
1.1. Expectativas distorsionadas
Adiestrar o educar a un perro es un proceso bastante simple cuando entendemos los métodos que debemos utilizar y nos ceñimos a ellos. Sin embargo, hoy en día vivimos en un mundo donde la mayoría de los animales tienen algún tipo de problema de comportamiento o, simplemente, no están bien educados.
Hay muchas razones que pueden explicar esta discrepancia, pero la principal es nuestra forma de entender la psicología canina. Sin duda tenemos una visión de los perros muy influida por el cine. Desde celebridades como Rin Tin Tin y Lassie hasta los protagonistas de las últimas películas de Disney, la gran pantalla nos muestra perros con capacidades casi humanas. O entrenados para acatar órdenes con una precisión y un control equivalentes a los de una máquina, como ocurre en el film El clan de los Doberman.
Por ello, es necesario que tengamos siempre presentes las siguientes ideas:
• No podemos educar a un perro de la misma forma que educaríamos a un niño, ya que, entre otros motivos, con el primero no es posible razonar a través de la palabra.
• No hay que entrenar, educar o adiestrar esperando resultados y comportamientos propios de una máquina.
• Nuestras expectativas deben ser acordes a la realidad, no a las películas de Hollywood.
En definitiva, las películas sobre animales nos crean unas ilusiones que no se van a cumplir, por lo que nos frustramos cuando nuestra mascota no se convierte en un superperro. El problema no está en él sino en nuestras expectativas.
Esto no quiere decir que debamos dejar que nuestro cachorro destroce la casa, nos muerda y haga sus cosas donde le apetezca. Estos son algunos comportamientos normales y, si no lo educamos como es preciso, provocarán inconvenientes que lo acompañarán de por vida.
Nuestro trabajo será enseñar a ese cachorro para que, de adulto, esté adaptado a vivir de una manera que nos resulte aceptable. Es importante asumir que se comportará como un perro a no ser que modifiquemos su conducta por medio de una educación constante. Por tanto, si pretendes que NO se comporte como lo que es desde el primer día que llegue a casa, estáis ambos condenados al fracaso en cuanto a su educación. Esperar siempre lo peor cuando llevas un perro nuevo a casa te ayudará a predecir lo que puede pasar y, en consecuencia, a evitarlo.
Te sorprendería la cantidad de gente que se pone en contacto conmigo escandalizada porque su cachorro de cuatro meses, al que han dejado solo en casa todo el día, les ha hecho algún destrozo. Lo raro sería que un cachorro de esta edad no despedazara la casa entera cuando se le deja sin supervisión.
1.2. Cόmo aprende un perro
Las teorías más aceptadas para el adiestramiento o educación de un perro son dos: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante.
En este libro no profundizaremos en dichas teorías, simplemente hablaremos de sus fundamentos para poder comprenderlas y hacer uso de ellas cuando comencemos a entrenarlo.
El condicionamiento clásico es un tipo de aprendizaje asociativo que fue demostrado por el científico Iván Pávlov. Nos podemos referir a él también como condicionamiento pavloviano, condicionamiento respondiente, modelo estímulo-respuesta o aprendizaje por asociaciones.
El experimento más famoso con el que Pávlov confirmó este tipo de aprendizaje consistió en condicionar a un perro de tal modo que salivara al oír el sonido de una campana. Cuando mostramos comida a un perro, suele salivar. Pávlov pretendía demostrar que se podía usar un estímulo neutro (campana) para provocar la salivación. Así, cada vez que le ofrecía comida, Pávlov hacía sonar una campana, con lo cual, cuando oía la campana, sabía que venía la comida y, en consecuencia, salivaba. Pávlov repitió esta secuencia hasta que el animal empezó a salivar al oír la campana aunque el sonido no llegara acompañado de la comida. El resultado fue una reacción involuntaria (salivar) frente a un estímulo (un sonido) que, en condiciones normales, no provocaría esta reacción.
En este experimento vemos tres tipos de estímulos:
1. Estímulo incondicionado: es el estímulo que produce respuestas reflejas que no han sido aprendidas. En el experimento de Pávlov, el estímulo incondicionado es la comida, pues provoca la salivación de forma natural.
