El gato de Schrödinger

Lily del Pilar

Fragmento

 ÍNDICE DE PERSONAJES

Índice de personajes

Kim Minwoo: paleontólogo obsesionado con descubrir el fósil de un dinosaurio. Tiene un loro de mascota, cuyas películas preferidas son Mulán y Lilo y Stitch. Lee Namoo dice que su arcano mayor es El Sol, y por supuesto que creyó que hablaba del Pokémon legendario Sol.

Lee Namoo: vive en el mundo de los sueños. Porta siempre consigo un mazo de cartas. Su arcano mayor es La Luna. Conoce a Minwoo desde antes, mucho antes.

Song Haru: arqueólogo y mejor amigo de Minwoo. Lee Namoo dice que representa al arcano mayor La Estrella. Tampoco sabe a lo que se refiere con eso.

Son Subin: novio de Minwoo. Namoo considera que es el arcano mayor El Colgado. No va a dar explicaciones sobre ello.

Park Seung o simplemente «ajusshi»: psicólogo de Minwoo. Arcano mayor La Templanza.

Kim Misuk: madre de Minwoo. Arcano mayor La Suma Sacerdotisa.

Lee San: hermano pequeño de Lee Namoo. Arcano mayor El Loco.

En promedio el ser humano pasa veinticinco años de su vida durmiendo y, de esa cantidad, ocho transcurren soñando. Pero ¿qué son los sueños? Durante la noche es cuando el cerebro se encuentra más activo, ya que se desconecta la corteza orbitofrontal y la prefrontal, donde se localiza el «yo», y se mantiene activa la parte más primitiva del cerebro, la que está encargada de nuestras emociones, temores, deseos y traumas. Quien tiene el control sobre la mente mientras se duerme, entonces, es el subconsciente. Por tanto, soñar es a lo que llamamos a aquel fenómeno de imágenes creadas por el subconsciente y procesadas por el consciente en un intento desesperado por confeccionar una historia coherente.

Pero ¿qué sentido tiene que soñemos?

Hipótesis I

SOÑAMOS PARA RECORDAR

Los sueños son una herramienta del cerebro para procesar,Los sueños son una herramienta del cerebro para procesar,integrar y comprender la información nuevaintegrar y comprender la información nueva

1

ESTUDIO DEL SUEÑO

Día uno

Sentado en el borde de la cama, Lee Namoo observaba sus pies desnudos. Los movía al ritmo de la melodía que provenía desde un altavoz localizado en una esquina del cuarto. Sonaba Nocturne No. 1 de Chopin. Se la sabía de memoria. La había oído en múltiples ocasiones, cada vez que el ensayo se reiniciaba. Luego le seguiría la pieza número dos, y la tres, y la cuatro, y la cinco. Jamás llegaba a la seis.

En sus manos nerviosas revolvía un grupo de cartas alargadas y de textura suave. Con la música aún de fondo, resbaló una de ellas y quedó volteada en su regazo. Namoo dejó el mazo a un lado y tomó la carta para ver su imagen frontal.

Era el arcano mayor El Sol invertido. Siempre era esa carta cuando pensaba en él. La barajó una vez más y dejó que el mazo se deslizara entre sus dedos despistados. Poco después cayó una nueva carta. En esa oportunidad fue el arcano mayor La Luna. Le dio un beso a la imagen donde aparecía aquel hombre joven con los ojos cerrados, tal como si estuviera durmiendo.

Cuando por fin captó los pasos acercándose por el corredor, Namoo dejó a un lado el mazo. Mientras la música proseguía, escuchó que a lo lejos se iban abriendo una serie de puertas hasta que llegaron a la suya. Entró una mujer, él la llamaba enfermera Yoo. Llevaba consigo una charola. En el centro, una pastilla azul junto a un vaso de agua.

—Hola, Namoo —lo saludó con expresión amena.

—Hola —respondió sin ánimo.

Ella se detuvo frente a él.

—Ya conoces el procedimiento.

Asintió.

Cuando le extendió la medicina y el agua, se tragó ambas sin replicar. Después se recostó en la cama blanca y se tapó. La enfermera Yoo dejó la bandeja en la mesita de noche, lo ayudó a cubrirse mejor y acercó un mesón con un dispositivo y los sensores. Iban a hacerle una polisomnografía con la finalidad de registrar las ondas cerebrales, niveles de oxígeno en la sangre, frecuencia cardíaca y respiratoria, y el movimiento de ojos y piernas.

En tanto se acomodaba para dormir, no pudo evitar pasarse la mano por el cabello intentando rastrear aquella cicatriz. Con el fin de estudiar la particularidad de sus sueños, hacía un tiempo le habían realizado una cirugía e insertado veinte electrodos sobre la superficie del cerebro. Al palpar la parte rugosa que formaba un cuadrado, bajó el brazo y permitió que la enfermera Yoo comenzara con la instalación de los sensores. Con un adhesivo suave, se los pegó en el cuero cabelludo, las sienes, el pecho y las piernas. Los sensores estaban conectados mediante cables a una computadora. Por último, le sostuvo la oreja con una pequeña pinza para vigilar el nivel de oxígeno en su sangre.

Una vez estuvo listo, la enfermera Yoo agarró la charola y se inclinó frente a él para despedirse.

—Dulces sueños, Namoo.

Las luces del cuarto se apagaron y la música bajó en intensidad. Sintió de inmediato el golpe eléctrico en su cerebro dado por los electrodos.

Cerró los ojos y comenzó a contar.

Uno.

Dos.

Aquel rostro empezó a dibujarse en su mente.

Tres.

Cuatro.

El ser humano no tenía la capacidad de crear caras.

Cinco.

Seis.

Namoo nunca le había visto fuera de sueños.

Siete.

Ocho.

Pero soñaba con esa persona todas las noches.

Nueve.

Algunas veces se veía diferente.

Diez.

Con el tiempo, quedó solo una.

Porque no fue una coincidencia que, el 6 de abril de 2024 a las 9.36 de la mañana, Kim Minwoo ingresara a su tienda de conveniencia. Fue un hecho que Namoo llevaba esperando lo que parecía una vida entera.

2

¿Sabías que...?

