Adiós a las alergias

Jonathan Galland

Fragmento

Título
pleca

Introducción

La nueva enfermedad misteriosa

El teléfono sonó a mitad de la noche. Me estiré para alcanzarlo y tomé el auricular.

—¿Bueno? —pregunté en voz baja.

La señal de teléfono no registraba mucho ruido; luego empezó a sonar estática. Parecía una llamada de larga distancia.

—¿Doctor Galland? Lamento molestarlo a esta hora. Soy Vivian. Estamos en Dinamarca, en el festival internacional de cine de Copenhague —Vivian es una cineasta independiente que ha sido mi paciente desde hace varios años.

Prendí la luz.

—Vivian, ¿cómo estás?

—Nada bien. Llevo un día aquí y ya tengo una jaqueca terrible. Tengo los músculos adoloridos, me pica la garganta y me dan muchas ganas de toser. Ya me tomé una aspirina, pero hizo que me doliera más la garganta y no ayudó en nada a la jaqueca.

Su voz era débil. Era medianoche en Nueva York y las seis de la mañana en Copenhague. Su película se presentaba en 12 horas y ella no sabía qué hacer.

Mientras platicaba con Vivian, me llamaron la atención varios aspectos de su historia. Algunos años atrás había tratado con éxito sus migrañas. Sabía que era alérgica al polen, pero nunca había sido una alergia severa. Aun así, el dolor de garganta y la ausencia de fiebre indicaban que estaba sufriendo una reacción alérgica en lugar de una infección viral.

Abril es temporada de polen de abedul en Dinamarca, así como en gran parte del norte de Europa y de América. El ingrediente activo de la aspirina, el ácido acetilsalicílico, se derivaba originalmente de corteza de árbol, y las principales fuentes de las que se obtenía eran el abedul y el sauce. Hay investigaciones que relacionan la alergia al polen de abedul con sensibilidad a los salicilatos.1

Le dije a Vivian que dejara de tomar aspirina y le pregunté qué había comido desde su llegada a Copenhague. Debido a sus horarios tan caóticos, había estado consumiendo una mezcla de frutos secos y fruta a lo largo del día. Ése fue el factor decisivo: muchos alimentos agravan las reacciones alérgicas al polen de abedul. Las manzanas, los duraznos, las cerezas y la mayoría de las nueces están en esa lista.

Tuve la fuerte sospecha de que el polen de abedul era lo que estaba causando los misteriosos y repentinos síntomas de Vivian, así que le recomendé dos cosas: primero, que evitara las nueces y la fruta, además de las zanahorias crudas y el apio, alimentos que también se relacionan con la alergia al polen de abedul, y que procurara salir lo menos posible. Tendría que prescindir de turistear hasta su siguiente visita. En segundo lugar, le recomendé bañarse con agua caliente y lavarse bien el cabello para eliminar cualquier rastro de polen que tuviera encima. Después, debía darse una ducha breve con agua lo más fría posible. Le hice estas recomendaciones basándome en mi propia experiencia. Años atrás, cuando desarrollé fiebre del heno por culpa del polen de ambrosía, estaba acampando con mi familia en Mohawk Trail, Massachusetts. Tenía una congestión terrible. Sólo encontré alivio cuando me metí a nadar en las aguas heladas del río Deerfield. Mi cabeza se despejó de inmediato. Una noche desperté con una congestión tan terrible que mi esposa me dijo que me “echara un clavado al río”. Lo hice, y funcionó mejor que cualquier medicina que había tomado.

Desde entonces, a menudo recomiendo duchas frías como paso inicial para las personas que, como yo, padecen fiebre del heno. Es una solución práctica y sencilla para obtener alivio inmediato sin medicamentos. También le funcionó a Vivian. Cuando regresó a Nueva York después del festival, me habló para decirme que se había sentido mucho mejor tras seguir mis recomendaciones.

La epidemia de alergias

Te duelen los ojos y tienes escurrimiento nasal. Después, se te tapa la nariz y se congestiona. Tu piel está tan irritada por la dermatitis atópica que sólo quieres rascarla con fuerza. Padeces asma, así que siempre tienes un inhalador al alcance de la mano. Eres alérgico a las nueces. O al trigo. O a la leche.

Los casos de asma van en aumento, la rinitis alérgica está fuera de control, la dermatitis atópica se está propagando y las alergias alimenticias siguen incrementando; esto significa que la epidemia de alergias es peor de lo que imaginamos. Hace apenas 50 años una de cada 30 personas sufría de alergias. Hoy en día es una de cada tres. Mil millones de personas en el mundo padecen asma, fiebre del heno, dermatitis atópica, rinitis alérgica, sinusitis y alergias alimenticias.

Pero ésa es sólo la punta del iceberg. Hay otra epidemia de alergias ocultas que puede estar enfermándote.

¿Sufres alguno de los siguientes problemas?

• Aumento de peso

• Fatiga

• Depresión

• Ansiedad

• Dolor muscular

• Dolor articular

• Dolores de cabeza

• Insomnio

• Dolores estomacales

• Hinchazón

• Estreñimiento o diarrea

• Niebla mental o dificultad para pensar

Es posible que la culpable sea una alergia.

