Prólogo
Se cumplen ahora once años desde la publicación de la obra del Profesor Krzysztof Sliwa Vida de Miguel de Cervantes Saavedra,[1] biografía que en el momento de su aparición venía a llenar un espacio que decenas de semblanzas, redactadas a raíz o en torno al IV centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, no habían logrado ocupar; ese espacio al que me estoy refiriendo, es el de la biografía erudita que reuniera todo el corpus documental cervantino.
Y efectivamente, pese a la publicación, durante los años anteriores y posteriores al 2005, de múltiples biografías y semblanzas de nuestro Príncipe de los Ingenios, algunas de ellas eruditas y de indudable calidad, como las de los hispanistas McCrory (2002),[2] y Canavaggio (2003),[3] o la del historiador español Fernández Álvarez (2005),[4] esta última con un gran número de notas al pie de página y un buen acopio documental, se echaba en falta alguna que reuniese y pusiese al día todo el corpus cervantinum, que desde la finalización de la obra de Luis Astrana Marín en 1958, no había vuelto a ser actualizado y mucho menos contextualizado biográficamente.
Indudablemente, el autor de una semblanza de Cervantes de semejante calado, que fuese capaz de aunar toda la documentación anterior a 1958 y la nueva localizada hasta 2005, no podía ser llevada a cabo por cualquier persona ni por cualquier biógrafo. Esa labor, ardua, difícil, ingrata, y, en mi opinión, nunca bien reconocida, debería ser realizada por un documentalista. Además, por un documentalista que conociese a fondo la vida y obra del autor de las Novelas ejemplares. Una empresa harto complicada.
Porque no se trataba solo de redactar una biografía al uso y componerla con los documentos descubiertos ordenados de forma cronológica uno tras otro, a semejanza, por ejemplo, de las Efemérides Cervantinas de Cotarelo y Mori (1905),[5] sino de que la obra, aparte de su valor científico, debería ser atrayente para el gran público, pretensión esta última francamente difícil, por no decir imposible, para la mayoría de los autores de prestigio o consagrados, los cuales casi siempre están sometidos a la volubilidad del gusto de los lectores o a la presión de las editoriales cuando redactan sus obras.
Para ese proyecto tan ambicioso se necesitaba a alguien muy capacitado y con amplios conocimientos en investigación documental y archivística. En suma: una autoridad en la materia. Esa persona era sin duda Krzysztof Sliwa, que tras varios años de estudio había logrado recopilar hasta el año 1997 un total de 1.500 documentos cervantinos que fueron publicados por él ordenados cronológicamente en dos obras sucesivas: Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra (1999) y Documentos Cervantinos. Nueva Recopilación, lista e índices (2000),[6] precedentes necesarios para la confección de la biografía que estamos reseñando, y sin los cuales no hubiera sido posible su redacción. A comentar, que desde esos años, estos dos catálogos documentales son las fuentes de las que suelen beber todos los cervantistas para escribir sus semblanzas o sus trabajos.
Según glosaba Kurt Reichenberger en el Prólogo de la primera edición de la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra de Sliwa, las biografías eruditas muy documentadas o con muchas notas al pie de página suelen ser de lectura difícil e —añadiría yo— incluso tediosas para el cervantista o para el gran público, pero en una valoración con criterios estrictamente científicos, estas semblanzas son totalmente imprescindibles para el investigador cervantino como libro de consulta. Solo un buen documentalista es capaz de leer y extraer de esa ingente serie de documentos datos que pasan desapercibidos para los que no lo somos. En la primera edición de 2005, la biografía de Sliwa se componía de un total de 833 páginas, reuniendo 1.661 documentos cervantinos, de los cuales 548 eran del propio Miguel de Cervantes. Contenía 3.143 notas al pie de página y 457 citas bibliográficas. Dividida en cuatro partes principales el libro finalizaba con un valioso índice de nombres y lugares. A mi parecer, una obra colosal, digna de su autor, y acorde con la importancia histórica del personaje. En el año de su aparición (2005), la biografía de Cervantes del profesor Krzysztof Sliwa tuvo un notable impacto dentro del cervantismo académico y un alto nivel de aceptación, fundamentalmente entre hispanistas y comunidad cervantina anglosajona. Cronológicamente, venía a ocupar el cuarto lugar en la historia de las que podríamos llamar biografías eruditas totales del Manco de Lepanto. Aunque hasta finales del siglo XIX, conforme se iba descubriendo la nueva documentación, se habían publicado muchas biografías bien documentadas, eran muy escasas las obras que incluyeran una presentación metódica y crítica de todos los documentos referentes al escritor. Tan es así, que en opinión de Sliwa, solo eran once las biografías que podían ser catalogadas como eruditas a lo largo de la historia. Fernández Álvarez era mucho más restrictivo, afirmando que hasta 2005 existían pocas biografías de Cervantes merecedoras de tal título.
Históricamente, la primera obra que puede ser catalogada como biografía erudita total fue la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra de Martín Fernández de Navarrete (1819).[7] Incluida en el quinto tomo de la cuarta edición del Quijote que patrocinó la Real Academia Española, durante gran parte del siglo XIX fue el modelo y la guía a seguir para los siguientes estudios biográficos. Pese al escaso número de documentos que reunía la obra (31), sus méritos fueron reconocidos inmediatamente por los siguientes biógrafos, en particular por Fitzmurice-Kelly, que puntualizó que el texto era un cuidadoso trabajo con una utilización metódica y veraz de los documentos. Consideró a Navarrete como una autoridad decisiva en el asunto y a la obra como fuente de todas las posteriores.
La segunda biografía erudita que recopiló toda la documentación cervantina descubierta hasta entonces, incluyendo los 161 documentos de Cristóbal Pérez Pastor (1897-1902), y los de las Efemérides Cervantinas de Cotarelo y Mori (1905), fue la del antes citado James Fitzmaurice-Kelly: Cervantes Saavedra, A Memoire (1913).[8] En ese segundo antecedente de biografía erudita total, el autor escocés introdujo una forma nueva de integración cronológica e interpretación de toda la documentación descubierta inmersa en la vida de Cervantes. Fue una gran innovación frente al modelo habitual de semblanzas o de relatos novelados desarrollado hasta entonces, por ejemplo, lo fue la biografía de Navarro Ledesma. Criticada por Fitzmaurice-Kelly en su obra, el escocés se mostró partidario del modelo erudito de Fernández de Navarrete. El mismo Sliwa, cien años después, comentaba en la introducción de su Vida de Miguel de Cervantes que las notas al pie de página de la obra de Fitzmaurice-Kelly le parecían «muy doctas y eruditas» para su época. La obra de Fitzmaurice-Kelly se componía de 254 páginas, un índice onomástico muy completo, y al final del libro un desplegable con un árbol genealógico combinado de las familias Cervantes, Villafranca y Salazar-Palacios, que a mi parecer todavía puede ser perfectamente asumible.
El siguiente ejemplo de biografía erudita total fue la monumental obra en siete volúmenes de Luis Astrana Marín Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (1948-1958).[9] Redactada por el insigne investigador español tras veinte años de búsqueda laboriosa y tenaz por archivos y bibliotecas, consiguió recopilar más de mil documentos cervantinos, la mayor parte de ellos inéditos, fruto de su propia investigación. Alabada en su época por ser el mayor catálogo documental publicado hasta entonces, en los últimos años la obra ha sido criticada por algunos autores, quienes parecen olvidar que desde mediados del siglo XX ha sido el arquetipo de todas las Vidas de Cervantes redactadas a lo largo y ancho del mundo y una fuente documental insustituible.
Quizá no sea este prólogo el lugar más apropiado para salir en defensa del ilustre historiador y de su descomunal biografía, pero sí comentaré, que, en mi opinión, aunque Astrana pueda ser criticado y/o discutido por su metódica y sus prejuicios, por su presunta ideologización, por su falta de esquematización, por sus muchas y a veces desacertadas especulaciones, por las abundantes digresiones del texto principal, y sobre todo por su aparente falta de «modernidad» (entiéndase el entrecomillado), nadie puede negarle el sillón principal en la historia del cervantismo y en la investigación documental del autor del Quijote. Aunque haya que reconocer que los documentos muchas veces están desordenados cronológicamente, y situados aquí y allá a lo largo de los siete volúmenes que componen la obra, la Vida ejemplar y heroica… es y seguirá siendo la biografía total de consulta ineludible y uno de los catálogos documentales de referencia en la bibliografía cervantina.
Como no podía ser de otra manera, ya que sus recopilaciones de documentos tenían como pilar fundamental la obra de Astrana Marín, el Profesor Sliwa, en la primera edición de su biografía, fue uno de los principales defensores del historiador. Quizá porque como investigador, él comprendió y respetó mejor que nadie el callado, solitario y casi siempre desagradecido trabajo de investigación de archivo, una tarea que, demasiadas veces, es ignorada o silenciada deliberadamente por algunos en las citas bibliográficas de sus trabajos.
Tras esta breve reseña de las biografías eruditas totalmente documentadas a lo largo de la historia, pasemos a comentar en extensión la que nos ocupa: la que es motivo de este prólogo. En la nueva edición de su obra, corregida y aumentada, esta Vida de Miguel de Cervantes Saavedra del profesor Sliwa, ofrece algunas novedades con respecto a la de 2005. Redactada como la anterior, aprovechando una efeméride cervantina, esta vez la del IV Centenario del fallecimiento del autor del Quijote, la obra viene nuevamente a ocupar un lugar desatendido por las innumerables biografías de Cervantes publicadas en los dos últimos años.
Indudablemente, se intuía que en este bienio (2015-2016), tan especial en el que aún nos encontramos (centenarios de la edición de la segunda parte del Quijote y fallecimiento del autor), iban a aparecer muchas semblanzas de Cervantes; algunas de ellas reediciones de anteriores textos y otras de nueva creación. Igualmente, se suponía que la nueva documentación descubierta en el último decenio (cerca de 1.000 documentos cervantinos inéditos), iba a incrementar enormemente el corpus cervantinum dificultando la puesta al día de los estudios biográficos y el estado de la cuestión. Además, como ha sido el último lustro la etapa más fructífera y en la que parece que ha habido un renacimiento de la investigación archivística, y el periodo en el cual se han localizado un mayor número de documentos cervantinos inéditos, el hecho complicaba aún más que las biografías recientes fueran completas desde el punto de vista documental.
Como investigador de a pie no me corresponde a mí realizar una valoración crítica o literaria de las innumerables biografías de Cervantes publicadas en los últimos años. Otros lo harán con más conocimiento y juzgarán mejor que yo sus cualidades o lo que cada una de ellas aporta de nuevo para el entendimiento de la vida y obra del escritor, como las recientemente publicadas de J. García López (2015), Jean Canavaggio (2015), o la de José Manuel Lucía Megías (2016), de indudable calidad. Sin embargo, sí me creo capacitado para valorar la del profesor Sliwa con respecto a las demás en varios aspectos. El primero de ellos es el aspecto puramente documental. Como ocurrió en el año 2005 con la primera edición, la nueva Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, supera con creces a todas las restantes. No solo logra recopilar toda la nueva documentación cervantina localizada desde 2005 (2.547 documentos inéditos), sino que la obra aporta otros (perdidos o redescubiertos), que no figuraban en la anterior ni en sus catálogos documentales de los años 1999 y 2000. Y lo más importante: algunos de ellos (179 en total) son del propio Cervantes. El total de documentos cervantinos en esta reedición es de 4.350, una cifra inimaginable desde que se publicara la de Fernández de Navarrete (1765-1844) en 1819.
Otro aspecto a destacar en la actual edición es una mayor concisión. Ya se ha comentado anteriormente que las semblanzas de Cervantes tan sobrecargadas de documentos y citas bibliográficas quizá no sean atrayentes para el gran público, e incluso no lo sean para los cervantistas como libro de consulta. Para cualquier biógrafo es un reto el poder condensar tanto documento e información en un solo volumen y, sin embargo, el profesor Sliwa lo consigue sin que la biografía quede desvirtuada con respecto a la de la anterior edición. En esta versión el texto se ha incrementado a 1.373 páginas mientras que las notas al pie se han incrementado a 4.874. El número de entradas que corresponden a citas en el libro que se relacionan con los documentos y textos de la bibliografía han incrementado a 565.
Finalmente, a destacar, frente a las biografías de Cervantes que han aparecido los últimos años, otro aspecto que creo es muy importante. Se trata de las nuevas interpretaciones sobre determinados asuntos biográficos o puntos oscuros en la vida del escritor que el autor ofrece en base a los nuevos documentos o los que se han redescubierto últimamente. Como buen documentalista que sabe leer y extraer del documento datos que otros no detectan, Sliwa propone en su obra nuevas alternativas a algunas antiguas teorías surgidas de la asimilación de los textos cervantinos que todavía hoy siguen en discusión y que otros biógrafos actuales ni siquiera han sido capaces de plantear en sus obras al no disponer de dichos documentos.
En resumen: una biografía total de Miguel de Cervantes que teniendo como base fundamental el documento, pero sin olvidar contextualizarlo cronológicamente en los distintos periodos de la vida del escritor y de su familia, consigue llenar el vacío biográfico que otras semblanzas aparecidas recientemente no han conseguido ocupar. Es mi deseo, y así lo espero fervientemente, que la obra tenga el éxito que le auguro y su autor el reconocimiento que, desde hace muchos años, se merece dentro del cervantismo.
EMILIO MAGANTO PAVÓN
Exprofesor Asociado de la Universidad de Alcalá de Henares
Diciembre de 2016
Vida de Miguel de Cervantes Saavedra
Introducción
La verdad es hija de Dios.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, El Persiles
El empeño de este corpus cervantinum fue reconstruir con fidelidad documental la grandeza de Miguel de Cervantes Saavedra, dignificar su silueta biográfica, compilar, clasificar y diagnosticar con mayor detenimiento todos los documentos notariales y las citas claves de las huellas autobiográficas de la gloria de la literatura española, donde habló en primera persona, el criterio primordial, entre los más de 33 millones de resultados obtenidos en la Red en correspondencia con el historiador Juan Diego Mata Marchena, Director de la Biblioteca Municipal de Morón de la Frontera,[1] con la finalidad de sistematizar cuidadosamente el acumulado conocimiento atinado mes por mes y año por año sobre Miguel, quien escribió cerca de 1.500.000 palabras según el escritor toledano Mariano Serrano Pintado (1940-2018), Académico correspondiente de la Real Academia de Toledo,[2] y pasar cada detalle por un tamiz con el propósito de englobar lo legítimamente relevante, desmitificar el mito, exterminar las lecturas empalagosas de political correctness y reedificar perfeccionando el amplísimo templo de todas las sanas ideas en materia de la enigmática vida del héroe de Lepanto, hombre de carne y hueso del Renacimiento y del Barroco, puesto que «no basta con decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad»[3], acorde con el filósofo griego Aristóteles.
A raíz de esto, el biógrafo cervantino Alfonso Dávila Oliveda plantea las siguientes preguntas, ¿por qué, todavía en pleno siglo XXI, seguimos rindiendo pleitesía a una imagen falsa de Cervantes? ¿Por qué razones —ya que no creo que sea una sola— seguimos manteniendo una biografía cervantina constantemente desmentida por la documentación que los archivos poseen? Sobre todo, ¿por qué esta sociedad, supuestamente tan avanzada, se conforma con una visión esquemática y mentirosa de una de las figuras más importantes de su historia?[4]
En consideración a ello, esta biografía, más completa, homogénea y vasta, en proporción con la fidelidad documental y la ordenación cronológica, retrata de cabo a rabo la construcción de la naturaleza auténtica y la historia de las hazañas del rey de la literatura española y de sus familiares por medio del método estrictamente científico, descubridor y sistemático. Centralizada por primera vez en lo verificable y no en lo verosímil, en el escudriñamiento sumamente directo, riguroso y serio del vasto tesoro de los 4.350 documentos atestiguados hasta el presente, quita del medio todas las autoficciones, ideas extravagantes y falsas nociones pertinentes a la propia vida de los investigadores, así como sus intereses personales, grupales y sociales a fin de no distorsionar la autenticidad, la legalidad y la legitimidad no solo de los criterios de validez científica en la indagación cualitativa y cuantitativa de la documentación cervantina, sino también de la fiabilidad, la plausibilidad y la naturaleza del contexto de la historia y de la confiabilidad, la confirmabilidad y la veracidad del historiador.
Así que con el objeto de garantizarle los criterios de la verdad —weise Wörter sind gesund—; devolverle la credibilidad perdida por la crisis de interpretación y legitimación desde fines del siglo XX y, expresamente, desde principios del siglo XXI; comprenderla en toda su profundidad y valorar los resultados de investigación educativa, didáctica y verificable, procedí con seriedad para corregir un excesivo cúmulo de errores persistentes y desenraizar absurdas elucubraciones de algunos biógrafos y estudiosos por la deficiencia de los datos legales sobre la fascinante vida del brillante soldado aventajado Miguel de Cervantes y sus familiares, señalando las fuentes bibliográficas.
De esta forma, reconstruí la genuina realidad de la trayectoria del autor de El Quijote según la calidad, la honestidad y el razonamiento moral en la rigurosa indagación, recopilación y reconstrucción —hábitos, con frecuencia, hasta el presente ignorados, invisibles y reprimidos—, erradicando así las piezas corrompidas, desmoralizadas y falseadas por las particularidades caprichosas de algunos académicos de excelencia que no expusieron ni un documento cervantino auténtico.
A causa de esto, el fin de mi ética investigativa —una indagación honesta— fue la búsqueda de la verdad, la integridad y la defensa de la integridad de los valores éticos que llevan a una construcción del conocimiento y un acercamiento a la verdad sobre la vida del héroe de Argel, ejemplo de imitar, con el propósito de asegurarle la fidelidad documental, protegerle frente a malas prácticas y no obstaculizar la labor exploradora virtuosa.
Este estudio no solo da pie a la base para todas las biografías documentales subsiguientes y reflexiona acerca de la complejidad del campo y de las obligaciones personales y profesionales referentes a la investigación cualitativa, sino que también es la biografía más documentada que se interrelaciona y se complementa con los nuevos datos cervantinos acreditados, a menudo, dejados en el tintero —a propósito— por los eruditos, siendo a su vez, la más cómplice, exacta y precisa que he redactado hasta la fecha.
Los nuevos documentos cervantinos, tesoros de esta biografía, cuya magnitud y relevancia son indiscutibles, aportados por los détectives d´excellence, quienes no solo ganaron la confianza por su rigor y seriedad —y cuya investigación ejemplar y admirada es un verdadero diamante de amor a la historia de España—, sino también sus espléndidos hallazgos abrieron las puertas a nuevas líneas de investigación, ante todo, sobre los invencibles Tercios Viejos españoles, el singular espía de Felipe II, sus familiares, amigos en las Indias y Filipinas, y sus contactos con los negociantes, por ejemplo, en África del Norte, Flandes, Italia y el Nuevo Mundo, cuando trabajaba como comisario real para los galeones de la Flota de la Carrera de las Indias, datos de mayor envergadura jamás incorporados a su heroica vida.
Los siguientes aportes testimoniales de nuestros ilustres documentalistas, ignorados por muchos expertos, cubrirán el vacío documental sobre la vida de Miguel y sus familiares y eliminarán errores garrafales de los futuros investigadores y aficionados cervantinos:
• 1.388 nuevos documentos del historiador Sabino de Diego Romero sobre Catalina, mujer virtuosa, obediente a Dios y corona de su esposo Miguel, y sus familiares;
• 300 nuevos documentos del profesor Emilio Maganto Pavón sobre Ana de Villafranca, Isabel, la ceremonia de velaciones de Miguel y Catalina, Pedro de Lodeña, y el madrileño Pedro Laínez, «maestro en poesía» de Cervantes;
• 177 documentos de Krzysztof Sliwa, un documento redescubierto sobre la participación de Cervantes en la fiesta de la canonización de San Jacinto de Cracovia, un documento sobre la Fiesta literaria de San Juan de Aznalfarache, el 4 de julio de 1606, un documento sobre La Galatea, un documento sobre Miguel en Toledo, un nuevo documento del alférez Rodrigo de Cervantes, prior de San Juan Antonio de Toledo, un nuevo documento sobre el rescate de Cervantes, 150 nuevos documentos sobre Alonso Quijada, y 21 nuevos documentos sobre Cervantes en Écija en cooperación con Alfonso Dávila Oliveda;
• 143 nuevos documentos del profesor Antonio Moreno Hurtado sobre el licenciado Juan de Cervantes, Andrés de Cervantes, Leonor de Torreblanca y Rodrigo de Cervantes;
• 105 nuevos testimonios sobre la familia Cortinas del profesor José Barros Campos;
• 90 nuevos documentos del historiador Alfonso Dávila Oliveda sobre el comisario Juan Titón de Cervantes, las actividades de espionaje de Cervantes, el presbítero Miguel de Cervantes, de Antequera del valle de Oaxaca en México, un nuevo dato notarial sobre la visita de Cervantes en Archidona, y 21 nuevos documentos sobre Cervantes en Écija en cooperación con Alfonso Dávila Oliveda;
• 70 nuevos documentos de la historiadora Marina Martín Ojeda sobre la estancia de Miguel en Écija;
• 68 nuevos documentos del historiador José Cabello Núñez, 40 sobre la estancia de Miguel, «persona inteligente y de confianza», en Morón de la Frontera, Osuna, Porcuna, La Puebla de Cazalla y Villamartín, de ellos 3 firmas autógrafas, y 28 documentos relativos a Juana Gaitán, a Diego de Hondaro, y Juan de Hondaro;
• 57 nuevos documentos y la más antigua firma autógrafa de Cervantes, fechada el 8 de noviembre de 1580, en la capital del Turia, del historiador Jesús Villalmanzo sobre Miguel de Cervantes, el fray Juan Gil, Juan de Estéfano, Antonio de Sosa, Diego de Benavides, y Jerónimo de Palafox;
• 35 nuevos documentos del historiador Luis Fernando Palma Robles, sobre la familia de Luisa de Torreblanca;
• 19 nuevos documentos de la profesora Margarita Cabrera Sánchez sobre Juan Díaz de Torreblanca;
• 11 nuevos documentos del historiador militar Carlos Belloso Martín sobre el acuartelamiento de Cervantes en las bases militares en Malta, Siracusa y Villafranca Sícula;
• 10 nuevos documentos del profesor Francisco Javier Escudero Buendía sobre la residencia de Juan de Cervantes en Ocaña, Salamanca y Yepes;
• 9 nuevos documentos de los historiadores Ignacio Latorre Zacarés y Rafael Muñoz García sobre Francisco López, de Requena, amigo de Cervantes;
• 9 nuevos documentos del profesor Bartolomé Miranda Díaz sobre Miguel en Castilleja del Campo, Huévar, la Palma del Condado, Salteras, y Sanlúcar la Mayor;
• 9 nuevos documentos del historiador militar Juan Luis Sánchez Martín sobre los capitanes de Cervantes;
• 4 nuevos documentos sobre Cervantes del historiador Miguel Ángel Galdón Sánchez, y su gran amigo cordobés, Tomás Gutiérrez de Castro, autor de comedias y dueño de la posada en la calle Bayona, de Sevilla;
• 4 nuevos documentos del historiador Jesús Antonio de la Torre Briceño sobre la familia Cortinas en Arganda del Rey;
• 4 nuevos documentos de la magnífica biógrafa del poeta Garcilaso de la Vega (1498-1536), María del Carmen Vaquero Serrano, sobre Alonso de Salazar, compañero de milicia de Garcilaso de la Vega, y dos nuevos documentos sobre el licenciado Juan de Cervantes, sus hijos: Juan y Rodrigo;
• 3 nuevos documentos del historiador Julio Mayo Rodríguez, 2 sobre «el ingenio lego» en Utrera y un nuevo dato sobre el inglés Juan Titón de Cervantes;
• 3 nuevos documentos de la profesora Ana Naseiro Ramudo sobre las casas de Alcalá de Henares en la calle Mayor en el corral de los de Cervantes;
• 3 documentos redescubiertos por el profesor Antonio Sánchez del Barrio sobre la requisa de aceite efectuada por Cervantes en Écija y Medina de Campo;
• 2 nuevos documentos del historiador Fernando Jesús Bouza Álvarez sobre la 1ª parte de El Quijote, donde aparece el manuscrito autógrafo de Cervantes;
• 2 nuevos documentos del historiador José María Carmona Domínguez sobre la estancia de Cervantes en Carmona;
• 2 nuevos documentos redescubiertos, sobre la partida de sepelio de Cervantes, por el historiador militar Miguel Ángel Domínguez Rubio, brigada de Infantería y Jefe de la Oficina de Comunicación, Regimiento de Infantería, «Tercio Viejo de Sicilia», n.° 67;
• 2 documentos del historiador Jorge Alberto Jordán Fernández sobre Cervantes en Estepa;
• 2 nuevos documentos del historiador Francisco José Marín Perellón sobre el acta de defunción de Miguel;
• 2 nuevos documentos del alcalde de Lucena del Puerto, Manuel Mora Ruiz, el primer documento sobre la venida de Miguel a Bonares y a Lucena del Puerto;
• 2 nuevos documentos del historiador Pedro Javier Rivas sobre la visita de Cervantes en Iznatoraf;
• un nuevo documento del historiador José Fernando Alcaide Aguilar sobre el fenecimiento de la cuenta tomada a Cervantes;
• un nuevo documento del profesor Juan Carlos Álvarez Millán sobre la boda del licenciado Juan de Cervantes y Leonor Fernández de Torreblanca;
• un nuevo documento del profesor Rafael Benítez Sánchez-Blanco sobre Leonor de Cortinas, madre de Cervantes;
• un nuevo documento del padre agustino Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, doctor honoris causa en Letras Humanas, sobre el esquema de los siete certámenes para la fiesta de la canonización de San Jacinto de Cracovia (1185-1257), Patrón de Polonia y Copatrón de Lituania, celebrada a solicitud del rey polaco Zygmunt III Waza (1587-1632), en la que participó Cervantes;
• un nuevo documento de los historiadores Pelayo Castillo Palacios y Antonio Bonilla sobre Cervantes en Niebla;
• un documento redescubierto por el historiador Ramón González Navarro sobre Pedro Díaz de Cervantes, comendador de Alcalá de Henares;
• un nuevo documento del historiador Pedro Manuel Guibovich Pérez sobre La Galatea (1585), vendida en el Virreinato del Perú;
• un nuevo documento del historiador Francisco Ledesma Gámez sobre el licenciado Juan de Cervantes, juez de la Audiencia y gobernador de Osuna, quien fue asociado con la Universidad de Osuna;
• un documento redescubierto por el historiador Eduardo Peñalver Gómez sobre el Proceso seguido a instancia de Tomás Gutiérrez contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento, donde se testimonian por primera vez dos nuevas firmas de Cervantes; y
• un nuevo documento del historiador Francisco Romero Morales sobre Cervantes en Villalba del Alcor.
