Prólogo
Pequeños cambios logran resultados; pero pequeños cambios realizados de manera consistente transforman la historia. ¿Cómo? Este libro es la respuesta.
Cuando dejé el mundo corporativo después de quince años y empecé la travesía de convertirme en empresario, mis expectativas, guiadas por tantas frases de inspiradores visionarios, eran ser mi propio jefe, administrar mi tiempo, disfrutar más de mi familia y dedicarme realmente a lo que más me apasionaba.
Con el correr de los años comprobé que tenía las expectativas equivocadas; no porque la vida de independiente no fuera gratificante, sino porque era mucho más desafiante de lo que me había imaginado. Extenuantes jornadas de 14 o 16 horas para resolver interminables pendientes. Si como empleado pensaba que trabajaba mucho, como emprendedor simplemente no tenía descanso. De lunes a domingo, 24/7. Siempre había algo por hacer. Y, por supuesto, como buen emprendedor, todo dependía de mí.
Intenté de todo: procesos, calendarios, delegación, listas de verificación, asignar bloques de tiempo, entre muchos otros métodos. Sin embargo, por alguna razón, nada funcionaba. Al final entendí que estaba trabajando en las variables equivocadas; o por lo menos, en la secuencia equivocada. Aprendí que la solución no estaba en sistemas, plataformas, métodos, herramientas y demás; estaba en la forma en que estaba viendo mi realidad. La productividad comienza, como lo menciona Julián, con un propósito, no con una pasión.
Por eso hoy, después de doce años de haberme embarcado en este proyecto y ver en retrospectiva el camino recorrido, puedo decirle con absoluta convicción que hay una cosa que hará la diferencia en su vida, sin importar a lo que sea que se dedique: los hábitos que desarrolle. Hábitos entendidos como la dinámica para administrar las responsabilidades laborales y personales sin fundirse, sino, por el contrario, obteniendo una enorme gratificación en el proceso.
El primer paso para la transformación es buscar adentro. Abstraerse de la frenética carrera diaria por hacer más cosas. Es tener un propósito, desarrollar hábitos y estar en paz con nosotros mismos. Lo demás son herramientas. Mientras no logremos alinear nuestra mente, alma y cuerpo hacia lo que queremos, no habrá sistema que funcione, por más infalible que parezca.
Ese es el camino que propone Julián en Hábitos poderosos: transformarse adentro para ver resultados afuera. Basado en su propia experiencia y mucha investigación, le comparte aquí todos sus hallazgos y aprendizajes para llevarlo de la mano por este proceso. Aquí no se predica, se aplica. Cada idea no solo está respaldada por hechos y datos, sino que además plantea un cómo, un paso a paso para trabajar cada reflexión y ver positivos cambios en su vida.
Se preguntará qué tiene este libro que no tengan otros sobre temas similares. La respuesta es sencilla: integralidad. Una perspectiva completa desde el ser y el hacer que nos lleva por un camino para encontrar la tan anhelada paz y gratificación en nuestras labores diarias. Distinto a otros enfoques, Hábitos poderosos plantea elementos fundamentales como la meditación, el sueño y la gratitud como ingredientes esenciales para convertirnos en nuestra mejor versión.
No es un libro de productividad, es un libro para redefinir por qué hacemos lo que hacemos, qué sentido tiene y en qué queremos convertirnos en el proceso. Por supuesto, entrando al detalle de múltiples herramientas; pero, como dijimos, si no parte de un contexto y una justificación interna, difícilmente veremos los resultados que queremos.
Desde una perspectiva muy íntima y personal, Julián redefine la productividad. Basándose en el propósito, la disciplina y los hábitos, nos explica cómo obtener resultados sostenibles. Propuestas como que para lograr mayores niveles de productividad no hay que trabajar más, sino alternar períodos de alta concentración con períodos de descanso, cambiarán la forma de ver su trabajo.
Deguste este libro, saboree cada página desde su propia perspectiva. Vaya lentamente aliviando las cargas de las múltiples y abrumadoras responsabilidades que supone la cotidianidad. Dese la oportunidad de transformar su vida. Disfrute este inspirador manual de empoderamiento.
David Gómez
Introducción
En diciembre de 2019 mi vida parecía una película. Hacía unos meses había publicado mi primer libro, La estupidez colectiva; Fitpal, la compañía que había fundado hacía cuatro años, estaba creciendo como nunca, recibiendo nuevas inversiones, y estaba disfrutando de mi primer año de matrimonio. Adicionalmente, acababa de culminar un viaje a Corea, de la mano del Gobierno de Colombia, con una delegación de emprendedores para mostrar las mejores iniciativas del país en este tema. En esos buenos momentos de la vida, es muy fácil creer que nada va a cambiar y que todo seguirá siendo un camino de rosas, fácil de recorrer. Sin embargo, la vida me tenía preparada una racha de experiencias bastante difíciles que pondrían a prueba cada centímetro de mi ser, me obligarían a retornar a mi esencia y me darían una lección profunda de humildad.