La prehistoria se divide en cuatro grandes eras: Precámbrico (cuatro mil seiscientos a quinientos setenta millones de años), Paleozoico (quinientos setenta a doscientos cincuenta millones de años), Mesozoico (doscientos cincuenta a sesenta y seis millones de años) y Cenozoico (sesenta y seis millones de años a la actualidad). En la era del Mesozoico fue cuando habitaron los dinosaurios, la cual se divide en tres períodos: Triásico (doscientos cincuenta a doscientos uno millones de años), Jurásico (doscientos uno a ciento cuarenta y cinco millones de años) y Cretácico (ciento cuarenta y cinco a sesenta y seis millones de años). Y son los paleontólogos, conocidos como los detectives de los dinosaurios, los que estudian estas eras a través de los fósiles, siendo estos restos o huellas de seres vivos que se conservaron integrados a las rocas.

Kim Minwoo era una persona particular, eso siempre se lo decían. Se había pasado la mitad de su vida excavando la tierra y la otra observando el cielo con un telescopio, hasta que se le cayó del tejado de la casa y se pasó días buscando los restos de cristal en el césped para que nadie se cortara. Fue entonces que descubrió que prefería tener las uñas con tierra que hacer observaciones astronómicas. Para él no existía nada más fascinante que descubrir los secretos de la evolución, por eso predicaba la palabra de la prehistoria como si el mundo entero estuviera dispuesto a escucharlo.

No obstante, el joven que estaba detenido enfrente no parecía ser un amante de la paleontología como él. Tenía el cabello tinturado de rubio que dejaba al descubierto un poco de raíz oscura, con la parte de abajo más larga en un claro corte degrafilado. Su rostro era pequeño y muy apuesto, a pesar de que aparentaba llevar varias noches sin dormir. Calculaba que debían tener la misma edad, aunque el chico tenía los ojos enrojecidos como si hubiera llorado por horas.

Sus manos, de dedos largos y bonitos, estaban sobre el mesón. Tenía dos heridas en los costados del dedo pulgar. Y en su piel tenía grabada una serie de lunares que a Minwoo le hacían recordar a un carnotauro del Cretácico. Ahora esas mismas manos sujetaban los dos paquetes de ramen que él le había entregado para pagarlos.

—Esa película se llama Jurassic Park y tiene como dinosaurio principal a uno del Cretácico.

La razón por la que Minwoo dijo aquello se debía a que había un cartel en la tienda. Cualquier persona que lo conociera lo más mínimo sabía que Minwoo la odiaba tanto como se podía llegar a detestar algo inanimado. La primera vez que la vio se pasó la mitad de la historia quejándose por la ausencia de plumas y la otra mitad no hizo más que cuestionar por qué se llamaba Parque Jurásico, haciendo referencia a la era del Mesozoico, si tenía dinosaurios que eran del Cretácico. Y que ni le mencionaran a esos velociraptor, que además de ser de otra era, contaban con la capacidad de abrir puertas. Él entendía que la ficción no debía ser inteligente, pero ¿en serio?

Faltando cinco días para que fuera primavera, la mañana estaba agradable en la ciudad costera de Donghae, aunque él no podría asegurarlo. Junto a su amigo Haru habían salido de Busan a las cuatro de la mañana para llegar antes que el camión de mudanzas. Considerando que tuvieron que hacer una serie de interminables paradas para que Minwoo pudiera soltar y luego buscar a su mascota terca e independiente, habían tardado horas en llegar. Su termostato, entonces, no parecía estar funcionando demasiado bien.

Como el joven continuó observándolo casi sin pestañear ni moverse, Minwoo empujó los dos paquetes de ramen hacia este y se rascó el tabique de la nariz con cierta incomodidad.

—Finjamos que no dije nada —pidió.

Permanecieron uno frente al otro separados por el mostrador. La tienda de conveniencias era pequeña, aunque parecía tener lo necesario para sobrevivir en aquel pueblo costero. Había desde carnadas hasta alpiste, que Minwoo se cuestionó si debía llevar. Gallina era una gran comilona, en eso se asemejaba mucho al plateosaurus.

Hablando de ella, como la puerta del local se mantenía abierta, ingresó volando. Su característico color verde hizo contraste con las estanterías al planear sobre ellas. Al acercarse a él, unas gotas de heces cayeron sobre el mesón.

Siempre tan maleducada. Su madre le había mencionado en incontables ocasiones que no sabía criar mascotas. En esa década de vida, la conducta cuestionable de Gallina le estaba dando la razón. Cada vez era más consentida y rebelde, y Minwoo ya había desgastado demasiado la pobre excusa de que se encontraba en época de apareamiento. Según él, siempre lo estaba.

La humillación flameó en las mejillas de Minwoo cuando el joven bajó la vista hacia la tabla y contempló las heces.

—Que tenga esa consistencia significa que tiene una muy buena salud intestinal. —Hubo un momento incómodo que duró una era de dinosaurios completa—. ¿Sirve pedir disculpas en nombre de Gallina?

Por fin el chico habló:

—Es un loro.

Tenía una voz grave muy bonita, raspaba un poco en la garganta. Se preguntó si cantaba. Minwoo siempre se había sentido atraído por los tonos bajos.

Es un loro —repitió Gallina—. Yo soy un loro, un loro, un loro, un loro, un loro.

Le acarició la cabeza con el pulgar para hacerla callar. Otro de los problemas que tenía su dinosaurio evolucionado era su amplio vocabulario. De pequeño, le pareció la mejor de las ideas leer un diccionario a su lado para enseñarle a hablar. Ahora no sabía cómo suprimir esa actualización, así que vivía con las consecuencias.

—La tengo desde los seis años —explicó como si el joven quisiera escucharlo—. Y, a mi favor, pensé que era una gallina verde. Se acostumbró tanto a su nombre que nunca pude cambiárselo. Debemos aceptarla con sus defectos.

El chico continuó observando a Gallina sin pestañear.

—Entiendo —lo escuchó susurrar.

Minwoo se rio nervioso, Gallina le imitó. Ese era otro defecto de fábrica, su propia mascota le hacía bullying.

—Pensemos positivo, sería más extraño que tuviera una rata por mascota —bromeó algo acalorado por la vergüenza—. Viven de dos a tres años solamente, sería triste tener que despedirme tan pronto de alguien que quiero. En cambio, mi Gallina podría vivir más de cincuenta años. Toda una vida juntos. —Se sonrojó—. Lo siento, mi psicólogo dice que sufro de apego emocional.

Emocional —repitió Gallina—. Yo soy emocional, muy emocional.

—Entiendo —repitió el chico.

—Y aclararé esto por las dudas: no la compré. No aporto al contrabando de animales. Si no hay demanda, no hay negocio. Me la encontré en la calle.

—¿En la basura?

Minwoo se sorprendió.

—¿Cómo supiste?

El joven le señaló el hombro donde estaba posada Gallina.

—Le falta una pata... o parte de ella.

Soy un pirata —cantó Gallina.

Le hizo cariño para tranquilizarla, ya que su única pata funcional se aferraba con fuerzas a su hombro y las garras le lastimaban la piel. La otra no era más que un muñón.

—La tiraron en una bolsa. Aleteó cuando pasé junto a mi mamá y obvio que tuve que rescatarla.

—Obvio —repitió el chico.

Los dedos del hombre tamborilearon sobre la mesa justo a un costado de las heces que Gallina había depositado con tanta elegancia. Como estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, Minwoo sacó un paquete de toallas húmedas que había en una estantería y limpió el mesón. Luego, anunció feliz:

—Por favor, súmalo a mi cuenta.

El chico le indicó el total mientras Gallina recitaba diálogos al azar de la película Mulán. Era su favorita, él se la debía poner en el computador por lo menos una vez por semana. Gallina era un loro en extremo inteligente y exigente.

—Por cierto —dijo antes de marcharse del local con el ramen para su amigo y él—, mi nombre es Kim Minwoo.

La mirada del joven estuvo sobre su rostro. Lo escaneó como si quisiera memorizarlo.

—Lo sé. —Bajó la barbilla—. El mío es Lee Namoo.

Minwoo se apuntó el pecho.

—¿Cómo lo...?

—Es una ciudad pequeña —aseguró Lee Namoo—. Y todos hablan del proyecto eólico.

De hecho, era la razón por la cual Haru y él se encontraban en Donghae. Su amigo era arqueólogo y Minwoo paleontólogo, a ambos les encantaba excavar la tierra, aunque por diferentes razones. En un inicio Haru había sido el único contratado para dichas obras. Como el potencial paleontológico era alto en la región, ya que hacía unos años se había hallado un fósil completo de un dinosaurio en una formación geológica del Mesozoico en el condado de Hadong, ahora era obligatorio contar en cada obra con un paleontólogo para monitorear los movimientos de tierra.

El sueño de Minwoo era encontrar algún día los restos de un dinosaurio. Hasta ahora no había hallado más que amonites —conocidos como moluscos—, aunque de ilusiones se vivía.

Afuera, Haru le tocó la bocina para que se apresurara. Minwoo rozó el borde de la gorra e inclinó la cabeza.

—Fue un gusto, creo que nos estaremos viendo a menudo.

—Así lo espero.

Se dieron una mirada larga.

Entonces, Lee Namoo hizo una reverencia de despedida antes de que Minwoo saliera corriendo de la tienda sujetando a Gallina para que no se tambaleara.

—¿Por qué tardaste tanto? —cuestionó su amigo tras emprender camino.

Todavía sonrojado por la vergüenza, comprobó el espejo retrovisor. Lee Namoo había salido del local y contemplaba el cielo celeste cubierto por unas bonitas nubes blancas.

—Me entretuve hablando de dinosaurios. —Lo que no era exactamente una mentira.

Haru lo dejó estar.

En los días que siguieron, por más que lo intentó, Minwoo no pudo dejar de pensar en ese tal Lee Namoo.

3

¿Sabías que...?

En el Triásico, las tierras formaban un único supercontinente llamado Pangea, que se caracterizaba por tener un clima caluroso y seco. Se conoce el movimiento de las placas gracias al descubrimiento de fósiles de kentrosaurus en dos partes lejanas de nuestro planeta. De hecho, los dinosaurios más antiguos datan de aquel período, siendo el más conocido el plateosaurus, que correspondía a un herbívoro cuyos dientes presentaban bordes aserrados como los actuales lagartos herbívoros. Su mandíbula no contaba con movimientos laterales, por lo que debía tragarse la vegetación por completo. Eso quiere decir que para hacer la digestión debió rugir, gruñir y eructar furiosamente.

Cada vez que se aburría, Minwoo tenía la necesidad de conversar sobre algún tema que le fascinaba. El problema era que solo sabía un poco de física y un montonal de datos que superaban los millones de años de antigüedad. Era una suerte que su amigo Song Haru lo quisiera tanto porque, a pesar de haber oído sus historias en al menos diez oportunidades, siempre reaccionaba como si fuera la primera vez que se las contara. El mundo necesitaba más personas como Haru, la gente merecía buenos amigos como él.

Sin embargo, la razón por la que pensaba en la prehistoria no se debía solo al aburrimiento. Llevaban tres —interminables y aburridos— días en aquel trabajo monótono. Tal como lo exigía la normativa ambiental, la distancia máxima entre los transectos de prospección debía ser de veinticinco metros. Como el parque eólico estaría constituido por ciento veintiocho aerogeneradores, una subestación transformadora y una línea de alta tensión, además de caminos internos y de acceso, dicha área de prospección se traducía en ciento ochenta y nueve hectáreas a explorar. Es decir, llevaban tres días desde el alba al anochecer caminando uno al lado del otro donde hablar era la única entretención que tenían. Y si bien Minwoo tenía alrededor de doscientos treinta millones de años en conocimientos, los hallazgos eran más bien limitados, por lo que su tema de conversación —los dinosaurios— era también restringido. Sumado a ello que Haru y él vivían y trabajaban juntos, era obvio que sus pláticas tendían a ser cíclicas.

Por fortuna, no era algo de lo que alguna vez su amigo se hubiera quejado. Y Minwoo esperaba que eso nunca ocurriera, no sabía si podría socializar con alguien sin mencionar al menos una vez algo referente a los dinosaurios.

Con un suspiro, Minwoo continuó contemplando el llano suelo infértil. ¿Por qué nadie en la universidad le advirtió que su trabajo soñado iba a implicar solo caminar, observar y hacer eternos y aburridos informes que no conducían a nada? Por fortuna, ya estaban terminando el último día de recorrido, de lo contrario estaba cerca de caer en la locura.

—¿Algo relevante? —quiso saber Haru cuando Minwoo lanzó al piso su regla de madera y sacó una fotografía en perspectiva. Ya había realizado ocho puntos de observación, todos ellos con un potencial paleontológico bajo.

—Sin registros de componentes paleontológicas —confesó decepcionado. La vida, muchas veces, no era como se retrataba en las películas. Haru había ingresado a Arqueología soñando con hallar momias y Minwoo a Paleontología queriendo desenterrar dinosaurios. No les estaba yendo como lo fantasearon—. ¿Y tú?

