
Bienvenido, mazmorrero, al quinto piso. «Las Burbujas».
Ha dado comienzo una puja de patrocinio para el mazmorrero n.º 4.122. Dicha puja terminará en 45 horas.
Mazmorreros restantes: 178.887.
Entrando en la burbuja n.º 543 de 1.172. Cuadrante de Aire.
¡Logro desbloqueado! Un nuevo amanecer para la presa.
Has conseguido entrar en una escalera a pesar de encontrarte en la clasificación de los diez primeros. Eres un superviviente. Un luchador. Y, al igual que las astas de los ciervos crecen cuando estos maduran, tú también has crecido. Tú y el precio por tu cabeza.
Recompensa: ¡Has recibido una caja de carne de venado de oro! Pero no te emociones mucho. Solo es dinero. Además, desde ahora en adelante, todas las recompensas por tu cabeza se doblarán.
Míralo por el lado bueno: el premio por sobrevivir al piso también aumenta.
—Pero ¿qué cojones? —dije al ver la notificación. Nadie me había advertido de que las recompensas por acabar con nosotros iban a doblarse. Mordecai no lo había mencionado ni yo había leído que alguien lo nombrase en el libro de cocina. Me pregunté si sería algo nuevo. «Malditos cabrones».
Tosí y me arrepentí de haberlo dicho en voz alta. Escupí la arena que tenía en la boca.
Había decenas de miles de mazmorreros que no habían sobrevivido a las últimas horas del cuarto piso. Sentí cómo abría y cerraba los puños mientras avanzábamos contra el viento.
Dónut gimoteó con frustración sobre mi hombro. Un viento caliente soplaba contra nosotros, y cada vez que respiraba se me llenaban de arena la boca y la nariz. Necesitábamos mascarillas. Solo podíamos hablar por el chat.
Habíamos salido al quinto piso por aquella especie de almacén, pocos minutos después del derrumbe del cuarto. Sentí el temblor habitual en el suelo mientras seguíamos ahí dentro, pero fue mucho más distante de lo normal.
DÓNUT: ¡TENGO QUE ELEGIR UNA CLASE NUEVA! OJALÁ ME DIESEN MÁS TIEMPO. LAS OPCIONES SON TODAS DIFERENTES.
CARL: Mordecai, ayuda a Dónut a elegir. Estamos en una zona de aire.
MORDECAI: Ahí estáis, dioses. ¿Acaso Odette os obligó a limpiarle la casa antes de dejaros marchar? Yo llevo un rato por aquí y he estado reuniendo información. Venid al pueblo que se encuentra en la curva noroeste. Los muros protegen de las tormentas de arena. Al parecer, solo hay dos pueblos por la zona. Dónut, léeme las opciones.
Dónut empezó a leer rápidamente algunas de las clases. Ninguna tenía una habilidad que le permitiese volar. Muchas sonaban más interesantes y exóticas de lo habitual, como nueve colas o ayudante de semidios. Aunque también había algunas que sonaban a broma de algún tipo, como dependiente adolescente de tienda de vapeo. Mordecai hizo algunas preguntas rápidas y terminó por reducir a dos las opciones.
MORDECAI: Las clases a elegir son mejores aún, pero necesitamos que consigas más Constitución. Acabas de perder 10 puntos porque ya no tienes la clase forofa del fútbol. Hay una que compensará esa pérdida y te dará aún más. Cañón de cristal suele prohibirte la posibilidad de aumentar la Constitución al subir de nivel, pero te proporciona un aumento de 15 puntos a la puntuación base y también aumenta mucho la velocidad a la que los conjuros suben de nivel. No te sube la Inteligencia, pero reduce el coste de maná, lo que es prácticamente lo mismo. Tu proyectil mágico será mucho más potente, más aún. Tampoco es que puedas entrenar la Constitución, así que es una buena elección, sobre todo si te vas a dedicar a grindear los conjuros. Pero claro, los beneficios que te dan son aleatorios y, si no obtienes esos, elegir dicha clase podría ser un desperdicio.
El beneficio Actriz de reparto aumentaba de poder cada vez que bajaba un piso, pero seguía teniendo sus riesgos. No siempre obtenía todas las ventajas de la clase que elegía en cada caso. Y, una vez decidía, tenía que quedarse con ella durante todo el piso.
DÓNUT: ¡LA ACABO DE ELEGIR!
MORDECAI: ¿Y bien? ¿Qué te han dado?
DÓNUT: PUES… ME LO HAN DADO TODO. MENOS LA BONIFICACIÓN A LA CONSTITUCIÓN.
—Cagondiós —murmuré. Y me arrepentí de inmediato porque me vi obligado a escupir arena.
MORDECAI: Bueno. Tenemos que asegurarnos de que Dónut no reciba daño hasta que mejoremos su armadura. Nada de luchar sobre Mongo.
Una vez terminó de elegir clase, continuamos con nuestro camino. El polvo y la arena no dejaban de revolotear a nuestro alrededor. El suelo daba la impresión de ser firme, pero aun así los pies se me hundían hasta los tobillos con cada paso. La tormenta de arena apenas me permitía ver en un radio de seis metros a mi alrededor. Alcé la vista y lo único que vi fue un cielo marrón. Me di la vuelta y me fijé en que la puerta por la que habíamos entrado había desaparecido. La había reemplazado una pared de piedra curvada y escarpada. Parecía alcanzar mucha altura, como si estuviésemos dentro de un cuenco esculpido de cualquier manera.
KATIA: Vale. Creo que he visto el pueblo. Está cerca, a unos trescientos metros hacia delante y un poco a la izquierda. Mi habilidad Exploración no funciona muy bien. No veo nada detrás a excepción de esa pared de roca.
DÓNUT: AL MENOS NO HAY TÚNELES. ODIO LOS TÚNELES.
Yo no hubiese estado tan seguro de eso. En el chat, la gente no dejaba de hablar de los lugares en los que se encontraba. Lo minimicé hasta que encontrásemos algún lugar seguro, pero antes de hacerlo vi que algunos nombraban túneles estrechos y claustrofóbicos. Bautista se encontraba en uno de esos pasadizos, de hecho. Elle e Imani dijeron que estaban en una especie de isla flotante y redonda que, en realidad, era poco más que un par de barcos amarrados entre sí. Les estaba granizando y se habían refugiado en la bodega de carga de uno de los barcos, llena de unos monstruos pez de nivel 29.
CARL: No veo un carajo. Cuidado con los enemigos.
DÓNUT: EL PELAJE SE ME VA A QUEDAR FATAL. Y HACE CALOR. ESTO NO ME GUSTA, CARL. MONGO ESTÁ TRISTE.
CARL: Mongo sigue en el transportín. No sabes si está triste o no.
Sí que hacía calor. Era como si nos estuviesen apuntando con un secador de pelo encendido. Recordé el frío que hacía el día que habíamos entrado en la mazmorra. Después vi una cuenta atrás en la parte superior izquierda de mi visión. Era el tiempo que me quedaba para volver a tomarme una poción después de haberme bebido la mezcla especial de Mordecai. Al menos no se había detenido mientras estábamos en el programa de Odette.
CARL: Dónut. Campo de minas.
Dónut sacó a Mongo, que graznó consternado al sentir la tormenta de arena. Después, la gata lanzó Triplicado mecánico en la mascota y ordenó a los dos autómatas que abriesen la marcha. No veíamos nada, por lo que nos servían como cebo para los monstruos y para advertirnos de dunas demasiado pronunciadas.
El pueblo estaba cerca, pero llegar allí era bastante complicado. No nos topamos con ningún enemigo. Pasamos junto a la entrada de una especie de caverna en el suelo que parecía un buen refugio, pero los Mongo mecánicos no fueron capaces de entrar a pesar de que era bastante ancha. Descendía inclinada y estaba llena de remolinos de arena. Cuando nos asomamos, vimos que había un túnel que se perdía en la oscuridad. Bajé unos pocos pasos y vi una pared reluciente. No era un portal, sino un campo de fuerza de algún tipo, parecido al que se creaba al usar Caparazón protector y que bloqueaba la entrada de la cueva. La arena lo atravesaba sin problema. Un Mongo mecánico se acercó y le dio un garrazo, pero la pata le rebotó como si fuese una pared de verdad. Desplegué el guantelete y extendí el brazo para tocarlo con cuidado.
Aviso: No puedes entrar en este cuadrante hasta que no liberes el castillo del cuadrante en el que te encuentras.
Intenté gritar para avisar a Dónut y a Katia, pero el viento soplaba con demasiada fuerza. Tendríamos que seguir usando el chat.
CARL: Esta cueva es una entrada al cuadrante Subterráneo. Parece que no podremos salir de la zona de aire hasta que no nos encarguemos de los gnomos.
KATIA: El mapa no me deja ver nada de lo que hay ahí dentro. Pero mira las paredes. Pensaba que era una montaña, pero parece excavado. Creo que hay un edificio ahí abajo.
Saqué una esfera pelotazo y la hice rodar por la pendiente. Rebotó unas pocas veces en la rampa desnivelada, atravesó el campo de fuerza y siguió rodando. Desapareció en la oscuridad. Un momento después, el suelo tembló a causa de una explosión distante. No la oí, pero sí que la sentí bajo los pies.
Has activado una trampa. La próxima vez deberías tener más cuidado.
CARL: Joder. Parece que los túneles subterráneos están llenos de trampas. Tendremos que tener mucho cuidado.
KATIA: Creo que se trata de una tumba subterránea. En plan Indiana Jones.
Sacó una antorcha normal y corriente del inventario, la encendió y la tiró al otro lado del campo de fuerza. Vimos un pasillo largo e inclinado cubierto de ladrillos.
CARL: Diría que tienes razón, sí.
Las paredes estaban adornadas por unos bajorrelieves de lo que parecían un pterodáctilo llameante que gritaba. «Qué mal rollo».
