1. EN CUANTO APARECE EL
AMOR, DESAPARECE LA
SABIDURÍA
El amor no debería tener destinatario. El amor no necesita estar orientado hacia el otro. El amor orientado hacia el otro no es amor verdadero; el amor como relación no es amor verdadero. El amor como estado del ser es amor verdadero. Uno puede amar a una mujer, a un hombre, a sus propios hijos, a sus padres, a las rosas y a otras flores, uno puede amar mil y una cosas, pero todas son relaciones.
Aprende a ser amor. No es cuestión de a quién dirijas tu amor, sino simplemente de que seas amoroso. Aunque estés sentado solo, el amor sigue fluyendo. ¿Completamente solo y quieto, qué puedes hacer? Al igual que respiras… no respiras por tu esposa: no es una relación. No respiras por tus hijos: no es una relación. Simplemente respiras: es vida. Al igual que respirar es vida para el cuerpo, el amor es vida para el alma: uno simplemente es amor. Y sólo entonces uno sabe que el amor es “Dios”.
Jesús dice: “Dios es amor”. Yo te digo: “El amor es Dios”. Las palabras son las mismas, pero el significado es muy distinto. Jesús dice: “Dios es amor”. Así, el amor se convierte en una de tantas cualidades de Dios: también es sabio, también es poderoso, también es juez y muchas cosas más. Entre todas esas cualidades, también es amor. La declaración de Jesús fue muy revolucionaria en esos tiempos, pero ya no lo es.
Yo digo: “El amor es Dios”. Entonces no es una cuestión de que Dios tenga muchas cualidades más. De hecho, Dios desaparece: el amor mismo se convierte en Dios. El amor es lo real. Dios es el nombre que los teólogos le dan a algo de lo que no saben nada. No hay Dios: toda la existencia está hecha de lo que llamamos amor.
Todos quieren amar y ser amados. ¿Por qué?
“En cuanto aparece el amor, desaparece la sabiduría”.
¿Es eso cierto?
El amor es oración acariciando la divinidad. El amor es poesía nacida de la mera alegría de ser. El amor es canto, danza, celebración: un canto de gratitud, una danza agradecida, celebración por ninguna razón en especial, por este tremendo regalo que no deja de bañarnos, por todo este universo, desde el polvo hasta lo divino. El amor no es lo que tú entiendes por amor; he aquí la pregunta.
Preguntas: “Todos quieren amar y ser amados. ¿Por qué?”. Porque el amor es religión en su ápice: el amor es la religión suprema. El amor es la búsqueda de la divinidad; por supuesto, una búsqueda inconsciente al principio, a tropezones, tanteando en la oscuridad. Puede que la dirección no sea la correcta, pero la intención es por completo correcta.
El amor no es la cosa ordinaria que entiendes por amor: no es sólo una atracción biológica entre hombre y mujer. También lo es, pero ése sólo es el principio, sólo el primer paso. Incluso ahí, si lo ves a fondo, en realidad no es una atracción entre hombre y mujer: es una atracción entre energía masculina y energía femenina. No es una atracción entre A y B: hay misterios mucho más profundos involucrados, incluso en las aventuras románticas ordinarias.
Por eso nadie puede definir el amor. Se han intentado miles de definiciones, todas han fracasado. El amor sigue siendo indefinible, muy huidizo, volátil. Entre más quieras aprehenderlo, más difícil se vuelve, más lejos se va. No puedes atraparlo, no puedes lograr saber qué es exactamente. No puedes controlarlo. El amor sigue siendo incognoscible. El hombre quiere conocer, porque el conocimiento da poder. Te gustaría tener poder sobre el amor, pero eso es imposible: el amor es mucho más grande que tú. No lo puedes poseer, sólo puedes ser poseído por él; por eso toda la gente que quiere poseer el amor nunca logra saber nada de él.
Sólo aquellos con el valor suficiente —sólo los apostadores, que pueden arriesgar su vida misma y ser poseídos por una energía desconocida— son capaces de saber lo que es amor.
