El autor y su editor

Siegfried Unseld

Fragmento

libro-2

PRÓLOGO DEL PRÓLOGO

UN RODEO PARA LLEGAR A UN AUTOR

(Para Siegfried Unseld en su 75.º aniversario)

Jorge Herralde

No leo alemán. En mis años de estudiante lo intenté, sin énfasis, un agosto en Frankfurt (me aficioné al rock) y otro en Heidelberg (aprendí italiano). Por ello solo leo a escritores alemanes cuando se han traducido a idiomas para mí accesibles, lo que provoca que su presencia en el catálogo de Anagrama sea restringida.

Sin embargo, cuando inicié la puesta en marcha de la editorial visité a menudo una agencia literaria barcelonesa, International Editors, que representaba a una editorial extraordinaria, de austera elegancia: Suhrkamp. Entre sus autores figuraba la Escuela de Frankfurt en pleno, Adorno, Horkheimer, Benjamin… Intenté contratar alguno de sus títulos, pero hélas, Jesús Aguirre, el director literario de Taurus (y después inesperado duque de Alba), había pasado por Frankfurt y seducido (intelectualmente) a Helene Ritzerfeld, responsable de los derechos extranjeros de Suhrkamp, que bloqueó la cesión de contratos de dichos autores a otros editores. Yo argumenté, sin éxito, que ninguna editorial española podría absorber, ni en décadas, la obra de tan prolíficos pensadores, por lo que parecía más sensato distribuir sus títulos entre varias editoriales. Sin embargo, la disciplina alemana y el ideal (o la fantasía) de ver todos aquellos títulos desfilando bajo una misma bandera hicieron inútiles todos mis esfuerzos.

Por fortuna, tuve una inesperada compensación. Yo había leído en francés la traducción de Einzelheiten, un volumen de ensayos de un agudísimo escritor, Hans Magnus Enzensberger. Poco después, el gran editor español Carlos Barral me comentó una complicada historia de traducción con este libro, contratado hacía años, y me dijo que me lo podía traspasar. Acepté de inmediato, entusiasmado, y en la primavera de 1969 se inauguró con este título, Detalles, nuestra colección «Argumentos», y desde entonces he sido amigo y editor de muchísimos libros del gran Magnus.

Así empezó —frustración y júbilo— mi relación con Suhrkamp, y años después conocí a Siegfried Unseld, su infatigable director. Hemos coincidido en varios lugares —París, Madrid, Barcelona, Milán—, pero hay una cita ineludible: durante la Feria de Frankfurt, a partir de las once de la mañana del viernes, Unseld reçoit, acompañado de su staff, en la sede de Suhrkamp Verlag. Una cita que es un must para los editores que cuentan en el mundo de la cultura, Inge Feltrinelli, Christian Bourgois, Roberto Calasso, Roger Strauss, Giulio Einaudi, Peter Mayer, Karl-Otto Bonnier, Ivan Nabokov y otros apellidos del Gotha editorial. La Feria ya está avanzada, se intercambian los penúltimos potins, todo muy fluido, very smooth, sin discursos solemnes, aderezado con champán, zumo de naranja y canapés, y un rápido servicio de taxis para regresar a la Feria y a sus citas de cada media hora.

Entre los muchos logros editoriales de Unseld quiero destacar el gran apoyo y atención prestados a América Latina: en el catálogo de Suhrkamp figuran los mejores escritores hispanoamericanos y también brasileños, en una proporción insuperable. También se prestó gran atención a la literatura de nuestro país, en especial para festejar el año de España en la Feria de Frankfurt en 1991.

Y, para terminar, quiero felicitar a Siegfried Unseld por haber canalizado un excedente de su legendaria energía a investigar en un terreno tan espinoso y delicado como el de las relaciones entre autor y editor, a las que ha dedicado dos volúmenes, El autor y su editor y Goethe y sus editores. Imprescindibles ambos: deberían ser de lectura obligada para todo editor o aspirante a serlo.

Julio de 1999,

libro homenaje a Siegfried Unseld

libro-3

PRÓLOGO

Jorge Herralde

En El autor y su editor, Siegfried Unseld nos brinda sus preparadísimas y minuciosas conferencias dedicadas a cuatro grandes autores. En primer lugar Hermann Hesse y Bertolt Brecht, ambos fundamentales para sustentar el prestigio y la economía de la editorial Suhrkamp; luego el gran poeta Rainer Maria Rilke que Unseld «heredó» en 1965, mucho después de su muerte, y de quien dice que «se integró para mí en el paisaje del siglo junto a gigantes como Kafka, Brecht, Joyce y Proust». Y por último, el muy singular Robert Walser. Dichas conferencias van precedidas por un primer capítulo, «Las tareas del editor literario», con un significativo texto: «Espero que los cinco capítulos de este libro puedan ser una contribución a un campo que todavía no ha sido suficientemente investigado: la historia social de la literatura».

