Charlie se convierte en pollo (Charlie)

Sam Copeland

Fragmento

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Ilustraciones de Sarah Horne

Traducción de Maia Figueroa Evans

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Título original inglés: Charlie Changes into a Chicken.

Autor: Sam Copeland.

© del texto: Sam Copeland, 2019.

© de las ilustraciones: Sarah Horne, 2019.

© de la traducción: Maia Figueroa Evans, 2019.

Publicado originalmente en inglés por Penguin Books Ltd, Londres.

© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2019.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

Primera edición: septiembre de 2019.

rba molino

ref.: odbo560

isbn: 978-84-272-1977-9

El taller del llibre · Realización de la versión digital

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Para Steve, mi padre, que me enseñó a reírme en los momentos más difíciles.

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CAPÍTULO 1

Este es Charles McGuffin.

No es él de verdad: es un dibujo. Te lo digo por si acaso. Por si todavía no te habías dado cuen-ta, ya te aviso de que este libro será demasiado difícil para ti. Quizá sería mejor que leyeses

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Un librito sencillo de cuentos superfa-cilones para cabecitas de chorlito.

Charles McGuffin es como y como yo. Bueno, como yo no, porque yo soy grande y tengo mucho pelo por el cuerpo, y Charles es pequeño y no tan peludo. O sea, que es como tú. Solo que es niño, así que si alguna niña lee esto, no es del todo igual a ti porque él tiene eso que ya sabes. Vamos, que Charlie es solo como alguno de vosotros.

Salvo por una diferencia ABISMAL Y CONSIDERABLEMENTE ENORME.

Él se convierte en toda clase de animales.

Me refiero a que, en un momento dado, es un niño normal, pero luego, en un abrir y cerrar de ojos, se ha convertido en un lobo.

O en un armadillo.

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O en un espagueti peligroso (que, como todo el mundo sabe, es el nombre científico de las ser-pientes).

Bueno, supongo que todo eso significa que Charlie no es como ninguno de vosotros, por-que nadie más se convierte en animales.

Creo que será mejor que vuelva a empezar el libro, ¿verdad?

Haz como si no hubieras leído esta parte, ¿vale?

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CAPÍTULO 1 (REPETIMOS)

Este es Charles McGuffin.

No es él de verdad: es un dibujo. Pero eso ya lo sabías.

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Charles McGuffin no se parece a ti ni a en nada. Es completa y absolutamente diferen-te. Charles es único. Porque se transforma en diversos animales; por ejemplo, en espaguetis peligrosos.

Veamos: Charlie1 fue un chico muy normal hasta tres semanas después de su noveno cum-pleaños. Un día, acababa de volver del hospital por trillonésima vez de visitar a Torpedo, su hermano mayor, que estaba muy enfermo y lle-vaba ingresado una eternidad. Era un rollo, porque Charlie estaba convencido de que ya podía ganarle a una partida de FIFA en la PS4 y quería demostrárselo. Además, había que arre-

1. Aunque se llame Charles, todo el mundo lo llama Char-lie por comodidad. Es una tontería, porque Charlie tiene el mismo número de letras que Charles.

PD: Esto de aquí es una nota a pie de página. Se denomina así porque a veces las personas listas de la antigua Grecia se acordaban de algo muy importante y no les quedaba más reme-dio que apuntarlo para que no se les olvidase, pero como no tenían papel a mano, lo escribían al pie.

¿Sabes qué te digo? No estoy muy seguro de eso. No me hagas mucho caso.

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glar la guarida que se habían hecho en el jardín y Charlie no podía hacerlo sin ayuda. También ha-bía días en los que Charlie solo quería que su her-mano volviese a casa para tener a alguien con quien jugar al escondite. Jugar al escondite solo no tiene mucha gracia; Charlie lo había intentado.

Si eres inteligente, te habrás dado cuenta de que en realidad el hermano de Charlie no se llama Torpe-do. Pero ay de ti 2 si lo llamas por cualquier otro nombre. Su verdadero nombre es Henry, pero como llevaban toda la vida llamándolo Henry Dículo, al primero que lo mencionaba por su nombre le propi-naba un puñetazo en plena nariz. Tenía doce años, estaba harto del hospital y todavía le ganaba a Char-lie a la FIFA por mucho que él dijera lo contrario. Puede que también tuviera novia, pero si dijeses:

2. Veo que te has dado cuenta: esto es otra nota a pie de pági-na. Quizá te preguntes qué quiere decir «ay de ti». Verás, los únicos que tienen permiso para decir «ay de ti» son los padres y los profe-sores. No hay vuelta de hoja. Pero si quieres divertirte un rato, la próxima vez que alguien te lo diga, pregúntale qué significa. Qué significa exactamente. Puede que les salga humo por las orejas y que te metas en un lío más gordo aún, pero habrá valido la pena.

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«Torpedo tiene novia», te atizaría un puñetazo en la nariz. De hecho, si sales de cualquier conversa-ción con el hermano de Charlie sin que te haya asestado un guantazo, has tenido suerte.

En cuanto llegó a casa con sus padres después de visitar a Torpedo, Charlie subió corriendo a su dormitorio. Se tiró de cabeza a la cama, se tapó con el edredón e intentó no pensar en lo que su hermano le había contado acerca de que iban a hacerle un TAC muy importante. Al cabo de un rato, se secó los ojos y metió una raqueta de tenis debajo de la ropa de cama para improvisar una tienda de campaña. En cuanto la tuvo bien sujeta y dejó de caerse, encendió la linterna y se puso a leer su libro favorito. Su libro favorito trataba so-bre volcanes y contenía imágenes de explosiones enormes con lava de color naranja rojizo. Le gus-taba imaginarse escapando de una muerte segura mientras se deslizaba por la ladera del volcán es-quivando explosiones y surfeando ríos de lava.

Mientras tanto, sus padres discutían en el salón y sus voces retumbaban por toda la casa

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como si fuesen truenos. Charlie cerró el libro, porque no se concentraba. Fuera había oscure-cido y la farola de delante de su ventana arro-jaba sombras extrañas en la pared. La silueta de las ramas de los árboles le recordaba dema-siado unos dedos largos y retorcidos de bruja, así que saltó de la cama veloz como un rayo y cerró las cortinas.

Fue en ese instante cuando le ocurrió por primera vez.

Empezó con un temblor en el párpado. Char-lie se quedó paralizado mientras el ojo le pesta-ñeaba sin ton ni son. Le había pasado otras ve-ces, sobre todo cuando estaba muy cansado, pero ese día era distinto. Como si alguien lo hubiera enchufado a la corriente. El temblor se extendió al otro ojo y Charlie empezó a parpadear como un loco.

Una sensación le recorrió todo cuerpo: era como si le hubiera dado un calambre. Como si él estuviera hecho de electricidad. Todo el cuer-po le y le VIBRABA.

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Y, por extraño que pareciese, la habitación se hacía cada vez más grande, aunque Charlie fuera consciente de que no podía ser así. ¡Era él quien encogía! Fue haciéndose más y más pequeño mientras el cuarto aumentaba a su alrededor.

Los zumbidos y las vibraciones se hicieron cada vez más fuertes, hasta que le pareció que le ardía el cuerpo, pero como lo haría un fuego que estuviera dentro de un tubo infinito y es-trujado que no dejase de dar sacudidas.

La sensación que tenía en la piel era ex-traordinaria. Se sentía vivo. Pero se miró el brazo y se alarmó al ver que le salía pelo por todos los rincones del cuerpo.

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Y su cuerpo, aunque Charlie casi no se atre-vía a mirar, estaba transformándose. Del todo. Le salían patas, cosa que es exactamente tan asqueroso como te imaginas. Por último, notó que le brotaban varios pares de ojos en la cabe-za y eso fue aún más asqueroso que lo de las patas.

Charlie se dio cuenta casi de inmediato de que estaba transformándose en una araña.

Y ¿cómo lo sabía?

Se fijó en los hechos:

PRIMERA PRUEBA: Era diminuto. Cierto que, antes de la transformación, tampoco era enorme, pero debajo de la cama vio un orejón que había guardado para una emergencia y ahora él era del mismo tamaño que ese albari-coque seco. Los niños normales de nueve años no son del mismo tamaño que los orejones.

SEGUNDA PRUEBA: Charlie se contó las patas y tenía ocho. O sea, seis más de las que

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tiene un ser humano, pero justo las que nece-sita una araña.

TERCERA PRUEBA: Estaba cubierto de arri-ba abajo por unos pelillos cortos de color marrón. Debo aclarar que tener mucho pelo no quiere decir que no seas humano. Fíjate en el tío de Charlie, el tío Pete, por ejemplo. El día que lo llevó a la pis-cina, se quitó la camiseta y resultó que tenía la es-

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palda cubierta por una mata de pelo tan espesa que habría sido la envidia de cualquier gorila. Los demás niños se quedaron mirándolo boquia-biertos y con los ojos como platos de sopa fría mientras el tío Pete se metía en la piscina con la melena al viento. Charlie intentó olvidar que le había visto la espalda megapeluda a su tío Pete, pero cuanto más lo intentaba, más pensaba en ello. Los cerebros son así de pesados.

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CUARTA PRUEBA: Veía casi todo lo que te-nía detrás sin tener que darse la vuelta. Levan-una de las patas negras y larguiruchas que le habían salido y se contó los ojos. Tenía ocho.

¿Ocho patas? ¿Ocho ojos? Qué sospechooosoo...

Charlie se fijó en todas las pruebas sospe-chosas y sumó diminuto + peludo + ocho patas negras y larguiruchas + ocho ojos y el resultado fue araña, porque es un hecho conocido que las arañas son peludas y tienen ocho patas y ocho ojos. Lo que no sabe tanta gente es que también cuen-tan con ocho anos,3 cosa que es repugnante y también un lío, y encima les cuesta a las arañas una fortuna en papel higiénico.

3. Si eres muy inteligente, te habrás dado cuenta de que esto no es verdad. Me lo he inventado. Las arañas tienen un solo ano y lo agradecen muchísimo. En cualquier caso, sería genial que todos los que lean esto convencieran a cuantos puedan de que las arañas tienen ocho orificios; el mundo sería un lugar mejor. O sea, que si tienes hermanos o hermanas menores, empieza por ha-cerles creer que las arañas tienen ocho anos.

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Charlie se sentó en el suelo y sopesó el aprie-to en el que estaba. Se había convertido en una araña, pero no tenía ni idea de cómo ser araña. Lo de ser niño lo había practicado mucho, pero lo de ser araña... cero. Al cabo de un ratito de estar ahí sentado siendo una araña, se le ocurrió un plan. El plan se componía de dos pasos muy sencillos, que eran:

Primer paso: ¡PÁNICO!

Segundo paso: Llamar a su

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