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PEDRO OCULTA ALGO
Julio ha traído consigo un sol tórrido. Los Cebolletas al completo lo disfrutan en la piscina del Polideportivo Daoíz. Han extendido sus esteras de goma sobre el césped, entre los árboles. Charlan, leen, escuchan música con sus iPod y juegan a las cartas chinas que el abuelo de Chen ha enviado a Nico de regalo. Cuando el calor se vuelve insoportable, se echan al agua y se ponen a jugar al balón. Como dice a menudo Fidu, «Tendrían que hacerle una estatua al que inventó las vacaciones. ¡Menudo crack!».
Casi siempre quien propone que se bañen es el portero de los Cebolletas, porque es el que más suda de todos. Al cabo de cinco minutos al sol, empieza a resoplar como una locomotora y a cubrirse de gotitas, como una bolsa de congelados en la nevera.
Verás cómo es precisamente Fidu el que arrastra otra vez a todos a la piscina...
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SÚPER ¡GOL!
En ese momento solo está en el agua Tomi. No nada, sino que cruza la piscina a lo ancho, con el agua hasta el ombligo. Camina de un lado a otro sin detenerse.
Sara lo observa de lejos y pregunta a sus amigos:
—¿Habéis visto al capitán?
—Una de dos... —responde Fidu—: o se está entrenando para un maratón o se le ha olvidado nadar.
—¡Serás burro, está haciendo ejercicios de rehabilitación! —le aclara Nico—. En el agua el cuerpo pesa menos y así no cansa el tobillo, que todavía tiene debilitado.
—Ah, no lo sabía... —farfulla el portero.
—Hace media hora por lo menos que Tomi camina
en el agua —comenta João.
—Está dejándose la piel para poder volver al campo lo antes posible —añade Becan.
—¡Es un campeón! —concluye Elvira, admirada—. Estoy segura de que, para el comienzo de la liga, el capitán estará totalmente recuperado.
—¡Vamos a hacerle compañía! —propone Fidu, empapado de sudor, mientras se quita la gorra y la cadena de plástico de luchador—. ¿Os apetece un chapuzón?
Todos le siguen con entusiasmo, a excepción de Nico, que lee tumbado con la cabeza apoyada en un balón y responde:
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PEDRO OCULTA ALGO —Acabo el capítulo y voy con vosotros.
Fidu le arranca el libro de las manos y exclama: —¡En la piscina no se estudia! ¿No sabes que si pasa un vigilante te pondrá una multa? ¿No has visto el cartel? ¡«Prohibida la entrada a los empollones»!
—¡Devuélveme el libro! —protesta Nico—. ¡No estoy estudiando, es una guía de Sevilla! Dentro de unos días nos vamos allí y me estoy preparando.
—¡Todavía peor! —le espeta Fidu—. Eso quiere decir que tendremos que escuchar otra vez tus lecciones de sabiondo... Ya puedes irte haciendo a la idea de que no pienso entrar en ningún museo. ¡Con este calor, ni hablar! Como mucho iré a la mezquita.
—Para tu información, la mezquita está en Córdoba, y no en Sevilla —le corrige el número 10.
—¡Por eso la llaman la mezquita de Córdoba! —comenta el portero rascándose la cabeza.
Los Cebolletas sueltan una carcajada.
—Sea como sea, ¡nos vamos todos al agua, y tú también! —decide Fidu, que agarra al pequeño Nico y se
lo echa al hombro, como si fuera una sombrilla que plantar en la playa.
—¡Suéltame, pedazo de bestia! —se queja pataleando el número 10.
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SÚPER ¡GOL!
—Pues claro que te voy a soltar... —responde el portero—. ¡Pero en el agua!
—¡Espera! Hagamos una apuesta —propone Nico—. Si te hago un truco de magia me dejas en paz.
Fidu, lleno de curiosidad ante las palabras de su amigo, lo vuelve a dejar en el suelo.
—¡Ahora siéntate sobre ese murete! —ordena Nico al portero.
Fidu obedece.
—Y ahora dibuja con el pie derecho círculos en el
aire en el sentido horario, es decir, en el sentido de las
manecillas del reloj.
Fidu levanta el pie y hace lo que le pide.
—A continuación —prosigue Nico, concentradísimo,
como si fuera un mago de verdad—, sin tocarte siquiera, solo con la fuerza de mi pensamiento, te obligaré a
girar el pie en la dirección contraria.