Unseld alude a «la doble vertiente de la curiosa función del último [el editor] que, como dijo Brecht, tiene que producir y vender la “sagrada mercancía libro”; es decir, ha de conjugar el espíritu con el negocio para que el que escribe literatura pueda vivir y el que la edita pueda seguir haciéndolo». También subraya que «el editor encabeza un negocio que en el terreno económico se rige por la ley de los beneficios. Así pues, publica libros que defienden al hombre que se libera permanentemente de opresiones y, al mismo tiempo, como dirigente, debe imponer en su propia empresa la ley del rendimiento y la disciplina del trabajo». ¿Acaso es este «el conflicto de funciones» que, según dice E. Zimmer, es «de casi imposible solución para los editores»? En efecto, Unseld ha expuesto esta difícil contradicción con la que debemos lidiar los editores, cada cual a su manera.

Nos encontramos con una famosa frase del editor S. Fischer: «Obligar al público a aceptar nuevos valores, que no desea, es la misión más importante y hermosa del editor». Y otra de Peter Suhrkamp: «Recuerde que todo autor, incluso el más joven, como personalidad creadora, se halla por encima de nosotros tres [los responsables de la decisión editorial]». Aunque eso no implicaba una «aceptación incondicional». Ante un manuscrito de Uwe Johnson, este comentó así el encuentro con su editor: «El anciano caballero que saludó al visitante con rebuscada y anticuada cortesía, le invitó enseguida a que colaborara en la condena de su propio manuscrito» (que nunca fue publicado). Y reproduce el comentario de Martin Walser que describe a los escritores como «investigadores del comportamiento; sus temas son ellos mismos». Aparece Max Brod hablando de Kafka: «Sufre mucho por tener que ir a diario a la oficina hasta las dos. Por la tarde está agotado y así solo cuenta con la noche para la “riqueza de sus visiones”. ¡Es una pena! Porque está escribiendo una novela que supera toda la literatura que conozco. ¡Lo que podría hacer si estuviera libre y bien cuidado!».

Afirmaciones contundentes de Unseld:

«Lo más importante es que el editor piensa constante y creativamente su editorial. Piensa por otros. Con fuerza innovadora, siempre está preparado para lo nuevo, mientras cultiva fielmente lo antiguo».

«Esta es, pues, la tarea del editor: animar, desatar energías». Al morir Peter Suhrkamp y asumir Unseld su sucesión, Hesse le escribió: «El editor ha de ir “con el tiempo”, como suele decirse, pero no ha de adoptar sencillamente las modas del tiempo, sino que ha de oponerse a ellas cuando resulten indignas. En la adaptación y en resistencia crítica se sintetiza la función del buen editor. Usted debería ser uno de ellos».

«Yo quiero hacer libros que tengan consecuencias, y siempre recuerdo una frase de Kafka: “Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”». Y piensa en Marcel Proust que, al final de la Recherche, escribió: «Mis lectores son los propios lectores de sí mismos, mi libro no sería sino una suerte de lentes de aumento como los que ofrecía a un comprador el óptico de Combray; mi libro gracias al cual les proveeré el medio de leer en ellos mismos». Y añade: «El editor desea ofrecer literatura que penetre en nuestra conciencia y la transforme, que fortalezca precisamente por ser inquietante».

Hermann Hesse habla de Peter Suhrkamp: «Que después de sus sufrimientos durante el nazismo y de su terrible desengaño con la vieja editorial yo pudiera ayudarle en la reconstrucción de la nueva es una de las cosas positivas de mi vida». Y resume Unseld: «Como se ve, la relación del autor con el editor también es ejemplar en cuanto a la lealtad».

En su necrología de Brecht, Peter Suhrkamp escribió: «La conservación y promoción de la obra de Brecht será el empeño especial de la editorial. Su muerte le sitúa por encima de cualquier crítica. Muchos reconocerán ahora la grandeza de este escritor que ha conquistado una posición destacada en el extranjero. La crítica internacional ha reconocido unánimemente a Brecht como el dramaturgo contemporáneo más importante. Continuaremos con ritmo acelerado tanto la edición completa de sus obras de teatro como la de las Tentativas». Y Unseld, que completó su tarea, afirma: «Posiblemente el Archivo Brecht contiene la colección de textos de un autor contemporáneo más importante y extensa».