Hacía unas horas su amigo había encontrado una herradura y un par de rocas. Y por mucho que Minwoo le hubiera acompañado en numerosas campañas de rastreo, era incapaz de diferenciar una piedra recubierta de tierra con un fragmento cerámico.

—Es un sector que posee un alto grado de sensibilidad arqueológica —resumió Haru.

Lo que quería decir que iba a tener que iniciar la tramitación con el Comité del Patrimonio Cultural para que le autorizase a realizar un sondeo arqueológico. Ese era otro trabajo que ninguno de los dos pensó que tendrían cuando ingresaron a sus respectivas carreras. Minwoo todavía tenía nuevo y bien guardado el set de herramientas que su madre le había regalado el día de su titulación.

Para que encuentres tus dinosaurios —le había anunciado Kim Misuk con gran felicidad.

¿Cómo le explicaba que lo más relevante que había encontrado en esos años de carrera era un tonto molusco? Que no se malentendiera, Minwoo amaba los amonites, pero estaban lejos de ser un dientecito de dinosaurio. Si su historial académico seguía así de penoso, el logro más grande que tendría en su vida sería el de desenterrar por completo ese fósil del kit de juguete que su madre le regaló a los once años.

Con mucha añoranza, pensó en sus pinceles, picos, brochas, raspadores dentales, lupas y contenedores portátiles. Muy pronto, se prometió. Muy pronto los iba a usar, lo manifestaba.

Mientras tanto, le quedaban sus conocimientos.

—¿Sabías que los cocodrilos datan de la era de los dinosaurios y que los tiburones son incluso más viejos? Los cocodrilos son del Triásico, así que han sobrevivido al menos doscientos millones de años, pero los tiburones... los tiburones tienen cuatrocientos millones de años de vida, ¿no es una locura? —Acarició a Gallina que dormitaba bajo su gorro legionario. En las campañas de rastreo era cuando mejor se portaba, hasta ella debía aburrirse una monstruosidad—. ¿Y que la primera ave estuvo en el Jurásico y se llamaba archaeopteryx? Quién sabe, podría haber sido un antepasado de Gallina.

Haru se levantó parte del legionario para observar el cielo y dar un largo suspiro.

—Si tan solo encontrases un excremento fosilizado de dinosaurio...

—El excremento fosilizado se llama coprolitos y lo sabes. Y sí, sería enormemente feliz limpiando heces. De hecho, sería un hecho magnífico. ¿Sabías que se han encontrado coprolitos con una data de sesenta y cinco millones de años? Ojalá que me ofrecieran trabajo en la Antártida.

Su amigo frunció el ceño hacia él, después se agachó a recoger lo que, para Minwoo, era un pedazo de roca con tierra. Aunque era posible que fuera un trozo cerámico.

—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Además, ¿por qué querrías eso? Apenas soportas el frío.

—Antes no había hielo en los polos, por lo que los dinosaurios habitaron dicho continente durante millones de años. Imagínate todos los fósiles que quedan en esa zona. —Le hizo cariño a la cabeza de su mascota—. Gallina, podrías haber sido al menos un avestruz.

—No le des más crisis de identidad a esa ave —pidió Haru en tanto lanzaba lejos el objeto recogido. Al parecer había acertado con su veredicto: sí era un pedazo de roca—. Es un pobre loro que se llama Gallina y piensa que es un pirata.

—¿Que quién soy? —repitió su loro. Era una frase de Mulán—. Deshonra sobre tu vaca. Vaca, vaca, soy una vaca.

Como ambos amigos estaban acostumbrados a las interrupciones de su mascota, la ignoraron.

—Muchos dinosaurios eran muy similares a los avestruces —se excusó Minwoo—. De todas formas, no me puedo quejar. Gallina podría ser perfectamente un psittacosaurus. Por lo menos ambos tienen cara de loro.

Un loro, yo soy un loro, loro, loro.

Lo pensó mejor.

Más bien —se corrigió Minwoo—, sería un plateosaurus porque eructa cuando come. Y todo es por tu culpa.

Eso último se lo había aprendido a Haru. Había bastado que a su amigo se le escapara un eructo viendo un partido de fútbol para que Gallina tomara ese ejemplo como algo digno de ser imitado. Su mascota realmente no podía eructar, pero hacía un sonido vocal muy parecido.

—No soy un modelo a seguir —se excusó Haru—. Además, yo no se lo enseñé, ella lo aprendió sola.

Minwoo gruñó.

Gallina hizo lo mismo... o al menos lo intentó.

Casi una hora después habían finalizado el rastreo. Los próximos días les tocaría entregar el informe de línea de base, aunque no mucho más que eso. Su vida era un evento prehistórico de lo más irrelevante.

Acortaron camino por un bosque pequeño que llevaba directo hacia el patio trasero de la casa que arrendaban. Estaba en el inicio de una pequeña colina, por lo que alcanzaban a divisar una franja de océano. El día estaba brillante y soleado, a pesar de que la tarde estaba helada.

—Es una tristeza pensar que estaremos aquí solo unos meses —suspiró Haru—. El lugar es precioso.

—Sí —aceptó Minwoo—, es una pena.

Un problema de haber estudiado profesiones que eran necesarias en casos puntuales era que siempre serían ellos los que tendrían que movilizarse hacia dichos casos. La razón por la que intentaban ser contratados en los mismos proyectos era justo por eso. Pasaban más tiempo fuera de casa que en ella, así que era agradable al menos mantener una amistad constante.

—Además —continuó Minwoo—, me gusta donde vivimos.

El sitio donde se hospedaban era una antigua casa de tonalidad café que parecía llevar años sin ser ventilada. Todo el lugar había estado cubierto con una capa de polvo y había tantas telarañas que Minwoo estuvo una mañana completa quitándolas con una escoba. Pasaron dos días enteros ordenándola y volviéndola habitable. Tampoco podían quejarse, habían conseguido el arriendo a tan bajo precio que casi era un regalo.

A pesar del aseo, todavía seguían faltando muchas cosas para convertir esa casa en un hogar. Por ejemplo, como no contaban con vajilla, se vieron en la necesidad de comer ramen instantáneo. Pero ya se les habían acabado las raciones que tenían y Minwoo, por inesperado que pareciera, estaba un poco cansado de sorber noodles. Mientras Haru se metía a la ducha, anunció que iba a salir a comprar.

El pequeño bosque, que rodeaba la parte posterior de la casa, se mantenía a su izquierda en tanto avanzaba por la larga avenida. El día que llegaron a ese pueblo había visitado una tienda de conveniencia que estaba pegada a un hotel. Pretendía ir donde mismo. Si bien intentó no pensar en nada cuando llegó, por alguna razón, las manos le habían comenzado a sudar y tuvo que secarlas contra su pantalón sucio antes de animarse a abrir la puerta.

Din dong —anunció Gallina al escuchar el sonido de una campana.

A diferencia de la vez anterior, el local ahora se hallaba vacío. Sobre el mostrador había un cartel que anunciaba estar siendo grabado y que por favor pagara lo que se llevara. Dio una vuelta por las estanterías para comprobar si realmente se encontraba solo.

Lo estaba.

Lee Namoo no se veía por ninguna parte.

Sintiendo una decepción que no pudo comprender, se movió entre los corredores estrechos y cortos hasta llegar al último donde se ubicaba el alpiste para Gallina. Estaba cuestionándose qué verduras llevar para cocinar la cena cuando notó una ventana que daba hacia el exterior. Tenía vista al mar. Era una vista muy bonita, el azul relucía debido a los rayos del sol.

Aunque eso no era todo.

A unos metros había un columpio hecho de cuerdas. Sentado en él, estaba Lee Namoo.

Minwoo se encontró saliendo de la tienda, rodeándola y llegando hacia ese jardín secreto que quedaba oculto entre el local y el hotel abandonado.

Namoo le daba la espalda. Tenía las cuerdas sujetas con sus dedos nudosos y se balanceaba con la ayuda de la punta de los pies. Se podía captar el ruido de las olas muriendo en la playa y el crujir de la madera por el movimiento pendular.

Minwoo no quería interrumpir esa tranquilidad, pero tampoco deseaba marcharse.

Se quedó detenido ahí sin hablar, observando la espalda delgada de una persona que había visto apenas en una oportunidad.

Cuando pretendía irse, Gallina decidió interrumpir.

Din Dong. Hola, hola, hola. Soy Gallina, soy Gallina.

El joven se giró de inmediato. Sus ojos enrojecidos se posaron sobre el rostro de Minwoo. Primero apareció el miedo dado por la sorpresa, luego quedó el último sentimiento. Parecía haber estado llorando otra vez. Tampoco pudo entender por qué eso lo inquietó tanto.

—Sé que no nos conocemos —dijo Minwoo con preocupación—, pero puedo ayudarte si lo necesitas.

Su propuesta provocó un jadeo corto de Namoo. Sonaba a un «no me esperaba menos de ti», como si hubiera sabido de antemano que le ofrecería eso. Minwoo dudaba que su rostro expresara tanto.

—Gracias —sin embargo, dijo—. Lo sé.

—En serio puedo ayudarte en lo que sea.

Namoo ladeó la cabeza, parecía estárselo pensando.

—¿Crees en los sueños, Kim Minwoo?

Desconcertado, dio unos pasos para acercársele. Se detuvo cuando estuvo casi a su lado.

—Considerando que he soñado en múltiples ocasiones, diría que sí.

Namoo asintió, su expresión aún era pensativa.

—Y ¿has soñado que mueres?

Cada vez estaba más desorientado.

—No. —Se corrigió—: No que lo recuerde.

Namoo dirigió su vista hacia el mar. Y todo lo que pudo ver de él fue su perfil. Su nariz linda, su rostro pequeño, su cabello rubio decolorado meciéndose por el viento.

—Algunos dicen que los sueños son nuestras vidas en otros mundos. ¿Tú qué piensas, Kim Minwoo?

Minwoo se encogió de hombros para restarle importancia.

—El multiverso existe —aceptó al fin—. Se le conoce como la paradoja del gato de Schrödinger. ¿Cómo se puede saber si un gato se encuentra vivo o muerto si está encerrado dentro de una caja? La respuesta es fácil: está vivo y muerto dependiendo en el mundo en que se abra dicha caja.

El chico lo consideró un largo rato. Después se giró hacia él.

—También podría no existir.

Se quedó un poco descolocado con la corrección de Lee Namoo.

—Sí, también —susurró.

La atención del chico ya no estaba en él, más bien en lo que los rodeaba.

—Soñé mucho con este lugar.

—¿En serio? —se animó Minwoo.

—En mis sueños yo ya no estoy aquí. —Hubo una sonrisa triste—. Así que ya no sé cómo estás. ¿Me prometes que estarás bien?

Y Minwoo no supo por qué dio tal respuesta, tampoco entendió por qué lo sabía.

—No ahora, pero pronto.

—Yo creo que sí —musitó Namoo—, siempre logras encontrarlo. Ya lo hiciste en este.

—¿A quién? —quiso saber Minwoo.

Ambos se quedaron observando el mar por lo que parecieron horas, aunque no fueron más que un par de minutos. No fue hasta que Minwoo estuvo en su casa que recordó que Lee Namoo nunca le respondió.

4

Como si su trabajo no fuera lo suficientemente aburrido, tedioso y decepcionante, esa noche soñó con él. Se ubicaba en el centro de la enorme pradera que estuvo recorriendo durante los últimos tres días. En esa oportunidad, Haru no se encontraba con él. A pesar de estar solo, en el brazo tenía una sensación cálida como si lo estuviera tocando.

No entendía qué buscaba, aunque lo estaba haciendo. Sus ojos rastreaban el suelo cubierto por maleza. Iban de izquierda a derecha, y de nuevo, y otra vez, y otra, y otra, y otra, y otra, mientras avanzaba a paso lento. De pronto, se detuvo en medio de la nada con la certeza de que había encontrado lo buscado.

No tardó en arrodillarse y tirar de la vegetación. Cuando quedó la tierra desnuda, sus manos se introdujeron en ella. Sin la ayuda de una pala, logró quitar capas y capas de suelo. Y en el mismo instante que sus dedos toparon con algo duro, un ruido fuerte lo despertó.

Le costó varios segundos orientarse lo suficiente para poder abrir los ojos y comprobar que se encontraba en su cuarto y no en medio de la pradera. Tenía la respiración acelerada y la piel algo sudorosa, a pesar de no haber estado padeciendo una pesadilla.

