Publicar las noticias. Resistir las presiones
El Libro de Estilo de EL PAÍS es un contrato ético con los lectores, así como con la sociedad a la que se dirige. En este caso, con las sociedades —en plural— a las que se dirige, puesto que una parte importante y creciente de los usuarios del periódico reside en el continente americano. Conforma, junto con el Estatuto de la Redacción y el Defensor del Lector, un sistema de garantías que nos permite producir información veraz, relevante e independiente, en tanto en cuanto esta no se ve condicionada por presión externa alguna.
Cada nueva edición del Libro de estilo supone a la vez un esfuerzo, un modesto triunfo y un motivo de satisfacción deontológica. A esta, la vigesimotercera, han contribuido de forma intensa decenas de profesionales, numerosos periodistas de la Redacción de EL PAÍS que han enviado sus sugerencias, defendido con tesón sus propuestas y, en general, discutido hasta la extenuación con el equipo encargado del cambio, encabezado como siempre de forma extraordinaria por Álex Grijelmo. El objetivo era simple: transcurridos seis años de la anterior edición, se nos hacía imprescindible actualizar numerosos preceptos para, quizá paradójicamente, reafirmar y adecuar a nuestro tiempo los compromisos fundacionales del periódico: modernización de la sociedad y defensa de un avance económico con progreso social, así como de los derechos ciudadanos y el respeto a las minorías.
El Libro de estilo constituye también la mejor herramienta para paliar la falibilidad de los periodistas, que es la del ser humano en general.
Un periódico es, en esencia, aquello que publica —y también aquello que no publica—, y resulta notable que las presiones que inevitablemente se producen sean igual de frecuentes y perniciosas en un sentido que en el otro. Publicar todas las noticias, resistir todas las presiones, es pues, más que un lema, una brújula moral que, junto al rigor, la profesionalidad, la honestidad y la independencia de los periodistas —independencia también de sus propias opiniones y prejuicios— permite construir un buen periódico, contribuir por extensión a la libertad de información y de pensamiento, así como controlar al poder y a los poderosos, tareas todas que cimientan las sociedades democráticas avanzadas.
Pese a la mudanza de los tiempos, esos instrumentos del buen oficio no han cambiado en lo fundamental. Desde que en agosto de 1896 un editor en Nueva York prometiera a los lectores del periódico que acababa de comprar «ofrecer las noticias de forma imparcial, sin miedo ni favoritismos, independientemente de cualquier partido, secta o intereses implicados», este lema se ha convertido en el motor, declarado o no, de los mejores. Sobre estas bases se habrá de construir el futuro, las próximas décadas en las que EL PAÍS pueda producir un periodismo vibrante, que esencialmente sirva a la sociedad, al margen de cualquier grupo de presión.
Este es mi segundo desempeño como director de EL PAÍS. En 2006, al comienzo del primero, escribí, recordando las palabras anteriores, que todo director necesita renovar ese contrato con sus lectores. Publicar todas las noticias, resistir todas las presiones. Es este un compromiso inquebrantable con sus lectores que el periódico ha ido renovando a lo largo de su vida, desde 1976, en aquellas ocasiones en que las circunstancias lo han requerido. Lo hice con la Redacción tras mi nombramiento en junio de 2020. Y quisiera con este prólogo, que celebra la nueva edición del Libro de estilo —en sí un compromiso fundamental y público— hacerlo con todos los lectores de EL PAÍS a ambos lados del Atlántico.
El periódico es independiente: no nos vamos a dejar intimidar. Pueden estar seguros los lectores de que, pese a lo incierto de los tiempos que vivimos —los desafíos a la democracia, los riesgos de inestabilidad económica, social y política, así como los ciertamente incansables intentos de control por parte del poder, gobiernos, partidos políticos, empresas, individuos, sindicatos, corporaciones y colectivos de todo tipo—, en la solidez de ese pacto no les fallaremos.
Javier Moreno
Director de EL PAÍS
Febrero de 2021
El periodismo debe adaptarse a cada rato: a los nuevos hechos de una información, a un acontecimiento repentino, a la aparición de insospechadas herramientas informáticas, a los cambios en el vocabulario y al surgimiento de neologismos, entre otras muchas posibilidades. Del mismo modo, el Libro de estilo de EL PAÍS también se modifica y se reforma, en continuas actualizaciones que se imprimen y distribuyen cada cierto tiempo.
Igualdad de derechos. Han pasado siete años desde la última edición, en 2014, y en este periodo se ha extendido aún más una conciencia general de que es necesaria la igualdad entre las mujeres y los varones en todos los terrenos legales y sociales. Eso no solamente ha repercutido en el léxico de los medios informativos, sino también en sus tratamientos de fondo y en los espacios destinados a reflejar esta realidad.
Esta edición del Libro de estilo, puesta en marcha a iniciativa del Comité de Redacción del diario, que ha participado activamente en ella, atiende a esas circunstancias y las plasma en sus páginas de una manera transversal, tanto en los principios generales del periódico como en el léxico.
Al mismo tiempo, la revolución tecnológica sigue su camino. Continuamos inmersos en el mundo de las nuevas herramientas digitales, que capacitan para acelerar la comunicación y que se han convertido en instrumento clave de un universo con información instantánea. El trabajo ya no se basa solamente en elaborar una noticia para un formato de papel. Ahora hace falta considerar en un instante si se requiere texto, o vídeo, o foto, o audio. Se trata de conseguir y editar información de calidad que adoptará después distintas salidas: en la ciberpágina del diario, en sus aplicaciones para móviles, en las redes sociales y también en el viejo soporte de papel, todavía interesante para cientos de miles de personas que hallan en esa edición el sosiego y la jerarquización requerida para la comprensión de una actualidad tan convulsa.
Cuestión de estilo. La edición anterior de este manual se publicó meses antes de que se conociera la actualización del diccionario académico (2014), y por tanto se han incorporado ahora algunas modificaciones relacionadas con ella que no pudieron aparecer entonces.
No obstante, hemos de resaltar una vez más que en este libro se establece el estilo del periódico, y que eso va más allá de aquello que se pueda considerar correcto o incorrecto. El estilo es elección, y lo constituyen las distintas opciones que un autor o un intelectual colectivo (caso de un periódico) escogen para conformar su manera de comunicarse y de actuar.
Por tanto, conviene recordar que aquí se expone el criterio que un medio decide darse a sí mismo de entre varios posibles. Sabemos que incluir es excluir, y viceversa. Pero incluir unas palabras no significa reprobar otras, sino que simplemente se eligen para determinar un estilo. Por consiguiente, las formas o posibilidades desechadas no se consideran inaceptables para el uso general del idioma español o para otros medios.
A veces se escogen algunos términos por razones tan arbitrarias como la brevedad de su escritura (con el objetivo de hacer más fácil la cuadratura del titular) o buscando que en un mismo texto no se empleen, por ejemplo, dos gentilicios o dos topónimos igualmente válidos pero que pueden desconcertar al público. En otros casos, nos mueven criterios de simple gusto, siempre opinables.
Por todo ello, este manual ofrece en cada una de sus revisiones una renovada carta de normas que EL PAÍS se da a sí mismo y que ofrece a su público como contrato ético y estético.
Ahora bien, los pilares deontológicos se mantienen edición tras edición: el rigor informativo, la verificación de los datos, el contraste de las noticias, la consulta a la persona perjudicada, la exposición de posturas divergentes, el respeto al honor, la intimidad y la propia imagen, la pluralidad de opiniones, el uso correcto del idioma, la coherencia en el léxico, corregir los errores.
La subjetividad en los géneros periodísticos. Una de las principales características de esta obra se halla en la detallada exposición de los géneros periodísticos que se usarán en el diario impreso y en el diario digital. Esa división formal se ha venido presentando en EL PAÍS como una garantía para el público. Sí, una garantía, porque los códigos tipográficos, el estilo del titular y el formato de la firma, además del epígrafe orientativo, le permitirán saber qué grado de presencia del yo se encontrará en cada caso, para que tenga la oportunidad de filtrar el tipo de subjetividad que se ha volcado en el texto.
La presencia del yo autor debe ser ínfima en la noticia, pero va aumentando en la crónica, el reportaje, el análisis, la crítica… hasta llegar al grado máximo de subjetividad en el artículo de opinión o el editorial. En cada uno de esos pasos se establecen unos límites que el público puede conocer gracias a la pequeña Constitución que se promulga con este libro.
Uso como manual. Hemos de recordar que la obra está concebida como un manual, encaminado a que quien busque una respuesta la encuentre rápidamente. Por tanto, algunas normas y definiciones aparecen repetidas. Eso sucede porque se han situado en los dos o tres lugares en que podrían suponerse, a fin de que no se produzcan intentos infructuosos.
En esta edición se han limitado las menciones de la ‘Real Academia Española’ a situaciones históricas o pasadas, pues las obras de referencia del español son elaboradas y avaladas actualmente por todas las academias hispanas. Por esta razón, se menciona con frecuencia el ‘Diccionario de las academias’, y no ‘de la Real Academia Española’. Y cuando se menciona ‘el Diccionario’, se trata por antonomasia del que elaboran estas instituciones.
A menudo se indica en el vocabulario que las academias “propusieron” determinada palabra, forma o grafía y que luego no la llevaron al Diccionario. Se trata en esos casos de ideas planteadas en el Diccionario panhispánico de dudas (2005) que finalmente no se incorporaron a la publicación principal académica (2014) por no haber adquirido un uso general. Y eso se refleja para explicar que EL PAÍS prefiera no emplear aquellas propuestas (que muchos lectores recordarán o habrán dado como buenas) debido a que no quedaron consagradas en el lenguaje común.
Como en todas las ediciones e instrucciones de estilo desde que apareció EL PAÍS, en el vocabulario se buscan alternativas a las palabras de otros idiomas que pueden sonar extrañas, ajenas al gusto del público lector y al uso correcto de la lengua, o incomprensibles para una mayoría. No se pretende con ello ninguna xenofobia lingüística, sino establecer una buena comunicación con un público hispano.
Esta edición final (y nunca definitiva) es deudora de personas como los periodistas Juan Luis Cebrián (el primer impulsor de este manual), Julio Alonso (el primer responsable del Libro de estilo, cuya edición original data de 1977), Jesús de la Serna, Miguel Ángel Bastenier, Soledad Gallego-Díaz y Camilo Valdecantos. Todos ellos, junto con los sucesivos miembros de los equipos directivos del periódico y del Comité Profesional, han contribuido a esta tarea en grupo a través de los años. El actual Libro de estilo hereda también de las versiones anteriores el trabajo de la filóloga Clara Lázaro, así como la colaboración de los expertos en nuevas tecnologías y lenguaje José Antonio Millán y Xosé Castro.
En esta última edición han participado especialmente la filóloga Pilar García Mouton y la periodista Pilar Álvarez, corresponsal de Género de EL PAÍS y, en nombre del Comité de Redacción del periódico, Ana Lorite; y se han consultado las obras que figuran en la bibliografía final. Hemos de reseñar también la minuciosa y erudita labor de los correctores de pruebas (Alfredo Blanco, Miryam Galaz, Carlos García, Javier Olmos y Ángeles San Román). A todos ellos, a la editorial Aguilar, a su director, Gonzalo Albert, y al resto del equipo, nuestra inmensa gratitud.
