PRÓLOGO
Unir lo científico con lo espiritual
Comenzamos nuestro trabajo de investigación sobre los hongos (los “abuelitos”, como les decimos nosotros) y sus propiedades medicinales hace ya mucho tiempo, aunque en occidente el tema se extendió recién en los últimos años. Es justamente esta popularización lo que nos anima a contar nuestro recorrido y a ampliar y profundizar la información que se divulga a través de las redes sociales o sitios web.
A pesar de su existencia ancestral, en esta época los hongos son noticia, tendencia y, de alguna manera, “moda”. Pero en la mayoría de los casos la información que circula sobre ellos así como los conocimientos de quienes ofrecen la medicina de los hongos son limitados. Si bien hay algunos profesionales que hace tiempo trabajan con los hongos y tienen una vasta experiencia, no son los más “conocidos” en las redes.
Adquirir experiencia y conocimiento suficientes lleva tiempo. Con las plantas maestro, los hongos medicinales y otras terapias naturales o de la medicina tradicional, se requiere otra clase de aprendizaje, atención y, sobre todo, otro tipo de práctica. Siempre decimos que lo científico y la espiritualidad deben encontrar una manera de unirse, ya que no hay forma de abordar el trabajo con estos seres de una forma que no los incluya. Muchos se interesan solamente por las partes prácticas, pero es importante atender a todos los aspectos.
Nuestra intención es proporcionar información responsable. Hace treinta años que trabajamos en estos temas y sentimos que en este momento resulta oportuno y necesario hacerlo.
Se debe tomar consciencia de la importancia de abordar la cuestión de la medicina de los hongos de una forma integral. Quizás para quienes recién se introducen en el tema parte de la información que compartimos no les parezca directamente relacionada con el aspecto medicinal de los hongos —como su taxonomía, su historia, cómo se descubrieron, etc.—. Pero todo es relevante cuando se trabaja con estos seres en forma medicinal. Por eso mi consejo es que no se pierdan nada, cada detalle es fundamental. Con el tiempo uno entiende la importancia de comprender el conjunto. Hace a la sensibilidad de saber si esta medicina es para nosotros, por qué la necesitamos o por qué no. Háganse preguntas, y escríbannos si es necesario. Es la mejor forma de empezar a introducirse en este mundo tan vasto y tan hermoso.
MARIANA GONZÁLEZ MERTIÁN1
1 Mariana González Mertián es fitoterapeuta y terapeuta corporal con más de treinta años de experiencia clínica; profesora de Educación Física y profesora de yoga. Es mi compañera desde hace treinta años y la persona con la que trabajo todos los días en el Micoverso.
INTRODUCCIÓN
Mundo fungi:
el descubrimiento de seres maravillosos
El mundo de los hongos es amplio y complejo. La intención de este libro es contar las maravillas que rodean al tema del reino fungi o reino micota. Se trata ante todo de una obra de divulgación, sin pretensiones de ser un tratado académico.
Generalmente, cuando la gente habla de hongos lo hace como si supieran qué son, pero lamentablemente muchos lo desconocen. La mayoría cree que los hongos son solamente “ciertos” hongos, o que son importantes solo los psilocybes (también llamados alucinógenos) y los medicinales, lo cual no es así.
El reino fungi nos ha proporcionado la base de todos los antibióticos que conocemos, un logro asombroso. El descubrimiento de la penicilina en 1928 por Alexander Fleming marcó un hito en la medicina y la salud de los seres humanos y otros mamíferos. Como muchos otros, ocurrió de manera fortuita. Mientras trabajaba en su laboratorio con un cultivo bacteriano en una placa de Petri, Fleming notó que el hongo Penicillium notatum combatía eficazmente ciertas bacterias. Años después, un grupo de estudiantes que investigaba temas similares encontró, en una verdulería, un melón en mal estado con un tipo de moho de color amarillo dorado particular. Al estudiarlo, descubrieron que era una cepa de Penicillium notatum con una cantidad significativa de penicilina, lo que finalmente permitió su comercialización.
Durante la guerra de Secesión de Estados Unidos y la Primera Guerra Mundial a menudo se utilizaban panes cubiertos de moho para tratar las heridas de los soldados con el propósito de prevenir infecciones bacterianas.
Hay un montón de especies de hongos que no son medicinales y que sin embargo tienen una importancia vital para el sostenimiento de la vida en la Tierra y, por ende, para nosotros. En la primera parte de este viaje, vamos a ir develando esta historia, de qué manera nos relacionamos como especie con los hongos.