2. Estímulo neutro: es el estímulo que, por sí solo, no produce respuestas reflejas en el individuo. En este caso, el estímulo neutro es el sonido de la campana antes de haber iniciado el experimento, ya que esta, en condiciones normales, no provoca ningún tipo de reacción relacionada con la comida.
3. Estímulo condicionado: es el estímulo que provoca una respuesta refleja gracias a un aprendizaje. En el caso estudiado, sería la campana después del experimento, a la que ya se le ha condicionado a reaccionar.
El ejemplo más claro de cómo recurrimos al condicionamiento clásico a la hora de adiestrar a un perro es el uso del clicker, una herramienta con sonido que hace que asocie su ruido con un premio o refuerzo positivo (la forma de emplearla se explica más adelante). El condicionamiento clásico es de vital importancia cuando queremos corregir problemas de socialización, miedos y fobias. Con este método de aprendizaje podemos conseguir que asocie situaciones de estrés con experiencias positivas.
EJEMPLO
Un perro con miedo a las personas
desconocidas
¿Cómo solucionamos el problema? El objetivo es que relacione a los extraños con algo bueno, pero ¿de qué manera lo lograremos? Considerando que el pollo es un manjar para nuestro amigo, daremos todos los días unos trocitos de pollo a unas veinte personas desconocidas, distintas cada día, para que lo alimenten hasta que asocie a los extraños con el pollo. En cuanto empiece a hacer esta asociación, el miedo comenzará a desaparecer.
En este caso, que hemos simplificado mucho para que se entienda, convendrá tener en cuenta otros requisitos al poner en práctica la técnica, como que debe ser siempre el perro el que dé el primer paso al acercarse al extraño para tomar el premio (pollo), pues presionarlo podría empeorar el problema.
El condicionamiento operante, planteado por B. F. Skinner, expone que las respuestas que vayan acompañadas de experiencias agradables tenderán a repetirse, mientras que las que se vean acompañadas de experiencias desagradables tendrán menos posibilidades de volver a producirse. Pensemos, por ejemplo, en un perro que salta cuando llegamos a casa. Si en ese momento le damos cariño (experiencia positiva), tendrá una tendencia más acusada a repetir este comportamiento que si le damos la espalda y lo ignoramos (experiencia negativa).
EJEMPLOS DE CONDICIONAMIENTO
OPERANTE
Con tendencia a repetirse
• Hurga en la basura y encuentra algo que le gusta y se lo come. Hurgar en la basura se ve recompensado con el hallazgo de algo bueno que comerse.
• Se escapa de casa y se topa con una perrita que anda por el barrio. Escaparse se ve recompensado con el juego que entabla con la perrita que estaba en la calle.
• Un cachorro muerde un mueble porque está nervioso o cambiando los dientes y eso le relaja. El hecho de morder el mueble se ve recompensado con la calma o alivio que le proporciona.
Con tendencia a no repetirse
• Cruza delante de una bicicleta y esta lo atropella. El perro mostrará menos tendencia a pasar delante de las bicicletas para evitar ser atropellado.
• Se acerca al horno de la cocina hasta que lo toca y se quema. La conducta de tocar el horno terminará por desaparecer.
Para aplicar el condicionamiento operante en el adiestramiento tenemos que introducir un estímulo, esperar a que muestre la conducta esperada y, después, premiarlo con un refuerzo positivo. Cuando queremos enseñarle a sentarse, el estímulo es la orden «siéntate»; la conducta, el hecho de sentarse, y el refuerzo positivo, el premio que le damos. Una vez haya asociado el estímulo con la conducta y el refuerzo positivo, las posibilidades de que se siente cuando se lo pidamos aumentarán.
1.3. Cόmo enseñar a un perro
En el apartado anterior hemos visto que para enseñarle a sentarse basta con presentarle un estímulo que origine una conducta y premiarla para que la tendencia a repetir esta conducta vaya en aumento. No obstante, si aún no le hemos enseñado a asociar la palabra «siéntate» con el hecho de sentarse, no podremos premiar su conducta para aumentar la tendencia a que la repita. ¿Qué maneras hay de anticipar el estímulo a la conducta?
