Dedicatoria equina
A LOS CABALLOS DE MADERA
Margarita Squirru
Angélica Olvera de Malpica
Marisa Corgatelli
Andrés Gabriellini
Vicky Aguirre
Ago Páez Vilaró
Georgina Barbarrosa
Mónica Mosquera
A LOS CABALLOS DE FUEGO
Bienvenidos al Tai Sui,
Año Celestial
Macarena Argüelles
Sonia Del Papa Ferraro
Hoby De Fino
Javier Urani
Patricia Domínguez
César Francis
Cecilia Leiva
Paulo Campano
A LOS CABALLOS DE TIERRA
Valentina Medrano
Marcos Gava
José Sanz
Laura López
José María Sanz
AL CABALLO DE METAL
Lorenzo Guggenheim
A LOS CABALLOS DE AGUA
Verónica Quesada
Fermín Moreno Quintana
Haby Bonomo
Y a los potros y a las yeguas que cambiaron
el aire de mi vida al cabalgarlos.
L. S. D.
Prólogo
Lo imposible será posible.
Lo inalcanzable cercano.
El arte como juego.
El salto cuántico.
La calidad más que la cantidad.
El presente consciente.
La doma de lo irracional.
La llama sagrada.
La autopista al Nirvana.
El secreto develado.
El manjar de los dioses.
El beso soñado.
El abrazo desbocado.
El viaje continuado.
Desaprender, olvidar, flotar.
L. S. D.
Gira, gira, gira la gira que gira.
Es carnaval y el agua cae del cielo como el diluvio del Génesis.
El alivio del verano en el sur del mundo, que fue una hoguera de cuatro meses, en la que aprendimos más de hábitos de sobrevivencia del drástico cambio climático.
Quiero contarles mis aventuras, viajes, hazañas, antes de que se evaporen de mi memoria, creyendo que fue un sueño.
Nos remontamos a mediados del año del dragón, julio, y llegamos hasta el 22 de febrero del año 4723, en la gran celebración del año nuevo chino, en la plaza Las Tejas, en Córdoba, ante una multitud de diez mil almas sedientas de participar en múltiples eventos, el 22 y el 23 de febrero, en días de infierno climático.
Al promediar marzo del año del dragón, fui convocada por Angélica Olvera para participar del medio siglo de la universidad del CUDEC, en una cumbre sistémica con los más elevados maestros, consteladores, médicos, abogados, jueces, artistas, historiadores, antropólogos del mundo.
Mi especialidad: los 41 libros de horóscopo chino, que llegaron a México hace tres décadas, y la historia de vida, en la que se conjugan las constelaciones familiares y mi encuentro con Angélica en un seminario que dio en el año 2009, en el barrio de Belgrano, en una escuela en la que supe que esta mujer era mil mujeres en una, y que seríamos amigas por la sintonía y vibración que surgió en esa semana entre ambas. Así fue; admiración mutua y trabajos compartidos.
En el libro 2021 del búfalo, ella escribió un capítulo apasionante de astrología china y constelaciones familiares, y por mi parte realicé dos participaciones en el CUDEC, celebrando el año del conejo de agua y la inolvidable cumbre de líderes sistémicos en un julio con diluvios tropicales y resurrección en el KUNDALINI.
Fue el regalo más grande de mi vida.
La organización resultó magistral.
La atención a cada uno de los profesionales que disertamos allí, un lujo; nos mimaron desde que llegamos hasta que nos fuimos, sin un error, una situación molesta, fuera de lugar o incómoda.
La amorosidad del grupo CUDEC en cada área y su profesionalismo brillaron ante quinientas personas en el salón principal, donde flamearon dieciséis banderas de países hermanos.
Mi lugar fue en la primera fila, junto con los más reconocidos profesionales del mundo. Algunas caras conocidas, experiencias de años en Argentina y otros países me dieron alegría y familiaridad. Y el gran milagro fue verla a Angélica, nuestra anfitriona, recibiéndonos íntegra, esplendida, en eje, con su manantial afectivo hacia nosotros.
Cuando partió Alfonso Malpica, su compañero, marido, padre de Angie y de Alfonso y heredero del CUDEC, su vida se desmoronó, y su salud también. Fueron dos años en los que Angélica, sabia, se entregó al viaje que la esperaba en la tierra, con la somatización inevitable de su pérdida y de sus nuevas responsabilidades.
Estuve alojada en un hotel cercano al CUDEC, y el gran Juan Carlos, rata de metal, con una puntualidad digna de su responsabilidad, nos buscaba a Elsa Farrus y José Luis, su marido, en su vehículo galáctico con paraguas y evitando los tres pisos de escalera para que pudiéramos subir al estadio, salón inmenso en el que Hellinger dio sus seminarios por veinte años.
Durante los encuentros, en los breves recreos saludaba a argentinas de distintos sitios, y a cordobesas, algunas de las cuales me eran conocidas, y a gente que se acercaba con gran cariño porque me conocía por mis libros. Mientras, tomábamos aire para reponernos de la trasmutación cerebral, física, emocional, que fue una multiprocesadora en mi caso.
Cada noche, después de comer algo liviano y darme una ducha, caía como una piedra al fondo del mar, y era visitada por sueños que me acompañaban durante el día, sin saber si lo que vivía allí era el gran sueño o una realidad de nuevos planos que afectaban mi organismo.
Llegó el día de mi presentación, y me preparé desde la noche anterior, como lo hago cuando tengo grandes desafíos. Empecé por la vocalización, el vestuario, la respiración, inhalar y exhalar y llegar cuarenta minutos antes al CUDEC.
Angélica fue mi partenaire, contando cómo nos conocimos en Buenos Aires, y el flechazo que tuvimos ambas en ese momento.
Me presenté diciendo que mis iniciales son LSD, que soy alucinógena y no necesito nada para alterar mi estado natural de vida.
Explotó una carcajada grupal que fue el arranque para que me sumergiera en mi historia familiar, que fluyó como el río Negro desde su deshielo en la cordillera hasta llegar al océano.
Cuando estoy en “mi mundo” no hay horario ni límites para desarrollar el tema que me convoca.
Di todo, me escucharon como en misa, y recibí una ovación que atesoro en mi corazón y evoco cuando me siento triste.
México fue un manantial de seres creativos como Elsa Farrus, que ilustra con su corazón y talento este libro equino, Mireia Darder, experta consteladora con el capítulo de la sexualidad, Tiuu Bolzmann con su cuento chino, junto a Kary Malpica, Clara Ventura y quienes participan en este anuario.
Siembra y cosecha en simultáneo. Fertilidad de una vida conectando con seres que están en el TAO y ofrecen sus descubrimientos, y la gran despedida con baile y diplomas, a la que no asistí, pues la última tarde empezó mi licuadora emocional por un mes y creí que me moría en ese hotel con vista a Puebla.
Abrí las compuertas blindadas por décadas, y mi sistema digestivo se hizo cargo de las consecuencias.
Pasé cuatro días en el hotel La Condesa, en Ciudad de México, con más lluvia y la fallida votación del 28 de julio en Venezuela, donde el karma enquistado produjo tantas revueltas y gritos ahogados en un destino satánico que aún perdura.
A nivel mundial, indiferencia. E invisibilizar el resultado de las urnas siendo cómplices de una secta de tiranos que sodomiza a su pueblo y que apagó la última esperanza de volver a ser un país democrático…
Estuve dos días paseando por el barrio, haciendo compras y regalos, mejorando mi cara, piel, manos, y sintiendo que esta vez volver a Buenos Aires y a mi mundo sería diferente.
Esta experiencia no se puede transmitir, hay que vivirla.
México siempre me transporta a otros mundos, los que me habitan y resucitaron en experiencias transmutadoras como el amor, el chamanismo, el conocimiento, la soledad y los riesgos que viví sin medir las consecuencias.
