1.ª edición: agosto, 2017
© 2017 by Fabiola Arellano
© 2017, Sipan Barcelona Network S.L.
Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona
Sipan Barcelona Network S.L. es una empresa
del grupo Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.
ISBN DIGITAL: 978-84-9069-818-1
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Maquetación ebook: emicaurina@gmail.com
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La nostalgia es mi inseparable compañera,
la pérdida y los recuerdos de lo que ya fue son aves de paso.
Vuelan, emigran, pero siempre regresan.
Te amo, papá, ahora eres infinito, la luz que me guía en la oscuridad.
Contenido
Portadilla
Créditos
Dedicatoria
Nota editorial
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII
Capítulo XIV
Capítulo XV
Capítulo XVI
Capítulo XVII
Capítulo XVIII
Capítulo XIX
Epílogo
Agradecimientos
Promoción
Nota editorial
Selección BdB es un sello editorial que no tiene fronteras, por eso, en esta novela, que está escrita por una autora latina, en este caso mexicana, es posible que te encuentres con términos o expresiones que puedan resultarte desconocidos.
Lo que queremos destacar de esta manera es la diversidad y riqueza que existe en el habla hispana.
Esperamos que puedas darle una oportunidad. Y ante la duda, el Diccionario de la Real Academia Española siempre está disponible para consultas.
CAPÍTULO I
Maricela se preparó para enfrentar el que, creía, sería el día más importante de su vida. Los años de lucha en contra del machismo y acoso por fin se verían recompensados. El tan ansiado ascenso al puesto de dirección comercial en SAACSA era prácticamente un hecho.
Se duchó con calma, disfrutando en todo momento de la refrescante sensación del agua al resbalar por su piel como si se tratase de la suave caricia de un amante. Salió del cuarto de baño sintiéndose renovada.
«Este será el comienzo de una nueva vida», prometió a su doble opuesto mirándose al espejo con aprobación. Su rostro ovalado de finas facciones estaba adornado con unos ojos color caramelo de largas pestañas y mirada penetrante. Labios suaves y llenos de un apetecible tono rosado. No solía llevar mucho maquillaje, apenas si usaba algo de rímel, un gloss brillante en los labios y listo. Acostumbraba llevar su larga cabellara castaña en un rígido moño.
«Atrás quedaron los miedos. ¡Hoy es el día!». No cabía de júbilo, había llegado el momento de mostrar a todos esos machistas, en especial a su padre, la auténtica valía de una mujer decidida. Ella sería la primera persona del sexo femenino en ocupar un puesto directivo en esa empresa, mismo que durante generaciones había sido destinado en exclusiva para los varones.
El móvil sonó indicándole que tenía un mensaje:
Hoy
Cinthya:
Hola, señora manda más, solo quiero desearte suerte en el gran día de tu coronación. ;) 07:15 a.m.
Maricela:
Adoro tu sarcasmo, me levanta el ánimo, pues estoy muy nerviosa. X3. 07:16 a.m.
Cinthya:
Eso es normal, este paso es decisivo para tu carrera. Relájate, bonita, y disfruta de lo que con tanto esfuerzo te has ganado. 07:17 a.m.
Maricela:
No puedo estar tranquila, el imbécil de Luis Alfredo tiene días de lo más amable conmigo, y eso no me da buena espina. Sé que algo grande se trae entre manos. 07:18 a.m.
Cinthya:
Amiga, tú siempre tan imaginativa. Deja esa costumbre de crearte telenovelas en la cabeza. Lo más probable es que don Acosador esté feliz por el puesto que le ofrecieron en el extranjero y no pueda ocultar su regocijo. 07:19 a.m.
Maricela:
Tal vez tengas razón, quizá estoy siendo un poco paranoica, pero esa actitud en él no es normal. Tengo la certeza de que no se irá sin dejarme un recuerdito. Los tipos como él jamás olvidan ni perdonan un rechazo. 07:21 a.m.
