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Nota de los autores
En 2015 empezamos a informar sobre un fondo soberano de inversión, justo después de que empezaran a acumularse rumores respecto a sus crecientes deudas y tratos sospechosos. Era una historia intrigante. Goldman Sachs obtuvo ganancias inconmensurables al ayudarle a dicho fondo a recolectar dinero, y el escándalo subsecuente alrededor del destino de los recursos amenazaba con derrocar al primer ministro de Malasia. Sin embargo, no se trataba de un caso ordinario de corrupción en otro país en desarrollo. Los reportes de los medios y de las fuentes con las que empezamos a conversar sugerían que Jho Low, un hombre poco conocido de 27 años, socio del primer ministro, había tomado el dinero. Se hablaba de tal vez cientos de millones de dólares, si no es que miles, que el hombre usó para fundar una empresa productora en Hollywood, encargar uno de los yates más grandes del mundo y ofrecer salvajes y decadentes fiestas por todo el planeta. De ser cierto, el asunto Low representaba uno de los golpes financieros más grandes de la historia.
¿Pero quién era Jho Low? ¿Y cómo surgió de la oscuridad para convertirse en la supuesta mente maestra de un fraude de miles de millones de dólares realizado en las narices del ámbito financiero? Nos dispusimos a develar su verdadera identidad, y lo que descubrimos fue asombroso. Detrás de la apariencia llana y los agradables modales de este individuo había un fabulista serial que había descifrado cómo funcionaba el mundo en realidad. Era amigo de todos, pero muy pocos lo conocían más allá de la reputación que tenía como uno de los mayores despilfarradores de dinero que la clase del jet-set había visto en toda una generación. No se trataba nada más de una loca historia que involucraba a banqueros de Wall Street, celebridades y un estafador con labia. El mero éxito de Low, en esencia, estaba profundamente arraigado en los fracasos de la economía mundial del siglo XXI. Su capacidad para robar tanto, engañar a los bancos de Wall Street, a los auditores y los reguladores; su éxito para aprovechar una riqueza incalculable y usarla para ir comprando la amistad de los actores y modelos más famosos del mundo; y la facilidad con que hacía creer a todos que pertenecía a ese ámbito: todo esto hace evidente que Low era producto de una sociedad preocupada por la riqueza y el glamour.
Nos dimos cuenta de que la asombrosa vida de Jho Low era demasiado increíble para caber adecuadamente en las páginas de The Wall Street Journal. Esperábamos que escribir un libro nos permitiera mostrar a detalle cómo lo logró, pero también qué lo motivó y cómo logró salirse con la suya durante tanto tiempo. Estuvimos de acuerdo en que ese retrato más amplio del capitalismo y la desigualdad, contado a través de su vida, tendría un valor perdurable.
El material que se presenta en estas páginas es resultado de tres años de investigación. Entrevistamos a más de 100 individuos en más de 12 países, desde la diminuta ciudad de Willemstad, en la isla de Curazao, hasta Shanghái, en China. La mayoría de la gente mencionada en el libro estuvo de acuerdo en hablar con nosotros, ya fuera de manera directa o a través de un representante legal, aunque hubo una pequeña cantidad de personas que se negó a hacerlo. Muchas de nuestras fuentes insistieron en mantener el anonimato porque tenían miedo a sufrir daños físicos o legales. Todas las anécdotas se basan en los recuerdos de muchas fuentes, y en algunos casos están respaldados por fotografías, videos y otros documentos. Hemos revisado decenas de miles de papeles, incluso los registros públicos de la corte, documentos de investigación confidenciales y registros financieros, así como cientos de miles de correos electrónicos provistos a las autoridades durante el curso de investigación del caso. También nos apoyamos en los alegatos oficiales contenidos en los casos civiles de falsificación de bienes del Departamento de Justicia, así como en los procesos judiciales en Singapur y los reportes oficiales de las autoridades suizas.
Hasta hoy, julio de 2018, no se han presentado cargos públicos por ofensas criminales en contra de Jho Low ni de casi ninguno de los personajes que aparecen en este libro, excepto por el antiguo primer ministro malayo Najib Razak. Sólo un puñado de banqueros de Singapur pasó un tiempo en prisión, y ahora que estamos terminando nuestra labor en este libro el Departamento de Justicia se encuentra en medio de una investigación criminal descomunal alrededor de Jho Low y de otras de las personas en el centro del caso. Las autoridades de Malasia, Suiza y Singapur continúan investigando.
Todos los personajes principales de este libro negaron haber cometido crímenes y sostuvieron que las transacciones fueron legales, sin embargo no nos ofrecieron una explicación más rigurosa de sus operaciones. En particular, Jho Low hace énfasis en el hecho de que jamás se le ha acusado de ninguna actividad criminal en ninguna jurisdicción, y en que en ninguna corte se han presentado pruebas de ofensas criminales. Otras de las figuras que los lectores podrán conocer, entre las que se encuentran Patrick Mahony y Tarek Obaid, empleados de una empresa petrolera suiza llamada PetroSaudi International, y el primer ministro malayo Najib Razak, sostienen a través de sus abogados que no hicieron nada malo. Cualquier error es nuestro.