La vi a Cristina Alvarado, mi amiga, colaboradora esencial del libro, nos abrazamos como hermanas, me contó su tránsito de adulta huérfana, de esposa y heredera para continuar con la finca de su abuela Acacia, donde tiene a cargo a los doce animales del horóscopo chino.
La quiero y admiro.
30 de julio. El vuelo fue con turbulencias, de día, eterno.
Retorné a Maximona, con pocas visitas de Catman, preocupado por mi salud.
Comentando con las amigas que estuvimos en el CUDEC, somos varias las que somatizamos esta experiencia con alteraciones en nuestros siete cuerpos, y el emocional.
Misión cumplida.
Agosto es un mes de desafíos, y en el calendario chino es mes mono. Tenía una invitación para la Feria del Libro de Jujuy, que cumplía veinte años; había ido a la primera y a la sexta, y había confirmado mi presencia antes de mi viaje a México. Preparé mis siete cuerpos, y todavía débil, después de la cumbre en el CUDEC, me puse en contacto con Andy, mi amiga de las rutas mayas que “causalmente viajaba el mismo día y en el mismo vuelo”.
Catman iría desde Córdoba, pues tiene parte de su familia allí, y recuerdos de su adolescencia; las cartas del destino lo llevaron a vivir un tiempo en San Salvador y se enamoró del Norte en sus primeras incursiones en moto.
Otra sorpresa: Reynaldo Sietecase y Mariela viajaban en la misma línea de asientos conmigo.
Hacia allá vamos.
Ustedes saben, querido zoo, que parte de mi inspiración está relacionada con los viajes. No solo los del mundo, sino los de la Argentina, fuente inagotable de vivencias.
Allí me esperaban Claudio y Giselle, su hermana, que se radicó desde joven en Jujuy y formó una familia amorosa.
Lindos abrazos, intercambio con los amigos del vuelo, y “ya nos veremos en la Feria”.
Ya en nuestro alojamiento, de noche, con ganas de reencontrarnos con Catman después de veinte días, agradecimos las invitaciones de la gente de cultura, que amablemente nos convidaban a compartir su mesa.
Al día siguiente, 17 de agosto, tenía la presentación en la Sociedad Española, que es un edificio inmenso, con patios, salones, galerías con eventos simultáneos que enriquecieron la vigésima Feria del Libro en Jujuy.
El cariño del equipo de producción de la Feria nos recibió, y después de asentarme y pedir permiso al recinto con mis ceremonias, salí al escenario. Allí vi gente de todas las edades que me escuchaban y pude dar el panorama del año del dragón, cuya influencia ya estaba omnipresente con sus desafíos y pruebas personales y nacionales.
Disfruté el encuentro. Luego, al atardecer, firmé libros en el patio, junto a un público respetuoso y atento a mi mensaje.
Según el orden, en la Feria seguía Reynaldo, a quien le dije: “Te dejo la sala con muy buena onda”, y también asistí a su presentación de su último libro.
Qué alegría invadía mi corazón.
Fuimos invitados a comer las ricas empanadas, la humita en chala, los tamales, y vimos brillar la Vía Láctea de regreso al hotel. Al día siguiente Giselle nos llevó a Purmamarca, al maravilloso hotel Ecotel Posta, donde nos dieron la bienvenida con una habitación amplia, templada, con balcón y vista al Cerro de los Siete Colores.
El viento nos acompañó los tres días que estuvimos allí, que fueron soleados, pero el cambio drástico del clima impidió planear caminatas muy largas en el área.
Siempre me gustó la zona que abarca desde Maymará hacia la Quebrada de Humahuaca, y quedamos con ganas de probar el tren ecológico, que requiere paciencia china e inca para abordarlo.
Caminamos dos días por el pueblo, y notamos el crecimiento de la oferta de artesanías, tejidos, cerámicas, productos de sanación respecto de la última vez que estuvimos, hace siete años.
La invasión de autos y 4 x 4 rompía la quietud del tiempo que parece detenerse en esos lugares. Los vehículos deberían dejarse en un estacionamiento a la entrada del pueblo, pues alteran la ecología del lugar.
Tampoco pudimos destacar la gastronomía, algo allí había cambiado.
Un mediodía Andy y Leda nos invitaron a El Manantial del Silencio −hotel majestuoso donde alguna vez nos alojamos− para almorzar y ponernos al día con nuestras vidas, que compartimos en las rutas mayas hace treinta años.
Andy sigue con “Hijas de la Luna”, su empresa creada hace tiempo con telares, alfombras, ponchos de las comunidades de la zona, con la revalorización de su manera de teñir sus lanas, los diseños autóctonos, y el talento de unificar la historia del telar en nuestras tierras.
Es cierto que la vida allí es difícil, con cortes de luz y de wifi.
Vivir en Traslasierra me pareció el primer mundo al lado de la Puna. Hay que valorar el trabajo arduo de quienes cuidan los jardines, se ocupan del mantenimiento de las casas y del equilibrio del lugar.
Dos días en San Salvador y el retorno a Córdoba en un vuelo junto a Gaba Robin y su marido.
País que amo, y en cada viaje agradezco tanta experiencia humana y de gente maravillosa que lo habita.
El anuncio al llegar a Córdoba era que Altas Cumbres estaba cerrada por nieve.
Omomom.
La vuelta que hay que dar para llegar a mi casa dura tres horas más. Decidí quedarme en el hotel Holiday Inn y asentar mi llegada mientras Catman volvía raudo al hogar.
Es tan necesario tener esos espacios entre viaje y viaje; en ellos mi alma comienza a asimilar las vivencias; las entresueño, revivo momentos que serán parte de mi escultura humana.
Al día siguiente, ya más fortalecida, Guillermo vino a buscarme y cruzamos Altas Cumbres con un sol tibio, cielo azul y el horizonte despejado.
Llegar a Feng Shui siempre me da alegría; abrir las ventanas de mi cuarto, mirar los árboles, reencontrar a nuestros perros, aunque estén muertos, con sus tumbas en el jardín. Abrazar veinticinco años de vida serrana, que no cambio por nada.
Septiembre…
El 1° estuvimos con Catman en el Centro Cultural Comechingones de Mina Clavero, con una exposición de él y mi conferencia sobre el año del dragón, que ya se manifestaba con la tremenda sequía y los focos de incendio en toda la provincia de Córdoba.
Concurrencia muy interesada en mi visión del país y del mundo, amigos locales y gran cariño de parte de las organizadoras, Belén Martínez y su equipo.
Los días pasaban con peores noticias sobre el fuego, ese fuego que llevó cuatro veces mi casa de la infancia y tres veces el campo.
Esta vez, no llegaba a Traslasierra, pero los amigos estaban atravesando el horror en Capilla del Monte, en La Cumbre, Cruz del Eje, Villa de Soto, La Cumbrecita.
Me levantaba con humo en los cuatro puntos cardinales y rezando, haciendo ceremonias para la llegada de la lluvia, el aquietamiento del viento, un visitante que nos trae primaveras tanáticas.
Estaba muy angustiada y sin consuelo. Empatía con quienes a puro “huevo y candela” defendían sus casas y animales, hijos y abuelos con palas, escobas pichanas y amor por lo que les costó una vida construir.
Se secaba todo: la huerta, los frutales, el pasto, los siempreverdes que ya estaban amarronados, los laureles y los cerezos en flor.
Quería irme. Volver a Buenos Aires, ver a mi hermana, encerrarme en la ciudad y no padecer tanta angustia.
Además, comenzaba la prensa del libro de la serpiente y tenía que empezar con la gran rueda de prensa que me acompaña hace tiempo.
Chau, Valle de Pasiones; espero verte cuando reverdezcas.
Abrí la puerta de Maximona, mi búnker porteño, y me tiré en la cama desolada. Las imágenes que traía eran nefastas.
Y no había pronóstico de lluvia por un largo tiempo.
Octubre es el mes en que sale el libro y tengo la agenda que explota. Laborterapia.
Así fue, con el cariño y respeto de periodistas que con entusiasmo quieren saber qué pasará. Soy intensa, doy todo en cada nota y dejo que el feedback me nutra con la curiosidad de quienes me entrevistan.