El amor es el primer paso hacia la divinidad. Por eso les parece una locura a quienes están obsesionados con su cabeza, que no entienden todo el misterio del amor, que tratan de entenderlo por medio de la mente… Sólo puede entenderse por medio del corazón. Recuerda: todo lo grandioso está disponible para el corazón. El corazón es la puerta a los grandes valores de la vida, a todos los valores últimos; la mente sólo es un mecanismo útil, un aparato: bueno en el mercado, pero completamente inútil en un templo. Y el amor es un templo, no un mercado. Si llevas el amor al mercado, se reduce a fea sexualidad.
Eso es lo que ha hecho la gente: en vez de elevar el amor a la divinidad, lo han reducido a la sexualidad fea y animal. Y lo extraño es que esa misma gente —los sacerdotes, los políticos, los puritanos, la misma gente que ha reducido el amor a un fenómeno feo— está en contra del sexo, son los enemigos del sexo. ¡Y son la gente que destruyó un poder con un potencial tremendo!
El amor es un loto escondido en el lodo. El loto nace del lodo, pero no condenas al loto por haber nacido del lodo. No lo llamas “lodoso”, no lo llamas “sucio”. El amor nace del sexo y la oración nace del amor. Y la divinidad nace de la oración. Más y más y más alto vuela uno. Pero los sacerdotes y los puritanos redujeron todo este fenómeno a la sexualidad. Y cuando el amor se vuelve sexo, se vuelve feo; uno empieza a sentirse culpable al respecto. Es por esa culpa que nació este dicho, este proverbio: “En cuanto aparece el amor, desaparece la sabiduría”.
Si me lo permites, lo voy a cambiar un poco. Diré: “En cuanto aparece el amor, aparece la sabiduría”.
Pero depende de cómo lo veas. Si miras su potencial, la posibilidad más alta que puede alcanzar, entonces el amor se convierte en escalera. Si sólo miras el lodo, y estás completamente ciego respecto a lo que puede surgir de él, entonces sin duda el amor se convierte en algo feo y un gran antagonismo surge en ti. Pero ser antagónico al amor es ser antagónico a la divinidad.
Al regresar de su luna de miel, Michael llamó a su padre a la oficina.
—Que bueno saber de ti, hijo. Dime, ¿cómo va la vida de casado?
—Papá, estoy muy molesto. Creo que me casé con una monja.
—¿Una monja? —preguntó el sorprendido padre—. ¿A qué te refieres?
—Ay, ya sabes, papá, nada en la mañana y nada en la noche.
—¡Ah, eso! —bufó el viejo—. Ven a cenar el sábado y te presento a la madre superiora.
Cuando el amor se reduce a mera sexualidad, entonces apenas aparece el amor, desaparece la sabiduría. Pero depende de ti. ¿Por qué reducirlo a la sexualidad? ¿Por qué no convertir el metal vulgar en oro? ¿Por qué no aprender la alquimia del amor? Eso es lo que te estoy enseñando aquí. Y los sacerdotes, que no saben nada del amor —porque nunca han amado, renunciaron al mundo del amor— siguen haciendo grandes sistemas de pensamiento en su contra.
El sacerdote se paró frente a una silenciosa multitud de aldeanos atentos y dijo:
—No deben usar la píldora.
Una hermosa señorita alzó la voz y contestó:
—¡Mire, si usted no juega, no pone las reglas!
Ésa es la gente que no juega y pone las reglas. Durante siglos, los sacerdotes han puesto reglas. El sacerdocio de todo el mundo ha condenado una gran fuente de potencial de energía; de hecho, la única. Ya que está condenada, tú estás condenado: toda tu vida perderá el sentido. Cuando la energía sexual no puede crecer hasta su altura natural, vives una vida miserable.
El amor es el mayor regalo de la existencia. Aprende su arte. Aprende su canción, su celebración. Es una necesidad absoluta: así como el cuerpo no puede sobrevivir sin comida, el alma no puede sobrevivir sin amor. El amor es el alimento del alma, es el comienzo de todo lo grande. Es la puerta a lo divino.
¡Ayuda! ¡Me estoy haciendo trizas! Mi cabeza quiere algo; mi corazón, algo más; mi ser, otra cosa; y mi cuerpo, algo distinto. Cuando tomo decisiones mundanas, no están en armonía. Mi cabeza, mente, corazón, ser y cuerpo nunca están de acuerdo en nada. Así que si no puedo estar en armonía conmigo mismo, ¿cómo puedo estar en armonía con la existencia?