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El reparto
LA FAMILIA LOW
Low Taek Jho, “Jho Low”
Low Taek Szen, “Szen Low”, su hermano mayor
Low May-Lin, su hermana mayor
Goh Gaik Ewe, su madre
Low Hock Peng, “Larry Low”, su padre
Jesselynn Chuan Teik Ying, novia de Jho Low
LOS SOCIOS DE LOW
Jasmine Loo Ai Swan, asesora legal en 1Malaysia Development, Berhad o 1MDB, un fondo de inversión del Estado malayo
Casey Tang Keng Chee, director ejecutivo de 1MDB
Seet Li Lin, amigo de la escuela Wharton y vicepresidente de Jynwel Capital, la empresa de Low en Hong Kong
Eric Tan, el Gordo Eric (Fat Eric), individuo fiestero y socio de Low
Nik Faisal Ariff Kamil, director de inversiones de 1MDB
Hamad Al Wazzan, un amigo kuwaití
MALASIA
Najib Razak, primer ministro de Malasia
Rosmah Mansor, esposa de Najib
Riza Aziz, hijo de Rosmah, producto de un matrimonio anterior; cofundador de Red Granite Pictures
Mahathir Mohamad, antiguo primer ministro y némesis de Najib
Anwar Ibrahim, líder de la oposición
GOLDMAN SACHS
Timothy Leissner, presidente, Sudeste Asiático
Andrea Vella, director de negocios financieros estructurados de Goldman en Asia; más adelante fue codirector de banca de inversión, Asia
Lloyd Blankfein, director ejecutivo
Gary Cohn, presidente
PETROSAUDI INTERNATIONAL
Príncipe Turki Bin Abdullah Al Saud, cofundador
Tarek Obaid, cofundador y director ejecutivo
Nawaf Obaid, hermano de Tarek
Patrick Mahony, director de inversiones
Xavier Justo, director de la oficina de Londres
ABU DABI
Khadem Al Qubaisi, presidente de IPIC
Yousef Al Otaiba, embajador de Emiratos Árabes Unidos en Estados Unidos
Mohamed Badawy Al Husseiny, director ejecutivo, Aabar Investments
Jeque Mohammed Bin Zayed Al Nahyan, príncipe coronado de Abu Dabi
Jeque Mansour Bin Zayed Al Nahyan, hermano del jeque Mohammed y director de IPIC
Khaldoon Khalifa Al Mubarak, director ejecutivo de Mubadala Development
BSI
Hanspeter Brunner, director ejecutivo, Asia
Yak Yew Chee, banquero principal de relaciones para Jho Low y 1MDB
Yeo Jiawei, banquero especializado en gestión de patrimonios que se va para trabajar para Jho Low
Kevin Swampillai, director de gestión de patrimonios
AMBANK
Cheah Tek Kuang, director ejecutivo
Joanna Yu, banquera a cargo de las cuentas del primer ministro Najib Razak
FALCON BANK
Eduardo Leemann, director ejecutivo
HOLLYWOOD/ENTRETENIMIENTO
Joey McFarland, amigo de Low; cofundador de Red Granite Pictures
Paris Hilton, socialité
Leonardo DiCaprio, actor
Jamie Foxx, actor, músico
Kasseem Dean, “Swizz Beatz”, esposo de Alicia Keys, productor musical
Busta Rhymes, músico
Noah Tepperberg y Jason Strauss, propietarios del imperio de clubes nocturnos Strategic Hospitality Group
Miranda Kerr, modelo
Prakazrel Samuel Michél, “Pras”, músico
Kate Upton, modelo
Martin Scorsese, director de cine
Elva Hsiao, cantante taiwanesa y novia por algún tiempo de Low
Nicole Scherzinger, cantante
PERIODISTAS
Clare Rewcastle-Brown, fundadora de Sarawak Report
Tong Kooi Ong, propietario de The Edge
Ho Kay Tat, editor de The Edge
FBI
William “Bill” McMurry, director del escuadrón internacional anticorrupción, Nueva York
Robert Heuchling, agente principal del FBI en el caso 1MDB
Justin McNair, agente y contador forense del FBI del caso
Roba un poco y te lanzan a la cárcel.
Roba mucho y te hacen rey.
BOB DYLAN, “Sweetheart Like You”
A veces te involucras tanto en las cosas que lo anormal
parece normal y lo normal parece un recuerdo distante.
JORDAN BELFORT
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Prólogo
LAS VEGAS, 3 Y 4 DE NOVIEMBRE DE 2012
Aproximadamente a las 6:00 p. m. de una cálida y despejada noche de noviembre, Pras Michél, antiguo miembro de Fugees, el trío de hip-hop de los noventa, se acercó a una de las suites Chairman en el quinto piso del hotel Palazzo. Tocó a la puerta y, cuando ésta se abrió, apareció un hombre robusto de esmoquin negro y sonrisa cálida. El hombre, a quien sus amigos conocían como Jho Low, resplandecía ligeramente por el sudor y hablaba con una suave cadencia común entre los malayos. “Aquí está mi muchacho”, dijo, al tiempo que abrazaba al rapero.
Las suites Chairman costaban 25 mil dólares y eran las más opulentas que ofrecía el Palazzo. Tenían una terraza con alberca, vista a la franja comercial de Las Vegas conocida como el Strip y modernos interiores en blanco que incluían una habitación con karaoke, sofás envolventes y paredes acolchadas. Sin embargo, el anfitrión no pensaba pasar mucho tiempo en la habitación esa noche: tenía preparada una celebración mucho más ostentosa para su cumpleaños número 31. Ésta era solamente la fiesta previa que había organizado para su círculo íntimo de amigos que llegaron en jet de todas partes del mundo. Alrededor de Low, los bulliciosos invitados, una mezcla ecléctica de celebridades y parásitos, engullían champaña. La gente no dejaba de llegar. Swizz Beatz, el productor de hip-hop casado con Alicia Keys, conversaba animadamente con el anfitrión. En algún momento llegó Leonardo DiCaprio con Benicio Del Toro para hablar con Low sobre algunas ideas que tenían para una película.
¿Qué opinaban los invitados de su anfitrión? En la opinión de muchos de los asistentes, Low era un individuo misterioso. Venía de Malasia, un pequeño país del Sudeste Asiático que a muchos occidentales les costaría trabajo señalar en un mapa. Usaba lentes y tenía un rostro redondo con rasgos aniñados, mejillas rojizas y apenas algún rastro de vello. Su ordinaria apariencia iba bien con su torpeza y esa dificultad para conversar que las hermosas mujeres que lo rodeaban confundían con timidez. Era educado y amable, siempre parecía estar ausente del momento y con frecuencia interrumpía una conversación para tomar una llamada en alguno de sus seis celulares.
