Fantasía para otra ocasión

Fragmento

bre, uno enorme, un desesperado, llamado Barrabás, ruso, zapatero de profesión, puedo decirlo: le salvé la vida… Estaba cortándose en la radial con unos viajes de tenedor tremendos… y después le daba al muslo bajo la manta… estaba asesinándose… ¡Para que veáis lo que era! ¡la resolución! Si se llega a encontrar la femoral, ¡la arteria de la que no se vuelve!… Dos días después, ¡había mejorado!… ¡sólo por mi influencia! ¡la convicción, la pantomima! ¡para que veáis la moral que le infundo!… ¡volvía a comer el rancho!… pero más adelante se suicidó, he oído decir… dos semanas después… se arrojó bajo el tren… bajo el túnel… había roto las esposas… iban a entregarlo…

¡Tendríais que verme regresar al chabolo! ¡un ánimo! ¡una esperanza! ¡revitaminizado a fondo! ¡y con el vientre ligero! ¡lavativa! ¡juventud! ¡Despliego maravillas! ¡Ya ni siquiera oigo la otaria!…

Se me aparece el Hortensia…
—¡Lárguese! ¡Rastacuero! —le grito…—. ¡Epiléptico! ¡Histérico! ¡Asesor de pollas en vinagre!

¡El tipo de injurias que le suelto!
—¡Vichysta! ¡Nigeria! ¡Habano! ¡Carbonero! ¡Vaya a darse brillo! ¡Cafre! ¡Bujarrón!… ¡mal educado! ¡Jazz-band!

¡Ya veis el efecto de las vitaminas! Lo dejo cortado… ¡con todo lo ecto que es! ¡plasma! ¡Ah, Luis XIV y patatín! ¡Ah, las apariciones! ¡cómo las trato!

—¡Artículo 75!

Lo insulto yo.
¡Eso es definitivo!

Desaparece…
¡Fijaos qué agallas! ¡qué vigor! ¡cinco, seis días conservo esa forma! ¡empalmado! ¡crepitante! ¡la de hojas que lleno!… el lápiz prestigioso, ¡vamos! y después empieza a ir un poco menos bien… y luego peor… los ojos se me vuelven a nublar… veo borroso… ya no veo… ladro, ¡vuelven a subirme al hospital!… ¡Parihuelas!… Si estuviera en Fresnes, ¿no sería peor?… ¡Cien veces!

—¿Y en Wuppertal, farsante?
—¿Por qué no te tocas el chichi, chata?

Mirad, ya que os ponéis tan puntillosos, yo conocí a «Facede-quoi», hombre de Londres, ¡ése estuvo treinta años «empapelado»! ¡Doce marrones! Todas las veces salía con un frescor, una palidez, una transparencia, ¡que todo el mundo veía a través de él!… ¡la «libélula» se llamaba en broma! ¡a sí mismo! Con eso os hacéis idea del temperamento, ¡el optimismo! ¡catorce veces empurado! ¡doce marrones! ¡Reincidía a propósito!

—¡Es un ángel! —decían todos con admiración…

Al final voló… ¡Ya lo creo!… Lo encontraron una mañana, frío… en fin, chupadito… casi sólo piel… ya no se podía llamarlo hombre… de lo delgado que estaba… lo enterraron completamente vestido, chaqueta, gorro, zapatos, pingajos, ¡todo!… un favor de lo más especial… el capellán no quería verlo del todo desnudo… ¡yo también soy flaco y no conozco al capellán!… ¡he perdido cuarenta y ocho kilos! nunca ha venido a verme, ¡el muy cabrón! ¡luterano de servicio! ¡el papista tampoco! ¡Nadie!…°

Seamos serios, reconozcamos las cosas, veinte meses de celda, treinta meses, treinta años, para vosotros, ¡no es nada!… ¡Vosotros estáis fuera!… ¡es el divino alcohol estar fuera!… ¡Están todos locos de amor propio fuera! ¡no se les puede hablar a los de «extramuros»! Todos tienen un «grisgrís» en la andorga, ¡que piensan que nunca los empurarán!… ¡Emborrachaos bien! ¡Oraciones y todo! Lourdes, ¡que dure!… Las estrellas son las que sostienen el cielo, ¡por sí solo se caería!… ¡hacen falta clavos para todas partes! ¡Recuperaos! ¡La niña Thérèse de Lisieux aún hace la mar de milagros!… y Belcebú, verdad, ¡por el otro lado! ¡Intrépidos los dos! ¡la cuestión es que haya baile! ¡doble juego! Yo no tengo vuestras ambiciones, me contentaría con ver un poco más claro, con tener un poco menos de vértigo… e incluso un poco menos de pelagra… parece cosa de nada, la pelagra… Felipe Augusto la tuvo también… buen mozo de chaval, cuando partió para las Cruzadas, volvió francamente espantoso, arrugado, apirujado, escrofulado…° Tampoco habrá quien me miré a mí, ¡cuando regrese!… ¡Lo que se va a alegrar el Jules!… Jules es mi envidioso personal, es divertido incluso… como yo esté guapo, espumajea, se descompone… «¡Es guapo Ferdine! ¡no se puede negar!» ¡Ya está! le crujen los dientes, ¡no puede más!… un cuchillo, ¡y me mata! le dan convulsiones, ¡el ataque! ¡violeta se vuelve! Irresponsable… Lo que se alegrará de verme sin dientes… todas las mañanas tres… cuatro… ¡que me arranco!… ¡Me encargo yo! ¡Me encargo yo!… se bambolean… ¡Oh, desde luego, hay cosas más graves!… ¡coquetería! ¡Respeto personal!… ¡A vosotros no os afectaría! Desde luego, ¡se puede vivir perfectamente sin dientes! ¡figuraos! ¡Sobre todo en un chabolo! ¡Hace miles y miles de años que los presos pierden los dientes! ¡pues no está previsto ni nada!… Nunca nada duro en la comida, ¡todo blandito! ¡gachas! cétera… ¡blando! ¡blando! ¡blando! ¡y sólo blando!…

—Pero, ¿de qué habla usted, señor mío? ¿Dónde anda usted acurrucado subrepticio? ¿a fin de cuentas?

Ya oigo vuestra pregunta… ¡Nanay de naquerar!… todos los periódicos afirmaron, incluso con telegramas, incluso los supuestos detectives, que yo estaba en tal paralelo, en tal nación, ¡tal fortaleza!… ¡Pamplinas!…

Estoy bien al Norte, ¡y basta!… ¡Más alto aún! ¡Ni ciudad! ¡Ni lugar! Si os indicara una onza de referencia, un pelín de orientación, la menor chimenea de extremo de aldea, una rama de bosquecillo… ¡aviado estaría! ¡mi fin! ¡el conserje en marcha! ¡Se lanza! ¡reportero, portador, soplón, ceceante! ¡Guapo estaría yo!

Ah, la calamidad, ¡como me encuentre!… No vacila ante nada, ¡con su camelar! ¡la injusticia que me chupo!

—¡Ah, mi querido maestro, Francia está loca!… ¡Ah, el infernal quiproquo!… ¡el genio irradiante de Europa!… ¡el Bikini° de la novela! Ah, si usted supiera, ¡lo que se abomina de los bereberes este año!… ¡Ah, bo! ¡bo! ¡bo! ¡bo! ¡querido Maestro! ¡Ah, es espantoso! ¡es que, vamos!, ¡que la ba! ¡ba! ¡se me seca! ¡Mi! ¡mi! ¡mina! ¡Bobo! ¡nable!… ¡Este trullo! ¡este trullo! ¡aquí! ¡le encuen! ¡cuen! ¡tra! ¡a usted! ¡usted! ¡Lo que nos gustaría em! ¡bro! ¡bro! ¡pa! ¡palar a sus enemigos! ¡Ah, hábleme, Maestro! ¡hábleme! ¡Ba! ¡Ba! ¡Bastille! ¡Ya no sé lo que digo! ¡mala luna! ¡la emoción, Maestro! ¡la emoción! ¡Dígame que tiene confianza! ¡La cárcel nada es! ¡nada es! ¡Esperanza! ¡Libertad! ¿al menos no se desdirá usted, Maestro? ¡Ah, sabía yo que le daría una alegría! ¡Penacho! ¡Gloria! ¡Honor! ¡Victoria! ¡Zasca! ¡Yu! ¡Yu! ¡Las ganas! ¡Zasca! ¡todo! ¡Usted! ¡Usted!… ¡Ese agujero! ¡le! ¡le! ¡le encuentra! ¡sin calor! ¡ni frío! ¡su pobre cara! ¡ah, yu… yu… yu!… ¡Lo que nos gustaría en… sar… tar… los! ¡pa… pa… larlos!… ¡Hable, pues, Maestro! ¡Ah! ¡si me hubiera traído el aparato! ¿verdad?… ¡su voz! un disco… ¡hable! ¡hábleme! ¡confianza! ¡ni un francés ya para llorarlos!… ¡el estado en que lo tienen!… ¡Maestro! ¡maestro! ¡la e! ¡emoción!… ¡sus pobres ojos!… ¡al horno todos! ¡todo! ¡mil hornos!… ¡chungo! ¡como Moch!° ¡chungo!… ¡dígame! ¡dígamelo aquí!… ¡vocifere! ¡que es usted más fuerte que todo! ¡júreme, Maestro! ¡Ah, se acabó! ¡ni un Cassel que se les deplore! ¡diez mil! ¡cien mil! ¡doscientas mil parrillas! ¡Si viera Francia ahora! ¡Llegase a Le Bourget! ¡cuarenta mil ramilletes! ¡chavalitas lo llevarían! ¡esposado y todo! ¡No se puede usted imaginar lo bien que hablan por doquier de usted! ¡El Escritorcísimo del Siglo! ¡no en recuadro! «¡en primera!» ¡toda la plana y fotos! ¡su gato! ¡su señora! ¡su pobre cara! ¡su pelo largo! ¡y en el Palais, vamos! ¡y en Fresnes! ¡lo que piensan en usted! Ya es que Francia no duerme, ¡por la forma como fue usted ultrajado! ¡Expoliado! ¡vilipendiado! ¡escupido! Brasillach a todo el mundo trae sin cuidado, ¡está muerto!° ¡El mundo lo que quiere es fotos! ¡discos! ¡palabras! ¡Quiere carne y fotos! Enséñeme la nalga, ¡ahí donde sangra! ¡Colóquese ahí, Maestro! ¡Maestro! ¡los calzoncillos! ¡Arrodíllese!… ¡De rodillas! ¡De rodillas! ¡Que lo tenga ahí, en la raya de luz! ¡que… que lo tenga todo! ¡la cara también, Maestro! ¡llore! ¡el taburete también! ¡bien! ¡la tablilla! ¡el ojo! ¡restriéguelo!… ¡que sangre!… ¡el acárido!… ¡su foto! ¿lo van a soltar pronto? ¿no cree?… ¡Sí! ¡sí! ¡sí! ¡sí!… diga así conmigo: «¡Los odio!»… ¡la expresión, querido Maestro! ¡la expresión!… ¡y después llore! ¡llore!… ¡Ah, querido Maestro, cómo lo esperan! ¿Se le ha quedado la verga penduleante?… ¿Puedo contarlo? ¿Por enfermedad? ¿Las tinieblas? ¿Ha muerto su madre? ¿su hija también? ¿sus nietos? ¿su esposa? ¡llore! ¡llore! ¡Así! ¡así! ¡ya lo tengo! ¡Ah, la reparación suprema! ¡Ah, cómo se la va a ganar! el Panteón usted solito. ¡Lo vaciarán todo! ¿Le parece? ¡la cabeza en el Bouffes! ¡los pies en el Infierno! ¡la frente en la Sainte-Chapelle! ¡qué hermoso está usted! ¡qué hermoso!… ¡su cóccix a la Sorbona!… ¡Ah, cómo lo admiran sus enemigos!… ¡Ah, va usted a ver qué amnistía va a tener! ¿Vale?… ¿Vale? ¿Vale?… ¿lo pone en duda? Pero, ¡si Mme. Abetz° está en el ajo! ¡y el conde de Aladule d’Ayer! ¡y Tonton des Abbesses! ¡y el archipatriarca de Arsou!° pero, ¡si sólo era una pesadilla, hombre! ¡Le enviaré vitaminas! ¡tres píldoras al día! ¡y gotas! ¿me lo permite? ¿lo promete? ¿las tomará? ¡las gotas Pinpin? ¿las conoce? ¿Pinpin? ¿Pinpin? ¡es usted médico! Bueno, ¿y su novela? ¿Fantasía? ¿Fantasía, eh? ¡Ya verá! ¡Recupérese! ¡Goce! ¡Es usted joven, Maestro! ¡Qué joven es! ¡Viva todo! ¡La placa! ¡ya verá! ¡perfecta la tendrá! ¡ya verá! ¡Le he leído todo!… ¡la próxima vez traeré, verdad, el disco! ¡el sonido! ¡la voz! ¡Lo abrazo! ¡Lo adulo, maestro! ¡Maestro! ¡Lloro! ¡Lo adulo! ¡Decórenos! ¡Decore bien! Goce. ¡Maestro, goce!

El pipa se harta… entra, lo saca.

Ya vuelvo yo a estar solo.
¡Estoy confiándome a vosotros! Tengo unos secretitos, ¡creedme!… El diablo no nació solo, ¡nació de una indiscreción!… ¡Todas las desgracias se deben a una palabra de más!… ¡Si os transmitiera la temperatura, incluso la humedad, de mi fosa! ¡ya está! diez… doce… veinte… conserjes se deslizan por la puerta… ¡Me joden vivo!… ¡no hay cerradura que valga para los porteros!… ¡como en sus casas!

Me meo encima, ¡uf! Estaba conteniéndome… ¡Recupérese! me ha dicho… ¡Goce! ¡Joven!… ¡Joven, se hace pipí!

Y ya vuelvo a estar solo.
¡El tronco de enfrente, el de la «17», es el palizas entonces al que habría que matar!… «¡Yeop! ¡Yeop!» ¡No cesará!… ¡Qué ganas me dan de cruzar, estrangularlo!… pero, ¿y la fuerza?… ¡Primero tendría que arrancar!… Arrancarme tres, cuatro jirones de heridas… y tendría que dejarme el pipa… ¡nunca me dejará! ¡un salvaje!… ¡ese pobre reportero! ¡y que ya me quería tanto! ¡mi cara! ¡mi trasero en carne viva! ¡mis ojos! ¡mis lágrimas! ¡todo le gustaba!

Pensándolo bien, aquí, meditativo de verdad, ni una palabra, ¡nada sabréis! ni la ciudad… ni el lugar sobre poco más o menos… ¡nada!… ni siquiera todos los ruidos de la atmósfera… los rumores de las cimas… Las risitas de las gaviotas al viento… el ruido de los copos de nieve que golpean… ¡hacen ruido los copos!… ¡nada sabréis!… ni el ¡cling! ¡cling! de los entierros… las campanas del cementerio… las campanillas… no lo hago a propósito, lo de hablar del cementerio… el ulular de los búhos… ¡no lo hago a propósito, lo de los búhos!… es el bosque en derredor… y muy lejos, lejísimos, los navíos… No lo hago a propósito, lo de los navíos… y las sirenas de día y de noche… Oh, no romantizo voluntariamente… Si vinierais, diríais: «¡Sí! ¡No miente!», vamos, ¡que no miente! ¡Es verdad lo que dice! ¡El asqueroso este! ¡potrudo! ¡Los cristazos que le dan! ¡mártir! ¡y música! ¡Se atreve! ¡Se atreve!…° ¡os llevo en los dientes!

—¡Que lo empalen!
¡Sólo sabéis eso!…
—¡Vale! ¡vale! ¡pero unas palabritas primero, señor Presidente! ¡la palabra! Razono con el Presidente, ¡no os hablo a vosotros! ¡Ya hablé yo a Laval! ¡Lo atendí! ¡Yo sé hablar a los presidentes! ¡Todos los presidentes! ¡Nunca alzaremos la voz bastante! Mi madre murió de pena sola en un banco de la avenida de Clichy,° mientras vosotros lo asesinabais todo… ¿entonces? ¿eh? Ya no tengo por qué volver a sacarlo… mi piso de la Rue Gaveneau cambió dieciséis veces de inquilinos… ¡os lo dije en la página Y! ¡H! ¡Z! ¡7º izquierda!… arramblaron con todo, ¡anda a ver! ¡Mangancia! ¡con ganas! ¡pillaron allí dentro! ¡un saqueo! ¡unas vergüenzas que cuentan! La Historia, ¡ya veréis! ¡No ha acabado ahí la cosa! ¡Ya estoy yo en la Historia! ¡Contabilizo los horrores! Me la trae floja el piso Gaveneau, ¡y siempre me la ha traído! ¡Es sólo para haceros rabiar! ¡que sois unos ladrones de cuidado todos! ¡a solas o en multitud! ¡la prueba es que estoy «embargado de por vida»! ¡a muerte os amo! como decía el otro que tal vez no viniera, mi supuesto depurador, tan chulito con su metralleta, chavalín ebrio con el «sin riesgo alguno», campeón de los juguetes del Enano rojo,° que se habría ganado una buena patada en el culo, si lo hubiera visto yo: ¡va a haber venganzas!

Hombre, lo de mi madre, su local, en la Rue Thérèse, 14, que ocupaba desde hacía cuarenta años,° he intentado averiguar un poco… ¡Oh, huy, huy! me han respondido, gente muy correcta… «¡Prudencia! ¡Prudencia!» y luego, tal vez quince días después: «Su madre murió en un banco… así, ¡que ya ve! ¡y cállese!»… Así son desde muy lejos las noticias… todo misterios que esperan… te esperan… habrá que esperar cien años, Lenôtre,° a que todos los que me conocen hayan muerto…

Yo no voy a esperar cien años, ¡qué leche!

Yo lo revelo todo aquí, ¡venga! ¡y danzando! Yo soy hijo del pasaje Choiseul, ¡por la escuela y la educación! de Puteaux por Mme. Jouhaux, mi nodriza (Sentier des Bergères) y de Courbevoie, donde nací. ¡Era inocente, mi madre, sin duda alguna, de obra y de corazón, como yo! ¡Mal que os pese! Yo huí, no quedó más remedio, los vengadores estaban preparados, se agrupaban, piafaban bajo mis ventanas… ¡llegaban a centenares! ¡a millares! ¡habrían quemado el local, desollado a los vecinos! ¡por estar allí! ¡haber visto! ¡las furias son así! ¡podridas de previsiones! ¡mi planta, todo el inmueble para adelante! ¡Habrían hecho saltar la cuarta parte de la Butte! ¡Estaba todo preparado en el subsuelo! ¡como topos los vengadores! ¡barriles! ¡plástico! ¡Bickford!° ¡y yop! Habrían asesinado a Arlette, habrían asesinado a Bébert, habrían asesinado a Jules Larpente° para que no hablara ya de nada… habrían asesinado a la portera…

¡Orgía, reconocedlo! ¡Sangre! ¡kilolitros! Si me hubiera quedado, ¡habría provocado la locura! ¡la de vidas de personas que salvé al darme el piro!… Cuando la rabia está en los cielos (¡había que oír aquellos aviones!), ¡no veas lo que es en la tierra y debajo! ¡por todas las profundidades y alcantarillas! ¡y dentro de las cabezas! ¡ya no eran aeronaves! ¡carretadas de metropolitanos repletos de bombas! ¡Con todo estrépito, cólera, chatarra! ¡y más! ¡y más! «¡Fortalezas volantes!», las llamaban…° ¿es que no eran los signos del fin del mundo? ¿«Fortalezas volantes»?… ¡Embelesados estaban con las «fortalezas»! ¡Chisporroteantes, crepitantes, cien y cien mil castañuelas de demonios invadiendo el aire!

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