DÓNUT: ¿PODRÍAMOS HABLAR DEL TEMA DESPUÉS DE SALIR DE ESTE LUGAR LLENO DE ARENA? ESTÁ CLARO QUE NO PODEMOS ENTRAR AHÍ, QUE NO ES NUESTRO CUADRANTE. ESTO ES HORRIBLE. ALGUNAS PERSONAS DEL CHAT DICEN QUE ESTÁN EN UNA ESPECIE DE PARAÍSO TROPICAL. Y OTRAS EN UNA ZONA DE NIEVE. AMBAS OPCIONES SERÍAN MEJORES QUE ESTA, Y ESO QUE NO ME GUSTA LA NIEVE.
Nos alejamos de la entrada de la cueva y seguimos en dirección al pueblo. Me preocupaba no haberme encontrado con ningún enemigo. Normalmente, cuando había pocos es que estos eran mucho más fuertes.
Sí que vimos algo raro de camino al pueblo. Había un armazón de metal quemado y retorcido en el suelo. Parecía llevar allí bastante tiempo. No fui capaz de averiguar qué había sido en el pasado, pero se me ocurrió que quizá fuese un vehículo. El sistema no lo definía de ninguna manera. Toqué el metal para comprobar si podía guardarlo en el inventario. Parecía duro y ligero, pero estaba oxidado y medio enterrado en la arena. Lo dejamos ahí y continuamos nuestro camino.
No tardamos en llegar a una muralla alta y curvada formada por planchas de metal unidas con remaches. Dicha pared se alzaba unos seis metros y tenía la parte superior cubierta por una tela de un material de rayas blancas y azules que se agitaba con fuerza en la tormenta y amenazaba con rasgarse en cualquier momento. La tela se perdía en las alturas y desaparecía en la oscuridad. Distinguí una especie de estructuras grandes y oscuras cada pocos metros en la muralla, que parecían ser torres de vigilancia. Estaban cerradas a causa de la tormenta.
KATIA: La ciudad parece construida a partir de la muralla. Por allí hay una entrada.
Señaló hacia la derecha, y la seguimos por aquella superficie de retales de metal hasta una entrada arqueada que se encontraba en una especie de nicho grande protegido del viento. En mi hombro, Dónut empezó a escupir arena. Había un cartel de aspecto rudimentario sobre unas puertas dobles. Rezaba «Pezuña de Camella. Toca dos veces para entrar».
La aldaba era un mazo con el que bien se podría haber tocado un tambor gigante. Colgaba de una cadena junto a la entrada. La agarré y golpeé con él la puerta dos veces. Se oyó un retumbar grave e intenso.
—Ha sonado más fuerte de lo que esperaba —dije. Al fin podíamos hablar, aunque teníamos que alzar la voz.
Dónut siguió escupiéndome en el oído.
—Oye, no vomites cuando estés sobre mi hombro.
—¿Y dónde voy a hacerlo si no, Carl? —dijo entre arcadas. Siguió vomitando.
—Cagondiós, Dónut —me quejé.
—En el antiguo Egipto, se consideraba un honor que un gato vomitase sobre ti. Deberías darme las gracias.
—Pezuña de Camella —leyó Katia con tono serio—. Qué ganas de descubrir qué nos encontraremos.
Pasaron varios minutos y no ocurrió nada. Los Mongo mecánicos terminaron por desmontarse cuando se acabó el tiempo del conjuro. Cuando estaba a punto de molestar a Mordecai para que viniese a abrirnos la puerta, esta empezó a girarse hacia dentro entre crujidos.
—Es un PNJ gigante —nos advirtió Dónut justo cuando la criatura apareció.
Era alta y tenía la cabeza girada hacia abajo para mirarnos. Nosotros giramos las nuestras hacia arriba para hacer lo propio. Se trataba de un camello, uno altísimo con un pañuelo en la cabeza y una túnica. Caminaba a dos patas y tenía unos brazos largos que terminaban en dos dedos y un pulgar. Era de color marrón y podía medir fácilmente unos dos metros y medio. La joroba enorme de su espalda le daba un aspecto extraño al mantenerse erguido, como si fuese una mochila muy llena que le colgase de la parte baja de la espalda cubierta por la túnica.
Clay. Dromedariense. Nivel 30.
Los dromedarienses son una especie común que antiguamente era nómada y que puede encontrarse por las partes más áridas de todo el universo. Se dice que los dromedarienses, que pueden almacenar grandes cantidades de agua en sus cuerpos, llegan a sobrevivir hasta dos meses sin beber un solo sorbo. Cuando estos cazadores y guerreros se topan con una situación en la que no pueden seguir deambulando por el mundo, normalmente se convierten en criaturas apáticas y perezosas. Pero no te equivoques, son una especie de fuertes guerreros que llegó a ser famosa por hacer gala de una brutalidad realmente abyecta.
Los dromedarienses de este lugar, que se encuentran atrapados sobre la Necrópolis de Anser, son uno de los tres bandos cuya disputa con los bactrianos y los gnomos de los dirigibles ha llegado a un punto muerto. Es un conflicto que podría llegar a convertirse en una guerra sin cuartel en cualquier momento, una guerra a la que es más que probable que no sobrevivirían. Mientras, están a gusto esperando el momento, fumando hierba y bebiendo todo lo que pueden para olvidar sus problemas.
—Pezuña de Camella —dijo Katia mientras miraba hacia el camello—. Claro, era por eso.
—¿Qué pasa? —saludó Clay—. Bienvenidos a Pezuña de Camella. No os quedéis ahí. Entrad y dejadme cerrar la puerta.
Me lo quedé mirando. Por la forma en la que vestía y por la descripción, esperaba que tuviese un acento típico de Oriente Próximo, pero lo cierto es que hablaba como un motero huraño. «Se me parece a Joe Camel, la mascota de aquella marca de cigarrillos», pensé.
—No adoraréis por aquí a Grull, ¿verdad? —pregunté mientras entrábamos. El viento aullaba por el pueblo y la arena no dejaba de acumularse por todas partes. El suelo estaba cubierto de ella, pero lo cierto era que dentro se estaba mucho mejor.
—¿Te parezco uno de esos imbéciles que se pintan la cara y veneran a un toro de mierda? —preguntó Clay.
—Pues no —respondí.
—Habéis llegado justo a tiempo. La tormenta casi ha terminado. Es peligroso estar ahí fuera cuando amaina. —Cerró con fuerza las puertas. Llevaba una lanza larga y de aspecto amenazador sobre el hombro. Y también un tubo que parecía un mortero o un lanzacohetes casero. Como era de esperar, cinco explosivos con forma de piña le colgaban de un cordel que llevaba a la espalda. La interfaz los marcó como COHETES ANTIAÉREOS GUIADOS. No estaban activados, por lo que eran relativamente estables. Tenían un aspecto muy simple, lo que indicaba que al ser «guiados» tenían que ser mágicos. El sistema no me dejó examinar las características.
—Entonces ¿los monstruos se enconden cuando hay tormenta? —pregunté después de que Clay me pillase examinándole el equipo.
La criatura gruñó, un sonido húmedo y estruendoso con el que lo llenó todo de mocos a su alrededor.
—Parece que sois nuevos. Tenéis suerte de no estar muertos.
—Hay un club Desperado —indicó Katia—. No uno Vencedor. Y también he visto varias tiendas y posadas.
—No tan rápido —dijo Clay cuando yo daba otro paso para internarme más en el pueblo—. No podéis entrar en Pezuña de Camella así como así. Tenéis que pagar una tasa. Y que sepáis que si formáis parte del club Vencedor, este lugar no es para vosotros. Lo de Pezuña de Camella es por algo.
—¿Cuánto es la tasa? —pregunté.
—Pues se puede pagar con oro, con drogas o con placer. —Volvió a mirarme de arriba abajo. Resopló y lo llenó todo de mocos otra vez—. Oro o drogas en tu caso.
Era la versión de la mazmorra de esa pegatina para los coches que rezaba «Billetes, hierba o culos. Aquí la gente no se sube gratis». Me reí entre dientes.
—¿Cuánto de oro?
—¿Cuánto tenéis?
Dónut se envaró en mi hombro al olerse que podría llegar a negociar. La arena empezó a derramarse entre su pelaje. Alcé una mano para que no dijese nada.
—¿Qué te parece esto? —pregunté antes de sacar un palito luminoso del inventario. Quint, el boticario del club Desperado, nos había dado unos pocos.
Clay me lo quitó de las manos y entornó los ojos para examinarlo. Se lo metió en la boca al momento y lo encendió.
—Buena mierda. Bienvenidos a Pezuña de Camella. No os acerquéis al ayuntamiento. Es solo para dromedarienses. Por lo demás, podéis divertiros. Si os gustan las movidas chungas, que sepáis que la Callejuela de las Movidas Chungas se encuentra junto a la muralla nororiental del pueblo. Aparte de esto, las chicas normales suelen andar por la calle Pezuña. Os recomiendo a Jazmín Placer de la sala Contoneo.
—Un momento… —dijo Katia—. Entonces ¿lo de Pezuña de Camella era por el bulto de la entrepierna femenina…?
—Claro, este pueblo es un burdel. ¿Qué te creías? Ahora, marchaos. Y ya sabéis, nada de acercaros al ayuntamiento.
Nueva misión. «Nada de acercaros al ayuntamiento».
Descubre qué hay en el ayuntamiento. Puede que sea importante.
Recompensa: Recibirás una caja de misión de plata.
—Vaya. Eso ha sido… demasiado obvio, supongo —murmuré mientras el camello se alejaba fumando el palito luminoso. Se detuvo y empezó a hablar con otro de su especie mientras nos señalaba. Ambos empezaron a reírse.
—¿Creéis que las prostitutas también serán camellos? —preguntó Dónut—. Porque eso sería muy raro.
—No tan raro como una economía basada en la prostitución cuando solo hay dos pueblos. Esto se parece demasiado a la Maraña de Hierro. Tiene el mismo sentido: ninguno.