Hace un tiempo que la psilocibina medicinal es tendencia, pero ¿qué hay detrás de ella? ¿De qué se trata? ¿Se refiere a los hongos sagrados? ¿Estamos hablando de los hongos psilocybes? ¿O de la psilocibina sintética? Hoy se habla mucho de microdosis, ¿qué sabemos realmente del tema? ¿Qué es una microdosis? ¿Cómo funciona? ¿Para qué se utiliza?
Creo profundamente en la necesidad de transmitir y compartir este conocimiento para que llegue a la mayor cantidad de personas posible, porque con respecto a este tema hay mucha falta de información general, responsable, respetuosa y comprometida, sobre todo en idioma español.
Las partes introductorias en general suelen ser las más pesadas y a veces hasta aburridas, sin embargo en este caso es una parte hermosa. Me enamoré del mundo fungi cuando entendí la magia de lo que estaba observando y experimentando, al empezar a trabajar hace más de treinta años con una especie particular de hongos que es endémica en Sudamérica. Allá por los noventa, fui uno de los fundadores de lo que hoy es la Fundación Mesa Verde, en la ciudad argentina de Rosario, Santa Fe. Ya en aquellos días tempranos trabajábamos en protocolos de administración con diferentes plantas sacramentales, que en ese momento se denominaban enteogénicas o sagradas, entre las que estaban la ayahuasca y la wachuma, así como los hongos sagrados.
Al inicio, tuvimos largas charlas y discusiones sobre cómo implementar los protocolos de experimentación, cuáles serían las maneras más adecuadas para nuestros fines, sobre todo porque teníamos indicios de que esos vegetales y hongos poseían un potencial terapéutico y medicinal muy importante. Si bien el encuadre estaba apoyado en un procedimiento científico, teníamos claro que cada una de esas sacralidades poseían referentes: los médicos tradicionales. En el particular caso de los hongos, sabíamos de los Maestros, y sobre todo las Maestras de la sierra Mazateca de México, que nos hablaban de la sacralidad fundamental de estos seres, estos “niñitos santos”, estos “abuelitos”, que es como aprendimos a llamarlos. Más allá de acuerdos y desacuerdos, todos los profesionales involucrados coincidimos en que esa era la mejor manera de hacerlo. De alguna forma, cada una de aquellas experiencias grupales y personales derivaron, con el paso del tiempo, en el presente libro. Se trata entonces, y estimo que es importante repetirlo, de un material informativo y no de un material formativo o científico sobre micología.
Hongos sagrados nace de una serie de seminarios online realizados por primera vez en 2022 dentro del ciclo Plantas Sagradas, organizado por el Comunitario Otorongo Wasi, institución pionera en Argentina en cuanto a psicotrópicos vegetales y fúngicos sacramentales, con un extenso recorrido en el tema. El título informativo: “Hongos medicinales, mundo fúngico y planeta Micelio”, buscaba dar relevancia a algo que muchos desconocen: que gran parte de lo que se esconde por debajo de la superficie terrestre está conformado por micelio. Entonces, hablar de “planeta Micelio” es algo totalmente coherente y concreto, incluso es aceptado abiertamente por la ciencia. Por supuesto, también incluimos el tema de la psilocibina medicinal, porque es lo que entusiasma a la mayoría de la gente en el presente, y con motivo. Tiempo atrás, pensaba que los vegetales sagrados y sus tradiciones ya no convocaban el interés del público en general, tal vez por la saturación de información, muchas veces dudosa, que hay en las redes sociales e internet. Sin embargo, charlando con algunos jóvenes, especialmente con una paciente que había pasado por una experiencia de hongos psilocybes, descubrí que las nuevas generaciones saben poco y nada sobre estos temas, y mucho menos tienen acceso a personas que tengan experiencia real en este terreno. Me di cuenta de que había pasado mucha agua bajo el puente durante las últimas décadas. Había dos o tres generaciones que no solo buscaban este tipo de información, sino que además la necesitaban imperiosamente.
El mundo de la medicina tradicional (como se denomina a la medicina ancestral de los pueblos originarios) dio un vuelco lamentable hace ya más de quince años, cuando empezaron a aparecer más “facilitadores” que maestros planteros y médicos tradicionales conocedores de la ciencia vegetalista o de las medicinas tradicionales, sean andinas o amazónicas, como en nuestro caso. Por lo que decidí regresar sobre mis pasos y retomar el tema. Si bien nunca lo había abandonado en la práctica, ahora lo retomaría desde una perspectiva informativa.
Autores como Castaneda, Grinberg, McKenna eran completamente desconocidos para esta generación de jóvenes. Y mucho más lo eran Schultes, Wasson, Huxley o Grof. El tiempo había pasado, y lo que para mí resultaba una obviedad, definitivamente ya no lo era. En medio de ese trabajo apareció el renovado interés por los hongos medicinales y, sobre todo, por las propiedades medicinales de la psilocibina. Si bien conocía el tema desde otras ópticas más tradicionales, y hasta tenía un protocolo propio de microdosificación, no fue sino hasta este preciso momento que me di cuenta de que tenía mucho para decir y compartir.
