Al límite de la pasión (Sección Omega 3)

Anne R. Aband

Fragmento

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1

Hope

Acudo a los juzgados vestida formalmente con un traje de chaqueta y una camisa. Logan ha insistido que, para dar un testimonio, no debo llevar cazadora negra, camiseta rasgada o pantalones cargo con botas militares, que es lo que suelo ponerme a diario.

—Hope, ¿quieres que te acompañe? —me ha preguntado y no, no quiero que venga mi jefe. Este es un caso que un abogado tocapelotas ha rescatado, de cuando era marine, hace seis años. Una compañera fue acosada por un superior, casi hasta el punto de ser violada, y como ella no se defendió, le rompí la nariz al tipo. Puede que me pasara, y desde luego, otras dos soldados lo denunciaron, pero según mi abogado, debería haberme contenido.

Y la semana pasada, el tipo va y reabre el caso por lesiones. Creo que Logan quería acompañarme para que no me encendiera. No lo haré, últimamente estoy más calmada y sé lo que me juego, entre otras cosas, mi trabajo. Si salgo culpable, las cosas no se pondrían fáciles para mí.

Ajusto mi americana negra y la camisa blanca. Incluso voy levemente maquillada y he recogido el cabello algo más crecido en una coleta. Por lo que no paso es por llevar tacones, y como no tenía zapatos normales, Bella, la novia de Jackson, me ha prestado unos.

Además, estoy contenta, esta mañana nos ha dicho Brandon que Leo ha despertado, aunque tendrá que estar unos días más en el hospital. ¡Bien por ella!

Entro en el edificio y traspaso el arco. Desde luego, no llevo ningún tipo de arma. Paso y me reúno con mi asesora, la que suele ayudarnos a todo el equipo.

—Hola, Hope, tranquila, esto va a ser rápido.

—¿Quién es el abogado?

—Un tal Jordan, es muy recto, lo conozco, y no sé por qué ha aceptado un caso tan claro de acoso.

—Recuerda que le partí la nariz.

—Fue para defender a una compañera. En fin, tú tranquila. ¿De acuerdo?

Entramos en la sala y bajo la mirada, no tímida, sino para no ver al desagradable sargento que abusó de mis compañeras y al que volvería a romperle la nariz. Cuando me lo contaron, me enfadé muchísimo, lo sé y quizá solo tendría que haberlas acompañado a denunciar, puede que mi temperamento se alterase, aunque sin duda se lo merecía. Eso y más.

Miro hacia la derecha y veo a dos de las muchachas, que han venido a apoyarme. Lo agradezco, la verdad. Llegamos a nuestro lugar para colocarnos.

—Buenos días —nos dice una voz fría y profesional. Levanto la cabeza porque me suena. No puedo quedarme más sorprendida.

—¿Rick? ¿En serio?

Él se encoge de hombros y va a su sitio. Observo cómo mira con seguridad a su alrededor. Aprieto los puños y me siento.

—¿Lo conoces? —susurra mi asesora.

—Es el hermanastro de la mujer de mi hermana. Menudo puto hipócrita.

Desvío la mirada para no cabrearme más y me propongo respirar calmada. Bella me enseñó un día cómo controlarme. Ella tiene algo de pánico escénico y ha tenido que dar muchas entrevistas debido a la producción de su serie. Aprovecho para mirar a Rick de reojo. Es un tipo alto y delgado, metido en su elegante traje a medida y con el cabello corto, demasiado perfecto. Su hermana también es muy atractiva, aunque lo importante es que es una buenísima persona y creo que por eso mi melliza, Grace, se enamoró de ella.

El juicio comienza con las quejas del superior que dice padecer un trastorno neurológico, ya le iba a dar yo trastorno. Creo que debe de estar harto de la cárcel y por eso insiste. Las chicas vuelven a declarar y yo procuro estar serena y, aunque no aprueban la violencia y el puñetazo que le di, lo comprenden.

Al final, mi asesora es capaz de exculparme de nuevo y cuando se acaba el juicio rápido a mi favor, Rick se acerca y me tiende la mano, que no acepto.

—Nos vemos el fin de semana —dice encogiéndose de hombros.

Cuando se aleja, mi asesora se me queda mirando

—Creo que Jordan no ha puesto mucho de su parte para defender al sargento. Otras veces lo vi más combativo. ¿Qué ha querido decir con eso del fin de semana?

—No tengo ni idea de lo que dice. Vámonos.

Salgo, abriéndome el incómodo traje y acabo por quitarme la chaqueta para salir a la calle, más tranquila. Mi móvil suena. Es Grace.

—Todo ha ido bien, me lo ha dicho Rick.

—Joder, le ha faltado tiempo. ¿Tú sabías que él era el abogado defensor?

—No, pero sabía que estaba preocupada y que a lo mejor se te olvidaba llamarme. Tienes que venir este fin de semana a vernos, tengo una gran noticia que darte.

—Pues dímela por teléfono. No sé si podré librar.

—¿No tenías vacaciones? Ven, por favor. Eres mi única familia, te necesito —dice y me parece oírle hacer pucheros.

—Ya empiezas con el chantaje emocional, Grace.

—En serio, Hope, como no vengas el sábado a verme, me voy a enfadar.