Lujos como Jorge Fernández Díaz, Reynaldo Sietecase, Luis Novaresio y la infaltable Mirtha Legrand, entre otros.
Presentación en la librería El Ateneo en la calle Santa Fe entre Callao y Riobamba, con la participación de Fransia, mi bella sobrina, cantando en la previa.
Fue al estilo café concert de los años 60, con gente en el piso, apretujada en las escaleras, incómoda pero feliz con mi performance de la presentación.
Tres horas de firma y ni un vaso de agua.
Ayyy, si supieran los actos fallidos que hay con la best seller.
Gustaron la tapa del libro con el abanico y las serpientes, y la agenda, una obra de arte que crece cada año con artistas y trabajo en equipo.
Cerca del 8 de octubre, crucé el río amarronado en el Buquebus para llegar a la Feria del Libro de Montevideo.
Gran pausa que me da la vida: la visceral necesidad de estar cerca del agua, del río, del mar, de un aire que me sacara el fuego del olfato, gusto y vista.
Directo al Radisson, mi casa templo desde los veinte años, y el reencuentro con su personal, que siempre es grato y amable.
Almuerzo en el piso 25, sola, antes de comenzar con la rueda de prensa.
Gracias, vida, por esta linda visita que necesitaba para ahuyentar el fuego que me persigue desde que nací.
Cada día, con tiempo humano entre nota y nota, me reencontré con Marina, la chica de prensa, y después con Julián y su equipo.
El día de la presentación, Adriana, mi hada charrúa, llegó a producirme y dejarme bien mona. Compartimos nuestras experiencias; a ambas el año del conejo y el del dragón nos marcaron a fuego.
Adriana, Edgardo y Francis son parte de mi familia en Uruguay. Nos queremos, aconsejamos, y sentimos un lazo profundo de amor que nos une más allá del NAJT (espacio-tiempo).
La presentación fue una ceremonia en el salón azul de la Intendencia. El lugar estaba lleno, con amigos, con público que ya es parte de tres generaciones, y la compañía en la charla de Ana Isabel Veny, la gran colaboradora del libro.
Una larga fila para el reencuentro con los lectores, y el retorno al hotel, sola, a comer tallarines al pesto y una copa de vino que fue la recompensa a la entrega de prana de la tarde.
Gracias, Uruguay, cada día te amo más.
Caminé por la Rambla, dejándome invadir por el olor y alguna ola que me salpicaba y recordaba que estaba viva, que cuando volviera a Córdoba, la pesadilla habría terminado.
En noviembre me esperaba mi deseado regreso a Viedma, y a los amigos y la Feria del Libro.
Hacia allá fuimos.
Mientras escribo este prólogo ocurrió la tragedia de Bahía Blanca.
Nos paralizamos ante otra señal de esas que muchos políticos prefieren ignorar para no hacer inversiones preventivas: en el mismo lugar hace año y medio pasó otra gran desgracia.
“No somos nada”, decía mi papá.
Y, viendo las imágenes, la desolación, la incertidumbre de cuánta gente ha muerto, y cuánta aún está desaparecida, es difícil comer, dormir en nuestra casa sin sentir culpa.
Bahía Blanca es una ciudad por la que pasa el bus rumbo a Viedma.
Hice el viaje de ese modo el año pasado, pues las huelgas y paros de Aerolíneas Argentinas nos tuvieron a los viajeros con un plan B.
Con Flavia, que escribió el capítulo psiconúbico, nos encontramos en Retiro en una tórrida tarde de noviembre.
Ambas sabemos que desde hace tiempo los viajes largos de más de doce horas requieren ir con alguna vianda, pues a pesar de que las tarifas suben, el servicio es cada vez peor.
Hay que conformarse con llegar vivas: sin asaltos dentro y fuera de la ruta y preparadas para la maratón que siempre requiere cada evento. Volver a Viedma era para mí un regalo del año del dragón.
Mis amigos, Juan y Lili Marchessi, recién llegados de Curitiba, en Brasil, y con homenajes en Viedma; Silvana, la gran escultora y mujer todo terreno que nos abrió su taller, casa y corazón desde siempre, y los nuevos amigos y organizadores fueron amables y cariñosos con las viajeras que solo deseábamos llegar a un hotel, tener un baño, una cama y un buen café para resucitar.
Desensillamos, y caminando fuimos hasta la orilla del río Negro, al sitio para el que teníamos la invitación los días que estaríamos en la comarca.
Flavia se sintió afín al lugar apenas lo pisó.
Y la primavera ventosa y soleada me dio un baño de eros que necesitaba, fragancias a madreselvas, jazmines, rosa y río, un perfume que impregnó mis sentidos, abriendo la imaginación y la percepción.
Fernando y Cinthia fueron los enviados de Cultura para atendernos en lo que necesitáramos. Y así fue.
El predio, donde ya había estado, me sorprendió por su volumen, espacios, mesas de libros, secciones diversas, ámbitos de arte, y la convocatoria, que fue la más grande desde la creación de la feria allí.
Cuando hacíamos recreos por trabajo o por descanso, alguna salía a caminar y llamaba a la otra para encontrarnos en algún bar, plaza o rincón adorable de Viedma.
La luna llena nos acompañó, la brisa suave nos acarició, y pudimos reírnos a las carcajadas, algo muy sanador en tiempos de caras tristes y aburridas.
Llegó la tarde de la presentación; ambas nos preparamos para pisar el escenario del auditorio, teatro, santuario.
Estaba lleno, repleto. Cuatrocientas personas venían a escuchar las predicciones del año del dragón y de la serpiente.
Flavia salió primero, y los ángeles la acompañaron en su ritual, en el que capturó la atención de mujeres, hombres y niños explicando el arte núbico.
Después aparecí, con mi talismán serpiente iluminada de Leo Abremón, bailando y zigzagueando en el escenario como Lady Gaga. Y en ese NAJT (espacio-tiempo) nos eternizamos las almas que estaban allí y yo.
Firmé libros y agendas a una larga fila de lectores, y casi a medianoche nos fuimos de la maravillosa feria a comer con Fernando, Cinthia y Flavia al restaurante del predio, y a saborear unos ricos vinos para dormir el sueño de las ninfas.
Asistieron al teatro Paulo y Cecilia, mis amigos desde el primer viaje a Viedma; nuestra relación es perenne.
Al día siguiente nos invitaron a pasear por la playa, previa escala en las orillas del Currú Leuvú, mientras organizaban el picnic, el auto y la tripulación.
Paulo y Cecilia eran nuestros guías en un domingo radiante de sol, rumbo al mar. Flavia abría sus ojos como telescopios; ese aire, el río, el sol, y la ruta donde el mar asomaba y daba su majestuoso saludo fueron mimos que ambas necesitábamos, en un día diáfano y despejado.
Paulo manejó atento a la charla de nosotras, Cecilia es una divertida compañera de viaje, guía turística, sibarita, yegüita, que aprecia su lugar natal y lo comparte con amigos y turistas que se aventuran en esas playas azules, verdes, grises, según sea el antojo del día, donde se ven lobos marinos, tiburones y delfines danzando.
Qué bien hace sentir el viento al lado del mar cuando vivís en la montaña, los cambios de la luz en minutos o instantes, y tener un techo para refugiarse.
En la lobería, a sesenta kilómetros de Viedma, en el parador, almorzamos una picada de pescado, miniaturas, rabas, mejillones con ensalada y papas rústicas, felices, muy felices de estar allí.
Una familia pionera se aventuró hace unos años a instalar un lugar ameno para los visitantes.
Flavia juró que pasaría su cumpleaños allí. El mar, ese mar infinito, le recordó Brasil.
Retornamos, y nuestros equinos amigos nos señalaron un lugar donde se avistan ovnis, y donde hay ya información y libros que relatan esto, señalándolo como un punto estratégico del país.
