Misterios a domicilio 8 - Balcón en acción

Begoña Oro

Fragmento

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BeGgÑa ORORBABalcón e AcCIó
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Cualquier parecido con los hasta ahora amigos, vecinos, familiareso conocidos de la autora es de agradecer pura inspiración casualidad.® del texto: Begoña Oro, 2021® de las ilustraciones: Roger Zanni, 2021® de esta edición: RBA Libros, S.A., 2021Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelonarbalibros.comDiseño: CompañíaPrimera edición: febrero de 2021.RBA MOLINORef.: ODBO820ISBN: 978-84-272-2423-0Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escritodel editor cualquier forma de reproducción, distribución,comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirsea Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org)si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).Todos los derechos reservados.Composición digital: Newcomlab S.L.L.
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Para Gus, que me hizo esperar bajo la lluvia a que rescatara un retoño de fresno de una cuneta, que me enseñó la hoja del tulípero, el tronco del almez, las semillas de la glicinia..., que me mostró entusiasmado lombrices composteras, me llenó las uñas de tierra al enseñarme a trasplantar, me invitó a rastrillar, sembrar, regar, podar, cribar y a recoger hojas microscópicas con una pinza durante horas... y lo amé.
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17 Desde hace poco, en La Pera, 24, hay dos nuevos bebés.Y también hay dos Olivias.Una soy yo, Olivia Martín Pescador.La otra es mini Olivia Martínez Martínez.Digo «mini» porque aún es un bebé. Olivia es uno de los dos nuevos bebés. El otro es Leo,*su hermano mellizo.Son supergritones y apestosos. Están siempre be-rreando. Si no berrea uno, berrea la otra, y si no, los *Pero todo eso ya lo sabrás si leíste Fiesta pijamera. Si lo hiciste, perdona que lo repita, y, si no, ¡aún estás a tiempo de leerla!
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8 dos a la vez. Y, por eso, cuando sus padres sacan la basura al rellano, con sus miles de pañales llenos de toneladas de cacas de bebés, tenemos que ponernos una máscara antigás radioactivo para salir.Eso por un lado.Pero por otro... son taaaan monos, con esas mani-tas y esos mofletitos y esos piececitos...
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9 Bueno, eso me parece a mí. A mi hermano Hugo le parecen ratas. «Ratitas», si tiene el día bueno.Dicen sus padres, nuestros vecinos, los Martínez Martínez, que nunca han visto unos bebés que crez-can más despacio. Los demás vecinos no opinan lo mismo.Cada vez que Pepe o Las Modernas se cruzan conel carrito de los bebés, se los quedan mirando embo-bados y, más tarde o más temprano, acaban diciendoa sus padres:—Miradlos mucho, que crecen muy rápido. Así caaaada vez.El otro día, Pepe se despidió de los bebés porqueiba a pasar unos días a la playa con su nieto y casi llora:—¡Ay! ¡A ver si cuando vuelvo no los voy a recono-cer! ¡Con lo rápido que crecen!Y los Martínez Martínez dijeron:—¡A ver si es verdad!El otro día el padre Martínez le dijo a mi madre:—Qué largos se me están haciendo estos primeros meses.Para mí que están deseando que sus bebés vayan solitos al baño y se limpien. Y que anden solitos y se paren delante de los semáforos solitos, y que coman
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10 solitos, y hasta cocinen solitos y preparen bocadillos para ellos y para sus propios padres.Mi madre los defiende. —Es que era agotador —recuerda. Y nos cuenta historias de cuando Hugo y yo éramos pequeños. Ellos dicen que son historias de terror, pero a mí me pare-cen muy divertidas.—Estuvimos cuatro años sin dormir más de tres