Si bien la cuestión de las microdosis aparece, aparentemente, por primera vez en el libro de James Fadiman Guía del explorador psicodélico, editado en 2017, ya se investigaba desde hacía tiempo. Por mi parte, había abordado el tema de los “niñitos santos” (como llamaba a los hongos María Sabina, chamana mazateca) a finales de los 90, el proyecto que desarrollamos en el marco de la Fundación Mesa Verde junto al doctor Néstor Berlanda y el antropólogo Diego Viegas, y otros quince profesionales de la salud. Fue una temporada intensa, de maravillosos descubrimientos. El encuentro con los hongos Stropharia cubensis (hoy Psilocybe cubensis) se produjo de manera natural. Identificarlos, recolectarlos y trabajar con ellos fue definitivamente revelador; tanto que nació en mí un profundo respeto y sentimiento hacia ellos. Eran completamente diferentes a todo lo demás con lo que había trabajado y trabajaría luego. De hecho, los puse en un lugar especial. Me prometí aprender de ellos sin consumirlos nuevamente hasta que llegase el momento, anticipado en las experiencias, de volver a asociarnos. Y ese momento, por increíble que parezca, resultó ser precisamente este.
Hongos sagrados representa precisamente ese amor y ese respeto por estos seres maravillosos y misteriosos que encendieron mi mente durante décadas. Volver a mis propias experiencias de antaño, revisarlas y revivirlas, me puso en el camino de preparar un material que diese cuenta, con información asequible al gran público, del universo de los hongos como medicinas, no solo de la mente y el cuerpo, sino además del planeta. Ese era el mensaje que me habían proporcionado y dejado a resguardo durante todo este tiempo, así que me puse a trabajar en ello. Se trata de un material valioso y diferente, pero sobre todo único en habla hispana. Este libro no es un “tratado de micología psicodélica” ni mucho menos; busca contextualizar un tema importante, darle una historia, presentarlo debidamente y con el amor que se merece.
Esa historia comienza hace unos mil millones de años y es parte de nuestra propia historia como especie. Me propuse contarla de forma sencilla, dinámica y entretenida, un viaje de descubrimiento que nos va adentrando en el universo de una especie ajena a nosotros, pero que es imprescindible conocer para avanzar hacia el futuro. Como muchos trabajos, este arrancó con una serie de preguntas, interrogantes que daban vueltas en mi cabeza, quizá la más importante era: ¿qué es realmente un hongo y su micelio, y cómo se relaciona con la idea del “espíritu del mundo”?
Termina de empujar el proyecto la figura de Paul Stamets, que con su simpleza y dedicación inspiró cada una de estas páginas, así como el recuerdo imborrable de la lectura de la obra de los hermanos McKenna en los 80 y 90.
Comenzaremos presentando a nuestros vecinos, contando quiénes son y qué lugar ocupan en el viaje de la vida sobre nuestro planeta. Avanzaremos recorriendo diferentes culturas, distintos momentos y lugares del mundo donde ellos tuvieron una impronta más que importante. Iremos desde la taxonomía botánica a la farmacología, pasando por las propiedades curativas de las diferentes especies de hongos medicinales, su importancia gastronómica y alimentaria. El viaje continuará con un tema tan interesante y complejo como el de los nootrópicos y cómo los mismos están íntimamente relacionados con el devenir de la tecnología. Pero también nos adentraremos en el mundo sagrado y sacramental de los hongos y aquellas culturas que los cuidaron y apreciaron. Saltaremos a las nuevas concepciones cosmológicas y cómo de alguna extraña y particular manera los hongos están relacionados con ello. Hablaremos de la micoosfera y cómo nos invita a despertar, a generar el Awaken (despertar) en un flujo de información que estuvo guardada allí durante miles de años, y que necesitamos recordar como nunca antes, para finalmente arribar a las microdosis en Sudamérica y el mundo, sus protocolos, sus beneficios y también sus riesgos. Y, sobre todo, haremos hincapié en la necesidad de tomar consciencia acerca de que no es lo mismo, ni equivalente, una medicina natural, consciente y evolucionada y un medicamento de laboratorio, por más bondades que este tenga.