Y sintiendo que el día aún nos daba la chance de visitar Carmen de Patagones, fuimos allí a recorrer sus calles, casas, veredas, plazas, historia.
Agradecí una vez más la oportunidad estar ahí y compartirlo con Flavia, pues fue una ocupación portuguesa, un episodio histórico que pocos conocen; en la iglesia se conserva la bandera junto a la nuestra.
El domingo estaba lleno de gente bañándose en el río, había botes, veleros, y alegría. La comarca es un lugar para sentir que retornamos a valorar los pequeños e importantes momentos de la vida.
Gran día; después de despedirnos de nuestros anfitriones, volvimos al hotel para estar a solas digiriendo tanto prana.
Flavia partía esa tarde y estaba con la mirada perdida en un nuevo lugar que la había flechado.
Apareció Fernando, el soldado que nunca nos abandonó, y después de un “hasta luego”, la llevó a la terminal de buses.
Al mediodía del día siguiente, Fernando me llevó a la orilla del río a almorzar en un restaurante soñado.
Otro día de sol, de magia, en Viedma, la ciudad a orillas del río Negro que Francisco de Biedma y Narváez fundó hace más de doscientos años.
Hicimos un balance de la gira, y ambos estábamos muy contentos de los resultados cuando irrumpió de pronto en la mesa Marcos Castro, el intendente de Viedma. No sabía que iría; jovial, simpático, inteligente, mono de metal, empatizamos al toque.
Surgió de mí decirle que, para este año 2025, de la serpiente, me gustaría celebrar el aniversario de la Fundación Espiritual de la Argentina en Viedma.
El reloj se detuvo.
Nos miramos a los ojos, y sentí un resplandor del agua mansa que jugaba en la orilla del río, que nos invitaba a hacer esta promesa de común acuerdo, y felices.
Fernando fue testigo de esta conjunción astral, del fluir en momentos en los que todo está alineado, para que la Fundación sea nómada y podamos transmitir nuestro conocimiento y sumar almas a este movimiento humanista, cultural, artístico y de gente que creemos que los cambios son de adentro hacia afuera.
Qué dicha tan grande sentí, querido zoo.
Una vez más, la intuición me guio, me llevó a una ciudad que Alfonsín soñó como la capital de la Argentina, y nosotros como una expansión de 21 años de conciencia.
¿Qué más podía brindarme este viaje?
Seguir la gira y contarlo el 4 de diciembre último ante los fundanautas que llegaron para cumplir la “antigua mayoría de edad”.
¡¡¡Viva la vida!!!
Noviembre es siempre, desde que salió mi primer anuario, en el año 1984, el mes de promoción, giras, viajes perfumados de jazmines, azahares, madreselvas y retamas.
Volví en bus a Retiro, doce horas mirando el paisaje que tanto me enamora y diciendo gracias a todos, al clima, a los amigos por esta visita tan pródiga en brotes de vida.
Un alto en CABA, ver a Magui, contarle mis aventuras, y a los tres días viajar a Mar del Plata para la Feria del Libro.
Mi acompañante, Gabriel Oyhanarte, mi gurí “todo terreno”, y el que me deja diosa en cada presentación, tapa, programa de TV, con su talento de gran artista y amigo.
Hacía más de seis años que no visitaba la ciudad donde pasé largos veranos en mi infancia y juventud, siempre colmados de buenos recuerdos.
El viaje fue muy agradable, salimos con una llovizna suave y llegamos con sol rajante.
En la terminal nos esperaba Jorgelina, la representante de Random allí, donde Mirtha es la referente más conocida de ese majestuoso hotel con vista al mar y atención excelente en cada área.
La razón que me movilizó para ir a una Feria del Libro en un lugar off Broadway, deteriorado, una usina abandonada y sin infraestructura, fue reencontrarme con un gran amigo, Claudio Sabadín.
Nos conocimos hace más de tres décadas, en mis inicios como rara avis con el horóscopo chino, ya best seller, y él como distribuidor y representante de Planeta.
Recorrimos muchas ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires compartiendo esa desbocada juventud, cuando el presente nos alcanzaba para reírnos, conocer gente, comer rico y desafiar el futuro; todo era “aquí y ahora”.
Claudio creció y hace años eligió Mar del Plata por amor y para establecerse con Libros de la Arena, tener varias librerías y darle trabajo a mucha gente, a pesar de la ciclotímica Argentina y sus situaciones económicas, que fueron tsunamis que pudo atravesar.
Su salud recibió los impactos de la vida.
Nos reunimos en la usina, en su stand, que había decorado una artista genial de Mar del Plata, y junto a Gisella, su búfala mujer pura sangre nos dimos un abrazo corazón a corazón.
La sala se llenó a pesar del diluvio que azotó la ciudad.
Un público atento escuchó mi charla, y la gran sorpresa ocurrió cuando Claudio me presentó, y dijo algo que les juro no sabía: “en 41 años, Ludovica vendió seis millones de libros aproximadamente”.
Fue un día muy emotivo para todos; con Gabriel decidimos ir al hotel y celebrar este éxito con una buena comida y un vino tinto. Y dormir la mona.
Al mediodía siguiente, Claudio y Gisella me invitaron a almorzar en un restaurante al lado del océano, más azul y verde esperanza que los ojos de Claudio.
Nuestra charla fue muy íntima, con recuerdos de giras y anécdotas de juventud. Y ellos me contaban muy entusiasmados que al día siguiente viajaban a Playa del Carmen y luego a Chicago.
Sentí un escalofrío en el cuerpo. Me parecía que Claudio aún estaba débil para viajar, y a lugares tan disímiles en clima y experiencias. Contuve mi feeling y les deseé muy buen viaje con un “hasta pronto” en nuestra querida Mar del Plata, donde el mar trae y lleva movimientos del alma invisibles.
Ayer, 12 de marzo, el caos y el horror, en contracara de la tragedia de Bahía Blanca, colmaron la atención del país y del mundo.
Sentí un déjà vu que me sacó de raíz la inspiración que fluía al mediodía, cuando preparé una tarta de zapallitos, uno de mis hits culinarios, y almorzábamos con Catman viendo los episodios dantescos dentro y fuera del Congreso.
La excusa: el apoyo a los jubilados en sus protestas, con los barrabravas y los mafiosos que están siempre listos para desestabilizar a la gente que intenta, como el cangrejo, avanzar en el lodazal que es Argentina. El malestar, las noticias de los heridos, de los enfrentamientos eran de las peores que mi memoria celular recordaba.
Acá llovió todo el día, el primer fuego del otoño nos dio calidez para no paralizarnos en nuestras tareas.
Después de ir a Mar del Plata, de hacer notas en Buenos Aires, me preparaba para el aniversario 21 de la Fundación Espiritual de la Argentina. Fue una visión que tuve hace 23 años escribiendo las predicciones para la Argentina basadas en el I CHING.
La convocatoria consistió en la celebración en el campo fundacional el 4 de diciembre a las 18 horas, y una semana de seminarios en el valle sobre arte, meditación, astrología hindú, numerología, constelaciones familiares, I CHING, arte núbico, mandalas, diksha, y feng shui.
El 4, desde la mañana, nos acompañó el clima templado, sin nubes que acecharan el resultado del evento o presentaran un impedimento para llegar a concretar las ganas de vernos, de abrazarnos, indexar el ciclotímico año del dragón, y disfrutar el prana que logramos conseguir.
El campo estaba de gala; Catman, Federico y los avatares dejaron una armonía que se respiraba antes de llegar.
Nuestro amado carro de los jugos naturales de los amigos de Las Rosas, quienes pusieron sus puestos de comida y compartieron vivencias junto al fuego, los amigos entrañables y queridos como Guille Olivero, que siempre nos deleita con su asado y filosofía, Guillermo Canton, el gallo pampa al acecho de alguna pollita, y el elenco estable: Flavia, Valentina, Fer Manguz, Deepak Ananda, Carla Aguirre, Mario Chinosaurio, y los espíritus sanavirones y comechingones que nos acompañan guiando la ceremonia.