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11 horas seguidas —contó mi padre—. Cuando no llora-ba Hugo, lloraba Olivia.—Noexageres—dijomimadre—.Nofuetantotiempo. Solo fueron dos años.—Ay, es que a veces el tiempo parece que pasa muy lento. ¿Os acordáis de cuando estuvimos confi-nados en casa, sin poder salir para nada por el corona-virus?Los cuatro suspiramos a la vez.—¡Por cierto! —recordó mi madre de pronto—. Hablando de tiempo que pasa lento, hoy tienes reu-nión de vecinos.—¿«Tienes»? Querrás decir «Tengo».—Pues eso, que tienes.—No, digo que tú tienes que decir «tengo». O sea que tú tienes que ir a la REUIón dEvEcinO.
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2—Ve tú —dijo mi padre a mi madre.—No, tú —dijo mi ma-dre a mi padre.—¡A la última reuniónde vecinos fui yo! —¡No, fui yo! —Te toca a ti.—¡No, a ti! Después de un buen rato dis-cutiendo como críos, mis padresacabaron echando a suertes quiéniría a la dichosa reunión.
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14 Le tocó a mi padre.Desesperado, nos miró a Hugo y a mí. —¿Y por qué no van ellos? —dijo señalándonos. —¡Estás loco? —dijo mi madre—. ¡Pero cómo se te ha podido pasar por la cabeza que vayan los niños!—Bueno, si sumas las edades de los dos, ya son mayores de edad...Mi madre meneó la cabeza, abrió la puerta y, bue-no, digamos que «ayudó» a salir a mi padre fuera de casa.En el rellano, nos encontramos con lo mismo pero al revés; o sea, los Martínez Martínez peleando por quién sí iría a la reunión.—¡¡Voy yo!! ¡¡Voy yo!! —gritaba desesperada la madre Martínez.—¡No! ¡No! ¡¡Voy yo!! —gritaba desesperado el padre Martínez.—¡No! ¡Tú te quedas con los niños!—¡No! ¡Te quedas tú!Estaban deseando abandonar a sus hijos.—Uaaaaaaaah —gritaron los bebés.—¡Cacaaaaa! —gritó Martín. (Martín es el herma-no mayor de los bebés aunque sigue siendo bastante pequeño ¡y ya ha empezado a hablar! Dice: «mamá»,
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15 «papá», «caca» y estoy intentando que diga «Olivia». Aún no le sale ¡pero seguro que pronto lo logro!).La madre Martínez dio un paso al frente y entoncesse dio cuenta de que estábamos ahí, mirándolos concara de «¿deberíamos-llamar-a-Servicios-Sociales?»,que son los que se encargan de los niños abandonados.Entonces les debió de entrar miedo y la madre dijo:—Ya me quedo yo. Y cerró rápidamente la puerta de casa sin decir ni media palabra.
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16 El Martínez se vio en el rellano, fuera de casa, nosmiró y, al pasar por nuestra puerta, camino de las esca-leras, susurró:—¡Queremos muchísimo a nuestros hijos! —¡Tranquilo! —le gritó mi madre—. ¡Lo sé! ¡Es soloque dantantotrabajo debebés...!Pero luegocrecen y...El padre Martínez nos miró a Hugo y a mí. Creo que éramos su esperanza. Nosotros pusimos cara de ange-litos. Porque está feo quitar la esperanza a alguien que está desesperado.Él sonrió y levantó el pulgar. Y salió corriendo esca-leras abajo.Desde detrás de la puerta del 4.º B, se oyeron más llantos y gritos.—¿Lo ves, Roberto? —dijo mi madre a mi padre, empujándolo un poquito más—. Es un planazo. Hay gente que está deseando ir a la REUIón dEvEcinO.
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3Mi padre tardó en subir de la reunión lo normal:osea, un par de siglos.Lo que no era normal es lo contento que llegó.—¡Vamos a participar en un concurso!El entusiasmo de papá chocó contra nuestra totalindiferencia.—Ajá —dijo mi madre, sin levantar la vista del li-bro que estaba leyendo.—¡Un concurso chulísimo!—Qué bien —dij

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