La puerta de su cuarto se encontraba abierta, Minwoo siempre la dejaba así para que Gallina pudiera volar por la casa si así lo deseaba. Su mascota no se encontraba descansando en el respaldo de su cama. ¿Le habría dado otro ataque de sonambulismo? Hubo un tiempo que apenas lo dejaba dormir por las noches.

Todavía desorientado por el sueño, se colocó de pie. Salió al pasillo y se dirigió al fondo de la casa, donde se ubicaba la oficina que compartía con Haru. Había dos escritorios, uno a cada lado del cuarto, y una enorme estantería que Minwoo estuvo acomodando por horas para que quedara perfecta. Porque si bien no pasaría más de medio año en ese sitio, tenía apego por muchas de sus cosas. Sus réplicas de esqueletos de dinosaurios eran objetos de contención emocional. Independiente de cuánto tiempo se moviera a otra ciudad por trabajo, en cada mudanza debía llevarse al menos la mitad de la colección.

Cada uno de sus dinosaurios estaban perfectamente alineados a excepción de uno.

Su triceratops se había caído al suelo.

Y la ventana de la habitación se encontraba abierta.

5

¿Sabías que...?

En el Jurásico la masa terrestre se dividió en Laurasia y Gondwana, además la temperatura disminuyó, lo que provocó un aumento en las precipitaciones y que los dinosaurios crecieran de tamaño al tener más alimento. Algunos parientes antiguos de los grillos actuales vivieron junto a los dinosaurios en las selvas jurásicas.

Minwoo prometía que, regularmente, lograba controlar muy bien sus deseos desesperados por hablar siempre de dinosaurios. Pero, por alguna razón, cada vez que se dirigía hacia esa tienda y se encontraba a Lee Namoo detrás del mostrador, lo primero que su boca pretendía decir, incluso antes de saludarlo, era un dato prehistórico.

Quizás la necesidad nacía ante el hecho de que, hasta ese día, solo existían tres personas en el mundo que eran capaces de oírlo sin juzgarlo: su madre, Haru y Son Subin. Y los tres lo querían, por lo que ninguno de ellos era objetivo ante posibles críticas a su personalidad. No podía preguntarles a ellos si sus charlas eran aburridas porque siempre le asegurarían que no era así, que nunca sería así. Por lo que se sintió avergonzado cuando Lee Namoo dejó de registrar los productos que llevaba y alzó la mirada hacia él.

No por primera vez, se preguntó cómo se vería su cabello en una tonalidad rojiza, tan rojo que el sudor lavaría la tintura en las partes donde su melena hiciera contacto con la piel húmeda. Era algo que no podía quitarse de la cabeza.

—Me imagino que te gustan los dinosaurios —comentó Namoo con voz ligera. No parecía molesto ni tampoco se burlaba. Era un simple hecho.

A pesar de ello, sintió que se sonrojaba incluso más. Por suerte Gallina estaba tranquila en su hombro y parecía no estarlo escuchando; era mejor así, porque algunas veces su mascota era un poco cruel con él. Si notaba que se avergonzaba, le picoteaba la punta de las orejas mientras soltaba unos sonidos extraños que él los clasificaba como una risa burlesca. Esa ave se había humanizado demasiado. Lo peor: Minwoo era el culpable de aquello.

—Sí, me gustan. Me gustan mucho —admitió—. Así que, como estaré unos meses por acá, debo aclarar algo para evitar futuros malentendidos.

Se alzaron las cejas oscuras de Namoo, le cuestionaba.

—Dime —sin embargo, anunció.

—La traducción de dinosaurio es «lagarto terrible», pero no son lagartos.

Namoo parecía contener una sonrisa al bajar la vista y empaquetar sus cosas en una bolsa de papel.

—Entonces ¿qué son?

—Reptiles.

—¿Y no son lo mismo?

Minwoo gimió, miserable.

—No —puntualizó con un gesto de manos—. Los lagartos son un tipo de reptil, los dinosaurios son otro tipo de reptil.

—Mismos padres, diferentes hijos. —Namoo chasqueó la lengua—. Lo entiendo. De igual forma, pensé que eran aves.

—Son casi trecientos millones de años de historia —suspiró Minwoo—. Podría explicarte, aunque no sé si quieras oírlo.

Más allá de eso, Haru tendía a pedirle que no tuviera este tipo de conversaciones con personas que no lo conocían, porque no iban a entenderle y podían burlarse de él. A su amigo nunca le había gustado que la gente se riera de él.

Namoo posicionó las manos sobre el tablero.

—Bueno, yo...

—No te preocupes, no voy a aburrirte. —Minwoo lo interrumpió tan avergonzado que ahora ni Gallina pudo ignorarlo. Sintió su picoteo en las orejas y su risa directa en el oído.

—No quise decir eso —aseguró Namoo.

—¿No?

Este negó con la cabeza.

—No, aunque no deja de sorprenderme que puedas recordar tantos nombres.

—Puedo recitar de memoria los nombres de los ciento cincuenta primeros Pokémon, no dudes de mis capacidades.

—No lo hacía.

—¿Te lo muestro?

—No es necesario.

De igual forma lo hizo. Que no quedara duda que Minwoo siempre podía humillarse más.

Electrodo, Diglett, Nidoran, Mankey, Venusaur, Rattata, Fearow, Pidgey, Seaking, Jolteon, Dragonite, Gastly, Ponyta, Vaporeon, Poliwrath, Butterfree...

—Ya entendí —interrumpió Namoo.

Minwoo no tenía idea de lo que le causaba tanta risa al vendedor, ya que una vez más parecía contener una sonrisa. ¿Se estaría burlando de él? Ese pensamiento se detuvo en seco cuando Gallina le picó otra vez la oreja.

Deshonra a tu vaca —cantó su mascota—. A tu vaca.

Claramente se sentía así... Hasta que Lee Namoo tuvo la osadía de apuntar el póster que tenía de Jurassic Park y anunciar muy orgulloso:

—La verdad es que a mí también me gustan los dinosaurios. Sobre todo el velociraptor. Era muy inteligente.

Minwoo apoyó los puños sobre el mesón y se inclinó. Namoo retrocedió el torso de manera involuntaria.