Sentí que salía de mi camarín, junto a Noe, mi monita querida y talentosa, para estar plena, bella, para caminar junto a Fernando con la ahumada en las cuatro direcciones antes de danzar.
Marta Estrada, pilar fundamental, estaba allí, filmando, sacando fotos y con su alma abierta y generosa compartiendo un día histórico fundacional.
La tarde serena, abierta, lista para abrazarnos en un día en que la música y el arte se conjugaron para cerrar un ciclo en el campo fundacional.
Desde este año seremos nómadas y visitaremos otras provincias, ciudades, pueblos que quieran sumarse a la caravana.
El exquisito catering de Iván y Cecilia nos deleitó mientras una estrella fugaz nos confirmaba que estábamos guiados y amparados desde el más allá.
Muy grato ágape, amigos, nuevos invitados, la recompensa de sentir que la misión fue honrada, y con un mensaje claro y concreto.
Seguiremos hacia Viedma y la comarca, si Dios y los astros nos acompañan.
Esa noche dormimos en La Adobada, nuestro lugar en el campo, como pudimos, y el amanecer nos invitó a hacer mutis por el foro rumbo a Feng Shui.
Diciembre es el mes de mi descanso, de agradecer el camino que fue dulce y esperar, celebrar el solsticio de verano en Agua de Oro, en el campo de María Belén Suárez Lastra y su tribu.
El descanso en Feng Shui nunca es automático; debo dejar cada día el spam que alteró mi salud holística. También hay que superar los sobresaltos que tenemos los mortales para adaptarnos en tiempo récord a las intenciones del prójimo, que pueden ser para que estemos en eje o para sacarnos del TAO (camino), y de ese modo sentirse fuerte, poderoso, dominante.
Omomom.
María Belén es una amiga escritora, editora y gran productora de eventos reconocidos en Córdoba; una gran profesional.
En el invierno habíamos conversado sobre hacer algo juntas, y pusimos las coordenadas en acción: día, hora, lugar.
Habíamos sido invitados al hotel San Leonardo, en Agua de Oro, pueblo que está en las Sierras Chicas y cerca de Río Ceballos y Ascochinga, y llegamos hasta allí con Catman manejando desde Feng Shui. Era una mañana templada en la que daban ganas de hacer un poco de miniturismo en la magnífica provincia de Córdoba.
El sol del mediodía caía como un soplete sobre nosotros cuando aterrizamos en este notable hotel, donde el buen gusto del espacio, la decoración, el silencio nos dieron la bienvenida.
Un cuarto decorado con muebles chinos y vista al jardín fue una caricia que atesoro en mi ADN.
Almorzamos en el comedor, observando el feng shui del precioso lugar.
Realmente fue una invitación por dos días de María Belén y su dueña, que nos transportaron a otra frecuencia, descubriendo un río lindante que fluía con el murmullo de los sonidos y perfumes de un reino encantado.
Llegó el 21 de diciembre: la lluvia bendita no cesaba y la térmica, para mi felicidad, estaba en 20 grados; doce menos que el día anterior.
María Belén me llamaba angustiada, ¿lo hacemos o no lo hacemos? Era en su campo, al aire libre, al atardecer. Posponerlo no era factible.
La decisión fue: sí, lo hacemos. A fluir con el solsticio fresco y bendecido por el agua, que tanta falta hacía a la Pacha.
Una amorosa maquilladora del pueblo vino al hotel junto a una peluquera, y quedé monísima.
Como en el teatro, me transformó sentirme con los poderes mágicos para mis apariciones en lugares recónditos del planeta.
Julio, nuestro amigo perro, nos guio hasta el campo, no es fácil llegar al paraíso nave de María Belén, que nos esperaba con esa generosidad que abarca la Vía Láctea.
Belleza en panorámica, atardecer en el que salió el sol, y se mezcló con algunas nubes húmedas produciendo una luz digna del Renacimiento.
Carpas, gente, espacio, magia, todo en sintonía para que LSD expanda su mensaje.
Estaba deslumbrada con el lugar; realmente mi admiración creció hacia Belén, que después me contó lo que fue la odisea de comprar ese lugar y las pruebas que tuvo que atravesar.
Estuve inspiradísima, la gente en círculo escuchó atentamente el mensaje y después brindamos, reímos, bailamos con una orquesta genial que fue un chimichurri para la despejada noche que nos cubrió con su manto.
Llegaron Navidad y Año Nuevo. Sin ánimo de descorchar champán y guardados en Feng Shui con nuestros espíritus, recuerdos, con días de tormentas internas y externas. Por suerte celebro el año chino, y dejo que llegue el 1° de enero como un día en el purgatorio.
La primera quincena fue de afloje, descanso, siestas, pileta al atardecer, pues la térmica comenzó a elevarse hasta quemarnos a las 8 de la mañana.
Sorpresas editoriales, imprevista suspensión de lugares de giras, explicaciones sin sentido. La transición entre el dragón y la serpiente se convirtió en lo que vino después.
Nos alegraba la segunda gira de enero en Uruguay, país que amo y visito desde los quince años y donde me siento parte de su gente y geografía.
Breve escala en “Malos Aires”, que era “la caldera del diablo” y embarcarnos en el Buquebus rumbo a Colonia: primera posta en la posada del Ángel, lugar que visitamos hace años luz, invitados por Carlos Camarotti y sus ángeles custodios. La presentación estaba anunciada para el domingo 19 al atardecer.
Por la cantidad de reservas que había, sería en el armónico jardín, bien decorado por Carlos y los asistentes, bajo un cielo amenazador.
Sonaban los teléfonos para saber si se suspendía o no. Le dije al anfitrión que no tenía ningún problema en pasarlo para el día siguiente. Y así fue.
El sol brilló desde el amanecer hasta la hora de la presentación, que fue asistida por la nitidez del cielo y Venus, la Cruz del Sur y los Siete Cabritos.
Gran inspiración y silencio de misa.
Fue un éxito; Carlos, que había tenido gran estrés, aflojó la cincha y nos invitó a comer y a brindar en un restaurante cercano y lleno de gente alegre.
Dormimos más de lo habitual y salimos después de desayunar a caminar por la ciudad vieja, donde había poca gente por la crisis económica de Argentina.
Conocimos a Daniel Balmaceda, vecino de la Posada del Ángel, que vino a la presentación. Nos despedimos en la calle, dejando partículas álmicas en el empedrado, sintiendo que para Cat y para mí, Colonia es parte de nuestra vida afectiva antes y después de conocernos.
Ana, nuestra amiga de viajes charrúas, nos esperaba puntualísima para llevarnos al Argentino Hotel. Después de meses de no vernos teníamos temas de conversación… y también distracción en el momento de elegir una ruta, pues nuestra conductora nos trasladó por caminos internos, con cortes, arreglos, charcos, y el viaje se hizo eterno.
Una pena; si bien disfruto del paisaje de campo, sus pueblos, hay que reconocer que Uruguay tiene autopistas maravillosas y siempre son preferibles.
Llegamos al “útero templo que me alberga hace 40 años”, el Argentino Hotel.
Sebastián, Juanjo Méndez Requena y los que hace años llevan con amor y excelente profesionalismo el hotel nos dieron una grata bienvenida en el inicio de nuestra estadía de doce días maravillosos.
Nos instalamos en nuestra suite con vista al mar; no importan los defectos, detalles, por los que a veces otros huéspedes reclamarían. Sentirse en casa en una gira vale oro.
A almorzar liviano, sano, cuidando la salud y poniendo la onda en las piletas termales, el jardín, la lectura de libros, matizando la presentación con notas de queridos periodistas.
Llegó el día, y también el clima se conjugó para que la tarde, la puesta de sol y el público llegaran con ánimo y buena predisposición.
El reencuentro con Adriana, mi hada madrina que me produce, calma, tiene manos mágicas y un espíritu elevado, y de Ana Isabel, Edgardo, el elenco estable ayudaron a esta cita del TAO.