Las tres posibilidades principales son las siguientes:
1. Esperar a que realice la acción por sí mismo y, cuando lo haga, decirle «siéntate» y premiarlo. Con el tiempo, estará más dispuesto a sentarse cuando oiga esta orden y podremos empezar a trabajar el ejercicio. Lo que hacemos es repetir este patrón: estímulo, conducta y refuerzo positivo.
2. Darle la orden «siéntate», ponerlo en la posición de sentado con un poco de ayuda física por nuestra parte (apoyando la mano con suavidad en los cuartos traseros para que se siente) y, acto seguido, reforzarlo positivamente.
3. Hacer que se siente mediante el uso repetido de la técnica del luring y reforzarlo positivamente cada vez que responda correctamente. Después de que se siente inmediatamente varias veces seguidas, empezaremos a introducir el estímulo (la orden «siéntate») hasta que asocie la frase con el hecho de sentarse y el refuerzo positivo. Si no sabes lo que es el luring, échale un vistazo al siguiente subapartado.
Las tres técnicas son perfectamente válidas, siempre y cuando al emplear la segunda para conseguir ponerlo en la posición deseada no tengamos que aplicar una fuerza exagerada que pueda hacerle daño. Mi recomendación es poner en práctica la primera o la tercera siempre que sea posible. Con la primera, aprenderá a hacer el ejercicio por sí mismo sin que sea necesario manipularlo ni guiarlo, y, por lo que he podido comprobar, cuando aprende con este método interioriza mejor el ejercicio. La tercera es, sin duda, la más rápida, pero puede hacer que se acostumbre más a las órdenes por gestos que a las verbales. En cualquier caso, este posible problema se soluciona después de unas sesiones de entrenamiento.
¿Qué es el luring?
El luring es un término inglés que podría traducirse como «atraer con señuelo». Es una técnica de adiestramiento que se basa en guiar al perro a una posición determinada con un reforzador primario, normalmente un trocito de su comida favorita.
Veámoslo con un ejemplo para que se entienda mejor. Imaginemos que queremos enseñarle a pasar por debajo de nuestras piernas mientras caminamos. Para ello, lo pondremos al lado nuestro y cogeremos un trocito de comida con la mano del lado contrario. Daremos un paso y le mostraremos el trocito de comida por debajo de nuestras piernas, de tal forma que tenga que pasar entre ellas para tomarla. En el momento en que lo haga, le daremos el premio para reforzar el hecho de que haya seguido la mano con la comida. Es importante tomar conciencia de que, si repetimos el ejercicio del luring las veces suficientes sin darle la comida, puede llegar a perder el interés por ella, así que es esencial dársela. Asimismo, el refuerzo sirve para indicarle que ha llegado a la postura o realizado la conducta correcta. O simplemente que está en el buen camino.
El ejercicio del luring es útil para provocar la conducta deseada cuando se trabaja con el condicionamiento operante, explicado en el apartado «Cómo aprende un perro». Una vez tengamos la certeza de que seguirá el señuelo hasta ponerse en posición, podremos empezar a introducir el estímulo (la orden) que queremos usar para conseguir esta conducta.
1.4. Algunas definiciones que no
tendremos muy en cuenta en este libro
La intención de este libro es que lo pueda entender cualquier persona independientemente de los conocimientos que tenga sobre adiestramiento canino. Por ello se han evitado los tecnicismos y en más de una ocasión se hace referencia a refuerzos y castigos con el significado que se suele dar a estos términos en una conversación convencional.
A pesar de esto, y para los que quieran saber más sobre los aspectos teóricos del adiestramiento, explico en este apartado lo que se entiende por refuerzo (positivo, negativo, primario y secundario) y por castigo (positivo y negativo).
Para comprender bien la diferencia entre estos conceptos debemos saber en primer lugar que los refuerzos consolidan un comportamiento, mientras que los castigos, por el contrario, lo debilitan. A su vez, cuando los calificamos de «positivos» no queremos decir que sean «buenos», ni cuando los catalogamos de «negativos», que sean «malos». Positiv