Álex Grijelmo
MANUAL
1
PRINCIPIOS ÉTICOS1.1. EL PAÍS se define estatutariamente como un medio independiente, nacional, de información general, con una clara vocación de europeo y especialmente latinoamericano, defensor de la democracia plural, según los principios liberales y sociales, así como de una sociedad igualitaria entre mujeres y hombres, y que se compromete a guardar el orden legal y democrático establecido en la Constitución.
En este marco, acoge todas las tendencias, excepto las que propugnan la violencia para el cumplimiento de sus fines.
1.2. EL PAÍS se esfuerza por presentar diariamente una información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad, de manera que ayude al público a entender la realidad y a formarse su propio criterio.
1.3. EL PAÍS rechazará cualquier presión de personas, partidos políticos, grupos económicos, religiosos o ideológicos que traten de poner la información al servicio de sus intereses. Esta independencia y la no manipulación de las noticias son una garantía para los derechos de los lectores, cuya salvaguardia constituye la razón última del trabajo profesional. La información y la opinión estarán claramente diferenciadas entre sí.
1.4. El medio informativo debe ser el primero en subsanar sus errores, y hacerlo lo más rápidamente posible y sin tapujos. Esta tarea recae de manera muy especial en los responsables de cada área informativa. Véanse los apartados 1.55 y siguientes.
1.4.b. EL PAÍS es un solo periódico aunque tenga dos modalidades de edición (en papel y en formato digital). Sus normas éticas rigen para ambos soportes con la misma fuerza.
Ambos productos son elaborados por periodistas, y los técnicos de toda clase que intervengan en los dos procesos no están habilitados para efectuar ninguna alteración de los contenidos en ninguno de sus elementos.
LAS FUENTES
1.5. Las informaciones de que dispone un periodista solo pueden ser obtenidas por tres vías: su presencia en el lugar de los hechos, la narración por una tercera persona o el manejo de un documento. El público lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo. Para ello, se citará siempre una fuente cuando el periodista no haya estado presente en la acción que transmite. Si la información procede de una sola persona, se hablará de ‘fuente’ en singular.
1.6. En los casos conflictivos hay que escuchar o acudir siempre a las partes en litigio. Los dudosos, de cierta trascendencia o especialmente delicados han de ser contrastados por al menos dos fuentes, independientes entre sí.
1.7. Siempre que no se haya podido localizar a una persona a quien se supone perjudicada por una información, se hará constar mediante esta fórmula u otra similar: “Este periódico intentó ayer, sin éxito, conversar con Fulano de Tal para que ofreciera su versión”.
El periodista debe evitar la argucia de ofrecer la apariencia de que ha intentado localizar a alguien sin conseguirlo.
Para ello, deberá detallar además cuáles fueron sus gestiones.
Caso de no localizar a una de las partes, el periodista intentará hablar con algún portavoz o alguien de su entorno que pueda ofrecer una versión de contraste o contrapeso.
1.8. Si una información recoge hechos radicalmente distintos según los narre una fuente o los explique otra enfrentada con la anterior, y el medio no se define en el texto por ninguna de ellas, los distintos elementos del titular procurarán equilibrar las diferentes versiones.
1.9. Frente a la tendencia a utilizar fuentes y expertos masculinos, se recomienda aspirar a la paridad también en este aspecto.
1.10. El periodista o cualquier miembro de la Redacción tienen la obligación de no revelar sus fuentes informativas cuando estas hayan exigido confidencialidad. De forma excepcional, y por causas que afecten gravemente a su honor o al prestigio profesional, podrán hacerlo, con autorización previa del director, tras escuchar el parecer del Comité Profesional.
Del mismo modo, y ante informaciones especialmente importantes, el periodista podrá dar a conocer a la dirección del diario sus fuentes informativas con el compromiso expreso de este de no revelarlas.
El secreto profesional ampara los medios de trabajo de los periodistas, como teléfonos, agendas, archivos y correos, físicos o electrónicos, que no se podrán inspeccionar sin autorización expresa del propietario o usuario.
1.11. La petición de anonimato por parte de algún protagonista de una información que colabora en ella debe respetarse cuando hay un motivo grave, pero se debe procurar que figure alguna indicación del porqué de tal exigencia: por temor a represalias, por estar obligado a mantener la confidencialidad del asunto que revela u otros análogos. Tal mención habrá de hacerse de forma que no ponga en peligro el anonimato del personaje.
No obstante, en la práctica habitual el redactor deberá esforzarse en huir de las fuentes anónimas, y citar el nombre de quienes hablaron con él.
1.12. Cuando no se pueda citar el nombre del informante, conviene huir de expresiones genéricas como ‘según fuentes consultadas’, ‘fuentes fidedignas’, ‘fuentes competentes’ o ‘dignas de crédito’ (se sobrentiende que lo son; en caso contrario, no deben utilizarse). Pueden emplearse, no obstante, fórmulas que, sin revelar la identidad de la fuente, se aproximen lo máximo posible a ella; por ejemplo, ‘fuente gubernamental’, ‘parlamentaria’, ‘judicial’, ‘eclesiástica’, ‘sindical’, ‘empresarial’ o ‘diplomática’. El periodista puede permitir que la propia fuente elija el término adecuado mediante el cual considere que no va a ser identificada, siempre y cuando ese término no resulte falso.
1.13. Hay que evitar el recurso de disimular como fuentes informativas (“según los observadores…”, “a juicio de analistas políticos…”) aquellas que solo aportan opiniones. En este supuesto, deberá identificarse a la persona consultada. En otro caso, no resulta interesante conocer una opinión si no se sabe quién la avala.
Los datos irrelevantes tampoco justifican el uso de fuentes anónimas.
1.14. Cuando en un relato se haga imprescindible omitir el nombre de alguna persona y cambiarlo por otro, esta circunstancia se advertirá al comienzo del texto.
1.15. Las relaciones con las fuentes habituales habrán de mantenerse con la distancia suficiente para que no condicionen la imparcialidad del trabajo periodístico. La independencia del periodista es un valor esencial que debe preservarse con el máximo cuidado.
1.16. Los redactores del periódico no deben hacer el vacío a un personaje o a una institución solo porque hayan tenido problemas para informar acerca de determinada noticia. Cualquier acción de protesta al respecto debe ser autorizada por la dirección. El derecho a la información es sobre todo del lector, no del periodista. Si se encuentran trabas, se superan; si estas añaden información, se cuentan; si no es así, se aguantan. Los espacios del periódico no están para que el redactor desahogue sus humores, por justificados que sean.
1.17. El hecho de que una información haya sido facilitada por una fuente con la petición de que no sea difundida (en la jerga, una información off the record) no impide su publicación si se obtiene honradamente por otros medios. De otra manera, esa confidencialidad supondría una censura externa para una información que está al alcance del periodista.
INJURIAS Y CALUMNIAS
1.18. La calumnia consiste en acusar a alguien falsamente de un delito. La injuria es un agravio o ultraje de obra o de palabra, así como la imputación de hechos que desacrediten la fama o la estimación de alguien.
La atribución de la noticia a una fuente o fuentes no exime al periodista de la responsabilidad de haberla escrito, sobre todo si se trata de fuentes anónimas que transmiten informaciones calumniosas o injuriosas.
La atribución de informaciones a fuentes claramente identificadas o su fundamentación en documentos oficiales (como resoluciones judiciales o atestados policiales) exonera al periodista de la responsabilidad de probarlas, pero no de intentar recabar, cuando sea posible, la versión del afectado.
Las informaciones que afecten al honor y la intimidad de las personas solo se publicarán si, además de estar contrastadas, responden al interés público, especialmente si sus protagonistas no tienen relevancia pública.
Una declaración hecha en público por un político y dirigida contra otro se puede difundir con rapidez sin esperar a que se disponga de la otra versión, pues se trata de un hecho de relevancia pública y de fuente identificada (todo lo cual no impide que el periodista busque cuanto antes la versión de la persona a quien se acusa).
CONFLICTOS DE INTERESES
1.19. El interés del lector, de acuerdo con el apartado 1.3, prevalece sobre cualquier otro. La mejor forma de evitar el conflicto de intereses es la transparencia interna que EL PAÍS se compromete a mantener.
1.20. En las informaciones relevantes de contenido económico o financiero referidas a cualquier empresa integrada o participada por el grupo Prisa se hará constar que se trata del grupo editor de EL PAÍS.
1.21. Los periodistas de EL PAÍS no admitirán privilegios, ni regalos cuyo valor exceda ostensiblemente de lo que pueda entenderse como un gesto de mera cortesía, de acuerdo con los usos sociales. No es posible establecer una tabla de valores, por lo que, en caso de que se suscite alguna duda, el redactor deberá someterse al criterio de la Dirección, una vez oído el Comité Profesional. Esta limitación deberá extremarse cuando el obsequio se produzca con ocasión de un hecho informativo concreto, como asambleas generales de bancos, empresas o entidades con fines lucrativos.
1.22. EL PAÍS, como norma general, no acepta invitaciones de viajes para elaborar informaciones. Las excepciones habrán de autorizarse expresamente por la Dirección del periódico. En las informaciones hechas tras aceptar una invitación, se hará constar que el viaje ha sido patrocinado y se expresará el nombre de la empresa.
1.23. Los periodistas deberán abstenerse de realizar cualquier información o trabajo periodístico que entre en conflicto con sus intereses personales, ya sean políticos, sindicales, económicos o parentales (parejas y familiares hasta de segundo grado). El redactor deberá contar con la autorización del director del periódico para cualquier tipo de colaboración con otro medio, así como para hacer trabajos remunerados cuya cuantía pueda poner en cuestión su independencia. Cuando se produzca un conflicto, el director pedirá la opinión del Comité de Redacción.
TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN
1.24. Los rumores no son noticia. Cuando el rumor sea utilizado por alguna persona o grupo como arma arrojadiza contra otro, se podrá denunciar este hecho, pero sin citar las acusaciones difundidas mediante esa argucia.
1.25. El periodista transmite noticias comprobadas, y se abstiene de incluir en ellas sus opiniones personales. Cuando un hecho no haya sido verificado suficientemente, el redactor evitará en las noticias expresiones como ‘al parecer’, ‘podría’, ‘no se descarta’ o similares. Estas fórmulas solo sirven para añadir hechos no contrastados o rumores. En ese caso deberá aportar los datos ciertos que le inducen a creer que algo ‘podría’ ocurrir o que ha sucedido ‘al parecer’.
1.26. La aparición en otro medio, antes que en el propio, de informaciones de importancia no es motivo para negarles la valoración y el tratamiento que se juzgue oportuno. Este criterio sirve igualmente para las fotografías.
1.27. Es inmoral apropiarse de noticias de autoría ajena. Por tanto, los despachos de agencia se firmarán siempre, a no ser que la noticia se confirme o amplíe con medios propios o que el texto del teletipo haya sufrido retoques que afecten al fondo de la información. En este caso, porque así se asume la responsabilidad de tales cambios.
Cuando en la edición digital se cite una información de otro medio, se establecerá un enlace que conduzca a ella.
1.28. Está prohibido reproducir ilustraciones sin autorización previa de sus propietarios o agentes. En todo caso, siempre deberá aparecer al pie el nombre de la fuente.
