La pareja en familia

Rocío Ramos-Paúl
Luis Torres

Fragmento

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Introducción
La pareja en familia. Es fácil si sabes cómo disfrutar del cambio

 

Desde el momento en que se decide tener un hijo, la vida comienza a cambiar. Cualquier alteración implica una readaptación, pero tener un hijo especialmente, porque hay que reajustar muchos ámbitos. En este libro hemos elegido describir la repercusión que tiene en dos personas formar una familia y proponer ideas y recursos para que ello no impida seguir disfrutando de la vida en pareja.

Es obvio recordar que la pareja la forman dos. Cada uno vive las experiencias, las decisiones, las angustias, los miedos, las expectativas, etcétera, de manera distinta y ambos tienen que aprender a ponerse de acuerdo para educar. Si a lo descrito añadimos que cada uno va cambiando en función de las circunstancias y según pasa el tiempo (lo que quiere, lo que le motiva, lo que deja de hacer, lo que le parece importante o nimio), educar y convivir se vuelve complicado. Sin embargo, si le preguntamos a alguien de qué se siente más orgulloso, casi con toda probabilidad dirá que de su familia; y la misma respuesta recibiremos si preguntamos cuáles son sus principales preocupaciones: «Ver crecer a mis hijos sanos y felices, proporcionar a mi familia todo lo que se merece...». Incluso nos atrevemos a anticipar que la contestación a la pregunta: «¿Dónde tienes tu mejor apoyo?», será algo así como: «En casa. Cuando llego y veo a mi familia, me siento feliz». Cuidar de los tuyos —no solo de los hijos, sino de la persona con la que has puesto en marcha este proyecto que es tu familia— reporta una gran satisfacción. Aunque hay etapas en que se nos olvida, la vida en pareja da muchas satisfacciones y es una pena perdérselas. Como dice el refrán: «Quien siembra recoge». En este libro queremos enseñarte a cuidar de tu vida en pareja para que puedas sacarle el máximo partido. Para ello haremos un recorrido por los procesos personales por los que atraviesa cada miembro de la pareja y propondremos maneras de afrontar las dificultades para que la paternidad sume y no reste a la misma. Los objetivos son:

— Describir a los que se incorporan a la paternidad la mayoría de sensaciones e ideas que los asaltarán.

— Acompañar a los que ya son padres en los cambios que van a ir experimentando.

 

Las parejas que pronto se convertirán en padres dedican meses a preparar la llegada del bebé. La realidad de cuidar de un hijo puede ser sobrecogedora. Cuando el número de miembros en un hogar crece, la relación con la pareja está destinada a cambiar. La nueva situación debe ser enriquecedora para sus protagonistas. Esto no quiere decir que esté exenta de dificultades: la convivencia implica conflicto; la forma en que lo resolvemos fortalece a la familia o la debilita. Por eso te mostramos distintas formas de disfrutar de los cambios que afrontará la pareja que decide tener un hijo.

La mejor manera es estar preparado para cuando se produzcan. Así que a continuación te presentamos los más frecuentes y la forma de resolverlos. Pon en práctica nuestras propuestas y no dudes en contarnos los resultados.

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I
Cambios que traen los hijos a la pareja

 

«Tener un hijo es maravilloso, lo mejor que te puede pasar en la vida». Seguramente esto es lo que oíste cuando te planteaste tener hijos, y es cierto, de lo contrario no pondríamos tanto empeño en vivir esta experiencia. Más difícil sería encontrar quien te hable de las dificultades que te plantearán los niños, y más difícil aún que alguien te reconozca el proceso por el que pasaréis tu pareja y tú. Nosotros le pedimos a una pareja de nuestro entorno que nos lo contara con las mayores dosis de realidad posible, y este es el relato literal que nos ha guiado a la hora de confeccionar el índice de este libro. Recogemos aquí las reflexiones sobre los cambios que han producido los hijos en su relación:

 

 

CARTA DE UNA PAREJA DE PADRES

 

Primero hay un cambio físico en la mujer. Para Silvia su cuerpo es otro desde que tuvo hijos, lo que afectó a su sexualidad y a nuestra relación de pareja. Silvia se sentía mucho más atractiva antes de tener hijos, aunque para mí no era así.

Otro cambio en el que coincidimos es la pérdida de libertad. Cuando se es pareja piensas en tu proyecto de vida y en el proyecto conjunto de pareja, pero cuando tienes hijos es «nosotros y los hijos». Ya no cabe estar solo; te podrás separar de tu pareja, pero nunca del padre o la madre de tus hijos.

La falta de libertad comienza desde que son bebés; aquí la atención es más física, porque necesitan dedicación las veinticuatro horas. Esto es un cambio muy drástico respecto a la situación anterior, y no sé de dónde sacas las fuerzas porque el agotamiento es atroz. Hay que saberlo compartir en pareja, y aun delegando en terceros, la desconexión es muy difícil, por lo que el peso de la responsabilidad lo llevas tú siempre encima. En esta etapa te cuesta mucho encontrar tiempo para ti o para pasarlo con tu pareja sin estar pensando en cosas para los niños.