Cinthya:
Hiciste bien en ponerlo en su lugar. Lo que no estoy de acuerdo contigo es que no lo denunciaras. Las ratas como esa tienen que estar en donde pertenecen: las cloacas. 07:23 a.m.
Maricela:
Sé que mis motivos pueden parecerte absurdos, pero créeme cuando te digo que el tipo tiene demasiada influencia sobre los viejos accionistas, para ellos es San Luis Alfredo, su palabra es incuestionable y no hay quien lo baje del pedestal en el cual lo han colocado. Yo siempre he llevado las de perder, pues, para mi desgracia, no tengo modo de probar mis acusaciones. Por fortuna ya se va y me libraré del él. 07:25 a.m.
Cinthya:
¿Lo ves? No hay de qué preocuparse, don Acosador ya es cosa del pasado y no volverá a molestarte. Pobres de las chicas en la filial a la que irá, serán ellas las que tengan que soportar sus constantes acosos. 07:27 a.m.
Maricela:
No sé, tengo el extraño presentimiento de que esta guerra entre nosotros no ha terminado. 07:28 a.m.
Cinthya:
Tranquila, bonita, como ya te dije: relax… Nos vemos el viernes, recuerda que tenemos que celebrar a lo grande tu acenso; con bombos y platillos. 07:29 a.m.
Maricela:
De acuerdo. Ya me urge que llegues, te extraño. Me encantaría ir a recibirte al aeropuerto, pero como comprenderás me es imposible. 07:31 a.m.
Cinthya:
Lo sé, no te preocupes, Dante estará esperándome, supongo que con todo y comitiva de bienvenida. Ya nos pondremos al día cuando nos veamos. Arrasa con toda esa sarta de machos arcaicos, ¿de acuerdo? Besos. 07:33 a.m.
Maricela:
Ok. Deséame suerte, amiga. 07:35 a.m.
Cinthya:
¡Suerte, bonita!!! :* 07:36 a.m.
Durante un momento, estuvo tentada a preguntar, una vez más, sobre el asunto de la inminente boda de Alex, pero la actitud de Cinthya era de lo más normal y relajada, mostrándole que estaba bien y que sus palabras en la anterior conversación, cuando creyó haber metido la pata al decirle sin más la buena nueva, eran verdad; la obsesión de su amiga por Alex era cosa del pasado. Esto la hizo reflexionar; quizá debía cortar cuerda a su desbocada imaginación y centrarse más en sus problemas reales.
Emocionada, miró el traje sastre que descansaba sobre su cama. Lo había comprado especialmente para la ocasión. El color azul metal era único y el estilo elegante y discreto le concedía la imagen que deseaba dar a los accionistas de la empresa: una mujer exitosa, en la cúspide de su carrera. Y lo mejor de todo, que no necesitaba valerse de sus atributos físicos para conseguirlo.
La falda de tubo llegaba debajo de la rodilla, el saco no delataba el cuerpo que se escondía debajo y la sobria camisa blanca con rayas azul claro era el toque perfecto entre seriedad y buen gusto.
El trayecto a su trabajo le preció inusualmente lento, se dijo que quizá era debido a la ansiedad que sentía. Se quedó unos minutos mirando la fachada acristalada del edificio central, tomó una gran bocanada de aire y entró decidida a enfrentarse a los buitres.
—¡Buenos días, Claudia! ¿Alguna novedad? —preguntó tratando de ocultar su nerviosismo bajo la máscara de profesionalismo con la cual a diario se revestía al cruzar la puerta de su oficina.
—No, Mary. Todo está en orden. ¿Preparada para tu gran día? —la cuestionó su secretaria con una sonrisa cómplice.
—Por supuesto.
—¿Crees que tengamos algún problema con la nueva jefa si abrimos esto al terminar la junta de accionistas? —preguntó, con una sonrisa pícara, Dafne, otra de las chicas de su equipo de trabajo, mientras les mostraba una botella de champaña.
—No lo sé, quizá esa tipa resulte ser peor de quisquillosa que Luis Alfredo. Menos chisme y más acción. —Maricela dio un par de palmadas—. ¡A trabajar, flojas, que no se les paga por venir a cotillear! —bromeó e hizo una mueca imitando al susodicho.
Las chicas rieron ante tan magistral interpretación.
—Es un alivio que se vaya, es de lo más incómodo trabajar con él. Por muy recatada que sea tu ropa, parece que tuviera un escáner, te desnuda con la mirada y siempre está toqueteándote accidentalmente —expresó Claudia con verdadero desagrado.
—¡Accidente nada!, eso que se lo crea su abuela —alegó Dafne con una mueca de asco—. A mí me insinuó que si yo quería, me ponía apartamento y coche a cambio de mantenerlo calientito todas las noches. Por fortuna, en cuanto me casé con Emilio, dejó de molestarme.
—Yo lo siento por Mary, le ha tocado recibir la peor parte, el tipo parece obsesionado con ella.
«Y no saben hasta qué punto», pensó Maricela con amargura al recordar el día que, por poco, ese canalla consigue mancillarla. Gracias a Julián, del apartamento de finanzas, que llegó a tiempo para interrumpirlo, es que pudo salvarse. Desde entonces procuró nunca más quedarse a solas con su jefe.
No les contó a las chicas hasta qué grado había llegado el asunto, pero sí les pidió que cada vez que Luis Alfredo la mandase llamar y cerrara la puerta de su oficina, se inventaran cualquier pretexto para rescatarla lo más pronto posible, y gracias a eso, él no había podido atacarla de nuevo.
—No saben cómo les agradezco que siempre estuvieran al pendiente de mí. —Les sonrió con afecto—. Creo que más que festejar mi ascenso, tenemos que celebrar que esa víbora no volverá a molestarnos.
—Mary tiene razón, por fin nos libraremos de esa alimaña. Pobres de las chicas de la filial a la que va, ahora les tocará a ellas lidiar con él —reiteró Dafne.
—Es curioso, eso mismo me dijo Cinthya esta mañana.
—Por cierto, ¿cómo está? Con eso de que es toda una celebridad y acaba de ganar otro premio… —Quiso saber Claudia, pues ella, al ser la secretaria, recibía las llamadas entrantes del apartamento y la fotógrafa le había simpatizado de inmediato desde la primera vez que llamó.
—Bien, llegará el viernes para asistir a la boda de su hermano.
—Oh, sí, lo había olvidado, y eso que fui yo quien recibió a los tortolitos cuando vinieron a traerte la invitación. ¡Qué memoria la mía!
—Perdón que interrumpa su hora del chisme, chicas, pero está por comenzar la junta y Mary tiene que entrar —les comunicó Dafne. Mientras avanzaban por el pasillo, continuó—: No quiero dejar pasar la oportunidad de agradecerte el que me recomendaras con los accionistas para ocupar el puesto de asistente que tú dejarás vacante.
Claudia, Ariana, Dafne y Maricela se habían acoplado de maravilla, se apoyaban unas a las otras; «siempre unidas». Ese era su lema.
Como siempre que una pieza es movida, había que llenar el hueco. Cuando a Luis Alfredo se le ofreció el puesto de director comercial de la nueva división Estados Unidos, los accionistas habían llamado a Maricela y le dijeron que el candidato más viable para ocupar el puesto vacante era ella. Entre otras cosas, le preguntaron que, en caso de darse el ascenso, a quién recomendaría para ocupar la plaza de su asistente y le dieron un par de días para pensarlo.
Maricela no necesitó tanto, convocó a junta de chicas en el baño de damas y, por unanimidad, decidieron que fuera Dafne la afortunada, ya que su esposo se había quedado sin trabajo y lo estaban pasando mal para completar las facturas de cada mes.