Cabe subrayar que gracias a la ejemplar ayuda del profesor Emilio Maganto Pavón mi biografía es la primera que comprende dos nuevos documentos cervantinos redescubiertos. El primero fue localizado por la investigadora Mercedes Agulló y Cobo, y el segundo citado por Luis Astrana Martín, una vez fallecido su padre Luis. Ambos documentos, transcritos en su momento incompletamente, ahora lo son de forma total; no obstante, han sido ignorados sin barreras por los biógrafos cervantinos y sus comentaristas, el primero durante los últimos 48 años y el segundo durante los últimos 57 años.
Las 2.547 nuevas aportaciones documentales que cubrían el vacío documental hasta nuestros días, algunas estudiadas prolijamente, no solo pusieron de relieve errores garrafales de los cervantistas sobre el escritor y sus familiares, sino también, para mayor desgracia, hasta la fecha no llegaron a transmitirse de un modo completo y a veces ni quedaron referenciados para el gran público en las últimas biografías, generando confusiones sobre la vida y las obras de Miguel.
Es triste decirlo, pero hay multitud de documentos que han desparecido: unos 500 según mi recuento, empero hay más; datos que habían de buscarse porque consta que existieron y ninguno de ellos se ha localizado. Pero ¿dónde están estos documentos?, ¿por qué no se han encontrado?, ¿quién los ha destruido?; y si es así, ¿por qué?
Al lado de ello, someto a consideración la siguiente clasificación, con arreglo a la tipología de los documentos originales cervantinos públicos y privados, constituida de la unidad documental simple o compuesta, sellada y no sellada, a nivel nacional y global, y vinculada a la vida del biografiado y sus deudos. En este caso, destaco cinco grupos, que, a título de ejemplo, pueden comprender diecisiete subgrupos documentales, cuya ordenación debería ser alfabética, alfanumérica y numérica:
Cinco grupos documentales:
I. Los documentos primarios: Miguel de Cervantes Saavedra.
II. Los documentos secundarios: parientes de Miguel.
III. Los documentos terciarios: donde se citan, por ejemplo, sus adversarios, amigos y vecinos.
IV. Los documentos cuaternarios: referentes a su vida y a sus familiares.
V. Los documentos quinarios: la documentación apócrifa cervantina.
Diecisiete subgrupos documentales:
1. Documentos autógrafos
2. Documentos administrativos
3. Documentos comerciales
4. Documentos contables
5. Documentos corresponsales
6. Documentos culturales
7. Documentos eclesiásticos
8. Documentos escolares
9. Documentos fiscales
10. Documentos inmobiliarios
11. Documentos indefinidos
12. Documentos jurídicos
13. Documentos laicos
14. Documentos laborales
15. Documentos legales
16. Documentos literarios
17. Documentos meritorios
Habría que decir también que en consonancia con la tipología de los documentos eclesiásticos predominan de mayor importancia los registros de la partida de nacimiento, bautismo, confirmación, defunción, eucaristía, extremaunción, matrimonio, órdenes, penitencia, sepelio, velaciones, los testamentos, las fundaciones y cofradías, y los pleitos con laicos.
A más de ello, realzo la transcendencia de las notas al pie de página en la biografía de Cervantes; estas, en mi criterio, son obligatorias e imprescindibles, siempre brindan la mejor comprensión del texto, y jamás constituyeron una incomodidad al lector apasionado, escudriñador y preguntón. Aun así, en la actualidad, se componen las biografías cervantófilas sin referencias bibliográficas, y ante todo, sin notas al pie de página, y post hoc, ofrecen una imagen atacable y vulnerable sobre la vida y las obras de Miguel, hombre del Siglo de Oro español.
Como resultado de ello, sostengo que una genuina biografía digna de Cervantes, de singular valor, honesta y documentada, comprende las notas al pie de página para no solo evidenciar de dónde se ha extraído la novedad, sino también para brindar una información, preciosa, precisa y probada concerniente a la fuente, pertenecer a la línea general del argumento del biógrafo, justificar la elección del documento que se persigue en la indagación, prevenir errores, reconocer los méritos ajenos, dar fiabilidad al trabajo documental, y lo primordial de todo, defender la palabra contra los desahucios de la razón, confirmando la honradez intelectual y la autoridad al escrito.
Por ello, pido a los futuros biógrafos introducir preceptivamente las notas al pie de página, parte esencial e íntegra, que deberían ser el estándar de facto en el análisis meticuloso de la investigación, la ejercitación rutinaria y trillada de dignidad humana y la honestidad intelectual del erudito, un imperativo ético, de resultas, un factor de impacto que entra dentro del Scientific Citation Index.
Con todo y con eso, respaldo plenamente al historiador Juan Diego Mata Marchena y al profesor Carlos Alberto González Sánchez, quienes afirmaron que «tenemos que destacar el aporte bibliográfico y valorar muy positivamente esas notas al pie de página, apoyo imprescindible para una lectura abierta y sin prejuicios, que en este caso cumplen más que nunca su labor»,[5] así como al infatigable profesor Emilio Maganto Pavón, quien con toda la razón instruye que la auténtica investigación biográfica de Miguel debería hacerse en el archivo,[6] ya que según Alfonso Dávila Oliveda «el perfil cervantino manejado hasta ahora es totalmente inservible».[7]
Por consiguiente, gracias a los nuevos datos testimoniados, el riguroso orden cronológico, y el estricto procedimiento documental, fui capaz de dar en el quid de la cuestión, esto es, abrir nuevas líneas de investigación para establecer nuevos vínculos biográficos de Cervantes, hombre del Siglo de Oro español en todo su esplendor, y de sus familiares; despejar muchas incógnitas que sobrevuelan sobre su familia; y ante todo, dar a conocer una nueva interpretación de la trayectoria del genial autor y de sus parientes, basada en nuevos datos inéditos con aportes hasta hoy incógnitos.
Aun así, hago hincapié en que todavía espero nuevos documentos de la investigación en los archivos eclesiásticos y municipales a nivel nacional e internacional que completarán los hechos de Cervantes.
Por todo ello, pasados de 19 años desde la publicación de mi primera vida del Príncipe de las Letras, le doy mis más sinceras gracias a Juan Díaz, director editorial de Penguin Random House Grupo Editorial, quien me ha brindado la oportunidad de volver a biografiar al héroe de Argel, donde tuviesen todos los descubrimientos más recientes, nunca sacados a la luz, algunos parcialmente citados, o interpretados fuera de la lógica razonable y la sensatez.
A pesar de todo, las múltiples investigaciones que proseguí de forma exhaustiva y con precisión en los archivos y las bibliotecas españoles y latinoamericanos fructificaron en la edición de mi biografía con bastante exactitud, y por esa razón, esta biografía, hogar espiritual de Miguel, se puede catalogar de erudita y fundamental, ofreciendo informaciones novedosas y detalles verificados hasta el momento desconocidos e irremplazables para los eruditos de cada color según el deseo de mi queridísimo amigo, el profesor alemán Kurt Reichenberger.[8]
Pese a ello, conviene decir que no hay casi ninguna información sobre Cervantes; empero, no se investigó a los 106 cautivos de Argel, amigos de Miguel, quienes fueron desmemorizados al pie de la letra por algunos cervantófilos, ni se buscaron, pongo unos ejemplos claros, las posibles declaraciones y los testimonios relativos a ellos. Se menciona periférica y trivialmente algún dato sobre uno o el otro, pero hasta el presente no se ofreció ninguna investigación rigurosa, sagaz y seria sobre sus compañeros de cautiverio. ¿Por qué?
Estos cautivos eran, por ejemplo: Antón Cambrils, de Ibiza; Antón Riembeau, de Ibiza; Antón Godines, de Madrid; Antonio Hernández, de Sevilla; Antonio Corzo, de Córcega; Antonio Martínez, de Málaga; Antonio Patella, de Sicilia; Andrea de Ibiza, de Villafranca de Ibiza; Antón Ahes, de Denia; Alonso Ramos, de Talavera de la Reina; Antón Perlas, de Xauea; Antón Colomer, de Ibiza; Ángel Tures, de Cerdeña; Antón Malas, flamenco; Antoneta Ribas, de Ibiza; Benet Monserrat, de Ibiza; Bernardo Serrano, de Alicante; Baptista Barrilario, de Génova; Cristophoro Español, de Granada; Catherina de la Puerta, de Orihuela; Cahterina Alieres, de Mallorca; Catherina Calabresa, de Calabria; don Sebastián Antist, de Valencia; don Juan de la Nuza, de Zaragoza; Diego Menes, de Zamora; Domingo Yniegues, de Vizcaya; Diego García, de Orihuela; Francisco Morales, de Tarazona; Francisco Escolarig, de Palermo; Francisco Álvarez, de Lorca; Francisco González, de Andújar; Francisco Montaner, de Tarragona; Francisco del Río, de Alcañiz; Francisco Marín, de Barcelona; Gaspar de Mendoza, de Ibiza; Gil Artiaga, de Segorbe; Gil Fenoll, de Elche; Gaspar de Salas, de San Sebastián; Gazimo del Monte, de Cerdeña; Jerónimo Galinario, de Cerdeña; Jerónimo Veneciano, de Venecia; Juan Pérez, de Alicante; Juan Paz, de Aragüés; Jaime Mazanet, de Barcelona; Jaime Arabí, de Ibiza; Jaime Cervera, de Villafranca de Panades; Juan de Misich, de Ibiza; Juan García Izquierdo, de Jerez; Juan Mondragón, de Utrera; Juan de Soria, de Alicante; Juan Pardillo, de Zaragoza; Juan Pérez, de Huesca; Juan Ardazza, de Ibiza; Juan Anello, de Sicilia; Juan Siner, de Mallorca; Juan Puig, de Valencia; Juan Delgado, de Madrid; Juan Aguilar, de Balaguer; Juan Sardo, de Cerdeña; Jacomo de Duy, de Brexana; Juan Betet, de Montesa; Juan Colomer, de Ibiza; Juan Desuona, de Génova; Juana Costa, de Ibiza; Lucas Pascual, de Valencia; Luis Ferrer, de Vallada; Luis Jimes, de Montesa; Martín de Azuoz, de Pamplona; Miguel Sintes, de Mallorca; Marco Pons, de Menorca; Miguel López, de Jaca; Melchor Gallego, de Galicia; Martín Santa Cruz, de Mojácar; Miguel Merit, clérigo, de Tarragona; Miguel Cobrequi, de Génova; Martín Franco, de Daroca; Miguel Vidal, de Játiva; Miguel Rauaza, de Toza; Miguel Bruno, de Perpiñán; Pedro Menes, de Portugal; Pedro Feliu, de Ibiza; Pedro Poch, de Rosas; Pedro Co, de Girona; Pedro Cabildo, de Cerdeña; Pablo Ortiga, de Mallorca; Pedro Ros, de Cartagena; Pablo, de Génova; Pedro Blasco, de Jativa; Pedro de Ejea, de Ejea de los Caballeros; Pedro Vergara, de la Provincia de Guipúzcoa; Pedro Bru, de Tortosa; Rodrigo de Busta, de Cazorla; Ramón Escarpit, de Valencia; Rodrigo Cervantes, de Alcalá de Henares; Roque de Piedra, de Alejandría; Salvador Poriga, de Cerdeña; Sebastián Ferragut, de Mallorca; Sebastián Gutiérrez, de Burgos; Sebastiana, del Cauar; Turiuio Jiménez, de Ávila; Tuiau Tur, de Ibiza; Thomas Zapater, de Zamora; Valentín Soriano, de Valencia; Vicente Codón, de Valencia; e Isabel Isert, del Cauar.
Además, no encontramos cartas, declaraciones y documentos de los 38 cautivos, seguramente, muchos compañeros del creador más célebre de todos los tiempos, entre ellos: Juana L. de Coango, de Antequera; Antón de Elsa, de Conil; Pedro Espinosa, de Valderas; Alonso García de Laguna; Francisco Gutiérrez, de Moratilla; Juan Gutiérrez, de Trepiana; Alonso Hernández; Alonso Jiménez; Andrés Jiménez; Pascual Jiménez, de Troe; Alonso López, de Úbeda; Salvador de Lucena; Alonso Manzano, de Tarifa; Baltasar Mimbre; Cristóbal de Morrano, de Valencia; Mateo Nadador, de Córdoba; Agustín Nieto, de Salamanca; Alonso Núñez; Juan Núñez, de Fraga; Juan de Olmedo, de Toledo; Bartolomé de Ortega, de Baeza; Cristóbal de Ortega, de Medina del Campo; Diego López, de Peñafiel; Francisco de Palma, de Toledo; Álvaro Pérez; Antón Pérez, de Córdoba; Tomé de Pina, portugués; Martín de Quemada, natural de Carmona; Juan de Rebollar, de Cartaza; Juan de Roa, de El Puerto de Santa María; Juan de Rojas, de Aguilar; Juan Sánchez, de Toledo; Salvador Rodríguez; Antonio de Sosa, de Córdoba; Aparicio Torreal, de Ondarroa; Pedro de Undasoro, de Ondarroa; Cosme de Valencia, de Córdoba y Cristóbal de Valencia, de Zamora.
Al lado de ello, el documento del 11 de enero de 1581 de fray Gil revela que este rescató a los compañeros del cautiverio de Cervantes: fray Juan de Santiago, fraile profeso de la Santísima Trinidad; Ginés de Salazar, de Alcántara; liberados junto con Bartolomé de Casas, de Tarifa, muerto, Bartolomé de Quemada, de Carmona, y Alonso Sánchez de Alcaudete, de Córdoba; Pedro de Biedma, de Jaén; Jaime de Latasa, de Alcoy; Pantaleón Portugués; Francisco Ruiz, de Colomera y don Jerónimo de Palafox; Bartolomé de Casas; Hernando de Chinchilla, de Ibros; García Fernández, de Jerez de Badajoz; Mateo Gómez, de Burgos; Alonso Hernández, del Corral de Almaguer; Hernando de Herrera, atambor, rescatado, quien se fue para Sicilia; Diego López, de Peñafiel; Alonso Martínez, de Belmonte; Mateo Nadador, de Córdoba; y Diego de Valderrama, de Antequera, muerto. La carta fue firmada por Alonso Aragonés; Pedro de Castro; Pedro Delgado; Francisco de Leiva; Damián de Mena; Miguel de Molina; Francisco de Moriana; Sebastián de Ortega; don Francisco Ortiz Osorio e Inés de Salazar. Y tampoco se hallaron documentos de los padres teatinos redentores de Portugal, quienes estaban en Argel.
Menos aún se buceó en los archivos y las bibliotecas sobre los cautivos, sin la menor duda, amigos de Cervantes, presentados el 7 de octubre de 1581 al soberano Felipe II. Entre ellos, están: el capitán Francisco Balera, de San Martín de Val de Iglesias; el sargento Joan de Yepes, de Yepes; don Diego de Benavides, de Baeza; Rodrigo de Chávez, de Badajoz; Antón Gil, de Montemolin; Juan Gutiérrez, de Palacios Rubios, de Arévalo; Diego Pérez, de Segovia; Juan de Villalta, de Baeza; Marcos del Pozo, de Osuna; Sebastián Martín, de Villacastin; Juan Antón de Rodrigo, de Cartagena; Tomás del Pozo, de Murcia; Luis de Torres, de Rus, de Baeza; el sargento Diego de Rojas, de Bornos, de Sevilla; Rodrigo de Frías, de Lillo; Martín Pérez, de Ledesma; Juan de Toro, de Murcia; Andrés de Montemolín, de Córdoba; Pedro García, de Toledo; Diego López, de Écija; Juan de Aguirre, de Miravalle; Francisco de Aguilar, de Lisboa; Cristóbal Bizcaíno, de Gibraltar; Pedro de Embid, de Cuenca; Diego Gutiérrez, de Cerón; Juan de Espinosa, de Guadix; Juan de Aguilar, de Toledo; Francisco Martín, de Osuna; Andrés Muñoz, de Cazalla; Ginés de Salazar, de Alcántara, cautivo en la galera de San Ángel, yendo de Palermo a Nápoles a llevar al duque de Terranova; Pedro Rodríguez, de Mérida; Salvador Martín, de Arcos; Marcos García, de Lucena; Melchior de Gálvez, de Toledo; García de Cabañas, de Deleitosa; Juan de Mora, de Alarcón; Rodrigo Páez, de Gibraltar, cautivo en una nao de las que llevaban al embajador Pedro Banegas a Fez; Pedro Trauco, de Bilbao; Juan Ruiz de Piedra Bermeja, de Aguilar; Diego Carrillo, de Pedrosa, cautivo con el capitán Cristóbal de Cáceres yendo al castillo de Maon; Jerónimo Cebrián, de Zaragoza; Bartolomé Donolfo, de Trapana; Francisco López, de Requena; Diego Romero, del Campillo; Sebastián Pérez, de Najara; Francisco Salido de Molina, de Úbeda; Damián de Mena, de Madrid, de Tortosa; Juan de la Fuente, de El Puerto de Santa María; Alonso Sánchez, de Cartagena; Pedro Muñoz, de Jerez de la Frontera, y Juan Jiménez, del Pozuelo.
Se ignoró cómo y en qué circunstancias Miguel trabó amistad, sea, a modo de ejemplo: Diego de Benavides, de Baeza; Feliciano Enríquez, el fraile profeso de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, de Yepes, de Toledo; el doctor Antonio de Sosa; Pedro de Rivera, notario apostólico; el fraile Ceciliano, maestro de Santa Teología, a quien Juan Blanco dio puñaladas; el sargento Yepes y Martínez, cautivos de Argel, ya libres; el padre Antonio de la Villa y Miguel de Molina, quizá pariente de Luis de Molina, futuro yerno de Cervantes; el doctor Manuel de Sousa Coutinho, portugués, de la estirpe de los Marialvas, hijo de Lopo de Sousa Coutinho, natural de Santarém, y de María de Noroña, famoso bajo el nombre claustral de fray Luis de Sousa; el sevillano doctor Domingo de Becerra y Bartholomeo Rufino de Chiambery, doctor en Derecho Civil y Canónico.
Es imprescindible volver a indagar un poco más a fondo sobre los 86 poetas, algunos de ellos muy buenos amigos de Cervantes, confesados en La Galatea para entender por qué fueron recordados en su obra maestra: Juan Aguayo; Diego de Aguilar; Baltasar del Alcázar; Pedro de Alvarado; Lupercio Leonardo de Argensola, Micez Artieda; Juan Avalo de Ribera; el doctor Baca, Hierónymo Baca y de Quiñones; el doctor Domingo de Becerra; Gonzalo Mateo de Berrío; Bautista de Bivar; Cairasco gran canario; Benito de Caldera; el doctor Campuzano; Fernando de Cangas; el doctor Caranza; Juan Coloma; Gonzalo Cervantes Saavedra; el maestro Córdoba, Francisco de las Cuevas; Juan de las Cuevas; el doctor Francisco Díaz; Ercilla; Baltasar de Escobar; Espinel; Silvestre de Espinosa; Alonso de Estrada; el doctor Falcón; Rodrigo Fernández de Pineda; Gonzalo Fernández de Sotomayor; Francisco de Figueroa; Damasio de Frías; Enrique Garcés el Peruano; el maestro Garay; Luis Garcerán; Gonzalo Gómez de Elicona; Luis de Góngora; Tomás de Gracián; Gutiérrez Carvajal; Juan Gutiérrez Rufo; Francisco de Guzmán; Hernando de Herrera; Pedro de Huete; Lázaro Luis de Iranzo; Pedro Laínez; fray Luis de León; Alonso de Leyva; Luján; Bartolomé Lupercio; Hernando Maldonado; Francisco de Medina; Francisco de Mendoza; Cristóbal de Mesa; Juan de Mestanza; Pedro de Montesdoca; Alonso de Morales; Morillo; el licenciado Mosquera; Baltasar de Orena; Diego Osorio, Pacheco; Cosme Pariente; Alonso Picado; Gil Polo; Alonso Rebolledo; Pedro de Ribera; Sancho de Ribera; García Romero; el capitán Salcedo; Francisco Sánchez; Diego de Sarmiento Carvajal; Juan Sanz de Zumeta; Andrés Sanz del Portillo; Juan de Silva; el licenciado Soto Barahona; Suárez de Sosa; Francisco de Terrazas; Baltasar de Toledo; Luis de Vargas; Damián Vega; Marco Antonio de la Vega; Juan de Vergara; Cristóbal de Villarroel; Cristóbal de Virués y Matías de Zúñiga.
