El ambiguo testamento

Fernando Rivera Calderón

Fragmento

El ambiguo testamento

Creo porque es absurdo.

tertuliano

El viernes desperté y,

como el universo está en expansión,

tardé más de lo habitual en encontrar mi bata.

woody allen

Al principio se creó el Universo.

Eso hizo que se enfadara mucha gente,

y la mayoría lo consideró un error.

douglas adams

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En el principio los humanos crearon a Dios.

Esto sucedió hace unos catorce mil años

en las montañas sagradas del Oriente Medio.

Algunos miles de años después

Dios creó los cielos y la tierra y dijo:

aré al ser humano a mi imagen y semejanza”.

Así fue como los humanos crearon a Dios

para que, finalmente, pudieran ser creados por Él

y llegar a tiempo a su encuentro hace catorce mil años,

en las montañas sagradas del Oriente Medio.

El ambiguo testamento

Advertencia

El Universo está en este libro. Todos los materiales esenciales de la creación se hallan discretamente en la estructura molecular del biopolímero que lo mantiene unido como un todo. Las molécu-las orgánicas de este libro son las mismas que habitan el mundo desplegándose como araliáceas trepadoras sobre las paredes de las células vegetales. Este libro es parte de la Gran obra de Dios, del Milagro Impredecible, del Árbol Misterioso, incluso las erratas que en éste se encuentren son un acto deliberado de la Gran Fuer-za Creadora, que decidió incorporar la imperfección al secreto en-tramado de su obra magnífica. Desde cierto punto de vista este libro puede seguir considerándose parte del Big Bang. Un efecto secundario, probablemente. Una reacción cuántico-literaria de la dilatación expansiva del Universo, que ha ido transformando paulatinamente a los asteroides y restos de planetas y estrellas en diferentes artículos electrodomésticos, cosméticos, ansiolíticos, productos editoriales y otros artículos de primera necesidad. Sin importar que se encuentre en las manos de un improbable lector a bordo de un avión inmóvil o aparentemente agotado de espe-rar en la mesa de novedades de alguna librería de viejo, el libro avanza en el éter en un lento e irreversible proceso de expansión y distanciamiento de su origen. En su interior están los secretos de lo que Es y de lo que No Es; en cada página, la metáfora de un uni-verso paralelo sobrepuesto a otros universos paralelos, y en cada metáfora, la certeza de que A es como B y de que el pensamiento es pura pareidolia. Con las palabras aquí escritas se pueden res-ponder todas las preguntas, incluso las más estúpidas y obvias. Con las respuestas aquí ocultas es posible descifrar el crucigrama infinito. El Universo está en este libro. Las leyes de su combus-tión y de su enfriamiento, la genealogía del tiempo y la materia. La etimología diacrónica de Dios. En cuanto tus manos lo toquen se convertirá en una extensión de tu cuerpo. Cada palabra aquí

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escrita será una célula más de tu organismo. Tus cabellos serán intrincadas caligrafías y tu piel adquirirá la blancura quebradiza del papel; tus brazos serán páginas y tus vértebras serán sílabas conectadas al esqueleto del grimorio, y serán ambos un solo ani-mal de piel y de papel: quimera silenciosa y sedienta. Pasado al-gún tiempo, alguien llegará ante ti, te abrirá y te leerá. Un par de líneas, quizás. Un párrafo, tal vez. Y entonces fruncirá el ceño y mirará la portada y pensará: ¿Quién diablos escribió esto?, y no podrá imaginar en ese instante que justamente ha sido El Libro quien nos ha escrito a todos y que en cada una de sus páginas está iniciando el mundo. Así lo dice: “Cada lector es un Universo; este libro, la singularidad que hace posible la explosión”.

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El preludio

del preámbulo

del prefacio

del Libro

de los días.

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La Nada nadando en la Nada.

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No.

(Dios arruga la hoja

y la arroja.

Comienza de nuevo.)

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(La hoja arrugada, mientras tanto,

se convierte en el primer modelo del Universo.)

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(Segundo intento)

En el principio

las partículas más insignificantes

eran gigantes.

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El presente era eterno

antes de que existiera el Infierno.

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Pero el principio ya no es como antes.

Eso sólo fue al principio.

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Y ya sabemos que nada nunca vuelve a ser

como la primera vez.

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O no.

Pudiera ser

que nada haya sido

y que todo esto,

incluso

nosotros mismos,

sea parte

de una mera

especulación.

O que

simplemente

no haya habido nunca

cosa

semejante

a un

principio.

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Todo principio es un acto de fe,

igual que todo final,

pues lo que siempre se ha visto es lo de en medio.

Y lo de en medio

no parece tener principio ni final.

Es ominoso y eterno.

Lo de en medio nos ahoga.

Por eso buscamos el principio

hasta el final.

El ambiguo testamento

Dios se levanta.

Se rasca los huevos y las tetas.

Hace un zumbido extraño

y mueve su cola con desgano.

Avanza apesadumbrado/a hacia el Gran Refrigerador

y levanta una cerveza con su tentáculo mientras dice:

Empezar o no empezar,

¿he ahí el dilema?

(¿Dónde no he oído eso aún?)

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Al parecer Dios tiene una especie de bloqueo creativo.

(El famoso miedo al Universo en blanco.)

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Y es que en el principio

el Universo se negaba a ser.

La pulsión insistía en el vacío

esperando un momento de debilidad,

porque sabía

—sin que realmente hubiera nada que saber—

que bajo de su epidermis

dormían miles de soles.

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En el principio era una voz diciendo: No lo hagas”.

En verdad no lo hagas. No es necesario. No lo hagas. Si lo ha-ces te arrepentirás. Es un error, es una trampa. Una voz como del pasado futuro repitiéndolo incesantemente. No lo hagas. Pasarás noches enteras con tus pesadillas esperando en la almohada a que puedas conciliar el sueño. No hallarás un sitio en el tiempo: ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro, ni en el antepospretéri-to, ni en el antefuturo, ni en el pretérito pluscuamperfecto, donde encuentre reposo tu alma atormentada. No lo hagas. Lamentarás las estrellas y los planetas y los agujeros negros con la misma de-sazón con que lamentarás los mares y los pandas, las ciruelas y los libros de superación personal, igual que los de poesía novohispana y los vademécums y las secciones amarillas y las novelas rosas del mundo. Lamentarás la soledad del Universo y el ladrido de cada perro, los naranjos en flor y las magdalenas mojadas en el té. No lo hagas. No cedas a la pasajera tentación de lo posible. No bebas de ese cáliz, no comas ese fruto. No lo hagas. No vale la pena, ¡pero qué necesidad! Es inútil, absurdo, innecesario y monstruoso. No lo hagas. No tomes la cicuta, no sigas el camino amarillo,

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