Pocas personas saben que las alergias pueden desempeñar un papel crítico en estos y muchos otros trastornos. Si subes de peso sin explicación, nadie sospecha de una alergia. Sin embargo, en mi experiencia clínica, ayudando a miles de pacientes a curar síntomas inexplicables, he descubierto que a menudo las alergias están detrás de estos males comunes.

Puede ser difícil imaginar que una alergia alimentaria oculta pueda provocar que sea casi imposible perder peso, o de que el moho puede causar fatiga debilitante e incapacidad para trabajar. De hecho, algunas investigaciones demuestran que las alergias suelen desencadenar síntomas aparentemente inconexos. Las alergias contribuyen al desarrollo de migrañas, depresión, cambios de humor, dolor muscular y articular, y síndrome de intestino irritable. En este libro te revelaré los fundamentos científicos que explican lo que seguramente ya intuyes: que algo en la química de tu cuerpo está bloqueándote el camino hacia una vida sana. Y te voy a enseñar una forma natural de descubrir la raíz de tus alergias y recuperar tu salud.

Pero primero veamos cómo llegamos hasta aquí.

La tormenta perfecta

Los orígenes de la epidemia de alergias son ambientales y nutricionales. Hay tres niveles en los que el medio ambiente repercute en las alergias: al aire libre, en espacios cerrados y al interior (en el mundo dentro de tu cuerpo). La toxicidad en cada una de estas áreas es un golpe de gracia. En primer lugar, lastima las superficies del cuerpo —la piel, el recubrimiento del tracto respiratorio o del tracto gastrointestinal—, y después promueve una reacción alérgica a sustancias que de otra forma tolerarías. Lo que comes y tu estado nutricional afecta la respuesta de tu cuerpo en cada uno de estos niveles.

Hoy en día, ir al supermercado es como atravesar un campo minado. Empujas el carrito y recorres cada pasillo, examinando los estantes en busca de las frases libre de gluten o libre de lactosa. Tu amada pizza o pasta favorita no son opciones si eres alérgico al trigo. Parece que los alimentos que conformaban nuestra dieta básica ahora se han volcado en nuestra contra, y que en cada esquina acecha una nueva amenaza. Este mundo nuevo es muy extraño, y sin duda sería irreconocible para las generaciones anteriores.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

En la película La tormenta perfecta, George Clooney interpreta al capitán de un barco palangrero que sale de Gloucester, Massachusetts. Con el fin de obtener una mayor pesca, el barco se desvía y se dirige justo hacia una mezcla de huracán y otros frentes pluviales; es decir, los atrapa la proverbial “tormenta perfecta”. El mar violento y la marea rebasan al capitán y su equipo, y el barco se pierde en el mar.

Al igual que el barco palangrero de la película, nosotros también hemos chocado con la tormenta perfecta de contaminación, hábitos alimenticios poco saludables, estrés, falta de ejercicio y abuso de antibióticos, lo cual desequilibra demasiado nuestro sistema inmune y provoca que tengamos muchas más alergias que nunca.

Si eres de los millones de personas que padecen alguna alergia, Adiós a las alergias es el faro que te guiará sano y salvo de vuelta a la costa.

Un nuevo entendimiento de las alergias

La mayoría de las personas creen que las alergias son síntomas que se deben tratar con medicamentos. Por eso vine a ayudarte a cambiar tu percepción de las alergias, para que así puedas superarlas al comprender de dónde vienen.

Desarrollé este programa único para que te empoderes y puedas superar tus alergias, incluso aquellas ocultas que pueden estarte ocasionando problemas de salud para los que no encuentras explicación. En lugar de suprimir los síntomas con medicamentos año tras año, revertirás tus alergias al combatir la fuente que las origina.

Te daré las potentes herramientas que necesitas para reforzar tu sistema inmune, revertir tus alergias y transformar tu salud. Al seguir mi plan te sentirás más sano, más delgado, más concentrado y con mucho más energía.

En los próximos capítulos te compartiré las fascinantes bases científicas que explican cómo se desencadenan las reacciones alérgicas en el cuerpo y te guiaré paso a paso para sentirte mejor de lo que te has sentido en años.

Este libro revela por primera vez el conocimiento que ha permanecido enterrado en las publicaciones médicas durante demasiado tiempo. Se han hecho investigaciones científicas sorprendentes en universidades y centros médicos alrededor del mundo que tienen el potencial de transformar la manera en la que concebimos y nos aproximamos a las alergias; sin embargo, igual que un tesoro escondido, esta información ha permanecido prácticamente oculta. Hasta ahora.

Los orígenes de Adiós a las alergias

Permíteme compartirte mi propia historia. Crecí en un suburbio de la ciudad de Nueva York, y de niño no conocía a nadie que sufriera alergias. Nadie lo pensaba dos veces antes de llevar un sándwich de crema de cacahuate y mermelada a la escuela. Jamás veías niños que cargaran inhaladores para el asma. Si ibas a la farmacia, no entrabas por un pasillo enorme dedicado a los distintos tipos de antihistamínicos y descongestionantes.