A pesar de la apariencia modesta del anfitrión, corría el rumor de que estaba forrado de dinero, que tal vez era multimillonario. Los invitados murmuraban entre sí que apenas unos meses antes la empresa de Low había adquirido una porción de acciones de EMI Music Publishing, y se especulaba que él había puesto el dinero para la película más reciente de DiCaprio, El lobo de Wall Street, la cual se seguía filmando. Los tímidos modales ocultaban una ambición acérrima como esas que rara vez se ven en el mundo. Si se le observaba más de cerca, era obvio que Low no era un individuo tímido, sino que más bien evaluaba en silencio, como si estuviera encontrándole la lógica a cada interacción humana para calcular lo que le podría ofrecer a esa persona frente a él, y lo que ella podría hacer por él a cambio. A pesar de su edad, tenía una seriedad peculiar que le permitía mantenerse en control en medio de un salón lleno de canosos banqueros de Wall Street o personajes consentidos de Hollywood. Llevaba años cultivando metódicamente la amistad de la gente más adinerada y poderosa del planeta, y lo que le permitió colocarse en su órbita y conseguirse un lugar ahí en el Palazzo, fue su audaz estrategia. Ahora era él quien repartía favores.
Esa noche en el Palazzo marcaba la cima del ascenso de Low. La lista de invitados a su cumpleaños incluía estrellas de Hollywood, los banqueros más importantes de Goldman Sachs y poderosas figuras de Medio Oriente. Tras la crisis financiera de Estados Unidos, todos querían un pedacito de él. Pras Michél, por ejemplo, perdió su lugar bajo los reflectores después de la disolución de los Fugees, pero tenía la esperanza de reinventarse como inversionista de capital privado, y de que Low lo financiara. Algunas celebridades habían recibido cientos de miles de dólares por concepto de honorarios que Low les pagaba solamente para que asistieran a sus eventos, y por supuesto, estaban ansiosas por mantenerlo feliz.
Swizz Beatz pidió silencio a los asistentes en la suite del hotel antes de presentar un costoso equipo de DJ ornamentado con imágenes de un panda que le ofreció a Low como regalo. La gente estalló en carcajadas porque así era como le llamaban al anfitrión algunos de sus amigos más cercanos debido a su complexión rolliza y a esa apariencia que hacía que le dieran a uno ganas de abrazarlo: panda. Kung Fu Panda le había gustado mucho, y cuando apostaba con sus amigos cercanos de Malasia, todos fingían ser un personaje de la película. A pesar de todo, ni siquiera estrellas como Pras o Swizz Beatz, que habían recibido miles de millones de dólares por aparecer en los eventos y por participar en otros tratos de negocios de Low, podían decir que conocían su historia. Si hacías una búsqueda en Google con las palabras “Jho Low”, no aparecía gran cosa. Algunos decían que era un traficante de armas asiático, otros afirmaban que era amigo cercano del primer ministro de Malasia, o que tal vez había heredado miles de millones de dólares de su abuelo chino. Los operadores de clubes nocturnos y casinos se referían a sus jugadores más importantes como “ballenas”, y algo definitivamente cierto respecto a Low es que era la ballena más extravagante que la gente había visto en Las Vegas, Nueva York y Saint-Tropez en mucho tiempo, o tal vez jamás.
Algunas horas más tarde, poco después de las 9:00 p. m., los invitados de Low iniciaron su viaje al evento principal de la noche. Para evitar a los paparazzi se desplazaron por las áreas destinadas exclusivamente para uso del personal, incluyendo la cocina, y luego salieron a un túnel de concreto que conducía al estacionamiento cubierto del hotel. Una flotilla de limusinas negras ya los esperaba con los motores encendidos, un acuerdo especial que el Palazzo les permitía solamente a sus huéspedes más lucrativos.
Cada movimiento parecía obedecer a un guion sin interrupciones: las puertas se abrían en el momento preciso y detrás aparecían jóvenes mujeres sonrientes que señalaban el camino. Cuando las limusinas avanzaron por la zona conocida como el Strip, se hizo evidente que no se dirigían al desierto como algunos de los invitados creían que lo harían. En lugar de eso, se detuvieron en algo que parecía un gigante hangar de aviación construido con un propósito específico, en una zona baldía. Ni siquiera los invitados VIP tenían idea de adónde se dirigían. Los automóviles atravesaron varios puntos de seguridad antes de detenerse en una entrada con alfombra roja llena de fornidos guardias de seguridad de traje negro y del primero de varias veintenas de grupos de jóvenes modelos con vestido rojo que, en algunos casos, ofrecían bebidas y alimentos, y en otros, de acuerdo con el crudo lenguaje de los clubes nocturnos, fungían como decoraciones “de ambientación”.
Ésta fue la manera en que llegaron los súper VIP, pero la mayoría de los aproximadamente 300 invitados se había registrado más temprano en el club nocturno LAVO del Palazzo o en un puesto de seguridad, sosteniendo sus invitaciones color rojo brillante que decían “Cumpleaños todos los días” en elegantes letras doradas. En ese punto firmaron acuerdos de confidencialidad que los obligaban a ser discretos, y entregaron sus celulares antes de abordar minibuses para el breve trayecto al salón. Entre ellos se encontraba Robin Leach, quien en su papel de anfitrión del programa de televisión Lifestyles of the Rich and Famous llevaba décadas haciendo la crónica de la forma en que gastaban su dinero raperos, estrellas de Hollywood y miembros de dinastías que siempre tuvieron fortunas. Eso había sucedido en las décadas de los ochenta y los noventa, sin embargo, no hubo nada que lo preparara para la intemperancia que atestiguaría esa noche. Leach escribía la columna de chismes de Las Vegas Sun y era parte de los poquísimos invitados que lograron averiguar algunos detalles de lo que se avecinaba. “Rumor EXCLUSIVO: Britney Spears vuela a Las Vegas mañana para ofrecer un concierto secreto, la fiesta más costosa ofrecida entre los más ricos”, tuiteó.
La invitación de Leach contenía un requisito intrigante: podía escribir sobre la fiesta, pero no nombrar al anfitrión. El columnista había construido su carrera con base en el deseo que tenía la gente rica de presumir su opulencia, pero entonces ¿qué hacía que este individuo quisiera gastar tanto dinero y permanecer en el anonimato?, se preguntó. Leach era un veterano de la vida nocturna, pero aun así quedó asombrado al contemplar la audacia de la construcción del lugar. Mientras escudriñaba el arco del terreno donde se llevaría a cabo la fiesta —una estructura suficientemente extensa para albergar una rueda de la fortuna, un carrusel, un trampolín de circo, una sala para fumar puro y afelpados sofás blancos diseminados por todo el lugar—, hizo algunos cálculos. En una mitad imperaba el tema circense, y la otra había sido transformada en un club nocturno ultra chic. La iluminación y los artefactos que lanzaban explosiones de fuego al aire periódicamente, hacían que, más que un evento privado, pareciera un concierto magno.
“Debe haber costado millones”, pensó Leach. Ahí estaban los nuevos amantes Kanye West y Kim Kardashian, acaramelados debajo de un dosel; Paris Hilton y el rompecorazones River Viiperi, susurrando junto a una barra. Los actores Bradley Cooper y Zach Galifianakis se estaban tomando un descanso de la filmación de ¿Qué pasó ayer? Parte 3 y reían mientras observaban la escena a su alrededor. Fuera de las entregas importantes de premios, era muy raro que tantos actores y músicos de primera línea se reunieran en un evento. “Estamos acostumbrados a las fiestas extravagantes de Las Vegas, pero ésta era la celebración máxima —dijo Leach—. Nunca había asistido a algo así.”
Mientras los invitados conversaban, entre ellos pasaban artistas como los del Cirque du Soleil en zancos, y algunas acróbatas en lencería se columpiaban en aros colgados del techo a gran altura. Había varios camiones monstruo estacionados en los extremos y una compañía de aproximadamente 20 enanos vestidos como los Umpa Lumpa de Charlie Wonka y la fábrica de chocolate que se desplazaban insistentemente entre los invitados. En un área VIP acordonada, Low sostenía una reunión con DiCaprio y Martin Scorsese, quien en ese momento dirigía El lobo de Wall Street, pero a medida que avanzó la noche se les unieron otros invitados como Robert De Niro, Tobey Maguire y el medallista olímpico Michael Phelps.
No todos los asistentes eran celebridades, pero Low tuvo la delicadeza de no soslayar a sus amigos y contactos de negocios fundamentales, aunque no fueran tan conocidos. Entre ellos se encontraban Tim Leissner, un banquero alemán, estrella de Goldman Sachs para cerrar tratos en Asia, y Mohamed Al Husseiny, director ejecutivo de uno de los fondos de inversión más nutridos de Abu Dabi. Entre los banqueros de Wall Street corrían rumores sobre las enormes ganancias que había estado obteniendo Goldman en Malasia: cientos de millones de dólares generados a través de la colocación de bonos para un fondo estatal de inversiones que, sin embargo, todavía no llegaban al Hollywood insular. El séquito de costumbre de Low también estaba presente, incluyendo a Fat Eric, a quien el malayo conocía del ámbito de los clubes nocturnos de Malasia; su primo Howie, y Szen, su hermano mayor.
Las meseras entregaban botellitas de champaña con popotes. Los bartenders permanecían detrás de la barra de hielo de poco más de siete metros y repartían licor de la más alta calidad y flautas de Cristal. La multitud ya se encontraba bastante animada para cuando Jamie Foxx comenzó el espectáculo con un video proyectado en las pantallas gigantes. Al parecer varias personas de todo el mundo habían ayudado a realizar un video sorpresa de cumpleaños para su buen amigo Low, en el que aparecían bailando un fragmento de la famosa canción “Gangnam Style”. Los banqueros de la empresa de inversiones de Low establecida en Hong Kong aparecieron bailando en una sala de conferencias. Al Husseiny salió sobre una moto acuática en Abu Dabi. Para ser honestos, el video era, en parte, idea de Low, y al igual que todos los demás aspectos de la noche, del color de las flores a las bebidas del bar, había sido cuidadosamente orquestado bajo su batuta. Aunque esa parte de la fiesta no fue una sorpresa para el anfitrión, se le veía feliz.
Cuando terminó de proyectarse el video, Psy, el cantante surcoreano que ese año se catapultó al estrellato con “Gangnam Style”, cantó la canción en vivo ante una multitud enloquecida. En la siguiente media hora hubo actuaciones de Redfoo and the Party Rock Crew, Busta Rhymes, Q-Tip, Pharrell, Swizz Beatz con Ludacris y Chris Brown, quienes estrenaron la canción “Everyday Birthday”. Durante la presentación de Q-Tip, DiCaprio subió ebrio al escenario y rapeó con el artista. Luego introdujeron en el escenario un pastel de bodas falso en un carrito, y apareció súbitamente Britney Spears con un revelador atuendo dorado. Rodeada por sus bailarines, cantó “Happy Birthday” para Low mientras un grupo de mujeres empezó a repartir rebanadas de un pastel de chocolate de verdad. Cada uno de los artistas que se presentaron esa noche recibió un cheque por una suma considerable, pero se dice que Spears se llevó una cifra de seis dígitos por su breve aparición.
Luego llegaron los regalos. Noah Tepperberg y Jason Strauss, los empresarios de la vida nocturna que habían ayudado a organizar la fiesta, detuvieron la música y tomaron un micrófono. En pocos años, Low había gastado decenas de millones de dólares en sus clubes Marquee, TAO y LAVO, incluso cuando se produjo el golpe de la crisis financiera y los más fuertes apostadores de Wall Street sintieron la tensión. Low era su cliente número uno, y por lo mismo hacían cualquier cosa para asegurarse de que no se lo robaran los propietarios de otros clubes. Tepperberg y Strauss le hicieron señales al personal, y un deslumbrante Lamborghini rojo avanzó hasta el centro de la carpa. Alguien le regaló no una, sino tres lujosas motocicletas Ducati. Finalmente, Szen Low le obsequió a su hermano un Bugatti Veyron de 2.5 millones de dólares envuelto con todo y moño.
Hasta los obsequios menos lujosos eran bastante elaborados. Joey McFarland, un antiguo agente de talentos a quien Low había ayudado a convertirse en productor de películas importantes, le regaló a su anfitrión una caja de vinos personalizada con la imagen del personaje Kung Fu Panda de la película animada, y las palabras “Vintage 1981” y “Producto de Malasia” grabadas en la madera. La caja incluía una botella de 1 000 dólares de Petrus 1981: el año en que nació Low. Justo después de las 12:20 a. m. los juegos pirotécnicos iluminaron el cielo. La fiesta duró hasta las primeras horas de la mañana y hubo más actuaciones de artistas como Usher, DJ Chuckie y Kanye West. Low se apiñó en una limusina y llevó consigo la fiesta de vuelta al Palazzo, donde apostó hasta la iluminada tarde del domingo.
Ése era el mundo que Jho Low había construido.
“Mientras usted dormía, un multimillonario chino estaba disfrutando de la fiesta del año”, comenzaba un artículo del sitio de internet de la estación de radio local KROQ que apareció dos días después con la imprecisión sobre la nacionalidad de Low. En el artículo se refirieron al millonario como “Jay Low”, pero no era la primera vez que su nombre se filtraba a los tabloides o se le asociaba con la extravagancia, y tampoco sería la última. Sin embargo, la fiesta de cumpleaños en Las Vegas fue un momento cumbre en su peculiar y ajetreada vida.
Muchos de los que llegaron a conocer brevemente a Low lo describían como el presumido vástago de una adinerada familia asiática, un principito consentido de la floreciente región y economía de los “locamente millonarios asiáticos”. Pocas personas preguntaban sobre él, y quienes se tomaban la molestia de hacerlo sólo descubrían fragmentos del verdadero individuo; sin embargo, Low no era un niño nacido con cuchara de plata, al menos no del tipo que financiaría una fiesta repleta de celebridades. Su dinero era producto de una serie de sucesos tan improbables, que parecían inventados. Hasta la fecha, la escala de lo que logró, los grandes golpes a nivel mundial que fue capaz de cometer y que le permitieron pagar por la fiesta de esa noche y por mucho, mucho más, son algo difícil de comprender.
Si bien Low venía de Malasia, su esquema era global y definitivamente producto del siglo XXI. Sus cómplices provenían de ese 0.1% conformado por la gente más adinerada del mundo, los ricos entre los ricos o la gente que aspiraba a sumarse a esas filas: los jóvenes estadounidenses, europeos y asiáticos que estudiaron juntos para obtener maestrías, que buscaron empleos en el área de las finanzas y gozaban de fiestas en Nueva York, Las Vegas, Londres, Cannes y Hong Kong. El telón de fondo era la crisis financiera mundial que había provocado que la economía de Estados Unidos se desplomara hasta propiciar una recesión, y que se sumaba al atractivo de un despilfarrador multimillonario asiático como Low.
El malayo se infiltró hasta el corazón del poderío estadounidense armado con más dinero en efectivo que, quizá, cualquier otro individuo en la historia. Lo que se lo permitió fue su origen oscuro y el hecho de que la gente tuviera solamente una noción vaga de Malasia. Si afirmaba ser un príncipe malayo, entonces debía ser verdad, ¿y respecto a que era el heredero de una fortuna de 1 000 millones de dólares? Por supuesto, podría ser cierto, pero a nadie le importaba. No le importó a Leonardo DiCaprio ni a Martin Scorsese, a quienes les prometió decenas de millones de dólares para hacer películas. Tampoco les importó a Paris Hilton, a Jamie Foxx ni a las otras estrellas que recibieron sueldos extraordinarios por aparecer en los eventos. No le importó a Jason Strauss ni a Noah Tepperberg, cuyo imperio de clubes nocturnos no dejaba de prosperar. Ni a las supermodelos a las que Low regalaba joyería de varios millones de dólares. No les importó a los banqueros de Wall Street que hacían decenas de millones de dólares por concepto de bonos y, ciertamente, tampoco le importó al protector del millonario, el primer ministro malayo Najib Razak.
La estrategia de Low involucró la compra de empresas en pisos, amistades con la gente más célebre del planeta, encuentros amorosos con mujeres de belleza extraordinaria e incluso una visita a la Casa Blanca. Pero más que nada, involucró una extraordinaria y compleja manipulación de las finanzas mundiales. Mientras se escribe este libro, el FBI sigue tratando de aclarar qué sucedió realmente. Miles de millones de dólares del gobierno malayo generados con ayuda de Goldman Sachs desaparecieron en un laberinto bizantino de cuentas bancarias, sociedades en el extranjero y otras estructuras financieras sumamente complejas. Cuando la estrategia empezó a desmoronarse en torno a los involucrados, el primer ministro de Malasia le dio la espalda a la democracia en un intento por aferrarse al poder y Low se desvaneció en el aire cuando el FBI lo buscó para interrogarlo.
La historia de Jho Low encarna el impactante poder de aquellos que aprenden a manejar las palancas de las finanzas internacionales en el siglo XXI. Este libro se centra en la manera en que Low prosperó y lo que su éxito nos dice respecto al fracaso del capitalismo global.
La historia comienza entre las palmeras que rodean la isla de Penang.
Primera parte
LA INVENCIÓN
DE JHO LOW
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Fotografías falsas
PENANG, MALASIA,
VERANO DE 1999
Mientras caminaba alrededor del Lady Orient, un yate de casi 50 metros atracado en una marina del gobierno de la isla de Penang, Jho Low verificaba periódicamente que nadie lo observara. En el bolsillo llevaba un puñado de fotografías de su familia: Larry Low, su padre, un hombre de negocios que había hecho millones de dólares gracias a su participación en una empresa local de manufactura de ropa; Goh Gaik Ewe, su madre, una orgullosa ama de casa que adoraba a sus hijos, y sus dos hermanos mayores. Cuando encontró las fotografías del dueño del yate, un multimillonario que vivía en Penang, sacó una por una de los marcos y las remplazó con las de su familia. Más tarde hizo lo mismo en una casa vacacional de la época colonial británica en Penang Hill, la cual también le había pedido prestada al multimillonario, amigo de su familia.
Desde la zona de bosque pluvial de Penang Hill, Low podía mirar hacia abajo y ver George Town, la capital colonial británica bautizada en honor de Jorge III (George III). Era un laberinto de mansiones encaladas y tiendas chinas derruidas. Más allá se podían ver los angostos estrechos que separaban la isla de Penang de Asia continental. Penang se ubicaba en la desembocadura del estrecho de Malaca, una importante vía marítima que enlazaba Europa y Medio Oriente con China, y había atraído a una buena cantidad de aventureros que incluía a oficiales coloniales británicos, comerciantes chinos y otros tipos de oportunistas. El bullicio de las calles lo causaban los habitantes de Penang que, en su mayoría, eran chinos malayos a los que les encantaba comer fuera, en los muchos puestos colocados a los lados de las calles, o caminar a lo largo del paseo costero.
En los años sesenta el abuelo de Low llegó de China a través de Tailandia y terminó en Penang, donde la familia amasó una pequeña fortuna. Desde cualquier perspectiva, eran un clan adinerado, pero Low empezó a estudiar en Harrow, un internado de élite en Inglaterra, donde sus compañeros de clase no contaban la riqueza de sus familias en millones, sino en miles de millones.
Larry acababa de vender sus acciones de la empresa de ropa, las cuales ascendían a 15 millones, una suma inmensa para una nación del Sudeste Asiático donde mucha gente vivía con 1 000 dólares al mes. Sin embargo, desde que Low llegó en 1998 a Harrow para estudiar los últimos dos años de la preparatoria, empezó a convivir con miembros de las familias reales de Brunei y Kuwait. El hogar de los Low era una mansión modernista rodeada de palmeras en la costa norte de Penang, tenía una apariencia impresionante y contaba con su propio sistema central de refrigeración, pero no era un palacio real.
Los nuevos compañeros de Low llegarían en unos días, los había convencido de que pasaran una parte de sus vacaciones de verano en Malasia y estaba ansioso por impresionarlos. El hecho de que su padre hubiera hecho lo necesario para mejorar el nivel social de la familia en Penang y para enviar a su hijo a uno de los internados más costosos del mundo, provocó que Low albergara ambiciones. Al joven le avergonzaba un poco la zona rural de Penang, y usaba el bote y la casa vacacional para compensar la situación, pero sus amigos de Harrow no tenían idea de lo que sucedía. Ser regordete y usar lentes siempre le dificultó atraer mujeres, por lo que reclamaba que se le respetara de otras maneras. A sus amigos de Harrow les decía que era un “príncipe de Malasia”, en un intento por ponerse al nivel de la realeza de sangre azul que lo rodeaba.
En realidad la etnia china del país, a la que pertenecían los Low, no la conformaban los aristócratas sino los comerciantes que llegaron más tarde al país en grandes oleadas, a todo lo largo de los siglos XIX y XX.
La mayor parte de los 30 millones de habitantes de Malasia eran musulmanes malayos que casi siempre trataban a los chinos como si fueran recién llegados aun cuando sus familias hubieran vivido en el país por generaciones. A algunos de los chinos de mayor edad de Penang les empezó a dar curiosidad ese peculiar chico. Los amigos de Harrow de Low llegaron y se fueron, y luego la historia de las fotografías empezó a circular en la isla, de la misma forma que lo hicieron las declaraciones del chico que decía que tenía linaje aristocrático. La gente se rio de su desfachatez. ¿Quién se creía este muchachito que era?
En los años sesenta la isla de Penang era un lugar en ruinas. En 1957 los británicos le otorgaron la independencia a su colonia de Malaya —un territorio tropical del Sudeste Asiático, rico en estaño y aceite de palma—, después de librar una guerra debilitante e inconclusa contra la insurgencia comunista. Desde sus refugios en la selva, cerca de la frontera tailandesa, los rebeldes comunistas esperaron su oportunidad y pronto iniciaron una guerra de guerrillas de años contra las fuerzas no probadas de la recientemente establecida nación de Malasia. Meng Tak, el abuelo de Low, conocía bien esta región fronteriza sin leyes. En los años cuarenta abandonó la provincia china de Guangdong, de donde era originario. Fue una época de gran turbulencia causada por la Segunda Guerra Mundial, la ocupación japonesa y una guerra civil que obligó a millones a huir del país. El abuelo se estableció en el sur de Tailandia, cerca de Malaya, hizo algo de dinero como inversionista menor en una mina de mena de hierro y se casó con una mujer de ascendencia china de la localidad. Luego regresó a Penang en la década de los sesenta.
La familia Low vivía en un modesto búngalo de George Town, la capital de Penang, a sólo unas cuadras de las villas descarapeladas con columnas de la época británica y las bodegas en la costa bordeada de palmeras. Muchos chinos emigraron ahí en la época colonial para comerciar insumos como estaño y opio, un narcótico cuya venta tuvieron monopolizada los británicos, pero que ahora era ilegal. En la unida comunidad de George Town corrían rumores oscuros sobre los orígenes del dinero de Meng Tak. Algunas personas mayores recordaban que operaba una tienda de utensilios de cocina en la ciudad, pero tal vez la historia sobre la minería de depósitos de hierro en Tailandia era solamente parte de la verdad. Otros susurraban que había hecho su dinero traficando opio más allá de la frontera.
Para cada versión de la historia de la familia de Low había un recuento alternativo, sin embargo, varias décadas después el joven empezaría a contar su propia historia sobre Meng Tak, un relato que él mismo fabricó para explicar por qué tenía en sus manos una fortuna tan inmensa. A todos los que estaban dispuestos a escucharlo les decía que el dinero provenía de las inversiones que hizo su abuelo en los ámbitos de la minería, el comercio de licor y los bienes raíces. Solamente había un problema. Muy poca gente en Malasia había escuchado hablar de esta familia increíblemente rica, y entre esas personas no había ni banqueros importantes ni líderes de negocios. La historia de la familia de Low se puede comprender mejor a través de Larry, su padre.
Larry Low nació en Tailandia en 1952 y se mudó a Penang cuando era niño; asistió a la London School of Economics y luego estudió una maestría en la Universidad de California, en Los Ángeles. Al regresar a Malasia se hizo cargo de los negocios de Meng Tak, y a pesar de haber estudiado en escuelas de élite, en los años ochenta hizo una inversión desastrosa en plantaciones de cacao, la cual provocó que casi desapareciera la fortuna familiar. Cuando se desplomaron los precios de los insumos, Larry usó lo que quedaba para comprar una participación minoritaria en una empresa que fabricaba ropa para exportar a Estados Unidos y Europa, y con esa actividad se sacó la lotería.
Los noventa fueron años de libertad absoluta para la naciente bolsa de valores de Malasia. Las economías tipo “tigre asiático” como las de Corea del Sur y Taiwán habían despegado desde ladécada de los sesenta, y ahora era el turno de otros países del continente. La economía de Malasia estaba creciendo más de 5% anualmente gracias al impulso de insumos como el aceite de palma, ropa, chips de computadora y artefactos electrónicos. Atraídos por este candente crecimiento, los inversionistas extranjeros vertieron dinero en acciones y bonos malayos, pero como no había supervisión, quienes tenían información privilegiada violaban con regularidad las leyes del manejo de valores como si estuvieran imitando los excesos de personajes de los años ochenta como Michael Milken, el rey estadounidense de los bonos basura, o el corredor de bolsa infiltrado Ivan Boesky. Los malayos que supieron cómo jugar con el sistema se volvieron increíblemente ricos, pero los accionistas minoritarios salieron perdiendo.
La gente que trabajaba con Larry lo consideraba un individuo persuasivo y encantador que, sin embargo, se inclinaba por la holgazanería y prefería beber hasta tarde en los clubes nocturnos que trabajar. Sin embargo se benefició de la buena racha que tuvieron las acciones de MWE, la empresa de ropa en la que tenía una participación minoritaria. A principios de los años noventa MWE adquirió una firma canadiense de tecnología, y Larry estuvo involucrado. El trato implicó la sobrevaluación de esta firma y Larry hizo arreglos para que parte del dinero sobrante terminara en un banco extranjero, en una cuenta que él controlaba.
En aquel entonces era común que las empresas malayas usaran ese tipo de cuentas que, a menudo, les pertenecían a sociedades fantasma o ficticias anónimas establecidas en lugares como las Islas Vírgenes británicas. Gracias a su padre, los jóvenes Low aprendieron sobre este mundo de las finanzas secretas, y May-Lin, la hija de la familia, estudió leyes y se especializó en vehículos en el extranjero, conocidos en inglés como offshore.
Cuando el dueño de MWE descubrió que Larry había canalizado dinero al exterior, se puso furioso. Poco después Larry vendió su participación en la empresa, pero todavía quedaba algo positivo: el incremento que tuvo el precio de las acciones de MWE en los años noventa había permitido que la familia Low amasara una fortuna de varios millones.
Ahora que tenía cuarenta y tantos años y estaba forrado de dinero, Larry se entregó a su deseo de parrandear. Para una celebración que organizó en un yate, por ejemplo, hizo arreglos para que un grupo de modelos suizas volaran a Penang: el tipo de detalles por los que su hijo se daría a conocer más adelante. La familia era como un pez gordo en un estanque pequeño y se comportaba como tal. Larry se paseaba en el pueblo en un Lexus y era miembro del Club Penang, un exclusivo club deportivo fundado por los británicos en 1868, y entre cuyos miembros se podían encontrar familias de negocios y políticos bien conocidos de la isla. El Low más joven era un nadador ávido, y los domingos con frecuencia daba varias vueltas en la alberca cerca del mar antes de comer comida china con su familia.
Sin embargo, Larry consideraba que éstas eran actividades provincianas, y tenía la ambición de mejorar la posición social de su familia. Con ese objetivo en mente, en 1994, cuando Low tenía 13 años, su padre lo sacó de la escuela del sistema educativo local y lo inscribió en Uplands, una escuela internacional que la gente acaudalada de Penang elegía cuando quería preparar a sus hijos para algún internado en Gran Bretaña. Como muchos malayos de la élite todavía estudiaron bajo el antiguo poder colonial, Gran Bretaña seguía siendo el país preferido para realizar estudios en el extranjero.
Larry Low decidió establecerse en Inglaterra en una época en que los desarrolladores de una nueva comunidad cerrada en el elegante vecindario londinense de South Kensington empezaron a anunciarse en Malasia. Algunos de los políticos malayos más poderosos tenían casas en el desarrollo Kensington Green y a Larry le pareció que para una familia ambiciosa como los Low sería benéfico hacer amistad con esas personas, por lo que compró un departamento en el complejo y empezó a vacacionar ahí con su familia. Esto le dio la oportunidad a Low de conocer a los hijos de la élite malaya.
Al parecer Larry les contagió a sus hijos su interés por el estatus, ya que empezaron a forjar una amistad con Riza Aziz, un estudiante universitario cuya familia también tenía un inmueble en Kensington Green. El padrastro de Riza era el ministro de la Defensa, Najib Razak, de quien se rumoraba que llegaría a ser primer ministro. Riza, que era algunos años mayor que Low, fue la clave para la entrada del joven a los niveles superiores de la estructura del poder de Malasia.
En Penang, Larry ordenó la construcción de una hermosa mansión color crema en una colina en las afueras de George Town. El acero y el vidrio le daban a la mansión una elegante imagen que la hacía parecer sacada de las calles de Miami. Esta moderna construcción era un escalón ascendente de la, hasta cierto punto, modesta casa familiar que Meng Tak construyó en su juventud. MientrasLarry adquiría los elementos indispensables para la vida en una clase superior, Jho Low, que todavía era un adolescente, se mantenía ocupado explorando el naciente mundo de internet. El joven se aficionó a pasar horas frente a su computadora y a esconderse tras el anonimato de la red. Así empezó a decir mentirillas blancas de una forma bastante improvisada y eso lo llevó a ofrecerse a sí mismo en un sitio de chat en línea para modelar “en cualquier parte del mundo”. En este foro Low se describió como “muscular y bien proporcionado”, pero no recibió ofertas para modelar. En una fotografía escolar de 1994 se puede ver al chico como un estudiante de secundaria vestido con una camisa blanca de manga corta y pantaloncillos azules, así como con un corte de cabello pulcro pero carente de estilo. Sus actividades en línea expresaban un profundo deseo de ser popular. En las salas de chat le pedía a la gente que le sugiriera música hard core techno o preguntaba qué cortes de cabello estaban de moda en los distintos países.
