A pocos kilómetros de Bogotá (Colombia), casi besando al cielo con sus 3,100 metros de altura, se encuentra la laguna de Guatavita, contenida en un enorme cráter. Los expertos en ufología aseguran que se trata de una puerta dimensional de gran importancia, y uno de los puntos más apropiados para el avistamiento de seres extraterrestres e intraterrestres. El evento ufológico más impactante ocurrió en 1973, cuando un ingeniero costarricense tuvo un contacto con alienígenas pleyadianos. Desvelamos este y otros secretos a voces durante nuestro apasionante viaje a Colombia, la tierra de los mil misterios.
Uno puede tirarse la vida soñando con ir a la laguna de Guatavita, ese lugar mágico y sagrado donde todas las leyendas se vuelven realidad. Los conquistadores y exploradores españoles, cegados por su infinita ambición, emprendieron aventuras inigualables con la esperanza de encontrar riquezas y tesoros. Si el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada llegó a lo que hoy es la capital de Colombia, Bogotá, fue motivado por el deseo de encontrar aquel reino legendario preñado de oro conocido como El Dorado. Todo surgió en Quito (Ecuador), en pleno siglo XVI, cuando los conquistadores españoles oyeron hablar por primera vez de una curiosa y enigmática ceremonia que tenía lugar más al norte, y en la que un cacique se bañaba el cuerpo en polvo de oro y realizaba ofrendas en una laguna sagrada. Desde entonces, y hasta bien entrado el siglo XIX, la cara más codiciosa, pero también la más curiosa y expedicionaria del ser humano, no ha dejado de brindar episodios de búsqueda. Algunos, como Lope de Aguirre, llegaron incluso a perder el juicio, perpetrando auténticas masacres y entuertos con el único fin de erigirse en el líder de la expedición de El Dorado. Asesinó cruentamente a todos los miembros del grupo hasta hacerse con el mando y poco a poco fue acabando con la vida de aquellos que pudieran hacerle sombra o inflamasen su recelo. Hasta tal punto llegó su locura que, arrastrado por su delirio de avaricia, llegó incluso a acaudillar una rebelión contra la monarquía española y mandar cartas a España comunicando a los monarcas que renegaba de la Corona y que todo lo que encontrase se lo quedaría él, sin rendir cuentas a nadie. Este fue el motivo por el que Simón Bolívar dejó escrito que Lope de Aguirre fue el primero en declarar la independencia de una región de América.
Yo me había leído en la universidad la novela La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, escrita por Ramón J. Sender, sin apenas poder dar crédito a lo que una persona puede llegar a hacer por medrar en la vida. Todavía era muy cándida, y los años me mostrarían que a veces sucede más de lo que nos gustaría. Los indígenas siempre les decían a los conquistadores que El Dorado estaba “un poco más allá”. Nunca llegaban a encontrarlo; parecía que aquella promesa de riqueza era más bien un estado de ánimo, un cuento para entretener a los españoles y quitárselos de encima, o incluso un camino espiritual en el que lo único que importaba era la búsqueda. Hoy sabemos que aquel pueblo con tanta fama de riqueza era el Muisca, y aquel lugar en el que el cacique realizaba la ceremonia bañado de oro era la laguna de Guatavita.
Un día me dijeron que uno de los casos más impactantes y extraordinarios en la historia de la ufología tenía como protagonista a esta laguna que nuestros ancestros tanto veneraron. El paraje natural que rodea la laguna deja sin palabras a los que se atreven a recorrerlo. Este lugar de ensueño se encuentra a unos 63 kilómetros al norte de Bogotá. Sus aguas, escondidas entre bosques de encenillos, se encumbran a unos 3,100 metros de altura sobre el nivel del mar. Recuerdo vivamente que algunas de las cosas que más me llamaron la atención de este lugar fueron la forma circular de la laguna y el tono esmeralda que a veces reverbera en sus aguas.
