
26He terminado esta mañana el prefacio de Nievepara Every-man.13Texto que debería haber tenido listo mucho antes. Falta de disciplina, el impulso de levantarme de la silla con cualquier excusa, ese tipo de cosas. ¡Preocúpate solo de escri-bir, Orhan!El texto tiene un lado duro, arduo, porque los acontecimientos que narra enseguida lo vuelven político; me gusta escribir, en verdad... //Por la tarde, he trabajado en el museo con Kıymet y Murat, en el apartamento de enfrente. El fondo detrás de los cigarrillos de Füsun14, descascarillado y amarillento. He revisado luego unas viejas revistas para ni-ños que había en una de las cajas, en busca de acertijos y adivinanzas. //DESLUMBRANTEDESCUBRIMIENTO:TRABAJANDOCONROTULADOR,HAGOAPARECERUNINCENDIOENUNAVIEJAPOSTALPANORÁMICADEBERLÍNENBLANCOYNEGRO.TRABAJOCONPASTELtambién,por el gran placer de tachar el tejido urbano impreso en BLANCOYNEGRO. He firmado la postal coloreada y se la he rega-lado a Kıymet. // Luego, la melancolía previa al viaje. Madrugar para el viaje a ATENAS. En la calle, esperando aNuri –el guardaespaldas– y a Murat d’İletişim,15que tienenque pasar a recogerme. A las 7.40 todavía no han llegado. //El avión se acerca a Atenas y pienso: Mantén un perfil bajo,Orhan, no te dejes atrapar en la trampa de la política gre-co-turca. Emoción, sin embargo. // Salgo del avión con ante-lación. Nikos, Vassilis... Abrazos. Mi última visita, hace exac-tamente catorce años, en enero de 1997, para presentar Ellibro negro.16Fuimos juntos a Patras, a Salónica. En la mismaépoca, un fascista turco (no sé si actuaba solo o por orden delgobierno) abrió fuego bajo los muros del Patriarcado de Es-tambul, murió un pope. En Atenas, los fascistas griegos ha-blaban de venganza, sangre contra sangre... Y yo era el escri-tor turco que estaba de visita. Podrían haberme asesinado.El gobierno griego se ofreció a asignarme unos guardaespaldaspara escoltarme. Por la noche, animada cena en casa de Loui-sa, donde evocamos aquellos días entre risas. Aquella escoltagriega, numerosa y motorizada, fue la primera de la intermi-nable serie de escoltas que habré tenido en mi vida. // Viajedesde el aeropuerto hasta el Hilton de Atenas. He participadoen un programa de televisión... Luego, de regreso en mi habi-tación de hotel –una habitación enorme–, dos entrevistas. A las 19.00, maravilloso paseo de media hora con Vassilis porlas calles de Kolonaki (el antiguo Nişantaşı-Cihangir de Ate-nas). Stella, Louisa, Takis, todo el mundo ha envejecido unpoco; divorcios, separaciones, nuevas esposas, etc. Pero, graciasa Dios, todos con buena salud. Una velada muy agradable.