Un día, cuando tenía 10 años, el maestro de música, el señor Sorensen, llevó a su hijo a un concierto en nuestra escuela. El suelo del gimnasio había sido limpiado recientemente con una solución fuerte, y el pobre niño empezó a sofocarse y a toser sin poder recuperar el aliento. Su papá intentó darle un inhalador para asma, pero el niño tenía tan poco aliento que apenas si pudo aspirar el medicamento. Se veía completamente asustado y su piel se empezó a tornar azul. Pensé que estaba a punto de morir. Nunca había estado tan espantado. La enfermera de la escuela llamó a una ambulancia, lo llevaron de inmediato al hospital y el niño sobrevivió. Al año siguiente, el señor Sorensen se mudó con su familia a Arizona, en busca de un ambiente menos alergénico.

En las décadas siguientes, tanta gente se mudó al desierto para escapar de las alergias, que Phoenix y Las Vegas se convirtieron en las supuestas capitales estadounidenses hipoalergénicas. Pero no es sencillo mudarse para escapar de las alergias. Por lo regular te persiguen, pues el secreto para revertirlas se encuentra en tu interior, no en tu entorno.

Siempre me consideré una persona enérgica y productiva. Si me hubieran pedido describirme en una sola palabra, habría elegido resistencia. Yo era capaz de desvelarme toda la noche estudiando durante la universidad, cuando era estudiante medicina. Entonces, un día, en mis años de residente médico, apenas si pude levantarme de la cama, mucho menos salir a correr por la mañana.

Pensé que la fatiga se iría, pero no fue así. Después de algunas semanas me empecé a preocupar. Fui con uno de mis profesores, quien me examinó, me hizo unos exámenes de sangre y finalmente se encogió de hombros.

De repente, un día me levanté y de nuevo me sentí bien. En ese momento me olvidé de aquel episodio hasta que ocurrió de nuevo, exactamente un año después. Y al año siguiente, y al siguiente… Era una fatiga que me dejaba tumbado.

Cuando analicé el ciclo de mi enfermedad, me di cuenta de que padecía fiebre del heno causada por una alergia al polen de ambrosía y de que podía controlar los síntomas con agua fría y ejercicio. Salía a correr vigorosamente y luego me duchaba con agua helada. Eso despejaba mis alergias mucho mejor que cualquier antihistamínico.

De niño no padecía alergias al polen. Entonces, ¿cómo las desarrollé tan súbitamente de adulto? Todo empezó con la contaminación ambiental. Los científicos han estudiado los efectos de la contaminación del aire urbano en la ambrosía. Se plantaron semillas de ambrosía en la zona urbana de Baltimore y en el campo. Las ambrosías de la ciudad crecieron el doble de tamaño que las del campo y producían cinco veces más polen que estas últimas.

La ciencia ficción a menudo representa el futuro de nuestro planeta como un entorno desértico, pero es más factible que esté inundado de hierbas y arbustos alergénicos que prosperan gracias al aire contaminado.

Realicé mi residencia médica en plena ciudad de Nueva York. Junto al edificio en el que vivía había un terreno baldío, el cual cada año se llenaba de ambrosía. Hay ciertos tipos de polen —incluido el de ambrosía— que son tóxicos, ya que contienen una enzima llamada NOX que daña el recubrimiento de la nariz y los pulmones. La exposición continua al polen tóxico era uno de los factores que detonaban mi enfermedad.

Había otro factor: las baguettes recién horneadas que compraba a diario en una panadería francesa cercana al hospital que me hacía imaginarme en París. Mi esposa me sugirió dejar de comerlos. Eliminar todo producto de trigo —pan, pasta y galletas— se sumó al beneficio del ejercicio para ayudar a controlar mi fiebre del heno. Me alejé de los productos de trigo incluso cuando no era temporada de ambrosía, y descubrí que mis niveles de energía y productividad estaban mejor que nunca.

Cuando empecé a dar clases en la Facultad de Medicina, después de concluir mi formación, me di cuenta de que había muchos pacientes con síntomas como los míos: fatiga inexplicable, mareos, aturdimiento. Me pregunté cuántos de ellos sufrían de alergias. Me tomó muchos años descifrar el código que me permitiría reconocer que, en efecto, muchos de ellos padecían alergias y que, sin saberlo, eran víctimas de la epidemia de alergias.

En mi misión de ayudar a mis pacientes, desarrollé la aproximación innovadora a las alergias que presento aquí, en Adiós a las alergias.

Una nueva aproximación audaz

La medicina convencional te pregunta: ¿a qué eres alérgico? Si padeces alergias, es probable que conozcas los tratamientos habituales: evitar el alergeno y suprimir los síntomas con medicamentos. Es posible que también estés familiarizado con antihistamínicos, esteroides, broncodilatadores e inmunosupresores, que son los medicamentos más usados para controlar los síntomas de las alergias. Aunque muchos de ellos sí alivian los síntomas, no eliminan las alergias, y además pueden tener efectos secundarios que van desde fatiga, hasta el deterioro del sistema inmune.

Yo creo en un acercamiento a las alergias más natural e igual de poderoso. Gracias a mis décadas de experiencia clínica en las que he practicado la medicina funcional, entiendo que la pregunta clave no es a qué eres alérgico, sino por qué.

Resolver el problema significa analizar los detalles, preguntarte qué cosas en tu vida te hacen sentir enfermo o saludable. Mi misión es ayudar a las personas a reconocer el impacto de las alergias en su propia vida y a recuperar la salud óptima al revertir las causas de la alergia, y no sólo suprimir los síntomas.