Poco después de recibir el nuevo año, recibí la triste noticia de que uno de los cofundadores originales de Enterapia —un emprendimiento en el cual participé activamente como cofundador— murió en un accidente desafortunado. Una muerte mucho antes de su tiempo, y bastante impactante, sobre todo por la calidad de ser humano que perdimos ese día. Ante semejante acontecimiento, pasé varios días sin poder dormir ni una sola hora. Por casualidad, unos días antes había terminado de leer un libro muy interesante sobre el sueño —Why We Sleep, de Mathew Walker—, en el cual se exponen tanto los beneficios de dormir como los efectos negativos de no hacerlo, y las aterradoras enfermedades del sueño. Siempre le he tenido un miedo profundo a la muerte, el conocido “descanso eterno”, y creo que por esto, después de recibir una noticia tan trágica, empecé a asociar el sueño con la muerte, lo que me impedía conciliarlo. Me daba miedo dormirme. Algo había cambiado en mi cerebro y mi forma de pensar.
Los que alguna vez han experimentado insomnio total, con seguridad habrán notado que los niveles de ansiedad suben de manera drástica, y los problemas cotidianos, que por lo general son fácilmente asimilados y solucionados, toman un color oscuro y negativo. Se crea así lo que se denomina una espiral negativa de pensamiento, que, si no se soluciona de alguna manera, puede terminar en un trastorno de ansiedad más profundo y, por ende, en más insomnio.
Justamente esto fue lo que me sucedió. Poco tiempo después de la muerte de mi exsocio me tocó presenciar el fallecimiento de mi abuela paterna, quien padecía de los males comunes de la vejez. Despedirme de ella en su lecho de muerte fue una experiencia bastante dura, y le sumó bastante peso a mi ansiedad, insomnio y existencialismo. Y, como si fuera poco, tan solo unas semanas después murió alguien en la familia de mi esposa, supremamente joven y de una forma repentina e inesperada. Este ha sido tal vez el momento más duro y triste que he vivido, no solo por lo improvisto y desgarrador, sino porque era una persona muy especial para mi esposa y toda su familia, que hacía unos meses se había convertido también en la mía. Además de esto, una nueva inversión de Fitpal, en la que llevábamos trabajando varios meses, no se consolidó, lo que también me dejó con un sinsabor grande y me quitó la poca esperanza que tenía.
Muy pronto mi vida dejó de ser un camino de rosas; se había convertido en uno minado, lleno de muertes repentinas y eventos tristes. Encima de todo, justo en ese momento comenzó a empeorar la crisis global del COVID-19, que venía lenta y silenciosamente evolucionando desde finales del 2019, y para los primeros meses de 2020 los casos empezaron a escalar, la ola de muertes se convirtió en noticia de primera página y se dio inicio al periodo de encierro, ansiedad, enfermedad, muerte y tristeza más profundo de las últimas décadas a nivel mundial. El ambiente era pesado y oscuro, y se intuía que vendría un año muy complicado. Mi insomnio continuó, la ansiedad permaneció y creció; comencé a tener ataques de pánico, y muy pronto me vi hundido en una crisis de salud mental que nunca había experimentado. Es difícil describir lo que se siente en este estado mental, pero intentaré hacerlo en los siguientes párrafos.
El mundo se vuelve un lugar inestable y oscuro. No importa si el sol está brillando en su máximo esplendor: el panorama que uno percibe no tiene luz. El cuerpo se llena de frío y corrientazos de energía fluyen por el estómago y los brazos. Una sensación de irrealidad permea la percepción que se tiene de las cosas; es como estar mirando la vida a través de un videojuego (mi terapeuta me dijo que dicho fenómeno se conoce en psicología como “desrealización”). La idea de la muerte está muy presente en cada paso que se da, y uno siente el corazón latiendo a mil pulsaciones por minuto. La mente y el cuerpo saben que no están en sintonía y hay un cansancio constante, no solo físico, sino mental. Las noches de insomnio son lo peor. El cuerpo suda, el corazón late aún más fuerte, y los pensamientos se aceleran en la oscuridad. Se siente una presión en el pecho y dificultad para respirar. El punto al que había llegado ya era un poco peligroso porque la ansiedad se había vuelto mi
