Redoble por Rancas

Manuel Scorza

Fragmento

Redoble-2

Índice

Nota del editor

Prólogo Regreso a Rancas

Noticia

1. Donde el zahorí lector oirá hablar de cierta celebérrima moneda

2. Sobre la universal huida de los animales de la pampa de Junín

3. Sobre un conciliábulo del que a su debido tiempo hubieran querido enterarse los señores guardias civiles

4. Donde el desocupado lector recorrerá el insignificante pueblo de Rancas

5. De las visitas que de las manos del doctor Montenegro recibían ciertas mejillas

6. Sobre la hora y el sitio donde se parió al Cerco

7. De la cantidad de munición requerida para cortarle el resuello a un humano

8. Sobre los misteriosos trabajadores y sus aún más raras ocupaciones

9. Acerca de las aventuras y desventuras de una pelota de trapo

10. Acerca del lugar y la hora en que el gusano de alambre apareció en Yanacancha

11. Sobre los amigos y amigotes que Héctor Chacón, el Negado, encontró a su salida de la cárcel de Huánuco

12. Acerca de la ruta por donde viajaba el gusano

13. Sobre la increíble buena suerte del doctor Montenegro

14. Sobre las misteriosas enfermedades que sufrieron los rebaños de Rancas

15. Curiosísima historia de un malestar de corazones no nacido de la tristeza

16. De los diversos colores de las caras y cuerpos de los cerreños

17. Padecimientos del Niño Remigio

18. Sobre las anónimas peleas de Fortunato

19. Donde el lector se entretendrá con una partida de póquer

20. Sobre la pirámide de ovejas que sin afán de emular a los egipcios levantaron los ranqueños

21. Donde, gratuitamente, el no fatigado lector mirará palidecer al doctor Montenegro

22. Sobre la movilización general de cerdos que ordenaron las autoridades de Rancas

23. Vida y milagros de un coleccionista de orejas

24. Retrato al óleo de un magistrado

25. Del testamento que en vida otorgó don Héctor Chacón

26. Sobre los hombres-topos y los niños que estuvieron a punto de llamarse Harry

27. Donde el entretenido lector conocerá, siempre por cuenta de la casa, al despreocupado Pis-pis

28. Que probará que alguna diferencia existe entre picaflores y ovejas

29. De la universal insurrección de equinos que tramaron el Abigeo y el Ladrón de Caballos

30. Donde se aprenderá la no desdeñable utilidad de los «rompepatas»

31. De las profecías que anunciaron los señores maíces

32. Presentación de Guillermo el Carnicero o Guillermo el Cumplidor, a gusto de la clientela

33. Valederas razones que obligaron a Héctor Chacón, el Valiente, a disfrazarse de mujer

34. Lo que Fortunato y el Personero de Rancas conversaron

Epílogo

Dossier fotográfico y documental

Scorza

Sobre este libro

Sobre el autor

Legal

Redoble-3

Nota del editor

Redoble por Rancas de Manuel Scorza es una de las novelas peruanas con mayor número de ediciones en lengua hispana, traducida a 23 idiomas desde su aparición hace medio siglo. Para la publicación de este libro se ha consultado la edición príncipe de Planeta (España, 1970), la edición corregida por el autor de Plaza & Janés (España, 1983), la primera edición peruana realizada por PEISA (Lima, 1992) y, finalmente, la edición crítica de Dunia Gras aparecida en 2002 bajo el sello Cátedra (España). En cuanto a la ortografía, se ha tenido en cuenta la última edición de la Ortografía de la lengua española, aunque se han respetado algunos usos peculiares de la obra, como es el caso de las mayúsculas para los sustantivos comunes referentes a cargos, entre otros.

Entre sus novedades, este libro ofrece un dossier fotográfico y documental del autor. Destaca el manuscrito original de Fe de erratas —texto de corrección autobiográfica que Scorza escribió meses antes de su desaparición el año 1983—; y un reportaje sobre la liberación de Héctor Chacón firmado por Guillermo Thorndike en 1971.