La falta de libertad también afecta a la toma de decisiones sobre tu vida personal, profesional, económica, social y familiar. En nuestro caso hemos vivido lo que es dejar una carrera profesional y decir que no a un traslado con ascenso por los hijos. No puedes evitar sentir cierta añoranza pensando cómo habría sido tu vida si no hubieras tenido hijos, sobre todo en lo que a lo profesional se refiere.

Desde el punto de vista económico, para Silvia el planteamiento financiero cambiaría radicalmente si no tuviera hijos. Su perfil inversor sería mucho más arriesgado, habría pasado más de hipoteca y se lo jugaría más en bolsa, tendría menos patrimonio y dispondría de mayor liquidez. A Silvia le preocupa pensar en la seguridad económica de sus hijos, y eso la convierte en ahorradora. Mi punto de vista no es tan radical; cambiaría si no tuviera hijos, pero, por ejemplo, si supiera que a mis hijos les va a ir muy bien en el futuro, me plantearía una hipoteca inversa para disfrutar más de mi pareja y no pensar tanto en los hijos.

En el aspecto social te vuelves mucho más ermitaño, los hijos condicionan tus relaciones y con quién te juntas. Buscas un «mirlo blanco»: alguien que te guste a ti, a tu pareja y que sus hijos se lleven bien con los tuyos, y eso es muy difícil de encontrar. Al final lo que ocurre es que te relajas y mantienes tu círculo de amistades. Aunque sigas intentando buscar el ideal entre los padres del colegio, de la urbanización o de las extraescolares. Ambos estamos de acuerdo en que, gracias a nuestros hijos, hemos ampliado el número de relaciones sociales, pero sacrificando tiempo para reunirnos con nuestros grupos de siempre.

En el aspecto familiar, a los padres y los suegros los convertimos en abuelos y esto influye en la pareja. Es un desafío para los abuelos y para nosotros, pero afortunadamente, en nuestro caso, tanto el apoyo como la falta del mismo nos han unido más en lugar de ser motivo de discusión. Como pareja hemos hablado mucho hasta establecer criterios para abordar la relación de los nietos con los abuelos. Hemos tenido algún enfrentamiento con madres y suegras, pero los hemos solucionado dándonos cuenta de que es la abuela de nuestros hijos y tenemos que verla como tal.

Otro cambio es que el haber tenido hijos nos asegura un proyecto común para toda la vida. Pese a lo diferentes que podemos ser en cuanto a aficiones, valores y opiniones, el proyecto siempre ha estado por encima de todo lo demás.

Tener hijos también te da la oportunidad de conocer a tu pareja en la faceta de padre o madre. Eso puede cambiar tus sentimientos. El descubrimiento te puede llevar a enamorarte más o al revés. A Silvia se le cae la baba conmigo en mi faceta como padre. En otras ya no tanto... Para Silvia el origen de muchos conflictos es que los hijos no los eliges, como a la pareja. Son como son, con su propia personalidad, no cabe separarte de ellos ni cambiarlos y esto en ocasiones puede ser difícil de aceptar.

Desde que empezaron el colegio, el principal conflicto está relacionado con esto y con los estudios. El cambio de colegio, por ejemplo, fue algo muy complicado de manejar. Nuestro hijo mayor ha cambiado varias veces de centro, la última fue con 11 años. Lo pasó mal, y cuando pensamos en otro posible traslado se nos «abren las carnes».

En el día a día los conflictos están directamente relacionados con los estudios: deberes, notas. Sobre todo para Silvia, porque les da mucha importancia. Otra fuente de conflicto es el uso a destiempo de las «maquinitas» (videoconsola, móvil, tablet, etcétera), que quitan tiempo a actividades como la lectura, el estudio y otras más «sanos». En este sentido, el uso inadecuado de Internet es ahora mismo para nosotros un problema. Hemos decidido que nuestros hijos tengan acceso a Internet, pero nos preocupan los contenidos que ven a veces. Vamos estableciendo los criterios en función de los acontecimientos.

Acerca de cómo hemos ido resolviendo los conflictos, y centrándome en los que nuestros hijos nos plantean a día de hoy, me referiré a dos que están muy presentes en nuestro ámbito familiar.

Los estudios: no consideramos que este problema esté resuelto, porque lo sufrimos día a día. Pero como dice uno de los tutores, «no hay que preocuparse, sino ocuparse». Actualmente nuestro hijo mayor está cursando la ESO y nosotros nos hemos convertido en estudiantes en turno de noche o a distancia... Aunque sabemos que esto puede ser una fuente de conflicto, hoy por hoy también disfrutamos de poder compartir horas de estudio con nuestros hijos. Será porque nos hace sentir más jóvenes o porque pensamos que así nos acercamos más a ellos, conocemos más su día a día. Al estar tantas horas juntos podemos tratar con ellos temas que de otro modo sería difícil hablar. Aprovechamos que siempre están encantados de «hacer un kit kat» y hablamos de cualquier cosa.

