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Mírame a los ojos

Míriam Hatibi

Fragmento

cap-1

1

¿Qué hacemos aquí?

Una semana después de los atentados de las Ramblas y Cambrils del 17 de agosto de 2017, me llamaron de un programa de televisión para hacerme una entrevista en directo desde la calle y hablar acerca de la situación de los musulmanes en Barcelona.

Hacia las diez de la mañana llegó una periodista al lugar en el que habíamos quedado y me dijo que en unos minutos entraríamos en directo. La entrevista parecía sencilla y estábamos charlando en la acera mientras me colocaban el micro cuando, de repente, un chico pasó junto a mí y me gritó a la cara:

—¡Vete a tu país!

Qué te voy a contar…, una cosa es que te lleguen tuits con esa invitación tan cariñosa y otra es que te lo grite alguien en plena calle.

El chico, además, quiso acompañar su poema con una performance y decidió quedarse plantado detrás de la cámara, mirándome. Yo podría haber pensado que se había enamorado perdidamente de mí, pero su mirada era amenazadora, como si aguardara a que la conversación fuera a más. Con un poco de miedo en el cuerpo y muy desconcertada, empezamos a grabar.

El inicio fue tenso. Era mi primera entrevista en directo desde la calle y, para hacerlo más difícil, en cuanto empecé a hablar me di cuenta de que en la conexión entre aquella unidad móvil y el plató se producía un efecto de retorno: segundos después de decir una frase la volvía a oír por el auricular en un eco constante que me hacía muy difícil desarrollar mis explicaciones.

La primera parte de la entrevista me la hizo la presentadora del programa, que se encontraba en el plató en Madrid. Todo iba más o menos bien hasta que me preguntó si me sentía integrada y si tenía amigos que no fueran musulmanes.

«Ya estamos…», pensé. «Venga, explícalo una vez más, Míriam, que no pasa nada…»

Y eso hice, o al menos lo intenté: decir que no tenía que plantearme mi integración porque había nacido y crecido en este país, por lo que mi contexto había sido siempre el mismo. Afirmé una vez más que tenemos que entender que una religión no define la integración o no en una sociedad, y la importancia de diferenciar entre «cultura» y «creencia». Aunque contigo hablaré de todo esto más adelante.

Quizá me expliqué mal, porque la presentadora insistió y me preguntó si me sentía integrada «socialmente». No andaba yo muy sobrada de paciencia y decidí preguntarle si ella se cuestionaba alguna vez su integración. Para mi sorpresa, dijo que sí, que cuando se fue de Galicia a Madrid se planteó si conseguiría adaptarse.

Problema identificado. En un ejercicio de empatía, la gallega había intentado explicarme su proceso migratorio y de integración que, aunque me pareció interesante, no guardaba paralelismos con mi vida. Una gallega en Madrid es una migrante, mientras que una musulmana en Barcelona no lo es necesariamente.

La presentadora dio entonces paso a uno de sus tertulianos, un abogado que quiso contarme sus viajes a Marruecos y algunas de las dificultades que se había encontrado. Antes de entrar en esta conversación te voy a dar un par de datos de contexto.

Mis padres son marroquíes y llegaron a España hace unos veintiocho años. Se reencontraron en Barcelona y se casaron, aunque también celebraron una boda en Marruecos, pues era donde vivía toda su familia. Yo nací en Barcelona en 1993.

He ido a Marruecos casi todos los años y estoy encantada de que haya sido así. Cada verano, al acabar el curso escolar, nos metíamos en el coche y «bajábamos». Allí estaba, y está, gran parte de mi familia. Mi abuela paterna, a la que no vi más de veinte veces en toda mi vida, mis primos, mis tías. También la historia de mi familia, el hospital en el que nació mi madre, la casa en la que creció mi padre o la escuela en la que estudiaron. Esos veranos han forjado parte de mi identidad, pero nunca he vivido allí.

Volviendo a la entrevista, el abogado tertuliano empezó a hacerme preguntas sobre si en Marruecos se podían construir iglesias y si esas iglesias podían ser cristianas. Tuve que repetir una y otra vez que las había, pero él intentaba escuchar una respuesta que no obtenía.

Resumiendo, la entrevista no fue más que una caricatura de situaciones ya vividas otras

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