Tampoco se trató de conseguir, sirva de ejemplo, las cartas de pago atenientes a fanegas de aceite, cebada, garbanzos, habas y trigo; buen ejemplo de ello son los 220 lugares: la Abuela; el Adelantado Mayor de Castilla; Aguilar; Alanís; Albacete; Albanchez; Alcalá de Guadaíra; Alcalá la Real; Alcaudete; Aldearcos; el Alfaraje de Sevilla; Alhama de Granada; Alhambra; Alhaurín el Grande; Alicante; Almadén; Almagro; Almería; Almanzora; Almonte; Almuñécar; Álora; Amujía; Andújar; Antequera; Arahal; Archidona; Ardales; Arjona; Arjonilla; Baena; Bailén; Baños de la Encina; Baeza; Baza; Bailén; Bedmar; Beas; Begíjar; Belmar; Benacazón; Benameji; Benamaurel; Bilches; el Billardonpardo; Bonares; Bujalance; Bollullos Par del Condado; Cabezas Rubias; Cabra; Cádiz; Calañas; Cambil; El Campillo; Campillo de Arenas; Campillos; Campo de Montiel; Canbil; Canena; Cantillana; Cañete del duque de Alcalá; Cañete del Marqués de Priego; Caño de Vecinguerra de Córdoba; Carabuey; Carmona; Carpio; Cártama; Casabermeja; Castiblanco de los Arroyos; Castillejo del Campo; el Castillo de Locubién; Castro el Río; Cazalilla; Cazorla; Ciudad Real; el Colmenar; Colomera; Córdoba; Coria; Coín; Cúllar; Doña Mencía; Écija; Escacena; Escañuela; Estepa; Fines; Freila; Fuencaliente; la Fuente del Alcornoque; Granada; Guadalcanal; Guadix; La Guardia; Güelma; Guetos; Hardales; La Higuera; La Higuera de Andújar; La Higuera de Martos; Hinojos; Hinojosa; la Hoya de Málaga; Huelma; Huévar; Ibros; Illora; Iznajar; Iznatoraf; Jabalquinto; Jamilena; Jerena; Jódar; Lahiguera; Laja; Laroya; Linares; Loja; Lopera; Lopión; Lucena; Lucenilla; Luque; Llerena; Macael; Málaga; La Manchuela; Manzanilla; Marchena; El Mármol; el Marmolejo; Martos; Medina Sidonia; Mengíbar; Montalbán; Montefrío; Montemayor; Montilla; Montoro; Monturque; La Moraleda; Morón de la Frontera; Motril; Murcia; Las Navas; Niebla; el obispado de Córdoba; Jaén; el obispado de Sevilla; Olivera; Ossa de Montiel; Osuna; Oya de Medina; La Palma del Condado; Palma del Río; Paradas; Paterna; Pedrera; Pegalajar; Pena de Sal; Pisarra; Priego; Procura; La Puebla de Cazalla; Puentedogonzalo; La Puente la Roda; El Puerto de Santa María; La Rambla; Ríogordo; Rocina; Ronda; Lagunas de Coladilla; Lagunas de Morenilla; Lagunas de Ruidera; Rus; Rute; Salobreña; Santa Bárbara; Santaella; Santisteban del Puerto; Santiago; Sierra de Aroche; Sierra Morena; Solera; Somontín; Sueros; Teba; Torrecampo; Torre don Jimeno; Torredelcampo; Torredonjimeno; Torrenueva; La Torreperojil; Torres; Valdepeñas; Valenzuela; Valle de Toranzo de Bárcena; Valverde; Vélez-Málaga; Vílches; Villacarrillo; Villagarcía de la Torre; Villahermosa; Villalba del Alcor; Villamanrique; Villamartín; Villanueva de Andújar; Villanueva de las Cruces; Villanueva de los Infantes; Villanueva del Arzobispo; Villarrasa; Villardompardo; Villarrobledo; Villarrasa; Úbeda; Utrera; Zahara; Zazalilla y Zújar.
No se dedicó un estudio cualitativo a los 70 ayudantes y/o comisarios, ni a sus relaciones personales absolutamente desconocidas con Felipe II, sus proveedores generales, pagadores, recaudadores y tenedores, verbi gratia: Francisco de Agüero; Gaspar de Añastro Isunza; Enrique de Araiz; Antonio Arce Cabrera; Bernardino Arindes de Oñate; Bartolomé de Arredondo; Martín de Arriaga; Juan de Balbuena; Cristóbal de Barros y Peralta; Sancho Bazán de Larralde; Francisco Benito de Mena; Nicolás Benito; Antón Caballero; Andrés de Cerio; Juan de Cervantes Saavedra; Rodrigo de Cervantes; Agustín de Cetina; Gonzalo Cordero de Argote; Diego Delgadillo; Francisco Duarte; Luis Enríquez; Pablo Giamini; Pedro de Gárate; Pedro Gómez de la Hermosa; Asensio Guerrero; Antonio de Guevara; Alonso de Iniesta; Cristóbal de Ipenarrieta; Pedro de Isunza; Íñigo de Lezana; Antonio López de Calatayud; Pedro López de León; Bartolomé de Llerena; Jerónimo Maldonado; Diego Manrique; Antonio Martínez Caballero; Gregorio Muñoz de Medrano, Juan de Otálora; Hernando de Otáñez; Miguel de Oviedo; Santiago Pardo; Juan Pascual; Bernabé de Pedroso; Hieronimo Pérez de Arroyo; Cristóbal Pizarro; Francisco Ruiz; Pedro Ruiz de Otálora; Diego de Ruy Sáenz; Pedro Ruyz de Ro; Gaspar de Salamanca Maldonado; Juan Sáez de la Torre; Miguel de Santa María; Simón de Rivera; Juan de Roa; Simón de Salazar; Miguel Sánchez del Hoyo; Francisco de Seinosa; Pedro de la Siega; Juan de Soria; Diego Soto Reina; Juan de Tamayo; Pedro Luis de Torregrosa; Cebrián de Torres; Diego de Valcárcel, Diego de Valdivia; Francisco Vázquez de Obregón; Pedro Valarde, Francisco Vélez de Guevara; Francisco de Venegas y Diego de Zufre.
No se examinaron todos los archivos y las parroquias del Orbe Viejo para localizar nuevos documentos e inaugurar una nueva avenida de investigación, example gratia, en los 20 países europeos y las diecisiete ciudades italianas: Albania, Alemania, Argelia, Bélgica, Ciudad de Vaticano, Croacia, Chipre, España, Francia, Grecia, Inglaterra, en Italia: Ancona, Bolonia, Cerdeña, Génova, Ferrara, Florencia, Lombardía, Luca, Mesina, Milán, Nápoles, Nicosia, Palermo, Parma, Roma, Sicilia y Venecia, Malta, Marruecos, Países Bajos, Polonia, Portugal, Suiza, Túnez y Turquía, del Nuevo Mundo, los once países latinoamericanos y sus veintitrés ciudades, departamentos o provincias: Belice, Bolivia, en Colombia: Bogotá, Cartagena, Pamplona, San Juan de Pasto, Santa Fé de Antioquia, Santa Marta, Quibdó del gobierno del Chocó y Tunja, Costa Rica, en el Ecuador: Bracamoros, Caráquez, Esmeraldas, Guayaquil, Macas, Puerto Viejo, Quijos, Sumaco y la Canela y Yaguarsongo de la provincia de Quito, Guatemala, Honduras, México: Cozumel, Chiapas, Soconusco, Tabasco y Yucatán, Nicaragua, Panamá, el Perú, El Salvador, y en Venezuela: Angostura de la provincia de Guayana, hoy Ciudad de Bolívar, capital del Estado Bolívar, y en Gran China durante el reinado del décimo tercer emperador del Imperio de la dinastía Ming, Wanli (Zhu Yijun, 1572-1620) con particular afán al misionero católico jesuita, matemático y cartógrafo italiano Matteo Ricci (1552-1610), primer sinólogo, y al sacerdote jesuita Michele Ruggieri (1543-1607).
Ahora bien, es importante dedicar unos párrafos a las biografías cervantinas de los siglos XX y XXI. No cabe duda de que, a pesar de unas críticas irrazonables, estoy muy seguro de que la magnífica biografía de Luis Astrana Marín (1889-1959), Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra: con mil documentos hasta ahora inéditos…, (1948-58), es una lectura obligatoria y representa una fuente inagotable de información sobre la trayectoria vital de Miguel y de sus parientes.
Dicha obra por excelencia, difundida en siete volúmenes, escritos en 4.202 páginas, consta de 3.387 entradas redactadas, por ejemplo, en alemán, árabe, inglés, francés, italiano, latín y portugués, las cuales fueron identificadas por primera vez 62 años después de su tirada y editadas en el año 2010 por Krzysztof Sliwa en su «Bibliografía» de Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, de Luis Astrana Marín (2010), prologada por el biógrafo irlandés Donald P. McCrory.
No obstante, los eruditos y aficionados tenían que esperar 54 años, o sea, hasta la primera década del siglo XXI para disfrutar del boom de las nuevas biografías sobre Cervantes, brillante soldado aventajado de las Fuerzas Especiales de los Tercios Viejos españoles, y sus familiares.
El esplendor de las biografías cervantinas en el siglo XXI fue iniciado tras la publicación de la primera Historia de las biografías de Miguel de Cervantes Saavedra, de Krzysztof Sliwa, en el año 1997, 381 años después del óbito de Miguel. El principal objetivo de este trabajo fue reconstruir con detalle todas las contribuciones de los investigadores al desarrollo del perfil de Cervantes desde la primera biografía de Gregorio Mayáns y Siscar (1699-1781) hasta nuestros días. Mi labor ha sido analizar en detalle todas las aportaciones realizadas por los biógrafos para determinar a través de ellas la visión que obtuvieron los eruditos sobre la vida del héroe de Argel.
Por las razones antes mencionadas, he tratado de no repetir los fragmentos históricos o presumidos de las cuestiones ya examinadas por el biógrafo anterior. Las razones de esta investigación fueron las siguientes:
• Ningún investigador estudió hasta ahora las contribuciones de los investigadores cervantinos sobre la vida del Manco de Lepanto que son de inapreciable valor.
• Las biografías de Miguel son las únicas fuentes en las cuales se encuentra toda la trayectoria vital del Regocijo de las Musas a pesar de las posturas contradictorias.
• Estas obras eruditas originan un especial interés y merecen la admiración por su contenido, sus descubrimientos y sus diferentes conceptos sobre el héroe de la galera genovesa Marquesa.
• Cada nueva biografía, muchas veces recopilada, trae un nuevo descubrimiento que nos clarifica mejor las hazañas del autor del Quijote.
• Todavía los aficionados, cervantistas e investigadores están en busca de una nueva biografía digna de su nombre.
En verdad, un análisis de esta naturaleza era insustituible debido a las cuantiosas publicaciones sobre Cervantes, respaldadas por distintos documentos falsos, fantasías, leyendas, obras cervantinas mal interpretadas y numerosos errores.
A pesar de ello, cabe mencionar que en 1999, 383 años después de la muerte del glorioso Manco, Krzysztof Sliwa divulga el primer libro, dedicado únicamente a la documentación de Cervantes: Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra, prologado por el excelente profesor Jean Canavaggio, que incluye 548 documentos, 1.195 nombres y apellidos, 383 lugares y 41 libros y artículos.
En 2000, Krzysztof Sliwa lanza el primer libro sobre los documentos de Cervantes y sus familiares: Documentos cervantinos: Nueva recopilación; lista e índices, que presenta 1.661 documentos cervantinos. Cada entrada expone la fecha y el lugar de elaboración del documento, la descripción del documento, la localización del testimonio, y la cita de la mejor publicación del dato. Aun, se establece el parentesco de la persona principal con Miguel y aparecen índices de nombres y lugares, archivos, bibliotecas e iglesias, así como una lista de documentos falsos o no asociados con Cervantes, y una lista de posibles documentos del autor de El Quijote.
En 2001, 445 años después del deceso del licenciado Juan de Cervantes, abuelo paterno de Miguel, Krzysztof Sliwa publica el primer libro sobre El licenciado Juan de Cervantes, prologado por litterarum doctor honoris causa, Juan Bautista de Avalle-Arce, marqués de la Lealtad, que revela documentos sobre Juan y comprende 547 nombres y apellidos, 100 lugares en África y Europa, 15 archivos, bibliotecas e iglesias, donde están clasificadas dichas joyas documentales, y 177 fuentes utilizadas.
En 2005, 389 años después del fallecimiento de Cervantes, Krzysztof Sliwa compone «Efemérides cervantinas» para La Gran Enciclopedia Cervantina, dirigida por litterarum doctor honoris causa, Carlos Alvar Ezquerra, que contienen 1.700 entradas y conforme al excelente historiador Alfredo Alvar Ezquerra, Académico de la Real Academia de Historia, la aludida contribución es «la extensísima voz» para dicha Enciclopedia.
En 2005, por primera vez, sale a la luz el primer libro: Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra y de sus familiares, de Krzysztof Sliwa, quien da a conocer 1.803 documentos cervantinos que atestiguan 219 años de la historia de la familia del genio de la literatura universal, y arrancan el 13 de marzo de 1463 y concluyen el 8 de junio de 1682.
Desde 2020 el excelente historiador Sabino de Diego Romero, Presidente de la Sociedad Cervantina de Esquivias, y Krzysztof Sliwa trabajan en el primer libro: Documentos de Catalina de Salazar y Palacios (1565-1626) y de sus familiares, 397 años después del deceso de la hidalga esquiviana Catalina, quien según el cura de Esquivias, don Vicente Ruiz Rubio, era «una esposa y musa de inspiración de Cervantes» de acuerdo con la primera biografía de Catalina, escrita por De Diego Romero. En la actualidad, dicha monografía confirma 1.700 documentos sobre Catalina y sus parientes, de estos 1.388 nuevos documentos fueron encontrados por Sabino de Diego Romero y 150 por Krzysztof Sliwa. Asimismo, se señalan 3.187 nombres y apellidos, 323 lugares en África, Europa y América Latina, y 11 archivos, bibliotecas e iglesias.
Al lado de ello, preparé dos nuevos libros: el primero es sobre Documentos del licenciado Juan de Cervantes, que hoy tiene 400 documentos, de estos 105 nuevos documentos descubiertos por el excelente historiador egabrense Antonio Moreno Hurtado, Académico correspondiente de la Real Academia de Córdoba. De manera análoga, restablecí 570 nombres y apellidos, 135 lugares en África, Europa y América Latina, y 11 archivos, bibliotecas e iglesias.
El segundo libro: Documentos del alcalde ordinario de Cabra, Andrés de Cervantes, juez de Quintos y Juez de Montes, engloba 358 documentos, de estos 143 nuevos datos hallados por el benemérito profesor Moreno Hurtado.
Llegados a este punto, expreso mis más sinceras gracias a la espléndida colaboración de todos los eminentes documentalistas, mencionados aquí, puesto que solo gracias a ustedes, su ejemplar ayuda e incansable labor en los archivos, las bibliotecas y las parroquias, elaboro un nuevo libro: Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra, 1547-1616, que ahora encierra 1.021 documentos enlazados únicamente con Miguel. Referente a los nombres, restablecí 1.585 nombres y apellidos, identifiqué 575 lugares en África, Asia, Europa y América Latina, y localicé 40 archivos, bibliotecas e iglesias. A pesar de todo ello, la labor investigativa continúa.
Prosiguiendo con el tema sobre las biografías del siglo XXI es notable acentuar que desde la excelente biografía, No Ordinary Man. The Life and Times of Miguel de Cervantes (2002), del profesor irlandés Donald P. McCrory, fueron puestas en letras de molde 16 nuevas biografías sobre Cervantes, 12 por los profesores de literatura española, historiadores, juristas, periodistas, poetas y escritores españoles y 4 por los profesores extranjeros de literatura española.
Entre los biógrafos españoles figuran: Cervantes. Genio y libertad (2004), de Alfredo Alvar Ezquerra; Cervantes visto por un historiador (2005), de Manuel Fernández Álvarez; Cervantes. Biografía razonada (2005), de Manuel Lacarta Salvador; Semblanzas. Miguel de Cervantes (2005), de Antonio Rey Hazas; Cervantes: la figura en el tapiz. Itinerario personal y vivencia intelectual (2015), de Jorge García López; Miguel de Cervantes. La Conquista de la ironía (2016), de Jordi Gràcia; tres volúmenes de José Manuel Lucía Megías: La juventud de Cervantes. Una vida en construcción (1547-1580), (2016); La madurez de Cervantes. Una vida en la Corte (1580-1604). (2016), y La plenitud de Cervantes. Una vida de papel (1604-1616), (2017), Breve historia de Cervantes (2016), de José Miguel Cabañas y Agrela; Las vidas de Miguel de Cervantes. Una biografía distinta (2016), de Andrés Trapiello; tres volúmenes de Alfonso Dávila Oliveda: Miguel de Cervantes. Apuntes para una biografía. Soldado poeta (1547-1585), (2014); Miguel de Cervantes. Apuntes para una biografía. El agente del Rey, predestinado para el teatro que se dedica a los negocios (1586-1595), (2016); y Miguel de Cervantes Saavedra, el espía de Felipe II, que acabó con Hasán Bajá, virrey de Trípoli y Argel (1595-1601). Apuntes para una biografía (2017); Cerbantes, cambista, marino, espía, cautivo (2022), de Álvaro Espina; y Cervantes (2022), de Santiago Muñoz Machado.
A las cuatro biografías extranjeras pertenecen:
• Cervantès, del profesor francés Jean Canavaggio, editado en francés en 1986 y traducido al español como Cervantes en 1987; corregida y reeditada, Barcelona, Espasa Libros, 2015;
• No Ordinary Man. The Life and Times of Miguel de Cervantes, del profesor irlandés Donald P. McCrory, compuesto en inglés, 2022, traducido por primera vez al chino mandarino 不寻常的男人: 塞万提斯的时代和人生 【英】 唐纳德 P. 麦克罗里(Donald P. McCrory) 黑龙江教育出版社, 2015, y asimismo, traducido al holandés Cervantes de schepper van Don Quichot. Biografie, Amsterdam, Athenaeum Polak & Van Gennep, 2005;
• Miguel de Cervantes: ein wildes Leben: Biografie, del profesor alemán Uwe Neumahr, redactada en alemán, München, C. H. Beck, 2015; y
• Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, de Krzysztof Sliwa, publicada en Kassel, Reichenberger, 2005, la única biografía cervantina, escrita por el investigador extranjero en español, que se basa en 3.030 notas al pie de página, abarca 3.153 personas, 840 lugares, y presenta la bibliografía que consta de 457 libros y artículos.
Por añadidura, destaco cuatro magníficas biografías sobre los familiares de Cervantes:
• La primera joya singular es Catalina. Fuente de inspiración de Cervantes. Análisis biográfico sobre Catalina de Salazar y Palacios (2015), del biógrafo cervantino Sabino de Diego Romero, y las tres siguientes perlas biográficas salieron de la pluma del biógrafo cervantino Emilio Maganto Pavón:
• Ana de Villafranca, amante de Miguel de Cervantes (2011);
• Isabel de Saavedra. Los enigmas en la vida de la hija de Cervantes (2013);
• La familia Villafranca y Miguel de Cervantes. Nuevos documentos cervantinos localizados en el Archivo General de Indias (2014).
Sin atisbo de duda, dichas biografías sirven de base para las futuras biografías documentadas, y a la par desde el fondo de mi alma felicito a todos los biógrafos cervantinos por sus extraordinarias obras.
De igual manera, después de haber estudiado más de 30.000 documentos del Siglo de Oro hasta la fecha, unos pocos ejemplos, en orden alfabético, los de Mateo Alemán (1547-1613), Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), Miguel de Cervantes (1547-1616), Garcilaso de la Vega (1501-1536), Luis de Góngora y Argote (1561-1627), fray Luis de León (1527-1591), Tirso de Molina (1579-1648), Francisco de Quevedo (1580-1645), Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), y santa Teresa de Jesús (1515-1582), resalto que la documentación original, alma fundamental de cada biografía documentada, es un filón de oro, un diamante de valiosa información, que siempre constituye un verdadero tesoro viviente biográfico de nuestra lengua, cultura e historia.
En vista de ello, para redactar una biografía documentada del autor de El Quijote, segundo libro más leído después de la Biblia, que contiene 381.104 palabras, de estas 22.939 palabras distintas en lengua castellana, es primordial escudriñar todos los relatos autobiográficos en las obras cervantinas, siempre ser fiel al documento legal y respetar honestamente su contexto y contenido, componente más fundamental, que conmueve el corazón y pone fuego en el espíritu investigativo de cada líder biográfico sin trasladarle al campamento de los errores.
En mi concepto, la biografía es la historia documental de una persona, siempre apoyada obligatoriamente por la documentación fidedigna y las notas al pie de página, que narra hechos reales enmarcados en un contexto histórico con honestidad y en pleno sentido desde su nacimiento hasta su muerte por lo que no hay lugar a rumores o información no verificada.
Por todo esto, no hay duda de que para iluminar con mayor claridad la figura del Príncipe de las Letras Españolas y poder calibrar mejor las declaraciones con implicaciones autobiográficas repartidas a lo largo y ancho de la creación literaria del autor de La Numancia es imprescindible cumplir las palabras de sabiduría de Cervantes, quien nos enseña cómo escribir una historia de vida, esto es, «la historia es como cosa sagrada porque ha de ser verdadera y donde está la verdad está Dios».[9]
Por cierto, concuerdo con el parecer del «alcalaíno ejemplar y mejor alcalde de Alcalá de Henares», Arsenio Lope Huerta, quien asevera que «Cervantes es permanente actualidad», y a la vez proclama que «ningún autor como Cervantes. Ningún libro como su Don Quijote. Nadie hasta ahora ha merecido ni tantos trabajos, ni tantos estudios, ni tantas publicaciones».
Aparte de esto, el benemérito dramaturgo Eduardo Aguirre Romero, en su excelente artículo «Si Cervantes levantara la cabeza», escribe con toda exactitud que «en estos tiempos inciertos, Miguel de Cervantes tiene aún mucha luz que ofrecernos».[10] En vista de ello, solo me queda preguntar al querido lector de esta biografía:
¿qué había contribuido Don Quijote de la Mancha a África, América Latina, América del Norte, Asia, y Europa?
