Instrucciones para...

Randall Munroe

Fragmento

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¡Hola!

Este libro está lleno de malas ideas.

O, al menos, son malas ideas la mayoría de las que aparecen en él. Es posible que se me haya escapado alguna buena. De ser así, lo siento mucho.

Algunas ideas que parecen ridículas acaban siendo revolucionarias. Untar un corte infectado con moho suena a idea terrible, pero el descubrimiento de la penicilina demostró que podía ser una cura milagrosa. Por otro lado, el mundo está lleno de cosas asquerosas que en realidad se podrían untar en una herida, pero la mayoría de ellas no servirían para curarla. Así que tampoco es que todas las ideas ridículas sean buenas. Pero, entonces…, ¿cómo distinguimos las buenas ideas de las malas?

Siempre podemos probarlas a ver qué pasa. O también, en ocasiones, está la posibilidad de utilizar las matemáticas, la investigación y cosas que ya sabemos para calcular lo que sucederá si lo hacemos.

Cuando la NASA planeó enviar a Marte su vehículo de exploración Curiosity, del tamaño de un coche, tuvo que pensar en cómo hacerlo aterrizar suavemente sobre la superficie. Los vehículos anteriores habían aterrizado utilizando paracaídas y airbags, por lo que los ingenieros de la NASA tuvieron en cuenta esta posibilidad con el Curiosity, pero este era demasiado grande y pesado para que los paracaídas lo frenaran a tiempo en una atmósfera tan fina como la de Marte. También pensaron en montar cohetes en el vehículo para que este pudiera planear y aterrizar con suavidad, pero los gases de escape crearían nubes de polvo que oscurecerían la superficie y dificultarían un aterrizaje seguro.

Finalmente se les ocurrió la idea de una «grúa aérea» —un vehículo que se situaría a gran altura sobre la superficie utilizando cohetes, mientras que el Curiosity bajaría al suelo suspendido de un largo cable—. Daba la impresión de ser una idea ridícula, pero cualquier otra que discurrían les parecía peor. Y cuantas más vueltas le daban a la idea de la «grúa aérea», más les convencía esta. Por lo que la llevaron a la práctica, y funcionó.

Nadie nace sabiendo ya hacer las cosas. Si tenemos suerte, cuando nos toca encargarnos de algo, encontramos a alguien que nos enseña cómo proceder. Pero, a veces, debemos discurrir un modo de hacerlo nosotros solos. Y eso implica pensar ideas y decidir si son buenas o no.

Este libro explora formas poco frecuentes de afrontar tareas comunes, y observar qué ocurriría si las pusieras en práctica. Averiguar si funcionarán o no, y por qué, puede ser divertido, pedagógico y a veces llevarnos a lugares sorprendentes. Quizá una idea sea mala, pero descubrir por qué es exactamente una mala idea puede enseñarnos muchísimas cosas… y tal vez hacernos pensar en un planteamiento mejor.

E incluso si ya conocieras la forma correcta de hacer todas estas cosas, puede resultarte útil intentar mirar el mundo a través de los ojos de alguien que no lo sabe. Porque, al fin y al cabo, cualquiera de esas cosas que «todo el mundo sabe» al llegar a la edad adulta, solo en Estados Unidos, la descubren cada día más de 10.000 personas.

Por eso no me gusta burlarme de la gente que admite no saber algo o que nunca ha aprendido a hacer algo. Porque, si actúas así, lo único que consigues es enseñarles a que no te cuenten cuándo están aprendiendo algo… y te pierdes toda la diversión.

Puede que este libro no te enseñe a lanzar una pelota, a esquiar o a mudarte. Pero espero que aprendas algo de él. Si lo haces, serás uno de los 10.000 afortunados de hoy.

CAPÍTULO 1

Instrucciones para saltar realmente alto

La gente no puede saltar muy alto.

Los jugadores de baloncesto dan unos saltos tremendos para llegar al aro situado en el aire, pero que lo logren se debe sobre todo a su altura. En realidad, un jugador de baloncesto profesional medio solo puede saltar un poco más de 60 centímetros[*] hacia arriba. Y lo normal para quienes no son deportistas es no pasar de unos 30 centímetros. Si quieres alcanzar más altura, necesitarás ayuda.