1.29. Las informaciones se datarán en el lugar donde el periodista ha obtenido lo principal o la mayor parte de su información, aunque en el momento de escribirla o de publicarla haya regresado ya a su residencia habitual o se encuentre en otro lugar distinto.
Está prohibido firmar una noticia, crónica, entrevista o reportaje en una localidad a la que no se ha viajado para la ocasión.
Las informaciones y crónicas escritas tras seguir una transmisión televisiva en directo se pueden firmar sin data.
SINGULARIDADES INFORMATIVAS
1.30. EL PAÍS no publica informaciones sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que contribuyan a su difusión.
1.31. Las falsas amenazas de bomba no se deberán recoger como noticia, salvo que acarreen consecuencias de interés general. Estas informaciones no hacen sino favorecer al delincuente y extender ese tipo de conductas. Los mismos criterios restrictivos se aplicarán con las pintadas y las pancartas injuriosas.
1.32. El periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también por el temor de que estas noticias inciten a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general.
La OMS recomienda a este respecto “referirse al suicidio como un hecho y no como un logro”.
1.33. En los casos de violación, el nombre de la víctima se omitirá y solamente podrán utilizarse las iniciales o datos genéricos (edad, profesión, nacionalidad), siempre que no la identifiquen. Excepcionalmente, se podrá ofrecer la identidad si la víctima expresa su voluntad favorable y tras un estudio interno del periódico sobre las posibles consecuencias.
También se emplearán iniciales cuando los detenidos por la policía o los acusados formalmente de un delito sean menores de edad (18 años).
TRATAMIENTO DE LA PUBLICIDAD
1.34. Los espacios publicitarios no se podrán utilizar para contradecir o matizar informaciones publicadas en el diario. Para estos casos existen los espacios Fe de errores, Cartas al director y el Defensor del Lector.
1.35. Se deberá comprobar la veracidad de los anuncios que entren en la esfera estrictamente individual de las personas o las familias (esquelas, desapariciones, avisos).
1.36. Nunca los intereses publicitarios motivarán que se publique una información determinada, ni condicionarán la jerarquización de una noticia o un vídeo en el diario impreso o en la edición digital. Los suplementos especiales, habitualmente monográficos, que tengan como fin servir de soporte publicitario se presentarán de forma que resulte patente su diferencia con el resto del medio. Cuando se trate de encartes informativos ajenos a EL PAÍS, se indicará en un lugar visible: “Suplemento realizado por XX [nombre de la empresa], único responsable de su contenido”. Véase el apartado 1.39.
La publicidad siempre estará diferenciada tipográficamente de los textos elaborados en la Redacción. Los tipos de letra reservados para las informaciones no se pueden utilizar en la publicidad. Los anuncios remitidos por un cliente cuyo diseño se asemeje a un medio informativo deberán incluir la palabra ‘Publicidad’.
El periódico insertará en su edición digital una explicación sobre los formatos que se usan para los contenidos patrocinados o promovidos por firmas comerciales.
1.37. Durante las campañas electorales, la publicidad política no se podrá emplazar en los espacios dedicados a esta información.
1.38. EL PAÍS no publicará ningún anuncio que fomente la prostitución o la oferta de servicios sexuales retribuidos. Tampoco se difundirá publicidad de tratamientos pseudomédicos o productos para la salud que no estén científicamente avalados por los organismos competentes.
Se rechazará la publicidad sobre productos de homeopatía o supuestos fármacos cuya comercialización no haya sido autorizada por los organismos competentes.
1.39. Tratamiento del contenido de marca. El branded content, o contenido de marca, es un formato relevante impulsado y patrocinado por empresas, instituciones, asociaciones y organismos públicos o privados.
El contenido de marca establece una relación emocional con el lector a partir de la creación y distribución de información de calidad en las ediciones impresa y digital de EL PAÍS. Estará elaborado siempre por el departamento de Proyectos Especiales formado por un equipo de periodistas y colaboradores del periódico.
El contenido de marca aplicará las normas del Libro de estilo tanto en el tratamiento de los textos y las imágenes como en la transparencia con los lectores.
En la edición impresa estará identificado como “Contenido patrocinado”.
En la edición digital, el contenido de marca estará identificado, tanto en la portada de la web como en el texto, con los siguientes epígrafes:
“Un proyecto de…”, seguido del logo y el nombre de la marca para señalar una serie de contenidos periodísticos con publicación periódica en torno a un tema.
“Contenido patrocinado”, para indicar las publicaciones esporádicas de temas que conectan las marcas con ámbitos de interés para los lectores.
“Especial publicidad”, para acciones exclusivamente de carácter comercial. Además de con el epígrafe, estarán diferenciadas tipográficamente en la portada de la web.
IMÁGENES
1.40. Está prohibida toda manipulación de las fotografías que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de defectos de revelado o de transmisión) o esté destinada a preservar la identidad de menores o personas expresa o potencialmente amenazadas. Ni siquiera se podrá invertir una imagen con el propósito de que la cara de la persona fotografiada dirija su vista a la información a la que acompaña.
1.41. Las imágenes desagradables solo se publicarán cuando añadan información. No se emplearán imágenes morbosas de las víctimas para ilustrar los casos de violencia machista, ni las obtenidas sin permiso en las redes sociales, ni se utilizarán imágenes robadas o que denigren a las mujeres en caso de reportajes sobre prostitución y trata de mujeres.
1.42. Debe extremarse el cuidado con la publicación de imágenes utilizadas como simple ilustración de contenidos de actualidad. Los redactores han de velar por que tal inserción de imágenes o ilustraciones, al ser extraída del entorno en que fueron tomadas, no dañe la imagen de las personas que aparezcan en ellas. En cualquier caso, deberá expresarse en el pie a qué fecha y situación corresponde la fotografía.
1.43. EL PAÍS no empleará el sistema de cámara oculta para obtener información mediante el engaño o la vulneración de derechos. Véanse los apartados 4.2 y siguientes.
1.44. Los montajes fotográficos o audiovisuales conocidos como ‘memes’ que se distribuyen habitualmente por las redes sociales no deben difundirse en el diario impreso ni en la edición digital cuando ridiculizan a las personas. Sí son admisibles aquellos que impliquen una crítica divertida, siempre que no lleguen a faltar al respeto, al honor y a la imagen del personaje en cuestión.
ENTREVISTAS
1.45. Los defectos de dicción o de construcción idiomática de un entrevistado —por tartamudez, por ser extranjero o causa similar— no se deben reproducir. Solo se puede reseñar en circunstancias muy excepcionales, más que nada como nota de color, pero siempre que no se ponga en ridículo a esa persona. En todo caso, se preferirá hacer mención de este defecto en la entradilla que debe preceder a toda entrevista, y de la manera más breve y respetuosa posible.
1.46. Las conversaciones, siempre que sea posible, serán grabadas. En su defecto, el entrevistador tomará notas detalladas del contenido de la entrevista. El entrevistado tiene derecho a recibir una copia de la transcripción antes de que sea publicada, para corregir expresiones que hubieren sido mal transcritas. Pero no podrá modificar el diálogo que mantuvo con el periodista, salvo que se trate de matizaciones formales que no alteren el sentido de lo que dijo. Cualquier conflicto sobre la correcta transcripción se resolverá con la grabación. De no existir esta, se concederá el beneficio de la duda a la persona entrevistada.
1.47. Salvo en situaciones muy excepcionales, no deben realizarse entrevistas mediante cuestionarios previos. Y, en ese caso, ha de advertirse al lector.
ENCUESTAS
1.48. Las encuestas o sondeos de opinión que se publiquen por encargo del propio periódico deberán acompañarse, siempre, de la ficha técnica correspondiente, de acuerdo con las normas de las empresas demoscópicas.
Cuando se recojan encuestas externas, se procurará, en la medida de lo posible, aportar alguno de esos datos, como la muestra, la fecha de realización, etcétera.
La publicación de datos parciales de una encuesta puede constituir una manipulación. Esta manipulación se produce a veces cuando la fuente facilita una parte de un sondeo pero oculta el resto. Por tanto, el periodista procurará obtener la encuesta al completo; y, en caso de no conseguirlo, advertirá al lector de que no dispone del trabajo íntegro.
EXPRESIONES MALSONANTES O VIOLENTAS
1.49. Las expresiones vulgares, obscenas o blasfemas están prohibidas. Como única excepción a esta norma se reproducirán cuando se trate de citas textuales; y aun así, siempre que procedan de una persona relevante, que hayan sido dichas en público o estén impresas y que no sean gratuitas. Es decir, exclusivamente cuando añadan información. Una palabrota pronunciada durante una entrevista no justifica su inclusión en el texto, cualquiera que sea la persona que la emitió.
1.50. Si, de acuerdo con el apartado anterior, hay que escribir una palabra o frase malsonante, esta se reproducirá con todas sus letras, pero nunca de forma abreviada: “Le llamó hijo de puta”, no “le llamó hijo de p…”. Los eufemismos del lenguaje conocido como políticamente correcto, con gran predicamento en Estados Unidos, son ajenos a nuestro entorno y no deben tomarse como pauta. Se puede usar una palabra amable (eufemismo) en vez de otra hiriente o malsonante (disfemismo) si se trata de no ofender a personas o colectividades, pero no si se pretende enmascarar la realidad. Véase ‘afroamericano’.
1.51. Nunca deben utilizarse palabras o frases que resulten ofensivas para una comunidad. Por ejemplo, ‘le hizo una judiada’, ‘le engañó como a un chino’, ‘eso es una gitanería’, ‘es una merienda de negros’, ‘le tiene un odio africano’.
1.52. Palabras de violencia. El periodista debe modular en su vocabulario habitual, y evitar en lo posible, las locuciones bélicas o violentas.
Los textos informativos sobre cualquier acontecimiento que provoque repulsa social habrán de mantener un lenguaje correcto para con los protagonistas del suceso, por muy execrable que pueda parecer su conducta.
VIOLENCIA MACHISTA
1.53. La violencia machista requiere de un gran cuidado a la hora de transmitir información y opinión, para no añadir dolor innecesario a las víctimas (en el lenguaje técnico, ‘no revictimizarlas’).
Los casos de violencia machista, en particular los asesinatos, no son sucesos ni se deben tratar como tales, sino que han de abordarse como un problema estructural. Su elaboración requiere la inclusión de contexto y datos para pasar del caso concreto al problema.
La violencia machista (término preferible frente a ‘violencia de género’) aludía inicialmente a la sufrida por una mujer y que le infligió su pareja o su expareja. El convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha frente a la violencia contra la mujer y la violencia doméstica, conocido como Convenio de Estambul, amplía la definición a la violencia cometida fuera de la relación de pareja, y considera delito todas las formas de violencia contra la mujer: la violencia física, la psicológica y la sexual, incluida la violación; la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado y la esterilización forzada.
En relación con la violencia machista, en EL PAÍS se seguirán los siguientes criterios:
1. No se debe culpar o insinuar culpa de una mujer que no haya denunciado los malos tratos sufridos (“a pesar de los malos tratos continuados, no había denunciado a su esposo”), pues en muchos casos la víctima está paralizada por el terror o condicionada por cuestiones económicas, sociales, familiares… No se puede tratar su caso como el de cualquier otra persona. De hecho, la gran mayoría de las asesinadas —tres de cada cuatro entre el millar de víctimas contabilizadas oficialmente entre 2003 y 2019 en España— no habían presentado denuncia. Asimismo, se recomienda abordar en el trabajo periodístico las razones por las que ha fallado el sistema de protección.