Sin ninguna duda, opino que El Quijote, una lectura apasionada, continua y máxima, es el alma de la creación literaria en el mundo que forma, transforma y genera la literatura del futuro. Los tres poemas, a título de ejemplo, de la poeta Beatriz Villacañas Palomo, académica correspondiente de la Real Academia de Toledo, respaldan mi punto de vista, y rezan:
Por arte de encantamiento, don Quijote visita el siglo veintiuno
Amigo Sancho, oye mi porfía:
vayamos al rescate de este mundo,
que camina con paso moribundo
y se hace más pequeño cada día.
Ha perdido el compás, la fantasía,
brújula del viaje más fecundo,
es el más engreído vagabundo
que cree que la locura es cosa mía.
Hacedor de artificios deslumbrantes,
se quema con el fuego del progreso
y va engendrando espíritus menguantes.
Los tontos, según él, nacimos antes,
y él está ya de vuelta, de regreso,
pues cree que son molinos los gigantes.[11]
Para ti, Catalina de Salazar y Palacios
Tú, gran mujer, en unión con Cervantes,
en abrazo de amor siendo su esposa,
vives en el recuerdo, viva rosa,
sigues presente en lo que fuiste antes.
Tú y Don Miguel compartisteis instantes
camino al Infinito en la ingeniosa
visión de Don Quijote: valiosa
su lucha por el bien contra tunantes.
Con bondad y belleza, Catalina,
aunque en la vida hubiera quebranto,
abrazaste experiencia cervantina.
Unida con el Manco de Lepanto
fuiste la resistencia que camina
para hacer la canción después del llanto.[12]
El contagio de Sancho
Me habéis hecho un regalo de visiones,
os comunico, Don Alonso, amigo.
Vuestra aventura se encontró conmigo
y se hicieron verdad las ilusiones:
Las mías y las vuestras, emociones
que dan brío al amor, y aquí, en el trigo,
dan alas a mis pies, mientras yo sigo
viendo en cualquier trigal constelaciones.
Yo brindo, Don Quijote, con razones
de gratitud por vuestra frente ancha,
fecunda de poesía y de canciones:
¡Que viva el corazón cuando se ensancha
con el viento de cósmicas pasiones
y desborda las lindes de La Mancha![13]
De igual manera, la apoyan las palabras de sabiduría del dramaturgo Eduardo Aguirre Romero —quien llama a Miguel héroe del humor—, que rezan:
Héroe del humor
En la cola de un corral de comedias todo hombre es uno más, pero no bajo una tormenta de pólvora y gritos de dolor. En Lepanto, Cervantes tuvo identidad propia y colectiva. Allí se estaba forjando también su visión más humana de lo humorístico (…) héroe del humor porque se rio primero de sí mismo, aunque su vida nunca fue tan placentera como la del Caballero del Verde Gabán; héroe del humor porque —por ejemplo— la herida provocada por Avellaneda la transformó en un partido entre demonios de segunda B, en el que la pelota era el apócrifo … porque en el Quijote pasó de reírse al principio de sus dos protagonistas a hacerlo con ellos … porque amó al lector, y también porque puesto ya el pie sobre el estribo escribió una risueña despedida del valle de lágrimas. Murió, pues, con alegría heroica.[14]
Así pues, hay que continuar nuestra labor investigativa sobre el brillante Miguel, y por eso, entre otros, pido realizar en todos los países en el mundo los siguientes proyectos de investigación digitales:
• Antología de la poesía dedicada a Miguel de Cervantes y a su esposa Catalina.
• Antología de la poesía dedicada a don Quijote, Dulcinea, y Sancho Panza.
• Antología de las canciones dedicadas a don Quijote, Dulcinea, y Sancho Panza.
Antes de terminar, agradezco de todo corazón al profesor Emilio Maganto Pavón, quien me ha acompañado, aconsejado e inspirado con toda diligencia y honestidad sin cesar en esta labor, al ex director del Archivo General de la Administración Alfonso Dávila Oliveda su ejemplar ayuda sobre el espionaje de Cervantes y su vinculación a México, y al presidente de la Sociedad Cervantina de Esquivias Sabino de Diego Romero por su inestimable ayuda sobre la documentación cervantina y la de nuestra amada ciudad de Esquivias.
Un especial agradecimiento brindo a los excelentes historiadores militares Carlos Belloso Martín, Juan Luis Sánchez Martín, Salvatore Leonardi y el brigada de Infantería Miguel Ángel Domínguez Rubio, quienes beneficiaron mi biografía con sus espléndidos trabajos y consejos, así como a los espléndidos historiadores José Fernando Alcaide Aguilar, Juan Carlos Álvarez Millán, Antonio Bonilla, Margarita Cabrera Sánchez, Pelayo Castillo Palacios, Francisco Javier Escudero Buendía, Bartolomé Miranda Díaz, José Cabello Núñez, José María Carmona Domínguez, Antonio Cruz Casado, Miguel Ángel Galdón Sánchez, Jorge Alberto Jordán Fernández, Ignacio Latorre Zacarés, Francisco Ledesma Gámez, Francisco José Marín Perellón, Marina Martín Ojeda, Manuel Mora Ruiz, Antonio Moreno Hurtado, Rafael Muñoz García, Ana Naseiro Ramudo, Luis Fernando Palma Robles, Eduardo Peñalver Gómez, Antonio Sánchez del Barrio, Juan Luis Sánchez Martín, Manuel Vicente Sánchez Moltó, María del Carmen Vaquero Serrano y Jesús Villalmanzo, quienes me facilitaron con ejemplaridad su magistral ayuda en todos los momentos.
A todos ustedes, queridos amigos míos, les expreso mi más honesto agradecimiento por sus comentarios en materia biográfica sobre Cervantes, y ante todo, a todos los no cervantófilos, cuyos nuevos descubrimientos forman la mayor parte de esta biografía, pero cuyos trabajos de excelencia —fueron absolutamente dados al olvido— han pulido y abrillantado las semblanzas de esta trayectoria de Miguel y de sus familiares. Muchas gracias a todos.
A tenor de lo expuesto, pido que se galardonen sus contribuciones a los sucesos de Miguel y de sus parientes, pues no solo enriquecen las páginas de esta biografía, sino también son un orgullo para todos los investigadores.
A mi apreciación hay que seguir buscando nuevos documentos, pues argumentum ex silentio o la ausencia de prueba no es prueba de ausencia, para que las absurdas hipótesis no crean las biografías falsas, inventadas y sofísticas, y para que no hagan daño a la auténtica investigación biográfica documental sobre Cervantes, quien convivió con la flor y nata de los artistas literarios del Siglo de Oro, la que se debería hacer fundamentalmente en los archivos, las parroquias y las bibliotecas del Antiguo y del Nuevo Continente, así como de la mítica China imperial de Zhu Yijun (1563-1620), decimotercer emperador Wanli de la dinastía Ming (1572-1620), Imperio de Catai, y de las Indias Orientales Españolas, ante todo, las islas Filipinas.
En lo esencial, para brillar las vetas de la verdad sobre Cervantes y su época histórica que conmueven el corazón y ponen fuego en el espíritu investigativo sin trasladarnos al campo de los errores es primordial ser fiel al documento legítimo cervantino y a la realidad, «respetando siempre la documentación»,[15] acorde con la advertencia de litterarum doctor honoris causa Carlos Alvar, componente más fundamental de cada auténtico líder biográfico, científico, ético, honesto, rígido, riguroso, serio, y alejado del esoterismo, y escudriñar con amor los relatos autobiográficos en sus obras para seguir redactando la genuina biografía del autor de El Quijote.
Antes de terminar, confieso que esta biografía del brillante Miguel está basada en 4.350 documentos, de estos 2.547 nuevos documentos cervantinos, está apoyada en 565 obras citadas, reforzada por 4.874 notas al pie de página, y contiene 370 novedades, que comprueban, sin ninguna duda, que Miguel de Cervantes Saavedra fue un indiscutible héroe de Lepanto, Levante, Argel, Mostagán y Orán.
Unas de las contribuciones más brillantes de esta biografía son, por ejemplo, los nuevos documentos inéditos alusivos a los personajes reales de El Quijote, descubiertos por don Sabino de Diego Romero, a saber, Gutierre de Quijada, sobrino del bisabuelo de Catalina, el cura Pero Pérez, fray Alonso Quijano el Bueno, el bachiller Sansón Carrasco, Juana de Ugena, madre de Juan Carrasco, Teresa Panza, esposa de Sancho Panza, a quien Cervantes llama Juana Gutiérrez, Mari Gutiérrez o Teresa Cascajo, el Vizcaíno, escudero, Pedro Alonso también llamado Pedro Alonso de Salazar, homenajeado por Cervantes, Aldonza de Cárdenas, Maese Nicolás, Maese Pedro, Ricote, el Morisco, y sus familiares, y Pedro Martínez, Tenorio Hernández y Juan Palomeque, todos los tres nombrados en los capítulos XVII y XVIII de la primera parte de El Quijote.
Los nuevos documentos inéditos, concernientes únicamente a Miguel, certifican sus visitas, sirva de ejemplo, en Archidona, Bonares, Carmona, Castilleja del Campo, Écija, Esquivias, Estepa, Huévar, Lucena del Puerto, Madrid, Malta, Morón de la Frontera, Niebla, Osuna, Pilas, Porcuna, La Puebla de Cazalla, el Puerto de Santa María, Salteras, Sanlúcar la Mayor, Sevilla, Siracusa, Utrera, Valencia, Villalba del Alcor, Villafranca Sícula y Villamartín, incluso cientos de los nuevos documentos inéditos relacionados con sus familiares y amigos.
Por primera vez compruebo documentalmente que Cervantes era miembro de «una cierta banda secreta» en Argel, indicada el 10 de octubre de 1580 por el alférez Diego Castellano, una información que ha pasado desapercibida hasta el presente en las biografías documentadas íntegramente.
De igual manera, el doctor Sosa habló de la iglesia de los cristianos en Argel, totalmente suprimida por los biógrafos cervantinos, localizada cerca de «un baño grande, de 70 pies de largo y de 40 de ancho, que está repartido en altos y bajos y con muchas camarillas y en medio una cisterna de linda agua, y a un lado debajo, está la iglesia o oratorio de los cristianos, donde sea el Señor bendito, todo el año se dice misas, y muchas veces en fiestas solemnes cantadas y solemnizadas con sus vísperas y muy bien acordadas, porque nunca faltan sacerdotes cautivos».
Aparte de esto, esta biografía contiene los nuevos documentos inéditos con las firmas autógrafas de Miguel de Cervantes, sirva de ejemplo, la más antigua firma autógrafa, una joya de esta obra, el brillante descubrimiento, fechada el 8 de noviembre de 1580, en Valencia:
Sin ningún atisbo de duda, esta trayectoria vital de Miguel se enfrenta categóricamente contra algunos cervantófilos y aficionados, quienes especulan sin apoyo documental que el glorioso Manco no estuvo enfermo durante la batalla de Lepanto, ponen en duda su heroísmo y dan adiós al Cervantes héroe.
Esta biografía fue escrita por el amor por la verdad, que «es hija de Dios»,[16] y personalmente, me opongo rotundamente a todas las falsas declaraciones y ofensas, pues para mí Miguel de Cervantes Saavedra —excelente intérprete de lengua de los sordos, cartógrafo, cosmógrafo, criptógrafo, dactilógrafo, fitoterapeuta o herborista, intérprete, jurista, juez ejecutor de la Contaduría Mayor de Hacienda de Felipe II, logopeda, musicólogo, políglota, teólogo, topógrafo, traductor, galardonado con la medalla de bronce conmemorativa de la Batalla de Lepanto, grabada por el italiano Gian Federico Bonzagni y ordenada por el papa Pío V, la medalla de la Batalla de Lepanto y la de la Conquista de Túnez en 1574, ordenadas por don Juan de Austria— fue, es y siempre será héroe de Lepanto, Levante mediterráneo, Navarino, Túnez, Argel, Mostagán y Orán, y para Miguel servir bajo la Sagrada Bandera de «su patria, querida España», alma de cada soldado y corazón de España, fue una divina virtud.
Su inconmensurable amor, su inigualable sacrificio y su insuperable valentía a España, patria de los héroes, ennoblecen a todos, quienes aman «dulce España»,[17] las palabras de la medalla del «Tercio Viejo de Sicilia»: «Valor, Firmeza y Constancia», y las de la bandera de bolsillo del Regimiento de Infantería, «Tercio Viejo de Sicilia», N.º 67, regalados por el ejemplar patriota y brigada de Infantería Miguel Ángel Domínguez Rubio, que rezan:
con esta Bandera en tu bolsillo,
llevarás siempre contigo un trozo de nuestra Patria.
Te ayudará a mantener tu compromiso de Servicio a España,
te recordará a todos los que luchan a tu lado y
se sienten orgullosos de tu sacrificio y
te dará la fuerza para tu entrega en la defensa de nuestra Nación,
de sus valores y de su libertad.
Concluyo recalcando que nuestro magnífico Regimiento de Infantería, «Tercio Viejo de Sicilia», N.º 67, tiene «como orgullo colectivo recitar cada mañana el Camino del Sicilia, las estrofas que forman la esencia de nuestra identidad, y a la voz del coronel que nos exhorta a viva voz:
¡ESTE ES EL TERCIO VIEJO!
y todos responden con las estrofas del Camino del Sicilia:
¡ESTE ES EL TERCIO VIEJO,
QUE EN LA MUERTE PROBÓ MÁS DE MIL VECES
SU NOBLEZA!,
y este compendio de virtudes y de compromisos queda sellado con nuestro Grito de Armas, que sucesivamente, a la voz de cada espíritu se responde con las tres voces:
EN EL COMBATE, ¡VALOR!
EN NUESTROS IDEALES, ¡FIRMEZA!
EN LA PREPARACIÓN, ¡CONSTANCIA!»,
Estas palabras, sin duda, describen cabal y fielmente el alma del brillante héroe de Lepanto, y por ello, aquí vienen como anillo al dedo las palabras del general de División Rafael Dávila Álvarez, general jefe Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII —que a su vez representan a Miguel—, que rezan:
Nada hay como el soldado español y a mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura.
Al fin y al cabo, esta biografía continuará, y estoy convencido de que el público sabrá apreciar en lo que vale esta obra y con ella espero haber puesto «una pica en Flandes y una lanza en Orán» y que Dios nos guarde.
¡Viva el Rey!
¡Viva España!
¡Vivan la Armada y los Ejércitos Españoles!
«Laus in excelsis deo».
KRZYSZTOF SLIWA
I
Antepasados de Miguel de Cervantes Saavedra
1
Pedro Díaz de Cervantes, padre de Ruy Díaz de Cervantes, y su esposa, Catalina de Cabrera, tatarabuelo y bisabuelos paternos de Miguel
El linaje, prosapia y alcurnia querríamos saber.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA,
El Quijote, Parte I
Actualmente, no podemos rastrear la alcurnia de Miguel de Cervantes Saavedra más allá de cuatro generaciones. No obstante, resulta notorio que su tatarabuelo, Pedro Díaz de Cervantes, vino al mundo a principios del siglo XV, durante los últimos años del reinado de Enrique III, el Doliente (1379-1406), o a comienzos del de Juan II, rey de Castilla y León. En realidad, se desconocen su educación, su profesión y su vida privada. Sin embargo, está documentado que residió en Córdoba, a orillas del río Guadalquivir y al pie de Sierra Morena, donde Abd al-Rahmān III se proclamó califa a fines de 929, declarando que «Dios, al concederle la gracia de restaurar en Córdoba la antigua gloria y el poderío de los omeyas de Damasco, le había mostrado su favor, convirtiéndose en el Imām, Príncipe de los Creyentes al-Nāsir li-Dīn Allāh, el Vencedor por la Religión de Dios».[1] Pese a todo, el primer documento referente a la familia Cervantes data del 13 de marzo de 1463 y deja constancia de que Pedro y su hijo Ruy, de profesión trapero, compraron una viña a Juan Rodríguez de Niebla en nombre de Juan Berzón en el Arroyo de don Tello.[2] El 20 de marzo Berzón vendió a Ruy, vecino de la colación de San Bartolomé de Córdoba, «un pedazo de viña con todos los árboles en el pago del Arroyo de Don Tello por precio de 1.475 mrs [maravedís], lo cual fue escrito en pergamino de cuero firmado y signado»;[3] y el 22 de mayo de 1500 Pedro, vecino de la colación de San Nicolás de la Villa, otorgó poder a «Fernando de Ribera, y obligó sus bienes, para que este le representase en pleitos y negocios».[4]
De la unión de Rodrigo y Catalina nacieron Catalina, monja profesa del convento de Jesús Crucificado de Córdoba; María, monja del mismo convento, fallecida hacia 1548; Rodrigo; y el licenciado Juan, esposo de Leonor Fernández de Torreblanca, abuelos paternos del famoso alcalaíno. En lo que concierne a Catalina, se sabe que el 11 de agosto de 1544 la priora, las monjas y el convento, en representación de María de Cervantes, aprobaron la transacción y concordia, con Luis Venegas por el licenciado Cervantes, alcalde mayor de Baena, sobre algunos de sus bienes, por lo cual se entregó una carta de pago a Andrés de Cervantes, tío paterno del héroe de Lepanto, de «los 4.792 mrs que de él recibieron por la herencia de Catalina».[5] El 5 de abril de 1553 el convento administró un poder a «Gonzalo Ruiz de Aguado, procurador de causas en la Audiencia Real de Granada, cuyo otorgante fue sor Catalina».[6] El 29 de enero de 1560 el convento proveyó una escritura de arrendamiento del cortijo y las tierras de Sancho Mirandilla «al labrador Francisco de Andrajoz, vecino de La Rambla por cuatro años, y la renta en cada una de 44 cahíces de pan terciado, 44 cargas de paja, cinco puercos y quince pares de gallinas, cuya otorgante fue Catalina».[7] El 14 de junio de 1564 el convento dio poder a Luis de Navarrete para recaudar la parte correspondiente a la monja profesa «Luisa de Cervantes en la herencia de su hermana Ana de Cervantes, esposa de Hernando Beltrán, vecino de Málaga, hijas de Rodrigo de Cervantes, gobernador y contador de La Goleta de Túnez», con Catalina como otorgante.[8] No obstante, hasta ahora no se ha esclarecido si el gobernador Rodrigo fue deudo del licenciado Juan o qué tipo de relación mantuvieron. El 16 de agosto de ese mismo año, el convento recibió «6.000 mrs de Luis de Godoy a cuenta de 12.000 mrs que aún se le debían de una manda de 20.000 mrs que su tía Catalina de Clavijo había hecho al monasterio», cuya otorgante fue Catalina.[9]
El 30 de junio de 1567 el convento arrendó «al labrador Juan de la Cuesta, vecino de La Rambla, el cortijo, las tierras y el heredamiento de Martín Gonzalo, en término de Santaella por tiempo de tres años por una renta anual de 37 cahíces de pan terciado, dos puercos y seis pares de gallinas»,[10] a cuyo procedimiento asistió la superiora sor Catalina. El 9 de marzo de 1577 veintitrés monjas profesas entregaron «al escribano público Miguel Jerónimo un escrito de requerimiento, encabezado por sor Isabel de Castilla y sor Catalina de Cervantes, quejándose de la conducta del padre provincial fray Francisco de Vargas, por querer obligarlas a elegir como priora para el trienio de 1577-1580 a Beatriz de Haro».[11] La meta del poder concedido a Miguel Jerónimo fue elevar sus quejas hasta el papa Gregorio XIII (1572-1585) y Felipe II (1527-1598).[12] El 7 de julio de 1578 el convento redimió «al monasterio de San Agustín la mitad de un censo de setecientos ducados, transmitiendo carta de pago de los trescientos cincuenta ducados del principal y 2.461 mrs de los corridos, en la cual participó Catalina»;[13] el 25 de enero de 1588 el convento adjudicó licencia «a Aldonza de Cárcamo, monja novicia, para que renunciase a sus legítimas y futuras herencias en favor de su madre»,[14] cuyo testigo fue Catalina, y el 15 de diciembre de 1595 recibió «doscientos ducados de Aldonza de Figueroa, viuda de Francisco de Cea de los Ríos, a cuenta de los seiscientos prometidos como dote de su hija Ana de Guzmán».[15] Sus otorgantes fueron Catalina de Cervantes, Isabel de Vieras, Margarita de Cervantes y Juana Ponce. Al respecto de sor María de Cervantes, esta figuró como otorgante junto al convento de Jesús Crucificado, verbi gratia, el 3 de septiembre de 1530 en una escritura del convento de Jesús Crucificado, por la que arrendaba de por vida a Martín de Buenrostro, vecino de la colación de Santa María, desde el día de San Miguel, unas viñas en el término de la villa de Santa María de Trassierra, por la renta anual de 650 mrs.[16]
El 11 de noviembre de 1532 sor María figura como otorgante junto al convento de Jesús Crucificado en una escritura con licencia de su administrador perpetuo, Luis Méndez de Sotomayor y Haro, señor de las villas del Carpio y Morente, por la que renunciaba en favor de Beatriz de Haro, sobrina de la priora del convento Isabel de Haro, a la parte que le correspondía de la herencia de su madre, Aldonza de Haro.[17] El 12 de noviembre, mediante escritura, se renunció a favor de Diego Laso de Castilla a los bienes que pudiesen pertenecerle de la herencia de Aldonza de Haro;[18] el 4 de noviembre de 1533 se aludió en una escritura a María;[19] el 14 de diciembre de 1537 el convento de Jesús Crucificado de la Orden de Santo Domingo cedió a Teresa de Haro los derechos que pudieran corresponderle por la herencia de su madre;[20] y el 11 de agosto de 1544 María compareció en la aprobación de la transacción, elaborada con «Luis Venegas por el licenciado Cervantes, alcalde mayor de Baena».[21]
Así pues, resulta admisible que el vicario fray Rodrigo de Cervantes naciera hacia 1470 y tomara los hábitos de la Orden de Predicadores en el convento de San Pablo de Córdoba hacia 1490. Con todo esto, y en conformidad con el dato legal del 30 de diciembre de 1533, Rodrigo fue vicario del monasterio de San Pablo tras conceder a Lucían de Esbarroya los derechos respectivos a las tres onceavas partes de la herencia de su padre;[22] el 12 de abril de 1537 concurrió como otorgante cuando el monasterio de San Pablo liquidó a Gonzalo de Saavedra, jurado en la colación de la Magdalena, una esclava lora, de tres años de edad, de Túnez, por 8.000 mrs;[23] y el 19 de enero de 1542 el superior fray Rodrigo figura como otorgante en una escritura del convento de San Pablo de la Orden de Santo Domingo en favor de Hernando Alonso de Córdoba, señor de Belmonte y de Moratilla, hijo del capitán Antonio de Córdoba, en el pleito sobre la propiedad de un sesmo y casi media ubada de tierra de la dehesa de Nublis, en el término de Hornachuelos, perteneciente al convento de Santa Inés.[24]
El 30 de abril de 1544, participó en el otorgamiento de la escritura de Gonzalo de Carpio, quien rentó unas casas del convento de San Pablo en la colación de San Andrés por tres años con una renta de 25.000 mrs y 5 pares de gallinas en cada una.[25] Se cree que falleció entre finales de 1551 y principios de 1552 porque su nombre apareció en una escritura fechada el 6 de diciembre de 1551. Del mismo modo y sin prueba documental, se estima que Miguel Díaz, también, fue hijo de Ruy Díaz de Cervantes. El 29 de enero de 1500 el trapero Rodrigo otorgó poder a Antón de la Mesa para recibir 9.000 mrs de un musulmán llamado Mahoma. Los testigos fueron Diego de Heredia, hijo de Juan de Heredia, y Diego de Góngora, hijo de Juan de Góngora.[26] El 4 de noviembre de 1533 el convento de Jesús Crucificado hizo constar una escritura, cuyo testigo fue Juan de Góngora y cuya otorgante fue sor María de Cervantes, en la que declaraba haber adquirido del caballero veinticuatro Alonso de Góngora, hermano de Juan, 20.000 mrs,[27] obligándose con Antón de la Mesa a abonarle 2.000 mrs por su trabajo y los costes, si cobraba 9.000 mrs.[28] Aparte de esto, cabe destacar que, con arreglo a los documentos vinculados al pleito entre Rodrigo de Cervantes, padre de Cervantes, y Gregorio Romano, se evidenció diáfanamente que Ruy Díaz de Cervantes fue el bisabuelo paterno de Miguel de Cervantes. Así, por ejemplo, el 11 de julio de 1552, en Valladolid, «los testigos juraron que sabían, vieron u oyeron decir que Rodrigo de Cervantes, el licenciado Juan de Cervantes, Rodrigo o Ruy Díaz fueron hidalgos notorios de padre y abuelo de solar conocido y si en las villas y lugares, donde habían vivido y morado siempre les habían sido guardados todas las honras, franquezas, libertades, exenciones e inmunidades que suelen y acostumbran guardar a los otros hombres hijosdalgos destos reinos, y que Rodrigo o Ruy Díaz de Cervantes, y padre de Rodrigo de Cervantes habían sido casados legítimamente, según lo manda la Santa Madre Iglesia de Roma, y que todo eso había público y notorio».[29]
Más el documento legítimo del 5 de enero de 1553 autentificó que Rodrigo de Cervantes y el licenciado Juan de Cervantes vivían en «Alcalá de Henares, Guadalajara, Córdoba y Sevilla, y eran hijodalgos de solar conocido, y devengar quinientos sueldos según el fuero de España, y eran reputados en todas las partes y lugares de estos reinos y si siempre se juntaban en las juntas, cofradías y llamamientos con los hidalgos y no con los plebeyos, y si se trataban y acompañaban muy honradamente sus personas y casas, y si Rodrigo de Cervantes estaba casado con Catalina de Cabrera, padres legítimos del licenciado Juan de Cervantes, y si el licenciado Juan estaba casado con Leonor de Torreblanca y tuvieron a Rodrigo de Cervantes, su hijo legítimo».[30] En resumen, los susodichos documentos originales verificaron categóricamente que el tatarabuelo, el bisabuelo y el abuelo paternos del autor de El Quijote provenían de Córdoba.
2
El «magnífico señor» licenciado Juan de Cervantes, abogado del Real Fisco del Tribunal de la Santa Inquisición de Córdoba, amante de Mari Díaz, y esposo de Leonor Fernández de Torreblanca, abuelos paternos del famoso poeta alcalaíno
Oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA,
El Quijote, Parte II
No tenemos noticia de cómo, cuándo, dónde ni en qué circunstancias conoció el licenciado Juan a su esposa, Leonor. Se pasaron por alto su niñez, juventud, educación y prendas físicas, y por si fuera poco, el biógrafo cervantino Luis Astrana Marín (1889-1959) no aportó ningún dato verídico tras asegurar que Juan «pronto entenderá en los negocios tocantes a ella, es entonces un joven de hasta quince años, estudioso y de ingenio vivaz, a quien su padre, el mercader Rodrigo, que vive con ostentación y muy a lo hidalgo, quiere dar carrera y enviará en seguida a Salamanca a cursar Derecho».[31] Luis Astrana dató sus estudios de Derecho entre 1493-1494 y 1498, cuando consiguió el título de bachiller porque a principios de 1499 ejerció las funciones de letrado y se licenció algo después de su boda. Pese a ello, el excelente historiador burgalés Alfonso Dávila Oliveda considera que Juan debió de venir al mundo en 1490, ya que el 9 de octubre de 1555 en Córdoba,[32] desveló que tenía 65 años, y «con once años, en 1501, ya prestó juramento como letrado de la ciudad de Córdoba, en calidad de bachiller en leyes. En 1506 aparece mencionado en los documentos cordobeses como licenciado en leyes».[33] Se desconoce si el licenciado Juan intervino en el primer periodo del levantamiento musulmán de las Alpujarras, entre 1499 y 1501, iniciado en diciembre de 1499 por los mudéjares y liderado por Abraham Aben Humeya —abuelo de Hernando de Válor y Córdoba, en árabe Aben Humeya (1545-1569)—, puesto que en febrero de 1500 se congregaron en Córdoba, Jaén y en la Mancha 3.500 caballeros y 35.000 peones.
De acuerdo con los datos conservados del 13 de abril de 1498 en Córdoba, el bachiller Juan Díaz de Torreblanca, físico y cirujano, vecino de la colación de San Pedro de Córdoba, esposo de Isabel Fernández, hijo de Ruy Díaz de Torreblanca y padre de Leonor Fernández de Torreblanca, dictó su testamento. Dispuso que se le enterrara en el monasterio de San Pedro, en la capilla del cabildo, donde habían sido sepultados sus padres. Legó a su esposa Isabel maravedís, ropa, joyas y atavíos; mandó a su hermano Lope Sánchez un caballo castaño y siete arrobas de aceite, y regaló a su criado Gómez dos libros escritos en romance, León Franco y El Guido. Además, nombró como herederos a sus hijos: Ruy Díaz, Juan Díaz, Leonor, Catalina, María, Juana e Isabel; ordenó pagar a su hermana María, esposa de Pedro Sánchez, 5.000 mrs que le debía; obligó devolver a su compadre Juan de Castilla seis castellanos de oro, y a su cuñado Luis Martínez de Torreblanca 1.000 mrs, y solicitó a su cuñado Juan de Castillejo que le restituyera 20.000 mrs por haber sido condenado a causa de sentencia de jueces árbitros.[34] Con respeto a la profesión del bachiller Juan de Cervantes, abogado cordobés, esta no rindió grandes beneficios, de acuerdo con el documento del 17 de junio de 1500 en el que los señores de Córdoba lo nombraron para acudir a la Corte en razón de ciertas diligencias y reclamaciones asociadas con paños.[35] Por consiguiente, el 25 de septiembre le libraron 43.080 mrs de a tres reales de la provisión por el viaje y la estancia en la Corte,[36] y le destinaron los 80 mrs de salario por invertir sesenta y tres días en el viaje. Con todo, explotado por sus superiores, Juan no solo adquirió conocimientos sobre cómo debería prosperar un teniente, sino que también aprendió que «el oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas».[37] Dentro de este contexto, su nieto Miguel recordó: «coheche vuesa merced, señor Teniente, coheche y tendrá dineros, y no haga usos nuevos, que morirá de hambre. Mire, señora, por ahí he oído decir que de los oficios se han de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y para pretender otros cargos. Así lo dicen y lo hacen los desalmados, replicó el Teniente; mas el juez que da buena residencia, no tendrá que pagar condenación alguna, y el haber usado bien su oficio será el valedor, para que le den otro».[38] Por otra parte, el 19 de febrero de 1501, los letrados cordubenses, entre ellos, el bachiller Cervantes, juraron guardar los capítulos y las ordenanzas recibidos de sus Altezas para los abogados cordobeses,[39] y el 30 de junio de 1502 el bachiller Cervantes intervino como abogado del Real Fisco del Tribunal de la Santa Inquisición de Córdoba contra el jurado Luis de Cárdenas, por lo cual se apropiaron unas casas en la colación de Santa María, frontero del Baño, antes pertenecientes a Catalina de Palma, arrestada por hereje judaizante.[40]
Sin duda alguna, Juan conocía muy bien al inquisidor de la diócesis de Córdoba, Diego Rodríguez Lucero, el Monstruo o el Tenebroso, ubicado en el Alcázar de los Reyes Cristianos, sede y prisión del Santo Oficio, quien entre 1499 y 1506 llevó a la hoguera a casi trescientos cordobeses. El 1 de marzo de 1503 el bachiller Juan Díaz de Torreblanca hizo otro testamento, en el cual pidió que se le enterrara en el monasterio de San Pablo de Córdoba y se enviaran a su hija Leonor todos los bienes, muebles, joyas y preseas de casa, encomendados para su enlace «por el buen amor que con ella tuvo y por los servicios que esta le había prestado».[41] A su hijo Ruy Díaz destinó, entre otras cosas, todos los libros de medicina; a su hija Catalina, monja del monasterio de Santa María de las Dueñas, remitió una saya y un hábito, y reconoció haber dado al monasterio bienes por valor de 5.000 mrs. A su vez, a cada uno de sus hijos: Ruy Díaz, Juan Díaz, Cristóbal, Leonor, María Alonso, Juana, Isabel y Constanza, les legó 25.000 mrs; a su sobrino Pedro, hijo de su hermana María, le consignó 1.000 mrs, a su cuñado Luis le regaló el mejor sayo de paño negro, y a su hermana María le encomendó 500 mrs.[42]
Aún se deduce que a finales de 1503 o principios de 1504 el bachiller Juan se desposó con Leonor Fernández de Torreblanca. No obstante, el benemérito abogado Juan Carlos Álvarez Millán descubre un posible documento sobre el licenciado Juan y Leonor, que es una carta de promesa de matrimonio, del 11 de abril de 1500, en Sevilla, sobre la cuantía de la dote y arras y plazo de pago antes de la unión conyugal.[43]
El 29 de mayo de 1504 el bachiller Cervantes suscribió en Córdoba una carta de pago de 50.000 mrs por el casamiento con Leonor, quien era analfabeta. Sus testigos fueron Ruy Díaz de Cervantes y el boticario Pedro de Morales.[44] A esto se añade, que en torno a 1505 Juan y Leonor tuvieron a su primogénito Juan, fallecido durante su juventud en Alcalá de Henares, por causas desconocidas.
El 10 de mayo de 1506, ante el Concejo cordobés, Juan actuó como testigo de Martín de Porras, quien renunció a su oficio de escribano público en favor de Luis de San Esteban, hijo del coracero Antonio de San Esteban.[45] De igual modo, no deja de resultar interesante que desde ese día el bachiller Juan firmara como licenciado Juan, y se presume que su padre Ruy falleciera entre 1506 y 1515, de quien no se preservan la partida de nacimiento, la de matrimonio ni la de muerte, como tampoco las de sus hijos.
El 1 de diciembre de 1508 el cordubense Pedro Díaz de Cervantes fue nombrado comendador de la villa de Alcalá de Henares por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), con el fin de que regulara la vida de la universidad. Este comprobante original, redescubierto por el excelente profesor Ramón González Navarro después de 71 años, relata que «El comendador Cervantes asentó a primo día de deziembre de Mil Quinientos Ocho años y haze este asyento fasta XXX [transcripción fallida] de enero de Mil Quinientos Onze años que se quedó en Talavera y libraronsele Sesenta y Dos Mil ducados a razon de Treinta 1.000 mrs cada año quedo se le a deber a este todo el mes de enero de Mil Quinientos Onze años porque no lo pidio cuando se quedó en su casa».[46]
Igualmente, debo informar de que el biógrafo cervantino Alfonso Dávila Oliveda apunta a que «Don Pedro ejerció la función con gran efectividad durante tres años, hasta enero de 1511, fecha en la que pasó a desempeñar el mismo oficio en la ciudad de Talavera, ya que no se podían ejercer los puestos de corregimiento y gobernación, en la misma villa, por periodos de tiempo superiores a los tres años de mandato».[47] Con certeza, el licenciado Juan, quien desempeñó el puesto de teniente de corregidor desde 1509, conocía al comendador Pedro. Con esto en mente, el profesor González Navarro adujo que Pedro aprovechaba la oportunidad de nombrar a Juan, abuelo paterno de Cervantes, teniente de corregidor.[48]
El cronista alcalaíno Manuel Vicente Sánchez Moltó todavía concreta que «seguramente en 1508, en su calidad del Señor de Alcalá y su tierra, Cisneros nombró como corregidor y justicia al comendador de la Orden de Santiago, Pedro de Cervantes. Este, a su vez, designó como teniente de corregidor a su pariente, el licenciado Juan de Cervantes, originario de Córdoba, quien se estableció en Alcalá con su familia».[49] El 8 de diciembre de 1508, en Sevilla, Miguel Ruiz dio testimonio contra el licenciado Juan, por haberle encarcelado a consecuencia de algunas «cosas acaecidas», sin que existiera parte querellosa que le acusara;[50] el mismo día, en Sevilla, el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (1500-1558) mandó a los contadores mayores a desembolsar al abuelo paterno de Cervantes 10.000 mrs por sus servicios como letrado y abogado en razón de los pleitos y causas tocantes a las rentas cordobesas,[51] si bien no se nos desvela el contenido de su misión jurídica, y el 9 de diciembre en Córdoba, como resultado de la Real Cédula, se abonaron 10.000 mrs al licenciado Juan en calidad de salario por el letrado de las rentas.[52] Conviene enfatizar, además, que Dávila Oliveda juzga que en «Sevilla parece iniciarse en las relaciones de negocios del comercio con sus parientes en México y el Perú, recibiendo las consignaciones de oro y plata de sus familiares americanos, invirtiendo en el negocio de la exportación de telas o en propiedades, con el fin de garantizar a sus primos americanos rentas de señorío».[53] De todas maneras, en 1509 Juan logró su primer empleo judicial en Complutum, como teniente de corregidor o vicecorregidor, abandonó Córdoba con Leonor y su hijo Juan, de cuatro años, a principios de 1509, y vivió en Alcalá de Santiuste hasta el 11 de marzo de 1511.[54] Entre las responsabilidades inherentes al cargo, Juan tenía que coadyuvar con el corregidor, elegido por la Real Audiencia, con la administración de los regimientos de los consejos, en el control de los regidores por medio de la fiscalización de las haciendas locales, con la calidad de los abastecimientos, el control de los abusos y la policía, que ejercía funciones de carácter militar y de mantenimiento del orden público y de la moralidad.
Por añadidura, a finales de 1509 o principios de 1510, nació el padre de Miguel, Rodrigo de Cervantes, quien el 16 de julio de 1552 declaró públicamente ser «natural de Alcalá de Henares y yo tengo en ella y en otras partes mi hacienda».[55] El 11 de marzo de 1511, en Córdoba, el licenciado Juan fue testigo de la escritura de obligación, asignada por Luis Méndez de Sotomayor y de Haro —hijo de Diego López de Haro, señor de las villas del Carpio y Morente (1563-1606)— a Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa, IV marqués de Priego, quien le legó «el cortijo, tierras y heredamiento del Bascón que se encontró en la campiña de Córdoba, así como los cortijos de la Culebrilla y de Matasanos»;[56] y el 31 de julio Francisco de Jubera renunció a su oficio de regidor de Alcalá la Real en favor de su tío Montesino de Ávila, cuyo testigo fue el licenciado Juan.[57] También, se presume que en Córdoba nació María, hija del licenciado Juan y Leonor, pues el 30 de julio de 1512 se autorizó a Juan a que introdujera «una carga de vino con el objeto de solemnizar algún fausto acontecimiento o fiesta en su casa».[58] A pesar de ello, sigue siendo un misterio a qué se dedicaba Juan y se cree que ejercía la profesión de abogado sin desatender su pañería. En torno a 1514 y 1515 se calcula que vino al mundo Andrés, el futuro alcalde de Cabra, en Córdoba. Notemos, también, que Juan y Leonor conocían el valor de la educación e indiscutiblemente se preocupaban por la formación intelectual, integral, moral, profesional y social de sus hijos. Por ejemplo, Andrés fue el alcalde de Cabra, Catalina y María fueron monjas, Juan fue licenciado y Rodrigo fue médico y cirujano. El 5 de mayo de 1515 el licenciado Juan, vecino de la colación de San Pedro, adjudicó una carta de poder a su criado Alfonso Martínez, para que en su nombre «vendiese en Sevilla o cualquier ciudad, donde él quisiera dos acémilas, una de color oscura y la otra del color castaña clara, a las personas y por el precio que él quisiera».[59]
Hay que mencionar, además, que el licenciado Juan cerró el negocio de los paños tras la defunción de su padre y se dedicó de lleno a la abogacía, oficializada el 22 de diciembre de 1516 en el Ayuntamiento de Córdoba, como alcalde mayor interino.[60] El 9 de agosto de 1517 el teniente de corregidor, «el virtuoso» licenciado Juan, se convino con el bachiller Luis Martínez, físico, sobre el arrendamiento por dos vidas de unas casas en la colación de San Pedro, y se contempla que se dictara testamento del bachiller Juan Díaz de Torreblanca, hijo;[61] el 21 de agosto Juan Muñoz y Antón Lorenzo escogieron al teniente de corregidor Cervantes y al bachiller Pedro Fernández, vecinos de Córdoba, como jueces árbitros, llamándolos «virtuosos», para que resolvieran el pleito entre Juan Muñoz y Antón Lorenzo sobre 15.000 mrs pertenecientes a la alcabala de la lana;[62] el 18 de enero de 1518, en ausencia del licenciado Juan, por motivos desconocidos, se proclamó a los licenciados Francisco de Toro y Rodrigo Mejía nuevos letrados de las ordenanzas de los fuegos de Córdoba;[63] y se desconoce cómo y dónde se ganó la vida el licenciado Juan entre 1518 y 1522.
Empero gracias al profesor Francisco Javier Escudero Buendía es conocida una carta del año 1520 de Carlos I de España dirigida desde la Real Chancillería de Valladolid a los alcaldes, alguaciles, corregidores, gobernadores y jueces en Salmantica y otras ciudades, lugares y villas, concerniente al licenciado Cervantes, teniente de corregidor de Salamanca, actuando como «un juez expeditivo», contra Fernández de Avellanosa y Juan de Cáceres por juego de naipes.[64]
No obstante, según el testimonio acreditado del 16 de abril de 1524 el licenciado Juan gozó de la vida en la Ciudad Imperial en 1522, pero no se señala dónde vivía antes ni qué cargos administrativos desempeñaba en Toledo, centro de la guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), encabezada por Toledo y Valladolid. Cabe deducir que el licenciado Juan, abuelo del autor de El Quijote, interviniera en la batalla de Villalar, provincia vallisoletana, el 23 de abril de 1521, y fuera testigo de la decapitación de los líderes comuneros: el toledano Juan de Padilla (1490-1521), el atencino Juan Bravo (1483-1521) y el salamantino Francisco Maldonado (1480-1521).
En mi opinión, no se puede descartar porque el 15 de octubre de 1522 se exhibió la cédula real en Valladolid, en la que María López, Juan Martínez y otros vecinos de Las Majadas detallaron que «los Sobre Caballeros de la Sierra no habían podido sacar prenda de ganados»,[65] y el mismo día Cristóbal Romano, Bartolomé Martínez y Catalina Gais se querellaron contra el licenciado Juan debido a que Su Majestad había transmitido «cédula sobre el modo y derecho de prendar los ganados que pastaron en la Sierra de la ciudad de Cuenca».[66] El 22 de enero de 1523 en Vallis Tolitum se exhibieron autos, diligencias y testimonios enlazados con los cargos contra el licenciado Juan,[67] y en la ciudad conquense aparecieron 21 pleitos de residencia que aducían cómo había empleado su oficio. Así, el 28 de enero se hizo referencia al licenciado Juan durante la comparecencia de Gonzalo de Moya, el Mozo;[68] el 3 de marzo Juan ocupó el cargo de teniente de corregidor, y administró expediente de tutela a los hijos del notario Diego Hernández de Molina;[69] el 9 de marzo adjudicó curaduría y tutela del hijo del granadino Pedro de Soto;[70] el 14 de marzo el curador de los hijos de Juan de León juró ante Cervantes;[71] y el 20 de marzo el alguacil mayor denunció a los candeleros que debían abastecer la ciudad, y los fiadores de García de Heredia en el proceso de Pedro de la Hoz contra el licenciado Juan hicieron petición.[72] El mismo día García de Heredia presentó una carta de obligación con la ciudad de Cuenca;[73] el 4 de abril Ana de Moya compareció ante el licenciado Juan en el proceso de Andrés de Graos; y el 27 de abril se prestaron declaraciones acerca de la costumbre local de tasar cada sueldo en maravedís. En consecuencia, el juez, el licenciado López de Oñate, condenó a Cervantes a pagar 150.000 mrs a Andrés de Graos «dentro de los nueve días primeros siguientes sin hacer condenación de costas».[74] Pese a ello, el licenciado Juan apeló esta sentencia.
El 9 de abril concedió un poder en nombre de la Jurisdicción Real a Fernando de Solier, para que compareciera ante el reverendo Juan Monterde, vicario general en la iglesia de Albarracín, del Reino de Aragón, con el objeto de responder a la citación sobre el asunto de los heredamientos de Rivadorga;[75] y el 13 de abril el teniente de corregidor Juan, a través del corregidor Luis Méndez de Sotomayor y Haro, remitió «una carta de procuración, para que los procuradores Juan Ruiz de Soria, Antón Pérez, Antón Fernández, Juan de Madrid y Gastón de Caicedo le representasen ante la Auditoría de Granada».[76] El 15 de abril Juan designó tutor y curador para los hijos de Juan de Titos;[77] y el 23 de abril mandó un auto judicial a Vasco de la Mota, caballero de la Sierra, para que confesara cuánto ganado había tomado de Rodrigo de Gaona y dónde lo había ubicado y, en el caso de que no se presentara, se dispuso su encierro en la cárcel pública hasta que lo desvelara.[78] Incluso ese día De la Mota pidió «diligencias de la residencia contra el licenciado Cervantes sobre el quinto de prenda hecha en rebaños de Rodrigo de Gaona, vecino de Villar del Horno»;[79] el 2 de mayo de 1523, Juan tomó parte en un auto sobre la guarda de las puertas de Cuenca por la pestilencia en Valencia, y se obligó a cerrarlas por la epidemia, a designar a dos habitantes para guardarlas cada día y a abrirlas a las cuatro de la tarde y cerrarlas a las diez de la noche;[80] el 8 de mayo el licenciado Juan administró curaduría y tutela a los hijos de Juan del Castillo;[81] el 21 de mayo dispuso curaduría y tutela a los hijos de Catalina de Villardeolalla, viuda de Cristóbal Jiménez;[82] y el 23 de mayo encomendó al alguacil Domingo Aragonés que prendiera el ganado que pacía en la sierra contra sus ordenanzas y por negligencia de los caballeros de la Sierra.[83]
El 1 de junio proporcionó curaduría y tutela sobre Gregorio de Moya, el Mozo, hijo de El Viejo;[84] el 3 de junio, en Las Majadas, Luis del Cabrón, guarda de la dehesa La Losilla, relató que se había topado con ganado de Juan Martínez y lo había prendido, pero, ante los ruegos del pastor, lo dejó dentro de la dehesa por temor a los Sobre Caballeros, quienes acudieron a medianoche y se llevaron diez carneros;[85] y el 19 de junio el licenciado Juan y su regidor Diego de Aguilera rubricaron una carta de poder del Concejo y oficiales por la que se apoderaba a García Hernández de Alcalá, para que representase a Cuenca ante la Auditoría de Granada. El 21 de mayo Juan Mendaño presentó un testamento sellado y firmado por Diego Romero del Castillo ante el licenciado Juan;[86] el 3 de julio ante él se enseñaron curaduría y tutela para los hijos del III duque del Infantado Diego Hurtado de Mendoza de la Vega y Luna (1461-1531);[87] el 4 de julio el licenciado Juan transfirió una tutela a Pedro de la Torre,[88] y enseñó otra de la hija de Diego Romero del Castillo.[89] El 7 de agosto Juan dio una carta de procuración por la cual otorgaba poder a Agustín de Cañizares para comparecer en su nombre ante «Sus Majestades, Señores de su Alto Consejo, Oidores de sus Audiencias y Chancillerías», con motivo del enjuiciamiento que perseguía Diego Manrique, canónigo de la iglesia de Cuenca, sobre ciertos pleitos y debates que la jurisdicción real trataba con Gregorio Álvarez, deán de la Iglesia conquense,[90] el mismo día Petronila de Molina ostentó curaduría y tutela ante el licenciado Cervantes,[91] el 13 de agosto Elvira Blanco, viuda de Pedro de Nájera, acudió a Juan, para que le proporcionara un curador para sus hijos;[92] el 10 de septiembre se otorgó curaduría de Martín Ramírez ante Juan; y el 14 de septiembre Juan castigó a Inés Gómez y la multó en las costas, cuya tasación reservó.[93]
El 30 de septiembre Juan traspasó una carta de poder al toledano Alonso Álvarez para recaudar de Pedro Real, vecino de Valdemorillo, 26.200 mrs adeudados;[94] el 20 de octubre adjudicó curaduría a Juan Ruiz;[95] el 31 de octubre se introdujo curaduría de los hijos de Juan de Poyatos,[96] y «el noble señor»[97] Cervantes dio fianza al escribano público Miguel de Villanueva con motivo de la ejecución realizada a sus bienes por pedimento del tesorero Vargas; el 7 de diciembre penalizó al regidor Juan de Alcalá en las costas de dos procesos efectuados entre Pedro de Torres —promotor fiscal de una parte— y Aparicio de la Puerta, y otros criados de Juan de Alcalá, presos en la cárcel conquense, quienes por pobres no pudieron desembolsar;[98] y el 9 de diciembre Juan proveyó curaduría de los hijos del contador Francisco de Pareja,[99] y su escribano notificó la sentencia a Juan de Alcalá, quien dijo que estaba «presto de cumplirla, puesto en carcelería en su casa hasta que abonara».[100] De igual manera, el mismo día el licenciado Juan evidenció posiciones sobre la sentencia acerca de los cargos de que le acusaban,[101] y pidió al juez de residencia que Juan de Alcalá declarara sobre sus posiciones;[102] el 12 de diciembre Alcalá liquidó las costas y condenaciones,[103] el 4 de enero de 1524, Constantino del Castillo señaló curaduría ante el licenciado Juan;[104] y el 7 Juan entregó al regidor Alcalá un auto judicial porque había salido de Cuenca sin firmar un libramiento que la ciudad había enviado al escribano Martín Sánchez. Como resultado, Juan notificó a Alcalá que debía acudir en el plazo de diez días ante el Alto Consejo para clarificar por qué no había signado dicho libramiento y advertir que, en el caso de que no compareciera, se privatizaría su regimiento y se le requerirían mil de castellanos para la primera guerra de Francia (1521-1525).[105] El 24 de enero los veedores de sastres prestaron testimonio sobre la falda confeccionada por Diego de Lara para Leonor,[106] y el 27 de enero, en Vitoria, Carlos I ordenó que liberaran a Miguel Ruiz y reintegraran las costas y los daños.[107]
También, es necesario hacer hincapié en que el licenciado Juan no daba por ganado ningún pleito y, por consiguiente, el 5 de marzo rebatió que había tenido preso a Ruiz porque mató con alevosía al alguacil Juan Ordóñez y, de haber sido castigado, no habrían muerto a cuchilladas doce o trece alguaciles, ya que en ninguna otra ciudad se habían cometido tantos desacatos a su justicia.[108] El 21 de marzo Francisco de Cañamares proporcionó curaduría ante el licenciado Juan;[109] y el 6 de abril el criado Alonso Martínez de Córdoba dio carta de poder al conquense Juan de Vallejo, para que acudiera en su nombre ante el corregidor o su lugarteniente y, para que le hiciese justicia contra el licenciado Juan. Se quejó de que, en la plaza del Rollo de Cuenca, «sin hacer cosa que fea fuese, vino a mí el dicho licenciado [Cervantes] y me tomó la gorra de encima de la cabeza y me la arrojó por la plaza… y me dijo bellaco, villano y otras muchas injurias…, ofensas (que) no las quisiera recibir por doscientos ducados de oro en que estimó mi honra».[110] El 7 de abril Andrés López, vecino de Chillarón de Cuenca, inculpó a Juan de Cervantes por no haber procedido en la querella sobre un buey que le habían matado. López declaró que «estaba buscando por las carnicerías de esta ciudad si hallaba algún rastro del dicho buey, topé con un cuerno de él, por lo cual conocí que en la dicha carnicería le habían muerto»,[111] y añadió que había comparecido ante Juan y describió cómo mataron al animal y vendieron la carne, mostrando los testimonios, que «nunca por parte del licenciado Cervantes fueron recibidos; antes en lugar de recibirlos, les enviaba con mal, diciendo que se fuesen a cortar carne o a entender en sus oficios».[112] El 8 de abril, ante el juez Martín López de Oñate, compareció Gonzalo de Moya con un escrito de demanda contra el licenciado Juan y depuso que «estando dentro de la casa del licenciado Orellana por mandado del dicho Cervantes, entró un alguacil dentro de la dicha casa y le tomó una espada, un broquel y un guante»,[113] y luego «le metió tres días en la cárcel, sentenciándole y condenándole sin consentir apelación alguna».[114]
El mismo día el procurador síndico Francisco de Buitrago introdujo las preguntas para examinar a los testigos porque se imputó al licenciado Juan «de no haber tomado las cuentas de los propios, sisas y repartimientos, así de sus antecesores como de lo que en su tiempo había pasado de los alcances; de no hacer cierta información cerca del salario que Juan Álvarez pedía con la fortaleza de Enguídanos; y de haber librado los tres tercios de su salario de todo el año a Luis Méndez de Sotomayor y Haro».[115] El 9 de abril de 1524 Alonso Álvarez de Ayala, en representación de su padre, el regidor Alcalá, se querelló civil y criminalmente contra Juan por nueve abusos de su cargo, y se acusó al licenciado Juan de intimidar a Alcalá, quien no quiso llevar a los soldados a Cuenca. Aparte de esto, Alcalá contó que Cervantes se levantó un día enfurecido y, con ánimo de injuriarle, exclamó: «traeré un pesquisidor el cual pagaréis vos y vuestro hijo».[116] Con todo, cuando Alcalá se mostró en contra del gasto incompetente de dinero, Cervantes respondió con ímpetu: «estaré aquí muchos años aunque os pese, y este tiempo que estuviere yo os malsinaré y yo os cizañaré todo lo que pudiere y otras muchas amenazas».[117] Cervantes replicó a los capítulos de Alcalá y de Álvarez de Ayala y fue al grano diciendo que «no merecían respuesta porque no concluyeron delito».[118] Juan de Alcalá y Alonso transmitieron, entonces, probanza contra Cervantes, protestaron contra sus agravios, y el primero habló de la prorrogación de algunos regidores. Cervantes refutó con palabras de injuria, y a la par, Alcalá culpó a Cervantes de haber enviado a Gonzalo de Mendoza con quinientos ducados para Su Majestad a Burgos y no a Vitoria sin jurar ni negociar nada. Al oírlo, Cervantes enseguida borró todo lo que llevaba escrito el escribano del ayuntamiento, luego tomó la vara de justicia y voceó: «no curés dellos, que yo lo haré».[119]
Lejos de acabar aquí, la enemistad entre Cervantes y Alcalá se traslució cuando Francisco de Vargas atestiguó que Cervantes guardaba inquina a Alcalá y que ni Alonso Álvarez ni otros caballeros de la Sierra fueron recibidos en el primer ayuntamiento. Aparte de esto, Hernando Alonso de Requena comunicó que Alcalá le había confesado que temía asistir a los ayuntamientos por exponerse a la mala voluntad del licenciado Juan,[120] pues ese día se otorgaron las disposiciones y mandamientos respectivos a su cargo de teniente de corregidor de Cuenca.[121] El 11 de abril de 1524, ante el juez López de Oñate, se personó Juan de Vallejo en nombre de Alonso Martínez de Córdoba y presentó un escrito de demanda contra Cervantes,[122] quien declaró que no se vio obligado a responder en diversos procesos ni a dar descargo, y negó los cargos que se le imputaban.[123] Desde el 11 de abril hasta el 8 de julio de 1524, Martínez de Córdoba reclamó de Cervantes diez ducados por diez meses de servicio como cocinero y despensero;[124] el 12 de abril el Pedro Enrique advirtió que abundaban las demandas contra Cervantes y sus alguaciles, y, dado que se esperaban más, solicitó en nombre de la ciudad de Cuenca ante el juez Martín que «Su Majestad mandase prorrogar la residencia lo menos por otros treinta días, para que los querellosos de Cuenca y su tierra, que no lo sabían, pudiesen venir y pedir justicia».[125] Ese día Gonzalo de Moya, el Mozo, hizo patente el interrogatorio con once testigos, declarando haber sido condenado en la Audiencia de la Cárcel y «ser encarcelado por tres días y metido en la red por mandamiento del licenciado Cervantes, por causa de la querella de Juan de Fresneda, sin ninguna información. Suplicó interrogar al licenciado Cervantes y responder a cada una de las preguntas mediante juramento».[126] Con todo, Cervantes precisó que los capítulos de Alcalá y de Álvarez «no merecían respuesta por no concluir delito».[127]
Desde el 13 de abril hasta el 8 de julio de 1524, Alonso de Valera, escribano del Ayuntamiento de Cuenca, de la estirpe del famoso Mosén Diego, promovió querella contra Cervantes «por haberle preso injustamente, por ciertos agravios, ofensa de su honra y perjuicio de su oficio. Justipreció las injurias en 200.000 mrs y rogó condenar a Cervantes, quien negó la acusación. Pidió ser absuelto y sentenciar al adversario. En consecuencia, el 8 de julio el juez López de Oñate multó a Cervantes en quinientos sueldos».[128] El 14 de abril Cervantes consintió responder ante el juez y se defendió concretando que no procedía por defecto de parte, ya que no lo contenía, pues había abierto a Martínez de Córdoba las puertas de su casa y le había proporcionado comida, con lo que le había ahorrado pedir de puerta en puerta como hacía en Toledo, y eso no era motivo de sufrimiento. Y consideraba objeto de burla que tratándose de su mozo, estimara su honra en doscientos ducados porque él le había dado de comer y lo había sacado de los hospitales. Así pues, Cervantes denegó la querella, exigió ser absuelto e imploró que condenaran a Alonso en costas del proceso.[129] Ciertamente, lo que turba es por qué un teniente de corregidor se valió de su investidura para denegar el salario a un sirviente. Asimismo, ese día se presentó Diego Cordido delante del juez y se querelló contra Cervantes, quien un día de agosto de 1523, menospreciando la justicia real y sin contar con información contra Cordido, hizo que lo encarcelaran. Cordido relató que «el licenciado Juan me hizo subir a la cámara del tormento, donde acostumbra a atormentar los malhechores, y teniéndome allí así, me hizo desnudar en carnes y tender en la escalera del tormento, y estando como estaba así puesto en la dicha escalera, yo le dije que ponía sospecha en el dicho licenciado Juan y en el alguacil mayor Lope Méndez, y en todos los otros oficiales de la justicia de esta ciudad: Y juré en forma la dicha sospecha porque temía ser más agraviado del dicho licenciado Cervantes por lo que de presente contra mí hacía; y no obstante la dicha sospecha y sin causa y razón, como arriba dije, el dicho licenciado Cervantes, estando desnudo como estaba en la dicha escalera del tormento, me hizo atar y me apretó por su mano de la una parte muy reciamente los cordeles, y de la otra parte estiraba el dicho alguacil, usando amos a dos contra mí del oficio que usan los verdugos; y aunque yo estando en el dicho tormento pedí y requerí al dicho licenciado Cervantes que no me despedazasen ni atormentasen así porque dijese mentira…, y que si alguna cosa dijese por miedo del tormento, que no sería verdad, y que si contra él procedían apretarlo más en el tormento, que le harían decir del temor lo que nunca hubiese visto ni oído, y no obstante todo lo susodicho, el dicho licenciado Cervantes con su alguacil, más con ánimo de hacerme daño y de atormentarme mis carnes que no con celo de administrar justicia, me apretaron reciamente cada cual de su parte los dichos cordeles hasta que me los lanzaron bien por la carne, de tal manera, que estuve muy muchos días malo y muy atormentado de mis miembros, que no podía hacer cosa ninguna ni me podía valer de dolor, y me duraron las señales que me hizo más de tres meses».[130]
Cordido pasó tres meses en prisión, gastó más de veinte ducados, que es lo que ganaba en este tiempo. Tardó otros diez meses en recuperarse de los daños ocasionados, motivo por el cual pidió al juez que penalizara a Cervantes con las penas más severas del reino, declarando que no había acusado al licenciado Juan maliciosamente, sino porque se hiciera justicia. De manera similar, solicitó al juez le condonara los gastos judiciales y requirió «las mayores y más graves penas que en derecho y leyes destos reinos se hallaren establecidas contra los que semejantes agravios hacen teniendo el nombre y vara de justicia, y que el juez mande prender y detener al dicho licenciado de Cervantes a buen recaudo hasta la terminación desta causa».[131]
Surge la pregunta: ¿para qué necesitaba Cervantes semejantes andrajos? Resulta aparente que tenía a su servicio a una banda de criminales que, en lugar de impartir justicia, provocaban daños y cometían actos delictivos. En casi todos los procesos de residencia, se apuntaba no solo a Cervantes, sino también a sus alguaciles. El 8 de diciembre de 1523, cuando empezó a ejercer sus funciones como teniente de corregidor, se publicó que «los Señores teniente de corregidor [el licenciado Cervantes] y regidores acordaron que para seguridad de sus personas requieren les den gente para su guarda y acompañamiento; si no, que dejarán las varas. Por lo que acordaron tomar veinte hombres a costa de los propios de Cuenca».[132] Parece que por aquella época Cervantes y sus alguaciles esperaban algún tipo de rebeldía, pero ¿por qué? Acaso puede referirse una petición al pleito del 5 de marzo en la que Cervantes manifestó que tuvo retenido a Miguel Ruiz por haber matado a Juan Ordóñez.[133] Grave tuvo que ser la rebeldía —a la que no se hace referencia en la literatura cervantófila— bajo la administración judicial del licenciado Cervantes, cuando la razón de la misma no se ha esclarecido hasta ahora. El 15 de abril de 1524 concluyó la causa de Cordido con apelación por ambas partes y sin consecuencias para el acusado, pues se opina que el licenciado Juan se beneficiaba de una gran protección por parte de los señores del Consejo Imperial.[134] El mismo día, en nombre de Martínez de Córdoba, Juan de Vallejo declinó ante el juez Martín la explicación de Cervantes.[135] Desde entonces hasta el 20 de septiembre de 1524 el tejedor Andrés de Graos interpuso demanda contra Cervantes por cierta riña que había mantenido con la esposa de Francisco de Yanguas. De Graos afirmó que Cervantes le había multado con 600 mrs en lugar de 300, y por ello, Juan fue castigado con 150 mrs que debía desembolsar en el plazo de nueve días sin condenación de costas. Empero Juan apeló esta sentencia, cuyo resultado final es desconocido.[136]
El 16 de abril Vallejo exhibió en nombre de Alonso Martínez un escrito de interrogatorio, para que los testigos respondiesen sobre las injurias promovidas por Cervantes.[137] Ese mismo día se proclamó que Cervantes, a lomos de una mula y con la vara de justicia en la mano, llegó hasta donde se encontraba Alonso Martínez, le arrebató la gorra, la tiró a la plaza del Rollo de Cuenca y le llamó «piojoso», «bellaco», «puerco» y otras injurias.[138] Los testigos ratificaron que los cargos contra Cervantes eran ciertos,[139] y Vallejo añadió que Alonso había servido a Juan durante diez meses en Toledo, en la cantina, como despensero, cocinero y todo cuanto él quisiera, y pidió que los testigos declarasen acerca del servicio de Alonso. Cervantes, por el contrario, presentó como testigo a su criada Catalina de Torralba, de treinta años de edad, quien declaró que Alonso había servido aproximadamente un mes y medio, y no más, testimonio contrario a lo garantizado por Martínez.[140] El 20 de abril Inés Gómez acusó al licenciado Juan de detenerla a petición de Ana de la Peña, vecina conquense, con motivo de cierta queja en su contra por «palabras livianas». La agravió, la encerró más de diez días en la cárcel y, tras soltarla, le requirió un ducado. Inés solicitó al juez que castigara a Cervantes, le devolviera el ducado enjuiciado injustamente y aplicara justicia. Juan denegó la demanda, ya que no procedía por defecto de parte.[141]
El 21 de abril Julián de Mendoza y Alonso de Garavatea culparon a Cervantes de haberlos excluido de las suertes para caballeros de los montes, confirmando que «el licenciado Cervantes, en grave daño y perjuicio nuestro, no quiso el día de San Miguel del año pasado, o la fiesta siguiente, en que se suele echar las dichas suertes, echarnos entre las otras personas echadas para este año, habiendo cabido dos suertes al dicho licenciado. Cada uno de nosotros perdió todo el interés que suele valer cada una de las dichas caballerías de la sierra, cien ducados un año con otro».[142] Por su parte, el exteniente argumentó que «si no fueron echados en suerte sería porque no parecieron en los alardes que se requieren según las ordenanzas de esta ciudad»,[143] pero a tenor del fallo del juez, Juan fue sentenciado a abonar veinte ducados de oro a cada uno porque «nunca se vio que a caballero de la Sierra, por no venir al alarde, le dejasen de echar en las suertes».[144] El bachiller Cañizares protestó contra la sentencia dictada.[145] Desde el 26 de abril hasta el 27 de julio Alonso Muñoz, procurador de Vasco de la Mota, demandó a Cervantes por haber dejado a su representado fuera del sorteo para caballeros de la Sierra por odio y enemistad. Sin embargo, en contraste con lo anterior, Juan desaprobó la reclamación y declaró que la demanda no procedía por defecto de parte y de relación verdadera, puesto que Vasco no había efectuado los alardes que precisaban las ordenanzas, de los cuales no se excusó a los caballeros de la Sierra. Exigió la absolución y pidió que se reprendiera a De la Mota en costes, si bien el juez impuso a Cervantes una multa de veinte ducados de oro y peso, sentencia que recurrió el bachiller Cañizares.[146]
El 27 de abril Pedro de la Hoz inculpó a Cervantes por «tomar las candelas que de la carga de sebo se habían hecho, en capazos y canastas, y se las llevaron a su casa, que venían casi mil velas, las cuales el dicho licenciado, alguaciles y oficiales se las tomaron e hicieron de ellas lo que quisieron, que yo nunca más vi las candelas, ni canastos, ni los dineros que valían».[147] Exigió que cubriera las velas, «más Cervantes nunca le replicó, le dedicó palabras soberbias y vio la mala voluntad que tenía para hacer cumplir lo que le debía».[148] Así pues, acudió al juez López de Oñate, para que reclamara a Juan las candelas, más las vasijas en que las transportaron, y las costas. Cervantes, a su vez, requirió que De la Hoz declarara bajo juramento si sabía dónde estaban dichas velas, le negó la demanda, y el 19 de septiembre el juez punió a Juan restituir 340 candelas por el valor de 510 mrs en el plazo de nueve días sin condenación de costas.[149]
Aún ese día el sastre Lara exhortó a Cervantes por adeudarle el importe de una saya, confeccionada para su esposa Leonor, quien quedó muy contenta, si bien, unos días más tarde, Juan llamó enojado a Lara y le acusó de haberla dañado, por lo que tenía que correr con los gastos. De tal modo, le hizo tomar la prenda, de la cual se había servido Leonor, y le forzó a satisfacer los maravedís que costaron el paño y el terciopelo que se había sacado para la guarnición. Lara demandó, además, infligir a Cervantes, con la finalidad de que le devolviera los tres ducados y medio que se había llevado, y le restituyera seis reales de hechura y otros cuatro para la de su hija María.[150] El 29 de abril Cervantes impugnó la demanda de Lara y sostuvo que el sastre había dañado la falderilla, lo que habían corroborado los veedores de su oficio, quienes le condenaron según su fuero. En referencia a la confección de la saya de su hija, Juan se comprometió a compensarla, pidió la absolución, hizo un interrogatorio y se tomaron testimonios.[151] Por último, puso en duda la demanda de Pedro de la Hoz, objetó que no había procedido por defecto de parte y de verdadera relación, y ratificó que el escribano Diego de Córdoba daría cuenta del dinero, ¿por qué se habían vendido las velas?, ya que él no supo nada más del asunto.[152] Aquel día el juez Martín hizo saber a Juan que se interpelaría a los testigos presentados por Pedro,[153] quienes declararon haber visto que llevaban las velas a la casa de Cervantes, donde las cortaron y entregaron para venderlas, pero no sabían qué se había hecho del dinero.[154]
El 30 de abril Francisco de Arcos, Miguel Gómez y Gonzalo Fernáis, vecinos de Zarzuela, denunciaron ante el juez Martín al licenciado Juan y pusieron de manifiesto que, por orden suya, una noche estaban acostados cuando los alguaciles los apremiaron a prender los ganados que andaban por la sierra, donde pasaron cerca de dos días sin comer, fatigados y maltratados, y, a pesar de las promesas de Cervantes de que les pagarían muy bien, no recibieron cantidad alguna. Pese a ello, Juan sostuvo que no los conocía ni sabía lo que decían porque tenía que liquidar dos reales a cada uno.[155] El mismo día, los apelantes presentaron ante el juez las preguntas para la información de testigos relacionados con el proceso,[156] quienes aseguraron que era cierto lo sometido por los demandantes.[157] Por este motivo, el juez dispuso dar copia de la información de testigos a los vecinos de Zarzuela y a Juan.[158] Por su parte, María Hernández, esposa de Pedro de Ojeda, compareció ante el juez Martín y declaró que, mientras su marido estaba preso, ella le había provisto de «una cama, en que había un colchón, una manta colorada, una sábana y una toquilla de algodón, y salido de la cárcel, el licenciado Cervantes se llevó a su casa la dicha ropa y se aprovechó de ella, y aunque ella se la demandó, nunca se la quiso dar, de manera que la tuvo más de cinco meses; y cuando se la dio, estaba perdida y estragada… y que en cinco meses pudo ganar, a 200 mrs al mes, que comúnmente se da de alquiler de una cama».[159] Al fin y al cabo, Cervantes desaprobó la demanda y pregonó que se había entregado alguna prenda de ropa a Ojeda cuando este quebrantó la cárcel. María López, Juan Martínez y otros vecinos de Las Majadas concedieron poder a Alonso Muñoz, para que les representase en un pleito contra Juan sobre unos ganados que les había prendido el alguacil Lope Méndez.[160] Muñoz exigió que se castigara a Juan o a Méndez; no obstante, el juez avisó a Cervantes, para que contestara en el plazo de tres días.[161]
Empero su peor confrontación se produjo en abril de 1524, cuando los regidores García Fernández y Andrés Valdés le demandaron por unos alabarderos que había solicitado cuando era alcalde. Juan respondió que no tenía que ir acompañado, ya que la ciudad de Cuenca se los había mandado a recibir porque, con las varas de justicia en sus manos y las del alguacil mayor, Rodrigo Manrique, juntaron gente para matarlos, temiendo que no les ocurriese lo que a otros alguaciles y alcaldes que habían sido acuchillados por ir desprotegidos.
También, Diego Manrique, canónigo de la iglesia de Cuenca y primo hermano de Diego Hurtado, llevaba muchos días inquieto y ausente por temor a Cervantes porque no le notificaron cierta provisión del rey; Juan ostentó a su vez un libelo informativo, en el que alegaba numerosas «injurias», «cosas feas» y «deshonestas» contra caballeros, regidores, ciudadanos y otras muchas personas honradas.[162] Dicho escrito, leído ante doscientos conquenses, fue tan escandaloso y vergonzoso que Carlos V de Alemania mandó una cédula real desde Burgos a Diego Manrique, el 30 de junio, para que se presentara ante el Consejo Real y le informara de lo sucedido.[163] El 30 de septiembre, en Valladolid, el regidor García Hernández de Alcalá expuso la demanda a los señores del Consejo.[164] Desde abril hasta septiembre, continuó el proceso de Diego Cordido contra Juan;[165] y el 3 de mayo, ante el juez Martín y en nombre de Cristóbal Romano, Bartolomé Martínez y Catalina Gais, vecinos de Portilla, el procurador Alonso Muñoz se querelló contra Cervantes y Lope Méndez por haber tomado de los demandantes dos rebaños de ganado de diez ovejas cada uno, que Juan declaró perdidos. Los portillanos pidieron justicia de forma persistente, con la restitución de ocho reales de plata por cada animal, más cuatro por los partos de los mismos, y por eso el juez Martín requirió que Juan respondiera en el plazo de tres días.[166] Igualmente, ese día el procurador Alonso Muñoz, en nombre de Miguel Ruiz, criado de Diego Hurtado de Mendoza de la Vega y Luna, proclamó que Cervantes y el alguacil Gonzalo Carrasco habían encarcelado a su representado y el primero había ordenado que le echaran un cepo a la garganta y una cadena al pie, situación en la que permaneció diez u once días. Después le quitaron el cepo y lo tuvieron preso con grillos y cadenas durante cuatro meses y medio, sin interponer demanda ni acusación alguna. Asimismo, el procurador alegó que, al prenderle, le habían tomado una espada dorada valorada en dos ducados de oro. Reclamó que se restituyera o se sufragaran los dos ducados; por el daño y el aprisionamiento injustificado pretendió 20.000 mrs y pidió con denuedo que se recluyese a Cervantes tanto tiempo como a Ruiz y en las mismas condiciones.[167]
El 4 de mayo Juan se opuso a las exigencias de los majadeños, solicitó la absolución, y apuntó que las prendas se confeccionaron de forma adecuada según la carta de Sus Majestades enseñada en los procesos y que el responsable había sido Lope Méndez, quien replicó a sus acusaciones. El juez requirió a la parte contraria que respondiera en el plazo de tres días.[168] El mismo día Cervantes impugnó ante el juez la demanda de los portillanos y afirmó que las prendas estaban bien hechas, y que dicho ganado no había acabado en su poder, sino en el del alguacil Méndez, quien contestaría por lo que tocase. Reclamó, por lo tanto, ser absuelto, y el juez informó a la otra parte de que debía responder en el plazo de tres días.[169] De manera semejante, Juan repudió la reclamación de Ruiz, quien se hallaba preso por haber matado al alguacil Ordóñez. Juan explicó que si le había colocado el cepo fue por su negativa a responder porque podría haberlo sometido a tormento, y si le duró la prisión fue «por declinarse jurisdicción y llamarse clérigo de corona».[170] El 7 mayo de 1524 Juan concedió poder a los procuradores Pedro Hernández y Agustín de Cañizares, para que se encargaran de los pleitos civiles y criminales ante el juez Martín.[171] Empero Julián de Mendoza y Alonso de Garavatea delataron, ese día, a Juan por excluirlos de las suertes por odio y enemistad, y rogaron al procurador Muñoz que les representase.[172] El 10 de mayo Muñoz reveló interrogatorio para inquirir a los testigos sobre la queja contra Juan,[173] cuyos testimonios fueron verídicos.[174] El 14 de mayo el procurador Vallejo, en nombre de Martínez de Córdoba, confesó haber demostrado la injuria civilmente cometida por Cervantes con la información de testigos y exhortó que se penase a Juan.[175] No obstante, el 19 de mayo, este se hallaba en Córdoba, de modo que dejó como procurador al bachiller Cañizares (el término de los juicios de residencia, según la ley, era de treinta días) y redactó una carta a Juan de Cuenca, en la que sostenía que Lara había dañado «una falderilla cosida para su esposa de paño verde y por ello debería desembolsar tres varas y media, a como se vendieron a otro, porque mandó que se le pagara lo que sería por cuenta de las otras cinco y media que estaban allá».[176]
El 22 de mayo María Hernández, esposa de Ojeda, comprobó su intención y demanda contra Juan, quien tenía en su poder un colchón, una manta colorada, una sábana y una toquilla de algodón, y sacó provecho de dichos objetos durante dos meses y veinte días. Juan, por el contrario, no evidenció nada, motivo por el cual recibió una multa de ocho reales por el alquiler a razón de tres reales por mes, y se hizo cargo de los costes del proceso. Sin embargo, la apelación del bachiller Cañizares le fue denegada y tomada por agravio.[177] El 25 de mayo Muñoz, en nombre de los majadeños, replicó ante el juez que certificaba todo lo testificado contra Juan y Lope Méndez y suplicó ser recibido a prueba.[178] Ese mismo día, el procurador interrogó a los testigos,[179] alegó todo lo que las partes tenían en contra de Cervantes y Lope Méndez y suplicó ser sometido a prueba.[180] Desde el 27 hasta el 29 de mayo Cervantes y Lara demostraron la sentencia pronunciada en referencia a la saya por los veedores de los sastres y una esquela remitida al trapero Juan de Cuenca;[181] el 29 de mayo ante el juez Martín, Muñoz presentó testigos para interrogarlos;[182] y el 5 de junio de 1524 el juez penó a Juan a amortizar el valor del buey a Andrés López, pero apeló la sentencia.[183] Después del 25 de mayo, quizás en junio, el juez falló que Muñoz había corroborado en parte su demanda y que Juan había acreditado en parte su defensa, por lo que ordenó a este último que abonara diez ducados de oro, pero su procurador interpuso apelación ante Sus Majestades.[184] El 4 de julio el juez resolvió que Martínez de Córdoba había ensayado bien su querella contra Cervantes, quien había injuriado de hecho y de palabra a Alonso y dictaminó que Juan no había justificado su defensa.
Como resultado, Juan fue penalizado con el pago de seis ducados de oro, que debía efectuar en el plazo de quince días, y 100.000 mrs a la Cámara y Fisco, así como las costas del proceso, cuya tasación se reservó.[185] Ese día Martínez de Córdoba presentó un pleito contra Juan,[186] y el día siguiente, el bachiller Cañizares dictó una sentencia «a favor de Martínez de Córdoba para Sus Majestades».[187] Además, López de Oñate decretó que Juan de Alcalá y Alonso Álvarez habían demostrado que Cervantes había injuriado a Alcalá, y que no comprobó su defensa. Por ese motivo, fue sancionado a abonar quinientos sueldos «de la ley del estilo y las costas del proceso, cuya tasación se reservó».[188] Finalmente, Cañizares apeló la sentencia ante Su Majestad; no obstante, se ignora el desenlace. A su vez, el juez López de Oñate dictó que Pedro Hernández, procurador del Concejo de Valdeganga, había verificado su querella y que Cervantes había rematado las madres en el regidor García Hernández de Alcalá, y no en Juan de Valverde, quien había puesto dichas madres a un precio inferior, por lo que se ocasionó un gran daño al Concejo y a sus vecinos. Según el juez, Cervantes no prestó su testimonio y fue multado con setecientas fanegas de pan, trigo, cebada, centeno, escaña y avena, y tenía que ceder dicho pan suelto al Concejo y a sus habitantes por partes iguales dentro de quince días. Al mismo tiempo, Juan fue sancionado con las costas del proceso, cuya tasación se reservó para sí.[189] El bachiller Cañizares acudió de todos modos ante Sus Majestades y el Consejo Real, pero el veredicto del Concejo es incierto.[190] Por último, el 7 de julio Gonzalo de Moya, el Mozo, se querelló por la detención arbitraria y la condena ilegal de Cervantes,[191] y a tal efecto el juez Martín falló que Gonzalo de Moya había demostrado su querella contra Juan, a quien reprendió en las armas o en su justo valor y encomendó que lo saldara en nueve días y con las costas del proceso. Cañizares protestó y exigió respuesta, pero el juez alegó haber dictado una sentencia «justa y jurídica».[192]
El 8 de julio López de Oñate decidió que Martínez de Córdoba había comprobado en parte su demanda por haber servido a Cervantes, durante mes y medio. Juan, por el contrario, no demostró haberle recompensado por su servicio, de modo que fue penado a desembolsar a Alonso siete reales por mes. Cañizares apeló la sentencia, cuyo resultado se ignora.[193] El 9 de julio Alonso Muñoz, procurador de Pedro de la Hoz, solicitó al juez Martín que pronunciase su intención bien justificada y explicó que había demostrado cómo su parte estaba comprometida a abastecer de candelas a Cuenca, para lo cual compró una carga de sebo con la que hicieron velas de gran calidad. De igual forma, puso en evidencia que Juan se había llevado a su casa candelas, de las cuales vendió una parte. Simultáneamente, se confirmó que Juan ni las había devuelto nunca, ni había entregado el dinero, y no probó nada. De ahí que el procurador Muñoz pidiera que se castigara a Cervantes.[194] Aún ese día Muñoz, en nombre de los demandantes de Zarzuela, informó al juez Martín de que los testigos habían corroborado cómo, por mandamiento de Juan, fueron apremiados a ir con los alguaciles a prender los ganados que andaban por la sierra, donde permanecieron tres o cuatro días, y de día y de noche sin recibir ningún pago por el trabajo. Por tanto, pidió los costes y exigió el cumplimiento de la justicia.[195] El 11 de julio el bachiller Cañizares, en nombre de Cervantes, solicitó al escribano que le diese diez procesos que apelaba para presentarlos de otra forma. Se trataba de Francisco de Écija, sobre el esclavo penalizado con 7.616 mrs y treinta marcos de oro; de Juan de Alcalá, castigado con quinientos sueldos y en los costes; del Concejo de Valdeganga, que le punió con seiscientas fanegas de pan sobre el hacer de las madres; de Francisco de Buitrago sancionado con veinte ducados de oro por cierto daño en la hacienda y por ciertas palabras, y en 100 para la cámara y por los costes; de Alonso de Valera, escribano del ayuntamiento, multado con quinientos sueldos y los costes; del criado Martínez de Córdoba del licenciado Juan, sentenciado a pagar seis ducados por injuria, 100 mrs para la Cámara y los costes; de Martínez de Córdoba, reprendido en mes y medio de soldadas; de Gonzalo de Moya sobre cierta prisión, condenado en una espada, un broquel y un guante de malla y en los costes; de Alonso de Cañizares, infligido en cuatro ducados de cierto juego de su hijo y en los costes; y de Andrés López sobre un buey, castigado a pagar 2.600 mrs y los costes.[196]
De cualquier modo, en este contexto, remarco el error de algunos cervantófilos, quienes afirman que la sanción de veinte ducados de oro en el caso de Diego Cordido fue la más severa para el licenciado Juan. Esto no es verdad, pues conforme a mi investigación, la pena más rigurosa que se le impuso a Juan fue una multa por valor de 7.616 mrs y 30 marcos de oro. En suma, clarifico que los veinte ducados de oro corresponden a 7.500 mrs teniendo en cuenta que un ducado de oro equivale a 375 mrs. Por lo tanto, este análisis de los cervantistas es impreciso, ya que en 1537 un ducado de oro equivalía a 350 mrs, y en 1566, a 400 mrs. Así que Juan fue multado con 7.000 mrs y treinta marcos cuando un marco costaba 23.000 mrs en 1537. A tenor de lo expuesto, afirmo con certeza por primera vez que este veredicto de 697.000 mrs fue más implacable y hasta ahora nunca se había esclarecido por los biógrafos cervantinos. ¿Por qué?
El 12 de julio el juez Martín dictaminó a Cervantes en algunas fanegas de pan en referencia a la demanda del Concejo de Valdeganga; sin embargo, Juan solicitó testimonio de su apelación de la sentencia con todo lo procesado para exponerlo ante el monarca.[197] El 15 de julio el juez dictó que Cordido había demostrado su querella, que Cervantes había prendido a Cordido sin explicación, le había tenido preso muchos días, le había sometido a tormento sin indicios y no había ensayado su defensa, y por eso penalizó a Cervantes con veinte ducados de oro, más los costes del procedimiento, cuya tasación se desconoce. Ambas partes apelaron la sentencia.[198] En este punto, agradezco la ejemplar colaboración del profesor Francisco Javier Escudero Buendía por haberme facilitado un nuevo documento del licenciado Juan de Cervantes, que trata de Sebastián de Mescua, vecino de Ocaña, quien se quejó contra el licenciado Juan sobre el libelo.[199] El 20 de julio en Burgos, Juan, en grado de apelación, nulidad y agravio, lo pidió por testimonio, y los señores le obligaron a entregar una carta de emplazamiento contra las partes y compulsoria para llevar a cabo los procesos. Se enlazó con las apelaciones del documento del 11 de julio de 1524.[200]
El 27 de julio el juez decretó que Mendoza y Garavatea habían justificado su querella, reforzando que nunca se había visto en Cuenca que se echaran en las suertes al caballero de la Sierra por no acudir al alarde y que Mendoza y Garavatea se vieron excluidos de las suertes por Cervantes y algunos de sus alguaciles, lo que les causó grandes daños y pérdidas en su hacienda. Así mismo, subrayó que Juan no había autentificado sus defensiones, le multó con veinte ducados de oro y de peso, que debía pagar dentro de los primeros quince días, y el bachiller Cañizares apeló la sentencia.[201] El 29 de julio el juez reveló que los vecinos de Zarzuela habían comprobado su demanda contra Juan, quien había ordenado prender algunas cabezas de ganado, en lo que se ocuparon los litigantes cerca de dos días. Empero Cervantes no había presentado sus alegaciones y fue sentenciado a pagar seis reales, de los cuales se ordenó retribuir dos a cada uno en un plazo de quince días. Por las causas no desglosadas, sin embargo, no se le hizo condenación de costas.[202] También, Inés Gómez documentó su querella, y Cordido manifestó haber visto presa a Inés, quien depositó un ducado, juró que todo era verdad y firmó su declaración. Por ello, el juez indicó que Inés había probado su demanda y Cervantes no ensayó sus defensiones. Y por esa razón, fue condenado a pagar 130 mrs, que debía restituir a Inés dentro de quince días. No se decretó ninguna multa, pero se obligó a ambas partes a correr con los gastos. Juan apeló la sentencia,[203] y el 29 de julio, en Valladolid, el alcalaíno García Hernández de Alcalá se presentó en grado de apelación, nulidad y agravio, ante los señores del Consejo de su Alteza, quienes entregaron carta de emplazamiento y compulsoria para traer el proceso.[204] Desde julio de 1524 hasta junio de 1525, en Cuenca, se pleiteó en apelación de Cervantes el proceso de Cordido, introduciendo las diligencias ante el Consejo.[205]
El 6 de agosto se trató la relación del contrato de abastecimiento de candelas a la ciudad de Cuenca;[206] el 29 de agosto de 1524, según el nuevo dato de Escudero Buendía, se expone el nombramiento de Juan como Juez Pesquisidor en Ocaña, y le siguen dos cartas de prórroga, la primera del 26 de octubre y la segunda del 16 de diciembre;[207] el 5 de septiembre se convalidó la sentencia apelada contra Juan porque había transcurrido el tiempo de las mejorías y no las había mostrado;[208] el 6 de septiembre el juez requirió que el bachiller Cañizares evidenciara en el plazo de nueve días las mejorías ante los superiores para no ejecutar la sentencia en referencia al pleito de Julián de Mendoza y Alonso de Garavatea;[209] el 9 de septiembre Cervantes no manifestó las mejorías del proceso con Alonso Martínez de Córdoba dentro del término señalado, y el juez ejecutó la sentencia;[210] el 12 de septiembre Cordido acusó de rebeldía a Juan y exigió un veredicto;[211] y el 14 de septiembre el bachiller Cañizares señaló carta de los reyes, una citatoria, compulsada y refrendada por Ramiro de Campo, secretario de Carlos V de Alemania y del Consejo Real.[212] No obstante, el juez Martín obligó a Juan a desembolsar cinco reales y ocho mrs a Lara en el plazo de quince días. Cervantes apeló la sentencia y se ignora la decisión.[213] El 19 de septiembre el licenciado Martín falló que Pedro de la Hoz había verificado en parte su demanda contra Cervantes y decretó que Juan, por distribuir trescientas candelas en varios tenederos, desembolsara a Pedro 510 mrs en nueve días;[214] el 20 de septiembre el juez sentenció a Juan a pagar 150 mrs a Andrés de Graos;[215] el 22 de septiembre los testigos, interpelados por el juez acerca de las preguntas del interrogatorio, replicaron que era cierto todo su contenido, y el juez determinó que María Hernández había justificado su demanda y castigó a Juan con ocho reales de alquiler de ropa, cuya apelación le fue denegada;[216] el 30 de septiembre el bachiller Cañizares hizo constar una carta en nombre de Cervantes,[217] y ese mismo día García Hernández de Alcalá presentó una demanda contra el canónigo Diego Manrique, cuyo testigo fue Juan.[218] Aparte de esto, gracias al excelente historiador Escudero Buendía conocemos dos nuevos documentos. El primero se refiere a la demanda del 2 de diciembre de 1524 de Catalina Ramírez, esposa de Juan Agraz, difunto, contra el licenciado Juan, juez pesquisidor en la villa de Ocaña, sobre la muerte de Luis de Casarrubios y otros excesos, así como la partición de los bienes de Juan Agraz.[219] El segundo, sin especificar la fecha exacta, trata de la gobernación del licenciado Juan como juez pesquisidor en la villa de Ocaña, en 1524,[220] por ejemplo, de una queja del reo Sebastián de Mezcua, vecino de Ocaña, contra el licenciado Juan sobre el libelo, y de la gobernación de Juan y sus investigaciones, entre ellos, sobre los delitos y la negligencia de los jueces ordinarios, descubiertos. En 1524, sin precisar la fecha, en el pleito entre Alonso Muñoz, como procurador de los majadeños, de una parte, y Cervantes, de la otra, el juez impuso a Juan la pena de diez ducados de oro por diecinueve carneros apropiados por los alguaciles bajo su orden.[221] Según el nuevo documento de Escudero Buendía se documenta que el 7 de febrero de 1525 Leonor, esposa de Juan, tomó a sus hijos, sus criados, Ruy, su hermano, y sus bienes, después de haber residido 6 meses en Ocaña, viajó en tres carretas desde Ocaña a su casa, hacienda y morada en Yepes. Ese mismo día en Yepes, testificaron Ruy, Juan y su esposa Leonor, quien no sabía firmar.[222]
El 31 de enero de 1525 el juez dictaminó que Francisco de Buitrago había justificado su demanda contra Juan, a quien pidió comparecer dentro de treinta días, pero Cervantes le ignoró y se le obligó a pagar las costas del proceso, cuya tasación reservó el juez.[223] Aun así, ese día el magistrado declaró que Bartolomé Martínez y Catalina Gais habían probado su demanda, y Cervantes y Lope Méndez no habían evidenciado sus argumentos, debido a lo cual, condenó a cada uno de ellos a entregar veinte ovejas con su lana, valoradas en seis reales la oveja. Se ordenó que cada uno liquidara ciento veinte por partes iguales y se multó a Juan con los costes del proceso, cuya tasación el juez reservó.[224] El 3 de febrero Cañizares apeló el veredicto del 31 de enero de 1525 ante el monarca a pesar de que la respuesta a esta apelación fue despreciada.[225] A ciencia cierta, los conquenses no estaban muy satisfechos con el teniente de corregidor Cervantes después de trece meses de gobierno. Pese a que Juan se encontraba presente durante la iniciación de todos los procedimientos, abandonó prontamente la ciudad y dejó a su procurador, el bachiller Cañizares.
Sin ninguna duda, Juan no guardó buen recuerdo de su estadía a orillas del Júcar y del Huécar, y salió mohíno y maltrecho de su corregiduría. Con todo esto, no consta dónde vivió desde marzo de 1525 hasta el 30 de abril de 1527, aunque algunos biógrafos contemplan que se estableció en Córdoba. Empero todo eso no se ha constado. En realidad, no se comprende cuándo ni cómo llegó a Guadalajara, pero el 30 de abril de 1527 Diego Hurtado de Mendoza de la Vega y Luna, acatando la habilidad, suficiencia y recta conciencia de «su primo»,[226] el licenciado Cervantes, le nombró su lugarteniente de la alcaldía de Alzadas de Guadalajara, y en 1528 llegó a ser oidor del Concejo del duque.
