«Que pase lo peor», de Antonio García Ángel: cuando ya no tienes nada que perder
El español es un territorio compartido y en permanente transformación, un espacio donde conviven voces diversas que amplían los límites de la literatura. Desde esa mirada surge Mapa de las Lenguas, la iniciativa de Alfaguara y Random House que cada año identifica y proyecta las narrativas más significativas escritas en nuestro idioma. En su edición 2026, el mapa se compone de ocho libros que atraviesan géneros, estilos y geografías: del testimonio a la distopía, de la fábula a la crónica. Ocho propuestas que dialogan con el presente y desafían fronteras literarias y simbólicas. Aquí, Antonio García Ángel escribe sobre «Que pase lo peor» (Random House).
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Antonio García Ángel. Crédito: Margarita Mejía.
Después de Declive (2016), mi libro anterior, pasó un año, luego otro y otro más, y de repente había transcurrido casi una década sin que lograra completar algo nuevo. Mis libros fueron desapareciendo de las librerías y mi nombre, de las ferias y eventos. Los lectores jóvenes no me conocían y los demás me fueron olvidando. Llegué a sentirme como cuando escribía mi primer libro, por allá a finales de los noventa: no tenía nada que perder, no tenía una reputación que cuidar, no importaba qué hiciera porque era como debutar una vez más. Tenía entera libertad para escribir lo que fuera y de la manera que me diera la gana, pues, como todo estaba perdido, ya no tenía nada que perder. Desde ese lugar, al mismo tiempo de total creatividad y derrota, fue surgiendo Que pase lo peor.
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Y como la creatividad implica romper tus propios prejuicios, hice una novela cuyo personaje principal es escritor. ¿Cuántos personajes de esos no son un vehículo para la pedantería intelectual y el narcicismo del autor? Suelen ser sabios, finos, inteligentes y cultivados, lo han leído todo y tienen una memoria prodigiosa, generalmente están ocupados en las cuestiones del espíritu más que en la supervivencia y otros hechos urgentes de la vida real. Por eso me esmeré en crear un escritor que se opusiera a esa imagen deificada: plagado de defectos, resentido, con importantes vacíos en sus lecturas y, para rematar, problemas concretos como pagar la renta y hacer el mercado. Ese personaje, Nelson Camargo, enfrenta una especie de ataque libresco, la literatura viene a complicarle la vida. Poco a poco sus días se van contaminando de eventos que se asemejan a textos famosos de la literatura universal. El relato se va tornando cada vez más absurdo y libresco, aunque traté de que ninguna referencia fuera necesaria para el disfrute: quien conozca las obras originales podrá gozar mi novela mucho más, pero si el lector no está familiarizado con ninguna de ellas podrá entregarse a la trama y las desventuras del personaje, que fueron surgiendo con la misma libertad con la que emparenté mi novela con autores y clásicos universales.
Otro de mis prejuicios es que las novelas cuyo tema es la literatura tienden a soslayar la importancia del plot, de manera que el encanto se reduce a las elucubraciones del autor o el personaje, por ello me propuse que la historia también tuviera una trama llena de giros y sobresaltos. El tono ideal para este tipo de libro, por supuesto, era el humorístico, y los vericuetos de la historia sumaron a la risa otro componente: la sorpresa.
Yo mismo me sorprendí al hacerla, pues se trata, hasta el momento, de lo más estrafalario, literario y humorístico que he hecho en toda mi vida. Fue una especie de grito después del silencio la precedió.
El español es un territorio compartido, un espacio diverso habitado por múltiples voces que lo transforman cada día. Desde esa mirada nace Mapa de las Lenguas, una iniciativa conjunta de Alfaguara y Random House que, cada año, traza una cartografía de la mejor narrativa escrita en nuestro idioma.
Cada país selecciona las obras más prometedoras, relevantes o singulares de su escena literaria: títulos que merecen ser leídos más allá de sus fronteras. Mapa de las Lenguas es la plataforma que les permite expandirse y ser publicados de manera simultánea en todo el ámbito del español. Una colección que refleja la temperatura de lo que está ocurriendo en la literatura de cada país.
En 2026, ese mapa se dibuja con ocho libros que revelan la amplitud y la diversidad de la narrativa contemporánea: del testimonio histórico a la distopía, de la fábula poética a la crónica de lo real. Cada uno de estos libros es una forma de resistencia: contra el realismo, contra el olvido, contra las fronteras.
Desde Argentina, Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores de Roberto Chuit Roganovich combina el terror ecológico y la ciencia ficción para crear una criatura que atraviesa la historia y las entrañas del planeta; mientras que en México, Soñarán en el jardín de Gabriela Damián Miravete convierte la fantasía especulativa en un acto de resistencia y esperanza.
En España, Presentes de Paco Cerdà reconstruye la memoria desde la no ficción con la intensidad de una novela, y Laura Chivite, con El ataque de las cabras, transforma la rareza de crecer en una celebración del humor y la imaginación.
Desde Colombia, Andrea Mejía deja fluir en La sed se va con el río una prosa poética que une lo humano y lo natural, mientras Antonio García Ángel mezcla sátira y vértigo en Que pase lo peor, una fábula brillante sobre el desorden contemporáneo.
En Chile, Alfredo Andonie irrumpe con Serpiente, una novela queer y nocturna que captura el deseo y la historia en los años setenta; y desde Perú, Dany Salvatierra imagina con Criaturas virales una Lima distópica donde la belleza se abre paso en medio del colapso.
Mapa de las Lenguas no busca fijar una geografía, sino mostrar su movimiento: el idioma como materia viva, la literatura como territorio en expansión.
Te damos la bienvenida a nuestro MAPA DE LAS LENGUAS 2026.