Otro elemento que he sumado a la presente obra es un capítulo en el cual me adentro, de manera completamente subjetiva, en mis propias experiencias con los hongos sagrados, de la misma forma que vengo trabajando en otra serie de libros un tema relacionado con este, el de las plantas sagradas. En ese capítulo, profundizo en cómo influyeron en mí, tanto como parte de la comunidad M’bya Guaraní a la que pertenezco, como en mi devenir profesional como psicólogo clínico e investigador de temas de frontera, más específicamente el de la consciencia y la naturaleza de lo que conocemos como realidad. El paso de los años y el trabajo constante con estas cuestiones genera una sensación de cotidianeidad que, en mi caso, hace que pierda de vista la dimensión de la tarea realizada. Pero gracias a mis maravillosos compañeros y compañeras de viaje que me lo recuerdan, finalmente caigo en la cuenta de que me ha tocado en suerte ser uno de los referentes en estas temáticas tanto dentro de mi país como en otras partes del mundo.
En la actualidad, continúo formándome y estudiando en la colegiatura de Antropología, con especialidad en Arqueología, lo que me permite mantenerme al corriente de muchas cuestiones que están profundamente relacionadas con los temas que trataré en este libro. Luego de todos estos años de trabajo ininterrumpido, acompañado y en solitario, he reflexionado sobre temas que a veces me han quitado el sueño por semanas. ¿Qué pasaría si nuestra relación natural con los vegetales sagrados nos lleva a sospechar que habitamos el mundo junto a otras conciencias no humanas mucho más evolucionadas que la nuestra y completamente locales, propias de nuestro mundo? ¿Qué sucedería si supiéramos que convivimos con otras especies conscientes, inteligentes y sintientes de las que sencillamente no tenemos muchas noticias? Porque hemos hecho oídos sordos durante los últimos quinientos años de nuestra presencia en la Tierra. Los pueblos originarios de todas partes del mundo nos hablan y nos instan a recordar esa simbiosis con lo natural, esa relación mutualista que nos lleve nuevamente a la común unión con lo sagrado, con la naturaleza, y a un nuevo tipo de ciencia que pueda definitivamente incluir lo que lamentablemente occidente ha separado y pretende continuar separando con uñas y dientes en pos de un presente consumista y alejado de nuestra pertenencia al mundo natural. ¿Qué pasaría si nos enteramos, en un futuro próximo, que una de esas especies conscientes no humanas es precisamente el reino fungi?
Por supuesto se trata de una especulación, pero a veces es necesario animarnos a hacer preguntas que otros, en el futuro, se encargarán de responder. Creo que lo importante es la honestidad intelectual con la que se trabaja, más allá de que podamos estar completamente equivocados. La idea no es convencer a nadie, sino inspirar a otros a que se hagan preguntas valientes. Ninguna de estas ideas es una verdad revelada ni mucho menos una conclusión, simplemente datos que en conjunto nos alientan a pensar en ciertas direcciones.
El despertar del hongo
El resurgimiento fúngico tiene, a mi criterio, varios representantes que no podemos olvidar en esta maravillosa historia. Permítanme introducir a algunos de ellos.
María Sabina
En primer lugar, ella, la única, la incomparable, la mujer que lo perdió todo por compartir este conocimiento con occidente, la “Dama de los niñitos sagrados”.
María Sabina aprendió sobre los hongos sola, en medio del monte mazateco (México). Comenzó a comerlos debido a que tenía demasiada hambre. Así que mientras pastoreaba sus animales, comía estos hongos que la transportaban a otros mundos, y entraba en comunión con sacralidades. Cuando la encontraban, prácticamente desmayada, uno de sus tíos se la llevaba con él, intuía que María sería una mensajera de antiguos saberes y por ende una gran nueva curandera para su gente. De esa forma creció María, comiendo hongos y aprendiendo de los mayores que conocían la tradición. A muy corta edad, ya era una experta.
Empezó a compartir su medicina en largas veladas nocturnas plagadas de ancestralidad y sincretismo cristiano. Hasta que a mediados de 1950 el representante comunal de Huautla de Jiménez le pidió que atendiera a unos “gringos” que habían llegado al pueblo buscando personas como ella. María al principio se negó de manera rotunda, pero no pudo escapar al compromiso y finalmente aceptó. Era el equipo de Robert Gordon Wasson.
De allí en adelante, todo cambiaría en la vida de la santa curandera mazateca, a veces para bien y otras muchas para mal (hasta llegaron a quemarle la casa por compartir sus saberes con los occidentales).
Huautla de Jiménez dejó de ser un pueblo rural perdido en la Sierra Mazateca para transformarse en la meca del hippismo en los años 60. Muchas personalidades de la época visitaron a María Sabina, desde Walt Disney (quien habría costeado la construcción de la pequeña pista de aterrizaje para avionetas de Huautla), hasta John Lennon, pasando por Jim Morrison, además de varios personajes del mundo de la política y la economía.
Lo cierto es que el puebl