A pesar de todo, hasta este momento los eruditos de Miguel no han aclarado por qué el III duque del Infantado, fuerte opositor a la política del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, llamó «primo» al abuelo del autor de El Quijote.[227] El exdirector del Archivo General de la Administración, Alfonso Dávila Oliveda, afirmó, sin embargo, que Juan era primo de El Grande por «el parentesco común entre las madres»,[228] ya que el duque «al otorgar el tratamiento de primo a Juan de Cervantes, lo realiza por el parentesco familiar, que les une por las madres de ambos y no por el principio feudal del Primus inter pares».[229] Aun así, documento que el 9 de agosto de 1517, en Córdoba, el abuelo paterno de Miguel apareció como «el virtuoso licenciado» Juan, teniente de corregidor de Córdoba, junto con el bachiller «el virtuoso» Pedro Fernández, ambos intitulados «nuestros jueces árbitros, arbitradores y amigos amigables»,[230] quienes sin duda fueron elegidos por Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco (1470-1517), I marqués de Priego, VII señor de Aguilar de la Frontera y X de la Casa de Estado de Córdoba, conforme a un dato notarial del 11 de marzo de 1511.[231] El 30 de abril de 1527, en Guadalajara, Juan fue llamado «su primo», por el III duque del Infantado; el 1 de diciembre de 1545, en Osuna, fue denominado «el magnífico señor» licenciado Cervantes por el IV conde de Ureña, Juan Téllez-Girón (1494-1558);[232] y el 24 de enero de 1584 su hijo Andrés fue calificado como «el muy magnífico señor» alcalde mayor de Cabra, por Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba (1520/21-1578),[233] III duque de Sesa y Terranova, V conde de Cabra, quien el 18 de agosto de 1541, también, designó a través de su secretario y contador —Diego Martínez, y no Núñez, como lee Francisco Rodríguez Marín erróneamente según el excelente historiador Antonio Moreno Hurtado,[234]— «al muy noble licenciado Juan de Cervantes»[235] por su ciencia y conciencia, alcalde mayor de Baena, del condado de Cabra y vizcondado de Iznájar. El duque pudo gozar de todas las franquezas, gracias, honras e inmunidades, y quien aun escribió una carta de recomendación para Miguel, para que llegara a ser capitán de una nueva compañía formada en España con destino a Italia; y el 30 de noviembre de 1578 entregó una certificación a Leonor para rescatar al cautivo Miguel en Argel.[236]
Con todo, para arrojar algo de luz sobre este asunto, aludo a la Real Academia Española, cuyo diccionario proporciona tres definiciones de «primo» de sumo interés: 1. «Primoroso, excelente; 2. Tratamiento que daba el rey a los grandes de España en cartas privadas y documentos oficiales; 3. Respecto de una persona, hijo o hija de su tío y tía». En consonancia con la palabra «primoroso», se ofrecen dos explicaciones: «1. Excelente, delicado y perfecto; y 2. Diestro, experimentado y que hace o dice algo con perfección».[237]
En pocas palabras, considero que se trataba del documento que oficializó el nombramiento de lugarteniente de la alcaldía de Alzadas de Guadalajara por El Grande. Ahora bien, Juan asumió el nuevo puesto «con grandísimo deseo de hacer dineros porque le han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mismo deseo»,[238] y vivió en las casas del V conde de Priego, Luis Carrillo de Mendoza (c 1500-?), con sus cuatro hijos: Juan, Rodrigo, María y Andrés, y con su cuñado, Ruy Díaz. Era en aquella época arcediano de Guadalajara y de Talavera de la Reina, y más delante, abad de Santillana y Santander, y cura de Galapagar, Martín de Mendoza (1489-?), de apodo el Gitano, hijo ilegítimo —pero legitimado en 1521 por la reina Juana I de Castilla (1474-1555)— del III duque del Infantado Diego Hurtado de Mendoza de la Vega y Luna, quien falleció el 30 de agosto de 1531,[239] y de la bella gitana María Cabrera (1467-1527).[240] No obstante, Martín se enamoró perdidamente de María, hija de Juan porque «dos cosas solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama»,[241] y el amor se divide en tres tipos: «en amor honesto, en amor útil y en amor deleitable. Y a estas tres suertes de amor se reducen cuantas maneras de amar y desear puedan caber en nuestra voluntad porque el amor honesto mira a las cosas del Cielo, eternas y divinas; el útil, a las de la tierra, alegres y perecederas, como son las riquezas, mandos y señoríos; el deleitable a las gustosas y placenteras, como son las bellezas corporales vivas».[242]
Contraer matrimonio fue imposible porque «el amor en los mozos, por la mayor parte no lo es, sino apetito, el cual, como tiene por último fin de deleite, en llegando a alcanzarle se acaba, y ha de volver atrás aquello que parecía amor porque no puede pasar adelante del término que le puso naturaleza, el cual término no le puso a lo que es verdadero amor»,[243] y debido a su linaje, pues: «casadla con su igual, que es lo más acertado; que si de los zuecos la sacáis a chapines, y de saya parda de catorceno a verdugado y saboyanas de seda, y de una Marica y un tú a una doña tal y señoría, no se ha de hallar la muchacha, y a cada paso ha de caer en mil faltas, descubriendo la hilaza de su tela basta y grosera.
»—Calla, boba —dijo Sancho—, que todo será usarlo dos o tres años; que después le vendrá el señorío y la gravedad como de molde; y cuando no, ¿qué importa? Séase ella señoría, y venga lo que viniere».[244]
Después de todo, Martín y María no se casaron y el 30 de septiembre de 1529 Martín se obligó a retribuir 600.000 mrs a María por la dote de casamiento para el día de Navidad, que debió ser en 1531,[245] puesto que a finales del verano de 1529 vino al mundo Martina de Mendoza. Todo empeoró cuando el IV duque del Infantado, Íñigo López de Mendoza y Pimentel (1493-1566), hombre de letras, llegó al poder y el licenciado Juan fue despedido bruscamente de su puesto de lugarteniente en la alcaldía de Alzadas, y por consiguiente, el 2 de abril de 1532 María compareció ante el alcalde ordinario Francisco de Cañizares y proclamó haber tenido la urgencia de proseguir dos pleitos, empero siendo menor de 25 años solicitó que se le proporcionara un curador, el guadalajareño Martín González de Encaja,[246] cuyos testigos fueron: sus hermanos Juan y Rodrigo, y su tío Ruy. Consiguientemente, antes del 13 de abril González de Encaja ostentó la demanda junto con una obligación con arreglo a la cual el arcediano Mendoza, el comerciante Francisco de Ribera y Pedro Vázquez de Villarroel se obligaban a desembolsar a María y a su padre Juan 600.000 mrs.
María, aún, suplicó la ejecución sin apartarse de la mancomunidad y sin dividir la deuda, y se hizo cargo de los costes del juicio.[247] Y Juan recelaba de los dueños guadalajareños absolutos, en particular, cuando su procurador acudió con un escrito que atestiguaba que el alcalde Cañizares «quería pedir consejo sobre si debía ejecutar o no porque de lo susodicho él en el dicho nombre se tiene por agraviado y espera no alcanzar cumplimento de justicia en esta ciudad y pidió al dicho alcalde le mandara volver su obligación no parando perjuicio a su derecho para pedir justicia ante Sus Majestades porque él tenía por sospechoso al alcalde y a los otros alcaldes de dicha ciudad por estar puestos por el señor IV duque del Infantado».[248] No obstante, cabe poner de relieve que Juan, tras destapar la nueva estafa el 13 de abril, compareció en la puerta de la cárcel a lomos de una mula y, al encontrarse allí con Martín González, Francisco de Ribera y otros vecinos, declaró al alcalde Cañizares que no quería que procediera con la ejecución y solicitó su obligación porque no obtendría justicia en Guadalajara, a lo que el alcalde replicó: «yo os haré justicia de quien quiera que sea y así se os hace».[249] Juan exclamó, entonces, a grandes voces «que se allegaba y allegó mucha gente y no quiero y no me hagáis decir cosa por donde me mandéis a la cárcel, que yo no quiero justicia por vuestra mano, que no sois alcalde; y dicho señor alcalde dictó que mandaba al dicho licenciado Cervantes que se fuese preso a su casa y no saliese de ella sin su licencia y mandado, so pena de 200 mrs, y dicho licenciado Juan dijo no digo yo sino que para mí no sois alcalde porque os tengo por sospechoso y tenga puesta sospecha en vos y en los otros alcaldes porque no espero alcanzar justicia, que no sois alcalde para mí».[250] Y habría que añadir que la poderosa influencia de los del Infantado llegó a punto fijo a Martín González, procurador de Juan, y el mismo día revocó el poder y la curaduría que le confiriera y recurrió todavía la orden de prisión impuesta contra Cervantes.
Realmente, ese día el procurador de Francisco de Ribera y de Catalina de Heredia, viuda de Pedro Vázquez, difundió el escrito de contestación a la demanda, alegando, entre otras cosas, que Martín había pagado a María «muchas contías de maravedís, en dineros como en libranzas que cobró y muchas joyas de oro y perlas y de seda y paños y otras cosas contenidas en un Memorial».[251] Y, además, expuso un interrogatorio e inquirió «si saben, creen, vieron y oyeron que Martín de Mendoza tuvo amores y acceso carnal con María de Cervantes, hija del licenciado Juan de Cervantes»,[252] y si «la ha tenido por su amiga y manceba públicamente, y que Cervantes acogía de día y de noche a don Martín en su casa para dormir, y cómo durmió en una cama con María de Cervantes, y comer y cenar todos juntos en una mesa, y otros muchos días y noches. Y si saben que el licenciado Cervantes trajo tratos y maneras con don Martín, diciendo que había tenido que hacer con María, su hija, que mandase y prometiese y diese a ella y a él contías de maravedís y cosas so color de casamiento para María. Y que don Martín respondió que si la querían casar o llevar que no le daría ni prometería nada, pero que si se la dejaban, para que él la tuviese por su amiga en su casa o en casa del licenciado Juan, que les daría y prometería lo que querían y pedían».[253] De forma similar, Juan de Ayllón declaró que María mantuvo relaciones durante varios meses con Mendoza, quien «la ha tenido por su manceba y ha parido de él y es cosa pública».[254] Otro testigo, Alonso de la Mota, aseguró que Juan «tenía un negro, y que muchas veces él, por orden de don Martín, tomaba en la carnicería vaca al negro de dicho licenciado y otras cosas de su mantenimiento»;[255] y el testigo daba para un lebrel y un galgo de Martín, que estaban en casa de Juan, dos panes cada día. Pedro de Guadalajara afirmó que «tres años atrás cuando don Martín desplegaba su plan de conquista visto este testigo que Contreras, criado del señor arcediano, hablaba a doña María, donde la caballeriza de la casa del conde de Priego y dijo al licenciado señor, pará mientes por vuestra casa porque Contreras habla a doña María, vuestra hija, por aquella ventanilla, donde la caballeriza. Señor Pedro, téngoslo en merced; pero no es por él, sino por otra persona, que es la segunda persona del duque, que ya me lo han dicho».[256]
Aquel día el interrogatorio, a priori, brindó el Memorial del dinero y efectos, transferidos por Martín a María.[257] Constaron, entre otros, cincuenta ducados que llevó Rodrigo, 22.175 mrs en holandas, ruanes y sedas de coser, una cadena de oro de veinte ducados, un brazalete de oro con cinco zafiros de valor de cuarenta ducados, un barrilico de oro con una perla en medio, una esmeralda «a manera de uña», una rosita de diamantes, otra de un rubí berroqueño, 46.676,5 mrs de Hernando de Vera, cien mil por otra libranza, 124 botones de oro con tres asientos y 79 cada hoja que montaban a 71.696 mrs. Paralelamente, se citó a «Andresico» y a Rodrigo de Cervantes. En fin, tras la presentación de la demanda Juan retornó a Complutum, donde se sentía seguro y pudo proseguir el pleito sin peligro porque «pensar que el duque mi señor me ha de hacer justicia es pedir peras al olmo».[258] El 16 de mayo de 1532, en Alcalá de Santiuste, otorgó poder a su hijo Juan y se ausentó sin explicación.[259] Hay que recordar, además, dos nuevas noticias: este es el primer documento sobre Juan, hijo del licenciado, y antes del 13 de abril de 1532, en Guadalajara, Ruy Díaz, Andrés, Juan y Rodrigo actuaron como testigos en el pleito contra don Martín.[260] Pese a ello, el IV duque del Infantado temía al licenciado Juan, motivo por el cual, en mayo de 1532, tal vez hacia final de mes, redactó una carta a Alonso III de Fonseca y Ulloa (1473-1534), primado de la Sede toledana, en la que aducía que Su Señoría tenía mala relación con Cervantes por sus malas costumbres y créditos, y no le parecía apropiado que se le acogiera en casa del señor arzobispo, principalmente porque se oponía al proceso «por vendedor de justicia, y que acabado se fue a Alcalá de Henares a requerir justicia, pues, estaría muy bien poder lograr que se fuese de allí».[261] Al día siguiente, Fonseca rebatió en la carta a Su Señoría que él «creía que estaba mal con Cervantes y por causas muy justas, y nadie podía afirmar que había hallado hospitalidad porque desde allí fue sola una vez que le habló, reaprehendiéndole; que en lo demás, concluido el proceso, allá fuese; en su corte a nadie le faltaba justicia, cuando más en esto que a Su Señoría tocara, y al doctor decía de palabra grandes cosas en esto sin temor».[262]
Con todo, Alonso de Fonseca ya conocía la verdad del asunto, aunque quisiera dar otra impresión al IV duque del Infantado para desviar la corriente de aguas cenagosas en que se disputaba su hermano Martín, y el arzobispo Fonseca y Ulloa no echó a Juan de Complutum. A pesar de ello, el IV duque encargó a su criado Ávila que siguiera los pasos de Cervantes. El 9 de junio Ávila le comunicó que «había ido allá el licenciado Cervantes y que luego avisó a un Francisco López, quien tenía poder allí del señor don Martín para pedir el traslado de lo que Cervantes dijere, que también le pedía a Francisco de Ávila; que si de acá había algo que pudiera avisar que lo avisaran»;[263] el 13 de junio en Guadalajara su señoría ordenó a Ávila de que «no se descuidara con el licenciado Cervantes hasta que lo hubiera echado a Valladolid»;[264] el 11 de julio le escribió que «tuviera cuidado de mirarle a las manos al licenciado Cervantes, pues le conocía; que lo que de acá había que avisarle era que presto se acabará de cerrar un proceso que aquí se hacía contra él, por vendedor de su hija»,[265] y añadió que «Cervantes andaba por casa de aquellos señores del Consejo y que había dicho que se quería ir a Valladolid»;[266] el 19 de julio su señoría redactó la carta al solicitador e indicó que no «se había deseado daño de Juan o hacerle miedo, si bien habían de castigarle porque su delito era de índole ruin, pues su señoría había hablado al respecto con el fiscal Tapia, quien le había creído y le había trasladado su voluntad»;[267] el 21 de julio notificó que en el asunto de Juan no había deseado que se le hiciese daño y antes debería conseguir que cobrase de Martín lo que le debía porque fuera el castigo de todos;[268] y el 29 de julio, en Valladolid, un criado de García de Mendoza apuntó que «había visto a un alguacil llevar al licenciado Cervantes, y ponerlo tras la red, y algunos explicaban que fue por alcahuete de María de Cervantes, su hija»,[269] ya que «la rueda de la fortuna anda más lista que una rueda de molino, y que los que ayer estaban en pinganitos hoy están por el suelo».[270]
En cualquier caso, el 31 de julio Ávila comunicaba que los alcaldes y el Derecho tenían mala relación con Juan, a lo que el duque replicó que encontraba muy justo que semejante bellaquería no quedara sin castigo, y que él impondría justicia; y el licenciado de la Plazuela expuso que según el fiscal, los alcaldes, las leyes de romance y de latín no se hiciesen tan bien con Juan como Íñigo creía. Como resultado, su señoría escribió que «se arrepintiese Cervantes al ir a la cárcel y que se acordase de que él era alcalde cuando cometió el delito de las alzadas, y que si se hiciese de nuevo la probanza, sería peor para el licenciado Cervantes, y recomendó a Pelegrina que hiciese lo que pudiese y cumpliese el negocio».[271] No obstante, Juan salió de la cárcel a los cuatro o cinco días y requirió una probanza que anulara la efectuada por los alcaldes de Guadalajara en nombre de su amo,[272] y enseguida, su señoría se aterrorizó porque le informaron de que Juan se paseaba por Valladolid, y no sabía cómo habían examinado esos alcaldes aquel proceso, ya que «en todo el Reino de Toledo estaban esperando qué juzgaran de cosa tan mal hecha, y que no sabía su señoría con qué determinación le podrían absolver de delito tan público, sino quiere decir que a cualquier bellaco que allí fuere le bastaría alegar que un Grande le quiere mal para venir libre».[273] Entonces, el 5 de agosto de 1532, Pelegrina y el fiscal demandaron que se examinase el proceso de Cervantes para devolverle a prisión. Juan, en cambio, pidió que se abriera un proceso, con la finalidad de que se le diese la villa por cárcel.[274] El 10 de agosto, en Valladolid, se hizo saber que «no habían vuelto a Cervantes a la cárcel porque no habían visto el proceso si no querían administrar cosa al revés de lo mandado»;[275] el 17 de agosto, en Guadalajara, se notificó que «se pusiese toda la diligencia posible y que a la conclusión le fatigase a Cervantes con la dilación lo que pudiese»;[276] y el 19 de agosto Ávila pidió que acudiese Pelegrina con el interrogatorio para llevar a cabo la probanza de Cervantes y declaró que el fiscal se había mostrado muy riguroso, hizo memoria de cómo se había ejecutado la justicia en Guadalajara y pidió «a todos los jueces que miren que en todo el Reino de Toledo se espera ver lo que en este caso determinen para ver si puede cada uno, sin pena, poner su hija al burdel».[277]
Consiguientemente, su señoría expuso al solicitador que «en lo del nombramiento de los jueces halagaría que fuesen algunos de sus amigos, y a vueltas de ellos hizo mención de un oidor nuevo que era yerno del doctor Corral, del Consejo, a quien le mandó que ofreciera voluntad en todo y en todo lo demás»;[278] y el 5 de septiembre el escribano Ávila avisó al duque de que, en relación con Juan, los alcaldes habían considerado que la sentencia fue muy dura y que el fiscal hizo un buen trabajo.[279] Incluso, aseguró que «el proceso de Cervantes estaba visto, y que él les había dado a los jueces las informaciones de Derecho que de acá llevaron, y encargado las conciencias, diciendo que si aquello consentían, cada padre vendería a su hija a quien se la comprare».[280] Como se percibe con claridad, el IV duque del Infantado no solo urdió una artimaña, sino que también trataba de deshonrar a María y a su padre, y por este motivo, el siguiente pasaje no se vincula únicamente al incidente referido, además demuestra que Cervantes no defendía a las minorías, en este caso los gitanos porque: «los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones; nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones».[281] Huelga anotar que el 15 de octubre la señora duquesa escribió a Ávalos y manifestó que no era cierto que el IV duque desease mal a Juan y que no le importaba si decían lo contrario;[282] el 17 de octubre su señoría respondió al solicitador que los del Consejo habían pedido fe de cómo el procurador de Valladolid, por virtud de una cédula de Su Majestad, había señalado jueces y ellos habían comenzado a estudiar en el proceso;[283] y el 19 de octubre envió una carta diciendo «que se espantaron de cómo Cervantes andaba por las calles».[284] El 26 de octubre el licenciado Ávila comunicó por carta que le habían pedido que trasladase la súplica y, de responder a tiempo, iban a enviar los interrogatorios advirtiendo de que «si Juanes llegara a ser juez, nunca se haría justicia»;[285] el 9 de noviembre su señoría lo apuntaló por escrito a Ávalos y «lo mismo mandó al solicitador, que lo que convenía hacer era ver qué causas había para recusar a Juanes, y que avisaran a Su Señoría si sabían por qué habían alzado la carcelería a Cervantes, si en el grado de la suplicación andaba el pleito».[286]
Como resultado, el 18 de noviembre el solicitador replicó que el pleito de Cervantes en grado de súplica estuvo concluido y recibido a prueba, y el doctor Diego López de Zúñiga hizo propaganda de que «Cervantes quedó por bellaco porque los alcaldes confirmaron la sentencia y declararon que había vivido en un lugar, donde no se espantaban de vender las hijas, ni aun las mujeres, y antes las tenían por buenas y hermosas».[287] El 23 de noviembre, en Guadalajara, recibieron contestación de su señoría acerca de Juan;[288] el 25 de noviembre el solicitador puntualizó que había acudido Pelegrina con un interrogatorio y se disponían a declarar los testigos;[289] el 30 de noviembre Ávila dijo que «llegó Cifuentes allá, y que en lo del licenciado Juan creyó que aquellos señores habían entendido bien su intención y obras, y creyó que esta vez el licenciado Cervantes quedaría desengañado»;[290] el 12 de diciembre escribió que todavía interrogarían a unos siete u ocho testigos;[291] y el 20 de diciembre informó de que habían remitido a Juan en lo de los 600.000 mrs a los alcaldes de Guadalajara y que «si tuvo sospecha y quiso traer a un procurador que lo trajese a su costa».[292] En 1532, antes de septiembre, su señoría dictó redactar al solicitador en Valladolid con un mensajero que Carmona había enviado a Pelegrina, para que siguiera el pleito de los 600.000 mrs de Juan para «castigar las bellaquerías de Cervantes sin hacerle daño en la hacienda».[293] Por otra parte, Juanes de Ávila corroboró que «en lo del licenciado Cervantes falló la más injusta sentencia en los últimos veinte años en Valladolid, al parecer de todos, y articuló en público que el licenciado Cervantes era muy honrado y de muy buena parte»,[294] y Diego López refrendó que «en lo que tocaba al licenciado Cervantes, y a su delito, ya por las cartas de Su Señoría había visto harto, y que lo que pudo decir y saber fue que allá habían juzgado mal y que si don Martín no había pagado que tenía que abonar y si había desembolsado que no tenía que ingresar otra vez».[295]
Por tanto, Cervantes retornó triunfador a Alcalá del Burgo, y el 7 de enero de 1533 María, en calidad de «hija del noble señor licenciado Cervantes», designó nuevo curador a Fernando de la Flor.[296] En este aspecto, cabe agregar que su victoria, en mi opinión, se debió no solo a sus buenas relaciones con el poderoso arzobispo de Toledo, Alonso III de Fonseca y Ulloa —estudiante de leyes y teología en la Universidad de Salamanca, quien acristianó a Felipe II—, sino también a su influencia como juez de los bienes confiscados por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba. El 13 de enero Mendoza refutó la ejecución y sostuvo la nulidad de la obligación porque «padecía muchos defectos y obligaciones y reprobaciones de derecho y que fue hecha y otorgada por causa torpe y reprobada de derecho»,[297] insistía en que María «estaba pagada con creces»,[298] y en la ratificación de los testigos, Francisco Rodríguez, criado del IV duque, aireó que Juan había tenido «formas y maneras de dirigirse a Antonio de Barrionuevo y a Francisco de Salcedo para hablar a Mendoza sobre que le diese contías de maravedís por causa de su hija, respecto de lo cual iban con mensajes al arcediano»,[299] y cuando estuvo en casa del duque, este llamó a Salcedo y le dijo: «¿qué se ha hecho en esto de Cervantes?»,[300] y este replicó «ya, señor son amansadas sus voces de Cervantes».[301] Curiosamente, en enero de 1533 Sancho de Medina, criado de Íñigo de Arellano, confesó que «había vivido con el licenciado Cervantes, y cuando vino a vivir con él estribaba María de Cervantes, su hija, en casa de don Martín de Mendoza y la tenía por amiga, y una noche vino don Martín de Mendoza a hablar con el licenciado Juan a su casa, y cuando le dijeron que venía don Martín hizo el licenciado Juan aderezar velas y candeleros».[302] Todos los testigos reafirmaron, además, el alojamiento prolongado de María en casa de Mendoza, y el de este en el domicilio de su amante. Así que el 27 de enero, en Valladolid, el licenciado Segundo anunció que el alcalde Diego del
