ni el único desgajamiento de la Tendencia, pero sí el único que intentó dar una respuesta a la encrucijada política rescatando el proyecto de Perón por considerarlo más abarcador, social y políticamente.5

Más cerca en el tiempo, Mariana Pozzoni, doctora en Historia de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en su tesis Una experiencia de disidencia: La Juventud Peronista Lealtad (1973-1974), desarrolla algunas líneas interpretativas sobre el fenómeno de “los Lealtad”:

Las razones fundamentales de la escisión se vincularon tanto con el rechazo provocado por el fuerte cuestionamiento al liderazgo de Juan D. Perón de parte de los jefes montoneros, como con las dudas respecto de la legitimidad de la continuidad de la lucha armada en un gobierno democráticamente elegido.

En su versión de la historia, algunos cuadros de conducción de Montoneros han aportado su visión respecto de la fractura de la Lealtad. Fernando Vaca Narvaja, uno de los tres integrantes de la Conducción Nacional de Montoneros sobreviviente, opina sobre esa fractura:

Fue una división que se dio tanto en Buenos Aires como en el interior del país, militantes que no acordaban con la política de Montoneros en ese momento. […] Si hoy analizamos políticamente, algunos de esos cuestionamientos tenían elementos de fundamentación seria.

Nosotros después realizamos la autocrítica, es decir que en parte tenían razón. La historia terminó dándoles en ese sentido la razón, lo que pasa es que la realidad no les dio la razón políticamente en ese momento, ya que eran sectores, respecto de Montoneros, minoritarios.6

Acerca de la dimensión del sector disidente, José “Pepe” Amorín,7 dirigente de Montoneros, aporta una mirada distinta, considerando a la JP Lealtad

…una fractura significativa en términos de calidad, por la veteranía político-militar de los disidentes. Y peligrosa por su potencial extensión a partir de la coincidencia de pensamiento que existía entre los disidentes, gran parte de los veteranos de la Organización y la mayoría de los responsables de los frentes de masas.8

Por su parte, Roberto Perdía9 no minimizó en sus reflexiones la ruptura, al contrario, la consideró “la escisión más importante que tuvo Montoneros”. En su libro, analiza autocríticamente las consecuencias que tuvo sobre la organización este desprendimiento:

El debate que se suscitó entre Montoneros y esta corriente haría que en nosotros se fortalecieran las tendencias más clasistas e ideologistas. Esa imposibilidad de alcanzar una síntesis interna reflejó una de las mayores debilidades de esta etapa e influyó negativamente sobre el futuro. El tratamiento que le dimos a la disidencia contribuiría a fortalecer una tendencia equivocada.10

La narración de la historia de los 70

La historia es una interpretación del pasado conforme al pensamiento de cada sociedad y, más aún, de cada persona. La narración siempre está condicionada por la visión política e ideológica de quienes la realizan. En esa subjetividad, lo normal es que algunos hechos se destaquen, otros se minimicen, y otros directamente se omitan. Nosotros intentaremos señalar hechos y circunstancias para dar sustento a una interpretación que creemos más equilibrada de la historia.

En primer lugar, repasaremos los años de lucha de la primera y segunda Resistencia Peronista, quiénes fueron sus protagonistas y qué pensaban. En este recorrido histórico, señalaremos el rol de Perón como líder y conductor del Movimiento Peronista y su despliegue estratégico para retornar al poder desde el exilio. Sin estos antecedentes es imposible interpretar la historia de los 70.

En ese marco, haremos un recorrido por los orígenes de los primeros grupos armados peronistas, sus distintas vertientes ideológicas, sus coincidencias y contradicciones con el pensamiento de Perón.

Entendiendo que, a partir del 25 de Mayo de 1973, el eje de la violencia armada se traslada hacia la interna del Movimiento Peronista, abordaremos la discusión entre la Tendencia Revolucionaria11 y las organizaciones sindicales, y la creciente tensión entre Perón y Montoneros. Ambas cuestiones se cruzan a la hora de pensar la ejecución de José Ignacio Rucci. Este hecho trascendente no solo marcó un punto de difícil retorno en la relación Montoneros-Perón, sino que también fue determinante para que muchos militantes críticos (o a

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