Game Plan

Mike Mancias

Fragmento

g

Prólogo

 

LeBron James

 

 

Cuando conocí a Mike, yo no tenía más que dieciocho años, acababa de incorporarme a la liga y él estaba haciendo prácticas de verano con los Cavaliers. No volví a verlo hasta mi segundo año en la NBA, cuando los Cavs le contrataron como entrenador auxiliar. Por aquel entonces, lo que enseguida te llamaba la atención de él eran su porte y su puntualidad. Todos los días llegaba con ganas, superentusiasmado y listo para trabajar, igual que yo. Y lo más importante: comprendía el valor de la longevidad.

Desde que iba al instituto, siempre he tenido en mente seguir en el juego todo el tiempo posible. Recuerdo que, cuando tenía trece años, un amigo me dijo que jugara a tope y lo pasara bien, pero que nunca olvidara estirar.

En todos y cada uno de los partidos.

Estiraba dos o tres veces al día, no solo antes de los partidos, sino en cuanto me levantaba y justo antes de acostarme. De modo que daba igual lo listo que estuviera para jugar ese día, estaría igual de listo al día siguiente, y al siguiente, y todos los días después de ese. Porque siempre he sido de los que se daban cuenta de que, independientemente del talento que puedas tener, en lo que se refiere a tus habilidades solo pueden llevarte hasta cierto punto. De que si quieres tener una carrera larga y sostenible —si quieres llegar a ser legendario—, tienes que estar disponible para tu equipo. Para hacerlo, siempre debes esforzarte. Sea como sea, sin excusas.

Oí que Mike había hecho prácticas con Tim Grover, entrenador de fama mundial, y había colaborado ayudando a Michael Jordan durante su regreso al básquet profesional. No me lo asignaron cuando se abrió el campo de entrenamiento en octubre, pero cuando lo vi en el calentamiento con algunos de los veteranos del equipo, le dije: «¡Eh! ¿Puedo unirme un rato?».

Según Mike, ese día puso nerviosos a sus superiores al trabajar conmigo cuando no era más que «el novato». Pero yo vi algo en Mike enseguida e hicimos buenas migas desde el principio. No solo éramos dos chicos jóvenes que llegaban a las filas de la NBA. Éramos dos chicos con metas, principios y una ética de trabajo en absoluta sincronía. Y yo necesitaba a alguien que no solo me desafiara, sino que no tuviera miedo de hacerlo. Alguien con quien me sintiera cómodo y que siempre dedicara trabajo a mi salud, entrenamiento y recuperación. Todos y cada uno de los días, pasase lo que pasase, sin excusas.

Siempre he sentido que Mike era el indicado para mí porque creía tanto como yo en que la longevidad empieza siendo consecuentes tanto en la cancha como fuera de ella. Es cuestión de centrarte aun cuando tienes otras cosas en mente, presentarte preparado y afrontar cada momento al máximo nivel posible. Es cuestión de saber cómo aprender del fracaso porque, te guste o no, fracasarás. Y, dos décadas más tarde, seguimos mejorando juntos, aprendiendo sobre la marcha, confiando el uno en el otro para probar cosas nuevas que podrían funcionar y, si no lo hacen, pasar a otras sin más. Pero, lo que es más importante, nos preguntamos qué podemos aprender de la derrota. De esa forma, cuando cruzamos ese umbral de nuevo, abordamos las cosas de un modo distinto y aumentamos al máximo la probabilidad de éxito.

Incluso cuando deje de jugar al baloncesto, tengo intención de mantener mi cuerpo lo más funcional posible haciendo lo correcto. Pienso seguir en el juego todo lo que pueda siendo consecuente con mi entrenamiento, mi recuperación y comiendo lo mejor que pueda, y gran parte de esto se lo debo a Mike.

Vivimos en un mundo en el que todos tratan de averiguar cómo convertirse en una mejor versión de sí mismos, tanto física como espiritualmente. Pero no importa si eres deportista de élite o aspiras a serlo, si eres una madre, un padre, un hermano o una hermana que busca ser su mejor yo. Los movimientos, el ejercicio y la experiencia que aporta Mike realmente benefician a todo el mundo, porque no es solo cuestión de empoderamiento deportivo, es cuestión de empoderamiento humano.

Le confío mi carrera a Mike.

Le confío mi amistad.

Le confío mi cuerpo.

Lo que hemos aprendido juntos ya forma parte de mi ADN, y no va a irse a ninguna parte.

 

LeBron James

Introducción

 

 

¿Qué necesitas de tu cuerpo hoy?

¿Y mañana?

¿Y al día, la semana, el mes o el año siguientes?

¿Necesitas que tu cuerpo sea más esbelto? ¿Más fuerte? ¿Más flexible y a prueba de lesiones? ¿Que esté en la mejor forma posible hoy, mañana y más allá para que puedas disfrutar de una vida larga y saludable?

Cuando eres cliente mío, más te vale estar listo para escuchar estas preguntas con frecuencia.

Conocí a LeBron James en su segundo año en la NBA, durante la temporada 2004-2005, cuando buscaba ayuda con su entrenamiento. Resultaba fácil ver que era un deportista muy dotado y especial. Por aquel entonces, LeBron era capaz de alcanzar el éxito mediante la fuerza bruta, el entrenamiento tradicional y técnicas de levantamiento de pesas. Su entrenamiento no iba dirigido a moverse de manera más eficiente ni a incorporar ninguna medida para evitar las lesiones. No había estructura —ni régimen de estiramientos, ni plan nutricional, ni rutina pre/pospartido o medio tiempo— más allá de atarse los cordones de las zapatillas, salir a la cancha y correr a trescientos kilómetros por hora. Yo veía que era un lienzo en blanco con todos los colores disponibles, solo que no estaba organizado del modo correcto.

Nuestra charla inicial se convirtió en la primera de miles y, a lo largo de las dos últimas décadas, en calidad de entrenador y especialista en recuperación, he trabajado con él de manera individual prácticamente todos y cada uno de los días de su carrera para que siguiera jugando al máximo nivel posible. Pero ese primer día con LeBron, le formulé esa misma pregunta: «¿Qué necesitas de tu cuerpo hoy?».

Su respuesta ha evolucionado a lo largo de los años. Al principio, buscaba una forma mejor de entrenar y recuperarse. Luego quiso ser el mejor de la liga. Después el mejor de la historia. Luego seguir siendo el mejor jugador del mundo todo el tiempo posible. Y ahora quiere seguir manteniendo la salud suficiente para jugar en la NBA con su hijo.

Cuando reflexionas acerca de esa pregunta —no solo cada día, sino antes, durante y después de ciertos momentos de toma de decisiones cruciales en relación con tu dieta, tu actividad y tu recuperación a lo largo del día—, todas las piezas necesarias para que tu respuesta se convierta en una realidad empiezan a encajar por fin. Eso es lo que te impulsa en el camino hacia una responsabilidad, una consistencia y un éxito mayores.

Lo cierto es que no existe ninguna «pócima secreta» ni «remedio de santo» en lo que se refiere a la salud y el bienestar. Ya conocemos los elementos esenciales para permitir que el cuerpo esté en su mejor momento imaginable durante el mayor tiempo posible: comer más sano, hacer más ejercicio y descansar lo suficiente. Lo que separa a los mejores del resto consiste en averiguar la forma más inteligente de mantenerse consecuente con lo que se ha demostrado que funciona para que tengas menos probabilidades de dejarlo o desviarte del camino. Porque el crecimiento nunca termina y la recuperación nunca se detiene, a menos que tú lo decidas.

LeBron se incorporó a la NBA en 2003, junto con otros cincuenta y siete jugadores. Prácticamente la mitad no duraron cinco años en la liga. Al cabo de quince años, quedaban seis. Mientras escribo esto, LeBron está concluyendo su vigésimo primera temporada y es el único que queda. No solo sigue jugando, sino que sigue siendo uno de los mejores de la liga. Pero si piensas que tú no puedes cosechar la misma resiliencia, piénsalo mejor. Lo que mis clientes han necesitado física, nutricional y mentalmente para maximizar sus habilidades y prolongar su longevidad puede haber cambiado a lo largo de los años, lo que no ha cambiado es cómo los llevo yo a afrontar determinadas decisiones en la vida. Y ahora te toca a ti abordar las decisiones cruciales que afectan a tu propia vida del mismo modo.

Mira, la mayoría no vamos a convertirnos en deportistas profesionales, pero solo porque no te paguen por practicar un deporte no significa que no se espere que rindas. La gente habla de la longevidad de LeBron, pero hablemos de tu longevidad. Qué te empuja a ti a seguir jugando cuando otros se van. Por qué necesitas estar en tu mejor momento ahora mismo y todos los días después de este durante todo el tiempo posible.

Este programa es la culminación por escrito de dos décadas de trabajo con algunos de los mejores deportistas y artistas para maximizar su potencial, incluido LeBron James, Myles Garrett, dos veces seleccionado como All-Pro en la NFL, y la galardonada superestrella Usher. Es un programa que cubre todas las bases relacionadas tanto con el movimiento como con la fuerza funcionales, y permite hacer tu cuerpo más fuerte, más flexible y resistente a las lesiones para extender tu longevidad de forma rápida y fácil. Este sistema incorpora las mismas tácticas que utilizo con mis clientes, lo que permite que cualquiera —deportista o no— trabaje, viva y juegue a un nivel más alto de lo que nunca había creído posible, durante el máximo tiempo posible. El método exhaustivo, de cuatro pasos, combina las aplicaciones más inteligentes en el entrenamiento de movilidad, la nutrición de rendimiento y la recuperación activa, haciéndote responsable en ciertos momentos críticos de cada día para que por fin hagas las mejores elecciones para tu salud y bienestar sin falta y vivas la mejor vida posible. Es un plan que te enseña a ejecutar todas las decisiones relacionadas con tu longevidad en cuatro aspectos cruciales: PENSARÁS cada decisión, SEGUIRÁS cada decisión hasta el final, ANALIZARÁS lo que has hecho después y, finalmente, lo RECONSTRUIRÁS mejor. Este enfoque demostrado cambiará tu actitud hacia el fracaso para que entiendas y aceptes que cada pérdida es una oportunidad de ganar.

Entonces ¿qué necesitas de tu cuerpo hoy?

Solo tú conoces la respuesta a esa pregunta, pero yo sé cómo puedes obtenerla. Así que allá vamos.

1

 

Mente primero, rutina después

 

 

Si estás leyendo esto, es más que probable que ya hayas intentado alguna vez cambiar tu cuerpo para mejor. Entonces ¿qué ha ocurrido? ¿Por qué quedó en «intentos» y no se trata de «éxitos»? Yo sé por qué. Empieza por lo más alto porque, pese a que es posible que un cliente recurra a mí para mejorar su cuerpo, siempre empezamos con su cerebro.

He conocido a gente que fracasa porque nunca invierte en la mentalidad apropiada antes de trabajar enfocado en sus objetivos. Fracasa porque intenta hacerlo sola en lugar de invitar a participar a todas las personas que pueda. Fracasa porque nunca mantiene una conversación consigo misma de antemano acerca de por qué decidió emprender este viaje.

Con el fin de que mis métodos te funcionen, hay algo que tienes que hacer todas y cada una de las mañanas. Es rápido, te lo prometo. En el momento en que te despiertes —no después de desayunar o unas horas más tarde, sino en el preciso instante en que abras los ojos—, hazte cuatro preguntas:

 

1. ¿Sé lo que quiero de mi cuerpo hoy?

2. ¿Cuento con un equipo listo para apoyarme?

3. ¿Estoy preparado para perder?

4. ¿Me merezco el éxito?

 

Pienso ser sincero contigo ahora mismo. Si formularte estas preguntas te parece una tontería, eso ya me dice en qué dirección vas, y ese camino no lleva a ninguna parte.

Verás, gran parte de cómo consigo que mis clientes evolucionen es a través de la evaluación. Formulo a mis clientes un montón de preguntas porque es la única forma acertada de llegar al corazón de por qué determinadas cosas les impulsan y otras les frenan. Esas preguntas nos ayudan al cliente y a mí a averiguar juntos por qué no se ciñe a lo que obviamente sabe que debería, además de a determinar cómo establecer una conexión más fuerte con las cosas que está haciendo bien para que ocurran con mayor frecuencia.

Pero yo no puedo estar ahí contigo.

En lugar de eso, cuento con que estés para ti mismo, lo que requerirá que te hagas muchas preguntas acerca de ti en diferentes puntos a lo largo del día. Es gran parte de cómo funciona mi programa. De modo que si tienes algún problema con eso o te cuesta sincerarte contigo mismo, deja de leer ahora y vuelve a mí cuando estés listo.

 

 

Qué pronto has vuelto. Me alegro de que te unas a mí, de verdad. Ahora pongámonos serios.

¿Por qué esas cuatro preguntas son tan importantes para mí y por qué son tan cruciales para ti? Porque el modo en que respondas me indica —y te indica a ti— si vas a triunfar o a fracasar. Si puedes responder que sí con sinceridad a las cuatro, has ganado incluso antes de haber empezado. Pero contesta que no a alguna de estas preguntas —aunque sea solo una— y puedo garantizarte que tus posibilidades de éxito son muy inferiores.

He aquí por qué es tan importante cada pregunta:

 

 

¿Sé lo que quiero de mi cuerpo hoy?

 

¿La respuesta es no? De ser así, puedo decir con absoluta seguridad que no significa que no tengas expectativas de tu cuerpo; probablemente se deba a que no sabes por dónde empezar. En lugar de dejarte abrumar por todas las cosas a las que vas a someter a tu cuerpo hoy, concéntrate en lo más importante. Yo lo llamo «diana». ¿Cuál es tu diana del día?

Para LeBron, su diana podría ser un partido o un entrenamiento en el que quiere darlo todo, o un evento o un acto en el que debe presentarse con seguridad. Para ti, puede consistir en ir un poco más lejos en tu sesión de ejercicios, mostrarte firme en esa reunión de la junta directiva, acabar todo ese trabajo atrasado en el jardín, sentir menos dolores y rigidez de lo habitual, jugar los segundos nueve hoyos tan fuerte como los primeros nueve o simplemente tener suficiente energía para jugar con tus hijos después del trabajo. Está ahí, en ese momento del día en el que necesitas que tu cuerpo rinda al máximo por encima de todos los demás.

Entonces ¿cuál es tu diana? ¿Qué necesitas en concreto de tu cuerpo que debería ser tu centro de atención del día?

¿La respuesta es sí? Eso es bueno, pero aún no has acabado. Incluso si sabes en qué momento del día necesitas que tu cuerpo rinda al máximo, quiero que des un paso más y me digas por qué es tan importante acertar en el mismo centro de esa diana. Puedes pensar en estas razones como en los círculos alrededor de tu diana, que te mantienen centrado en el objetivo.

Por ejemplo, si tu diana es estar más sano y en forma, es un comienzo, pero la verdadera pregunta es ¿por qué quieres conseguirlo? ¿Es porque quieres que la ropa te quede mejor? Muy bien, eso es un círculo. Continúa. Quiero que rodees esa diana con todas las razones o beneficios que se te ocurran ligados a ese objetivo. Si estar más sano y en forma es tu objetivo hoy, entre los beneficios adicionales podrían incluirse los siguientes:

 

• Te permitirá hacer más cosas con tus hijos, amigos o seres queridos. (De ser así, entonces cada una de las personas en las que estás pensando es un círculo).

• Te ayudará a sentirte más seguro en el trabajo.

• Reducirá algunos números que preocupan a tu médico. (Si es el caso, entonces cada problema de salud es un círculo aparte).

• Mejorará tu vida sexual.

 

No sé cuáles son tus círculos —solo tú lo sabes—, pero quiero que pienses en al menos seis razones o beneficios distintos que rodeen tu diana. Si te apetece, ve un poco más allá y anota tus razones en un papel que puedes llevar en el bolsillo o grábalas en algún sitio si necesitas un recordatorio constante a lo largo del día. Pero entiende esto: no esperes que la diana de hoy sea la de mañana. Podría cambiar de un mes o incluso de un día para otro dependiendo de lo que tengas en marcha.

Tu diana ni siquiera ha de estar siempre ligada a la salud, el bienestar o la longevidad. Si tienes un partidillo después del trabajo y tu diana ese día es darlo todo, perfecto. Aun así, quiero que pienses en todas las razones por las que ese día te importa y la rodees con todos los círculos que puedas. Mira, pueden ser egoístas o altruistas —no voy a juzgarte—, pero es más probable que alcances esa meta si te recuerdas a ti mismo cuál es tu objetivo. Tal vez las razones sean:

 

• No quieres decepcionar a tus compañeros de equipo.

• Quieres que tus hijos te vean jugar bien.

• No vas a poder ir al gimnasio y ese partido es tu ejercicio de la noche.

• Solo quieres ganarle al equipo contrario porque son unos chulitos.

 

En serio, ninguna razón se considera exagerada o ridícula en mi opinión, siempre y cuando te motive de manera auténtica y te empuje a mover el culo para llevar a cabo la tarea. Porque cuanto más puedas averiguar sobre qué te impulsa sinceramente hacia esa diana hoy, más a menudo te recordarás a ti mismo a lo largo del día por qué es tan importante esa meta. Cuantos más círculos traces alrededor de esa diana, más probabilidades tendrás de volar en línea recta y no perder de vista la meta.

 

 

¿Cuento con un equipo listo para apoyarme?

 

¿La respuesta es no? ¿Personalmente creo que tienes la fuerza para llevar a cabo este programa sin tener que confiar en nadie más que en ti mismo? Por supuesto, pero cualquier objetivo se vuelve mucho más fácil de alcanzar cuando otros te apoyan a cada paso del camino.

Muy pocos deportistas de élite trabajan solos. Incluso en deportes como el tenis, el levantamiento de pesas, las carreras de fondo, etcétera, puede que los atletas vuelen en solitario en el momento de competir, pero entre bastidores siguen contando con el aliento y la fuerza de entrenadores, mentores y familiares. Cuando cuentas con un sistema de apoyo, no solo posees una red de seguridad de individuos listos para cogerte cuando caes, sino que tienes a un grupo de personas en las que confiar para que te hagan responsable. Cuanto mayor sea el apoyo del que puedes rodearte antes de emprender este viaje —y tengas detrás todos los días—, más fácil se vuelve alcanzar esa diana, porque te acompañan en el trayecto.

Así que, si has respondido que no, lo que necesito que hagas es empezar a recoger rocas y dejar caer anclas. ¿Qué quiero decir con esto? Mira alrededor, a las personas de tu vida —tus colegas, tus amigos, tus parientes y demás— y pregúntate cómo clasificarías a cada uno de ellos.

 

• Una roca es alguien optimista y que te anima, te da fuerza cuando más lo necesitas y escucha de verdad lo que tienes que decir (en lugar de interrumpirte). Una roca te guarda la espalda en momentos en que otros no lo hacen, ve cosas buenas en ti que a veces no ves en ti mismo y siempre actúa pensando en tu beneficio.

• Un ancla es alguien pesimista y que siempre está quejándose. Tiende a redirigir la conversación hacia sí mismo y es posible que en secreto compita contigo. Un ancla se esfuma cuando la necesitas. Son las personas que tienes que evitar siempre que puedas o reducir al mínimo el tiempo que te ves obligado a pasar con ellas. Evidentemente, quizá haya gente a la que resulta mucho más difícil evitar —un jefe, un pariente o un vecino, por ejemplo—, pero a veces lo único que necesitas es echar un vistazo a tu día e idear formas de reducir la probabilidad de encontrártela.

 

¿Y qué hay de los que quedan en medio? ¿Los neutrales que no están ahí vitoreándonos pero sin duda tampoco buscan hacernos trizas? Bueno, ahí es donde encajan la mayoría de las personas de nuestra vida, lo cual está perfectamente bien. Mientras esos individuos no te afecten de manera negativa ni te hagan sentirte acomplejado para implementar mis métodos, son inofensivos. De hecho, cuéntalos, porque a veces ayuda a demostrar lo raras que son en realidad las « rocas verdaderas» entre todas las personas que te rodean a diario.

Mira, da igual lo que te digas a ti mismo; en casi todo, tú tienes el control de quién te rodea. Puede resultar difícil escapar de compañeros de trabajo o familiares en determinadas ocasiones, pero normalmente decidimos alrededor de quién orbitamos y, en mayor grado, quién orbita a nuestro alrededor. Tienes que buscar y reclutar al mayor número posible de personas que quieran que tengas éxito, con las que puedas contar para que te ayuden a ir más lejos porque no tienen más motivación que verte triunfar.

¿La respuesta es sí? Si ya tienes tus rocas, entonces necesitas contarles a todas ellas tus intenciones. No te guardes cosas, limitándote a confiar en ellas en los malos momentos; conviértelas en una parte activa del proceso. Cuanto más conscientes sean de en qué estás a punto de embarcarte, más probabilidades tendrás de seguirlo a rajatabla. Así pues, con cada roca:

 

Dales la exclusiva sobre qué vas a hacer con exactitud. No quiero que seas impreciso, sino, más bien, increíblemente específico. En otras palabras, no te limites a decir que estás probando mi enfoque cuádruple de la dieta, el movimiento y la recuperación. Cuéntale exactamente cómo funciona y que cada día vas a tener una diana concreta en mente. Cuesta mucho no mantenerte centrado cuando todos los días algunas personas podrían preguntarte: «Eh, ¿qué necesitas de tu cuerpo hoy?».

Dales permiso para reprenderte. Esto puede resultarles difícil a algunos, pero si se trata de personas en las que de verdad confías (personas que sabes que quieren que prosperes), dales rienda suelta para que te señalen cuándo es posible que apuntes en la dirección contraria de tu diana.

Sal (o pasa tiempo) con ellas con la mayor frecuencia posible. Contar con un equipo de rocas a las que no ves nunca dificulta que te hagan responsable, pero no se trata solo de eso. Si te rodeas de aquellos a los que de verdad importas, verlos a menudo te recuerda por qué estás haciendo esto: para ser la mejor versión de ti mismo para ti, pero también para otros.

Haz que se apunten, si puedes. Mira, a las desgracias puede que les guste la compañía, pero no hay nada mejor que conseguir algo con alguien más. Cuanta más gente atraigas para seguir mi enfoque, más se convierte el proceso en un trabajo de equipo que transforma a tus rocas en luchadoras como tú.

 

 

¿Estoy preparado para perder?

 

Gran parte de la vida no es más que una serie de victorias, derrotas y retiradas. Por supuesto, ganar es genial, y retirarse a veces puede ser difícil de asimilar o una bendición dependiendo de si esperábamos lograr una victoria o sufrir una derrota. Pero ¿perder? Afrontemos los hechos: a nadie le gusta perder. No obstante, todo forma parte del juego, y dependiendo de lo elegante y atento que seas cuando afrontas el fracaso, puedes decidir si pierdes o ganas la próxima vez.

¿La respuesta es no? Entonces adivina: ya has perdido. Porque las personas de mayor éxito en todos los ámbitos de la vida han perdido en el camino y continúan perdiendo cada día.

No importa si se trata de trabajo, relaciones, dinámicas familiares, ejercicio, salud o dieta; todos experimentamos momentos en los que acabamos en primer lugar y otros en los que somos los últimos. Tanto los apuros como los tiempos difíciles se producen justo al mismo tiempo que los momentos de celebración y victoria, porque nunca es un viaje continuo hacia lo alto o, por suerte, nunca una travesía en curso, cuesta abajo y fuera de control.

El baloncesto es una buena metáfora para la vida. Nunca ha existido (ni existirá) un equipo que haya ganado todos los partidos, y nunca ha habido (ni habrá) un jugador que haya encestado todos los tiros que ha lanzado. Aceptamos sin problemas que esto es cierto; la perfección es estadísticamente imposible. Aun así, en lo que se refiere a nosotros mismos, a menudo olvidamos que es estadísticamente imposible que no fracasemos. Esa presión solo lleva a la decepción, lo que te impide tratar cada fracaso y error como lo que realmente son: oportunidades de aprender para rendir mejor la próxima vez.

¿La respuesta es sí? Entonces, genial, porque perderás; de hecho, prepárate para perder mucho. Lo que entiendes con claridad es que no es lo mismo perder que fracasar. Cada vez que pierdes constituye una oportunidad de afrontar esa derrota y convertirla en un momento de enseñanza crucial. La única forma de fracasar con este programa consiste en no tomarte el tiempo de prestar atención a lo que trata de decirte cada error cometido.

 

 

¿Me merezco el éxito?

 

Hablo en serio: ¿por qué tú? Hago de esta la cuarta y última pregunta con los clientes porque constituye el punto de inflexión, la respuesta que define o destruye tu actitud.

¿La respuesta es no? No estás solo. No ocurre a menudo, pero en el pasado algunos clientes selectos me han sorprendido con esa misma respuesta. No resulta fácil oírlo, del mismo modo que estoy seguro de que no resulta fácil decirlo, pero si algo bueno puede salir de ello, es esto: con esa única respuesta acabas de descubrir por qué probablemente siempre has tenido dificultades para alcanzar tus objetivos, bienestar, longevidad, sea cual sea el caso.

Si no sientes que mereces algo, casi puedo garantizarte que no lo obtendrás, fin de la historia. No es ingeniería aeroespacial: es solo la realidad. Porque si no crees que te ha llegado el turno de alcanzar el éxito, entonces es que ni siquiera estabas en la cola. Si ese eres tú, necesitas preguntarte a ti mismo por qué es así y afrontarlo por todos los medios necesarios (porque sea lo que sea lo que tienes que hacer para ver que mereces el éxito va más allá de mi ámbito de experiencia), pero luego, por favor, vuelve a mí.

Sin embargo, antes de que lo hagas, deja que te diga esto: te he pedido que recojas todas las rocas que puedas, pero la más importante que debes recoger primero eres tú mismo. Debes ser tu propia roca. Debes responder por ti mismo y, con este libro, aprenderás a hacerlo.

¿La respuesta es sí? Perfecto, porque no podría estar más de acuerdo. Lo que esperas alcanzar no es un objetivo egoísta. Es querer obtener más de tu cuerpo durante el mayor tiempo posible para poder vivir una vida mejor, tanto para ti como para aquellos que te importan. Todo el mundo lo merece —tú lo mereces— y ahora estás a punto de conseguirlo.