Uschi de María y su amiga en primera fila, y la zigzagueante cola para la firma fueron el broche de oro de una más de las legendarias presentaciones en las escalinatas del Argentino Hotel.
A comer y dormir; misión cumplida.
A los dos días, la cita en lo de Ago Páez Vilaró, en el Octógono, fue la cúspide de una gira bendecida por Kukulcán, el KUNDALINI, las serpientes de los símbolos orientales, Egipto, Asia, África, y quien ya era la reina de un año que en verano aún no asomaba para convertirse en lo que ya es.
La grata visita de Carlitos Perciavalle y sus avatares, Andy Fuchs, y algunos conocidos, junto a más gente de la habitual la convirtieron en una de las mejores presentaciones realizadas allí.
Anunciamos la inauguración del museo de Ago, que conocimos y fue mi camarín en una tórrida tarde de fin de enero, en la que sentí, vi, junto a otros, que un ovni nos observaba desde lo más alto del cielo.
Tal vez fue un dron, no creo, estaba casi a la altura de Venus.
Cerramos la velada con las empanadas de la gallita, vino, música y el arranque del año de la serpiente al irnos con Ana al Argentino Hotel.
Hasta siempre, Octógono, entidades, amores que flotan allí hasta que se apague la última estrella.
Un cambio de piel sistémico, humano, energético, de la geopolítica mundial, de guerras que aún siguen exterminando a la población, de seres oscuros en la dirigencia, de las potencias mundiales que se creen emperadores, tiranos con armas nucleares que diezman a inmigrantes dentro y fuera de sus fronteras.
Todo enroscado para protagonizar el fin de un ciclo en la humanidad.
Tiempo de retorno a “Malos Aires”. Vuelo directo Punta del Este-Buenos Aires. Adiós, Uruguay, te amo.
“La caldera del diablo” nos esperaba, y por suerte había un estoico chofer de la editorial para rescatarnos y llevarnos a nuestros bunkers porteños.
Reabastecernos, mirar cómo había quedado todo allá, con el paso de los días y las semanas, y decir “gracias, vida”, una vez más.
Con una breve estadía en la casa de una amiga, en Acassuso, sobrevivimos a la térmica porteña.
Vimos a algunos amigos, a Esteban, con quien como siempre fue una alegría sentir que el tiempo no había pasado, después de dos años de pausa en la relación.
Y el día del cumpleaños de Catman. Hoby, Pedro, Silvia y Fernando Odino con un menú digno de su talento nos visitaron, mientras nos zambullíamos en la pileta durante todo el día.
Me pesqué una gripe rara. Tal vez Cat me contagió, y en verano es incluso más incómodo que en invierno.
Luego el cumpleaños de Magui, mi hermana yegua, en la residencia del Pilar, donde los horarios cambian por estrés familiar y para evitar cortocircuitos.
Preparar la partida a Córdoba capital, para festejar el año nuevo chino en la Plaza Las Tejas, evento organizado por Cultura de Córdoba y el Instituto Confucio, con profesionalismo y diversidad. Los días 22 y 23, con una térmica de 41 grados fue un antes y después en mi vida.
En el hotel me recibieron con cariño.
Ana Sofía y Jovita fueron mis hadas madrinas en la preparación para atravesar una nueva prueba: dar las predicciones ofídicas ante diez mil personas que me escucharon atentamente, y sentí que podía morir de un paro cardiaco por el calor y la multitud.
Sobreviví. Feliz con mis avatares, Santiago, Mario y Cande, que me cuidaron como porcelana china.
Llegué al hotel bañada en sudor, creyendo que había retornado a China. Al evento no le faltó nada para que me sintiera en Córdoba, Argentina, pero me dio la sensación de que en la Docta nacía una nueva era de la influencia china en nuestra ciudad bendecida por el arte, la cultura y la expansión de la sabiduría oriental.
Comí sola unos tallarines al pesto y un vaso de vino tinto.
Después de una ducha dormí como en el útero materno hasta abrir los ojos con el sol en mi cara, diciendo: “Luli, misión cumplida”.
Llegaba la recompensa: Guillermo me llevaría a Feng Shui, donde estoy escribiendo el prólogo del año del caballo, y celebrando el cumpleaños del Cura Brochero.
L. S. D.
INTRODUCCIÓN A LA ASTROLOGÍA CHINA
por Cristina Alvarado Engfui
Destino y predicción
Una mirada desde las tradiciones y prácticas místicas chinas
人有千算,天则一算
Rén yǒu qiān suàn, tiān zé yī suàn
El hombre cuenta mil números,
el cielo cuenta un número supremo.1
En esta ocasión quisiera explicar qué es el destino desde el punto de vista de las tres escuelas espirituales y religiosas tradicionales chinas. Para entender lo que estas engloban tengo que echar al menos una mirada al concepto “Destino” en Occidente, de donde proviene la mayoría de nuestros lectores, y desde ahí partiré hacia Oriente.
En el momento en que se apaga una vida nace la duda existencial de quienes se quedan en este plano, ya que propósitos, esperanzas y deseos se van con quien ha fallecido. A partir de ese abismo emocional sujeto a la creencia en el Destino, uno piensa que quien parte de esta existencia debería haber cumplido una larga lista de aprendizajes y obligaciones para poder llegar al Cielo, al Nirvana, o a donde sea que partan o circulen las almas desencarnadas.
Para los budistas, si el Karma se ha quedado inconcluso, quien desencarnó pasará por los retos y requisitos narrados en el Bardo Thodol2 hasta reencarnar nuevamente en este plano, que bien podríamos llamar “escuela de la vida”. Los cristianos creen que hay castigos imposibles de narrar para quien cometió uno o todos los siete pecados capitales, en un infierno peor que el más horrendo de los rincones de este planeta. Para algunos ateos no hay ni cielo, ni infierno, ni reencarnación, pero cambian la palabra “destino” por “propósito”, y sin un camino fijado por este, la vida en sí se convierte en una existencia vacía propia de cualquier animal, mas no de un ser humano.
Al igual que otras palabras de significados subjetivos, como “divinidad”, “amor” y “justicia”, usamos la palabra “destino” a diestra y siniestra, lo cual ha suscitado discusiones eternas que siempre acaban en guerra. No exagero, cualquier excusa es buena para imponer una opinión sobre otra, desde lo personal hasta lo geopolítico. Un ejemplo claro es el del decimonónico “Destino Manifiesto”, concepto que siguen expresando figuras influyentes de la vida política de los Estados Unidos de América, y cuyo dictamen ha controlado en gran medida aspectos culturales y socioeconómicos de todo el planeta.
Vamos a la cuna de la cultura occidental. En la Grecia antigua, los filósofos, poetas y dramaturgos pasaron sus vidas teorizando sobre el concepto de destino. La narración general de una vida humana era dictada por los dioses en el Olimpo, antes del nacimiento, aunque este destino podía ser modificado a partir de algún capricho divino, o por un acto benéfico o criminal. Cuando se les consultaba por medio del oráculo, los dioses enviaban EL DICTAMEN a las pitonisas, mujeres que comprendían las voces divinas, que después comunicaban los dictámenes y las consecuencias que podrían acaecer a los consultantes si negaban ese destino. Un dictamen desobedecido llevaba a la tragedia, mientras que aceptar el destino impuesto convertía a los héroes en títeres que solo seguían instrucciones.
Aun así, la historia y mitología occidentales fueron escritas por quienes ejercieron su libre albedrío, sin importar el camino trazado por los dioses y los castigos que ayudarían a purgar los defectos de quienes escucharan esas historias. Las narraciones nacen de la inquietud humana de ver cuáles límites se pueden alcanzar o romper sin perder primero la vista, castigo común en esos relatos, y después la vida, que, de todos modos, perdemos, hayamos hecho algo constructivo o destructivo con nuestra existencia.
