
Un día, el rey tuvo un hijo. Todo fue alegría hasta que Merlín anunció:
—El rey enfermará y morirá. Estallará una guerra civil y el príncipe morirá en manos de traidores.
—¿No podías simplemente felicitarnos, como todo el mundo? —preguntó el rey.
—Ten fe en el mago —recomendó Ulfilus—. La semana pasada dejé mi armadura tirada en el jardín y él predijo que se oxidaría. Y… ¡magia! ¡Desde hace tres días no puedo moverme!
—¡Creí que estabas aquí porque querías acompañarnos! —dij