—Me gustaría verlo... —responde Fidu con una sonrisita desafiante.
—Dibuja con el índice de la mano derecha el número seis en el aire —ordena Nico.
En cuanto Fidu traza con el dedo la curva del seis, su pie derecho se detiene y vuelve hacia atrás, dibujando en el aire un círculo en sentido contrario.
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PEDRO OCULTA ALGO
El portero se queda con la boca abierta, atónito. Se mira el pie y pregunta al número 10:
—Pero ¿cómo lo has hecho?
Nico recupera la guía de Sevilla y vuelve a tumbarse en la hierba con la nuca apoyada en la pelota de fútbol.
—Estoy con vosotros en un minuto —dice, reanudando su lectura.

TENGO LA IMPRESIÓN DE QUE EL LUMBRERA TE HA VUELTO
A ENGAÑAR...
FIDU SE SIGUE
ESTUDIANDO
EL PIE PARA
INTENTAR
AVERIGUAR
CÓMO HA
CAMBIADO
DE DIRECCIÓN
POR SU
CUENTA.
JA
JA JA
JA
JA
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SÚPER ¡GOL!
Tomi sufrió una grave lesión durante la liga pasada jugando contra los Velocirráptores. El número 4 hizo una dura entrada por detrás al capitán y, después de tumbarlo con una tenaza, le fracturó el hueso del maléolo. Tomi sintió un dolor tremendo, y el pie se le torció como el de una muñeca rota.
El número 9 se ha quitado hace poco la bota de yeso que le habían puesto y que ha llevado mucho tiempo. Ahora logra apoyar el pie en el suelo y se ayuda con una sola muleta. Naturalmente, todavía no puede correr, porque apoyaría demasiado peso sobre el hueso que se acaba de soldar, pero ya puede hacer varios ejercicios que le ayudarán a recuperar el uso completo del tobillo. Quiere estar en plena forma para la próxima liga. Por eso está haciendo tantos esfuerzos, también en la piscina. Como acaba de explicar Nico, el agua hace que el cuerpo sea más liviano y permite así a Tomi ejercitar su tobillo corriendo menos riesgos.
Los Cebolletas se colocan en torno a su capitán, en el centro de la piscina.
—¿Te duele? —le pregunta Lara.
—Un poco, pero muevo el tobillo mejor que ayer
—responde Tomi, sin dejar de caminar.
—No te pases —sugiere Becan—, o será peor.
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PEDRO OCULTA ALGO —Tiene razón —concuerda Aquiles—. Hace una hora que no paras. Si hubieras ido recto, ya habrías llegado a tu casa andando...
—Sí, tendrías que descansar un poco y darte una vuelta en lancha motora —propone Fidu.
—¿Qué lancha? —pregunta Tomi lleno de curiosidad. —¡Esta! —exclama Fidu, que aferra súbitamente al capitán por los brazos, espalda contra espalda, se sumerge como un delfín y se pone a nadar.
Todos sonríen al paso de Tomi, que se desliza por el agua con la panza hacia arriba, como si estuviera tumbado sobre una colchoneta...
A falta de una piscina, Lucía, la madre de Tomi, Daniela, la madre de las gemelas, y Sofía, la mujer de Gaston Champignon, tratan de defenderse del calor y el bochorno en la fresca veranda de El Paraíso de Gaston, el local inaugurado hace unos meses junto al restaurante Pétalos a la Cazuela.
El Paraíso es una especie de invernadero, con sillas y mesitas distribuidas entre macetas de flores perfumadas, donde la bellísima Elena prepara tés, tisanas e infusiones. La idea del cocinero-entrenador ha tenido
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SÚPER ¡GOL!
un gran éxito y, en pocas semanas, su local se ha convertido en el lugar más frecuentado del barrio. La gente se da cita en él para charlar y relajarse después del trabajo, y los chicos acuden al lugar para estudiar o reunirse.
Elena, que ha estudiado botánica en la República Checa, prepara a cada cliente una bebida a medida. Por ejemplo, la chica de trenzas rubias está depositando ahora sobre una mesa una bandeja con vasos llenos de un líquido rojo intenso y un ramito de flores del mismo color.
—¡Qué maravilla de color! —exclama Sofía.
—Es karkadé —explica Elena—. Una infusión de flores de hibisco, ideal para combatir la sed y el calor. No
en vano viene de África.
—Tiene un sabor algo áspero... —comenta Lucía después de dar el primer sorbo.
—Un poco —confirma Elena—, pero el hibisco es una planta que tiene grandes propiedades. Entre ellas, es buena para la presión sanguínea.
En ese preciso instante entran en la tetería Armando, el padre de Tomi, y Gaston Champignon, que reconoce de inmediato la bebida roja y exclama, tocándose el bigote por el lado derecho:
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PEDRO OCULTA ALGO —¡Hemos llegado en el momento apropiado! ¡Un buen vaso fresco de karkadé es lo que nos hace falta para combatir tanto calor!
El cocinero-entrenador recoge el ramito de la bandeja y prosigue:
—¿Sabéis que en Polinesia las chicas se adornan el
pelo con flores de hibisco? En cambio, los
chicos se ponen una flor roja detrás de la
oreja derecha si están comprometidos y
de la oreja izquierda si están libres.
—¡Yo también me pondré una! —dice
Armando, que arranca una flor del ramito.
Lucía lo observa y comenta:
—Te has equivocado de oreja. Tú
no estás libre, ¡eres mi marido!
Todos echan a reír.
Al fresco de la veranda de El Paraíso de Gaston, el grupo de amigos se pone a charlar sobre los pormenores del próximo viaje a Sevilla, donde podrá verse a los Cebolletas disputando la Copa del Juego Limpio y a Augusto en el altar, al lado de su Violette.
ARMANDO

SÚPER ¡GOL!
—Yo tendré la gran alegría y emoción de acompañar a mi hermana al altar —informa Gaston Champignon atusándose el bigote por el extremo derecho—, mientras que Augusto irá flanqueado por su madre, que es una mujer anciana pero todavía en plena forma.
—¿Quiénes serán los testigos de la boda? —pregunta Daniela.
—Violette llegará de París con su mejor amiga, Colette —contesta Champignon—. El de Augusto, su hermano Tito, que trabaja de bombero en Sevilla.
—Violette ha querido diseñar ella misma su vestido —comunica Sofía—. Conociendo su fantasía, espero algo de lo más original...
—Seguro que llevará una cola muy larga —dice Daniela—. Sara y Lara me han dicho que la ayudarán a sujetarla cuando entre en la iglesia.
—¿Y el regalo? —pregunta Armando—. No nos queda demasiado tiempo.
—Es verdad —confirma Champignon—. Podríamos ayudarles a decorar la casa que se han comprado en Barcelona. Augusto me ha dicho que han hecho una lista de bodas en una tienda de postín.
—¿Y si les organizáramos una maravillosa luna de miel en la Polinesia? —propone el padre de Tomi qui
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PEDRO OCULTA ALGO tándose la flor de hibisco de la oreja y poniéndosela en el pelo a su mujer.
Volvamos a la piscina, junto a los Cebolletas.
Fidu, tumbado a la sombra, está leyendo un diario deportivo con la atención que normalmente le dedica a los merengues a las rosas.
Dani, que está tocando la guitarra, le provoca: —Esta vez tengo la impresión de que te van a quitar a tu De Gea...
—¡Que se atrevan a intentarlo! —responde Fidu, sin apartar la mirada del periódico—. ¡Me voy al Manzanares con mi cadena de lucha libre y lo ato a un poste de la portería!
El artículo del diario dice que al portero del Atlético de Madrid le han llegado propuestas fabulosas de grandes clubes europeos, como el Manchester United o el Chelsea.
—Que yo sepa, De Gea no ha dicho que se quedaría en el Atlético pasara lo que pasara... —insiste Dani.
—Pero el Atlético ha insistido en que se quedará con él pase lo que pase —rebate Fidu—. Yo creo que además De Gea quiere quedarse, así que ¡no se va a mo
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SÚPER ¡GOL!
ver! ¡De Gea no es un traidor! ¡Ha disputado partidos incluso enfermo! Así que estoy tranquilo, ¡toca tu guitarra y déjame en paz!
En realidad, el portero de los Cebolletas no está tan tranquilo como dice. Cuanto más lee sobre las negociaciones en curso, más preocupado está.
Pero en cuanto reconoce algunas caras familiares entre gente que se acerca, deja de pensar en De Gea.
—Aquí tenemos a los simpáticos de