Veamos un ejemplo famoso: Sófocles puso especial atención al tema del destino en sus obras Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona. La acción dramática comienza cuando el padre de Edipo, el Rey Layo de Tebas, comete actos criminales que no me atrevo a mencionar en estas páginas. Atendiendo a las súplicas de los damnificados por estos crímenes, los dioses dictaron un destino y una profecía: Layo sería asesinado por su propio hijo, y este último se casaría con su propia madre, Yocasta. El rey quiso romper con el destino señalado motivado por su orgullo, “ubris” en griego, lo cual no solo tuvo consecuencias para él mismo, sino para su esposa, su desconocido hijo Edipo y hasta para los hijos de quien heredó reino, culpa y pecado sin saberlo. Conocer el destino que había sido trazado por los dioses antes de nacer fue lo que precipitó el desastre que impregnó a toda la familia real de Tebas, y no solo el acto de hacer conscientes las acciones que Edipo realizó durante su vida. Los sucesos más importantes en el mundo son casi siempre ineludibles.
Debido a historias como la de Edipo, cuando pensamos en “el destino” pensamos en castigos divinos, pesadillas premonitorias y hasta en mariposas negras que anuncian una muerte inmediata. Consultamos predicciones, barajas del Tarot, bolas de cristal, adivinos, brujos, brujas y, por supuesto, pitonisas. Se cree que ellas llegaron a Grecia desde el mítico Oriente, lugar tan subjetivo en el imaginario antiguo como la palabra “destino”. ¿Saben quiénes también provenían de Oriente? Los Tres Reyes Magos, que llevaban consigo oro para reconocer como rey al Dios Encarnado, incienso para ofrendarle, y mirra para predecir su muerte temprana.
De ese Oriente místico se desprenden historia, culturas y tradiciones reales provenientes de distintas naciones del continente asiático, de las cuales se mantiene casi intacta la cultura china, que cuenta con más de cuatro mil años de tradición ininterrumpida; en ella existe una noción muy particular de lo que significa el destino, y cómo podemos integrar ese conocimiento a nuestras vidas sin por ello perder una sola pizca de autodeterminación, inteligencia y voluntad.
En tiempos antiguos, Occidente y Oriente no estaban tan separados uno del otro como creemos. El legado escrito y oral de los caldeos −un grupo semítico que influenció toda Asia desde Mesopotamia− llevó su cosmovisión a todo el territorio mediterráneo. A ellos se les atribuye la creación del Tarot y el Zodíaco mal llamado “occidental”, de donde parten los primeros horóscopos conocidos. Los caldeos posiblemente influenciaron también la cultura china, gracias al intercambio comercial con ellos y con el resto de Asia Menor. El zodíaco chino tomó prestado el sistema del calendario lunar, y al hacerlo los chinos completaron el calendario agrícola solar que ya manejaban, creando así la hemerología,3 basada en los calendarios lunisolares Wan Nian Li
y Hsia
. Estos calendarios usan los doce signos del zodíaco chino como marcadores del día, el año, el mes e incluso las horas, y a la fecha rigen la vida civil y espiritual del Gigante Asiático y los descendientes de chinos en cualquier rincón del planeta, donde quiera que habiten.
Bajo estos calendarios y las tradiciones delimitadas por milenios de observación y meditación colectiva, se llegó a la conclusión de que el destino máximo es siempre uno: morir. Hace falta nacer y después fallecer para reencarnar, pero para trascender, llegar a la iluminación o convertirse en un inmortal es necesaria la experiencia humana. Ese destino único siempre ocurrirá de la manera en que tiene que ser. Yin: muerte, Yang: vida.
Pero estando aún con vida, la gente se ve tentada a saber qué es lo que viene señalado en el mañana: si habrá buen clima y cosecha, cuándo casarse, cuándo no hacerlo, si se vislumbra la paz o si la guerra es inevitable... “¿Qué será, será?”, cantó Doris Day en su día. Una de las tradiciones más antiguas consiste en ir a los templos donde se encuentren una o todas las figuras del Tai Sui, el Gran Duque Júpiter, y presentar ofrendas al Tai Sui que gobierne el año que va a comenzar para evitar que este se enoje, y con ello pasar por un mal año.
Hay sesenta figuras en total, las cuales representan a las sesenta posibles combinaciones de energías que describen el destino global cada año y cada uno de estos se repite cada sesenta años. Se cree que estas sesenta deidades fueron en algún otro momento personas de carne y hueso que tras vivir experiencias extraordinarias se convirtieron en inmortales, semidioses que con sus personalidades y actividades particulares le dan forma a la energía que rodea la tierra, y con ello señalan qué es prudente hacer o no hacer durante el año, en dónde sembrar, dónde cavar, qué lugares hay que dejar intactos, cuándo construir, comerciar, rezar, bañarse, cortarse el pelo… Estos inmortales, iracundos o pacíficos, amorosos o furiosos, militares o poetas, son descriptos también en el almanaque agrícola Tong Sheng
de manera matemática, pero rodeados de magia, ritual y esoterismo. Podríamos pensar entonces que no hay manera de liberarse de los designios invisibles de una corte privilegiada que impone reglamentos estrictos a los que estamos con vida en esta tercera dimensión, pero al final de cuentas parece que estos seres que dictan el destino en realidad trazan una diferencia entre los sucesos inevitables y los sucesos que podrían ocurrir si somos imprudentes o incluso criminales. El efecto mariposa podría provocar algo que ni siquiera vemos venir. Es decir: no hay que perder el tiempo tratando de alterar lo inamovible. Aprender a distinguir entre lo inevitable y lo que nos corresponde cambiar es el secreto de los dioses, pero domar nuestros propios destinos consiste en tener buenas intenciones ancladas en el corazón, ser compasivos, obrar con empatía, ser bondadosos y responsables de nosotros y del entorno. Los destinos del cielo y de la tierra carecen de intenciones; es decir que no nos podemos tomar como afrenta personal un terremoto o cualquier acto de la naturaleza o la simple ley de gravedad.
Lo que forma el destino del noble es la virtud, y esta nace de la práctica. En chino mandarín la palabra “virtud” se dice:
: dàodé, que significa virtud moral. Esto, en las enseñanzas taoístas, es similar al Amor incondicional que predicaba Jesús.
Basta ver a una persona que lleva muchos años practicando una sola actividad hasta llegar a la maestría para ver el amor puesto en su actividad. Por lo tanto, si hacemos de la virtud una actividad cotidiana, podemos evadir lo que nos hace daño. Hoy en día podemos ver en línea videos de ciudadanos chinos realizando tareas −tanto comunes como artísticas− que implican horas y horas de trabajo arduo. De un manojo de bambú, una muchacha aparentemente frágil termina por construir una cabaña entera. Un video comienza con un campo florido habitado por mariposas y termina con la misma muchacha creando un traje de seda hecho con las crisálidas de esas mariposas. Esa es la virtud que viene de la expresión de nuestra inteligencia: el aprender un oficio o un arte que vive en nuestras actividades más humanas, lo cual nos lleva por un recorrido que no se sentirá vacío de propósito o bendiciones mientras llega nuestro destino final. Entendamos por virtud el acto de hacer el bien en cada acto; la virtud es suave, sincera, como los movimientos bien coordinados del taichí o la acrobacia precisa de los artistas que dan vida a los leones chinos en año nuevo.
Por lo tanto, revisar nuestro propio destino desde un punto de vista virtuoso o bondadoso, atendiendo no a la ambición sino a la armonía, nos puede ayudar a llevar bien la vida, sin preocuparnos tanto por lo inevitable y solo ocupándonos de lo que sí podemos modificar, para bien del todo y de todos, desarrollando las habilidades que tenemos, dejando para luego lo que realmente no nos sale bien, repitiendo una y otra vez hasta lograr estar cómodos con lo que hacemos y eso, de hecho, va también para lograr paz mental, porque incluso gestionar nuestras emociones requiere práctica: ¡pocos nacen ya iluminados! Nos tenemos que mirar al espejo con compasión y amor antes de empezar con lo que sea.