Contactos alienígenas en la laguna de Guatavita
La laguna de Guatavita, enclave sagrado y de poder de los antiguos muiscas, es para muchos una puerta dimensional capaz de establecer puentes de contacto entre dos mundos, mientras que para otros es uno de los principales asentamientos de avistamiento ufológico del planeta. En los años 70, este recóndito emplazamiento protagonizó uno de los episodios de abducción más extraordinarios de la historia. Le sucedió a un costarricense llamado Enrique Castillo Rincón. Todo empezó el 3 de noviembre de 1973. Su maestra espiritual, Conny Méndez, le dijo que debía acudir a la laguna de Guatavita en la fecha indicada, a las 19:00 de la tarde. Debía ir vestido de campesino y hallarse totalmente solo. Y ustedes se estarán preguntando: ¿por qué? La respuesta era sencilla, aunque a nosotros nos pueda parecer sorprendente: los extraterrestres le estarían esperando allí, para comunicarse con él. Al parecer tenían algunas cosas importantes que decirle. La cuestión es que, en efecto, allí tendría lugar un encuentro que sería el primero de muchos y que marcaría la vida de este hombre, que pasaría a la historia por ser uno de los mayores contactados de la historia de la ufología.
Por desgracia, el ingeniero Enrique Castillo falleció hace unos años, así que no pude hablar con él, como hubiera sido mi deseo, pero sí logré hablar con un amigo suyo, el prestigioso ufólogo argentino Fabio Zerpa (hoy en día también fallecido), quien vivió esta historia de primera mano. Él me contó: “Estaban en una reunión en Caracas y le dice Conny: ‘Mira, Enrique, los extraterrestres quieren comunicarse contigo’. Y él, que tenía muy buen humor, dijo: ‘¿A mí?’. Los extraterrestres querían que fuera a la laguna de Guatavita, y entonces Enrique se fue para allá, vestido con su poncho. El día señalado, a la hora señalada, él se encontraba completamente solo y la hora se pasó, así que pensó que no iba a haber ningún contacto, y ya se estaba preparando para irse, cuando las aguas de la laguna empezaron a moverse y salieron dos naves de su interior, que se plantaron delante de él con un haz de luz”. Así fue, tal y como había contado varias veces a lo largo de su vida Enrique Castillo. Salieron dos naves espaciales desde el interior de la laguna que se fueron elevando sobre esta, chorreando agua, y se situaron rápidamente frente a él.
Zerpa proseguía: “Bajaron dos seres extraterrestres que lo subieron a la nave y al rato lo salió a recibir el comandante Krishnamerk de las Pléyades, que le dijo: ‘¿Te acuerdas cuando nos conocimos con Fabio Zerpa, en un bar de Caracas, que yo me hice pasar por Cyril Weiss?’”, continuó contándome Zerpa. Imaginemos por unos instantes la cara que debió poner Enrique Castillo, cuando uno de los tripulantes de la aeronave, llamado Krishnamerk, le salió a recibir diciéndole que ya se conocían y que habían estado juntos en un bar de Caracas. ¿Es que los extraterrestres se mezclan en ocasiones entre nosotros, metamorfoseándose de alguna manera para pasar desapercibidos? Es muy posible, si atendemos a la casuística de abducciones. El comandante Krishnamerk era, de hecho, según me explicó Fabio Zerpa, Cyril Weiss, un amigo suizo que Fabio y Enrique habían conocido años atrás en un bar de Caracas, que había a la salida del Cine de las Palomas. Es decir, aquella extraña criatura ya los había contactado antes en la Tierra, solo que ellos, en aquel momento, no sabían que era un ser de otro planeta, ni se les había pasado por la cabeza pensar semejante cosa, aunque cuando Enrique Castillo se lo encontró en la nave estaba un poco cambiado.
