Índice
Introducción
PARTE 1
LAS DIETAS
Capítulo 1. Las dietas: un sistema de control y opresión
La trampa del cuerpo ideal como proyecto de vida
La moda y los estándares de belleza inalcanzables
No hay nada malo con tu cuerpo: la industria millonaria detrás de las dietas
Las redes sociales y la cultura de las dietas
¿Funcionan las dietas?
La teoría del set point
Prohibido subir de peso: el estigma social
Entendiendo el imc
¿La obesidad es realmente una enfermedad?
El estigma de la obesidad
¿En realidad eres lo que comes?
¿Más delgada o más saludable?
Capítulo 2. ¿Qué dice la ciencia?
El tejido graso
¿Cómo funciona el hambre?
Fenotipos de la obesidad
Weight cycling
Capítulo 3. Las consecuencias de las dietas
Trastornos de conducta alimentaria (tca)
Cualquier extremo es peligroso: no es lo que haces sino cómo lo haces
Restricción y atracones de comida: el eterno círculo vicioso
La inanición y el peligro para el cerebro: el experimento de Minnesota
Las dietas, buenas amigas para la depresión
Dietas y obsesiones: ortorexia y autocosificación
Sistema de recompensas y adicción a la comida
Apetito hedónico
Adicción al azúcar
Preguntas y respuestas comunes
PARTE 2
LA SOLUCIÓN A TU ALCANCE: SALUD INTEGRAL
Capítulo 4. La salud integral como solución a la cultura de las dietas
Los nutrientes como sustrato de nuestra salud
Macronutrientes
Micronutrientes
Equilibrio de nutrientes
La salud emocional y las herramientas para alcanzarla
El movimiento como terapia
Marcadores de salud que no tienen que ver con el peso
Capítulo 5. Una visión integral de la alimentación
La importancia de conocerte a ti misma
Aprender y desaprender, la constante de la vida
¿Qué significa comer saludable?
Alimentación integral: cuerpo, mente y emociones saludables
Mi relación (emocional) con los alimentos
Consejos para mejorar tu relación con la comida
Las reglas básicas para una buena alimentación
Otros consejos útiles
Capítulo 6. Adiós a las dietas: alimentación intuitiva
¿Qué es la alimentación intuitiva?
Escala de hambre y saciedad
Body positive vs. Body neutrality
¿Cómo practicar la neutralidad corporal?
Capítulo 7. Conectando con tu cuerpo
La herramienta que te cambiará la vida: la meditación
¿Cómo empezar a meditar?
Atención plena y mindful eating
Consejos para practicar el mindful eating
Preguntas y respuestas comunes
Conclusiones
Referencias
Introducción
Como la mayoría de ustedes, yo también he hecho dietas y he sentido la impotencia que produce no poder controlar lo que sucede con mi cuerpo. Cuando estamos comiendo menos calorías de las que el cuerpo necesita, no podemos controlar los antojos, la irritabilidad, los pensamientos, ni mucho menos la pérdida de peso. Estar a dieta es como encender un botón en el cerebro que provoca que pensemos en comida y en kilos todo el día y, por lo tanto, dejamos de pensar en otras cosas mucho más importantes, como el trabajo, los estudios, el desarrollo personal y las relaciones. Lo irónico es que las cosas deberían ser al revés: las dietas y la pérdida de peso es lo que menos importancia debería tener en nuestra vida.
A finales de 2013, después de terminar mi maestría en Alemania, sentí un gran alivio. Como ya no tenía el estrés de los estudios, la tesis y las clases, comencé a tratar de bajar de peso porque había subido unos kilos durante mis estudios en el extranjero. Mi plan era sencillo: planeaba buscar trabajo, hacer más ejercicio y cuidar mi alimentación para recuperar el peso que tenía dos años atrás. Lo que comenzó como un intento por “recuperar mi figura” terminó convirtiéndose en una obsesión con la comida y mi peso. En ese entonces desconocía lo peligroso que era tratar de modificar el cuerpo por medio de la restricción de alimentos, no sabía que mi intento por bajar de peso acabaría transformándose en una oscura obsesión. Como en esa época me encontraba desempleada y sin mucha idea de lo que sería mi futuro, yo pensaba que mi obsesión con el peso y los alimentos se había desencadenado por falta de una actividad formal, ya fuera estudiar o trabajar, pero estaba equivocada: la restricción y las dietas habían sido las causantes del problema. Ahora comprendo que hacer dietas provoca no solamente una obsesión por el peso y la comida, sino que implica también estar en pelea constante con nosotros mismos, pues va en contra de nuestra naturaleza e instinto de supervivencia. Entre más me enfocaba en bajar de peso, menos podía lograrlo. Me frustraba y entonces intentaba medidas más extremas. ¿Cómo era posible que siendo nutrióloga no pudiera bajar de peso? No solo me daba vergüenza estar por arriba de mi “peso ideal”, sino que me torturaba la idea de no poder controlar algo para lo cual había estudiado cuatro años de licenciatura.