Puede facilitarte las cosas, por ejemplo, que vengas corriendo. Esto es lo que hacen los atletas que compiten en salto de altura, y el récord del mundo está en casi dos metros y medio. Sin embargo, esa medida está tomada desde el suelo. Dado que los saltadores de altura tienden a ser altos, su centro de gravedad se encuentra a muchos centímetros del suelo, y debido a la forma en que doblan su cuerpo para pasar por encima del listón, su centro de gravedad puede pasar en realidad por debajo de ella. Un salto de altura de 2,5 metros no implica que el centro de gravedad de su cuerpo alcance del todo los 2,5 metros.

De manera que si quieres batir a un saltador de altura, tienes dos opciones:

1. Dedicar toda tu vida, desde niño, a entrenarte como un atleta hasta que te conviertas en el mejor saltador de altura del mundo.

2. Hacer trampas.

La primera opción es, sin duda, digna de admiración, pero si es la que prefieres llevar a cabo, creo que estás leyendo el libro equivocado. Así que hablemos de la segunda posibilidad.

Hay muchas maneras de hacer trampa en el salto de altura. Podrías utilizar una escalera para superar el listón, pero eso no es saltar de verdad. Podrías intentar usar esos zancos con muelles[1] tan populares entre los entusiastas de los deportes extremos, que —si estás bastante en forma— podrían servirte para ganar a un saltador de altura sin ayuda. Pero para conseguir una altura vertical pura y dura, a los atletas ya se les ha ocurrido una técnica mejor: el salto con pértiga.

En el salto con pértiga, los atletas empiezan a correr, clavan una pértiga flexible en el suelo por delante de ellos y se impulsan por el aire. Los saltadores de pértiga pueden propulsarse varias veces más alto que los mejores saltadores de altura sin ayuda.

La explicación física del salto con pértiga es interesante y no gira tanto en torno a la pértiga como se podría pensar. La clave de esta disciplina no es la elasticidad de la pértiga, sino la velocidad de carrera del atleta. La pértiga es solo una forma eficiente de redirigir esa velocidad hacia arriba. En teoría, el saltador podría utilizar algún otro método para cambiar la dirección de adelante hacia arriba. En vez de clavar una pértiga en el suelo, podría subirse a un monopatín, ascender por una rampa que tuviera una pendiente suave y llegar exactamente a la misma altura que el saltador.

Podemos calcular la altura máxima de un saltador de pértiga utilizando conceptos básicos de física. Un gran velocista puede correr 100 metros en 10 segundos. Si lanzáramos un objeto hacia arriba a esa velocidad, teniendo en cuenta la fuerza de la gravedad de la Tierra, con la ayuda de las matemáticas sabremos a qué altura debería llegar:

Dado que el saltador de pértiga va corriendo antes de saltar, su centro de gravedad comienza ya por encima del suelo, lo que aumenta la altura final alcanzada. El centro de gravedad de un adulto normal está más o menos en la zona de su abdomen, normalmente alrededor del 55 % de su altura total. Renaud Lavillenie, plusmarquista mundial de salto con pértiga masculino, mide 1,77 metros, por lo que su centro de gravedad añade aproximadamente otros 97 centímetros, lo que nos daría una altura final prevista de 6,08 metros.

¿Se ha acercado nuestra predicción a la realidad? Bueno, la altura real del récord mundial es de 6,16 metros. Así que, teniendo en cuenta que era una aproximación a vuela pluma…, ¡nos hemos acercado mucho![2]

Obviamente, si te presentas en un campeonato de salto de altura con una pértiga, te descalificarán de inmediato.[3] Pero, aunque los jueces se opusieran, sin duda no se atreverían a detenerte, sobre todo si agitas la pértiga de forma amenazadora mientras te acercas a ellos.

Tu marca no pasará a la historia, pero no te preocupes… porque tú siempre sabrás cuánto saltaste.

Pero si estás dispuesto a hacer trampas de verdad, podrás incluso superar los 6 metros. Y por mucho. Solo tienes que encontrar el punto adecuado desde el que lanzarte.

Los velocistas aprovechan la aerodinámica. Llevan trajes estilizados y ajustados para reducir la resistencia del aire, lo que los ayuda a ganar mayor velocidad y, por tanto, a volar más alto.[4] ¿Por qué no ir un poco más allá?

Obviamente propulsarse hacia adelante con una hélice o un cohete no vale. Nadie sería capaz de defender en serio que se tratara de un «salto».[5] Eso no sería saltar, sería volar. Pero tal vez no haya nada de malo en… planear un poco.

La trayectoria de todo objeto al caer se ve afectada por el movimiento del aire a su alrededor. Los saltadores de esquí se colocan de modo que puedan obtener un gran impulso aerodinámico en sus saltos. Si estás en una zona donde soplen los vientos adecuados, puedes hacer lo mismo.

Cuando los velocistas corren con el viento a favor, pueden alcanzar mayor rapidez. De la misma forma, si saltas en una zona donde el viento sopla hacia arriba, puedes alcanzar mayor altura.

Te hará falta un viento fuerte para empujarte hacia arriba, uno que sople más rápido que tu velocidad terminal. Tu velocidad terminal es la velocidad máxima que alcanzarás al caer en el aire, cuando la fuerza del aire que pasa equilibra la aceleración de la gravedad que tira de ti hacia abajo. O lo que es lo mismo: la velocidad mínima del viento hacia arriba que sería necesaria para alzarte del suelo. Dado que todo movimiento es relativo, en realidad no importa que estés cayendo a través del aire o que el aire esté empujándote hacia arriba.[6]

Las personas somos mucho más densas que el aire, por lo que nuestra velocidad terminal es bastante alta. Así, la velocidad terminal de alguien que cae es superior a 200 kilómetros por hora. Para obtener un gran empuje del viento, necesitarás que la velocidad del viento ascendente esté al menos en el mismo rango que tu velocidad terminal. Si el viento es mucho más lento, no afectará gran cosa a la altura de tu salto.

Las aves utilizan columnas de aire caliente ascendente —llamadas térmicas— como si fueran ascensores. Así, los pájaros se elevan en círculos sin aletear, permitiendo que el aire ascendente los empuje hacia arriba. Estas corrientes térmicas ascendentes son relativamente débiles; para elevar tu cuerpo, mucho más pesado, necesitarás encontrar una fuente de aire ascendente más fuerte.

Algunas de las corrientes ascendentes más fuertes que podemos encontrar cerca del suelo se producen junto a las crestas de las montañas. Cuando el viento se topa con una montaña o cresta, el flujo de aire puede desviarse hacia arriba. Y, en según qué zonas, estos vientos pueden ser bastante rápidos.

Por desgracia, incluso en los lugares donde las corrientes son mayores, los vientos verticales no suelen acercarse a la velocidad terminal de un ser humano. En el mejor de los casos, solo se gana un poco de altura con la ayuda del viento.[7]

Así que, en lugar de intentar aumentar la velocidad del viento, puedes tratar de reducir tu velocidad terminal con ropa aerodinámica. Un buen traje aéreo —con membranas que unen los brazos y el tronco y las piernas— puede reducir la velocidad de caída de una persona desde más de 200 km/h a menos de 50 km/h. Seguiría sin ser suficiente para poder ascender con el viento, pero sí añadiría algo de altura a tu salto. Por otro lado, tendrías que realizar tu aproximación corriendo con un traje aéreo, lo que probablemente contrarrestaría la ventaja añadida por el viento.

Para que tu salto ganara una altura considerable, tienes que ir más allá de los trajes aéreos, y pasarte al mundo de los paracaídas y parapentes. Estos grandes artilugios reducen la velocidad de caída de una persona lo suficiente como para que los vientos de superficie sean lo bastante fuertes como para elevarla. Los parapentistas expertos pueden lanzarse desde el suelo y aprovechar los vientos de las crestas y las columnas térmicas hasta cientos de metros.

Pero si de verdad quieres lograr un auténtico récord de salto de altura, puedes hacerlo todavía mejor.

En la mayoría de las zonas en las que el aire fluye por encima de las montañas, esas «ondas de montaña» se extienden solo hasta la parte baja de la atmósfera, lo que limita la altura que pueden alcanzar los planeadores. Pero en algunos lugares, cuando las condiciones son las adecuadas, estas perturbaciones pueden interactuar con el vórtice polar y el chorro polar nocturno,[8] creando ondas que llegan hasta la estratosfera.

En 2006, los pilotos de planeadores Steve Fossett y Einar Enevoldson cabalgaron ondas estratosféricas a más de 15.000 metros sobre el nivel del mar. Es casi el doble de la altura del Everest, y una cota también superior a la de los vuelos de mayor altitud de las aerolíneas comerciales. Ese vuelo estableció un nuevo récord de altitud de un planeador. Fossett y Enevoldson afirmaron que podrían haber ascendido aún más las ondas estratosféricas y que solo se volvieron porque la baja presión del aire hizo que sus trajes presurizados se inflaran tanto que no podían manejar los controles.

Así que, si quieres saltar muy alto, solo tienes que construirte un traje de planeador —puedes hacerte uno con resina de fibra de vidrio y fibra de carbono— y dirigirte a las montañas de Argentina.

De modo que…, si encuentras el lugar adecuado y las condiciones son justo las ideales, puedes enfundarte tu traje de planeador,[9] saltar al aire, subirte a la corriente de la cresta y cabalgar el viento hasta la estratosfera. Posiblemente, un piloto de planeador que se suba a estas ondas sea capaz de navegar a mayor altura que cualquier otra aeronave con alas. ¡No está mal para un solo salto![10]

Y si tienes mucha suerte, tal vez puedas encontrar un lugar con estas condiciones de viento cerca de donde se celebren los Juegos Olímpicos. Así, cuando saltes desde la cresta, los vientos de la estratosfera te llevarán por encima del estadio…

… permitiéndote establecer el mayor récord de salto de altura en la historia del deporte.

Es probable que no te den una medalla, pero no pasa nada. Tú sabrás que eres el auténtico campeón.

CAPÍTULO 2

Instrucciones para organizar una fiesta en la piscina

Has decidido organizar una fiesta en la piscina. Lo tienes todo preparado: aperitivos, bebidas, colchonetas hinchables, toallas, incluso esos aros que tiras al agua y que luego tienes que recuperar buceando. Sin embargo, la noche anterior a la fiesta no puedes quitarte de encima la sensación de que te falta algo. Al echar un vistazo al jardín, te das cuenta enseguida.

No tienes piscina.

Que no cunda el pánico. Puedes resolver el problema. Solo necesitas un montón de agua y un recipiente donde ponerla. Primero ocupémonos del recipiente.

Sobre todo, hay dos tipos de piscinas: las enterradas y las elevadas.

PISCINA ENTERRADA

En realidad, una piscina enterrada no es más que un agujero elegante. Este tipo de piscina puede suponer más trabajo de instalación, pero también es menos probable que se te derrumbe en medio de la fiesta.

Si quieres construir una piscina de este tipo, consulta primero el capítulo 3: Instrucciones para cavar un agujero. Utiliza lo que allí se explica para cavar un agujero de aproximadamente 6 metros de ancho por 10 metros de largo por metro y medio de profundidad. Una vez que hayas realizado un agujero del tamaño adecuado, es posible que quieras forrar las paredes con algún tipo de revestimiento para evitar que el agua se convierta en lodo o se escurra antes de que la fiesta termine. Si tienes por ahí algunas láminas de plástico o lonas gigantes, puedes utilizarlas, o también puedes probar con un revestimiento de goma en espray; los hay diseñados para revestir los lechos de los estanques ornamentales, tipo los de los peces koi. Solo tienes que contarle a quien te lo vaya a vender que tienes un estanque ornamental enorme.

ALTERNATIVA: PISCINA ELEVADA

Si crees que una piscina enterrada no es la mejor idea, puedes montar una piscina elevada. El diseño de este tipo de piscinas es relativamente sencillo:

Por desgracia, el agua pesa. Y si no me crees, pregúntaselo a cualquiera que haya llenado una pecera en el suelo y luego haya tratado de subirla a una mesa. La gravedad tira del agua hacia abajo, pero el suelo empuja con la misma fuerza. La presión del agua se redirige hacia fuera, hacia las paredes de la piscina, que se estiran en todas las direcciones. Esta tensión, llamada tensión circunferencial (o de aro), es más fuerte en la base de la pared, donde la presión del agua es más alta. Si la tensión circunferencial supera la resistencia a la tracción de la pared, esta reventará.[11]

Escojamos un material; por ejemplo, el papel de aluminio. ¿Qué profundidad podría tener el agua en una piscina con paredes de papel de aluminio antes de que estallaran los lados? Podemos averiguar la respuesta a esta pregunta, y a muchas otras cuestiones sobre el diseño de piscinas, utilizando la fórmula de la tensión circunferencial:

Hagamos números con el papel de aluminio. El aluminio tiene una resistencia a la tracción de unos 300 megapascales (MPa), y las láminas de papel de aluminio tienen un grosor aproximado de 0,02 mm. Imaginemos que nuestra piscina tiene 9 metros de diámetro, con lo que tendríamos mucho espacio para jugar. Podemos introducir estos valores en la ecuación de la tensión circunferencial y reorganizarlo todo para calcular la profundidad que puede alcanzar el agua de nuestra brillante y arrugada piscina antes de que la tensión circunferencial sea igual a la resistencia a la tracción del aluminio y las paredes se vengan abajo:

Lamentablemente, 12,5 centímetros de agua no son suficientes para dar una fiesta en la piscina.

Si cambiáramos el fino papel de aluminio por trozos de madera de un centímetro de grosor, los números nos saldrían mucho mejor. La madera tiene una menor resistencia a la tracción que el papel de aluminio, pero lo compensa con su mayor grosor: podría contener hasta 22 metros de profundidad de agua. Así que, si por casualidad tienes por casa un cilindro de madera de 9 metros de diámetro con paredes de 2,5 centímetros de grosor, ¡estás de enhorabuena!

También es posible reajustar la ecuación para saber qué grosor deben tener las paredes de la piscina a fin de que soporten la profundidad de agua deseada. Supongamos que queremos que nuestra piscina tenga 90 cm de profundidad. Dada la resistencia a la tracción de un material dado, esta versión de la fórmula nos indica el grosor mínimo que necesitan tener las paredes para retener el agua:

Lo bueno de la física es que hace posible calcular todo esto con cualquier material que quieras, incluso aunque se trate de uno ridículo. A la física le da lo mismo que lo que le plantees sea raro. Simplemente te da la respuesta, sin juzgarte. Por ejemplo, según el exhaustivo manual Cheese Rheology and Texture, de 456 páginas, el queso de Gruyère duro tiene una resistencia a la tracción de 70 kPa (kilopascales). Introduzcámoslo en la fórmula.

¡Buenas noticias! Solo necesitarás una pared de queso de 60 cm de grosor para contener tu piscina. Lo malo es que puede que te cueste convencer a alguien de que se tire al agua…

Teniendo en cuenta los problemas prácticos que puede generarte el queso, quizá deberías ceñirte a los materiales tradicionales, como el plástico y la fibra de vidrio. Esta última tiene una resistencia a la tracción de unos 150 MPa, lo que significa que una pared de apenas un milímetro de grosor sería lo suficientemente fuerte como para contener el agua sin problema.

CONSIGUE ALGO DE AGUA

Ahora que ya tienes la piscina —sea enterrada o elevada—, sin duda necesitarás algo de agua. Sí…, pero ¿cuánta?

Las piscinas enterradas pueden ser de muchas dimensiones, pero una de tamaño medio lo bastante grande como para tener un trampolín puede contener unos 75.000 litros de agua.

Si dispones de una manguera de jardín y suministro municipal de agua, entonces podrías llenar la piscina de esa manera. Pero que esto se pueda hacer rápidamente ya dependería del caudal de la manguera.

Si cuentas con una buena presión de agua y una manguera de gran diámetro, tu caudal podría estar entre 35 o 75 litros por minuto, lo que es suficiente para llenar la piscina en un día, aproximadamente. Pero si el caudal es demasiado bajo —o si necesitas sacar el agua de un pozo, que puede agotarse antes de llenar la piscina—, quizá tengas que buscar otra solución.

AGUA POR INTERNET

En muchas zonas del mundo, las empresas de venta por internet como Amazon ofrecen entregarte el pedido en el mismo día. Un paquete de 24 botellas de agua de la marca Fiji cuesta en la actualidad unos 25 dólares. Así que si te sobran 150.000 dólares —más aproximadamente otros 100.000 para que te la entreguen en el mismo día—, puedes encargar toda el agua de una piscina y que te la traigan embotellada. La ventaja es que el agua de tu nueva piscina será íntegramente mineral y vendría desde Fiji.

Sin embargo, esto también supondrá un nuevo reto. Porque, cuando te llegue el agua, tendrás que meterla toda en la piscina. Y puede que eso sea más complicado de lo que en principio podrías pensar. Por supuesto, puedes ponerte a desenroscar el tapón de cada botella y verter el agua en la piscina una por una, pero esto te llevaría unos segundos por botella. Y como hay 150.000 botellas —pero solo 86.400 segundos en un día—, cualquier cosa que te lleve más de un segundo por botella no te va a servir.

ATACA LAS BOTELLAS

Podrías intentar cortar los tapones de un paquete entero de 24 botellas con una espada. Hay muchos vídeos a cámara lenta que muestran a gente rebanando una fila de botellas de agua con una espada. A juzgar por las imágenes, debe de ser dificilísimo de hacer, ya que la espada tiende a desviarse hacia arriba o hacia abajo al atravesar las botellas. Por tanto, incluso aunque fueras capaz de ejecutar un movimiento lo bastante preciso, además de tener la fuerza y la resistencia del brazo requeridas, usar este tipo de arma blanca probablemente resultaría demasiado lento.

Las armas de fuego tampoco te servirían de mucha ayuda. Si llevas a cabo una planificación cuidadosa y un montaje eficaz, tal vez pudieras usar algún tipo de metralleta para perforar todas las botellas de una caja a la vez, pero aun así seguiría siendo difícil lograr que se vacíen por completo con la suficiente rapidez como para que te diera tiempo a hacerlo con todas. Además, acabarías teniendo una piscina llena de plomo, material que se corroería —sobre todo si le añades cloro al agua— y podría acabar contaminando las aguas subterráneas.

Existe una gran variedad de armas cada vez más potentes que podrías usar para intentar abrir estas botellas en un santiamén, pero no las repasaremos todas aquí. Sin embargo, antes de dejar las armas y pasar a una solución más práctica, consideremos durante un momento la opción más extrema y menos práctica de todas. ¿Sería posible abrir las botellas con bombas nucleares?

Precisamente porque se trata de una sugerencia del todo ridícula, no debería sorprendernos que fuera estudiada por el Gobierno estadounidense durante la Guerra Fría. A comienzos de 1955, la Administración Federal de Defensa Civil compró cerveza, refrescos y agua carbonatada en tiendas locales, y luego realizó pruebas nucleares sobre ellas.[12]

Por supuesto, no estaban intentando abrir las bebidas. El objetivo de la prueba era ver si los envases resistían y si el contenido se contaminaba. Quienes se encargaban de la defensa civil pensaron que, en caso de producirse una explosión nuclear en una ciudad estadounidense, los primeros en actuar seguramente necesitarían agua potable, y querían saber si las bebidas comerciales servirían como fuente segura de hidratación.[13]

Los detalles de esta guerra nuclear del gobierno contra la cerveza están explicados en un informe de diecisiete páginas titulado The Effect of Nuclear Explosions on Commercially Packaged Beverages [El efecto de las explosiones nucleares en las bebidas envasadas para su venta], cuya copia fue desenterrada por el historiador nuclear Alex Wellerstein.

El informe describe cómo se colocaron las botellas y las latas en distintos lugares del centro de pruebas de Nevada para llevar a cabo cada explosión. Algunas estaban en neveras, otras en estanterías y otras en el suelo.[14] El experimento se realizó dos veces, durante dos pruebas nucleares diferentes, como parte de la Operación Tetera.

Las bebidas se comportaron sorprendentemente bien. La mayoría de ellas sobrevivieron intactas a la explosión. Las que no superaron la deflagración fueron en su mayoría perforadas por los escombros que salieron despedidos o explotaron al caer de los estantes. Asimismo, mostraron bajos niveles de contaminación radiactiva, e incluso sabían bien.

Se enviaron muestras de cerveza después de la explosión para someterlas a «pruebas cuidadosamente controladas» por parte de cinco «laboratorios cualificados».[15] El consenso fue que mayoritariamente la cerveza sabía bien. Se llegó a la conclusión de que la cerveza recuperada tras una explosión nuclear serviría como fuente segura de hidratación de emergencia, pero que debería someterse a pruebas más cuidadosas antes de que se comercializara de nuevo.

Las botellas de plástico no eran comunes en la década de 1950, por lo que en todas las pruebas se usaron envases de vidrio y metal. Sin embargo, los test siguen sugiriendo que quizá las armas nucleares no sean los mejores abridores de botellas.

TRITURADORAS INDUSTRIALES

Afortunadamente para nosotros, sí existe un tipo de aparato que puede lograr lo que pretendemos mucho más rápido que una espada, un arma de fuego o una bomba nuclear: una trituradora industrial de plástico. Estas máquinas se utilizan en los centros de reciclaje para triturar grandes volúmenes de botellas de plástico y, además, son capaces de colar el líquido.

Una trituradora como la Brentwood AZ15WL 15kW puede ocuparse de unas 30 toneladas por hora —incluyendo tanto plástico como líquido, según los folletos comerciales del fabricante—. Esto te permitiría llenar la piscina en poco más de dos horas.

El precio de las trituradoras industriales oscila entre cinco y seis cifras, lo que es mucho para una sola fiesta (aunque no supone casi nada en comparación con lo que ya te has gastado en botellas de agua). Pero tal vez si les mencionas cuántas armas nucleares tienes, seas capaz de convencerlos de que te hagan un descuento.

DEJA QUE OTRO HAGA EL TRABAJO

Si otra persona tiene una piscina cerca que se encuentre situada a una altura ligeramente superior, puedes robarle el agua con un sifón. Si consigues conectar las dos piscinas con un tubo de agua, tal vez logres que el agua fluya de forma constante de su piscina a la tuya.

Nota: los sifones pueden elevar el agua de una piscina y superar pequeñas barreras, como las vallas, pero si el centro del sifón está situado a más de 9 metros por encima de la superficie de la piscina de tu vecino, el agua no fluirá. Los sifones funcionan gracias a la presión atmosférica, y la presión del aire en nuestro planeta solo es capaz de empujar el agua en contra de la gravedad unos 9 metros hacia arriba.

OBTÉN EL AGUA FABRICÁNDOLA

El agua está formada por hidrógeno y oxígeno. Hay mucho oxígeno en la atmósfera,[16] y si bien el hidrógeno no es tan frecuente, tampoco es que sea demasiado difícil de encontrar.

La buena noticia es que si consigues juntar un montón de hidrógeno y oxígeno, te resultará fácil convertirlo en agua. Basta con suministrar un poco de calor y la reacción química hará el resto. De hecho, lo complicado es detenerla.

La mala noticia es que a veces la reacción química se inicia por accidente. De hecho, hubo un tiempo en que se utilizaban unas grandes naves aéreas llenas de hidrógeno para volar por ahí, pero después de algunos incidentes bastante espectaculares en la década de 1930, se decidió sustituir el hidrógeno por helio. Hoy en día, si necesitas hidrógeno, la mejor forma de conseguirlo es recoger y reprocesar el subproducto de la extracción de combustibles fósiles.

OBTÉN EL AGUA DEL AIRE

No te hace falta combinar el hidrógeno y el oxígeno para crear agua cuando en el aire ya existe H2O flotando en forma de vapor (eso que se condensa para formar nubes y que a veces incluso cae en forma de lluvia). De media, cada metro cuadrado de la Tierra tiene unos 22 litros de agua en la columna de aire que hay sobre ella, el equivalente a un par de cajas de 24 botellas de medio litro.[17]

Si toda esa agua cayera en forma de lluvia, formaría una capa de unos dos centímetros y medio de grosor. Si tu finca tiene una extensión de media hectárea, y el aire sobre ella una humedad media, entonces dispones de unos 95.000 litros de agua en el aire. Y eso es suficiente para llenar una piscina. Por desgracia, gran parte de esa agua está muy arriba y es difícil de alcanzar. Molaría que pudiéramos hacer que el agua cayera en el momento justo, pero a pesar de los recurrentes intentos de sembrar nubes, nadie ha encontrado aún la manera de inducir la lluvia de forma fiable.

La forma habitual de extraer el agua del aire es hacer que este pase por una superficie fría, para que así el agua se condense en forma de rocío. Para sacar toda el agua del aire, tendrías que construir una torre de refrigeración de varios kilómetros de altura. Afortunadamente, el aire se mueve él solito, así que no hace falta que levantes una torre tan enorme: solo con que haya brisa podrás recoger la humedad del aire cuando pase por tu casa.

Sin embargo, recoger la humedad no es un modo en absoluto eficiente de obtener agua, ya que hace falta mucha energía para enfriar y condensar el agua del aire. En la mayoría de los casos, se gastaría mucha menos energía si simplemente lleváramos un camión hasta una zona en la que hubiera más agua, lo llenáramos y condujéramos de vuelta. Además, incluso suponiendo unas condiciones ideales, es probable que este tipo de humidificador no produjera suficiente agua para llenar tu piscina en un futuro próximo, y encima podría molestar a tus vecinos, a quienes les taparías la brisa.

OBTÉN EL AGUA DEL MAR

En el mar hay muchísima agua,[18] por lo que seguramente a nadie le moleste que te lleves un poco. Si tu piscina está situada por debajo del nivel del mar y no te importa llenarla de agua salada, esta opción podría servirte. Lo único que tienes que hacer es cavar un canal y dejar que el mar entre.

De hecho, esto ya ha ocurrido en la vida real, aunque por accidente, y bastante grave.

En su día, Malasia fue el mayor productor de estaño del mundo. Una de las minas de donde se extraía este material se construyó cerca de su costa occidental, a apenas unos cientos de metros del océano. Tras el colapso del mercado del estaño en la década de 1980, esta mina fue abandonada. El 21 de octubre de 1993, el agua rompió la estrecha barrera que separaba la mina del mar, lo que provocó que el océano se precipitara y llenara la mina en cuestión de minutos. La laguna que creó la inundación sigue existiendo hoy en día, y puede verse en los mapas (coordenadas 4,40° N-100,59° E). El cataclismo fue captado en vídeo por un transeúnte, que subió las imágenes a internet. A pesar de que tiene una calidad muy pobre, es una de las filmaciones más asombrosas jamás grabadas.[19]

Si, en cambio, el fondo de tu piscina se encuentra por encima del nivel del mar, conectarla al océano no te servirá de nada, pues el agua fluiría cuesta abajo hacia el mar. Pero ¿y si fueras capaz de llevar el mar hasta ti?

Pues estás de suerte, porque eso es justo lo que está ocurriendo te guste o no. Debido al calor atrapado por los gases de efecto invernadero, el nivel del mar lleva muchas décadas subiendo. Este fenómeno se debe a una combinación del deshielo y la expansión térmica del agua. Así que…, si deseas llenar tu piscina, tienes la opción de intentar acelerar la subida del nivel del mar. Obviamente, esto empeoraría el inconmensurable peaje ecológico y humano del cambio climático, pero, eso sí, podrías organizar tu estupenda fiesta en la piscina.

Si quisieras provocar una rápida subida del nivel del mar, y por casualidad tuvieras una gigantesca capa de hielo sobre el terreno cercano a tu casa, quizá se te ocurra que derretirla sería una gran manera de elevar el nivel del mar.

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