2. La violencia es ejercida por el autor del crimen, y en él debe recaer la acción verbal. Un varón asesina a una mujer, y no una mujer es asesinada por un varón ni muere a manos de él. El protagonismo en estos casos corresponde a quien mata, no a quien es asesinado. Las organizaciones que trabajan con mujeres maltratadas recomiendan, además, que las consecuencias que recaen sobre los agresores aparezcan en lugares destacados de la información. Por ejemplo, en el título: “Detenido un hombre tras matar a su mujer en A Coruña”.
3. Se debe evitar la sobreexposición de la víctima. No se informará sobre su intimidad ni sobre actos que habrían pasado inadvertidos de no producirse la agresión. El periodista cuidará asimismo de no esparcir sospechas sobre posibles detonantes de la acción violenta, porque pueden entenderse como atenuantes o disculpas; ni se insinuará responsabilidad en la activación de los hechos (“había bebido”, “iba sola”, “iba vestida con una falta ajustada”…).
4. Las opiniones de vecinos o allegados no son de interés informativo en la mayoría de estos casos, porque tienden a presentar la situación previa como algo normal (“no habíamos notado nada raro”, “se comportaba muy bien, es muy simpático”), cuando en verdad desconocen una parte importante de la realidad. Los testigos suelen exculparse de ese modo por no haber denunciado o no haber intervenido en la situación. Para buscar información o contexto sobre un hecho, es conveniente acudir a profesionales y expertos que puedan enmarcar y contextualizar lo ocurrido, de modo que no se presente como un acto aislado.
Se recomienda pedir a los especialistas que aclaren en estos casos, por ejemplo, cómo funciona el ciclo de la violencia (para explicar por qué hay mujeres que vuelven con sus agresores, sin culpabilizarlas a ellas).
5. Los asesinatos de los hijos (lo que se denomina ‘violencia vicaria’) forman parte de la violencia machista porque con ellos se pretende causar a la madre un daño insoportable.
6. En todo asesinato del que se haya informado se procurará hacer un seguimiento hasta que se produzca la condena, esta incluida, a fin de no transmitir por vía de silencio o de omisión la idea de la impunidad.
7. Se prohíbe la expresión “crimen pasional”.
8. Los celos o las relaciones ajenas al matrimonio, la pareja o la expareja no se deben presentar como circunstancia atenuante, ni tampoco las drogas o el alcohol. Los celos se vinculan con una idea ilegítima de propiedad sobre la otra persona; y el alcohol o las drogas, como en los accidentes de tráfico, son en estos casos una circunstancia agravante.
9. Debe extremarse el cuidado de no incluir el nombre de una víctima si ha sobrevivido a la agresión, salvo que dé su consentimiento y el periódico lo considere adecuado.
10. Toda información sobre violencia machista irá acompañada de cifras globales y del teléfono de atención a las mujeres maltratadas. En España es el 016.
Se recomienda incluir también teléfonos de atención a menores y a los allegados.
Las noticias y reportajes sobre estos casos deben añadir la cifra global de asesinadas y de menores de edad muertos desde que se recogen estadísticas oficiales. Es conveniente también informar de recursos y ayudas y visibilizar los procesos de recuperación.
11. En las noticias sobre sentencias de asesinatos machistas se recomienda incluir los nombres de la víctima y del agresor. El de ella, para humanizar su historia y reflejar el hueco que deja: no es un número más. En el caso del hombre, para subrayar su responsabilidad.
Sin embargo, en los casos no juzgados aún en los que la mujer sobreviva a la agresión, ambas identidades deberán tratarse con cuidado, sobre todo si se considera que revelar el nombre de ella puede ponerla en peligro.
SEXISMO EN EL LENGUAJE
1.54. EL PAÍS defiende la plena igualdad entre hombres y mujeres en todo el mundo, así como el respeto de todas las personas a la libertad de elección sexual. Nadie está libre de utilizar un lenguaje sexista, y por ello conviene revisar el propio texto, una vez terminado, para comprobar que no se ha empleado un lenguaje discriminatorio.
En consonancia con ello, y con el objetivo de no acentuar, sino de reducir, las discriminaciones sexuales, este Libro de estilo marca los siguientes criterios:
1. Evítese el salto semántico (según lo denominó García Meseguer) que consiste en usar un genérico que se convierte a continuación en masculino por oposición al femenino. Por ejemplo, en este caso: “Los corredores que participaron en la prueba recibieron los ánimos de sus esposas y novias, apostadas en los dos lados de la carretera”. (“Los corredores” engloba a mujeres y hombres, pero a continuación quedan excluidas estas de ese grupo, al no citarse a “novios y maridos”).
2. Las ropas de las mujeres no son más importantes que las de los hombres, y la atención periodística no debe centrarse asimétricamente en la vestimenta de reinas, princesas, presidentas, primeras ministras, ministras, consejeras, diputadas, actrices, etcétera, si no se aplica la misma óptica a los varones que concurran con ellas.
3. Hay que desconfiar de las asimetrías en el lenguaje. Por ejemplo, en las entrevistas-perfil a personas de relevancia pública en las que se ofrecen aspectos personales y profesionales, se deben plantear tanto a mujeres como a varones preguntas sobre su conciliación familiar, y no solamente a las mujeres. (“¿Cómo se las arreglará para desempeñar este cargo, si tiene tres hijos?”).
4. Las duplicaciones de género (“premiados y premiadas”, “niños y niñas”) no son necesarias para la comprensión del mensaje periodístico, que se basa en la concreción y la agilidad de escritura. Se trata de posibilidades de cortesía y de señas de identidad que son válidas en el discurso público, pero inconvenientes en un periódico.
5. La sustitución de las duplicaciones por sustantivos abstractos (“Consejo General de la Abogacía” en vez de “Consejo General de Abogados y Abogadas”, “el profesorado” en lugar de “los profesores y las profesoras”) puede servir en unos casos, y se permiten si no resultan excesivamente forzados; pero no en otros. No es lo mismo “los problemas de los niños y las niñas” (la falta de colegios en un caso concreto, por ejemplo) que “los problemas de la infancia” (los inherentes a esa etapa de la vida); o “los problemas de los docentes y las docentes” (su escasa remuneración, pongamos por caso) que “los problemas de la docencia” (cómo ejercerla con eficacia). Del mismo modo, no se puede sustituir “encontré a mis vecinos” por “encontré a mi vecindad”, ni “me lo han dicho cinco jefes” por “me lo han dicho cinco jefaturas”.
EL PAÍS no asume editorialmente el genérico formado sobre el morfema ‘e’: ‘niñes’, ‘periodistes’, ‘amigues’, que por otro lado coincide en muchos casos con el genérico habitual (“cinco jueces”, “mis profesores”, “jefes de producto”, “productores, directores y diseñadores están de acuerdo”). El director del diario podrá autorizar excepcionalmente esta opción si algún colaborador externo usa esas formas en un artículo estrictamente de opinión. Sin embargo, no podrán publicarse textos que acudan para ese fin a signos como la ‘x’ o la arroba: “Lxs lectorxs” o “l@s lector@s”.
6. Sí se dan a veces usos abusivos del masculino genérico, sobre todo con la palabra ‘hombre’. Debido a su continua presencia en castellano como equivalente de ‘varón’, a menudo produce confusiones, principalmente al emplearse en singular: “El hombre llegará a Marte” (el ser humano), “el hombre mejora su oído en la selva” (¿el varón?, ¿las personas?). Cuando se perciba esa ambigüedad, deben escribirse opciones como ‘la humanidad’, ‘la gente’, ‘los seres humanos’, ‘la persona’, ‘las personas’ y otras similares que se refieran a varones y mujeres. Si no se trata de términos que abarquen ambos sexos, dígase (en vez de ‘el hombre’ y ‘los hombres’) ‘el varón’ o ‘los varones’ a fin de no inducir a confusión.
Véanse en el vocabulario las entradas ‘gestación subrogada’, ‘vientre de alquiler’, ‘lío de faldas’, ‘consolador’, ‘ginopia’, ‘mujer’, ‘mandona’.
CORRECCIONES DE ERRORES Y DERECHO AL OLVIDO Y A LA RECTIFICACIÓN
1.55. Fe de errores. El periódico debe ser el primero en subsanar los errores cometidos, y hacerlo lo más rápidamente posible y sin tapujos. Esta tarea recae de manera muy especial en los responsables de cada área informativa. No obstante, todo redactor tiene obligación de corregir sus propios originales.
1.56. Los duendes de imprenta no existen. Tampoco los hay en la Redacción. Cuando se comete un error, se reconoce llanamente, sin recursos retóricos.
1.57. Errores en la edición impresa. La Fe de errores —se hayan cometido en el diario o en alguno de sus suplementos— se publicará siempre en las páginas de Opinión, al final de las Cartas al director.
1.58. Errores en la edición digital. La Fe de errores se añadirá al final de la información o artículo corregidos, sin apostillas ni comentarios. En las informaciones en las que se hayan deslizado equivocaciones graves o significativas se añadirá además al comienzo el siguiente aviso: “Este texto ha sido corregido mediante fe de errores, que figura al pie”.
1.59. Estas correcciones se vincularán de ese modo con las noticias en el momento en que el periódico sea consciente del error, incluso aunque hayan pasado años desde la publicación inicial.
1.60. Derecho al olvido. Las informaciones archivadas y con acceso desde la edición digital que den cuenta de investigaciones, imputaciones, acusaciones, detenciones, encarcelamientos o condenas que hayan sido revocados por una decisión policial o judicial posterior deberán contener una advertencia al respecto y un enlace con la última información disponible sobre el caso, si la persona afectada lo solicita así.
1.61. EL PAÍS aplicará los siguientes criterios a los casos en que un particular, en aplicación del llamado derecho al olvido, reclame el borrado de una noticia, crónica o reportaje veraz que afecte a su imagen:
1. Nunca se producirá el borrado de los archivos digitales de EL PAÍS, pero se puede considerar la posibilidad de ocultar esa información a los buscadores de internet.
2. La información debe haber sido publicada más de 15 años antes del momento en que se reclama su borrado.
3. La información ha de perjudicar a la persona reclamante en su vida familiar o profesional. Quedan excluidos los cargos políticos y los candidatos a ellos.
4. No se considerarán las reclamaciones que afecten a hechos que figuren en sentencias firmes de los tribunales de justicia y se refieran a actos de violencia.
REDES SOCIALES
1.62. Obtención de informaciones. Las redes sociales solo podrán servir como única fuente de información cuando se trate de cuentas oficiales o verificadas de organismos o de personas con relevancia pública que aporten información sobre sí mismos o sobre su ámbito de competencia.
1.63. En el resto de los casos, pueden utilizarse como primera fuente de una noticia o de un reportaje, pero siempre con verificación o confirmación posterior y mediante contraste de posiciones si se da una situación conflictiva.
Tanto en el primer supuesto como en el segundo se atribuirá siempre el origen al usuario que corresponda.
1.64. Los derechos de autor no decaen en las redes sociales. Quien difunde una obra propia en esas plataformas (trátese de un comentario, un texto literario, una fotografía, un vídeo, etcétera) sigue siendo su dueño. Por tanto, debe contarse con su permiso para cualquier uso comercial o informativo.
1.65. Los comentarios y opiniones en las redes sociales son de dominio general cuando se trata de personas de relevancia pública y no se invade su intimidad al reproducirlos.
1.66. Se recomienda que al obtener una información de personas públicas o de un organismo relevante se hagan capturas de pantalla para respaldar el origen de los datos extraídos, ante el riesgo de que sean borrados con posterioridad.
1.67. Las redes sociales son una fuente de información más. Su uso está amparado por el derecho a difundir información veraz, con los límites marcados por el Tribunal Constitucional.
1.68. También se puede difundir información obtenida en las redes si el titular de la cuenta utilizada concede su permiso expreso; o si se entiende implícito porque resulta evidente que desea una difusión más allá de la propia red.
1.69. No se usarán imágenes de una víctima de un delito o de un accidente tomadas de las redes sociales, salvo si han sido facilitadas o aprobadas por ella o, en caso de fallecimiento, por familiares o allegados, con especial rigor y comprobación en los casos de víctimas de violencia machista.
1.70. Sin destripe. Los mensajes transmitidos desde las cuentas oficiales del periódico para difundir artículos de opinión o literarios publicados en él deben cuidar de no destripar su final o conclusión, pues eso arruina el efecto estilístico o de sorpresa que debe buscar el autor. Pueden reproducir el título y, en su caso, el subtítulo o sumario, o algún aspecto del texto, pero nunca el último párrafo.
2
NORMAS DE ESCRITURACRITERIOS GENERALES
2.1. Uso del idioma. El propósito al redactar cualquier texto periodístico es comunicar hechos e ideas a un público heterogéneo. Por tanto, el estilo de redacción debe ser claro, conciso, preciso, fluido y fácilmente comprensible, a fin de captar el interés del público.
2.2. Los periodistas han de escribir con el estilo de los periodistas, no con el de los políticos, los economistas o los abogados. Los periodistas tienen la obligación de comunicar y hacer accesible al público en general la información técnica o especializada. La presencia de palabras eruditas no explicadas refleja la incapacidad del redactor para comprender y transmitir una realidad compleja. El uso de tecnicismos no muestra necesariamente unos vastos conocimientos, sino, en muchos casos, una notable ignorancia.
2.3. Los periodistas deben llamar a las cosas por su nombre, sin caer en los eufemismos impuestos por determinados grupos. Así, por ejemplo, al ‘reajuste de precios’ deberá llamársele ‘subida’; y a la ‘reforma fiscal’, ‘aumento de impuestos’, y nunca una policía ‘tuvo que’ utilizar medios antidisturbios, sino que, simplemente, los utilizó.
2.4. Este Libro de estilo está dirigido a que los periodistas hagan un buen uso del castellano, pero sus indicaciones se pueden tomar de manera analógica para aplicarse a cualquier otra lengua que se emplee bajo la cabecera de EL PAÍS, si bien en tales casos regirán las normas ortotipográficas de esos idiomas.
Por regla general, no deben utilizarse palabras de lenguas distintas a aquella en la que se escribe, mientras existan otras sinónimas en ella. Esta norma no tiene más excepciones que las expresamente recogidas en este libro.
El criterio seguido consiste en aceptar las palabras no castellanas impuestas por su uso general, gran parte de las cuales se escriben en redonda (por ejemplo, ‘squash’); las que no tienen una traducción exacta (por ejemplo, ‘impeachment’, el ‘green’ del golf) y las que, de ser traducidas, perderían parte de sus connotaciones (por ejemplo, ‘ikastola’, ‘geisha’, ‘calçots’).
Español global. EL PAÍS entiende el idioma español como la suma de todas sus variedades, y por tanto cualquier giro o vocablo es válido si está asentado en alguna de ellas. No obstante, y en aras de una correcta comprensión por el público en general, se aclararán los términos que presumiblemente no vayan a ser entendidos por la mayoría de los destinatarios, aunque se trate de palabras recogidas en los diccionarios de las distintas academias de la lengua.
El léxico del idioma español es más comprensible por un público panhispánico cuanto más se acerca a la norma culta; es decir, cuando se aleja de localismos, vulgarismos o jergas. Por tanto, los periodistas de EL PAÍS aspirarán a expresarse con elegancia en un registro alto de la lengua cuando su mensaje exceda los límites de su ámbito local, sin que eso signifique emplear palabras técnicas o eruditas que son incomprensibles para la mayoría de los lectores (salvo si se explica su significado).
Cómo tratar al lector. Como regla general, los redactores no deben dirigirse al lector desde los textos o desde los titulares, ni de tú ni de usted. En lugar de titulares como “Lo que debes saber para cuidar tus plantas”, escríbase “Lo que hay que saber…”; en vez de “Ocho lugares que debes visitar en Londres”, titúlese “Ocho visitas imprescindibles en Londres”. No se escribirá “como ustedes ya saben”…, sino “como los lectores ya saben”… Ese tipo de fórmulas de trato directo al lector se reservarán para comunicaciones institucionales o comerciales del propio periódico. También se pueden emplear en alertas o avisos como “Siga en directo la conferencia de prensa del presidente del Gobierno”. Pero nunca desde el titular de la noticia.
2.5. Las palabras no castellanas se escriben en cursiva, excluidas las voces latinas muy usuales y las excepciones recogidas en el Libro de estilo, y, desde luego, con la acentuación, el género o los plurales que les corresponden en su idioma original, siempre que se escriban en él con el alfabeto latino.
2.6. Los términos empleados deben ser comunes, pero no vulgares. Cuando haya que incluir vocablos poco frecuentes —por pertenecer a otra lengua, por estar en desuso o por ser excesivamente técnicos—, se explicará su significado.
2.7. Las frases deben ser cortas, con una extensión máxima aconsejable de 20 palabras: “La frase corta alarga la vida laboral del redactor” (Daniel Samper, periodista colombiano).
“Sujeto, verbo y complemento” es regla de oro. No obstante, conviene variar la longitud y estructura de las frases y los párrafos. Es una forma de mantener el interés. Cambiar la forma, el orden y los elementos de las frases resulta más importante incluso que variar su longitud. Repetir la misma estructura es el camino más seguro para aburrir al público.
El empleo de las normas básicas de este Libro de estilo no implica el uso de una escritura uniforme en todo el diario, puesto que son compatibles con la riqueza, la variedad y el estilo personal.
2.8. Es preferible utilizar los verbos en activa y en tiempo presente. Esto acerca la acción al lector.
2.9. Referencias temporales. En las informaciones quedarán bien claras las circunstancias de tiempo en que se produce la noticia, a ser posible de modo que ello sirva para todos los soportes informativos y permita que un texto pase de uno a otro sin necesidad de correcciones en este aspecto.
Para ello, el lector, independientemente del soporte en el que vea las noticias, debe tener a su alcance con facilidad una referencia a la fecha de publicación original del texto, la foto o el vídeo, incluyendo el día de la semana.
Por tanto, en las piezas publicadas en soportes electrónicos se hará constar siempre la fecha original en la que fueron difundidos por vez primera, independientemente de que se añada el dato de cuándo se produjo la última actualización del texto o de alguno de los elementos que lo acompañan. Véanse los apartados 3.35, 3.36 y 7.7.
Las referencias temporales dentro de las informaciones o artículos de la edición digital seguirán preferentemente esta fórmula: ‘este jueves’, ‘este lunes’ o ‘señaló a mediodía del martes’.
Hay que cuidar de que el uso del presente no convierta en falsa una información en el diario impreso, como consecuencia del tiempo transcurrido desde que la noticia fue escrita hasta su llegada al lector. Por ejemplo, “el diputado sigue en estado crítico” (puede que ya haya fallecido o que haya mejorado).
Lo mismo puede ocurrir con tiempos en pasado que se utilizan cuando la acción no se ha desarrollado aún pero se confía en que se haya producido cuando se publique el periódico impreso: “La tenista ha jugado esta madrugada la final en Estados Unidos” (quizá se lesionó en el último entrenamiento, quizá se suspendió por la lluvia).
Para estos casos, dígase “el diputado seguía anoche en estado crítico” y “la tenista habrá jugado esta madrugada la final”.
2.10. Cuando se haga referencia a una fecha de publicación ya cumplida, habrá de especificarse si se trata del día en que determinado texto se publicó en la Red o bien en el que apareció en el diario impreso; puesto que pueden darse diferencias entre ambos momentos.
2.11. Si en una información se hace referencia a un día anterior, siempre que se trate de la misma semana se preferirá la mención concreta de ese día (‘el martes día 17’) al uso de un adverbio (‘anteayer’).
2.12. Rigor. La información debe ser exacta. Hay que evitar expresiones como ‘varios’, ‘un grupo’, ‘algunos’, ‘numerosos’, ‘un montón de’…, para sustituirlas por datos concretos.
2.13. En los casos conflictivos hay que escuchar o acudir siempre a las dos partes en litigio. Véanse los apartados 1.6 al 1.14.
2.14. No hay que abusar de frases como ‘declararon a EL PAÍS’, ‘según ha podido saber EL PAÍS’ ni de otras similares. Expresiones como estas deben reservarse para las informaciones de carácter exclusivo o excepcional; y no pueden sustituir a la referencia a una fuente.
2.15. Las referencias a que una información, una entrevista, etcétera, se han obtenido “en exclusiva” u otras fórmulas análogas están prohibidas. Tener una información en primicia o exclusiva es algo que puede enorgullecer íntimamente al periodista, pero que no debe traspasarse al lector. Ya se encargará él, si así lo considera, de valorar este esfuerzo informativo.
2.16. Las dificultades que haya padecido el redactor para obtener los datos de su información tampoco interesan, salvo cuando tales trabas son noticia en sí; es decir, cuando añaden información.
2.17. El autor de un texto informativo debe permanecer al margen de lo que cuenta, por lo que no podrá utilizar la primera persona del singular ni del plural, salvo casos excepcionales autorizados por el responsable de la sección. Si todo el texto se basa en la primera persona, se considerará la oportunidad de titularlo en cursiva.
Tampoco empleará expresiones como ‘en nuestro país’, puesto que el periódico se lee también fuera de España, o en España por personas extranjeras. El adjetivo posesivo ‘nuestro’ incluye en ese caso al lector y al informador, las dos personas que se comunican, y el lector no tiene por qué ser español (y en algunos casos tampoco el periodista).
2.18. Edad. Los años que tenga el protagonista de una noticia, entrevista o reportaje constituyen un dato informativo de primer orden. Por tanto, debe incluirse siempre, a no ser que se trate de una noticia sobre un personaje sobradamente conocido. En ocasiones, además de la edad, son datos relevantes el estado físico o anímico del personaje.
No hay que confundir la edad con el año de nacimiento. Se debe escribir “Mengana, de 63 años” y no “Mengana, 1958”. Esta segunda opción obliga al lector a hacer el cálculo para averiguar la edad, ejercicio que corresponde al periodista.
2.19. Se deben evitar expresiones tan desafortunadas (y frecuentes) como ‘una joven de 33 años’. La norma es la siguiente: bebé, menos de un año; niña o niño, de 1 a 12 años; joven y adolescente, de 13 a 18 años; hombre o mujer, más de 18 años. Los términos ‘anciano’ o ‘anciana’ se emplearán muy excepcionalmente, y más como exponente de decrepitud física que como un estadio de edad. En tales casos, sosláyense con expresiones como ‘un hombre de 83 años’.
2.20. Vaya entre comas o entre paréntesis, no debe suprimirse la preposición de delante del número con los años de la persona. Ejemplos: ‘Juan López, de 25 años’, o ‘Juan López (de 25 años)’, pero no ‘Juan López, 25 años’ ni ‘Juan López (25 años)’.
2.21. Citas. Jamás debe escribirse que un personaje ha insinuado algo si no se reproduce a continuación la expresión textual, de modo que el lector pueda corroborar la interpretación del periodista o discrepar de ella.
2.22. Las citas o reproducciones literales de un texto irán entrecomilladas, no en cursiva. Hay que distinguir entre lo que es una cita textual y lo que es parafrasear un dicho.
2.23. La cita de una frase escrita o pronunciada en un idioma distinto al castellano no obliga a escribirla en cursiva; la cursiva se emplea para los neologismos o palabras sueltas no castellanas, pero no con frases enteras.
Se recomienda no abusar de citas en lengua no castellana. Se supone que la persona que escribió o pronunció una frase, si no habla español, lo hizo en su idioma (lo noticiable sería exactamente lo contrario). La escritura en otra lengua impediría al lector monolingüe la comprensión del texto. La norma es igualmente válida, o especialmente válida, en los gritos o lemas, en casos como el de una manifestación. Si aun así se hace una cita en una lengua distinta al castellano — por ejemplo, para aclarar o matizar lo dicho—, entonces se añadirá la traducción entre paréntesis. Asimismo, deben traducirse las pancartas y letreros que se ven en una foto cuando sean relevantes.
2.24. Si una cita encierra otra, la primera llevará comillas dobles; y la segunda, simples. En el caso de que el principio o el final de las dos citas sea el mismo, solo se usarán las comillas dobles.
2.25. Es una incorrección sintáctica emplear que cuando se hace una cita en estilo directo. Ejemplo: “Marine Le Pen dijo que ‘yo voy a garantizar el orden”. Para expresar las palabras tal como fueron dichas no debe utilizarse el que, y sí los dos puntos y las comillas. Ejemplo: “Marine Le Pen dijo: ‘Yo voy a garantizar el orden”.
En cambio, en estilo indirecto sobran estos dos signos ortográficos, y debe ponerse que. Ejemplo: ‘Marine Le Pen dijo que ella va a garantizar el orden’. Véase el apartado 13.30.
2.26. Moneda. Para los textos en una lengua española, las cantidades en moneda ajena se traducirán siempre a su equivalente en euros. Primero, la cantidad en moneda ajena; y después, entre paréntesis, su equivalencia. Cuando en una información se incluyan varias cantidades en una misma moneda y siempre que se trate de cifras redondeadas, bastará con poner la equivalencia en el primer caso. Las reconversiones monetarias no realizadas en la Redacción, recogidas en otras fuentes, deben comprobarse por sistema.
En los textos propios de las ediciones de América deberán incorporarse equivalencias en dólares.
El milliard del francés, el miliardo del italiano y el billion de Estados Unidos y el Reino Unido equivalen a un millar de millones.
2.27. Medidas. Las cantidades de peso, longitud, superficie o volumen no deben expresarse en cifras inferiores a la unidad, sea cual fuere esta. Se prefiere escribir ‘nueve milímetros’ a ‘0,9 centímetros’. Otra cosa es que la cantidad contenga una fracción; por ejemplo, ‘11,200 kilogramos’.
Tampoco deben emplearse las abreviaturas. Lo correcto es escribir ‘90 centímetros’ y no ‘90 cm’. Las abreviaturas solo pueden usarse en tablas o cuadros estadísticos.
2.28. Los textos periodísticos transmitidos a la Redacción deben ir encabezados por un titular, independientemente de que este pueda ser modificado después en el proceso de edición.
3
GÉNEROS PERIODÍSTICOSNOTA EXPLICATIVA
3.1. La división de los géneros informativos y su correspondencia con un código tipográfico que los diferencie (véase el apartado 5.22) constituye una garantía para el lector. Se trata de permitirle distinguir qué grado de presencia personal del periodista se da en cada uno de ellos. Así, la presencia del autor es mínima en la noticia, pero máxima en el artículo de opinión. Entre ambos géneros se clasifican términos intermedios como las crónicas, los reportajes, las entrevistas, los análisis, las críticas…, cada cual con una menor o mayor intervención del autor, una menor o mayor influencia de su visión personal en lo que transmite. De este modo, el lector tiene la posibilidad de saber ante qué grado de subjetividad se encuentra en cada texto.
3.2. Los contenidos que se publican en EL PAÍS son, a rasgos generales, de trece tipos, ordenados de menor a mayor presencia personal del periodista:
INFORMACIÓN
— Noticia
— Directos en la edición digital
— Documentación
— Entrevista de declaraciones
— Reportaje informativo
INTERPRETACIÓN
— Crónica
—Entrevista perfil – pregunta-respuesta
— Perfil o entrevista perfil con declaraciones intercaladas
— Reportaje interpretativo
— Análisis
OPINIÓN
— Crítica
— Cartas al director y comentarios
— Artículo de opinión, columna, tribuna, blog, editorial
DEFINICIONES
— Noticia: información sin interpretación.
— Directos: información al instante y sin interpretación.
— Documentación: información de antecedentes.
— Entrevista de declaraciones: reproducción fiel de la conversación, resumida; sin interpretación.
— Reportaje informativo: información con descripción.
— Crónica: información con interpretación.
— Entrevista perfil – pregunta-respuesta: diálogo más interpretación.
— Perfil y entrevista perfil: interpretación, descripción y, en su caso, declaraciones.
— Reportaje interpretativo: descripción más interpretación.
— Análisis: interpretación basada en información.
— Crítica: elogio o censura de una obra artística.
— Cartas, artículos de opinión, tribunas, blogs, editoriales: opinión y juicios.
3.3. En la información priman los hechos. En la interpretación prima el marco en que suceden los hechos. En la opinión prima el juicio que nos merecen los hechos.
NORMAS GENERALES DE LA NOTICIA
3.4. El género noticia. La noticia y la narración en directo son información sin interpretación. En ellas se narran hechos que se suponen nuevos para el lector, mediante un relato ecuánime y sin implicación personal del periodista.
La noticia, como la crónica, se construye solo con datos relevantes, y se evitan los accesorios (a diferencia del reportaje).
3.5. Pirámide. En un texto informativo, el uso de la técnica de la pirámide invertida (de mayor a menor interés) es conveniente, pero no obligatorio. Siempre se comenzará por el hecho más importante, que estará recogido, a su vez, en el título. No obstante, el párrafo siguiente puede constituirlo una frase que explique la entradilla o contenga los antecedentes necesarios para comprender el resto del artículo, rompiendo así la relación de hechos. Lo mismo puede ocurrir con párrafos sucesivos.
3.6. Entradilla. La entrada o entradilla es el primer párrafo de la noticia. Esté diferenciada tipográficamente o no, contiene lo principal del cuerpo informativo, pero no deberá constituir un resumen o un sumario de todo el artículo. Debe ser lo suficientemente completa y autónoma como para que el lector conozca lo fundamental de la noticia solo con leer el primer párrafo. De él se desprenderá necesariamente el título de la información. Su extensión ideal, unas 60 palabras.
3.7. El primer párrafo no debe contener necesariamente (aunque sí es conveniente) las clásicas respuestas a las preguntas ‘qué, quién, cómo, dónde, cuándo y por qué’. Estas seis respuestas pueden estar desgranadas a lo largo de la información —lo cual requerirá dos o, quizá, tres párrafos—, pero siempre según la mayor o menor importancia que cada una de ellas tenga en cada caso.
3.8. Hay algunas formas de entradilla que dificultan el enganche con el público:
— Una larga cita entrecomillada (o ‘entrecomillado inverso’), que obliga al lector a esperar varias líneas para saber quién es el autor de la frase. Ello quita interés al entrecomillado, puesto que no se recibe el valor añadido que implica saber a quién corresponden esas palabras. Solo es válido este recurso —y aun así poco recomendable— cuando recoge una frase breve y contundente: “Es espantoso, está muerto’, sollozó Carmen Serna al acariciar el cuerpo de su marido”.
— La ‘entradilla inversa’, que ordena los elementos de manera opuesta al lenguaje más natural. Por ejemplo, este caso: “Pese a las conocidas maniobras desde las filas del partido contra su liderazgo, ningún observador político ni periodístico se arriesga a vaticinar la caída de David Cameron”. En ese texto, el lector se encuentra palabras consecuentes (como “su liderazgo”) cuyo antecedente aún no conoce, lo cual dificulta la comprensión. Lo ideal es comenzar con el sujeto: “Ningún observador político ni periodístico se arriesga a vaticinar la caída de David Cameron a pesar de las conocidas maniobras…”.
— La entradilla de estilo notarial de narración (descripción puramente factual de hechos). Un ejemplo es el siguiente: “El Consejo de Ministros decidió ayer, 30 de diciembre, conceder una ayuda de 600 millones de euros para los damnificados por las últimas inundaciones…”. Esta fórmula se debe sustituir por algo más imaginativo, donde se destaquen las consecuencias de los hechos; así: “Los damnificados por las últimas inundaciones podrán reparar sus casas sin recurrir a créditos bancarios, gracias a las ayudas que aprobó ayer el Consejo de Ministros por un importe de 600 millones de euros”.
3.9. Lo mejor es que una información y una crónica (también un reportaje) comiencen con un sujeto, porque ello hace más fácil la primera comprensión del lector. Por tanto, un texto informativo no debe empezar con un adverbio o locución adverbial —excepto el adverbio ‘solo’ si su cambio de orden modificase el sentido— ni con un complemento circunstancial. No porque sea algo incorrecto, sino porque dificulta la lectura precisamente en el momento en que debería producirse el enganche del lector. Posteriormente, en otros párrafos, puede emplearse con cuidado este recurso para variar la estructura de las frases y no hacerlas repetitivas.
3.10. En una noticia (no así en un reportaje) es conveniente escribir primero el titular, porque eso facilita la redacción de una entradilla directa y concisa. Redactores y colaboradores deben entregar sus textos encabezados por un título, independientemente de que este se pueda modificar después en el proceso de edición.
3.11. Cuerpo informativo. El cuerpo de la noticia desarrolla la información con todo tipo de elementos complementarios; incluye los datos que no figuran en la entrada, explica los antecedentes y apunta las posibles consecuencias. Esto no significa que se puedan incluir opiniones partidistas o juicios de valor sobre lo que se narra.
3.12. Entrada y cuerpo de una información no deben superar, salvo casos excepcionales, las 900 palabras. La narración de los hechos y de los datos se hará sin pretender contarlo todo a la vez. Hay que buscar una cadencia que no dé la sensación de barullo.
3.13. Siempre ha de escribirse cada párrafo de una noticia como si fuera el último. Al término de cada párrafo, la noticia debe tener unidad en sí misma; no puede quedar coja o falta de alguna explicación. Esto permitirá cortar y reajustar el texto sin problemas y con rapidez en el caso de que sea necesario.
3.14. El principal objetivo al escribir una información es mantener el interés del lector hasta el final. Para ello hay que unir con suavidad, mediante las partículas apropiadas, las ideas afines.
Cada parte de un reportaje o crónica debe ser consecuencia lógica o ampliación de la parte anterior.
3.15. Ningún párrafo debe constar de más de 100 palabras.
3.16. Edición. Todos los textos informativos, salvo excepciones justificadas por la urgencia, se deben editar (es decir, han de supervisarse) por otro periodista.
3.17. El editor de un texto debe trabajar con la mentalidad de que la información explique lo que ocurre, sin omitir detalles importantes para la correcta comprensión de quienes no conocen directamente el asunto.
3.18. Un texto informativo debe explicarse en sí mismo. Ha de estar concebido de manera que el lector no necesite recordar los antecedentes para comprender la información que se le ofrece.
3.19. Cada noticia debe escribirse como unidad informativa, sin sobrentenderla ligada a otros textos, ni siquiera cuando figuren anejos (despieces o documentaciones).
3.20. Los despieces no son un texto sobrante que se recoloca en otra caja, sino que se escribirán para complementar a la información, entrevista o reportaje principal; y deben tener un sentido unitario, intencionado y específico, así como la correspondiente firma. Véase el apartado 3.49.
3.21. Hay que ofrecer al lector todos los datos necesarios para que comprenda el entorno de los hechos que se narran. El número de habitantes de una localidad es un dato importante en cualquier información que se refiera a ella. No basta con informar de un cierre de comercios en una ciudad en protesta por un atentado, por ejemplo. Habrá que detallar cuántos comercios tiene esa población y cuántas personas están empadronadas en ella.
3.22. El rigor del dato es fundamental en las informaciones. No basta con escribir que un grupo de agricultores ha tomado el Ayuntamiento; habrá que precisar de cuántos se trataba. Si se informa de unas jornadas de estudio, se debe especificar el número de asistentes, los países o regiones de los que proceden. Si se escribe “los alumnos de tres facultades han protestado por…”, debe precisarse cuántos son en total los estudiantes afectados y cuántos de ellos han participado en la protesta. Si se indica que “las asociaciones de vecinos de la localidad han difundido un comunicado”, habrá de señalarse si son todas las asociaciones, o cuántas de ellas, y a cuántos vecinos representan del total de habitantes. En lugar de describir a un personaje como un hombre alto, será mejor precisar que mide 1,90 metros.
Los mismos criterios han de aplicarse para asambleas, concentraciones y reuniones masivas.
3.23. A la hora de informar sobre hechos de matiz político acaecidos en un municipio es primordial ofrecer la composición del Ayuntamiento y citar el partido al que pertenece el alcalde. No es lo mismo una actitud vecinal de protesta ante una medida del Gobierno central o del Gobierno vasco, como ejemplos, si los habitantes son mayoritariamente electores del PP (en el caso de que ese sea el partido en el Ejecutivo central) o si dieron sus votos al PNV.
3.24. Las informaciones deben personalizarse; la profesión o cargo que desempeña el protagonista de la noticia, su edad y demás circunstancias personales son elementos noticiosos de primer orden.
3.25. La fría relación de personas asistentes a un acto raramente interesa, salvo que sea significativa en un caso muy concreto. Véase el apartado 8.17.
3.26. Cuando en una noticia se mencione una sociedad u organización cuyos fines sean asistenciales, de protección o ayuda, o se anuncie un acto público de iguales características, la dirección de la sede o del local donde vaya a celebrarse tal acto deberá incluirse en la noticia, escrita entre paréntesis, como un dato informativo más. Nunca cuando pueda suponer una convocatoria por parte del periódico o parezca publicidad encubierta.
3.27. Los ejemplos de distancia entre dos puntos se pondrán con ciudades españolas, expresados en kilómetros por carretera; y en kilómetros en línea recta, a partir de una ciudad española, cuando el caso sobrepase los puntos extremos peninsulares. Esta norma es válida incluso en temas extranjeros o escritos por un extranjero; al lector medio español no le dice nada la distancia que hay entre Nueva York y Baltimore, o entre Moscú y Samarcanda.
En las ediciones o versiones para América Latina pueden usarse como comparación ciudades conocidas de ese continente.
3.28. Manifestaciones. En las manifestaciones de asistencia fácil de calcular (centenares, algunos millares) hay que incluir directamente el número de participantes, al margen de dar también las cifras facilitadas por la policía o los organizadores.
3.29. En las grandes manifestaciones, si el periódico ofrece un cálculo propio, explicará el método utilizado (preferentemente, el espacio ocupado por los manifestantes multiplicado por una media de personas por metro cuadrado). Esto no impide aportar también los cálculos de los organizadores y la policía, a ser posible con la fórmula que han empleado a su vez. El número de personas por metro cuadrado es muy raramente superior a dos cuando la manifestación está en marcha.
3.30. Las fotos cenitales (desde edificios altos, por ejemplo) servirán de gran ayuda para establecer ese cálculo, especialmente en las zonas alejadas de la cabecera en las que se pueden apreciar claros entre los manifestantes, lo que puede llevar a rebajar la cifra por metro cuadrado. Véase el apartado 4.7.
NORMAS PARA LA NOTICIA EN LA EDICIÓN DIGITAL
3.31. Enlaces. Los hipervínculos o enlaces insertados en el texto de la noticia son uno de los elementos diferenciales en internet: aportan más información y referencias, ayudan a la contextualización y también aumentan el tiempo de navegación. Los hipervínculos, además de a textos de EL PAÍS, pueden enlazar con otras webs. La noticia, pues, no acaba en el texto, tiene más recorrido. Y el propio autor puede sugerir otros elementos: fotogalería, vídeo, gráfico, encuestas, entrevistas digitales, etcétera.
No obstante, el redactor o el editor han de escoger cuidadosamente los enlaces: cuando aporten información pertinente para el asunto concreto que se cuenta; cuando sirvan de referencia original para una declaración que se reproduce en el texto, y en todo caso cuando conduzcan a un punto de destino que le sería difícil de hallar al lector o le procuraría cierta demora.
3.32. No han de enlazarse, por tanto, páginas obvias o irrelevantes. Por ejemplo, si se cita el informe de un organismo internacional, no se debe incluir la página principal que este tenga en internet, sino el documento exacto al que se refiere la información. Y si se cita un periódico, debe enlazarse el texto concreto y no la portada.
3.33. Las palabras subrayadas en un enlace deben ser la menor cantidad posible, de forma que el lector intuya con facilidad qué información se va a encontrar si pulsa en ellas.
3.34. Los enlaces no siempre son neutrales, pueden tener diversos efectos de los que se debe cuidar. Los hipervínculos constituyen, por tanto, un factor semántico, forman parte del significado que se transmite. Por ejemplo, el autor de una noticia ha sido deliberadamente ambiguo en su texto para no dañar la imagen de determinada persona (omite su nombre porque no está clara la acusación); pero el editor añade el hipervínculo de una noticia que hace explícitos los datos. De ese modo, habrá arruinado la prudencia del redactor inicial.
3.35. Etiquetas. Las etiquetas son el pilar de la documentación, de la navegación y del presente y futuro de una noticia. Una información bien etiquetada facilita su búsqueda y recuperación. Al etiquetar hay que responder a las preguntas básicas del periodismo: ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo?…, y aportar un contexto. Hay etiquetas de temas, de personalidades, de organismos, de países, de regiones, de sectores. Salvo excepciones, la noticia debe tener entre 6 y 10 etiquetas.
3.36. Actualización o corrección. Las noticias van evolucionando durante el día en la edición digital. Pero una cosa es actualizar la información con nuevos datos, otra corregir los erróneos y otra cambiar el enfoque de la noticia original. El lector tiene derecho a no ser engañado en ninguno de esos aspectos.
3.37. Un cambio radical de enfoque debe traducirse en la elaboración de otra noticia, sin que se pueda presentar como una actualización. Al pie de una información corregida se dará cuenta de qué datos erróneos de versiones anteriores han sido modificados. Nunca se debe actualizar una pieza de otro día.
3.38. Las noticias urgentes de las agencias de prestigio contratadas por EL PAÍS se publican sin necesidad de comprobación adicional, pero siempre citando su origen. Eso no impide que de inmediato se emprendan los trabajos necesarios para completarlas o contrastarlas.
3.39. Coberturas en directo. Las coberturas informativas en directo se dedicarán preferentemente a acontecimientos en desarrollo (debates parlamentarios trascendentes, competiciones deportivas, manifestaciones o protestas…); y por lo general incorporan imágenes en foto y vídeo.
DOCUMENTACIÓN
3.40. La redacción de los textos de documentación deberá ser fluida, y no una mera concatenación de cifras o fechas (salvo en los cuadros o fichas). Como los demás artículos informativos, contarán con una entrada donde figure el dato más importante o el que resuma los que se faciliten a continuación.
3.41. Los artículos de documentación citarán la fuente de la que se extraen los datos.
3.42. El hecho de que una cifra, nombre o fecha figure en un periódico impreso o digital no avala su veracidad. A ser posible, el documentalista o el redactor comprobarán la fiabilidad del dato. Si no lo consiguen, harán constar la procedencia en el caso de que sea extraído de una publicación ajena al periódico.
ENTREVISTA DE DECLARACIONES
3.43. La entrevista de declaraciones es un género mediante el que se informa lo más objetivamente posible de la conversación mantenida por el periodista y un personaje de interés. Por tanto, se trata de un género informativo; no interpretativo.
3.44. La entrevista de declaraciones se reproduce por el sistema de pregunta-respuesta, y debe contar con una presentación del entrevistado en la que se refleje su personalidad, así como los datos reveladores que sean precisos para situarle y explicar los motivos por los cuales se le interroga. Esta presentación puede ir al principio del texto o donde convenga a la confección, pero siempre de tal manera que no haya ruptura brusca entre la presentación y el cuerpo del diálogo.
En este tipo de entrevistas, la pregunta irá precedida de una P (salvo en la primera, en que se escribirá ‘Pregunta’); y la respuesta, de una R (salvo la contestación inicial, en que se escribirá ‘Respuesta’). Estas marcas iniciales se compondrán en negrita, seguidas de un punto (no de punto y raya), y se sangrarán.
3.45. La finalidad de la entrevista de declaraciones es dar a conocer las opiniones e ideas del personaje entrevistado, nunca las del entrevistador.
3.46. Al entrevistado hay que dejarle hablar. No obstante, las respuestas extensas deben condensarse, siempre que no se mutile la idea, y aclararse convenientemente las que resulten farragosas.
3.47. Las preguntas han de ser breves y directas. Es mucho más sencillo de leer un diálogo con frases cortas, tanto del entrevistado como del entrevistador. Hay que evitar, por lo general, las preguntas que sugieren la respuesta o invitan a responder con un monosílabo.
3.48. Se tratará siempre de usted al interlocutor.
3.49. Cuando, por razones de diseño, sean precisos uno o más despieces, estos tendrán unidad en sí mismos, de modo que puedan ser leídos independientemente del grueso de la entrevista. Estarán referidos a un aspecto concreto y comenzarán con una entrada de texto, tras la cual se pueden escribir preguntas y respuestas.
3.50. Salvo en situaciones muy excepcionales, el periódico no realiza entrevistas con cuestionarios previos. Y, en ese caso, se advertirá al lector.
3.51. Cuando se trate de una entrevista efectuada por un grupo reducido de periodistas y no exclusivamente por un redactor del diario impreso o digital, se hará constar en la entradilla, pues no todas las preguntas corresponden al periódico. Si el grupo es amplio, se considerará conferencia de prensa y, por tanto, una información noticiosa.
3.52. Nunca se situará un ladillo entre pregunta y respuesta.
REPORTAJE INFORMATIVO
3.53. El reportaje informativo es un texto cuyo autor aporta descripciones de personajes y lugares enfocadas desde su punto de vista, pero no añade interpretación de los hechos ni conjeturas sobre su evolución. Este género suele aplicarse a informaciones de cierta urgencia y actualidad, aunque no necesariamente a un hecho noticioso del día.
3.54. El reportaje (a diferencia de la crónica y la noticia) puede incluir datos irrelevantes y anecdóticos en sus descripciones. Se trata de un relato de hechos que los sitúa en un ámbito concreto, ya sea un espacio físico o un marco teórico. Debe incorporar fuentes adicionales y testimonios diversos. Se puede titular con frases sin verbo en forma personal.
3.55. También es reportaje informativo el que recoge distintas declaraciones (de expertos, testigos, personas relevantes…) sobre algún tema en concreto que se presenta y explica en los primeros párrafos. Se suele denominar “reportaje de declaraciones”.
3.56. Igualmente, se encuadra en este género el reportaje que resume una situación general de actualidad, sin basarse en una noticia concreta.
3.57. La apertura. El reportaje debe abrirse con un párrafo muy atractivo, que apasione al lector. Por tratarse de un género desligado de la estricta actualidad diaria, el autor no puede ofrecer como enganche, generalmente, un hecho noticioso. Se debe sustituir tal arma, por tanto, con imaginación y originalidad. A la vez, el comienzo centrará el tema para que el lector sepa desde un primer momento de qué se le va a informar.
3.58. Las anécdotas irrelevantes son un pobre recurso que debe evitarse. No así las que tengan un claro valor simbólico.
3.59. Si un personaje domina la historia, es obligado comenzar por él.
3.60. El relato. Tras la entradilla, el relato se encadenará con estructura y lógica internas. El periodista debe emplear citas, anécdotas, ejemplos y datos de interés humano para dar vivacidad a su trabajo.
3.61. En los reportajes muy extensos (de más de 1.500 palabras), lo preferible es concebir grupos de varios párrafos conectados entre sí, como pequeños capítulos internos.
Esto facilita esparcir por la historia diversas entradillas falsas, que permiten mantener la tensión de lectura. Al mismo tiempo, esos grupos de párrafos conexos desde el punto de vista del relato estarán relacionados entre sí, aunque con menor intensidad en la conexión.
Algunos hechos hay que esconderlos hasta el momento adecuado en que pueden revelarse como factor sorpresa. Pero todo reportaje debe tener un hilo conductor que le dé cohesión. Finalmente, el último párrafo servirá como resumen y colofón de todo lo relatado.
3.62. Fuentes y entrecomillados. La atribución de fuentes en un reportaje no sigue los mismos criterios que en una noticia, puesto que no es preciso reiterarla. Esto haría perder viveza al relato.
Solo se atribuirá la información a una fuente cuando el párrafo lo requiera por su especial delicadeza o cuando se trate de cita obligada por su procedencia (agencias, otros medios informativos, documentos, etcétera).
Del mismo modo, no es necesario entrecomillar cualquier declaración obtenida, sobre todo si se incorporan en ella meros datos sin un valor añadido por la manera en que se hizo tal manifestación. Ejemplo: “El jefe de servicio de Neurología declaró: ‘Hace solo diez días estábamos mucho peor, disponíamos de 1.040 camas dedicadas al virus. Ahora hemos mejorado y son 520”. En una información, reportaje o crónica, basta con informar de que diez días atrás tal hospital disponía de 1.040 camas dedicadas a enfermos con coronavirus y que en ese momento se habían reducido a 520, según datos facilitados por el jefe de Neurología.
3.63. El final. El último párrafo de un reportaje se debe escribir con sumo cuidado. Tiene que servir como remate, pero sin establecer conclusiones aventuradas o absurdamente chistosas.
El último párrafo tiene que dejar cierto regusto al lector y conectar con la idea principal. Jamás se debe cortar el último párrafo de un reportaje por razones de espacio.
CRÓNICAS
3.64. La crónica es un texto de estilo interpretativo basado en una noticia, y parte por tanto de un hecho inmediato. Generalmente tiene un desarrollo temporal sostenido; es decir, cierta duración de lo que se cuenta (un debate, una conferencia de prensa importante, una decisión o un hecho con sus antecedentes y sus consecuencias, un accidente con sus causas y sus efectos, etcétera) y no se limita por tanto a narrar una acción concreta y momentánea. Se trata del género con mayor presencia en el diario impreso.
La crónica debe contener elementos noticiosos —será titulada por regla general como una información; es decir, con un hecho reciente— y puede incluir, tanto en el titular como en el texto, interpretaciones que no contengan juicios de valor. El autor debe, no obstante, explicar y razonar tales interpretaciones, y construirla de modo que la información prime sobre la interpretación. No es tolerable, en cambio, la coletilla que refleja opiniones personales o hipótesis aventuradas.
La crónica, como la noticia, se construye solo con hechos relevantes, y se evitan los datos accesorios (a diferencia del reportaje).
3.65. Las exigencias informativas de rigor, estilo y edición en una crónica son asimilables a las indicadas en el apartado sobre los criterios generales de la noticia (3.4 y siguientes). La crónica debe mostrar un estilo ameno, a ser posible con anécdotas y curiosidades. En un estilo estrictamente noticioso, una sesión parlamentaria se reflejaría con párrafos textuales de quienes hayan intervenido. Una crónica, en cambio, explica las expresiones, las enmarca en un contexto, las evalúa, refleja las sorpresas, añade datos complementarios y describe el ambiente.
3.66. El primer párrafo de la crónica debe contener la noticia y sostener el titular. Igual que las noticias y los reportajes, las crónicas deben comenzar con un sujeto, nunca con los complementos.
Como sucede con los reportajes (apartado 3.62), no es necesario entrecomillar cualquier declaración obtenida, sobre todo si se incorporan meros datos sin un valor añadido por la manera en que se hizo tal manifestación.
3.67. Las crónicas de acontecimientos deportivos, culturales o taurinos no deben olvidar los datos fundamentales para los lectores que no hayan asistido a ellos, aunque fueran transmitidos por radio o televisión. Admiten una mayor presencia personal del periodista en el texto, pero los eventuales juicios de valor habrán de quedar muy matizados, y apoyarse en argumentos.
3.68. La crónica deportiva, cinematográfica o taurina describe un acontecimiento público y puede incluir opiniones sobre lo sucedido, pero nunca sobre las personas en cuanto tales (sino solo sobre su actividad profesional). Como toda crónica, sigue basándose en la noticia del día, que ha de narrar. Por su mayor carga opinativa, se titularán en cursiva en el caso de la lidia y de los festivales de cine.
LA ENTREVISTA PERFIL PREGUNTA-RESPUESTA
3.69. Este tipo de entrevista se suele insertar en los suplementos (dominicales u otros). Puede mezclar, por un lado, la reproducción de largos diálogos con el sistema de pregunta-respuesta, y, por otro, algunos párrafos descriptivos del personaje y de sus reacciones, ya sea al principio del texto, al final o intercalados en el diálogo.
En este caso es viable la coletilla final, siempre que responda al contenido de la entrevista y no establezca conclusiones aventuradas o editoriales.
También aquí son imprescindibles datos como la edad del entrevistado (no la fecha de nacimiento) y el origen geográfico.
EL PERFIL Y LA ENTREVISTA PERFIL
3.70. Entrevista perfil. La entrevista perfil mezcla elementos del reportaje y de la entrevista de declaraciones. Puede incluir comentarios y descripciones, así como intercalar datos biográficos del personaje abordado (son imprescindibles la edad —no es lo mismo que la fecha de nacimiento— y el origen geográfico).
En este género se retrata al entrevistado mediante la descripción y los entrecomillados, lo que implica un enfoque más personal por parte del autor, que puede tomar unos elementos y desechar otros (siempre que estos no sean relevantes).
El entrevistador cuidará de que las respuestas no queden descontextualizadas si suprime las preguntas. El entrevistado habla a raíz de lo que le plantea el periodista, no debe parecer que lo hace por propia iniciativa.
Este tipo de textos admite también una mayor libertad formal, al no ser necesaria la fórmula pregunta-respuesta en todo el artículo. Las preguntas y las respuestas, si se reproducen textualmente ambas, se marcarán en este caso con una raya.
En las entrevistas perfil hay que tener cuidado con el uso incorrecto de los estilos indirecto y directo. Véanse los apartados 12.41 y 13.30.
3.71. Perfil. El perfil sin declaraciones de la persona retratada (por no haberse podido conseguir) reúne las mismas características, salvo los entrecomillados correspondientes. En este caso (más próximo al género del reportaje interpretativo) se abundará en la trayectoria del personaje, currículo, opiniones de terceros y otros factores que contribuyan a su descripción.
Asimismo, se pueden incorporar declaraciones que el personaje haya hecho a otros medios o en otros momentos, con la correspondiente contextualización.
REPORTAJE INTERPRETATIVO
3.72. El reportaje interpretativo incorpora las características de estilo ya reflejadas en los apartados 3.53 a 3.63 para el reportaje informativo; y es un texto cuyo autor aporta, además de descripciones enfocadas desde su punto de vista, un estilo literario más personal, que puede incluir el repaso de las posibles causas de determinados hechos y algún comentario estilístico; pero nunca juicios de valor.
3.73. Se encuadra en este género el reportaje en el que el autor, con una perspectiva didáctica, se plantea preguntas sobre algún asunto complicado (formuladas en párrafos aparte y con epígrafes) y las responde de modo sencillo y, en su caso, con interpretaciones personales (se suele denominar “reportaje de preguntas”).
ANÁLISIS
3.74. El análisis es la exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto.
3.75. El análisis excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que solo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos.
3.76. Se trata de interpretación que predomina sobre la información pero que se basa en ella. (La crónica conjuga interpretación e información con mayor presencia de esta. En el análisis sucede al revés. Si bien en la crónica lo nuevo es la información, en el análisis lo nuevo es la conjetura, la hipótesis, la explicación).
3.77. Los datos en que se base un análisis deben estar verificados o, en otro caso, habrá de citarse su procedencia.
3.78. Cuando el análisis aborde un asunto controvertido que afecte a la imagen o el honor de las personas, deberán reflejarse, al menos sucintamente, las distintas opiniones encontradas.
CRÍTICA
3.79. La crítica es el género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia.
3.80. Las fichas. Los críticos que publican en EL PAÍS no deben olvidar que el lector espera también una mínima información sobre el hecho criticado: el precio y la editorial del libro, el horario de una exposición, la duración de la película, la dirección del restaurante, los días en que se presenta la función de teatro, etcétera. Por tanto, todas las críticas irán acompañadas por una ficha con los datos esencial
