La gran boda

Lyna Vallejos

Fragmento

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Unos pocos años atrás, Dani le confesó a su amiga que estaba enamorado de ella, y Lyna, que sentía lo mismo, aunque no había tenido el valor de decírselo, le correspondió. Se convirtieron en novios y, un tiempo más tarde, se mudaron juntos.

Sus mascotas también crecieron y lo que comenzó como una pequeña familia de dos personas, un gato y un pato rápidamente creció. Primero se sumó Humita, una huroncita traviesa y escurridiza que se divertía robando calcetines y algunos objetos pequeños para esconderlos en los lugares más insospechados. Después adoptaron una gatita tímida que, con el tiempo, se hizo muy amiga de Gatooo. Su nombre era Mila o, al menos, así la llamaban para llegar a un acuerdo.

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Si bien Dani la había bautizado como Milagros, Lyna insistía en que su nombre debía ser Milanesa. En tercer lugar, llegó Croqueta, una gata anciana que amaba comer y dormir. Y, por último, acogieron a Mora, la más juguetona y enérgica de todos los mininos, que disfrutaba correr de un lado al otro dentro de la casa, dejando un rastro de caos a su alrededor.

Lyna y Dani amaban a sus mascotas, y además, el amor entre ellos crecía cada vez más y más. Y, por esa razón, decidieron dar un paso más en su relación.

En el festejo de su aniversario, Lyna le compró a su novio su postre favorito, una deliciosa tarta de queso adornada con una inscripción que decía “te amo”. Lo que él no sabía era que, dentro, había una sorpresa muy especial.

El chico cortó un primer trozo y lo devoró en tan solo segundos. Lyna también se sirvió una porción mientras observaba atentamente lo que hacía Dani, quien tan pronto terminó su último bocado se abalanzó sobre la tarta una vez más. Tomó el cuchillo, pero, al intentar cortar su segunda ración, un objeto extraño se lo impidió.

—¡¿UNA CAJA?! —se quejó Dani, indignado, mientras la sacaba de su postre—. Te han estafado. Esto me quita al menos un cuarto de tarta. Deberías quejarte.

—¿Una caja? Abrila a ver qué tiene —respondió Lyna, conteniendo los nervios y la risa.

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La chica había calculado las posibles reacciones de su pareja, pero, sin duda, que estuviera indignado por no tener la tarta completa la había tomado por sorpresa. ¿Qué pensaría cuando se diera cuenta de que todo había sido planeado por ella?

Dani abrió la cajita lentamente y, dentro, encontró un anillo.

—¿Y esto? —preguntó confundido.

No pudo decir nada más porque, al girar la vista hacia su novia, la vio arrodillada a su lado.

—¿Querés casarte conmigo? —preguntó Lyna.

—¿Cómo? —se sorprendió.

—Que si querés casarte conmigo —repitió su novia, con una sonrisa.

—Síííí —respondió Dani mientras las lágrimas de alegría empezaban a rodar por su mejilla.

Se puso el anillo y le pidió a su prometida que esperase en el lugar mientras iba a buscar algo. Corrió hasta la habitación y volvió, unos segundos más tarde, con otra cajita en la mano.

—Te me has adelantado, yo también te lo iba a pedir, solo que no me atrevía —confesó el chico mientras le colocaba una alianza en el dedo anular.

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Una vez que ambos tuvieron sus respectivos anillos comenzaron los preparativos para la gran boda. Había mucho por organizar, desde cuándo casarse hasta qué servirían de comer en la fiesta.

Lyna siempre había soñado con una boda en la playa, por lo que decidieron festejarla en Playa Esmeralda, la ciudad costera más cercana. El único problema era que vivían bastante lejos del mar, y llegar hasta allí les tomaría poco más de cinco horas conduciendo o media hora en avión.

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Dani solo se mostraba inquieto por una única cosa.

—A mí me haría ilusión que las mascotas pudiesen venir a nuestra boda —le confesó a su pareja una mañana mientras preparaba el desayuno.

—¡Obvio! Son parte de nuestra familia, ¿cómo no van a venir? —lo reconfortó Lyna, sonriendo—. Además, imaginate al Señor Pato vestido con traje, ¡sería lo más tierno del mundo!

—¿Y cómo haremos para llevarlos a todos hasta Playa Esmeralda? —preguntó.

—Falta mucho todavía. Eso va a ser problema de Lyna y Dani del futuro.

Pero el tiempo vuela y, cuando quisieron darse cuenta, faltaban solo tres días para la boda.

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