Para explicar mejor lo que les acabo de relatar sin que nos exploten las meninges, veamos el concepto del destino en tres partes primordiales para el pensamiento chino.
El destino del cielo es dictado por lo que no podemos ver, lo que atiende a lo incalculable, que podemos vislumbrar gracias a herramientas de carácter mutable, como el I Qing. Este destino es el que no depende de nuestras acciones, cambia constantemente porque el Tao es imposible de describir, por lo tanto, si bien estamos en el Tao y somos el Tao, tratar de describirlo o, peor aún, de dominarlo, es una tarea inútil. Podemos leer alguno de sus momentos capturados en el acto de meditar, de vaciar la cabeza de ruido inútil, y entonces, como a las pitonisas griegas, EL DICTAMEN nos llega a nuestras almas y encontraremos una luz que nos puede guiar ante lo desconocido.
El destino de la tierra es dictado por el medio ambiente, la naturaleza, la influencia física de la existencia humana expresada en nuestra creación y la creación natural. No estamos hablando de Karma, estamos hablando de lo que ocurre en la tercera dimensión por el simple acto de estar en ella. Este destino es el más lógico de todos, ya que involucra nuestros actos y de qué manera estos afectan nuestra experiencia como seres sintientes, es decir, este es el camino que podemos calcular. La naturaleza dice: si eres un humano, necesitas dormir algunas horas al día, como hacen todos los animales. Cuando el humano dice: “no quiero dormir, o no puedo”, atrae para sí y para quienes lo rodean un sinfín de dolencias. El calendario dice: “en este día, en este mes, a esta hora, en esta parte del planeta, el ambiente reaccionará de tal manera”, obedeciendo a lo que podemos medir científica o culturalmente. Hay variables por causa de la mano del hombre, pero las probabilidades de que el clima sea tal o cual son elevadas, incluso si tomamos en cuenta la variable grotesca que es hoy la crisis climática que nos aqueja. Una persona consciente ve las manifestaciones de la naturaleza y gracias a eso decide qué ropa usar a lo largo del día, qué tipo de materiales utilizar para construir su casa o en dónde construirla, e incluso cuándo hay que partir a la guerra según lo que se observa alrededor.
El destino humano. Es trazado primordialmente por las cualidades de la energía vital que comienza incluso antes de ser concebido, cuando uno es apenas un impulso, ni siquiera un cigoto. Para el pensamiento chino antiguo, el Ser ocurre desde el momento en que el cuerpo de un alma encarnada muere, para después pasar a la encarnación que sigue y continuar con el aprendizaje. Bajo el punto de vista de la era actual, posmoderna, podemos apelar tanto a la epigenética como a los aspectos psicosociales y económicos que envuelven a la gente en todos los ámbitos, también antes de la concepción, antes de existir siquiera. El ser se expresa a través de las aspiraciones de los otros, y cuando nos vamos conociendo ¡nada es lo que esperábamos! Nos tiramos al drama y le echamos la culpa a la mala suerte o a quien se nos ponga enfrente.
En la carta natal china, el Ser o el Yo Mismo se llama Rì Yuán
. La experiencia del Ser necesita todos los aprendizajes posibles para integrarse en paz con el Tao; la muerte es solo uno de los pasos para llegar a comprender el cálculo supremo del cielo. Ese requisito primordial es la clave en el pensamiento místico chino, ya que la trascendencia de ese acto final de lo que llamamos Vida no es otra cosa más que un sitio en aquello que en gran escala podría ser el mapa de esta y otras vidas.
Cuando vemos una carta astral caldea4, vemos una reproducción de la bóveda celeste simbolizada por estrellas que se encuentran en el firmamento según el momento y lugar de nacimiento del consultante. Estas estrellas predicen lo que ocurrirá con el consultante a futuro. Tal o cual estrella, planeta o constelación indica retos y beneficios. Las predicciones son terminantes, es ineludible el paso de los otros por nuestras vidas, nos dice qué va a pasar sí o sí, y el consultante puede meditar en ello o ignorar las instrucciones.
En cambio, cuando vemos una carta natal china, ya sea Ba Zi o Zi Wei Dou Zhou, que son los dos sistemas numerológicos y astrológicos más famosos en Occidente, lo que vemos es la calidad de la energía en todo el planeta al nacer, y los tipos de eventos a los que se podría ver expuesto el consultante. Por supuesto, parte de la carta describe aspectos externos y correlaciones simples que no necesitan de una lectura porque son evidentes en la persona, pero eso no es lo más importante en ese análisis, sino la suma total de los tres destinos que ya describí anteriormente. A eso los chinos le llaman ming
, lo cual se traduce no solo como destino o fortuna, sino también como Vida.
Entonces ¿qué es destino? Tras mucho meditarlo, tal parece que destino es experiencia antes y después de vivir, pero Destino es también Oportunidad.
Echar un ojo antes de que la vida ocurra implica ver cuándo la premonición es favorable y cuándo es pertinente hacerse a un lado, como en la danza y en las artes marciales. ¿Vale la pena saber el futuro? ¡Por supuesto! Lo trágico es creernos invencibles y tentar a la suerte cometiendo actos que trasgredan al conjunto humano, el entorno, y a todos los seres sintientes. No seguir lo que nos dicta el corazón y oponernos a los constantes cambios que nos rodean genera tensión, por lo tanto, la lectura del destino debe seguir también la siguiente recomendación:
Wú Wèi, hacer sin esfuerzo, sin resistirnos. Un bailarín que se resiste al movimiento comete errores, en cambio, si repite y repite la coreografía hasta integrarla a su ser, convierte su acto en arte: La vida se convierte en arte, el arte es repetición. Al repetir el acto uno reencarna con cada movimiento. Conocer el destino con antelación nos ayuda a comprender que todo pasa, todo fluye, que lo que hoy parece funesto mañana será afortunado. Mediten en ello y verán que, aunque el destino parece cruel e inevitable, no necesitamos sacarnos los ojos como hizo Edipo cuando parece que los dioses, los políticos y hasta el clima nos han sometido a los castigos (e impuestos) más tremendos por tan solo estar vivos. Todo pasa, nada es permanente, y el destino solo nos indica una especie de tránsito existencial, igual que una aplicación de mapas en el teléfono móvil. Es decir que siempre podemos volver a lo que nos es familiar, repasar en la mente nuestro camino e intentarlo de nuevo hasta que la vida deje de ser difícil.
Que el Tao les sea propicio
1 Dicho taoísta colocado junto a un ábaco en el pórtico del templo Xiuzhen, en el poblado de Wushen, Jiaxing, provincia de Zhejiang, China. Es común ver un ábaco colgado a la puerta de los templos taoístas, ya que, a golpe de vista, los ábacos chinos remiten a este dicho famoso; sin embargo, la palabra “contar” equivale también a la palabra “planear”, lo cual nos remite de igual modo a la frase “La vida es lo que ocurre cuando estamos ocupados haciendo otras cosas”, de John Lennon, en la canción “Beautiful Boy”.
2 Padmasambhava. El libro tibetano de los muertos. Ed. La Liebre de Marzo, Barcelona, 2017.
3 Ciencia que estudia los calendarios, considerando sus aspectos astronómicos, históricos, técnicos, o religiosos. https://etimologias.dechile.net/?hemerologi.a Fecha de consulta: 10 de enero de 2025.
4 La astrología caldea, erróneamente llamada “occidental”, es la astrología basada en los signos zodiacales a menudo relacionados con la mitología griega, por ejemplo: Leo, Libra, Tauro, Acuario, etcétera. Los caldeos, de origen semita, habitaron Mesopotamia y fueron los creadores de tan popular sistema predictivo. El siguiente enlace tiene una síntesis sencilla acerca de esta cultura y su legado: https://www.muyinteresante.com/historia/62235.html Fecha de consulta, 5 de enero de 2025.
Detonada.
Espiral para mosquitos
día gris silencioso
después de un cicl