Clay le mostró con orgullo el palito luminoso a otro camello, que también se rio. Empezaba a darme cuenta de lo que acababa de pasar. Nos habían estafado. Gruñí.
«Bien jugado, comemierda».
—Vayamos a buscar a Mordecai.
Las calles del pueblo estaban dispuestas como una serie de semicírculos encajados unos dentro de otros, como si fuese un arcoíris. La zona residencial se encontraba en el anillo exterior, junto a la muralla, y en ella se intercalaban edificios similares a barracones. El segundo anillo estaba conformado por tiendas y algunos gremios de entrenamiento, y el edificio enorme del ayuntamiento se encontraba en el centro. Era el más grande del lugar y se alzaba hasta los toldos de tela que cubrían el cielo. De hecho, dichos toldos iban desde la parte más alta del ayuntamiento hasta las murallas y luego hasta la estructura de la tumba que se encontraba detrás, como si fuese un paraguas. Cada uno de esos toldos eran triangular, como la vela de un barco, pero muchísimo mayor.
El lugar era mucho más grande de lo que esperaba, más que el asentamiento mediano que había «conquistado» en el tercer piso. Las posadas y el club Desperado estaban en el tercer anillo, el que recibía el acertado nombre de «calle Pezuña».
El viento cesó de repente mientras caminábamos. Y poco después, una luz tenue se coló entre los toldos. Empecé a oír gritos por los alrededores y, de repente, había camellos por todas partes. Un grupo acercó unas escalerillas hasta las murallas y empezó a desenganchar los toldos. También tuvimos que dejar paso a unos camellos altos que pasaron junto a nosotros sobre unos zancos de metal con muelles de estética steampunk. Los vimos enrollar los toldos y, en unos pocos minutos, esa especie de velas estaban recogidas sobre el ayuntamiento. Me percaté del resplandor propio de la magia en la tela mientras otro grupo envolvía con ella la torre más alta. Las franjas azules y blancas formaron un patrón hasta crear algo parecido a un minarete, algo a caballo entre una de esas torres con forma de cebolla de la catedral de San Basilio y una bola de helado. Pero hecho de tela, una tela que podía desplegarse en un momento y volver a extenderse hacia las murallas en caso de que llegase otra tormenta.
—Eso ha sido digno de ver —dije, sorprendido por la manera en la que lo habían recogido todo.
—Sorprendente —convino Katia.
Me quedé contemplando el cielo con la boca abierta. En el tercer piso de la mazmorra, habíamos visto un techo falso con un cielo ilusorio. Pero había techo, uno en el que había rebotado el proyectil que había disparado con el tirachinas.
Ahora me dio la impresión de ver el resplandor distante de lo que parecía ser un campo de fuerza, pero a muchísima altura. A la misma a la que volaría un avión. Me di la vuelta y comprobé que la ciudad terminaba en una pared enorme que tendría más de nueve metros de alto. Antes había creído que nos encontrábamos en un cuenco gigante y, al parecer, había estado en lo cierto. Un cuenco ubicado sobre una tumba. ¿Cómo la había llamado la descripción del sistema? La Necrópolis de Anser.
—Carl, la verdad es que esto no se parece en nada a una mazmorra —dijo Dónut sin dejar de mirar hacia el cielo.
Me reí.
—Acabas de decir que no te gustan los túneles. Pero que sepas que hay techo, aunque en este caso está a muchísima altura. ¿Recuerdas lo que dijo el sistema nada más entrar? Llamó a este lugar burbuja número 543.
Katia también había empezado a girar en círculos sin dejar de mirar hacia arriba.
—Sí, estamos dentro de una cúpula —convino—. Mirad la manera en la que brilla la luz. Tiene que estar a unos cuatro o cinco kilómetros de altura.
Algo voló en la distancia. Era una especie de pájaro gigante de algún tipo. Se perdió de vista tras el borde del cuenco.
—Si estamos en el cuadrante de Aire y el cuadrante Subterráneo se encuentra bajo nuestros pies, ¿dónde están el cuadrante de Tierra y el de Agua? —pregunté.
—Pues no lo sé —respondió ella—. Pero si estamos en un cuenco, quizá este sea una isla y haya agua alrededor.
—Casi —comentó una voz casi familiar. Me giré para mirar al aveceleste. El águila grande se nos acercó desde una de las calles más largas.
—Mordecai —dije sin dejar de mirar hacia el ave de color marrón claro y beis—. ¿Eres tú? ¿Es tu verdadero aspecto?
Él gruñó.
—¿Habéis venido por la ruta turística o qué? Por los dioses. He tenido que venir a buscaros. No, este no es mi verdadero aspecto. Esto es un aveceleste de acantilado. Yo era un aveceleste centurión. Con plumas más oscuras, mayor envergadura y garras más grandes. Y mucho más guapo, también.
Mongo se acercó a toda velocidad para olisquear al representante al darse cuenta de quién era. Luego empezó a brincar de un lado a otro.
—Pues a mí todas las águilas me parecen iguales —dije. Tuvimos que apartarnos para que volviese a pasar un grupo de dromedarienses. Eran siete, y el sistema los identificó como PATRULLA DE VAGOS NIVEL 48. Iban ataviados con túnicas negras. Llevaban lanzas y más de esos extraños lanzacohetes en el hombro. Caminaban con determinación directamente hacia la salida.
—Pero no os confundáis —continuó Mordecai—. Es maravilloso. Es la primera vez que he estado en un cuerpo parecido a mi forma verdadera en muchísimo tiempo. Pero me han jodido. —Mordecai extendió las alas—. Esto es un puñetero clérigo. Eso significa que estoy limitado. Puedo volar, pero solo distancias cortas. Imagina que de repente te despertases en el cuerpo de un eunuco y te enviaran a una orgía de supermodelos. —Alzó la vista al cielo y suspiró con pesadumbre—. Al menos soy un aveceleste. Y cualquier cosa es mejor que aquel puñetero sapo.
Los avecelestes no tenían brazos. Solo patas y alas, como las águilas normales.
—¿Puedes…? ¿Puedes seguir preparando pociones con ese cuerpo?
Me miró como si le acabase de pedir fotos desnudas de su madre.
—Mejor que nunca —respondió—. Pero a lo que iba. Katia, casi aciertas. Estamos en una cúpula, sí. Una que se parece a esos globos de nieve. Los llaman burbujas. La Necrópolis de Anser es una torre muy alta y nos encontramos en la parte superior. —Señaló hacia arriba—. La burbuja es más grande de lo que parece desde aquí. El suelo y el mar están muy por debajo de nosotros. Llegasteis unos minutos tarde, por lo que os perdisteis el primer anuncio, pero habrá otro donde se explicarán las normas del piso dentro de unos pocos minutos. Vayamos a una estancia segura, comamos algo y escuchemos lo que dicen.
Nos dirigimos a la posada que había elegido Mordecai, un bar llamado la Raja. Avancé delante junto a Mordecai, mientras Katia, Mongo y Dónut nos seguían de cerca sorprendidos por todo lo que veían. El lugar era una extraña mezcla de pueblo del Medio Oeste estereotípico sacado de una película con ese festival del desierto Black Rock, el Burning Man. Los edificios de adobe a veces se ampliaban con una especie de exoesqueletos de metal oxidado. No sabía si aquello era un armazón funcional o una expresión artística. Una casa tenía una especie de telescopio steampunk en la parte superior apuntado hacia las alturas. Otra tenía una estación meteorológica que brillaba a causa de la magia. Una pareja de camellos jóvenes pasó a toda velocidad en un carro parecido a un minitractor, arrastrando un vagón desvencijado lleno de unas ramas que alcanzaban una altura imposible. Se reían con cada rebote del vehículo. El pueblo al completo olía a humo, aceite y tierra.
Todos los PNJ que había visto hasta el momento eran camellos, pero eso cambió justo cuando llegamos a la calle Pezuña. Una pareja de mujeres que había junto a la puerta de un bar se nos quedó mirando, para luego transformarse: una en humana y la otra en aveceleste.
—¿Son cambiados o doppelgängers? —pregunté. El nombre que tenían encima las calificaba de acuerdo a su aspecto.
—Cambiados, como yo —respondió Mordecai con amargura—. No confíes en ellos. Si te ves… necesitado, limítate a los servicios del club Desperado.
El libro de cocina decía algo parecido sobre los cambiados. Los llamaba cabrones rateros que solo daban puñaladas por la espalda, o algo así.
Me fijé en un par de mazmorreros que se nos habían quedado mirando. Ambos eran humanos de nivel 22. Los saludé con un gesto de la mano, pero se dirigieron hacia un bar diferente, como si me tuviesen miedo.
—Quince días, ¿no? —pregunté para cambiar de tema.
—Esperaba que fuesen doce —respondió Mordecai—. Que nos hayan dado tres días más no tiene por qué ser algo bueno. Yo ya sé cómo funciona este piso y os puedo asegurar que es bien jodido. Lo de los tres días solo puede significar que han preparado una sorpresa aún peor.
—¿Por qué es bien jodido? —pregunté.
—Os encontráis en un cuadrante con unas tres docenas de mazmorreros más. Más o menos. El resto de las personas a las que he visto tienen muy poco nivel y es un milagro que hayan llegado hasta aquí. Y, peor aún, vais a necesitarlos para ayudaros a asaltar el castillo de los gnomos que os permitirá llegar hasta las escaleras.
—Sí… —dije—. Bueno, tenemos que reponer las mejoras, dormir un poco, abrir todas las cajas y luego ponernos a buscar ese sitio.
—¿Buscarlo? —preguntó Mordecai. Señaló hacia arriba. Seguí el ala que había alzado. A muchísima altura, rozando el techo de la cúpula y uno de los extremos, vi un punto muy pequeño—. El castillo está ahí.
—Mierda —dije.
La Raja era una taberna muy simplista cuyo propietario era un dromedariense que olía a zoo. En ella solo trabajaba una prostituta, una cambiada de nombre Higo que se sentó con mala cara en uno de los rincones después de que todos la rechazásemos. Además de la mujer, el lugar también ofrecía alcohol, comida y unas pocas habitaciones.