Esto se aleja de la visión convencional y limitada de las alergias, la cual se enfoca en un solo síntoma o área del cuerpo y sólo trata ese síntoma o área. Mi enfoque —Adiós a las alergias— expone la alergia por lo que es, un desbalance del sistema inmune que involucra todo el cuerpo.

Como explicaré más adelante, las reacciones alérgicas son reacciones en cadena autoamplificantes en las que el sistema inmune amplifica el efecto de lo que llamamos un detonante. La alergia ocurre cuando la parte de tu sistema inmune que controla las respuestas inmunes no deseadas deja de funcionar correctamente. De hecho es un estado de deficiencia inmune que resulta en inflamación excesiva.

Lo que obtendrás de Adiós a las alergias

Al adentrarte en este libro conocerás personas reales y sus casos. Son personas como tú, que se han enfrentado a problemas y síntomas muy parecidos a los tuyos. A menudo, cuando venían a mi consultorio, ya habían visitado a muchos otros especialistas, pero los estudios y tratamientos a los que los sometieron no rindieron muchos frutos. Te explicaré cómo es que Adiós a las alergias decodificó esos casos imposibles con ayuda de métodos extraordinariamente sencillos de los que puedes aprender mucho.

Te daré muchas herramientas y consejos para que empieces a revertir tus alergias, además de restaurar tu salud para que logres bajar un par de kilos, tener más energía y dormir mejor.

Mi colaborador en Adiós a las alergias es mi hijo, Jonathan Galland, líder en educación para la salud integral, así como defensor acérrimo del medio ambiente. Es el creador de www.pilladvised.com (en inglés), una página dedicada a transformar la salud humana al proponer una aproximación integrativa a la medicina.

Al unir mi conocimiento y su experiencia, rastrearemos las fuentes de la epidemia de alergias en la dieta occidental moderna; la contaminación industrial; la proliferación de sustancias químicas tóxicas en los hogares, lugares de trabajo y productos del cuidado personal, y el desequilibrio del microbioma causado por antibióticos y pesticidas. También te guiaré a través de los pasos sencillos y plausibles para revertir esta epidemia moderna por medio de la nutrición, de prácticas que conecten tu mente y tu cuerpo, y de un estilo de vida completamente natural que contribuya a tu bienestar y a la salud del planeta.

En las siguientes páginas conocerás el método de Adiós a las alergias para lidiar con los retos que plantean las alergias en el mundo moderno:

Reto 1


Las alergias están relacionadas directamente con el consumo de comida rápida y alimentos poco nutritivos y procesados.

Adiós a las alergias

Se ha demostrado que una dieta con alta densidad de nutrientes y alimentos integrales, así como rica en frutas y verduras, previene o revierte las alergias al mejorar el funcionamiento inmune y aumentar el potencial de los antioxidantes. Adiós a las alergias te ofrece una dieta integral con potentes fitonutrientes que mejoran la capacidad de desintoxicación y aumenta el potencial de los antioxidantes.

El núcleo del programa es la poderosa limpia de tres días, la cual consiste en un delicioso batido, una sopa reconfortante y un té aromático. Me emociona compartirte estas recetas que yo mismo desarrollé y disfruté preparar día con día. El objetivo es darle a tu cuerpo un alto nivel de nutrientes que promuevan la desintoxicación y la función inmune. La limpia es rica en sustancias naturales llamadas flavonoides que inhiben las reacciones alérgicas, y por eso es el primer paso de este programa único contenido en estas páginas.

Reto 2


La disminución de microbios intestinales benéficos causada por la exposición a antibióticos y pesticidas en la comida, y por la falta de fibra en la dieta, es un factor emergente que interviene en el aumento de las alergias.

Adiós a las alergias

Aprenderás a cuidar tu flora intestinal con alimentos prebióticos y probióticos. Te revelaré las emocionantes evidencias científicas que demuestran que arreglar la microbiota intestinal puede prevenir el desarrollo de dermatitis atópica y reducir la intensidad de los síntomas en personas con rinitis alérgica, sinusitis o asma.

Reto 3


La contaminación al aire libre y en interiores contribuye a la oleada de enfermedades alérgicas. El ozono, el óxido nítrico y las partículas de combustibles lastiman el tracto respiratorio, incrementan el estrés oxidativo y actúan en sinergia con los alergenos del ambiente para desencadenar o agravar las reacciones alérgicas.

Adiós a las alergias

Primero te explicaré el papel que desempeñan la contaminación y las sustancias químicas tóxicas en las alergias, y te daré consejos para limitar tu exposición a ellas. A continuación, desmenuzaré las investigaciones que demuestran que comer vegetales crucíferos —como el brócoli— y alimentos con alto contenido de vitamina C pueden protegerte de las reacciones alérgicas, de modo que puedas beneficiarte de este conocimiento.

Al conocer la ciencia vanguardista que está iluminando el campo de las alergias, tendrás en tus manos todas las armas para superar estos retos y muchos otros más. Para cuando termines este libro, entenderás mejor las terapias nutricionales diseñadas para tratar gran variedad de trastornos alérgicos. También sabrás cómo hacer que tu hogar y tu lugar de trabajo sean entornos más amables con el medio ambiente, y cómo aliviar tu sistema inmune al sanar tu sistema digestivo.

Te recomiendo que lleves este libro contigo cuando vayas a ver al médico. Habla con él sobre las cosas que aprendas de estas páginas y sobre cualquier idea que te gustaría probar. Trabaja en colaboración con tu doctor y observa cómo las ideas de este libro pueden auxiliar el tratamiento que él o ella te están prescribiendo. La opinión profesional de tu doctor es más importante que cualquier cosa que puedas leer en este libro.

Tu otro yo

Me emociona estar al frente de un poderoso movimiento que está cambiando la forma en la que el mundo percibe las alergias y la salud. Y me emociona también poder guiarte a lo largo del programa que he desarrollado en mi práctica clínica para controlar, revertir y prevenir las alergias, de modo que adquieras una nueva perspectiva sobre tu propia salud.

Lee este libro y te reencontrarás con un viejo amigo, tu otro yo. Diles adiós a las ojeras. Ahora tienes una energía renovada. Dile adiós al escurrimiento nasal. Ahora respiras con más facilidad. Tu piel está tersa y relajada; ya no está roja ni irritada. Tal vez incluso ya perdiste esos kilos de más y estás durmiendo mejor.

Eres el mismo tú de siempre, sólo que te sientes mucho mejor. Estás empoderado y vas en camino hacia una excelente salud, listo para conquistar el mundo.

Únete a nuestra comunidad y aprende más sobre salud natural en www.drgalland.com (en inglés), y síguenos en Facebook (Facebook.com/leogalland) y en Twitter (@leogallandmd).

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Capítulo 1

Las muchas caras de las alergias

Las puertas del elevador se abrieron y salí al piso recién pulido del vestíbulo. Acababa de terminar una entrevista para el programa Today e iba camino a mi consultorio. Me abrí paso hacia las puertas giratorias, salí a la plaza del Rockefeller Center, caminé entre las multitudes y crucé la Quinta Avenida. Anduve de prisa por la calle 51, y pasé junto a los escaparates de moda de Saks Fifth Avenue a mi derecha, mientras admiraba los capiteles de la Catedral de San Patricio a mi izquierda. Un día más en la ajetreada ciudad de Nueva York.

Giré a la izquierda sobre Park Avenue, caminé hacia el norte de la ciudad y tomé impulso al subir por el camino que lleva a la armería. Al llegar a la calle 73, di vuelta en la esquina para llegar a mi consultorio.

Mi primera paciente del día estaba sentada en la sala de espera.

Julia había consultado a 13 especialistas en tres años. A pesar del esfuerzo, aún no había recibido un diagnóstico definitivo. Un médico sospechaba que era artritis reumatoide, mientras que otro insinuaba que era fibromialgia. Le dijeron que tenía síndrome de intestino irritable, migrañas, enfermedad de Lyme y depresión. Cuando entró a mi consultorio en su primera cita, traía consigo un enorme expediente médico lleno de estudios de laboratorio con resultados normales.

Al preguntar por su historial clínico, Julia hizo un listado de síntomas: dolor en articulaciones, cabeza, cuello y abdomen; hormigueo en brazos y piernas; fatiga y problemas de concentración, o niebla mental. Estos síntomas habían aparecido de forma repentina hacía tres años, cuando tenía 38, y habían ido empeorando de forma gradual.

Cuando le pregunté a Julia cómo era su salud antes de eso, me reveló que en realidad nunca había gozado de una salud extraordinaria. Había padecido asma en la infancia. Luego, en la adolescencia, desarrolló síntomas gastrointestinales, como dolor abdominal y diarrea después de consumir diversos alimentos, pero sin un patrón aparente.

Por si fuera poco, comenzó a subir de peso —como 18 kilos en 20 años—, a pesar de intentar varias dietas. Observé ahí un patrón que explicaría todos sus síntomas misteriosos.

Mi experiencia clínica me ayudó a reconocer que los problemas de Julia eran causados por una alergia oculta, muy probablemente a algo de su alimentación. Aunque no se quejaba de asma, le hice una prueba respiratoria simple en mi consultorio porque pensé que el asma crónica podría estar contribuyendo a su fatiga y quizá a otros síntomas, como el hormigueo en pies y manos. El resultado fue positivo: era asmática. Le pedí entonces análisis de sangre para echar un vistazo a los niveles de inflamación en su cuerpo.

También le pedí que probara un método que me parece muy útil para identificar alergias alimenticias ocultas. Le llamo “limpia poderosa” porque no sólo limpia tu cuerpo de alergenos, sino que también mejora la capacidad del organismo de eliminar toxinas. Un poco más adelante te hablaré a detalle de esta limpia.

Julia estaba decidida a sentirse bien, así que siguió las instrucciones al pie de la letra. Durante tres días sólo tomó el delicioso batido, la exquisita sopa y el sabroso té que componen la primera fase (fase de eliminación) de la limpia poderosa. En la siguiente fase, la de reincorporación, comenzó a agregar de nuevo a su dieta algunos de sus alimentos favoritos.

Los resultados fueron impresionantes. Al término de una semana el dolor articular había desaparecido casi por completo, tenía mayor claridad mental y había bajado dos kilos. En el mes siguiente bajó otros cuatro, a pesar de que seguía ampliando su dieta para incluir mayor variedad de alimentos —pollo y pescado, avena, papa, diversas frutas y verduras, huevo, especias, té y café— y no sentirse privada de nada.

Sus jaquecas desaparecieron casi del todo, su digestión estuvo mejor que nunca en 20 años, y sus niveles de energía estaban por los cielos. No obstante, aún tenía ocasionales ataques de dolor articular, jaquecas o diarrea, los cuales podían durar uno o dos días. Éstos se presentaban sólo cuando comía alimentos que no había preparado ella misma. Uno ocurrió después de tomar vino blanco, y otro después de comer ensalada de papa.

Cuando revisé los alimentos que todavía la hacían sentirse mal, concluí que sus problemas no eran causados propiamente por los alimentos mismos, sino por los sulfitos, que son aditivos y conservadores comunes que tienen fama de causar reacciones alérgicas. (En <www.drgalland.com> puedes descargar una lista de alimentos que suelen contener sulfitos añadidos.) Además de ser agregados a alimentos como conservadores, los sulfitos existen de forma natural en alimentos como el ajo y la cebolla, aunque en cantidades muy pequeñas. La típica reacción alérgica a los sulfitos es asma, pero también pueden presentarse jaquecas, malestares intestinales y dolor articular.1

Hay dos nutrientes que ayudan al organismo a desintoxicarse de los sulfitos: la vitamina B12 y un mineral llamado molibdeno. El cuerpo produce una enzima —llamada sulfito oxidasa— que descompone los sulfitos, y el molibdeno es indispensable para que la enzima haga su trabajo y disminuya los niveles de sulfitos en el organismo.2 La vitamina B12, por su parte, absorbe los sulfitos para que puedan ser eliminados. Según un estudio, cuando los niños con asma provocada por sensibilidad a los sulfitos recibían complementos de vitamina B12, 80% experimentaban mejoría en sus niveles de tolerancia a los sulfitos.3 Por lo tanto, le dije a Julia que complementara su dieta con 1 mg diario de vitamina B12 y 300 mcg de molibdeno al día.

En un mes, notó que cuando comía frutas secas o vinagre, los cuales se conservan con sulfitos, los toleraba sin presentar síntomas. Y aunque sus resultados de laboratorio iniciales revelaron numerosos signos de inflamación en todo el cuerpo, al repetir esos mismos análisis tres meses después toda evidencia de inflamación se había esfumado junto con sus síntomas.

Cuatro verdades revolucionarias sobre las alergias

Durante toda mi carrera como médico he tratado pacientes con gran diversidad de problemas alérgicos. La gente viene a verme de todo el mundo con padecimientos misteriosos para los que aún no han encontrado respuesta. Con frecuencia, la culpable es una alergia oculta.

Mi experiencia clínica y mi búsqueda de respuestas a afecciones comunes pero no diagnosticadas previamente han propulsado mi aventura. He visto padecimientos crónicos que recibieron un diagnóstico de enfermedad autoinmune o trastorno psiquiátrico que resultaron ser de naturaleza alérgica, y he encontrado estudios publicados en revistas de investigación que sustentan mis observaciones. He revisado la literatura médica, he buscado en bases de datos científicas y he leído toda clase de libros de texto. Como un detective, he escudriñado síntomas y pistas que otros han pasado por alto para lograr armar el rompecabezas. Y mis descubrimientos han sido fascinantes.

Los tratamientos convencionales para las alergias tienen dos componentes: 1) intentar determinar a qué eres alérgico, de modo que puedas evitarlo o desensibilizarte con ayuda de vacunas, y 2) suprimir los síntomas de la alergia con medicamentos. Este enfoque convencional está incompleto, pues no se hace las siguientes preguntas: ¿por qué eres alérgico?, ¿por qué tus alergias han ido empeorando?, y ¿qué desequilibrios hay en tu cuerpo que promueven la aparición de los problemáticos síntomas alérgicos? Las respuestas a estas interrogantes aportan las pistas ocultas que son fundamentales para resolver el caso.

La historia de Julia ilustra las cuatro verdades clave sobre las alergias que conforman el núcleo de Adiós a las alergias. Creo que estos conceptos son tan revolucionarios que transformarán nuestra visión de la salud. En primer lugar, las alergias pueden provocar gran variedad de síntomas que afectan a millones de personas a diario, pero que no se suelen considerar reacciones alérgicas. En segundo lugar, las alergias suelen imitar a otras enfermedades. En tercero, los alergenos que están provocándote síntomas tal vez no sean evidentes. Y en cuarto, las terapias nutricionales son capaces de revertir las alergias. Veamos ahora más de cerca cada una de estas verdades que cambiarán el paradigma de las alergias.

1. Las alergias ocultas pueden provocar muchas molestias comunes

Como ejemplifica el caso de Julia con su dolor, fatiga y niebla mental, las alergias pueden provocar toda clase de molestias, y no sólo aquellas que solemos asociar con alergias, como comezón, flujo nasal, irritación de los ojos y sibilancias. Los síntomas que las alergias provocan exceden estas manifestaciones clásicas. Múltiples estudios han documentado la conexión entre alergias y gran cantidad de síntomas diversos.

Revisa la siguiente lista de síntomas comunes y descubrirás si alguna alergia oculta está dañando tu salud.

• ¿Te sientes fatigado?

Hay una fuerte conexión entre las alergias y la fatiga. Aunque suele pasar desapercibida, es un problema común conocido como síndrome de tensión y fatiga alérgica.4 Se suele creer que la causa son alergias alimenticias, como sensibilidad al trigo, el maíz, la leche o el chocolate. La primera vez que leí al respecto fue cuando enseñaba medicina en la Universidad de Stony Brook. Los hallazgos de esa investigación detallaban los síntomas imprecisos que presentan muchos pacientes que no se sienten bien, pero cuyo malestar no ha podido ser diagnosticado.

• ¿Subes de peso y no sabes por qué?

En mi experiencia clínica, las alergias suelen ser causantes de aumento de peso injustificado. De hecho, se ha documentado la conexión entre obesidad y alergia en personas con asma.5 Un estudio de larga duración determinó que tener asma aumentaba la propensión a un aumento de peso posterior en mujeres.6

Datos de la Encuesta de Nutrición y Salud Nacional de Estados Unidos exhiben que el uso de antihistamínicos se vincula con ganancia de peso.7 Es posible que los antihistamínicos provoquen aumento de peso como uno de sus efectos secundarios, pero además la gente que los usa tiene más probabilidades de tener alergias que quienes no los usan. Este problema lo discutiré a detalle en el capítulo 9.

• ¿Padeces dolor muscular?

Mucha gente experimenta dolores musculares misteriosos, y es muy probable que las alergias ocultas estén contribuyendo a esta molestia inexplicable. La creciente evidencia publicada en revistas especializadas sobre este vínculo entre dolor muscular y alergias está confirmando lo que yo he observado una y otra vez entre mis pacientes.

En 1992 se describió por primera vez la conexión entre dolores musculares intensos y congestión nasal crónica.8 Desde entonces, los científicos han descrito que las reacciones alérgicas a alimentos y metales (en especial al níquel) son causantes de dolor muscular.9 Un grupo de científicos noruegos descubrió un nexo entre asma, eccema y dolor muscular, y concluyó que la alergia es un padecimiento de todo el cuerpo que involucra órganos que no suelen incluirse en el diagnóstico de la alergia.10

En mi carrera como médico, he observado una alta incidencia de alergia al moho entre pacientes con dolores musculares intensos. Asimismo, esta conexión se ha observado en personas que se expusieron a edificios afectados por agua que están contaminados de moho.11

• ¿Tienes dolor articular?

La artritis alérgica fue descrita hace al menos 25 años, y desde entonces se identificaron los principales alimentos que la desencadenan. La conexión entre alergia y artritis se confirmó con estudios alimenticios ciegos.12 (En un experimento científico, “ciego” significa que el sujeto del experimento no sabe qué se está haciendo. “Doble ciego” significa que ni el científico ni los sujetos del experimento saben qué tratamiento se le está dando a cada sujeto.) La leche de vaca suele ser el principal detonante de artritis alérgica. Y en distintas personas se han observado diferentes mecanismos alérgicos, aun cuando el alergeno sea el mismo.

• ¿Sufres jaquecas constantes?

Desde hace décadas se ha sabido y reportado que las alergias alimenticias provocan dolores de cabeza y jaquecas. De hecho, las alergias provocan cefaleas tanto de migraña como de otras índoles.13

• ¿Padeces dolores estomacales y distensión?

El dolor abdominal recurrente puede tener muchas causas, y la alergia es una de ellas. Las alergias alimenticias se relacionan con inflamación estomacal e intestinal que provoca dolor.14 Asimismo, se han asociado las reacciones alérgicas en el intestino con dolor y distensión en el vientre.15

• ¿Tienes acidez y reflujo?

Las alergias alimenticias provocan reflujo al contribuir a un trastorno llamado esofagitis eosinofílica, el cual es cada vez más común en todo el planeta. Por lo tanto, eliminar los alergenos alimenticios puede curarlo.16

• ¿Tienes problemas para dormir?

Varias alergias pueden mantenerte despierto y evitar que descanses por las noches. La dificultad para conciliar el sueño y para permanecer dormido es común en niños alérgicos a la leche, independientemente de otros síntomas como los cólicos.17 En adultos alérgicos y en niños mayores, un asma no diagnosticada o mal controlada, así como la obstrucción nasal o la picazón del eccema alérgico, son factores importantes que contribuyen al insomnio.18

• ¿Te sientes deprimido o tienes un trastorno del estado de ánimo?

La conexión entre alergias y problemas de salud mental está bien documentada en la literatura médica. Los adolescentes asmáticos tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión o trastorno bipolar más adelante en la vida que sus contrapartes sin asma.19 Un estudio realizado en Alemania demostró que hay una mayor incidencia de trastornos psiquiátricos de todo tipo entre personas con alergias diagnosticadas. Este efecto disminuyó con tratamientos para las alergias, de modo que personas con alergias que recibieron tratamiento tenían 35% menos de probabilidades de experimentar síntomas psiquiátricos que quienes no se trataron.20

Esto nos lleva a dos posibles conclusiones: las alergias mismas desencadenan síntomas psiquiátricos, o los síntomas psiquiátricos hacen que la gente con alergias evite los tratamientos. En mi experiencia profesional, cualquiera de las dos conclusiones es posible, dependiendo de la persona. Otro estudio (doble ciego, controlado con placebo), realizado con 30 individuos que padecían tanto alergias como síntomas psiquiátricos, demostró que la exposición a un alergeno, y no a un placebo, provocó malestares psicológicos, lo que indica que para algunas personas las alergias pueden ser causantes directas de sus trastornos del estado de ánimo.21

• ¿Se te cae el cabello?

La alopecia areata es un padecimiento caracterizado por pérdida de cabello en áreas pequeñas del cuero cabelludo. Su prevalencia ha aumentado entre personas con problemas de alergias, y tener un historial de alergias incrementa el riesgo de recaída una vez terminado el tratamiento, lo que sugiere que las alergias contribuyen de algún modo a este padecimiento.22

• ¿Tienes comezón o flujo vaginal?

He visto a muchas pacientes con vaginitis o vulvitis crónicas que no respondían a tratamientos contra infecciones vaginales porque sus síntomas eran en realidad el resultado de alergias. A veces, el diagnóstico correcto es eccema vulvar o dermatitis por contacto, que es un tipo de reacción alérgica en la piel, como por contacto con hiedra venenosa. Por lo regular, las mujeres que experimentan este tipo de síntomas tienen vaginitis alérgica, la cual es causada por la misma variedad de detonantes que otras reacciones alérgicas, hallazgo que ha sido confirmado por investigaciones ginecológicas.23

• ¿Experimentas dolor al orinar u orinas con demasiada frecuencia?

Científicos rusos han identificado que las alergias contribuyen al síndrome de vejiga hiperactiva.24 Es algo que también he observado en pacientes que sienten urgencia de orinar u orinan con demasiada frecuencia. Sin embargo, tratar la alergia suele aliviar también el problema urinario.

• ¿Tienes neblina mental?

La neblina mental puede ser resultado casi inmediato de exposición a un alergeno, y los problemas más comunes que conlleva son dificultad para concentrarse y afectaciones en la memoria. También puede ser una reacción tardía a alergias respiratorias entre personas con rinitis alérgica.25 He observado que este síntoma se presenta con frecuencia en pacientes con alergias alimenticias o al moho cuando se exponen al alergeno.

Estos insospechados síntomas de alergias son igual de comunes que los síntomas clásicos y suelen coexistir con ellos. Entre más síntomas tengas, es más probable que la alergia sea la principal causante, sobre todo si la intensidad de los síntomas fluctúa.

Adiós a las alergias ha llegado para ayudarte a superar tus alergias, ya sean evidentes o discretas. Te recomiendo que lleves este libro contigo cuando visites a tu médico para que tengan una conversación reveladora sobre el papel que pueden estar desempeñando las alergias en tu salud.

2. Las alergias suelen imitar a otras enfermedades

Las alergias se confunden con facilidad con otros padecimientos. Eso vimos en el caso de Julia, en donde todos los especialistas parecían tener sus propios diagnósticos a los problemas que la aquejaban.

Las alergias pueden imitar trastornos inflamatorios como artritis, bronquitis, nefritis (inflamación de los riñones) o colitis.26 También se asemejan a trastornos con causas desconocidas, como migrañas, cefaleas, síndrome de intestino irritable, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, trastorno por déficit de atención, aftas, glosodinia, cistitis intersticial, vulvodinia, ansiedad y depresión.27

Sólo un pequeño porcentaje de pacientes a los que se les ha diagnosticado alguno de estos trastornos puede estar enfermo a causa de alergias, pero si ese pequeño porcentaje incluye a un ser amado, se vuelve 100% relevante. En mi carrera como médico he tratado a miles de pacientes cuyas alergias se manifiestan de alguna de estas maneras.

3. Los alergenos que desencadenan tus síntomas pueden no ser obvios

Ésta es la tercera verdad sobre las alergias que se revela en la historia de Julia: los detonantes no siempre son evidentes. Se requiere hacer un cuidadoso trabajo detectivesco para encontrarlos. Los análisis de sangre y de piel no siempre cuentan la historia completa. En el caso de Julia, como en muchos otros, no pude depender de análisis de laboratorio, en gran parte porque las alergias tienen múltiples mecanismos que las pruebas existentes no siempre miden. Un ejemplo perfecto de lo anterior es una historia que me gusta llamar “El caso de la alergia a las solanáceas”.

Cora tenía 52 años cuando llegó a mi consultorio por primera vez. Era una exitosa abogada con un problema que entorpecía seriamente su trabajo. Al menos una vez por semana desarrollaba aftas bucales e inflamación dolorosa en las glándulas del cuello. En algunas ocasiones los síntomas fueron tan intensos que tuvo que visitar la sala de urgencias del hospital. Cada vez que la examinaban en busca de infecciones, los resultados eran negativos. Se sugirió darle tratamiento con prednisona, un esteroide, pero los síntomas solían disminuir en uno o dos días, y Cora se negaba a tomar esteroides porque tienen muchos efectos secundarios no deseados.

La vi por primera vez el día después de uno de sus peores ataques. El examen físico reveló que las glándulas inflama

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