Puedo entender que tu cuerpo, tu mente y tu corazón no estén en armonía. Pero tu ser… sólo has oído la palabra, no sabes nada de él. Si conocieras tu ser, todo se habría armonizado de inmediato.
El ser es un poder tan grande que ni el corazón, ni la mente, ni el cuerpo pueden ir en su contra. Así que deja al ser aparte, porque es la solución. Tienes que encontrar tu ser, y encontrarlo armonizará tu existencia.
En este momento, cuando ves al cuerpo, a la mente y al corazón en desarmonía, primero escucha al cuerpo. Ninguno de los supuestos santos te dirá esto: primero escucha al cuerpo. El cuerpo tiene una sabiduría propia, y no está corrompido por los sacerdotes. El cuerpo no está contaminado por tus maestros, por tu educación, por tus padres. Comienza por el cuerpo, porque en este momento el cuerpo es lo más puro de ti. Así que si el corazón y la mente están en su contra, déjalos ir. Tú sigue al cuerpo. El cuerpo es la primera armonía, y el ser es la última.
La lucha siempre es entre el corazón y la mente. El cuerpo y el ser nunca están en conflicto: los dos son naturales. El cuerpo es naturaleza visible y el ser es naturaleza invisible, pero son parte de un solo fenómeno. La mente y el corazón están en conflicto porque la mente puede ser contaminada, corrompida, y eso es lo que han estado haciendo todas las religiones y culturas: corrompiendo tu mente. No pueden corromper tu corazón. Pero han logrado una técnica diferente para él: le han dado un rodeo, lo han ignorado. No lo han alimentado; han tratado de debilitarlo de todas las maneras posibles, de condenarlo.
Así que lo que tienes, de hecho, es que tu mente va contra tu cuerpo —porque todas las culturas están contra el cuerpo—, pero el cuerpo es tu hogar. Tu corazón es parte del cuerpo, y tu cabeza también es parte del cuerpo… pero la mente puede ser influida, condicionada. El corazón está fuera del alcance de otras personas: sólo tú puedes alcanzarlo.
Así que comienza por el cuerpo: primero sigue al cuerpo. El cuerpo nunca te va a engañar: puedes confiar en él y puedes confiar en él plenamente. Cualquier cosa que vaya contra el cuerpo es una imposición de los demás. Ése es un buen criterio para averiguar qué se te ha impuesto. Cualquier cosa que vaya contra el cuerpo está impuesta, es ajena. Deberías sacarla. Tu mente está llena de elementos ajenos; tu mente no está en su estado natural. También puede alcanzar un estado natural, y así ya no estará en contra del cuerpo: estará en sintonía con él. Así que comienza por el cuerpo y úsalo como criterio.
Es un proceso muy simple: sigue al cuerpo. Despacio, despacio, la mente comienza a deshacerse de todo lo anticuerpo. Tiene que deshacerse de él. Si no es su naturaleza, lo está cargando a pesar suyo. Es la carga que la humanidad muerta te ha dejado como legado. Si sigues al cuerpo, te sorprenderá que por primera vez verás que suceden dos cosas. La primera es que la mente comienza a deshacerse del condicionamiento. La segunda es que cuando la mente comienza a deshacerse del condicionamiento, oyes por primera vez la vocecita silenciosa del corazón, que estaba ahogada por la ruidosa mente. Como la mente se está volviendo un poco más calmada, un poco más silenciosa, puedes oír al corazón.
Primero escucha al cuerpo, para deshacerte de todo lo repugnante de tu mente, y comenzarás a escuchar a tu corazón. No está en contra del cuerpo, porque nadie puede condicionar tu corazón: no hay entrada del mundo exterior al corazón. Te maravillará ver que tu corazón y tu cuerpo están en armonía. Y cuando suceda esa armonía, la mente llegará a su fin, no tendrá poder sobre ti. Entonces conocerás un poder nuevo, más nuevo, más natural, más auténtico, y la mente se deshará incluso de su condicionamiento más sutil.
El día en que la mente se quede en silencio y entre en sintonía con el corazón y con el cuerpo, ese día descubrirás tu ser, no antes. Y una vez que hayas descubierto tu ser, no tendrás que intentar armonizar nada. La mera presencia del ser lo armoniza todo. Esa experiencia es tan vasta que tu cuerpo, tu corazón, tu mente, todos, pierden su identidad en la vastedad de tu ser. Pero comienza por el cuerpo.
