Elige tu propia aventura - El secreto de los ninja

Jay Leibold

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Nota especial sobre los ninjas

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Nota especial sobre los ninjas

NOTA ESPECIAL SOBRE

LOS NINJA

El antiguo arte practicado por los ninja se llama ninjutsu, el camino del sigilo o la invisibilidad. Tiene varios orígenes, entre ellos las artes marciales japonesas (bujutsu), las tácticas de guerra chinas, las prácticas místicas tibetanas y las religiones de las montañas japonesas. Los clanes de las montañas desarrollaron este arte y lo transmitieron secretamente de generación en generación. Como los ninja eran plebeyos, no estaban sujetos al rígido código de comportamiento de los samuráis y, por medios sutiles, conseguían cosas que quedaban fuera del alcance de estos últimos. El ninjutsu es además un arte marcial practicado desde tiempos inmemoriales tanto por hombres como por mujeres.

Los ninja tienen habilidades muy diversas. Cada ryu (tradición o escuela) tiene su propia combinación de técnicas, que el sensei (profesor o maestro) se encarga de enseñar en el dojo (el lugar físico donde se practican las artes marciales). Cada estudiante puede especializarse en la lucha cuerpo a cuerpo, el manejo de la espada o el uso de otras armas, y aprender a moverse sin ser detectado, a escalar paredes y árboles y a engañar al enemigo con tácticas especiales. Algunos ninja solo usaban su arte para defenderse ellos mismos o a sus pueblos, y otros, para el espionaje y los ataques de comando. Los hubo que acabaron siendo asesinos a sueldo.

La mayoría de las aventuras de este libro se han extraído de leyendas populares y creencias japonesas. Según una leyenda, los ninja aprendieron su arte de los tengu, unas criaturas que vivían en las montañas y que también les enseñaron magia o kuji. Las posiciones místicas de los dedos, los estados de trance y el hipnotismo ayudan al ninja a canalizar la energía. La mayoría de los ninja utilizan estas técnicas como parte de un modo de vida espiritual, pero algunos las emplean inadecuadamente para manipular a los demás.

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Oyes retumbar un trueno, y un rayo atraviesa con tanta violencia el cielo que se extiende sobre tu cabeza que crees que va a hacerse añicos. Corres en busca de cobijo. Llueve a mares y el agua te golpea con fuerza. Es como si la tormenta quisiera destruirlo todo.

Cruzas las puertas correderas del dojo y te acomodas junto a tu amiga Nada a contemplar cómo la tormenta descarga toda su ira. El agua os ha empapado hasta los huesos. De pronto, el estruendo de otro trueno sacude el edificio hasta los cimientos.

Ve al capítulo siguiente e

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Nada te mira de soslayo, como diciendo:«¿Ves a lo que me refiero?». Os habéis sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, incapaces de apartar la mirada de la tempestad que ruge en el exterior. Los truenos y los rayos dan paso a un diluvio sin tregua.

—Es la tercera tormenta de esta semana —murmura—. Y estamos en la estación seca. —Luego se pone en pie y dice—: Vamos a ponernos ropa seca.

La sigues a la habitación trasera, donde te tiende una toalla y un kimono.

Mientras te secas y te cambias, rememoras la historia de vuestra amistad. Estudiabas kárate y pasaste un verano en Japón. Allí la conociste y descubriste que compartíais muchas ideas acerca de las artes marciales. Luego te trasladaste a la ciudad de Kioto para profundizar en el aikido, una disciplina de la que te habló Nada. Ella y tú trabasteis una estrecha amistad y, hace tres meses, cuando ella regresó al dojo de su familia, en Nara, tuviste un disgusto. A pesar de ello, seguisteis en contacto.

Ahora, mientras te ciñes el cinturón del kimono y te preparas para tomar el té con ella, te preguntas por qué te habrá pedido que fueras a Nara con tanta urgencia.

Ve al capítulo 7 e

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El sensei te mira y luego se vuelve hacia Nada. Coloca las palmas de las manos sobre la mesa y dice:

—Nada, yo ya soy viejo. Debes ser tú quien se enfrente a este peligro. Provienes de un antiguo linaje de guerreros (aunque llevan siglos practicando su arte para la paz, no para la guerra). Así que, ¿qué creéis se debería hacer?

El silencio se impone. La lluvia ha dejado de caer.

—Tal vez deberíamos examinar la espada y tratar de averiguar quién la ha mandado —dices.

—Me parece un buen plan —asiente el sensei.

—Hay otra opción —interviene Nada. Titubea antes de continuar—. He dicho que la presencia me parecía muy antigua. Podríamos retroceder en el tiempo para descubrir su origen.

El sensei la fulmina con la mirada. Nada levanta la mano para que su maestro guarde silencio y te dice:

—Ya te lo explicaré luego. Pongamos solo que consideramos esta posibilidad.

Si crees que deberíais tratar de encontrar a la persona

que ha donado la espada, ve al capítulo 79 e

Si te parece una buena idea retroceder en el tiempo,

ve al capítulo 20 e

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—El sakki es una especie de sexto sentido que aprendí a desarrollar durante mis entrenamientos, hace ya unos años. Siento la presencia de una voluntad maligna.

—¿Ha pasado algo más durante el tiempo en que se han manifestado esas señales? ¿Ha llegado gente nueva o tal vez se ha producido algún cambio en el dojo?

—No… Un momento, sí, pasó algo… Pero no fue la llegada de un estudiante, sino de una espada. Un donante anónimo nos la mandó, aseguraba que era mejor que la tuviéramos nosotros. Nos quedamos algo desconcertados.

—¿Había algo inusual en ella? —preguntas.

—La verdad es que no me fijé demasiado. Como sabes, no soy muy fan de las armas, pero debo reconocer que era una espada muy hermosa. Tenía unas marcas curiosas en la empuñadura.

—¿Has hablado ya de ello con el sensei?

—Un poco. Se niega a creer que estemos bajo algún tipo de amenaza. Pero ahora que has llegado, le pediré que venga.

Ve al capítulo 10 e

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