Índice
Introducción
CAPÍTULO I. «¡Viva la Patria! ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Independencia!»
CAPÍTULO II. De ataques, emboscadas y guerrillas
CAPÍTULO III. La gesta de los héroes silenciosos
CAPÍTULO IV. Las cartas de la libertad
CAPÍTULO V. Entre crisis políticas y batallas perdidas
CAPÍTULO VI. 1824. La guerra, al fin y al cabo
CAPÍTULO VII. «¡Armas a discreción, paso de vencedores!»
Bibliografía
Agradecimientos
Legal
Sobre el autor
Sobre este libro
A mi padre, Gustavo, por la memoria.
Por los recuerdos.
«Cualquiera que fuera la causa que abrazaran esos soldados peruanos, sea como voluntarios en uno u otro de los bandos, bien, como “levados” bajo las banderas del Rey; o como “reemplazantes” de las bajas ocurridas en las filas auxiliares, vertieron su sangre de comienzo a fin en el titánico empeño de la Emancipación de Hispanoamérica, y a ellos se debió que fuera el Sol de Ayacucho el que alumbrara el último paso de los esforzados y gloriosos paladines de la Libertad Continental».
Carlos Dellepiane. Historia militar del Perú
INTRODUCCIÓN
Esta es una historia de guerra. En 1824, el Perú se encontraba a punto de perder su Independencia. Desde que José de San Martín dejó el país, las autoridades nacionales, políticas y militares no conseguían organizar una campaña bélica que consolidara la libertad proclamada el 28 de julio de 1821. Pero... ¿si San Martín ya había declarado la Independencia por qué seguíamos teniendo un virrey? Desde que era un niño se me hacía una confusión.
Efectivamente, entre 1821 y 1824, el país seguía teniendo un virrey. ¿Por qué necesitábamos del concurso de otras fuerzas para lograr nuestra emancipación? ¿Por qué, si la declaración de Independencia se dio en 1821, María Parado Jayo de Bellido murió fusilada en 1822? ¿Y por qué José Olaya Balandra fue ajusticiado en 1823? De todos estos asuntos me ocupo en este libro.
Celebrar los 200 años de nuestra Independencia nos invita a la reflexión. ¿Cuánto y hacia dónde hemos avanzado? ¿Éramos muy distintos entonces? ¿Teníamos los mismos miedos, las mismas preocupaciones? ¿Las mismas mezquindades y egoísmos? Soy periodista y quería buscar respuestas. Por eso, usando las herramientas del oficio —recabar información, cruzar fuentes y procesar datos—, empecé esta aventura. El bicentenario fue el pretexto. En este caso particular, el bicentenario de la batalla de Ayacucho. Deseaba llenar aquellos vacíos que, para el común de nosotros, tiene la Independencia, cuyo paradero final es la Pampa de Quinua.
Mi propósito es plasmar las circunstancias que pusieron a soldados, esclavos, aristócratas, guerrilleros, comerciantes, espías, amas de casa, aventureros, cronistas y un largo etcétera, en una disyuntiva que los llevó a hacer lo que hicieron. Insisto, no hay buenos ni malos. Los protagonistas de esta historia creían en la justicia de su causa y buscaron defenderla de la mejor manera que creyeron posible. Todo, enmarcado en un ambiente muy violento.
Esta es una historia llena de combates y enfrentamientos. No podemos entender el proceso emancipador sin acudir a ellos. Descubrimos así que, además de las victorias de Junín y Ayacucho, ocurrieron otras muchas batallas, que, en casi la totalidad de casos, terminaron con una aplastante derrota de los ejércitos patriotas. De aquellos sucesos poco se ha hablado. Menos aún de algunos silenciosos protagonistas gracias a quienes se mantuvo en pie el espíritu de lucha.
No fueron peruanos peleando contra españoles, ya se darán cuenta. No se trató de una lucha de nuestros compatriotas contra un enemigo extranjero. Había españoles y peruanos en los dos bandos. H