En un principio comencé haciendo una dieta hipocalórica, es decir, baja en calorías, como las que me enseñaron a hacer en la universidad. Comía muchas frutas y verduras, poco pan (lo cual era muy difícil porque en Alemania el pan es delicioso), no comía dulces, tomaba mucho té o café para no sentir hambre. En fin, hacía lo que pensaba que era necesario para bajar de peso. De lunes a viernes el plan me salía perfecto: iba al gimnasio, comía en casa, cenaba ligero. El problema estaba en los fines de semana. Si salía con mi novio o con amigos y dejaba mi rutina, el asunto se descontrolaba. Al estar en un ambiente ordenado de lunes a viernes las cosas eran relativamente fáciles, pero al salir a bares, restaurantes, centros comerciales y exponerme a la comida u otros estímulos, todo se volvía cien veces más difícil. No podía controlar lo que me provocaba la comida: salivaba, mi corazón se aceleraba, mi atención se enfocaba solo en los alimentos. A veces pedía una ensalada o algo pequeño, mientras que mi novio pedía una pasta, una hamburguesa, un platillo con carne o cualquier cosa más consistente. Entonces yo le pedía un bocado de su platillo porque no podía manejar el antojo. El comer ensalada mientras las demás personas comían algo más calórico me hacía sentir que estaba en control, que tenía una increíble fuerza de voluntad. En otras ocasiones, el antojo era demasiado grande, así que, en lugar de pedir una ensalada o algo pequeño como una sopa de verduras, comía un platillo regular y, como ya había “arruinado la dieta” ese día, acababa comiendo más de la cuenta, a veces hasta sentirme incómoda. Con el tiempo empecé a detestar los fines de semana porque pensaba que eran los culpables de que fracasaran mis planes para bajar de peso. Empecé a no disfrutarlos e incluso a temerles un poco. A veces, cuando llegaba el viernes, me quería premiar por todo el esfuerzo y la disciplina que había tenido durante la semana, y obviamente los premios eran comida porque era lo que más satisfacción me producía. No se me antojaba premiarme con una ida al cine o con comprarme ropa: la comida era lo que más feliz me hacía. Normalmente era algo de granola, cereal o un pan dulce que se me había antojado durante la semana. Siempre eran cosas dulces y que me prohibía de lunes a viernes. Me servía un plato de cereal, pero el placer era tan grande que acababa comiendo dos o tres platos. Entonces pensaba que todos los esfuerzos que había hecho de lunes a viernes habían sido en vano y eso me hacía sentir fatal. Los lunes me levantaba hinchada, inflamada, incómoda, triste y con la decisión de tomar una medida más extrema para que las cosas sí funcionaran.
Con el paso de las semanas bajé la app MyFitnessPal en la que registraba todo lo que comía, y hacía lo imposible por tratar de cuadrar las proteínas, grasas y carbohidratos que ingería. Si comía más calorías de las que me tocaban, me sentía culpable y me torturaba mentalmente. Comencé a seguir muchas cuentas en Instagram para “motivarme”, donde se mostraban los resultados increíbles que tenía el clean eating —la dieta de moda en ese entonces—, el gimnasio y el monitoreo de macronutrientes (proteína, carbohidratos, grasas). Me pasaba horas viendo fotos de “antes y después” y me preguntaba cómo habían hecho todas esas mujeres para cambiar su cuerpo de manera tan extrema, en tan poco tiempo. Me sentía inadecuada, pues yo no podía hacerlo. Al ver todas esas cuentas albergaba la esperanza de que era posible bajar de peso rápido, pero a la vez sentía como si algo estuviera mal conmigo porque yo no podía obtener esos resultados.
Mi obsesión con la comida, con cuentas de nutrición, con la pérdida de peso, todo ello combinado con mi necesidad de conseguir un trabajo, originó meses después Balanceando la vida, un espacio en donde comparto consejos de nutrición, recetas y todo lo necesario para alcanzar un estilo de vida saludable. En un principio Balanceando la vida era un espacio donde las calorías y la pérdida de peso jugaban un papel importante, pero se transformó, al igual que yo. Poco a poco fui construyendo un nuevo concepto de comer y vivir saludablemente, mejoré mi relación con la comida y dejé de obsesionarme con el peso, las calorías y los alimentos. Con el paso del tiempo, descubrí que lo que funcionaba para mí era dejar de querer controlar mi cuerpo por medio de los alimentos. Aprendí a vivir en balance y dejé de irme a los extremos. Aún me cuesta trabajo dejar que las cosas fluyan, aún soy muy aprensiva y sobrepienso casi todas las cosas, pero al menos soy consciente de ello y trato de no descargarlo todo en los alimentos y mucho menos en mi cuerpo. Por supuesto, fue u