Respecto a Internet, nos dimos cuenta de que las webs a las que entraba el mayor estaban claramente fuera de lo que encontrábamos saludable para su edad. Se nos ocurrió decirles que la compañía que acabábamos de contratar nos ofrecía un servicio para clientes preferenciales que incluía información sobre las webs para adultos que visitaban nuestros hijos. Porque la proveedora de Internet sabía que había menores en la casa y tenía que hacerlo por ley. Cuando les contamos la historia se la creyeron, y hemos conseguido que estén más pendientes de dónde se meten. Mientras dure el susto, iremos pensando otras maneras de gestionar este tema.

Tuvimos una enorme bronca hace tres años cuando empezamos a usar tablets en casa. Los niños se descargaban muchos juegos gratuitos y les dimos la clave, porque nos resultaba más cómodo. De repente nos empezaron a entrar cargos de compras de 10 en 10 euros, y en dos horas habían comprado 700 euros en puntos. Llegaron a tener una de las mejores ciudades de toda la Red... aunque los niños realmente no eran conscientes de lo que hacían. Pudimos reaccionar a tiempo y, aunque resolvimos la parte económica, teníamos claro que había que replantear el uso de las tablets. Desde entonces, además de haber cambiado la contraseña a una que ni podemos memorizar de lo larga y compleja que es, cada vez que quieren descargarse algún juego nos confirman que es gratis y que no van a hacer compras. Al menos, parece que esta lección sí se la han aprendido bien.

Una de las mejores cosas que los hijos han aportado a nuestra relación de pareja es tener un maravilloso proyecto en común (mejor dicho, dos). Nos une mucho resolver problemas juntos. Hasta la fecha, los dos tenemos muy claro que es importante remar en la misma dirección y, si aparece alguna fisura, procurar que los hijos lo noten lo menos posible. Como pareja también nos supone un reto afrontar la educación sin caer en los errores que cometieron nuestros padres. Es algo que tenemos muy presente y que no siempre podemos evitar, porque te ves repitiendo actitudes que criticabas y encima te parece que es como tiene que ser. Será parte del cambio que implica convertirse en padre.

Sacar adelante nuestro proyecto nos aporta también una especie de gratificación mutua por haber criado entre los dos a esas personitas a las que tanto queremos.

Nos gusta mucho disfrutar de sus logros, más que si fueran nuestros; da muchísima satisfacción ver cómo van superando dificultades en la vida.

Bueno, esperamos haber podido transmitiros nuestras experiencias.

¡Un besote fuerte!

Javier y Silvia (padres de dos adolescentes)

 

 

PARA EMPEZAR

 

Convertirte en padre es lo más maravilloso que puede ocurrirte en la vida. Ahora bien, sin ser agoreros, tenemos que adelantarte que los hijos crean fricción en el seno de la pareja. Te describimos brevemente el recorrido que los padres suelen hacer según van creciendo los hijos:

— Del embarazo a los 3 años: esta primera etapa, en la que el desgaste físico hace que desees con todas tus fuerzas encontrar ese rato en el que dormirás más de cinco horas seguidas, da paso a un reajuste en el establecimiento de tus prioridades: tiempos para ti, para la familia y para la pareja, distribución de las tareas cotidianas, presencia de la familia política... y un sinfín de cuestiones que hay que adaptar.

Los hijos siguen creciendo, cambian sus necesidades y, con ellas, vuelves a reajustarte. La pareja se resiente de la falta de descanso. El desgaste físico de la crianza convierte cualquier esfuerzo pequeño en titánico. Las salidas con amigos, las cenas a solas o ir al cine los viernes son verdaderos sacrificios. En esta etapa se sientan las bases para una comunicación fluida. También el tipo de relación que tendréis como pareja con hijos.

— De los 4 a los 14 años: en contra de lo que hayas podido oír, tu presencia física es más necesaria que antes. El desgaste no es físico, pero la lucha por los deberes, el orden, la hora de acostarse o las tareas de colaboración en casa serán una constante. Cuando menos te lo esperes, te sorprenderás convertido en chófer de tus hijos porque las actividades extraescolares, los cumpleaños y demás hacen que haya días donde el tiempo que dediquéis a charlar sea el que pasas con ellos en el coche. En esta etapa es cuando se manifiestan las divergencias en la pareja en cuanto a criterios educativos y es el momento de consensuar actuaciones. Y mientras los hijos se inician en su recién estrenada vida social, la pareja puede recuperar cosas que dejó de hacer en etapas anteriores: teatro, viajes solos, deporte...

— De los 15 a los 20 años: ¿vuelan solos? Tus hijos se aproximan a la edad adulta y poco a poco van requiriendo menos tu presencia. Al final de esta etapa el trato será de tú a tú, de adulto a adulto. Habrá que hacer frente a una nueva vida sin la presencia constante de los hijos, aumentará tu tiempo sin ellos y entonces habrá que reajustar cuánto quieres dedicar a «tu otra mitad» e inventar nuevas maneras de estar juntos. No son pocas las parejas que, cuando llegan a este punto, tienen que buscar temas de los que hablar, o a

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