—El velociraptor real, de partida, era del Cretácico y no del Jurásico. Segundo, tenía su cuerpo cubierto de plumas. Y, tercero, era mucho más pequeño. Y a pesar de que era muy inteligente, dudo seriamente de que haya podido abrir puertas, primero porque no existían puertas en el Cretácico, por tanto, no había forma concebible que pudieran haber aprendido algo así; y, segundo, porque es un dinosaurio, no un explorador. ¿Has visto alguna vez a un avestruz abriendo una puerta? ¿No? No, por supuesto. Pues el velociraptor se asemejaba mucho a él. Y si un avestruz que ha vivido miles de años con nosotros no ha sido capaz de aprender a abrir una cerradura, menos lo habría logrado un velociraptor que tenía otros dinosaurios libres para atacar.

Era huérfano y lo adoptamos —anunció Gallina en su hombro.

—Es una oración de Lilo y Stitch —se excusó Minwoo tras estirarse y apartar las manos con lentitud del mesón—, así que ignórala. A mí también, por favor. En este momento me siento muy avergonzado de mí mismo. Me gustaría retroceder en el tiempo, pero los viajes al pasado no existen.

Namoo lo observaba del otro lado con una expresión indefinible. No sabía si estaba cerca de expulsarlo y colocarle una orden de restricción o si estaba conteniendo una carcajada, ya que se le curvaban los labios y se mordía el inferior para mantenerlo quieto. Tras unos instantes, dio una pequeña inspiración.

—Supongo que ahora podremos ver Volver al futuro.

Minwoo intentó contener sus opiniones para sí mismo.

En serio lo intentó.

Lo intentó muchísimo.

—En mi hogar también está prohibida esa película —al final soltó.

—¿Por qué? No aparecen dinosaurios, ¿o sí? —Namoo lo meditó—. La verdad, no estoy seguro, me quedé dormido a la mitad.

—No hay dinosaurios —aseguró Minwoo.

—¿Entonces?

—También tengo una afición por la física.

—Sigo sin entender —dijo el joven con expresión solemne.

¿Era burla o sinceridad pura? Necesitaba a Haru para que lo ayudara a entender ese tipo de situaciones.

—¿Conoces la paradoja del abuelo?

—Más de lo que quisiera —susurró Namoo frunciendo la boca.

—Entiendo que la ficción no tiene por qué ser inteligente, pero ¿viajes en el tiempo donde se puede modificar el presente que conocemos? ¿Dinosaurios abriendo puertas? ¡¿Es en serio?!

—Ya veo —aseguró Namoo—. Prometo no volver a hablar sobre viajes en el tiempo ni puertas. —Dio un suspiro corto que sonó muy exagerado—. Y yo que había planeado ver Jurassic Park esta noche. La verdad, me gustaba mucho la escena de la cocina.

Como Minwoo se mantuvo estoico dada su indignación, Gallina se cambió de un hombro al otro mientras cantaba muy feliz:

Gallina sabe abrir puertas. Yo sé, yo sé, yo sé. Gallina muy inteligente.

Namoo apuntó hacia su mascota.

—Los dinosaurios evolucionaron a aves. Y tu gallina dice que sabe abrir puertas.

—Es un loro, es totalmente diferente.

—Pero sigue siendo un dinosaurio que abre puertas.

—Es mi mascota, la entrené bien.

—A los velociraptor también podrían haberlos entrenado bien.

Minwoo volvió a apoyar los puños sobre el mesón e intentó encontrar su paz interior. Al menos alcanzó a recitar en su cabeza los primeros veinte Pokémon.

—Tienes razón —admitió entre dientes.

Gallina dejó de utilizar sus hombros como pasarela de moda. Como una de sus patas era un muñón, se afirmaba de su cabello con el pico para no perder el equilibrio. También había un montón de aleteos que le pegaban en la cabeza.

—¡Mentiroso!

—No lo soy, yo no miento —prometió. Luego se corrigió—: Al menos casi nunca lo hago.

—¡Mentiroso! —repitió Gallina.

Minwoo subió la mano para palpar su pico y hacerla callar, sin embargo, su mascota aleteó lejos de él.

—Algunas veces se pone así, está en su época de apareamiento —mintió Minwoo, a pesar de que aseguró no hacerlo—. Si digo cualquier cosa ahora me dirá mentiroso. —Muy seguro en lo que hacía, siguió—. ¿Cierto, Gallina?

Mentiroso —cantó su mascota.

—¿Lo ves?

Mentiroso. Soy un loro, un loro. Una gallina, no.

Namoo se veía imperturbable.

—Al menos es inteligente.

Como se le había subido ahora a la cabeza, Gallina estaba intentando picotear una torre de rámenes que se localizaba en el mesón y que Namoo estuvo ordenando cuando llegó. Para evitar que los rompiera, y en consecuencia tuviera que comprarlos, intentó alcanzar la cabeza de su mascota. Gallina aleteó enojada y se fue volando hacia el otro extremo de la tienda de conveniencia.

—¡Me están matando! —chilló.

—Nadie lo está haciendo. —Comprobó a Namoo, asustado—. No lo estaba haciendo, lo viste, eres mi testigo.

Papá me está matando —insistió.

Namoo apuntó al ave.

—Por algo lo dirá, ¿no crees?

—No, no lo creo —aseguró Minwoo.

Gallina se había ubicado en el marco de la ventana, que daba hacia el columpio, y ahora se paseaba de izquierda a derecha. Su única pata funcional resonaba en el local, su cabeza se movía acentuando su enojo. Minwoo había titulado ese comportamiento como «la marcha consentida», porque cada vez que no conseguía algo que quería o si él tardaba en alimentarla, Gallina caminaba haciendo sonar la pata contra el piso. Dentro de todo, el ruido era un poco gracioso al ser discordante. Como Gallina tenía solo una pata con garras y la otra era un muñón, sonaba así: pah, ta, pah, ta, pah, ta.

—Mi mamá me dijo que la estaba malcriando y yo no le creí —suspiró Minwoo.

Intentó ir hacia ella. Al hacerlo, Gallina emprendió el vuelo.

Me están matando —cantaba dando vueltas—. Socorro, mamá.

—Me iré sin ti —advirtió.

Tus murallas y tu ejército han caído, y ahora caerás tú.

Miró a Namoo.

—Es una frase de Mulán.

—¿Y así piensas que un velociraptor no abriría puertas? —se burló el chico. Parecía que iba a decir algo más, pero Gallina cambió de rumbo drásticamente y voló en dirección a Namoo. Asustado, lo vio cubrirse la cabeza con los brazos y soltar un grito corto e intenso.