La oportunidad de ofrecer al lector una edición revisada y corregida no hubiera sido posible sin la generosidad de los herederos de Manuel Scorza; a ellos, nuestra gratitud. De igual manera, agradecemos las atentas recomendaciones del crítico Mauro Mamani Macedo, las fotografías gentilmente cedidas por el fotógrafo Billy Hare, la colaboración del periodista Augusto Thorndike y del diario La República y, especialmente, el valioso prólogo de la escritora Karina Pacheco Medrano, justo homenaje al autor en el marco del cincuentenario de Redoble por Rancas.

Redoble-4

Prólogo
Regreso a Rancas

«Y es que la patria peruana está tan llena de espinas, de cosas sangrientas y terribles, que si quisiéramos acariciarla, las manos se nos mancharían de sangre y quedaríamos abrumados por el dolor. Por eso me parece que hasta hoy la poesía patriótica es retórica y falsa».

Manuel Scorza1

Una novela es también un sonido. De entrada, puede ser un grito, un temblor, un susurro, una ola estrellándose contra las rocas, la espuma de esa ola, una pluma blanquirroja que se mece a ras de la arena. Rancas. ¿Quién pronunció ese nombre por vez primera? Imaginemos a un grupo de americanos primigenios, errantes, llegando a esas pampas de altura, hasta entonces despobladas de humanos, y, por tanto, despobladas de pastores, agricultores, patrones y látigos. ¿Qué les hizo creer que ese podría ser un lugar para quedarse? Rancas. ¿Cómo decidieron que ese sonido era su nombre apropiado? Perfecto. ¿Alguien imaginaría que allí, con ese nombre asignado, se sucederían sucesivas ocupaciones y que sobre su suelo en diferentes momentos se soñaría con cambiar el curso trágico de la historia? En cualquier caso, el nombre quedó, inamovible. Rancas existe. No es una ficción.

Redoble por Rancas. Hay novelas cuyo título logra condensar la trama entera. Pocas tienen esa magia; muy pocas sumergen a futuros lectores en su escenario con el solo eco de sus primeras palabras. Y si estas han sido pronunciadas por personas que una admira, si además las pronuncian como si estuvieran intercambiando un secreto grave, algo que las hará aún más grandes, nos vemos convocados a la urgencia de su lectura.

Me he preguntado varias veces qué se puede decir de una novela que estremece desde el sonido de su título y que sigue estremeciendo en cada capítulo. Quise empezar este prólogo con un lenguaje más estricto, concentrado en resaltar el brillo de esta novela como literatura y la vigencia candente de su historia. Lo intentaba y no podía avanzar más de cuatro líneas. Me di cuenta de que para hablar de un libro que no da tregua, que ha sido escrito desde la entraña, solo cabía hacerlo, primero, desde mi propia memoria, también desde la entraña, regresando al remecimiento que me provocó oír ese título, antes de leer las letras que le daban forma, mucho antes de abrir el libro y sacudirme con la historia de una moneda, de un cerco, de una bofetada, de hombres y mujeres invisibles, de botellas selladas con corontas de maíz, de las múltiples maneras que en la historia peruana y latinoamericana ha habido para arrodillarse o para forzar a otros a hincar la rodilla, de las muchas maneras de expresar la patria, el ganado, el poder, el terror, la sangre.

Yo tendría nueve años, en la casa de mi tío abuelo en la selva, mi hermana mayor señaló un libro que nuestro primo adolescente tenía sobre su velador. Ellos pronunciaron esas tres palabras. Comenzaron a hablar de la historia que contenía, con admiración, con indignación, elevando la cabeza con ese orgullo de quienes con catorce años ya podían sentirse grandes, capaces de entender cosas muy graves. Redoble por Rancas, «redobleporrancas», ese sonido retumbó en mi cabeza, como un tambor que anima la rebelión de la tierra. De vuelta en el Cusco, puedo ver a mi hermana y sus amigos del colegio haciendo la tarea de literatura. Con ese libro en el centro de la mesa. Otra vez hablan con seriedad, releen algunas frases, discuten, se sienten gente seria, que ya sabe. Yo todavía no lo he leído, miro el libro con apetito. Redoble por Rancas significa una llave secreta para entender el Perú.