Cuelga y suspiro. Grace es todo lo contrario a mí, es paciente y buena, algo tierna, sí, pero cuando se enfada, sale el gen Clark y es como un tsunami.

Vuelvo a la oficina para explicarle a Logan todo lo ocurrido y él asiente, satisfecho de que no haya perdido los nervios.

Salgo al comedor a tomarme un café y Ronaldo se acerca a mí.

—Todo ha ido bien —explico escueta. Él me guiña el ojo y se acerca un poco más.

—Podríamos celebrarlo.

—No, ya te dije que ya no quería follar más contigo.

—Si lo pasábamos tan bien…

Pero se aparta cuando Jackson entra al comedor para servirse un café. Sí, he estado con él, pero solo ha sido sexo. El peligro de que hacerlo ahí, en la misma oficina fue excitante. Recuerdo alguna ocasión en la que casi nos pillaron. Yo me metí en la ducha y él salió sudoroso y todavía duro. He de reconocer que es un gran amante, pero ya no quiero eso.

Veo a Jackson enamorado, incluso Brandon, que se ha colgado de Leo. Sonrío al pensar en la cara que puso la primera vez que la vio. Mi instinto me dijo que acabarían juntos.

Pero lo mío con Ronaldo ha sido un desahogo físico nada más. Acabo el café y lavo la taza según requiere Brandon. Me acerco al despacho del jefe para pedirle permiso para ir a ver a mi hermana este fin de semana y Logan me lo da sin problema. De todas formas, se supone que estamos de vacaciones, con medio equipo fuera de combate. Brandon no se va a mover del hospital y la ciudad parece tranquila.

—El equipo Alfa está preparado, por si son necesarios —me dice Logan—, nos merecemos un descanso. Aprovecha las vacaciones.

—No, jefe, solo es para este fin de semana y a dos horas de aquí. Vuelvo si hace falta.

—De acuerdo —dice sin sonreír. Yo también espero que no nos veamos en otra como la anterior. Antes de salir, me vuelvo hacia él, que ya está concentrado en lo suyo.

—¿Y tú? ¿Vas a descansar?

Me lanza una mirada seria y se encoge de hombros, así que me voy. Es hermético y no suele abrirse a nadie, pero no creo que encontrase un jefe mejor. Me gusta porque me trata exactamente igual que a los demás.

Salgo para mi apartamento, despidiéndome de los chicos. Después de cambiarme, llamo a Grace.

—Iré este fin de semana.

Ella se pone a chillar y llama a Mara, su esposa, para decírselo a voz en grito. No puedo evitar sonreír. Buscaré un avión a Charleston, que es donde han decidido instalarse. Mara es consejera de la empresa de su padre, son gente de dinero y mi hermana es una sencilla maestra, pero es verdad que sus suegros la adoraron desde el primer momento. Ellas viven en una preciosa casita a orillas del mar.

—¿Tengo que llevarme ropa elegante? —pregunto antes de colgar.

—No, y si te hace falta, ya te dejaré algo. Seguimos llevando la misma talla, de momento.

—Vale, te veo esta noche.

—Por supuesto, te quedarás en casa.

—Ya contaba con ello.

Pasar una velada con mi hermana y su esposa me apetece mucho. Mara es agradable y adora a Grace. ¿Qué más puedo pedir?

Después de aterrizar, tomo un taxi que me lleva a la enorme mansión y Grace me abre la puerta, me abraza y me besa hasta que me hace reír a carcajadas. Entramos cogidas de la cintura y entonces lo veo.

—Nunca pensé que fueras capaz de sonreír —dice Rick que lleva una copa de vino en la mano.

—¿Qué hace este aquí? —pregunto enfadada a mi hermana. Ella sonríe con amplitud y toca su barriga.

—¿Cómo no iba a estar, si es el padre de mi hijo?

Me la quedo mirando sin comprender nada. Luego miro a Mara que está feliz y a él que me mira burlón. Me encaro y lo miro a los ojos, casi a punto de estallar.

—¿Qué puta mierda es esta?

2

Richard

Mi cuñada, Grace, toma a su hermana de la mano y se la lleva a un despacho. Mara recoge su bolsa que la otra dejó caer en el suelo y se encoge de hombros. Me mira, después de apartarla a un lado.

Yo me siento, con mi copa de vino, divertido y pensando en esa fiera de hermana que tiene. No pueden ser más distintas. Grace es dulzura con un toque de carácter y esta mujer… es todo furia y mala leche.

—¿Qué has hecho? —dice Mara sentándose enfrente de mí. Me encojo de hombros—, a ver, que cuando estuvisteis en la boda no parecía que os llevaseis mal, vamos, lo normal.

—Resulta que tuve que defender a un tipo al que le rompió la nariz y ha tenido consecuencias neurológicas, pero al final, ella ganó. No sé de qué se queja.

—¿Hope le rompió la nariz? Algún motivo tendría.

—Sí, por tener, lo tenía, pero no son formas. Es muy violenta. Menos mal que su hermana no es así.

—Bueno, tiene sus momentos —sonríe Mara. Realmente está muy enamorada de ella—. Tal vez Grace tenía que habérselo explicado de otra forma. No tan de golpe, quiero decir, pero estaba tan emocionada que no pudo esperar más.

Acerco una copa de vino a mi hermana y ella mira preocu

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