—No tienes nada que agradecer, será un placer tenerte como asistente. Sé que lo harás bien. —Se abrazaron emocionadas, y Mary siguió su camino.
CAPÍTULO II
Maricela se dirigió a la sala de juntas con paso firme y el mentón erguido; era intimidante ser la única mujer en un grupo de hombres pagados en sí mismos. Cuadró los hombros y se cubrió con el caparazón que cada día usaba para disfrazar su inseguridad. Sabía que en un mundo de machos alfa, tenía que ser dura e inflexible, no por nada había llegado a donde estaba.
A un instante de cruzar la puerta, se quedó helada. ¿Qué hacía él ahí? ¿Qué hacía Manuel Rodríguez presente en una junta privada?
Lo reconocería en cualquier parte, jamás había podido olvidar esa sonrisa y ese rostro de niño bueno. Aunque sus facciones eran más angulosas y marcadas, ya no era el tímido jovencito que recordaba; ahora era todo un hombre.
La sonrisa de satisfacción que Luis Alfredo le dedicó provocó que su estómago se revolviera al instante. El mal presentimiento se convirtió en certeza; todos sus temores se materializaron ante ella.
—¿Mary? —Manuel se puso de pie sin disimular el asombro que le causó verla allí. Se dirigió hacia ella y la saludó con un par de efusivos besos—. Cuánto tiempo sin verte, estás estupenda. —La miró de los pies a la cabeza sin recato alguno.
—¿Se conocen? —interrumpió Luis Alfredo sin borrar la sonrisa bobalicona de su rostro.
«Por desgracia, sí», pensó Maricela, tratando de reponerse de la sorpresa. Optó por permanecer en silencio mientras su mente intentaba resolver el misterio detrás de la presencia de Manuel en esa sala de juntas. Las posibles respuestas que llegaron a su cabeza la dejaron mareada. «¡Maldito Luis Alfredo!», se dijo al borde de un ataque de histeria.
El señor Evaristo Hernández de la Cerda, presidente y accionista mayoritario, escogió ese momento para hacer su magistral entrada; todos los presentes se pusieron de pie y comenzó el tormento de Maricela González.
—Como sabrán —el mayor de los Hernández tomó la palabra—, el motivo de esta junta es para homenajear al joven Luis Alfredo, que por su gran colaboración y valía ha sido ascendido al puesto de director en la filial que acaba de abrirse en los Estados Unidos…
La sala de juntas se llenó de aplausos y enhorabuenas para el aludido, que no dejaba de dirigirle miradas cargadas de mensajes intimidatorios a la única mujer presente, misma que permanecía en silencio.
—El segundo motivo es presentarles al licenciado Manuel Rodríguez, quien después de concluir su exitosa gira de trabajo por el continente europeo, ha decidido residir en su madre patria por los próximos años. Es un elemento que viene ampliamente recomendado por Luis Alfredo, pues fueron colegas en la facultad, eso sin contar que su currículo es impresionante. Demos una calurosa bienvenida al nuevo director comercial de esta filial. —Lo señaló con la mano y enseguida aplaudió.
—¿Qué? —explotó Maricela iracunda—. Esto es una maldita broma, ¿verdad?
Los aplausos y palabras de bienvenida para el recién llegado cesaron de golpe.
—Claro que no es ninguna broma, ¿qué, acaso ve payasos y globos por aquí, señorita González? —espetó don Evaristo Hernández, molesto.
—¡Exijo una explicación! —gritó furiosa, tomó aire para calmarse y, recomponiendo su tono de voz, añadió—: Si mal no recuerdo, hace un par de días me dijo que yo era el candidato más viable a ocupar el puesto, y ahora, de buenas a primeras, me dejan fuera. ¿Y pretende que me quede de brazos cruzados?
—En efecto, señorita González, tiene toda la razón, merece una ex