Todas las religiones están diciendo lo contrario. Dicen: “Oponte al cuerpo, no sigas al cuerpo: el cuerpo es el enemigo”. Ésa es su estrategia para destruirte, porque te han quitado el elemento básico a partir del cual podrías haber crecido hacia la armonía. Te quedarás siempre en discordia, sin armonía. Nunca llegarás a conocer tu ser, y toda tu vida será sólo angustia, ansiedad, miles de tipos de tensión. Las religiones ya te dieron la clave de cómo te destruyeron. Hacer que tu mente trabaje contra el cuerpo ha sido su estrategia.
Yo te lo digo: comienza por el cuerpo. Es tu hogar. Ámalo, acéptalo, y en ese mismo amor, en esa misma aceptación, estarás creciendo hacia la armonía. Esa armonía te llevará hacia el ser. Y una vez que descubras el ser, estarás libre de todo esfuerzo. La armonía se convertirá en tu naturaleza: una voz, una unidad orgánica.
¿Por qué el sexo ha sido tabú en todas las sociedades a lo largo de la historia?
Es una pregunta muy complicada, pero muy importante también; vale la pena profundizar en ella. El sexo es el instinto más poderoso del hombre. El político y el sacerdote entendieron desde el principio que el sexo es la energía más potente del hombre. Debe restringirse, debe cortarse; si al hombre se le permite una libertad sexual absoluta, no habrá posibilidad de dominarlo; convertirlo en esclavo será imposible.
¿No has visto cómo lo hacen? Cuando quieres ponerle el yugo a un toro, amarrarlo a una carreta, ¿qué haces? Lo castras, destruyes su energía sexual. ¿Y has visto la diferencia entre un toro y un buey? ¡Qué diferencia! Un buey es un fenómeno triste, un esclavo. Un toro es belleza; un toro es un fenómeno glorioso, un gran esplendor. ¡Mira caminar a un toro, cómo camina, como emperador! Y mira a un buey jalando una carreta… Lo mismo le han hecho al hombre: el instinto sexual está restringido, cortado, tullido. El hombre ya no existe como toro, existe como buey. Y cada hombre está jalando mil y una carretas.
Voltea y encontrarás detrás de ti mil y una carretas, y estás amarrado a ellas, traes puesto el yugo. ¿Por qué no puedes ponerle el yugo a un toro? El toro es demasiado poderoso. Si ve pasar una vaca, te tirará a ti y a la carreta e irá hacia ella. No le importará un bledo quién seas, y no te escuchará. Será imposible controlarlo.
La energía sexual es energía vital: es incontrolable. Y al político y al sacerdote no les interesas tú, les interesa canalizar tu energía en otras direcciones. Así que hay un cierto mecanismo detrás; hay que entenderlo.
La represión sexual, convertir en tabú el sexo, es el cimiento de la esclavitud humana. Y el hombre no podrá ser libre a menos de que el sexo sea libre. El hombre no puede ser realmente libre a menos de que se le permita un crecimiento natural a su energía sexual.
Éstos son los cinco trucos con los que el hombre ha sido convertido en esclavo, en un fenómeno triste, en tullido. El primero es: mantén al hombre lo más débil posible si quieres dominarlo. Si el sacerdote quiere dominarte o el político quiere dominarte, tiene que mantenerte lo más débil posible. Sí, en algunos casos se permiten excepciones, es decir, cuando se requieren tus servicios para combatir al enemigo; sólo entonces, de lo contrario no. El ejército tiene permitidas muchas cosas que otras personas no. El ejército está al servicio de la muerte, tiene permitido ser poderoso. Tiene permitido mantenerse lo más poderoso posible: es necesario para matar al enemigo.
Las demás personas son destruidas: son forzadas a mantenerse débiles de mil y una formas. Y la mejor manera de mantener débil a un hombre es no darle total libertad para el amor. El amor es alimento. Ahora los psicólogos descubrieron que si un niño no recibe amor, se retrae en sí mismo y se vuelve débil. Puedes darle leche, puedes darle medicina, puedes darle todo… sólo no le des amor. No lo abraces, no lo beses, no lo tengas cerca del calor de tu cuerpo y el niño comenzará a volverse más y más y más débil, y tendrá más probabilidades de morir que de sobrevivir. ¿Qué pasa? ¿Por qué? Tan sólo al abrazarlo, besarlo, dándole calor, de alguna manera el niño se siente alimentado, aceptado, amado, necesitado. El niño comienza a sentirse valioso, el niño empieza a sentir cierta finalidad en su vida.