Aunque pasaba sus vacaciones en Inglaterra, Low parecía inclinarse más por la cultura estadounidense como era típico de los jóvenes malayos. Uno de sus programas favoritos era Los expedientes secretos X, y le gustaba intercambiar en internet fotografías de Mulder y Scully con otros fanáticos. Después de vender su participación en MWE, Larry incursionó en las inversiones inmobiliarias y en el intercambio bursátil, y Low empezó a interesarse en ese campo. Devoró películas de Hollywood como Wall Street, con todo y su historia sobre el intercambio bursátil realizado por infiltrados y sobre el saqueo corporativo; y a pesar de que sólo tenía 15 años, también empezó a reunir recursos económicos con sus compañeros de Uplands para invertir en el mercado de valores. Muchos adultos recuerdan a Low como un chico tranquilo y respetuoso, pero adepto a aprovechar su encanto para obtener lo que quería. De vez en cuando les pedía prestadas pequeñas sumas de dinero a los amigos de Larry que, en muchos casos, eran acaudalados hombres de negocios, y luego no les pagaba.
Larry estaba planeando la siguiente fase del ascenso de la familia. Tenía el departamento en Londres y la elegante mansión en Penang. Szen, el hermano mayor de Low, había estudiado en Sevenoaks, una prestigiosa escuela en Inglaterra, y ahora Larry estaba a punto de enviar a su hijo más pequeño a uno de los mejores internados del mundo. Esta decisión catapultaría a Low al exclusivo club de la gente más rica del mundo.
Harrow se situaba en una colina bucólica al noroeste de Londres y llevaba décadas produciendo primeros ministros británicos como Sir Winston Churchill, sin embargo, para finales de los años noventa ya estaba atrayendo dinero nuevo proveniente de Asia y Medio Oriente. En esta misma época los malayos ricos veían Harrow como una opción a la que era más sencillo acceder que Eton y otros internados británicos exclusivos, pero que de todas formas ofrecía la oportunidad de facilitar la entrada a Oxford o Cambridge y de hacer contactos. Era común que, para ahorrar costos, los malayos sólo estudiaran ahí los últimos dos años de la preparatoria para prepararse para los exámenes A-level, y eso fue exactamente lo que Larry decidió hacer en el caso de su hijo.
Jho Low tenía 16 años en 1998, el año que llegó a Harrow y se enfrentó a algunas diferencias. Varios de los edificios del internado databan del siglo XVII, y mientras en Uplands, su escuela en Penang, el uniforme consistía en camisa de manga corta y pantalones de vestir, en Harrow se les exigía a los alumnos vestir con saco azul marino, corbata y sombrero de paja color crema con cinta. Las colegiaturas eran altas, los Low tenían que pagar más de 20 mil dólares al año, pero les parecía una inversión que valía la pena.
Estando en Harrow, Low prosperó como miembro de Newlands, una de las 12 casas de la escuela habitadas por aproximadamente 70 estudiantes cada una. Entre los alumnos que habían habitado en Newlands se podía encontrar a miembros de la familia Rothschild, la dinastía bancaria anglofrancesa. La casa Newlands era un edificio independiente de ladrillo rojo con cuatro pisos que databa del siglo XIX, muy parecido a la casa señorial del típico hombre de negocios acaudalado de la época victoriana. Poco después de llegar, Low empezó a convivir con un nuevo grupo de amigos pertenecientes a familias reales de Medio Oriente y Asia, y a pesar de que era relativamente rico, le sorprendió ver la cantidad de dinero en efectivo que tenían a su disposición. Entre los jóvenes del grupo se encontraba el hijo del sultán de Brunei, un pequeño país rico en petróleo colindante con Malasia, pero en general, cuando llegaba el fin de cursos a todos los recogían choferes en automóviles Rolls-Royce.
Al verse rodeado por esta élite de amigos nuevos, Low empezó a mostrar una faceta más temeraria de su personalidad. Entraba a hurtadillas en la biblioteca de Harrow con un grupo de estudiantes que tenían una ruleta en miniatura, y ahí jugaba y apostaba cantidades modestas de dinero. En una ocasión su amigo le consiguió papel membretado de la embajada de Brunei, y el joven falsificó una carta que envió a Chinawhite, el famoso club nocturno cerca de Picadilly Circus que en los años noventa era uno de los lugares más populares de la ciudad. En la carta, que supuestamente había sido enviada por personal de la embajada, Low solicitaba que se reservaran mesas en el club para miembros de la familia real de Brunei. La argucia funcionó, y Low y sus amigos menores de edad pudieron celebrar al lado de modelos y jugadores de futbol de la Liga Premier.
Con esta experiencia Low aprendió que el poder y el prestigio, o al menos la apariencia de éstos, podía abrir todo tipo de puertas. El joven se posicionó en el grupo de amigos como una persona que podía lograr que se hicieran las cosas. Hacía reservaciones y, cuando llegaba la hora de pagar, reunía el dinero de los asistentes y entregaba el dinero de tal forma que pareciera que él era quien estaba pagando todo. Se convirtió en el negociador y en la persona que arreglaba las situaciones, encontró la manera de hacer trueques para acercarse a los verdaderamente poderosos, y gracias a esto se volvió el centro de atención.
Cuando llegaban las vacaciones Low se iba al departamento en Kensington Green y ahí pasaba la mayor parte del tiempo con Riza Aziz. Sabía que los políticos malayos como el padrastro de Riza solamente recibían salarios modestos correspondientes al cargo oficial que ocupaban, y por lo mismo no podían darse el lujo de vivir en las casas de varios millones de libras del distrito más popular entrela gente rica de Londres. Todos sabían que la United Malays National Organization (UMNO), el partido gobernante de Malasia, les exigía sobornos a los negocios para otorgarles todo: desde licencias para apostar, hasta contratos de infraestructura. Muchos de esos negocios los controlaban chinos malayos como la familia Low. La situación lo colocaba en una posición de relatividad moral: si todos se estaban llevando una tajada, ¿cuál era el problema?
Al salir de Harr