El mensaje que nos llegó no era un anuncio normal y corriente, ya que aún quedaban diez horas para el episodio resumen. El bar tenía las típicas tres pantallas, pero la del medio con la clasificación estaba vacía. En ella solo había una cuenta atrás que indicaba que los nombres aparecerían dentro de diez horas, después del resumen. Al parecer, era lo normal.
Pedimos unas bebidas y comida y nos sentamos a la mesa para esperar el mensaje. No tardó en llegar.
Saludos, mazmorreros. ¡Bienvenidos al quinto piso! ¡Nos emociona mucho que podáis disfrutar de este piso nuevo y emocionante! Quedan poco más de 178.000 de los vuestros. El último piso fue todo un misterio y descubrir su funcionamiento formaba parte de la diversión. Este será diferente. El diseño no tiene nada de secreto y las normas son muy simples. Queremos que os lo paséis muy bien.
En este piso hay más de 4.000 castillos y una escalera en todos y cada uno de ellos. Eso sí, no hay dos castillos iguales.
Imaginaos uno de esos rollos de plástico de burbujas. Pues cada una de esas burbujas es como un mundo independiente, y cada mundo cuenta con cuatro zonas o «cuadrantes».
Hay un total de 1.172 burbujas. Todos os encontráis dentro de una de ellas, distribuidos de manera equitativa y aleatoria de la mejor manera posible. Eso hace un total de 150 mazmorreros por burbuja. Al igual que ocurría con los castillos, no hay dos burbujas iguales.
Cada una está dividida en cuatro cuadrantes. Tierra, Mar, Aire y Subterráneo. Cada cuadrante tiene un único castillo en su interior. Vuestra misión es encontrar dicho castillo, asaltarlo y haceros con el salón del trono. Una vez lo hayáis ocupado o haya muerto el jefe del cuadrante, el castillo se considerará conquistado. Las escaleras también estarán en ese salón del trono, por lo que no hay necesidad de buscarlas ni de que os preocupéis. Fácil, ¿verdad? Asaltar el castillo y conseguir las escaleras.
—Pues sí que parece muy simple —dije. Pero no lo era tanto. Si no podíamos volar, ¿cómo íbamos a llegar hasta allí arriba? Tampoco podíamos crear un cañón que nos disparase hacia las alturas. Íbamos a tener que fabricar un globo aerostático. O un avión. O a encontrar la manera de hacer bajar el castillo. Alguna forma tenía que haber.
Pero hay un pequeño inconveniente. Para que la escalera se active y podáis usarla, es necesario que se hayan ocupado los cuatro castillos de vuestra burbuja. Así es. El de Tierra, el de Mar, el de Aire y el Subterráneo. Debéis someterlos a todos para poder bajar al sexto piso.
Mordecai gruñó.
—Cagondiós —dije. Luego intercambié una mirada con Katia, que puso gesto constreñido. Hasta Dónut parecía muy afectada.
Por suerte para vosotros, una vez hayáis tomado vuestro castillo, se os permitirá abandonar vuestro cuadrante para ayudar a vuestros compañeros de burbuja. Una vez consigáis los cuatro castillos, la burbuja estallará y podréis salir de la zona si queréis. No podréis entrar en otras burbujas hasta que estas hayan estallado, eso sí.
Buena suerte, amigos. Algunos de los castillos son mucho más fáciles que los demás. Por si eso fuera poco, que sepáis que la segunda ronda de patrocinios ya está en marcha. Os enviaremos otro mensaje dentro de unas pocas horas después del episodio resumen habitual. ¡Ahora, salid ahí fuera y matad, matad, matad!
Nos quedamos sentados y en silencio durante un rato. Las plumas que Mordecai tenía alrededor del cuello no dejaban de agitarse. Se giró para mirarnos.
—Voy a dar por hecho que los ciento cincuenta mazmorreros que hay en esta burbuja son unos idiotas incompetentes. Eso significa que tenéis menos de cuatro días para haceros con el control de cada uno de los castillos. Así que venga. A comer, a abrir las cajas que habéis acumulado, a dormir y manos a la obra. Hay mucho trabajo que hacer.

Cuando enfilamos hacia el espacio personal, lo primero que hizo Dónut fue saltar sobre el buzón y hacerse con el grimorio del club.
—Puede que sea un conjuro para volar —murmuró Katia.
—No tendremos tanta suerte —dije.
Lo que sí que teníamos era tres patrocinadores muy ricos y estábamos a punto de conseguir otros tres. Odiaba muchísimo, pero muchísimo, depender de su ayuda, pero lo cierto es que no se me ocurría otra solución.
—¿De qué sirve salir de la burbuja si no podemos entrar en las demás? —preguntó Katia.
—Ahora mismo, tenemos que centrarnos en ese castillo volador —respondí.
IMANI: Hola, Carl. ¿Qué es una burda?
CARL: ¿En términos náuticos, quieres decir? Es el cordaje que va desde el mástil hasta la parte de atrás del navío. Hay de varios tipos.
ELLE: Somos veinte y ninguno de estos vejestorios sabe navegar. ¿Te lo puedes creer? Les dije que no me metiesen en Meadow Lark. Me habría ido mucho mejor en una de las residencias de mayores caras, esas llenas de carcamales que crecieron rodeados de barcos. Pero no… Mira, el sistema nos está haciendo un tutorial de navegación, pero no nos dice dónde está cada cosa. ¿Cómo se supone que vamos a tirar del burro si no sabemos ni lo que es? Esto es mucho más complicado que aquellos trenes.
IMANI: Tenemos que aprender rápido. Hay piedras por todas partes. ¿Qué es el espináquer? Un momento. No, aún no necesitamos esa parte.
CARL: Dios, tenéis que tener cuidado. Navegar no es algo que se pueda aprender sobre la marcha. Lleva meses.
IMANI: Tendríamos a un PNJ para ayudarnos si Elle no lo hubiese congelado.
Elle: Era sospechoso. Vamos de camino a la isla. Si naufragamos, pues naufragamos. Hay barcos por todas partes. Tenemos muchos donde elegir.
IMANI: No todos sabemos nadar, Elle.
CARL: Pero ¿no estabais en la isla? Bueno, mirad, que da igual. Tened cuidado.
Dónut soltó un grito ahogado.
—Carl, Carl. ¡Este sí que es bueno de verdad!
Brilló al leer el grimorio. Yo respiré hondo.
—Dónut, habíamos dicho que tenías que leer la descripción de los conjuros antes de usarlos. ¿Recuerdas?
—Relajadito, figura.
Katia se rio.
—Eso ha sonado mucho a Elle.
—Sí, ¿verdad? He aprendido muchas cosas de ella. También frases que dicen las personas mayores.
—Que sepas que la realeza no habla así —gruñí.
—Venga, Carl. Corta el rollo.
—El conjuro es de los buenos —interrumpió Mordecai—. Es otro de utilidad, como Agujero.
—¿Qué hace?
—Se llama Pata astral —explicó Mordecai—. Eso sí, no es tan bueno como Mano astral, porque no tiene pulgares con los que manipular y sostener cosas. Pero es muy útil, sobre todo a niveles altos, y, además, puede usarse como arma. A nivel 5 puede sacar las garras. A nivel 10, puede agrandar mucho el tamaño de la pata. A nivel 15, sus habilidades y capacidades podrán usarse a través de la pata. Y eso es genial, porque ya tiene un garrazo normal que es muy fuerte. Hay un conjuro similar que te vendría bien a ti, Carl. Se llama Puño astral. Sea como fuere, ahora Dónut podrá manipular objetos a distancia como si los estuviese tocando de verdad. Dicha distancia aumenta con cada nivel. A nivel 1 es de unos 10 metros.
Me reí.
—Oye, Dónut. Si estuviésemos en casa, al fin podrías tirar ese jarrón que estaba en la estantería más alta.
—Era una amenaza, Carl. Estaba encantado.
En el apartamento, teníamos una estantería muy alta llena de baratijas y un jarrón que era una reliquia familiar sobre la televisión. Dónut había intentado saltar a ella varias veces, pero nunca lo había conseguido. En ocasiones, se sentaba en mi regazo mientras yo jugaba a algo y se quedaba mirando hacia arriba sin dejar de maullar.
Volvimos al espacio personal. Habían pasado dos días y el robot limpiador no había terminado de quitar la sangre, aunque le quedaba poco. Cuando entramos, estaba en el sillón aspirando la parte de atrás de los cojines.
—Esa cosa necesita un aumento —dije.
El robot emitió un pitido para indicar que estaba de acuerdo.
—Abrid las cajas y poneos los puntos de característica —dijo Mordecai.
Me senté en una de las sillas de la cocina y abrí los logros que no había tenido tiempo de leer. Había bastantes, y algunos muy buenos. No me dieron absolutamente nada por matar al mimeto, aunque era algo que me esperaba. La mayoría estaban relacionados con Grull y con tirar el Pesadilla por el portal para así conseguir que explotasen los cristales de alma.
¡Logro desbloqueado! Hágase el caos.
Has conseguido invocar con éxito a un dios dentro de la mazmorra. Es una forma perfecta de hacer nuevos amigos. A todo el mundo le encanta que traigas máquinas de guerra mortíferas e inmortales a la fiesta.
Recompensa: Puede que haya sido una mala idea, pero algo me dice que no te vas a aburrir.
¡Logro desbloqueado! Epifanía divina.
Has visto a una deidad. Pero no te emociones mucho. Eso no significa que seas un profeta o algo parecido. Este logro es muy común y todos los mazmorreros terminan por recibirlo si sobreviven el tiempo suficiente, por lo que tampoco es que seas muy especial. Toparte con un dios es muy fácil. Y te aseguro que no quieres que dicho dios te encuentre a ti.
Recompensa: Ahora tienes la opción de venerar al dios Grull.
Aviso de administrador. Hay una nueva pestaña disponible en tu interfaz.
Me reí. Alcé la vista hacia el techo y dije:
—Grull puede chupármela a dos tiempos si quiere.
Dónut y Katia, que acababan de recibir el mismo logro, también se rieron.
—¿Venerar a Grull? Tal y como fueron las cosas, creo que debería ser él quien nos adorase a nosotros —añadió Dónut.
¡Logro desbloqueado! Indomable.
Una deidad te ha atacado físicamente y has sobrevivido. Es una hazaña que solo han conseguido un puñado de mazmorreros en la historia de Planeta mazmorrero. ¡Bien hecho! Por desgracia para ti y para todos los que te rodean, cuando ocurre algo así, las otras deidades también se enteran de lo que ha ocurrido.
Recompensa: Has recibido una caja de deidad legendaria.
—Guau —dije—. ¡Una caja legendaria!
La IA leyó el logro siguiente con esa voz repulsiva que daba la impresión de que se estaba tocando mientras se fumaba un cigarrillo.
¡Logro desbloqueado! Despachurrado, como le gusta a papaíto.
Una deidad te ha aplastado con el pie, pero has sobrevivido al encuentro. Y, aunque lo que aplastó tu cuerpo frágil y húmedo no fue un pie blandito y rosadito con forma de pie humano, a veces también resulta interesante intercambiar posiciones. Para poner a prueba tus límites, ya sabes. Cuando se experimenta, a veces se encuentran maneras nuevas y emocionantes de conseguir ese subidón.
Ha sido divertido, la verdad, pero no es lo mismo. Y no sabes la suerte que tienes de que sea así.
Recompensa: Has recibido una caja subida de tono de platino.
—Por Dios —murmuré. Recordé el momento en el que el dios me había aplastado. Habría acabado conmigo de no ser porque estaba protegido por la poción. También recordé que la mazmorra había temblado, pero en aquel momento estaba demasiado preocupado como para darle mayor importancia. Después de ese solo había unos pocos logros más dignos de mención.
¡Logro desbloqueado! ¡A la desesperada!
Has llevado a cabo un ataque que ha provocado más de 100 bajas a más de 100 kilómetros de tu posición actual. O eres el mejor francotirador del universo o un niño malo al que le gusta mucho usar portales. Sea como fuere, es impresionante, la verdad. Tienes un futuro brillante como político, si es que no hemos destruido tu planeta y sus gobiernos, ya sabes.
Recompensa: ¡Has recibido una caja de francotirador de oro!
¡Logro desbloqueado! Extinción masiva.
Con un solo ataque has conseguido acabar con todos y cada uno de los integrantes de una especie común de uno de los pisos de la mazmorra. No es fácil, y la verdad es que hay que ser todo un cabronazo para ser capaz de llevar a cabo algo así.
Especie extinguida: Vigilantes de pared.
Recompensa: ¡Has recibido una caja de cabronazo de platino!
Los vigilantes de pared eran esa especie de lagartos que vivían en el Abismo. Al parecer, habíamos acabado con todos ellos cuando el tren había atravesado el portal y explotado por todo lo alto.
Además de lo anterior, todos recibimos dos cajas de jefe de bronce por matar a los humanotauros, aunque técnicamente no lo habíamos hecho, ya que se habían convertido en receptáculos de Grull. Tampoco es que fuese a quejarme. Ningún otro miembro del grupo recibió el logro Indomable, aunque Katia consiguió uno similar por sobrevivir al ataque mágico de un dios, pero en su caso solo le dieron una caja de oro. Al parecer, Elle era la única a la que también le habían dado una caja legendaria.
También me dieron una caja de aficionado de plata por ser quien había tenido más «cambios» durante un enfrentamiento. No sabía qué significaba aquello, la verdad, pero ya lo descubriríamos al día siguiente cuando la gente eligiese lo que me iba a encontrar en la caja. No era de categoría muy alta, así que tampoco es que me emocionase demasiado.
De los tres, Dónut fue la que recibió menos cajas, aunque le dieron una caja de Eso no ha sido muy inteligente por tu parte, ¿no? de platino por atacar al jefe de provincia. En las dos cajas de jefe normales que había recibido encontró monedas y pergaminos de sanación. No obstante, también le dieron un pergamino que hizo que se me pusiesen los pelos de punta.
Pergamino de respirar bajo el agua.
Te permite respirar bajo el agua. Dura el triple de tu puntuación de Inteligencia en segundos. No te protege del oído del nadador ni de que te coman las barracudas zombis. Espero que sepas nadar.
—Una cosa te voy a decir, Carl —anunció la gata justo cuando recibió el pergamino—. Soy una gata. Los gatos no nadamos. No nos metemos en el agua. Es antinatural y no pienso hacerlo.
MORDECAI: Cagondiós, Dónut. No digas eso en voz alta.
DÓNUT: TAMPOCO ES QUE LO PUEDA DECIR POR CHAT IGUALMENTE, ¿NO CREES, MORDECAI?
MORDECAI: Tus chats aún están protegidos mientras yo esté en ellos. Si necesitas desahogarte, asegúrate de hacerlo conmigo.
Agitó la cola con enfado varias veces.
—Esto es un ultraje. No me gusta nada.
—Los pergaminos son muy burdos en ese sentido —dijo Mordecai, que suspiró—. Si consigo los materiales adecuados, crearé una poción para respirar bajo el agua. También hay conjuros que os permitirán moveros con total libertad por el agua.
—¿Y para volar? —pregunté.
Mordecai negó con la cabeza.
—Eso solo con conjuros y objetos. Con muchos, la verdad. Pero con pociones… Para ello tendríais que haber guardado uno de esos cupones de mejora de mesa. En realidad, necesito dos mejoras. De lo contrario, tendremos que hacerlo de otra manera.
Lo dijo en voz alta. Seguro que pretendía que nos oyesen nuestros patrocinadores.
La última caja de Dónut, que era de platino, contenía otro grimorio. Era un conjuro que costaba 15 puntos de maná y se llamaba Muro de fuego.
—Es un conjuro para escapar —explicó Mordecai—. Tiene unos diez metros de ancho y dos de alto. A nivel 1 dura unos quince segundos. Es bastante común y se vuelve muy poderoso más adelante, pero tened en cuenta que es de fuego, y el fuego tiende a propagarse. Cuando la magia se disipa, si lo habéis lanzado cerca de algo inflamable, las llamas no desaparecen. Lo he visto cientos de veces. El fuego se descontrola con mucha facilidad.
—No es Bola de fuego —gruñó la gata—. Ese me hubiese encantado.
Empezó a brillar tras leer el grimorio.
Katia fue la siguiente en abrir sus cajas. Además de las monedas de oro, recibió varios pergaminos más para respirar debajo del agua y antídotos. Los pergaminos y los antídotos parecían ser muy comunes y me dio la impresión de que en este piso íbamos a encontrarlos con tanta facilidad como las antorchas y las vendas en los anteriores. En la caja de superviviente de oro, Katia encontró una poción de habilidad que se vio obligada a beberse en ese mismo momento. Le subió la habilidad Receptor, que había entrenado sin descanso y que alcanzó nivel 11.
Yo era el siguiente. En las cajas de jefe había algunos pergaminos de sanación, una camisa mágica inservible y varios pergaminos más de respirar bajo el agua. Pero también me salió otra poción de invisibilidad, la que me había salvado el pellejo en el enfrentamiento contra Grull.
—Esa poción es fácil de hacer, pero bastante cara —comentó Mordecai—. Usa algunos ingredientes poco habituales, así que es un buen premio.
—Me da la impresión de que cuando empiezas a recibir objetos de un tipo concreto, estos te siguen saliendo a menudo —dije.
—Tienes toda la razón —aseguró Mordecai—. Y hay algunas cosas, como esos pergaminos de respirar bajo el agua, que son pistas nada sutiles sobre los obstáculos que vais a encontraros en un piso concreto. ¿Habéis visto todas las pociones de antídoto que ha recibido Katia? Significa que en este piso encontraréis muchos enemigos y trampas venenosos. Menos mal que Dónut y tú sois inmunes.
—Menos mal, sí —dijo Katia con tono serio.
Me habían dado 40.000 monedas de oro por sobrevivir al piso anterior y formar parte de los diez mejores. Dónut había recibido 30.000 y Katia 10.000. Aún teníamos que comprar algunas mejoras ambientales para nuestro espacio y entre los tres sumábamos 650.000 de oro… Eso antes de que yo abriese el resto de las cajas.
En la de francotirador de oro había un objeto de creación. Era una caja con 25 objetos negros y pequeños del tamaño de un tapón de botella.
Tiro seguro. Objeto de creación.
Un «tiro seguro» añade el estado «guiado» a cualquier proyectil, sea explosivo o no. Puede usarse en una gran variedad de mesas de creación. Si se usa con una flecha o con un virote, tendrás que elegir el objetivo antes del disparo. Una vez dispares, el proyectil irá a por él.
Si se usa con una trampa, podrás elegir varias opciones como «Centrarse en los sanadores que se encuentren al alcance» o «Centrarse en todos los que crean que es normal echarles mayonesa a los perritos calientes».
Si se añade a un objeto explosivo, como un cohete, tendrás que asignar el objetivo al crearlos o al disparar, pero no podrás hacerlo en ambos momentos.
Nota: Esta mejora por sí misma no aumenta el alcance del proyectil.
—Qué bien —dije mientras sacaba las dos cajas de platino.
En la caja subida de tono de platino, la que me habían dado porque la IA del sistema era una maldita pervertida, había un anillo de pie.
Anillo de pie mágico del bandido leproso.
Es un objeto único.
La mayoría de los niños del universo conocen el emocionante cuento del bandido leproso, el infame ladrón humano cuyo pueblo empezó a morirse de hambre debido a una cuarentena planetaria. Todos los habitantes del planeta eran portadores de la enfermedad, aunque a ellos no les afectaba. Era mortal para los mitigadores, los regentes del planeta, por lo que los alienígenas se mudaron a unas plataformas de protección flotantes y empezaron a proteger los jardines y los almacenes de alimentos, con la esperanza de que todos los humanos acabasen muriendo de hambre.
El bandido escaló una montaña, saltó a una de esas plataformas y allanó uno de esos jardines flotantes. Lo mataron al momento, como era de esperar, pero consiguió infectar a los mitigadores e hizo que se viesen obligados a escapar del planeta. Gracias a la intervención del bandido, el planeta de los humanos sobrevivió otros cien años antes de que quedase destruido a causa de un conflicto totalmente diferente. A día de hoy, el bandido leproso sigue siendo una inspiración para mucha gente.
Este anillo de pie aporta lo siguiente:
El beneficio Pies pegajosos.
El beneficio Supercontagiador.
—¿Dos beneficios en el mismo objeto? —preguntó Mordecai—. Es un anillo muy valioso. Podría decirse que es de categoría legendaria, prácticamente.
Obviamente, me lo guardé en el inventario para comprobar su valor. Se colocó en la parte alta de la lista, justo encima del anillo de sufrimiento divino y debajo de la figura de Kimaris. Examiné los dos beneficios.
Pies pegajosos.
Cada seis horas y durante una cantidad de segundos igual al doble de tu puntuación de Destreza, podrás caminar por una superficie que no esté en horizontal, como una pared o un techo. La gravedad no cambiará, por lo que te recomiendo que no lo hagas con una cerveza en la mano y que te metas la camisa por dentro del pantalón. Tus pies descalzos deben estar en contacto con dicha superficie. Sin calcetines. Sin zapatos.
—Anda. Me sirve para convertirme en Spiderman —dije—. Aunque solo con los pies. Qué pena que sea cada seis horas.
Eché un vistazo al segundo beneficio.
Supercontagiador.
Has conseguido la habilidad que tienen todas las ratas y los niños de guardería desde el principio de los tiempos. Puedes contagiar cualquier desventaja activa a un objetivo a tu elección una vez por hora. Esto no hace que tú pierdas dicha desventaja.
—Qué asco —dije mientras me colocaba el anillo de pie en el meñique izquierdo. Suspiré y bajé la vista a mis pies relucientes.
Cuando abrí la siguiente caja, la de cabronazo de platino, supe qué había recibido en el instante en el que el símbolo apareció en el aire frente a mí.
—Qué puta mierda —dije. Pasó un instante. Me miré los brazos. Me froté el cuello con la mano—. ¿Dónde ha salido? —pregunté.
—En tu cara, Carl —anunció Dónut, con tono asqueado—. Qué desastre. Ahora te pareces a uno de esos raperos blancos.
Katia se rio y se inclinó hacia delante.
—No te preocupes. No es muy grande. Lo tienes debajo del ojo izquierdo y casi ni se ve. Es como una lágrima tatuada, pero más pequeño. Podría confundirse con una peca y todo. ¿Qué es? Parece una pata de lagarto. Te queda bien.
—Sí, es un tatuaje de una pata de lagarto.
Tatuaje de sello de extinción.
Especie: Vigilante de pared.
Elimina automáticamente la hostilidad de todos los enemigos naturales de las criaturas de tipo lagarto.
Aviso: Llevar este sello de extinción hace que todas las criaturas de tipo lagarto te inflijan un 20 % más de daño. Asimismo, los vigilantes de pared te infligirán un 150 % más de daño.
Solo puedes ocultar el tatuaje con una manga de ocultación.
—¿Cómo cojones se supone que voy a poner una manga de ocultación en la cara?
—Hum… —dijo Mordecai, que también estaba examinando el tatuaje—. Creo que nunca había visto algo así. He visto muchos como ese pase de goblin que tienes, pero no como este. Todo el mundo odia a los lagartos, pero no sé cuál será su enemigo natural. Quizá los pájaros. Les gusta comer huevos.
—Supongo que terminaremos por descubrirlo —dije al tiempo que extendía el brazo para tocarme el tatuaje debajo del ojo. Ahora tenía tres. El pase de goblin, el pase del club Desperado y este. Con suerte sería pequeño y pasaría desapercibido, como había dicho Katia.
Me quedaba un objeto. El de la caja de deidad legendaria. Era una poción, una que tenía un aspecto diferente a las demás. El vial era más redondeado y tenía adornos, como si fuese un perfume caro. Un humo brotaba del cristal.
—Madre mía —dijo Mordecai—. ¿Puedo verla?
Me la quitó de las manos con una garra temblorosa.
—¿Quién es Pawna? —pregunté.
—Es la diosa de la paz —respondió el aveceleste—. En el panteón, es la hermana y archienemiga de Grull. No te la tomes por el momento. Guárdala.
Les pasé la poción a los demás y luego la guardé en el inventario. Era el primer objeto que había visto colocarse más arriba que la figura de Kimaris en el inventario cuando los ordenaba por valor.
La descripción era muy simple.
Lágrimas de Pawna.
Esta poción añade cinco niveles a un conjuro o una habilidad a tu elección.
—¿Tan valiosa es? —preguntó Katia—. ¿Por los cinco niveles? No es la primera poción de habilidad que nos encontramos. Hemos visto algunas que hasta suben las habilidades al máximo, como esa que le dieron a Maggie My. Y también están esas pociones de truco que hacen lo mismo con tres niveles.
—Sí que es muy valiosa, Katia —respondió Mordecai—. Y dicho valor no es solo por los cinco niveles, sino porque Carl puede elegir qué subirse con ella. Las pociones de habilidad legendarias que suben las habilidades al máximo también son bastante valiosas, pero solo pueden usarse con un número limitado de habilidades. La poción de truco también tiene su valor, pero añade tres niveles a una habilidad al azar. Y encima tiene límite de tiempo y hay que usarla de inmediato. En cambio, Carl puede guardar esta poción. Ahora, podrá entrenar una de sus habilidades hasta 15, tomársela y subirla hasta 20. Podría decirse que es el mejor botín que ha recibido desde que entró en la mazmorra.
—Si no tenemos en cuenta la galleta de mascota —dijo Dónut.
—Si no tenemos en cuenta la galleta de mascota, sí —convino Mordecai.
—Ya tengo Golpe poderoso a nivel 13 —comenté.
—Pero ese 13 se debe a las bonificaciones que te da el equipo. Lo ideal sería usar la poción cuando hayas subido la habilidad en sí hasta 15. Las habilidades multifunción como Golpe poderoso son difíciles de entrenar, sobre todo más allá de nivel 15, pero los objetos que las aumentan son muy comunes. Tendremos que sentarnos para decidir con qué habilidad usar esa poción. Y no tiene por qué ser ahora. Lo ideal sería esperar a que elijas la subclase una vez llegues al sexto piso. Puede que las cosas se compliquen un poco en ese momento.
—A Elle le dieron la misma caja, ¿no? ¿Qué le salió a ella? —preguntó Katia. El dios había intentado golpear a Elle varias veces, aunque no la había tocado. No obstante, había recibido la caja igualmente.
CARL: Elle, ¿qué te ha salido en la caja de deidad?
ELLE: Ahora no puedo hablar. Imani ha chocado el barco. He tenido que congelar el agua para evitar que nos ahogásemos. Te puedo decir que me ha salido el grimorio de un conjuro llamado Granizo blando. Es una gran tormenta de hielo que se ha convertido en mi conjuro más potente, pero me da miedo probarlo. Cuesta 50 puntos de maná y tiene mucho tiempo de recarga. Hablamos pronto.
Les dije a los demás lo ocurrido. Mordecai negó con la cabeza.
—Es un conjuro de guerra. Coméntale que tenga cuidado con él mientras sigamos dentro de estas burbujas. ¿Conoces a alguien que esté en la misma que nosotros?
—Pues es una buena pregunta —dije—. Aún no he preguntado.
—Yo se lo he comentado a las ex-Hijas, pero nadie me ha respondido —comentó Katia—. Por cierto, Eva sigue viva. Aún la tengo en el chat.
—Si no está en esta burbuja, no tenemos que preocuparnos por ella. Mantén activa la habilidad Encontrar mazmorrero.
—Sí, la tengo activa. Hay ocho mazmorreros por aquí cerca, pero no los conozco. Todos tienen nivel veintipoco.
—Hum… —dijo Mordecai—. Me pregunto si el sistema habrá intentado equilibrar el nivel de los mazmorreros de cada burbuja. Eso explicaría que nos acompañe gente de tan poco nivel. Carl, tú tienes 41, que en estos momentos podría ser uno de los más altos de la mazmorra. No lo sabremos hasta que no se actualice la clasificación.
Envié un mensaje grupal para preguntar si había alguien conocido en la burbuja 543 y solo recibí una respuesta. Era una humana llamada Gwendolyn Duet. Era una TÍPICA GUERRERA ABURRIDA DE SIEMPRE de nivel 27. Sí, su clase era típico guerrero aburrido de siempre. Había visto la clase guerrero por ahí, pero esta era nueva. No recordaba haberme topado con ella en persona, pero hablaba mucho en los chats.
Estaba en el cuadrante de Tierra, muy por debajo de nosotros, a nivel del mar.
GWENDOLYN DUET: Anda. Hola, dinamitero. Parece que somos vecinos. Estos imbéciles con los que ando no tienen ni idea de nada. Otros dos de mi grupo y yo somos los que tenemos más nivel. Al llegar a tierra nos hemos topado con algo llamado el Castillo de Arena del Mago Loco de las Dunas. Hay serpientes gigantes, arañas gigantes y una especie de criaturas mitad humano y mitad escorpión que parecen sacadas de un banda de punk, sin camisa y con piercings en los pezones. También hay algo parecido a pájaros que llevan motosierras, aunque a esos aún no nos hemos enfrentado. No hemos mirado el castillo de cerca, pero es enorme. Tiene cuatro murallas y está construido junto a esa tumba gigante o montaña o lo que sea. No sé cómo vamos a entrar, la verdad.
CARL: ¿Tenéis algún club Desperado por ahí?
El maldito nombre ocupaba la mitad de la pantalla del chat, por lo que me metí en la interfaz y lo cambié a «Gwen».
GWEN: Si no tenemos en cuenta el castillo, hay tres pueblos. Me han dicho que hay un club Desperado en uno de ellos, pero no es en el que estamos ahora. Aun así, tampoco tengo permiso para entrar. Soy una dama muy educadita. Tengo un anillo que me permite entrar en el club Vencedor.
CARL: Muy bien. Pues ya me vas diciendo. Si conoces a alguien que esté en los cuadrantes del mar o de la tumba, avisa.
GWEN: Recibido. Hay un arrecife de coral alrededor de la isla. Se ve desde la costa. También he visto tiburones y medusas, pero no sé dónde se encuentra el castillo marino. En la superficie del agua no parece estar. De la tumba no tengo ni idea, pero hay muchas entradas que no podemos atravesar. Parece que hay un laberinto ahí abajo. Después de lo del piso anterior, no me apetece algo así, la verdad.
CARL: Entendido.
De repente, quince días se me antojaron poquísimo tiempo.
Volvimos a aplicarnos las ventajas después de la siesta. Tras una breve discusión con Mordecai, llegamos a la conclusión de que necesitábamos mantener un horario de entrenamiento más estricto. Katia y Dónut se metieron en la sala de entrenamiento mientras que yo volví al pueblo. Le dimos a Mordecai los cupones de mejora ambiental y varios cientos de miles de monedas de oro. Dónut y él iban a comprar la interfaz de tienda y la mejora de cocina. Dónut también quería una de las mejoras sociales, algo que nos permitía ver mensajes de nuestros seguidores. Ella era la única que creía que era buena idea, y se pasó una hora entera haciendo pucheros para convencernos.
Dejé que Mordecai se encargara de todo eso y me dirigí a la Raja. El «sol» ya había salido, aunque amenazaba con quedar oculto tras el borde occidental de la tumba dentro de poco tiempo. Tenía que darme prisa.
Las prostitutas que estaban por todas partes, frente a los bares que poblaban la calle, se habían convertido en humanas. Algunas tenían proporciones ridículas, como pechos del tamaño de los de Odette. Tenían pieles de todos los colores del arcoíris y me fijé en que la mayoría habían sido hombres antes del cambio.
No parecía haber más clientes por la zona. Negué con la cabeza y avancé por la calle pegado a la muralla.
—Puedo convertirme en lo que quieras, guapo —me gritó una de ellas cuando pasé cerca—. Soy la que tiene más opciones registradas de todo el pueblo.
Encontré la casa que estaba buscando y toqué en la puerta alta.
Esperaba encontrarme con un dromedariense desgarbado, pero quien apareció en la puerta fue una criatura humanoide pequeña, gris y anodina. Me sorprendió y tuve que dar un paso atrás. Parecía que llevaba puesto uno de esos sacos sensoriales. No tenía nariz ni ojos, sino el rostro vacío de un maniquí. Medía un metro cincuenta, más o menos. Extendió el brazo y me tocó la mano, momento en el que di otro paso atrás. De no haber tenido el punto blanco de PNJ en el mapa, lo habría machacado en ese mismo momento. Leí la descripción y me alegré por haber conseguido contenerme.
Skarn. Cambiado infante. Nivel 3.
Cambió mientras lo miraba. Empezaron a hinchársele la cara y el cuerpo para formar con torpeza los rasgos de un niño de unos ocho años. A diferencia de los primeros intentos de Katia de moldearse, al terminar tenía el aspecto exacto de un humano normal. Lo vi con unos bóxer de corazones y prendas iguales a las mías durante unos segundos, hasta que cambió y apareció con una túnica de dromedariense. El nombre sobre su cabeza también era otro. El niño alzó la vista para mirarme, con los ojos abiertos como platos y sin pronunciar palabra.
—Esto… Hola, niño —saludé—. ¿Tus padres están en casa?
—Mis padres murieron en los bombardeos. Flint ha salido a patrullar y no volverá hasta después de la oscuridad. Ahora es él quien me cuida. Dice que es mejor que tome la forma de la gente con la que me encuentro para que se sientan más cómodos. —El chico usaba una voz del todo antinatural y robótica, como si estuviese hablando por primera vez en su vida.
—Sí, es buena idea.
Daba muchísimo miedo. No era algo que me hubiese afectado antes, pero aquello me hizo plantearme una nueva fobia: fobia a los niños espeluznantes. En ese momento, me di cuenta de lo que acababa de decir aquel niño. Mierda.
—He visto ese telescopio tan guapo que tienes en el tejado de tu casa y me gustaría usarlo para mirar el castillo de los gnomos.
El niño, que se llamaba Skarn, empezó a brillar y a moverse. Al parecer, cuanto más hablábamos más se desarrollaba su personalidad.
—¿La fortaleza Páramo? ¡Puedo enseñártela! —Se quedó un momento en silencio—. Flint dice que se supone que tengo que pedir una moneda de oro por hacerlo. Dice que los huérfanos solo sobreviven si usan su talento para sacarle dinero a los que son menos listos que ellos.
—Supongo que ese tal Flint es un dromedariense, ¿no? —pregunté mientras seguía al chico al interior de la casa. Llegamos a una estancia amplia y diáfana con un colchón de paja, una mesa alta y una pared entera de la que colgaban hierbas y verduras. Una escalerilla llevaba a una trampilla que había en el techo. El niño la subió demasiado rápido.
—Vivíamos en otro pueblo, pero los gnomos lo bombardearon —explicó Skarn—. Murieron casi todos, pero los dromedarienses nos acogieron. No sobrevivieron muchos niños. Ruby sí, pero Flint dice que ella está destinada a pasar el resto de su vida en la Callejuela de las Movidas Chungas.
—¿Por qué os bombardearon los gnomos?
—Flint dice que es porque son unos cabrones bajitos que merecen que los pisoteen hasta morir para que luego un ganso salvaje los despedace.
—Ah —dije justo cuando salí al tejado.
Desde allí había una vista panorámica del pueblo. La mayoría de los edificios, incluyendo el del club Desperado que estaba en la calle de al lado, tenían un piso. El ayuntamiento estaba cerca y se alzaba a cuatro pisos de altura sin incluir el toldo gigantesco que tenía enrollado en la parte superior, que medía otros dos. Ahora que estaba despejado vi aquel «cuenco» en su totalidad. Era más o menos circular y tendría casi cinco kilómetros de diámetro. Vi el otro pueblo en la distancia, que era prácticamente igual a este, pero se encontraba en la muralla del otro extremo. Las tierras baldías que separaban los dos asentamientos estaban llenas de dunas y entradas de cuevas. También había restos metálicos desperdigados por aquí y por allá. Unas criaturas gigantescas patrullaban el desierto, demasiado alejadas como para ver qué eran en realidad. La zona me pareció mucho más pequeña ahora que la veía en su totalidad.
«Vale. Ya sabemos a qué nos enfrentamos».
Skarn se acercó al telescopio, que estaba girado hacia el desierto.
—Me gusta vigilar a la patrulla para asegurarme de que están bien. Flint dice que si me hago grande y fuerte quizá me dejen quedarme y unirme a ellos algún día.
Pensé en la enorme cantidad de prostitutas desesperadas que había en la calle. Aún no llegaba a entenderlo del todo, pero las piezas empezaban a encajar. Skarn movió el telescopio como si buscase algo. El artilugio era un tubo blanco cubierto de cañerías y engranajes. Estaba hecho de un material extraño, que bien podría haber sido cerámica. Lo examiné.
Catalejísimo gnómico mágico.
Se dice que el catalejísimo, que se usa para avistar objetivos para bombardear a largas distancias, es uno de los inventos que han permitido a los gnomos de los dirigibles alcanzar la superioridad aérea. Cuando se instala debidamente en un acorazado gnómico, este dispositivo aumenta la precisión de las bombas que dependen de la gravedad en un 75 %. También permite inspeccionar y conseguir información de objetos a mucha distancia. Y es genial para espiar a tus vecinos. Cuando tienes esto en tu nave no te hace falta ver porno.
Aviso: Todos los gnomos avistados con este artilugio recibirán un aviso para indicarles que los están espiando.
—¿Dónde lo conseguiste? —pregunté.
—Flint lo encontró en las dunas. Hay muchas cosas de la última guerra tiradas por ahí. ¡Ahí! ¡Ahí está! Vale, ya puedes mirar. Rápido, porque se mueve. Pero tienes que pagar.
Le tiré una moneda de oro al chico, que la dejó caer en el tejado. Después la cogió con las dos manos y pegó un brinquito.
—¡Gracias, señor! Puedes usar la ruedecita esa de la derecha para acercar y alejar la imagen.
—Perfecto, chaval —dije mientras me inclinaba hacia el ocular.
Esperaba que la imagen apareciese al revés, como la del telescopio que tenía cuando era guardacostas, pero el castillo de los gnomos apareció recto, grande e imponente.
—Guau —murmuré, sorprendido por la nitidez de la imagen—. Es enorme. Parece una puñetera chatarrería voladora.
—Pues antes era más grande, pero algunas partes se rompieron y cayeron al agua.
La fortaleza Páramo parecía una isla casi rectangular de bordes aserrados que hubiesen arrancado directamente del suelo. Tenía tantas cosas que era difícil centrarse en la totalidad de la estructura. Desde el lugar donde nos encontrábamos, solo veía la parte superior: un tejado de lo que parecía ser una casa que se encontraba en el centro de aquel pedazo de tierra enorme. Pero alrededor también había estructuras más pequeñas, la mayoría de lo que parecía ser metal corrugado, similar a los muros de Pezuña de Camella. Varios globos de tamaño descomunal mantenían la isla a flote. Tres de ellos, marrones y con forma de dirigible, estaban flanqueados por otros monstruosos, aún mayores y redondos. Los cinco globos estaban unidos individualmente a la isla por cuerdas relucientes, y todos se encontraban en el interior de una red. También estaban rodeados por el brillo característico de una barrera mágica, lo que hacía que la parte superior resplandeciese a la luz mortecina del día.
Si había conseguido calcular bien el tamaño, la isla tendría más o menos el ancho de tres campos de fútbol americano. Era como un portaaviones volador, pero más amplio aún. Me percaté de que algunos de los edificios pequeños del exterior eran armas, en realidad. Vi balistas, fundíbulos y todo tipo de cachivaches.
De la parte inferior de la isla colgaban cuerdas, cadenas y otros objetos extraños que resplandecían con la luz. También me pareció distinguir una especie de cabañas pequeñas y redondas. Algunos de los objetos colgaban a escasos metros, pero otras cadenas, cuerdas y cosas raras se perdían por debajo de lo que alcanzaba a ver el telescopio.
Por si eso fuera poco, a un lado de la isla flotante había varias decenas de máquinas voladoras diferentes de distintos tamaños, desde globos aerostáticos individuales a barcos flotantes de tamaño autobús que parecían volar con métodos mágicos. La mayoría estaban anclados en el otro extremo de la isla, y todos parecían artilugios desiguales y oxidados que no deberían usarse para volar, como los coches de una película de Mad Max. En ese momento, uno de los vehículos voladores del tamaño de un bote de remos apareció volando. El conductor era un gnomo, sin duda, parecido en forma y tamaño a los protectores bopca, pero quizá algo más pequeño y con una nariz aún más protuberante. Llevaba el típico gorro rojo puntiagudo. De hecho, me di cuenta de que toda la isla estaba llena de pequeños gorros rojos que iban de un lado a otro.
Aquella pequeña aeronave flotaba como si fuese un dron, con cuatro propulsores colocados en la parte inferior. La forma característica de una bomba tamaño nevera colgaba de manera precaria por debajo. Aumenté la imagen aún más y, para mi sorpresa, apareció la información como si la estuviese examinando de cerca.
Toc toc gnómico.
Tipo: Bomba termobárica.
Efecto: Explosión termobárica.
Estado: 40. Poco estable. Yo no la tocaría.
¿Has visto alguna vez morir a un dromedariense porque sus pulmones implosionan, se le derrite la piel y luego se vaporiza al completo? ¡Pues ahora es tu oportunidad! Esta arma proporciona diversión para toda la familia y es la principal de los pelotones de bombarderos gnómicos. Solo quedan unas pocas y suelen encontrarse en las aeronaves patrulla más fiables de las fuerzas aéreas más fallidas.
Las bombas termobáricas toc toc se usaron como arma devastadora en los primeros días del conflicto armado más reciente. Las restantes se usan como arma disuasoria por parte de ambos bandos. Son simples, rudimentarias y muy efectivas. Se detonan usando un fusible de presión que permite al bombardero elegir la altura a la que quiere que exploten. Para obtener una eficacia mayor es necesario que el bombardero conozca la altitud a la que se encuentra su objetivo.
Tienen fama de ser inestables. Pero menudo espectáculo.
—Madre mía —murmuré mientras me echaba hacia atrás. Miré al niño—. ¿Tiraron una de esas bombas toc toc en tu antiguo pueblo?
—Pues sí —respondió este—. Pero fue hace mucho tiempo. Ya ni me acuerdo. Flint dice que los gnomos son unos cobardes lanzabombas. Dice que cualquiera que use una bomba es un cagón.
—Flint parece un modelo a seguir. ¿Por qué los gnomos no se dedican a tirar bombas por aquí?
Skarn se encogió de hombros.
—Flint dice que es por lo que hay en el ayuntamiento. Pasa lo mismo con los bactrianos. Por eso hay paz.
—¿Y qué es lo que hay?
—Flint dice que nadie lo sabe, pero aquí en Pezuña de Camella tenemos algo con lo que conseguimos que los gnomos no tiren bombas. Su líder es un gnomo malísimo, pero nosotros contamos con algo que no quiere destruir, por lo que no bombardea este lugar. Siguen atacando por fuera de los muros, eso sí. Esa es la razón por la que Flint y los demás solo salen justo después de las tormentas, cuando la fortaleza Páramo está sobre el agua.
—Pero ¿sabes qué es lo que guardan en el ayuntamiento?
—No lo sé y no tengo permitido ir. Sé que come setas, eso sí.

—Vale. Esto es lo que vamos a hacer —dije cuando acabé de entrenar—. Lo primero será encontrar a los demás mazmorreros y asegurarnos de que unimos fuerzas. Lo segundo, descubrir a quién tienen encerrado en el ayuntamiento. Es probable que sea el hijo del líder de los gnomos o algo así.
—A lo mejor es su mascota —comentó Dónut—. Nadie quiere que le tiren una bomba a su mascota. ¿Qué criatura come setas?
—Pues muchas —respondió Mordecai.
—Muy bien. Entramos ahí…, y si vemos que se trata del hijo, ¿qué hacemos? —preguntó Katia. Había adquirido la forma de una dromedariense, una casi perfecta. El sistema la había registrado con un noventa y cinco por ciento.
—Pues dependerá de lo que encontremos, pero creo que lo ideal sería ir a ese otro pueblo y repetir la jugada. Parece que ellos también tienen algo que evita que los bombardeen. Lo único que sabemos por ahora es lo que me contó ese niño. Necesitamos toda la información posible antes de continuar.
—Muy bien. Pero antes de salir ahí fuera, repasemos las nuevas mejoras —comentó Mordecai, que señaló la cocina renovada, que consistía en poco más que una hilera de tres armarios contra la pared blanca de la estancia—. Podremos mejorarla mucho más cuando consigamos las mejoras de categoría dos. Qué ganas de conseguirlas, sobre todo por la estancia mágica. Pero ya hablaremos de eso más adelante. Esto que veis aquí son sintetizadores de comida que he comprado con el cupón de Katia. Solo podéis usarlos una vez al día, pero la mejora cuenta con tres armarios distintos: desayuno, merienda y cena respectivamente. Sé de buena tinta que pueden dar error. Os sugiero no elegir el mismo objeto dos veces seguidas, porque puede que de ahí en adelante solo os deje elegir esa opción. Las opciones cambian cada día y son personalizadas. Se amoldarán a vuestros gustos.
Me acerqué al primer armario, coloqué la mano en la puerta y apareció un menú. Era una lista con unas veinte opciones, todas para desayunar, desde copos de maíz tostado a beicon con sémola de maíz. Hice clic en BAGEL DE SALCHICHAS y abrí la puerta. Tras ella encontré la comida caliente, como si aquello fuese un microondas.
—Qué pasada —dije.
—No te emociones mucho —advirtió Katia—. Pruébalo primero.
Le di un mordisco. Sabía a sándwich precocinado calentado en un microondas, de esos que había comido miles de veces a lo largo de los años.
—Pues no está mal —dije mientras masticaba—. Tampoco es que sea gran cosa. La comida de los bopca es mejor.
Apareció una notificación cuando recibí una nueva ventaja:
¡Estás lleno! Tu barriguita contenta aumenta la velocidad de sanación en un 5 %. También reduce la duración de las desventajas en un 5 % y todo el daño indirecto en un 5 %.
—La mejora de comida dura todo el día, por lo que no es necesario que hagáis las tres comidas aquí —comentó Mordecai.
—Gracias a Dios —dijo Katia—. Yo he pedido skyr con mermelada y sabía a crema agria en mal estado con caramelos masticables.
—¿Qué mierdas es el skyr? —pregunté.
—La segunda mejora es igual de importante —nos interrumpió Mordecai—. Es la interfaz de mercado.
—¿Mercado? —dije—. ¿Podremos comprar cosas?
—Sí y no —respondió él—. Ya la tenemos comprada, pero no se abrirá hasta el siguiente piso. Por el momento, es poco más que una tienda virtual. La siguiente categoría es lo mismo, pero cuesta el doble, así que hay que hacerse con ella ya. Ahí podréis comprar pociones y pergaminos. Y también otros objetos al azar. También podréis vender cosas. Carl, eso lo hemos comprado con tu cupón, pero se lo he dado a Dónut para que sea ella la que lo haga. La bonificación de Carisma se añade automáticamente a los precios.
Dónut ya me lo había contado mientras lo hacía, y yo le había dicho que me parecía bien. Si la gata moría o nuestro grupo se separaba, iba a perder la mejora, eso sí. Pero llegados a este punto, nuestras cosas estaban tan mezcladas que perder dicha mejora sería la menor de mis preocupaciones.
—¿Cómo funciona? —pregunté. Ya conocía la respuesta, pero quería la confirmación de Mordecai.
Señaló con el ala hacia una pantalla que había contra la pared junto a su puerta. No la había visto hasta ese momento.
—La interfaz es muy simple. Es como comprar y vender en eBay. En el próximo piso habrá hasta subastas. Si queréis vender algún objeto mágico, como esas prendas de nivel bajo que recibís siempre, me esperaría hasta entonces. Las cosas normales podéis dárselas al comerciante IA, que os hará un buen precio gracias a Dónut.
—No me gusta —dijo la gata—. Así no puedo regatear. Además, esto está mal. Dice que mis gorros del piso anterior solo valen una moneda de oro. Hay que arreglarlo como sea.
—¿Subastas? —pregunté—. La clientela se reduce con cada piso. ¿Cuántos de los nuestros lo tienen? ¿La gente lo usa?
—Sí, sí, claro. Los turistas y las facciones podrán usar el sistema para comerciar una vez se abra el sexto piso. Ya veréis. El mercado estará a rebosar. Algunas de las facciones se harán con todos los objetos mágicos, por lo que conseguiréis mucho dinero vendiendo el botín. Mucho más que si lo hicieseis en la tienda.
—Un momento —dije—. ¿Vamos a tener que luchar contra la gente a la que le vendemos los objetos?
—Claro —resp
