
Es un genio de la informática y la tecnología. Usa tabletas, ordenadores y móviles con la misma facilidad con la que se hurga la nariz. Para él, la bruja de su medio hermana es peor que un grano en el culo.

No se arruga ante nada. Dice lo que piensa sin cortarse un pelo y es tan convincente que podría venderle una nevera a un esquimal. Adora los libros de misterio y le apasionan los casos peligrosos.

Los osos perezosos parecen hiperactivos al lado de este gato gordinflón. Gatson nació cansado y no suele moverse mucho a menos que le ofrezcan comida de la buena (pienso no, gracias). Sus grandes pasiones son comer y dormir, pero aunque parezca mentira, a veces se le da bien investigar. Es capaz de hablar con Perrock y sus amos, y tiene una imaginación muy retorcida para gastar bromas.

Es capaz de comunicarse con sus amos y detectar sentimientos en los humanos, algo que lo convierte en uno de los investigadores más eminentes del mundo. Travieso —casi gamberro—, es un ligón pese a ser tan pequeñito. Su mayor debilidad son las perras altas, a las que trata de seducir sin excepción.

Era MEDIANOCHE cuando sonó el teléfono del Mystery Club. Ese sonido a esas horas de la noche solo podía significar una cosa: tenían un caso nuevo.
¡¡¡RING, RING, RING!!!
Los únicos que se despertaron fueron Perrock y Gatson. Julia y Diego continuaron durmiendo profundamente.
—No suelen llamar a esas horas —ladró Perrock.
—El caso debe de ser gordo —maulló Gatson—. Hay que despertarlos…

Perrock se acercó a la mesilla donde los investigadores siempre guardaban el teléfono del Mystery Club y lo cogió con la boca.
¡¡¡RING, RING, RING!!!
El perro lo depositó encima de la cama de Julia. La chica debía de estar soñando algo muy agradable, porque tenía una sonrisa en la cara.
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