En cuanto a Rilke, que como buen poeta vivió con considerables apuros, escribió a un editor aludiendo a cierta ayuda económica a la que no podía renunciar para seguir creando, y, en efecto, constata Unseld, Rilke dependió toda su vida, desde luego, «de cierta ayuda económica». Rilke escribe a un Joven Poeta una carta ejemplar: «El arte se propone crear artistas y no pretende convertir a nadie, es más, siempre he creído que no le importa en absoluto obtener resultados. Pero en la medida en que sus creaciones, nacidas inevitablemente de un origen inagotable, están presentes entre las cosas, curiosamente silenciosas y superables, podría suceder que sin querer fueran ejemplares para toda actividad humana: por su desinterés, su libertad y su intensidad innatos». Y acota el editor: «Desinterés, libertad e intensidad —un trío conceptual magnífico equiparable al formado por los términos libertad, igualdad y fraternidad—».

Y en cuanto a Robert Walser, el editor escribe: «Desde hace años —exactamente veinte— en mis conferencias literarias, siempre que hablo de las razones que llevan a un autor a escribir, suelo citar una frase de Robert Walser, puntualizando que se trata del autor desconocido más grande de las letras alemanas de este siglo». Esta es la frase: «Habré acabado conmigo mismo cuando haya terminado de escribir poesía. Eso me alegra. Buenas noches». También comenta Unseld que en un momento dado se unió a esos editores que cometen el «error de su vida» al no hacerse cargo de publicar la obra completa de Robert Walser: «Entonces no podía arriesgarme, era demasiado joven e inexperto como editor».

En 1900, Walter Benjamin escribió sobre Walser: «Sus personajes son figuras que han dejado atrás la locura […] Si queremos definir con una palabra el aura de felicidad y misterio que lo rodea, diremos: Todos ellos están curados». Y añade: «Este escritor, aparentemente tan juguetón, fue un autor predilecto del implacable Kafka». En el texto «El fracaso como futuro», Unseld rememora que Walser fue internado en 1933 en el sanatorio de Herisau: «Vivió allí veintitrés años. Había terminado con la literatura. Murió el 25 de diciembre de 1956 durante una excursión». Y el editor destaca que Carl Seelig, devoto lector de Walser, decidió dedicarse a su obra. «Y nos trasmitió un retrato único del escritor en sus Paseos con Robert Walser: la imagen del artista como el sabio que se esconde tras la máscara de la locura». Y, claro está, Unseld reparó ampliamente el «error de su vida». En 1978, con motivo del centenario de Walser, publicó una edición de bolsillo de su obra completa y exclamó: «¡Qué camino tan largo desde 1960!».

A lo largo del libro están omnipresentes la dedicación y admiración totales del editor hacia sus autores y también su ambición de reunir en la editorial toda su obra, según su lema: «Yo no publico libros sino autores». Siegfried Unseld dirigió la Editorial Suhrkamp desde 1959 hasta su muerte, en 2002. Como muestra de la enorme influencia de la editorial en Alemania, durante décadas, se acuñó la expresión de «la cultura Suhrkamp».

CODA

Finalmente, quiero aludir a otro libro memorable en el que se reúne la muy extensa correspondencia, más de quinientas cartas, entre Siegfried Unseld y Thomas Bernhard. Y no puedo evitar el recuerdo de los tomos también voluminosos que recogen la correspondencia de Gallimard con sus autores más destacados. Yo había leído con gran admiración los tres libros que reunían las cartas con Proust, Céline y Claudel. ¡Qué prodigio de paciencia infinita y de mano izquierda con tan grandes y tan exigentes escritores!

Pues bien, Siegfried Unseld, para quien los autores son también, al igual que para Gallimard, la tarea más importante y delicada de su trabajo, atiende a reiteradas quejas y reclamaciones de toda índole de Thomas Bernhard, durante años y años y años, hasta que este Titán de la edición, como se le llamó, finalmente se rinde: «No puedo más», escribe al final de un telegrama. Y Bernhard contesta, impasible: «Bórreme de su editorial y de su memoria». Y fin de la historia. Todo editor de largo recorrido podría contar al menos un percance semejante con un gran escritor. Doy fe.

Dos frases para terminar. Un diagnóstico, algo apocalíptico, de Martin Walser: «En el genio siempre acecha la maldad». Y una curiosa anotación de Thomas Bernhard: «Me imagino lo que los futuros adeptos del estudio de la literatura dirán al leer nuestra correspondencia»

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos