Y amarás a un extraño

Sandra Bree
Alexandra Black

Fragmento

Introducción

Introducción

Gloomhaven Castle, Inglaterra

18 de octubre de 1815

A la atención del barón de Fairhaven,

Estimado barón,

Espero que esta misiva lo encuentre bien y en buen estado de salud. Me dirijo a usted con un asunto de la mayor seriedad y urgencia, que requiere su pronta atención y resolución.

Como usted bien sabe, el 15 de julio de 1807 tuvimos la oportunidad de acordar en la India un préstamo de suma significativa, ascendente a ocho mil libras esterlinas, con la promesa de ser reembolsado en su totalidad a más tardar el 1 de marzo de 1810. Dicha fecha ha pasado ya sin que se haya recibido el pago convenido.

Entiendo que puedan surgir circunstancias imprevistas que dificulten cumplir con los compromisos financieros en el tiempo estipulado. No obstante, le solicito encarecidamente que se comunique conmigo a la mayor brevedad para resolver esta situación de manera amistosa y evitar así la necesidad de recurrir a medios más formales y, ciertamente, menos deseables para ambos.

Confío en su honor y en la integridad de su palabra, atributos que siempre han caracterizado a su distinguida familia. Estoy convencido de que este asunto puede resolverse de manera rápida y justa para ambas partes.

Aguardando su pronta respuesta, le saluda atentamente,

Lord Sebastian Sutton, marqués de Ravenswood

Gloomhaven Castle

Ravenswood Hollow, Inglaterra

Fairhaven House, Inglaterra

25 de noviembre de 1815

A la atención de lord Sebastian Sutton, marqués de Ravenswood,

Estimado marqués,

Reciba mis más cordiales saludos y mis sinceros deseos de bienestar para usted y su distinguida familia. Lamentablemente, tengo que informarle de una triste noticia que afecta de manera directa al asunto tratado en su reciente carta.

Mi querido sobrino, el difunto barón de Fairhaven, falleció el pasado mes de febrero tras un desafortunado accidente. En virtud de su testamento y de las leyes de sucesión, he asumido el título y las responsabilidades inherentes como el nuevo barón de Fairhaven. Comprendo la gravedad del asunto que me plantea y lamento profundamente cualquier inconveniente que este desafortunado evento haya podido causar.

En relación con la deuda mencionada, estoy dispuesto a proponerle una solución que, confío, será beneficiosa para ambas partes y, al mismo tiempo, fortalecerá los lazos entre nuestras familias. Mi sobrina, lady Katherine Stormfield, ha heredado una considerable dote que asciende a diez mil libras esterlinas. Propongo que dicha suma sea destinada a solventar la deuda contraída por mi difunto sobrino.

Sin embargo, este arreglo se llevaría a cabo bajo la condición de que usted, lord Ravenswood, acepte la mano de mi sobrina en matrimonio. Estoy convencido de que esta unión no solo resolverá el problema financiero, sino que también proporcionará una base sólida para una relación duradera y provechosa entre nuestras familias.

Espero que considere esta propuesta con la seriedad y el respeto que merece. Quedo a la espera de su respuesta para discutir los detalles y, en su caso, proceder con los preparativos necesarios para esta unión.

Atentamente,

Barón Bertram Stormfield

Fairhaven House

Londres, Inglaterra

Ravenswood Hollow, Inglaterra

10 de diciembre de 1815

A la atención del barón Bertram Stormfield,

Estimado barón,

Espero que esta misiva lo encuentre en perfecto estado de salud. Recibí su carta del 25 de noviembre con gran interés y profunda consideración. Permítame, en primer lugar, expresarle mis más sinceras condolencias por la pérdida de su sobrino. Lamento profundamente las circunstancias que han llevado a esta situación.

He reflexionado detenidamente sobre su propuesta y, con el debido respeto a su familia y a la memoria de su difunto sobrino, me complace informarle que acepto la mano de lady Katherine Stormfield en matrimonio. Confío en que esta unión será beneficiosa para ambas familias y que cumplirá con las expectativas planteadas en su misiva.

Sin embargo, debido a ciertos compromisos ineludibles que requieren mi presencia aquí en Gloomhaven Castle, me veo en la necesidad de sugerir que nuestra boda se celebre por poderes. Este arreglo permitirá que nuestra unión se formalice sin necesidad de que me traslade a Londres, algo que en este momento me resulta imposible.

Estoy seguro de que, con su comprensión y colaboración, podremos organizar una ceremonia digna y acorde con nuestras respectivas posiciones. Agradeceré que se encargue de los detalles pertinentes y coordine con mi representante en Londres para llevar a cabo el matrimonio por poderes.

A la espera de su confirmación y agradeciendo de antemano su comprensión y apoyo, le envío mis más cordiales saludos.

Atentamente,

Lord Sebastian Sutton, marqués de Ravenswood

Gloomhaven Castle

Ravenswood Hollow, Inglaterra

Fairhaven House, Inglaterra

17 de diciembre de 1815

A la atención de lord Sebastian Sutton, marqués de Ravenswood,

Estimado marqués,

Reciba mis más cordiales saludos y mis mejores deseos. Me complace enormemente recibir su carta del 10 de diciembre, en la que acepta la propuesta de matrimonio con mi sobrina, Lady Katherine Stormfield. Nos sentimos honrados y felices por su decisión.

Entendemos perfectamente sus obligaciones en Gloomhaven Castle y aceptamos con agrado su sugerencia de celebrar la boda por poderes. Estoy convencido de que este arreglo no disminuirá en absoluto la solemnidad y la dignidad de nuestra unión familiar.

Me encargaré personalmente de todos los preparativos necesarios para la ceremonia. En breve me pondré en contacto con su representante en Londres para coordinar todos los detalles y asegurar que el evento se lleve a cabo de manera impecable y conforme a nuestros deseos.

Estamos ansiosos por fortalecer los lazos entre nuestras familias y confiamos en que esta unión traerá prosperidad y felicidad a ambos hogares. Lady Katherine también se muestra entusiasmada y honrada por la perspectiva de este matrimonio.

Agradezco profundamente su disposición y colaboración en este asunto. Quedo a su disposición para cualquier cuestión adicional que pueda surgir y espero con interés el próximo capítulo de nuestras historias familiares unidas.

Con mis más sinceros saludos,

Barón Bertram Stormfield

Fairhaven House

Londres, Inglaterra

Londres, Inglaterra

27 de diciembre de 1815

A la atención de lord Sebastian Sutton, marqués de Ravenswood,

Estimado marqués,

Espero que esta misiva le encuentre en perfecto estado de salud. Me dirijo a usted con gran satisfacción para informarle que la ceremonia de matrimonio por poderes entre usted y lady Katherine Stormfield se ha llevado a cabo exitosamente.

El acto tuvo lugar ayer en la capilla de St. George en Londres. Se desarrolló con toda la solemnidad y dignidad que la ocasión ameritaba, conforme a las tradiciones y costumbres de nuestras distinguidas familias. Los testigos y representantes pertinentes estuvieron presentes, y la unión fue debidamente registrada sin ningún contratiempo.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para expresar mi agradecimiento por la confianza depositada en mí para llevar a cabo esta importante tarea. La colaboración con el barón de Fairhaven y su familia fue excepcional, y todo se realizó según lo planeado.

Le transmito, en nombre de lady Katherine Sutton, sus más cordiales saludos y el deseo ferviente de conocerlo personalmente en el futuro cercano. Estoy seguro de que esta unión traerá prosperidad y felicidad a ambas familias.

A la espera de cualquier instrucción adicional que pueda tener, me despido de usted con el más profundo respeto y los mejores deseos.

Atentamente,

Sir Henry Anderson

Representante del marqués de Ravenswood

Londres, Inglaterra

Capítulo 1

Londres, enero de 1816

—La noche era fría y tormentosa. El mar rugía y las olas golpeaban las rocas como si fuerzas ocultas intentaran romper la barrera entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Lord Edmund Sutton, primogénito y heredero del marquesado de Ravenswood, se encontraba en la torre más alta del castillo junto a lady Isabella, su prometida...

—¿Pero lady Isabella no era la prometida de lord Sebastian? —interrumpió una de las espectadoras; sus ojos brillaban, excitados, con la luz del atardecer que se filtraba por la ventana.

Claire, la narradora, levantó una ceja intentando ocultar su impaciencia. La habitación se sumió en un mutismo tenso, como si hasta el aire hubiera contenido el aliento.

—Si lo desea, guardo silencio y lo cuenta usted —respondió Claire con un tono tan gélido como el viento invernal que azotaba las ventanas.

La dama que había interrumpido se sonrojó y desvió la mirada hacia sus amigas antes de murmurar una disculpa.

—No, milady, perdone mi descortesía. Continúe, por favor.

Claire asintió, complacida por haber recobrado la atención de su audiencia. Tras una breve pausa de protesta, continuó, bajando la voz a un susurro malicioso.

—Lord Sebastian era el hermano menor de lord Sutton, no el prometido de lady Isabella. Pero todos sabían que estaba enamorado de ella. Esa noche, se citaron en la torre, y lord Sutton los sorprendió.

La habitación quedó envuelta en una calma tirante. Las damas se inclinaron hacia adelante, con la mirada llena de expectación. Claire saboreó el momento, disfrutando de la atención de sus oyentes.

—¿Y qué pasó luego? —preguntó lady Jane, retorciendo nerviosamente la falda de su vestido de seda.

Claire miró a cada una de ellas, deleitándose en su interés. Antes de continuar, lanzó un vistazo socarrón a su prima Katherine, que había apartado ligeramente su silla, intentando disimular su incomodidad.

—Los hermanos se enfrentaron. Aunque Sebastian era el más joven, siempre había sido el más fuerte. En un arrebato de celos y furia, empujó a su hermano desde lo alto de la torre.

Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. Katherine sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras sus manos temblaban al intentar mantener la compostura. Claire, al ver su reacción, esbozó una sonrisa malévola.

—Lord Sebastian trató de forzar a lady Isabella...

—¿A qué? —preguntó otra dama con curiosidad.

Claire bajó la voz hasta convertirla en un susurro apenas audible, con las mejillas teñidas de un leve rubor.

—Ya saben... No me hagan decirlo en voz alta —murmuró, más incómoda de lo que pretendía mostrar.

Las demás intercambiaron miradas cómplices, sonriendo con malicia, pues sabían bien a qué se refería. Katherine, sin embargo, sentía una mezcla de horror y confusión. Las implicaciones de lo que escuchaba la inquietaban profundamente, y su mente luchaba por procesar tales revelaciones. La noche anterior, el ama de llaves le había explicado sus obligaciones como esposa, y la experiencia había sido perturbadora. Ahora, esta nueva historia la llenaba de una angustia indescriptible.

—Lady Isabella, desesperada y atormentada por lo sucedido, decidió arrojarse también desde la torre —prosiguió Claire, regodeándose en el impacto de sus palabras.

—¿Y qué sucedió con lord Sebastian? —inquirió otra de las damas, con voz temblorosa.

Claire adoptó una expresión grave.

—Mi madre me contó que, después de aquello, desapareció durante muchos años. —Volvió su mirada hacia Katherine, sonriendo con un toque de malicia—. Y tú serás la primera en verlo, Kat.

Katherine sintió un escalofrío aún más intenso. Su futuro parecía mucho más lúgubre de lo que había imaginado. Aun así, no iba a permitir que su prima se saliera con la suya. No la vería asustada de su marido y no permitiría que la intimidase, así que se lanzó al ataque.

—Qué suerte —murmuró con ironía, tan bajo que solo su mejor amiga, lady Sandra Smith, pudo escucharla. Obligándose a sonreír, añadió en voz alta—: Me siento muy afortunada. A estas alturas pensé que terminaría soltera. Dicen que los marqueses de Ravenswood siempre han sido muy apuestos... y al menos es un hombre joven. —Cruzó los dedos, rezando para no estar equivocada, pues su tío no había tenido la decencia de hablarle sobre el marqués y se había limitado a decirle que se casaría con él sí o sí—. No como cierto pretendiente que supera los cincuenta años y al que tu padre parece más que dispuesto a ofrecerte.

Lady Sandra se llevó una mano a la boca, asombrada.

—¿Te refieres a lord Pembroke? ¡Pero si le faltan dientes y escupe cuando habla!

Las damas se estremecieron al recordar al conde, excepto Claire, que miró a su prima con resentimiento.

—Te recuerdo, querida Kat, que nadie ha visto a tu esposo. Quizá sea un monstruo y por eso ni siquiera se presentó en la boda. Aunque claro, siendo un asesino, no querría mostrar su rostro.

Katherine levantó la barbilla, esforzándose por no dejarse intimidar.

—Si fuera como dices, habría pagado por sus crímenes. Tu historia no tiene sentido.

—Todo el mundo sabe que lord Pembroke tiene tres hijos bastardos y mantiene a su amante en Bloomsbury —intervino lady Jane—. Solo busca una esposa para tener un heredero y se rumorea que la enviará al campo en cuanto dé a luz, por eso no se ha casado todavía.

Claire entrecerró los ojos, enfurecida, y trató de reconducir la conversación.

—¿Entonces por qué huyó lord Ravenswood? Alguien sin secretos no se escondería.

Katherine respondió con firmeza:

—Porque la estupidez reina en la sociedad. —Le dedicó a Claire una sonrisa despectiva, dejando claro su desprecio.

Claire, iracunda, se levantó bruscamente, asustando al gato que dormía a sus pies. El felino huyó, derribando el jarrón favorito de la baronesa de Fairhaven. Las damas se sobresaltaron, y los criados acudieron rápidamente para limpiar el desastre, poniendo fin a la reunión. Las dos primas se miraron, furiosas. Nunca se habían llevado bien y era poco probable que su relación mejorase en el futuro. Katherine no entendía el porqué del rencor de Claire, pues nunca había sido altiva o desagradable con su familia, así que le costaba asimilar toda aquella malicia que parecía destinada a ella. Lo lamentaba, ya que le habría gustado tener una hermana. Por eso, cuando subió a su cuarto, lo hizo con el corazón encogido por algo más que la congoja debida a su marcha: la tristeza por no haber conseguido ganarse el afecto de su prima.

***

Katherine observaba la colección de sombreros que Eleanor, su doncella, había colocado sobre la cama. La luz de las velas parpadeaba, proyectando sombras sobre las paredes, mientras el viento ululaba, presagiando una tormenta. Debía decidir cuáles llevar consigo a Cornualles y cuáles enviar junto al resto de sus pertenencias. Había logrado posponer su viaje con distintas excusas, pero su tío ya había manifestado su impaciencia y le había dado un ultimátum: o partía por su propia voluntad, o la enviaría en un carruaje con lo puesto y mandaría sus cosas después. Por supuesto, que no contase con recibir los muebles de su madre en Cornualles; solo podría llevárselos si se marchaba de inmediato, como correspondía a una recién casada. Y Katherine, sobre todas las cosas, quería llevarse el tocador y el pianoforte que habían pertenecido a la difunta baronesa de Fairhaven, así que se había visto obligada a claudicar y preparar su viaje con relativa rapidez.

—No sé, Eleanor —dijo, tomando un sombrero de ala ancha adornado con plumas—, no me decido.

—El viaje será largo. Escoja los más pequeños —sugirió Eleanor, con una sonrisa paciente.

Katherine frunció el ceño, indecisa, mientras miraba su colección. La mayoría eran de ala ancha, elegantes y sofisticados, hechos de terciopelo y seda. Siempre se había decantado por ellos, en lugar de usar bonetes o turbantes, como otras mujeres. Por supuesto, había una razón detrás de esta preferencia: proteger la piel del rostro de las inclemencias del clima. Tenía una piel muy sensible y, además, le salían pecas con mucha facilidad, así que se esforzaba mucho por cuidarla.

—¿Escuchaste lo que dijo mi prima? —preguntó Katherine, con un tono cargado de ansiedad.

—No, milady.

—Embustera, estabas cerca. Te vi cuando llegó lady Jane.

—Le prometo, milady, que no escuché nada —respondió Eleanor.

Katherine señaló el descalzador de terciopelo azul.

—Siéntate —ordenó mientras se acomodaba frente al tocador. Le temblaban las manos y la luz del candelabro iluminaba su rostro, revelando la preocupación en sus ojos—. Claire me ha contado algo espantoso que sucedió en Gloomhaven Castle.

Eleanor, al ver la angustia de su señora, se sentó con cuidado.

—Milady, no me asuste.

—Es terrible —sollozó Katherine—. Vamos a vivir en un lugar horrible.

—Milady, por Dios, dígame qué ha escuchado.

—¿Conoces la historia de lord Ravenswood? —Eleanor negó con la cabeza—. ¡Asesinó a su hermano y a su prometida! ¡Es un monstruo!

Eleanor suspiró con una mezcla de fastidio y resignación, pues conocía la tendencia de Katherine a exagerar.

—Milady, esas son historias para asustar a los niños. ¿Quién creería que un hombre que ha asesinado a su hermano podría escapar de la justicia? Además, usted sabe cómo es su prima. No debe dejarse llevar por sus palabras.

Katherine se quedó pensativa, valorando las palabras de Eleanor, y aunque no estaba demasiado convencida de esto, decidió ceder y asentir para no preocupar a su doncella.

—Tienes razón. Quizá esté exagerando.

«¿Quizá?», pensó Eleanor con ironía. «¿Solo quizá?».

La doncella se levantó con una sonrisa afectuosa. Era consciente de la angustia y el nerviosismo de su señora, así que decidió hacer algo para tranquilizarla, aunque era poco lo que podía hacer por ella. Su situación no era nada sencilla y había pasado por demasiadas cosas en menos de un año: la pérdida de su hermano, la llegada de su tío, el maltrato de su prima y su tía y luego aquel matrimonio arreglado en el que no había tenido ni voz ni voto. Lo peor de todo era que no podía hacer otra cosa, pues solo recibiría la herencia de su abuela si se casaba. Entonces el dinero sería suyo y solo suyo, pero antes del matrimonio no tenía nada, y si su tío no quería en la casa a una solterona a la que ni siquiera podía sacarle un solo penique, entonces tenía que marcharse. Eleanor llevaba semanas rezando y suplicando a Dios que al menos el marido de Katherine fuera un buen hombre y le diera un buen hogar.

—Milady, iré a buscarle una tisana para calmar sus nervios —dijo, tristemente consciente de que era lo único que podía hacer por ella.

Katherine asintió, conforme, y cuando Eleanor salió de la habitación, se volvió hacia el espejo del tocador que una vez había pertenecido a su madre y se acarició el rostro mientras soltaba un largo suspiro ante su propio reflejo. No poseía la belleza clásica que tanto apreciaban los hombres, así que no estaba segura de que llegase a gustarle a su esposo. Además, ya no era joven y su cuerpo tampoco era espigado y delgado como el de su prima, así que no llamaba la atención del sexo opuesto, lo cual la había hecho sentir frustrada en más de una ocasión. Sin embargo, ella no podía ver la calidez y dulzura que la hacían encantadora para aquellos a quienes no les importaban las apariencias. Su hermano siempre le decía que la belleza estaba más allá de lo que los ojos pueden ver y ella se había aferrado a aquello para sobrevivir en un mundo en el que una mujer como ella no estaba de moda. No había servido de nada, pues ni hombres ni mujeres se privaban de recordarle de distintos modos que su color de pelo era horrible, que tenía demasiadas curvas, que debía bajar de peso y un sinfín de comentarios similares que siempre la habían lastimado hasta hacerla llorar muchas veces. No quería recordar su primera temporada, cuando escuchó a dos hombres hablando sobre sus senos y su figura de forma soez y burlona; tampoco quería acordarse de las jóvenes de cabellos dorados, ojos azules y cuerpos esbeltos que se reían de ella por sus pecas, su cabello, su cuerpo y, en definitiva, por no ser «elegible».

Suspiró con fastidio al darse cuenta de que estaba pensando tonterías porque la malicia de Claire la había afectado más de lo que quería reconocer. Se prometió que no permitiría que la perfidia de su prima la hiciese dudar de sí misma de nuevo y sonrió a la imagen que le devolvía el espejo.

—Tonterías —le dijo a su reflejo—. Solo dice tonterías porque está celosa. ¿Quién en su sano juicio querría casarse con lord Pembroke? Yo estoy casada con un Sutton, soy una marquesa, y ella ni siquiera es la hija de un barón por nacimiento. No seas tonta, Katherine, eres mejor en muchos aspectos. ¿Qué tiene ella? Solo es bonita...

Pero era muy hermosa, maldición. Y no importaba lo que se dijese a sí misma, porque sabía que Claire siempre la superaría en todo.

Resignada, apartó la mirada del espejo, y cuando Eleanor regresó con la tisana humeante, la recibió con una sonrisa agradecida. Bueno, al menos ella tenía a su doncella, que la apreciaba y con la que tenía una buena relación; la pobre Giselle —la criada de Claire— era un ratón asustadizo que no soportaba la presencia de su ama porque le tenía mucho miedo.

Tomó un sorbo de la infusión y sintió cómo el calor la reconfortaba.

—Gracias, Eleanor.

—¿Se encuentra mejor?

—Sí, lo siento. Tal vez tengas razón y esté preocupándome demasiado.

La doncella sonrió. Aquello era lo que más le gustaba de Katherine. No importaba lo difíciles que fueran las situaciones o que entrase en una crisis porque su tendencia al drama se imponía a la razón, porque siempre acababa reconociendo que las cosas, en ocasiones, no eran tan complicadas como podían parecer.

—Milady —dijo tratando de distraerla de su angustia—, creo que este cambio podría ser lo mejor para usted. Quedarse cerca de sus tíos y su prima no le hace ningún bien.

—Pero ese hombre... —Suspiró con tristeza—. Ni siquiera lo conozco.

Eleanor se sentó de nuevo en el descalzador y, en un gesto audaz, tomó su mano libre y le dio un suave apretón que pretendía ser reconfortante.

—Milady, no escuche las tonterías de su prima, por favor. Está furiosa porque lord Fairhaven insiste en casarla con lord Pembroke. Al menos puedo asegurarle algo: lord Ravenswood no es un anciano. Eso es lo que he podido averiguar. Eso la tiene muerta de miedo.

—Aunque fuese un anciano, tampoco podría quejarme. Las dos sabemos que ya he pasado la edad adecuada para casarme. Tengo veintiocho años y debería estar agradecida al cielo por haberme enviado un esposo, ¿no crees?

—No lo creería si su hermano estuviera vivo, mila

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