La tripulación estaba compuesta por doce miembros y, al parecer, estaban buscando personas que pudieran ayudarles a la hora de divulgar sus planes en la Tierra. A lo largo de mi carrera periodística he tenido la oportunidad de entrevistarme con algunos contactados. Una de las preguntas que siempre les hago es: ¿cómo eran aquellos seres? Las descripciones varían, aunque tampoco es que los seres humanos nos parezcamos mucho, si nos paramos a pensarlo. Sin embargo, casi todos los testimonios de abducidos coinciden en el hecho de que estos seres son capaces de comunicarse con ellos sin hablar, y parece que este fue también el caso de Enrique Castillo. De acuerdo con sus descripciones, los seres que descendieron de aquellas extrañas naves de la laguna de Guatavita eran altos y con aspecto humanoide; se comunicaban de una forma extraña, pero él podía oír de manera telepática sus pensamientos. El contactado dijo en todo momento que ofrecían un aspecto físico humano. Los describió así: “Todos hablaban en forma telepática. Eran muy parecidos, de caras bellísimas, de piel inmaculada, sin manchas lunares, de pelo largo lacio hasta los hombros”. En las diferentes entrevistas que concedió a lo largo de su vida insistía siempre en el aspecto nórdico de aquellos seres de cabellos rubios que medían 1,80 cm. Se estaba refiriendo a un tipo de extraterrestres bien conocido por los ufólogos, llamados “extraterrestres nórdicos” o “Hermanos del Espacio”, y digo que bien conocido porque han sido varios los contactados que los han descrito a lo largo de la historia. La descripción de Enrique Castillo Rincón encajaba en esta tipología, que alude de manera específica a las Pléyades como lugar de procedencia.
Hablan los hijos de Enrique Castillo Rincón
Los hijos del ingeniero Enrique Castillo Rincón, Joninka, Daiyaini y Orhion, se pusieron en contacto conmigo para trasladarme sus precisiones sobre el relato de Fabio Zerpa, investigador a quien siempre han tenido en muy alta estima. Sin embargo, la versión de los hechos que a mí me relató en su día no coincidía con la que ellos habían oído de labios de su progenitor: “Consideramos que, al igual que le pasaba a nuestro padre por su avanzada edad, se cruzaron algunas historias”.
La primera precisión que me hicieron es que su padre jamás fue abducido, sino contactado, pues en ningún momento fue secuestrado en contra de su voluntad. El segundo matiz importante que la familia Castillo me hizo fue el siguiente: su padre había sido citado en una de las siete lagunas sagradas de los Muiscas, ubicadas entre los territorios de Boyacá y Cundinamarca, pero no en Guatavita, o, al menos, él nunca dijo públicamente en cuál de ellas se produjo el encuentro. Pudo ser Guatavita… o no. En tercer lugar, y con respecto a Conny Méndez, sería incorrecto afirmar que fue la maestra espiritual del ingeniero, y si bien es cierto que llegó a desarrollar una gran amistad con ella, así como con Fabio Zerpa, en el momento de los supuestos encuentros con los seres de las Pléyades ni siquiera la conocía y, por lo tanto, ella no pudo haberle dado ninguna instrucción. Los fallos en la memoria de Fabio Zerpa, a quien entrevisté ya en avanzada edad, se prolongaban también en este aspecto, pues el ufólogo argentino no conoció al ingeniero hasta después de que este último empezara a divulgar sus encuentros pleyadianos y venusinos.
Por otro lado, la familia Castillo duda seriamente de que su padre se encontrara con Cyril Weiss en un bar, pues al parecer detestaba el alcohol, sino más bien a la salida de un teatro muy conocido en Caracas, llamado Canaima, en 1969, “cuando aquel personaje se le acercó y se presentó como suizo y le pidió el favor de comprar el tiquete para ver la película Barbarella, ya que había mucha fila y así ahorraría tiempo”.
La cacica que se inmoló en la laguna de Guatavita y el ovni que vino a recogerla
¿Fue la laguna de Guatavita el lugar del encuentro vivido por Enrique Castillo Rincón? Nunca lo sabremos. Zerpa me regaló una bonita leyenda que le habían contado cuando fue a este enigmático enclave: “La reina de Guatavita, perseguida por los españoles, se inmoló arrojándose en sus aguas. Poco tiempo después, un dragón metálico de fuego salió del interior de la laguna una noche, en un haz de luz, llevándose a la reina consigo de camino hacia las estrellas. Si esto no es un ovni, que venga Dios y lo vea. La alusión a una nave extraterrestre es muy clara, y los lugareños la narran siempre de forma muy espontánea”. Básicamente, lo que Zerpa me estaba contando era que en el pasado hubo una reina que se inmoló en las aguas de aquella laguna y que poco después vino un ovni a llevársela, de la misma manera que algunos aseguran que los extraterrestres se llevaron el cuerpo de Jesucristo consigo, e incluso se apoyan en las características de la Sábana Santa para confirmar sus argumentos.
Los campesinos de esta región, y de otras como la del páramo de Chingaza, aseguraban que habían sentido la furia de las lagunas encantadas. Así lo cuenta Javier Ocampo López en su recopilación de leyendas populares colombianas. Yo logré averiguar que, aparte de la versión de la reina de Guatavita que nos había narrado Fabio Zerpa, existía otra leyenda con muchas similitudes, la de la cacica de Guatavita. Refería la historia que la esposa de un cacique, despechada por el desprecio de su marido, quien ya no le prestaba atención, se enamoró de otro hombre. Cuando el cacique se enteró, mandó matar al amante, le sacó el corazón y el pene, y se los ofreció de comer en una cena a su esposa durante una fiesta. Todos se mofaron y rieron ante el espanto de la cacica, quien salió corriendo de allí, llevándose a su única hija. Se arrojó a las aguas junto con ella y se ahogaron. Conmovido, el cacique trató de recuperar los cadáveres, y le encomendó a un sacerdote esta misión, pero este salió de la laguna diciendo que su mujer estaba viva bajo las aguas, viviendo muy feliz, en una casa mucho mejor que la que había tenido antes, con un pequeño dragoncillo en las rodillas (otros dicen que se hallaba en un trono encantado, acurrucada junto a una serpiente). Mandó entonces el cacique recuperar el cuerpo de la hija, pero vio que sus ojos habían sido devorados por un dragoncillo, y decidió devolverla al agua, para que viviera con su madre para siempre.
Los muiscas creían que la cacica estaba viva, y que desde el interior de la laguna podía intervenir en los asuntos y ayudarles en lo que fuera necesario, así que le ofrecían plegarias y ofrendas, convencidos de que, en ciertas noches del año, ella emergía, dejando ver su cuerpo desnudo de la cintura para arriba. Profetizaba lo que habría de acontecer en materia de enfermedades, desastres, dichas y prosperidades. Lo más impresionante de esta leyenda es que pudo ser el origen de los famosos rituales de ofrenda del cacique ungido de oro, que posteriormente alimentarían la leyenda de El Dorado, ese mítico reino de oro puro.
Los lugareños de la zona derrochaban historias. Entre aquellos relatos destacaban las leyendas que algunos vecinos del pueblo de Guatavita, como Mary, me contaron sobre unas gallinas con pollitos de oro que se aparecían por allí; otros hablaban del Mohán, un ser mitológico que se robaba a las mujeres que iban a lavar la ropa a las quebradas. Además, según la tradición, cuando el Cacique de Guatavita supo que los españoles buscaban el oro, mandó esconderlo todo, por lo que muchos aseguran que hay grandes tesoros ocultos en la región, mientras que otros tantos traen a la memoria casos de personas que se encontraron el botín de sus vidas. Recuerdo uno de los días en que pasé por casa de una mujer a la que todos conocen en la zona como la India María, en las faldas de la laguna. Mi amiga Michelle Castrillón y yo habíamos hecho un alto en el camino para disfrutar de unas arepas con aguapanela caliente. Al salir de allí, nos encontramos con un campesino que nos refirió un caso relativo a la leyenda del tesoro escondido: “Llevando el sendero un muchacho del campo tropezó y se encontró una olla. Dentro de la olla había dos lagartos de oro”. ¿Leyenda o verdad?
Una puerta dimensional: la laguna encantada
Si hay algo que todo el que lea estas líneas debe hacer es visitar el pueblo de Guatavita. Se lo conoce como Guatavita el Nuevo porque es una réplica del original antiguo, que quedó sepultado y sumergido bajo las aguas del embalse de Tominé, hasta donde también llegué. Bajo la represa descansan dormidas las antiguas casitas blancas, recubiertas de musgos y mohos de color verde esmeralda. Era la capital de los muiscas del zipazgo. Toda el área, la laguna de Guatavita, el embalse de Tominé y el Nuevo Pueblo de Guatavita, guarda una magia y un encanto inauditos. Las calles de estilo colonial, ordenadas y pacíficas, donde el tiempo parece haberse detenido, albergan el conjunto de casas simétricas en las que habita la población nativa; el Museo Parroquial conserva piezas únicas. Las leyendas muiscas reviven en cada rincón, y una sobria estatua del cacique corona el centro circular de la plaza, tan circular como la laguna de Guatavita. Dicen que en las haciendas, fincas y pueblos de los alrededores pasan cosas raras; algunos de los que han ido a investigar allí aseguran que han captado psicofonías estremecedoras, gritos. Estaba en un lugar sagrado, un sitio que los muiscas protegían con mucho celo, y que estaba harto de profanaciones y vejaciones; la más sangrante de todas, la que abrió un boquete transversal en mitad del cráter de la laguna de Guatavita con el propósito de expoliar sus tesoros, y que hoy en día es la insignia de la infinita codicia del ser humano, la misma que hizo de este sitio un lugar único en el mundo.
Fabio Zerpa creía que estábamos hablando de uno de los lugares más especiales del planeta: “Guatavita es uno de los triángulos de fuerza, como el cerro del Uritorco de Argentina, el golfo de Cádiz de España y los triángulos marítimos. Allí, en la laguna de Guatavita, se ven permanentemente naves y luces. Los lugareños las llaman estrellas luminosas o estrellas móviles. Por lo general los testigos de avistamientos dicen que los ovnis desaparecen de la vista de repente; no van alejándose y haciéndose pequeños hasta desaparecer, como sería lógico. Y sí, yo diría, en definitiva, que la laguna de Guatavita es uno de los puntos más calientes de avistamiento de extraterrestres e intraterrestres”.
Contaban que en la laguna de Guatavita también se veían seres y elementales de la naturaleza que protegían el lugar. Durante la grabación de un especial del programa Insomnia, de Los 40 Principales de Caracol Radio, el famoso ufólogo William Chávez y otros participantes del programa aseguraron haber visto un gnomo. “Este es un lugar muy encantado —sentenció Chávez—, es un lugar de los dioses”. Acudí a William Chávez para que me contase más cosas sobre la laguna encantada y me ofreció un testimonio que traspasaba todas mis expectativas, y es que él mismo había visto salir de la laguna unos ovnis que ascendieron al cielo para unirse a otro de mayor tamaño: “Hemos presenciado avistamientos que salen de la laguna, cruzan el cielo y se unen a otro objeto gigante”, me dijo. Eran objetos metálicos; chorreaban agua al salir a la superficie; tenían un tamaño de unos ocho metros y se movían de forma muy rápida, para unirse en el cielo a un objeto de unos 500 metros. ¿Una nave nodriza? ¿Y qué sentía uno cuando veía algo así? “Si es una cosa que no has visto en tu vida, ¿qué puedes