Estábamos a finales de los años 70 y la primera novela de Manuel Scorza se había convertido en un texto básico en los cursos de literatura escolar. Ahora me pregunto qué catástrofe educativa ocurrió para que dejara de serlo, para que en los años siguientes y, todavía más, en los de gran prosperidad que vinieron después, ese y otros libros clave de nuestra historia y literatura hayan sido desplazados por lecturas blandas y edulcoradas en la graciosa idea de proteger el paladar de los niños y darles cosas más fáciles de digerir. Solo cinco años más tarde, a mí ya no me dieron a estudiar en el colegio Redoble por Rancas ni ninguna de las novelas que Scorza publicó después. Volvimos a las tradiciones peruanas, a las venganzas del cóndor, a los caballeros carmelos; nada de malo en ellos, pero faltaban las voces del fuego, las llaves para atisbar el abismo. ¿Por qué siempre terminamos envueltos, enredados, en textos y tradiciones patrióticas de un Perú que solo existe como espejismo? ¿Por qué creemos el cuento de que «la gran literatura» es aburrida, difícil, o peligrosa? Los preocupados padres y madres de familia condescienden, insisten en ver a sus adolescentes como crías que se pueden asustar, incluso traumatizar, con cosas para adultos. ¿Quién es adulto en el Perú de hoy?

Leer Rancas

Hay lecturas que nos aguardan como un asiento para contemplar el abismo. Si la educación secundaria no propició mi encuentro con Rancas, a finales de los años 80, en una época de crisis económica y violencia desatada, en la universidad, las clases y corredores de Ciencias Sociales otra vez me lanzaron el búmeran de ese Redoble. «Una de las grandes novelas peruanas y está siendo relegada», decían algunos; «una de las mejores ficciones para entender el Perú», recomendaban otros; también escuché decir: «una combinación explosiva de gran literatura y política». Tocaba abrir el libro.

Un cerco insaciable, una mina, la avaricia y la tierra, autoridades corruptas, abuso de poder, levantamientos campesinos, una y muchas masacres. Pudo ser una crónica y habría sido memorable. Su autor fue testigo de esa historia y tenía el oficio. Empezó con la tarea de relatar aquella guerra silenciosa de la que ningún medio daba cuenta por más que se extendiera durante más de doce años y por más que fuera la estela de una más larga historia de oprobios contra las poblaciones campesinas de los Andes. Su indignación hervía, la escritura se desplegó, Scorza llegó a concluir su crónica de Rancas, pero...:

En París escribí un informe de Rancas. Lo releí y se lo leí a amigos y todo. Vi que le faltaba el corazón; no veía lo que yo había visto. Y entonces un día lo que hice fue arrojar todo esto y soñar la realidad, como si yo estuviera adentro2.

«Soñar la realidad», de esa manera la historia de Rancas pasó a contarse para siempre, con ese lenguaje de ficción que nos conduce a la casa de infinitas ventanas que es la literatura, y nos envuelve con esa trenza donde el antiguo arte de la narración de cuentos retumba con el crepitar de tragedias y batallas perdidas, a la par que el aliento poético y un ingenio mordaz para retratar una historia de milenarios abusos a cada paso nos rasgan sonrisas heridas. No hay modo de abandonar ese sueño, esa pesadilla. Hemos abierto el libro y en silencio o en voz alta ya hemos pronunciado las primeras palabras: «Donde el zahorí lector oirá hablar de cierta celebérrima moneda».

Somos, pues, zahoríes. La tradición. Manuel Scorza aclaró que ese estilo para abrir cada nuevo capítulo fue su manera de homenajear a El Quijote, a la que consideraba «la más grande novela del mundo». En Redoble por Rancas, el ánimo quijotesco late también en esos héroes y heroínas olvidados, en su absurdo e inagotable tesón para creer que, a pesar de todo, en algún momento los monstruos tendrán que ceder. Una y otra vez emprenden trámites, colectas, ruegos y finalmente rebeliones para conseguir justicia o, al menos, el respeto mínimo de sus derechos. Algo de ese aliento se nos contagia a nosotros, zahoríes lectores, porque después de haber conocido la historia de aquella moneda, y la del traje negro, y la del gusano de alambre, o la sed de niñas que tiene la cama del hacendado, o el envenenamiento de quince campesinos cuya muerte fue santificada por el juez como un infarto colectivo…, la impresión nos provoca risas desoladas, como también el deseo de gritar «basta».

«¿De dónde sacó el Personero la idea de que la profesión de un juez es ejercer la justicia?». Muchas preguntas como esta recorren el libro, son directas, cargadas de una ironía punzante. Llama la atención que, en la locura clasificatoria, no pocos aspirantes a críticos literarios se hayan devanado los sesos para «revelar» que Scorza y su obra pertenecen al género del «realismo mágico», algunos añaden que también se enmarca en el «neoindigenismo» o en el «indigenismo» a secas, como si el hecho de ubicar personajes indígenas complejos en primera línea fuera la pista infalible para clasificar una obra bajo esos términos. Seamos sinceros, tales términos clasificatorios, entre los «entendidos», sirven para rebajar la calidad de una obra cuando no para hacerla apetecible para un mercado ávido de realismos mágicos o de cuentos paternalistas y maniqueos sobre las poblaciones indígenas. Por ese tipo de clasificaciones ha pasado sucesivamente la obra de Scorza, como si la aparición de elementos míticos en ella supusiera una invención de fantasmas, o la mención de personajes invisibles tuviera que ver con pociones mágicas y no con lo que en la novela es manifiesto: que esas personas no existen para el Estado, y sus reclamos ni los ve ni escucha nadie que tenga potestad para resolverlos.

Redoble por Rancas no merece ser rebajada al redil de una clasificación superficial. Esta novela, o esta crónica imaginada, como la definía su autor, transita con naturalidad entre numerosos puentes: de la historia a la literatura, del mito a la realidad, de la crónica a la poesía, del humor a la denuncia, del testimonio a la metáfora. Así, Mauro Mamani, uno de sus más agudos lectores, la ha definido como «una novela de frontera»3. Si hubiera que ubicarla en un área más concreta, quizás sería en la que el mismo Scorza resaltaba: literatura política, sin pelos en la lengua.

Literatura y política. En las últimas décadas esa vinculación ha pasado a ser también vapuleada, como si estuviera reñida con la calidad literaria. Sucede sobre todo cuando esa literatura pone el dedo en la llaga: en los atropellos que los invisibles de siempre siguen aguantando en el presente, en el abuso de poder y las corrupciones de alto vuelo que continúan perpetrándose con naturalidad, ante nuestras narices, en las condescendencias, silencios y hasta aplausos que reciben. De esta manera, los ladrillos panfletarios de denuncia abundantes en los años 70 se colocan en el mismo saco de esa literatura espléndida que lleva siglos haciendo retratos sutiles o viscerales del poder y la avaricia, de las variopintas formas de la humillación y la violencia, de las desigualdades obscenas, de las aquiescencias y de las resistencias. Hoy se ha exacerbado la idea de que la gran literatura es fundamentalmente la que eleva la palabra y la escritura a las nubes, a los vericuetos de las almas atormentadas, lejos de la carne (de cañón). Scorza escribía al pie del cañón, manejaba las palabras con destreza y descifraba en clave satírica y poética las heridas provocadas en la carne por gusanos de alambre y desamparos inmemoriales. En una entrevista emitida el año 1977, señalaba:

(…) porque nuestra historia nos ha impedido y nos impide realizarnos en la realidad, entonces intentamos realizarnos en la fantasía. Si la literatura latinoamericana (esta es una opinión mía…) es tan rica en la imaginación es porque no hemos podido realizarnos en la realidad. Porque tratamos de soñar que es posible lo que ha sido imposible. Y es por esa razón, por ejemplo, que, en algunos instantes en que la política hace posible las cosas, la literatura desaparece un poco. La literatura es un poco el anuncio de los grandes apocalipsis, y ese es el momento en que estamos (…)4.

El Perú de Rancas

Un gusano de alambre y la mano que lo extiende, la celebérrima «Cerro de Pasco Corporation», avanza insaciable, expropiando tierras, contaminando aires y aguas, devorando montañas, pastos y ganados comunales, aporreando a quien se le atraviese. Gusano y minera cometen sus atropellos con la seguridad de que su angurria será llamada progreso y siempre será complacida por autoridades políticas y élites nacionales y locales muy dispuestas a ponérseles de rodillas, o a recibir un soborno, o ambas cosas a la vez. Esa era la costumbre y ese era el orden establecido. A eso se le ha llamado civilizar, crear prosperidad y dejar que «los que más saben» manden y sometan «al resto». Tal era el Perú de Rancas:

Ocho guerras perdidas con el extranjero; pero, en cambio, cuántas guerras ganadas contra los propios peruanos. La no declarada guerra contra el indio Atusparia la ganamos: mil muertos. No figuran en los textos. Constan, en cambio, los sesenta muertos del conflicto de 1866 con España. El 3°. de Infantería ganó solito, en 1924, la guerra contra los indios de Huancané: cuatro mil muertos. Esos esqueletos fundaron la riqueza de Huancané: la isla de Taquile y la isla del Sol se sumergieron medio metro bajo el peso de los cadáveres5.

Una se pregunta hasta qué extremo ese retrato feroz de Redoble por Rancas se sigue reproduciendo, bajo formas que pueden ser distintas, pero no menos grotescas. Cuántas veces en nombre del desarrollo (industrial, minero, energético, comercial, incluso turístico) se expropia tierras indígenas, se pisotea, humilla y asesina, tantas veces con la complicidad o el silencio de congresistas, jueces, fiscales, policías, periodistas y vecinos, mientras las migajas que «chorrean» en forma de limosnas o impuestos reducidos son aplaudidas como dones magníficos y benevolentes. Ese es el orden que hoy muchos defienden y justifican, mientras grandes sectores de la población y de los medios asumen esa «objetividad» tan peruana que es la de callar frente a los abusos.

Rancas, Yanahuanca, Yanacocha, nombres que se repiten hasta el presente, como puñales. Ojalá no hubiera que esperar a que un libro en clave de ficción desnude la grosería de los abusos que en ellos se cometen. ¿O será que con nuevos disfraces la historia de patrones y esclavos seguirá reproduciéndose, con un Estado que pone primero sus servicios y hasta sus fuerzas del orden en favor de quien más poder detente, a vista y paciencia de los propios esclavos, temerosos frente al castigo o, a veces, convencidos de que no son esclavos y que pueden bailar al ritmo de las cadenas?

El Perú es Rancas. El 2 de agosto de 1824, en sus pampas, en el último discurso dirigido a las tropas que consolidarían la independencia en la batalla de Junín, Bolívar clamó: «¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud».

Redoble por Rancas puso en evidencia que un siglo y medio después, las cosas no habían cambiado mucho en la nación peruana:

El viejo divisó los tejados de Rancas. Se detuvo en una roca. Cincuenta mil días antes el General Bolívar se había detenido allí: la mañana de su entrada en Rancas. Bolívar quería Libertad, Igualdad, Fraternidad. ¡Qué gracioso! Nos dieron Infantería, Caballería, Artillería6.

El regreso de Rancas

Ha pasado medio siglo desde la primera publicación de esta novela en España. Su impacto fue inmediato y rápidamente traspasó fronteras. Ocurría en medio de un mundo en crisis, contestario, de transformaciones radicales, en un Perú donde solo un año antes, en 1969, se había promulgado la Ley de la Reforma Agraria que puso fin a una parte del mundo feudal retratado en la novela: valga recordar que el juez del traje negro, el hacendado consumidor de campesinas vírgenes y la misma mina expresaban su poder en la holgura con la que podían expropiar ganado y tierras comunales para beneficio de sus propiedades y haciendas.

En 1970, Héctor Chacón, el Nictálope, personaje central y real de Redoble por Rancas, llevaba más de una década encerrado en El Sepa, la inhóspita prisión de la selva peruana. Un año después, la publicación de la novela propició un indulto presidencial y mostraría cómo hay ocasiones en que la literatura termina torciendo la realidad. Manuel Scorza fue a recoger al Nictálope de El Sepa y acompañó su camino de regreso hasta Rancas.

Esta nueva edición se acompaña de numerosas y sugerentes fotografías, del célebre texto Fe de erratas que Scorza escribió sobre su azarosa vida y obra, y del reportaje que el brillante escritor y periodista Guillermo Thorndike publicó sobre aquel viaje de El Sepa a Rancas. Leer este conjunto suscita admiración, también inquietud por los paralelos que se pueden trazar entre ese pasado y el presente que hoy nos atraviesa.

Aquel era otro Perú, en abismo, de escritores y letras más arrojados, contundentes, avezados a la hora de cuestionarlo todo. Hoy, cincuenta años después, nos hallamos en un mundo puesto de cabeza. Países como el nuestro, que hasta hace poco se miraban complacidos en el espejismo de la prosperidad, sin mirar ni resolver la precariedad y las injusticias de sus bases, se tambalean y demandan nuevas preguntas, también escrituras más arrojadas, porque el abismo nos contempla, porque los muertos y las carencias se multiplican, porque un bicentenario de aquel discurso en Rancas se aproxima y aún no hemos cumplido la promesa de crear un orden más decente y justo. Como escritora, me veo también desafiada por ese arrojo, por ese aplomo para expresar el abismo con hondura, sin medias tintas ni treguas. Creo que solo así es posible trascender nuestras fracturas, nuestras desgarradoras distancias.

En su reportaje sobre aquel viaje a Rancas de 1971, con agudeza y asombro Thorndike cuenta que:

Los campesinos entienden muy bien el libro que algunos intelectuales de Lima declaran no conocer o que desconcertadamente no comprenden. Quienes viajamos con Chacón a Yanacocha, descubrimos que Redoble por Rancas también era una novela para analfabetos. Se leía en voz alta. Se aprendía. La repetían en las aldeas como una «Balada»… En Yanacocha, viendo avanzar a Chacón y a su cortejo andino, [Scorza] comentó: «¿Frente a esto, qué significan la literatura, el marxismo mal interpretado, las docenas de novelas mentirosas?»7.

Leo y pronuncio esa pregunta. ¿Frente a esto, qué significa la literatura? Las mejores novelas, las más brillantes ficciones, puestas frente a la ventana de la realidad provocan eso: nos empujan a salir de las disquisiciones trémulas sobre el valor de la palabra escrita; llegan incluso a cuestionarnos para qué sirve la literatura.

Karina Pacheco Medrano

Apúlia, 28 de septiembre de 2020


1 Manuel Scorza: Testimonio de vida (1986). Conversación con Roland Forgues y Gregorio Martínez. Munilibros, Municipalidad Metropolitana de Lima.

2 «Testimonio de parte de Ayacucho», El Observador, pp. 12-13, Lima, 4 de enero de 1984.

3 Las fronteras de la literatura: Redoble por Rancas (2008). Tesis de Magíster. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.

4 Entrevista en el programa A fondo, de TVE, Madrid, 1977.

5 Redoble por Rancas, Cap. 32, p. 246.

6 Redoble por Rancas, Cap. 34, p. 257.

7 Scorza. El Nictálope. La lucha por la tierra en el Perú, Guillermo Thorndike. En Redoble por Rancas, p. 291.

Para Cecilia, siempre

Tout sera oublié et rien ne sera réparé.

Milan Kundera

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Noticia

Este libro es la crónica exasperantemente real de una lucha soli

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