Entonces ¿estás dispuesto a trabajar más duro que los que te rodean? ¿Listo para confiar en el plan y no acelerar el proceso? ¿Preparado para invertir el tiempo que requiere? Y, lo que es más importante, ¿te sientes emocionado por lo que estás a punto de hacer?

Bien, porque ahora tienes la actitud correcta —exactamente como debe ser—, así que deja que te muestre cómo alcanzaremos ese éxito juntos.

2

 

Piensa, sigue, analiza y reconstruye

 

 

LeBron y yo siempre nos aseguramos de ser los primeros en llegar al gimnasio. También somos los primeros en salir a la cancha, a veces incluso antes de que fiche ningún trabajador del estadio. Esto no solo establece la tónica del día, sino que nos proporciona tiempo de sobra para planear y analizar todo lo que esperamos conseguir. Porque esta es la verdad: las cosas no llegan de forma natural a la mayoría de las personas de superalto rendimiento, en ningún campo. Tienen que trabajárselo. Saben que los detalles son lo que determina quién transita penosamente por la vida sin dejar huella y quién destaca.

La mayoría de la gente suele fracasar en sus objetivos de rendimiento y longevidad porque no se reduce a ser capaz de decir: «¡Lo he logrado!». Es cuestión de formularte ciertas preguntas antes de hacer lo que sea siquiera y asegurarte de que lo estás haciendo de la forma más inteligente posible. Pero, por encima de todo, es recordarte a ti mismo a cada oportunidad que se presente por qué lo estás haciendo.

Las personas de alto rendimiento comprenden esto, y por eso analizan sus hábitos diarios de forma que puedan ver rápidamente qué mejorar y qué deben dejar de hacer. Se recuerdan a sí mismas «en el momento» sus éxitos para aumentar la probabilidad de repetir las victorias y se perdonan (y aprenden de) los fracasos para tener menos probabilidades de repetir las derrotas.

 

 

Piensa, sigue, analiza y reconstruye

 

Necesito que entiendas por encima de todo que mi método no consiste en seguir una dieta específica ni en poner en marcha una serie de soluciones rápidas. En lugar de eso, se trata de aprovechar ciertos momentos críticos de tu día para repensar y recalibrar tu vida. En especial, me gusta concentrarme en:

 

1. Lo que COMES

2. Cuándo te MUEVES

3. Cómo REPARAS

 

Creo en la sinceridad, y cuando la aplicas a tu vida durante esos momentos, esta literalmente tiene pocas opciones aparte de mejorar. Se requiere no temer observar de manera objetiva y sincera todo lo que haces y todas las decisiones que tomas respecto a mejorar. Si no puedes hacerlo, entonces este libro no te sacará del agujero en el que estás ahora. Pero si estás listo para ser sincero contigo mismo —para ser sincero conmigo—, esa honestidad se convertirá en el centro de todo lo que estás a punto de hacer conmigo, como en el caso de mis clientes. Porque en lo que se refiere a LeBron y al resto de mis clientes:

 

1. PIENSAN… en el futuro

 

Lo que hago con las personas con las que trabajo es llevarlas a resumir su día y pensar bien en ciertas elecciones que con el tiempo tendrán que hacer acerca de su dieta, ejercicio y hábitos de recuperación mucho antes de que las hagan. Por ejemplo, no me limitaré a preguntarles qué piensan tomar en la comida o como tentempié, sino exactamente cuándo y dónde piensan tomarlos. En lugar de limitarme a recordarles que hagan ejercicio ese día o qué tácticas terapéuticas necesito que sigan, les haré contemplar cosas como qué podría desviarles del camino o afectar a su rendimiento. Esa pre-preparación no es solo para asegurar que tengan a su disposición todo lo que puedan necesitar, sino que es una guía mental que les recuerda lo que están a punto de hacer y por qué lo van a hacer, de modo que enfoquen cada tarea con la mejor actitud.

 

2. SIGUEN… hasta el final

 

Saber lo que tienes que hacer y hacerlo de verdad son dos cosas completamente distintas. No es que la mayoría de nosotros no sepamos qué hábitos saludables deberíamos practicar, es que somos lentos a la hora de incorporarlos a nuestras vidas y, lo que es más importante, ser consecuentes con ellos. Doy a mis clientes el plan de juego —planes de acción que revelan las elecciones de actividad más inteligentes, los hábitos nutricionales más saludables y los trucos de recuperación más efectivos que fomenten la longevidad— y espero que lo ejecuten.

 

3. ANALIZAN… sus actos

 

Después de cada comida ingerida, cada sesión de entrenamiento concluida y cada táctica de recuperación completada, no dejo que mis clientes se duerman en los laureles. Ahí es cuando empieza el trabajo de verdad. Hago que reconozcan abiertamente qué ha ido mal y qué ha ido bien. Hago que analicen sin ninguna culpa cómo lo han hecho, qué se ha interpuesto en su camino, de qué deberían estar orgullosos y cuánto han aportado en realidad.

 

4. RECONSTRUYEN… mejor

 

Finalmente, hago que mis clientes utilicen esa reflexión para reconfigurar su próxima comida, su próximo entrenamiento y su próxima oportunidad de sanar y recuperarse. Se trata de una estrategia que les permite mejorar de manera instantánea lo que acaban de hacer para ver los máximos resultados continuamente.

Es esta renovación constante lo que hace que mi método pueda continuar durante semanas, meses, años —el resto de tu vida— sin volverse nunca aburrido. Cada día es distinto porque así es como funciona la vida. Pero con el tiempo aprenderás a prever posibles fallos antes de que se produzcan, a saber cómo adaptarte cuando determinados fallos son imposibles de evitar y a ser capaz de impulsarte de nuevo si encajas una derrota. Cada día te recordarás a ti mismo tus puntos fuertes, los utilizarás en tu favor y te recompensarás del modo adecuado para mejorar tus probabilidades de triunfar al día siguiente.

 

 

Come, muévete y repara

 

Como he mencionado antes, estas tres áreas de la vida son las más importantes para rendir al máximo continuamente con el fin de alcanzar tu mayor potencial humano. Por eso he dividido el libro en tres partes —Come, Muévete y Repara—, lo que te permite aplicar rápida y fácilmente la estrategia de Piensa, Sigue, Analiza y Reconstruye en cualquier situación a lo largo del día.

Ahora bien, ¿debes hacer las tres secciones exactamente como las prescribo? Yo sí, dado que las tres trabajan entre sí y se erigen unas sobre otras. Sin embargo, si sigues un plan nutricional muy específico (y saludable) que es similar —o si hay determinadas propuestas mías que no puedes seguir debido a alergias, enfermedades diagnosticadas o motivos personales—, te animo a que consultes a tu médico (o dietista) y modifiques ciertas partes de mi plan nutricional.

No obstante, te animo a hacer la sección Muévete exactamente como la propongo (una vez que tengas la aprobación de tu médico para ello). Este régimen de movilidad y rendimiento es la columna vertebral de todo lo que hago con LeBron y con otros clientes, e independientemente de qué programa de ejercicios sigas ya o lo activo que sea tu estilo de vida, Muévete funcionará entre bastidores para potenciar lo que estás haciendo ahora.

Antes de que empieces el programa, aquí tienes un último consejo: analizar tus hábitos diarios como te pido será difícil y requerirá tiempo al principio. Cuanto más te ciñas al programa, sin embargo, más fácil te resultará. Antes de que te des cuenta, descubrirás que ya no necesitas concentrarte en los detalles de forma tan diligente. Los hábitos más saludables de pronto se volverán instintivos. Enseguida serás tan responsable en estas áreas cruciales como mis clientes de alto rendimiento, un nivel que no solo es alcanzable, sino también merecido, porque tú eres tan valioso como ellos.

Si bien es posible que los acontecimientos de tu vida —tus dianas personales— no sean la ronda clasificatoria de la NBA o un concierto ante decenas de miles de personas, son igual de relevantes, porque a ti te importan y porque esta es tu vida. Cuanta más destreza demuestres accediendo y abordando al instante tu nutrición, actividad y elecciones de recuperación, más rápida y eficazmente potencias tu rendimiento y longevidad con menos estrés y mejores resultados, lo que te permite rendir al má­ximo y tener una vida mejor.

Eso es lo que quiero para todos mis clientes y es lo que quiero para ti. Si también es eso lo que quieres para ti mismo, entonces empecemos.

 

 

PRIMERA PARTE

 

COME

3

 

Piensa en el futuro

 

 

Ya sé lo que estás pensando: «Mike, si el régimen de movilidad y rendimiento es la columna vertebral de este libro, entonces ¿por qué no empiezas con la parte de Muévete?». La respuesta es esta: primero, la comida proporciona energía, y necesitas energía para hacer ejercicio, ¡y punto! Si no hay suficiente combustible en tu depósito de gasolina, tu cuerpo pasará más tiempo aparcado que en la carretera.

Además, poner el mejor combustible en tu depósito al hacer elecciones nutricionales más inteligentes te permitirá aportar más energía y concentración a la parte de Muévete de mi programa para cosechar más resultados. Necesito que tu cuerpo tenga todos los materiales nutritivos que precisa a diario para reconstruir y reparar músculo, además de contener o reprimir cualquier deseo que puedas tener de recurrir a cantidades poco saludables y/o excesivas de comida.

Por último, aunque estos próximos cuatro capítulos se incluyan en la categoría de «comer», debes aplicar mi programa de cuatro pasos a lo que bebes también. Mantener la hidratación ideal es fundamental para el plan (comprenderás las numerosas razones en breve) y es algo que estos primeros capítulos te ayudarán a dominar rápidamente.

Dicho todo esto, ¡pongámonos manos a la obra!

 

 

Mientras lees esto, es probable que hayas comido o bebido algo hace unas horas. Seguramente tienes pensado comer o beber algo después de dejar este libro. Quizá estés apurando algo literalmente mientras pasas estas páginas. Así que dime: ¿por qué has escogido (o por qué escogerás) esa comida o tentempié?

Cuando te esfuerzas por conseguir longevidad y rendimiento, resulta crucial que seas responsable en todas las áreas de tu vida, incluida la nutrición. Aun así, cuando la mayoría de la gente busca algo que comer o beber, rara vez tiene la longevidad en mente. Con frecuencia, se mueven por razones del todo equivocadas, como las siguientes:

Pasamos por alto lo que nuestro cuerpo nos pide en realidad. A menudo, que tengamos muchas ganas de comer o beber algo puede ser una señal de que necesitamos consumir otra cosa completamente distinta. Por ejemplo, a veces, cuando sientes que tienes hambre, quizá en realidad tengas sed, pues tu cuerpo recibe cierto porcentaje de su ingesta de agua diaria de las comidas. O tal vez tengas antojo de alimentos salados porque tu cuerpo está deshidratado y falto de electrolitos, en especial de sodio.

En otras ocasiones, podrías estar comiendo demasiados alimentos feculentos, dulces y con alto contenido en grasas porque tu cuerpo necesita dormir desesperadamente. Hace mucho que la ciencia ha demostrado que la falta de sueño de calidad altera el equilibrio de la grelina, la hormona que incrementa tu apetito al decirle a tu cerebro que necesita energía, y la leptina, la hormona que suprime tu apetito cuando le dice a tu cerebro que tiene suficiente energía a su disposición.

Satisfacemos algo más que nuestro estómago. En multitud de ocasiones buscamos comida por razones que nada tienen que ver con el hambre o con lo que nuestro cuerpo necesita. ¿Cuándo fue la última vez que comiste fritos de un puesto callejero simplemente porque activaba un recuerdo especial de tu pasado? ¿O bebiste mucho más de lo que tenías pensado solo porque no querías dar plantón a tus amigos? ¿O metiste la mano en una bolsa de patatas fritas y descubriste que te la habías comido entera solo porque estabas aburrido o estresado?

Las emociones pueden jugar un papel inmenso en por qué comemos un montón de basura que sabemos que es basura. Esa clase de comer por impulso se interpone en el camino de las comidas adecuadas, comidas que encajan con los objetivos personales que tienes para ti mismo en términos de rendimiento y longevidad.

Estamos privados… de tiempo. Cuando tenemos prisa, nuestras elecciones nutricionales normalmente se decantan por la comida de más fácil acceso. Por desgracia, lo más práctico suele ser lo menos saludable para nosotros, y eso es lo que crea serios problemas a la mayoría de la gente.

Incluso las personas que comemos de la forma más consciente podemos caer víctimas de los peores alimentos posibles si lo que tenemos a mano cuando el tiempo corre son tentempiés o comidas altamente procesados. Para empeorar las cosas, a la mayoría nos estresa la presión que causa el tiempo, lo que hace que el cuerpo procese lo que sea que estás comiendo con menos eficiencia, puesto que el estrés inhibe la digestión. Eso significa que obtienes aún menos nutrientes de las comidas sin valor que consumes en un apuro.

Nos preocupa nuestro aspecto, no nuestro rendimiento. ¿A cuántas personas conoces que pasan hambre por verse mejor en la playa o para encajar en ese vestido de talla menor? Es demasiado común, pero esa privación tiene un precio, en especial si no obtienes los nutrientes suficientes que necesita tu cuerpo.

Esta es la cuestión: a la mayoría de los deportistas no les preo­cupa la estética de su físico. Su objetivo es que su cuerpo rinda al máximo, no que tenga el mejor aspecto. Tiene sentido, ¿verdad? Y aun así, muchos de los atletas más impresionantes tienen un físico increíble de todos modos. Pasar hambre para lucir tableta no va a ayudarte a anotar un triple o batir un récord en los cien metros.

Cuando comes pensando ante todo en el rendimiento —cuando pasas unos segundos preguntándote si lo que va a entrar en tu estómago te ayuda o te perjudica—, un cuerpo envidiable se desarrolla prácticamente por sí solo sin pensarlo demasiado. Pero en lugar de limitarte a aparentar que puedes encargarte del asunto, literalmente estás alimentando a tu cuerpo para que pueda ocuparse.

 

 

Qué pensar detenidamente…

antes de empezar este programa

 

Hago que todos mis clientes sigan el mismo plan nutricional, uno que les permita llevar a cabo aquello que mejor se les da con tanta energía y concentración como sea posible durante el mayor tiempo posible. Si la palabra «plan» te resulta intimidante o complicada, confía en mí cuando te digo que lo que te propondré en el próximo capítulo no es ni doloroso ni abrumador. Se reduce a seguir unas cuantas normas sencillas y hacer las mejores elecciones posibles cuando llega el momento de alimentar tu cuerpo. Pero aclararé algunas cosas de inmediato:

Esto no es una dieta para perder peso. Lo diré de nuevo: esto no es una dieta. Necesito que te grabes eso en el cerebro. En el momento en que empiezo a explicar el tipo de comidas que un cliente debería comer para potenciar la longevidad y el rendimiento, a menudo me preguntan: «Entonces ¿cuántos kilos voy a perder?». Esto no va de perder peso. Va estrictamente de comer para potenciar la longevidad y el rendimiento recurriendo a alimentos ricos en nutrientes que proporcionan a tu cuerpo todo lo que necesita para mantener la energía y reconstruirse a sí mismo. No puedo prometerte que perderás peso, pero lo que puedo garantizarte es que te sentirás y te moverás mucho mejor que antes.

Esto no es una rutina de treinta, sesenta o noventa días. Cuando hablamos de cambiar cómo y qué comemos, a menudo existe una línea de tiempo ligada a ello. Pero esto no es ninguna dieta relámpago a la que espero que te sumes durante un número determinado de días, es un marco que te animo a incorporar de por vida. Porque lo que voy a compartir contigo no está ligado a la última tendencia. Se basa en cómo funciona tu cuerpo y en lo que necesita, y esa mecánica y esos elementos esenciales llevan ahí tanto tiempo como la humanidad en la Tierra.

Esto no supone el fin de lo que comes ahora. Es un marco flexible.

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos