Padres analógicos, hijos digitales

Ana María Lamas
María Cristina Lamas

Fragmento

Introducción

Asistimos en este nuevo siglo a una diferente, revolucionaria y hasta inimaginable forma de organización denominada “Sociedad de la Información” (SI) caracterizada por la globalización, la diversidad cultural y digital, la complejidad y la velocidad del cambio. Estos rasgos de la SI se deben fundamentalmente a la expansión de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC).

El impacto que provocan las TIC atraviesa las organizaciones económica, social, política y culturalmente, como así también los modos de producir y distribuir conocimiento, las formas de relacionarnos con los demás y de construirnos a nosotros mismos. Se observan nuevas maneras de pensar, de aprender, de jugar, de trabajar, de amar, de agredir, de reclamar, de comunicar (nos), en suma, de vivir con y entre otros.

Estos modos de vivir “con y entre otros” están en sintonía con el informe Delors, elaborado por UNESCO a fines del siglo XX, Aprender a hacer, aprender a ser y aprender a aprender, a los que se agrega aprender a vivir juntos o aprender a convivir. Transitando la segunda década del siglo XXI, algunos estudiosos de estos acontecimientos suman a los pilares mencionados uno más: aprender a desaprender, esto es: quitarse viejos paradigmas que paralizan el cambio, que obstruyen la posibilidad de diálogo, de arrepentimiento, de perdón, de interrogar(nos) y de conmover(nos); de (des)aprendizajes que se adquieren en la familia, en la escuela y más allá de ellas.

¿Cuál es la diferencia entre este nuevo orden y los anteriores? ¿Cuál es la naturaleza del cambio? ¿Cómo podemos resignificar ideas, conceptos y mandatos?

Las actividades humanas, desde los orígenes, son mediadas por el uso de herramientas, y el desarrollo psicológico se vincula con la apropiación de esas herramientas, materiales (por ejemplo, el hacha) y simbólicas (representada en dibujos y lenguaje, entre muchas otras); estas además dependen del entorno cultural en el que se crece. Hoy se trata de analizar las nuevas herramientas digitales tanto como la apropiación humana de las mismas.

La psicología histórico-cultural ha estudiado, entre otros aspectos, la incidencia de las herramientas tecnológicas de cada tiempo en los proyectos evolutivos de los individuos y de su contexto. El proyecto evolutivo de una sociedad ágrafa de cazadores o recolectores difiere del proyecto evolutivo de los individuos de la Revolución Industrial, o del de los individuos en la Sociedad de la Información. Ahora bien, no solo hay diferencias de proyectos entre períodos históricos en los que influye una determinada tecnología, también hay diferencias dentro de un mismo período, pues la relación de la tecnología con los grupos sociales es diferente según sean sus posibilidades de acceso.

Estas diferencias son más visibles en la actualidad. Los procesos de cambio e incorporación de nuevas tecnologías en el pasado eran lentos y abarcaban varias generaciones, razón por la cual una persona no llegaba a percibir el cambio a lo largo de su vida. Pero desde la segunda mitad del siglo XX, los principios científicos aplicados a las tecnologías vinculadas con la vida cotidiana han cobrado una velocidad incomparablemente mayor con respecto a la del pasado. De ahí que la sociedad de este siglo —además de la globalidad, de la complejidad y de la diversidad cultural— esté caracterizada por la velocidad, la simultaneidad y lo provisorio del cambio.

En esta diversidad (cuya interacción es mayor debido a la globalización y la innovación en los sistemas de producción y distribución económica y del conocimiento) coexisten distintos grupos sociales, culturales y etarios. Así, grupos con una estructura cognitiva fundamentalmente lingüística, los homo rationalis y parlantes, conviven con los hijos del video clip, los homo videns, para quienes el lenguaje comienza a ser una modalidad más entre las posibilidades multimediales, y con los homo net o “Generación post-alfa”, generación postalfabética para la cual el alfabeto no cumple la función formativa que tuvo en las generaciones anteriores, desde la invención de la imprenta y desde la expansión de la educación formal. Esta generación, además, establece vínculos inéditos no solo con las personas, sino con los aparatos o dispositivos tecnológicos.

¿Cómo aprenden a convivir en la familia —en la escuela, en las organizaciones— estos grupos humanos atravesados por características de identidad tan diferentes? ¿Cómo pueden dialogar, expresar sus sentimientos, entretenerse, trabajar, aprender, desaprender y reaprender? En definitiva: ¿cómo se conectan lógicas de pensamiento tan diferentes en una síntesis superadora de las antinomias?

De esto trata este libro, de analizar el modo en que se vinculan entre sí y con los objetos las generaciones alfabéticas y postalfabéticas (GutenBerg y ZuckerBerg) que conviven en la actualidad. ¿Cómo se ligan con las TIC? ¿Cuáles son los conflictos que se establecen a partir del modo en que se relacionan entre sí estas generaciones originadas por el nuevo paradigma tecnológico?, ¿qué alternativas superadoras son posibles de alcanzar?

Así es que en el primer capítulo abordamos las diversas características de las distintas generaciones que conviven en este sistema: desde los que nacieron después de la Segunda Guerra Mundial hasta los nacidos en la actualidad. Notamos que las lógicas para comprender y vivir en el mundo pertenecen a galaxias diferentes y en ellas juegan un papel muy importante las tecnologías y sus productos dominantes. Los nacidos en la Galaxia GutenBerg han sido atravesados por la imprenta y sus derivados (libro, fotografía, cine, radio y televisión), en tanto que los nativos de la Galaxia ZuckerBerg llevan en su ADN las nuevas tecnologías vinculadas a los dispositivos electrónicos móviles con conectividad virtual permanente.

El segundo capítulo toma el tema familiar y la conflictiva convivencia intergeneracional en un mundo complejo y lleno de incertidumbres. Se analizan los mandatos sociales de la modernidad y las rebeldías de ayer y de hoy, que se transforman en incomunicación e incomprensión. Se vislumbran las alternativas superadoras en los vínculos, que preservan los valores de paternidad responsable y de autonomía progresiva de los hijos, pero en un estilo de relación paterno-filial diferente al de otros tiempos.

El juego, tema del capítulo tres, es el que nos presenta más acabadamente la transversalidad generacional, a pesar de la brecha. Es un momento en el devenir vital de cada persona, de cada grupo etario, que acerca generaciones sin esfuerzo, en forma natural y espontánea.

El capítulo siguiente, referido a la educación sistemática, muestra las contradicciones de dos modelos (disciplinar, enciclopedista uno y por competencias, problematizador el otro) que buscan todavía un espacio institucionalizado de convergencia, mientras otras propuestas desformalizadas ganan espacio y credibilidad entre l

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