Ahora, desde la infancia los hambreamos, no les damos el amor que necesitan. Luego obligamos a los hombres y mujeres jóvenes a no enamorarse a menos de que se casen. A los catorce años de edad son sexualmente maduros. Pero puede que su educación tome más tiempo, diez años más, hasta que tengan 24, 25 o más, y luego obtendrán sus maestrías o doctorados o títulos de medicina, así que hay que obligarlos a no amar.
La energía sexual llega a su clímax más o menos a los dieciocho años de edad. Nunca más será un hombre tan potente, y nunca más una mujer podrá tener un orgasmo más grande que el que podrá tener a los dieciocho. Pero los obligamos a no hacer el amor. Obligamos a los chicos a tener dormitorios separados; las niñas y los niños se mantienen separados, y entre los dos está todo el mecanismo de la policía, los magistrados, vicecancilleres, directores, maestros. Todos están parados ahí, justo en medio, impidiendo que los chicos vayan hacia las chicas, impidiendo que las chicas vayan hacia los chicos. ¿Por qué? ¿Por qué se esfuerzan tanto? Están tratando de matar al toro y crear un buey.
Para cuando cumples dieciocho años estás en la cima de tu energía sexual, de tu energía amorosa. Para cuando te casas, a los 25, 26, 27… y la edad ha estado subiendo y subiendo, entre más cultivado un país, más esperas, porque tienes que aprender más, conseguir un trabajo, esto y lo otro. Para cuando te casas, tus poderes casi están declinando.
Entonces amas, pero el amor nunca es realmente candente; nunca llega al punto en que la gente se evapora, se queda tibio. Y cuando no has podido amar totalmente, no puedes amar a tus hijos, porque no sabes cómo. Cuando no has podido conocer la cima, ¿cómo puedes enseñarla a tus hijos? ¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a alcanzar la cima? Así, a lo largo de la historia se le ha negado el amor al hombre para mantenerlo débil.
Segundo: mantén al hombre lo más ignorante y crédulo posible para que sea fácil de engañar. Y si quieres crear una suerte de idiotez —una necesidad para el sacerdote y el político y su conspiración—, entonces lo mejor es no permitirle al hombre moverse libremente hacia el amor. Sin amor, la inteligencia de un hombre decae. ¿No lo has visto? Cuando te enamoras, de pronto todas tus capacidades están en la cumbre, en un crescendo. Tan sólo un momento atrás te veías apagado, y entonces conociste a tu mujer… y de pronto una gran alegría hizo erupción en tu ser, estás en llamas. Mientras la gente está enamorada, se desempeña al máximo. Cuando el amor desaparece, o cuando no está, se desempeña al mínimo.
La gente más grandiosa, la más inteligente, es la más sexual. Eso tiene que entenderse, porque la energía amorosa básicamente es inteligencia. Si no puedes amar, de alguna manera estás cerrado, frío: no puedes fluir. Por el contrario, en el amor uno fluye, uno se siente tan confiado que puede tocar las estrellas. Por eso una mujer se convierte en una gran inspiración, por eso un hombre se convierte en una gran inspiración. ¡Cuando una mujer es amada, se vuelve más bella de inmediato, al instante! Tan sólo hace un momento era una mujer ordinaria… cuando el amor la ha rociado, está bañada por una energía totalmente nueva, una nueva aura surge a su alrededor. Camina con más gracia, ha brotado una danza en sus pasos. Sus ojos ahora tienen una belleza tremenda, su cara brilla, es luminosa. Y lo mismo le sucede al hombre.
Cuando la gente está enamorada, su desempeño es óptimo. No les permitas el amor, y se mantendrán al mínimo. Cuando se mantienen al mínimo son estúpidos, ignorantes; no les importa saber. Y cuando la gente es ignorante y estúpida y crédula, es fácil de engañar. Cuando la gente está reprimida sexualmente, reprimida amorosamente, comienza a añorar la otra vida: piensa en el cielo, en el paraíso, pero