Al notar que ya no podía posarse sobre Namoo, Gallina cambió de rumbo y fue hacia los rámenes. Agarró un paquete, pero no lo sostuvo bien. Como era casi de su tamaño, se le cayó al suelo.

—Te prometo que lo pagaré —dijo Minwoo, en tanto corría detrás de Gallina para atraparla.

Su mascota llegó a una sección pequeña y estrecha donde había juguetes de plástico para niños. Agarró un grillo por la pata y lo lanzó lejos.

Minwoo sonrió con vergüenza.

—¿Sabías que...? Dato prehistórico: los grillos habitaron con los dinosaurios.

Gallina se dirigió hacia unos cebollines, a los que les dio un mordisco y escupió.

—También lo pagaré, no hay necesidad de altercados ni demandas. —Y a su loro—: ¡Gallina, ven!

Tu vida por la mía, así pago mi deuda.

Había hallado la zona de semillas. Por supuesto, agarró una bolsa y voló hacia la entrada para escapar de la tienda con su motín. Logró pasar por la puerta entreabierta y se perdió fuera.

Hubo un largo silencio, luego Minwoo se acercó adonde Namoo, que continuaba cubriéndose la cabeza con los brazos.

—Bueno, en fin, ¿a cuánto asciende mi deuda?

6

LOS ARCANOS MAYORES

EL SOL

Es un arcano que simboliza el amor incondicional. Su representación solo carga elementos positivos. Con ella se concreta lo que se lleva esperando secretamente por mucho tiempo. Su gloria puede convertirse en egoísmo.

ANamoo le había comenzado a sangrar la nariz otra vez. Con un dolor punzante en la cabeza, caminó por la casa hasta llegar al cuarto de baño. La luz le irritó los ojos al encenderla. Veía destellos claros a pesar de que cerró los párpados tras apoyarse en el lavamanos. Tenía ganas de vomitar con la misma intensidad con la que se concentraba para no desmayarse.

Solía tener mañanas así.

Debería ya haberse acostumbrado a esa rutina que llevaba consigo una vida entera, sin embargo, el malestar nunca se iba.

Estuvo en esa posición hasta que las náuseas lo abandonaron y la pastilla hizo efecto anestesiando su cerebro. Regresó a la cama y agarró el cubo de Rubik que tenía en la mesita de noche. Nunca le habían interesado antes, sin embargo, sus sueños tendían a tener ese efecto en él: le empezaba a gustar algo que nunca llamó su atención.

No solo le sucedía con cosas, sino también con personas.

¿Se podía estar enamorado de alguien que no se conocía en la realidad? Eso era algo que hacía tiempo se había dejado de cuestionar.

Namoo estaba enamorado.

Llevaba años enamorado de alguien que algunas veces se veía diferente, aunque siempre era el mismo.

En algunas vidas se llamaba Minsi.

En otras, Minwoo.

Pero solo le conocía en dos de ellas.

Tres, si contaba la actual, aunque esta no era una casualidad del destino. Como le explicó otro Minwoo, nada de lo que había ocurrido entre ellos era determinista, sino más bien una probabilidad tan remota que parecía escrita desde antes. Solo que Namoo había forzado las cosas, porque se le hacía inconcebible no conocerlo en su mundo. No podía dejarlo ir cuando no hacía más que soñar con él.

No lo pudo soltar.

Nunca pudo.

Sin embargo, cuando decidió buscarlo y hacer que sus destinos se encontraran, no pensó que uno de ellos ya estaba trazado, que Minwoo tenía una vida de la que él no era parte.

Tomó asiento en el baúl a un lado de la ventana donde tenía repartido su mazo de cartas. Lo agarró y empezó a barajarlas con aire distraído. Una de las cosas a las que se había aficionado hacía unos años era a las cartas del tarot, específicamente a los arcanos mayores. Le ayudaba a tomar decisiones, a buscar respuestas, incluso a tranquilizar sus dedos siempre inquietos. Cuando tenía un mazo en las manos, dejaba de pensar en otras cosas y se centraba en la textura, en lo cálidas que sentía algunas cartas, en el arcano que podía salirle.

Aún jugaba con el mazo mientras espiaba la casa café que mantenía la ventana abierta de la oficina, al igual que la suya. Una de las cartas resbaló y cayó a un costado de sus muslos. Dejó el mazo a un lado y la agarró. Antes de voltearla ya sabía cuál era, siempre le aparecía la misma si pensaba en él.

No se equivocó, en su mano tenía el arcano mayor El Sol.

Tenía una ilustración preciosa con fondo oscuro donde se distinguía un cielo estrellado. Encima de este había un sol con un joven que observaba hacia un costado. Simbolizaba el número XIX.

La hacía rodar entre los dedos cuando vio que Gallina ingresó por la ventana, le arrancó la carta de un picotazo y la lanzó lejos. Muy campante, se apoyó en el marco esperando recibir semillas como cada mañana.

Comida, comida, quiero comida —aleteó feliz.

—No tenías que ser tan descortés —recriminó. Recogió la carta y la escondió en el mazo antes de dejarlo a un lado.

Fue a buscar semillas a la cocina, Gallina lo persiguió. Se puso un puñado en el hombro para que el ave se posara ahí. Así lo hizo. Como se aferraba con su pata funcional a la parte posterior de la camiseta, sentía las garras clavadas en la piel. Namoo todavía no se acostumbraba a esa nueva mascota de Minwoo, ¿no podían gustarle cosas simples como los gatos? Pero entre el hurón come cabellos, el cerdito en miniatura y la rata con corbata, prefería a Gallina. Al menos esta hablaba y no lo perseguía para tirarlo al suelo.

Decidido, se dirigió a la casa vecina para buscar a su dueño. Sus pasos eran tambaleantes y poco seguros al acercarse. Era diferente soñar con alguien cada noche a verle en persona y tener sensaciones que los sueños le eran incapaces de transmitir, como lo cálida que era su piel, sus dedos suaves al rozarle la mano para entregarle las compras, el aroma de su cuerpo y cabello, el sonido claro y profundo de su voz.

Y sus ojos.

Y su sonrisa que dejaba al descubierto unos dientes superiores más grandes de lo estándar.

¿Se podía estar enamorado de alguien con quien soñabas hacía años?

Sin llamar a la puerta para alertar de su presencia, ingresó a la casa. En la cocina estaba Kim Minwoo sentado en la encimera.

—Minwoo, tu mascota...

No estaba solo.

Había un chico entre sus piernas abiertas, era la misma persona con la que Minwoo compartía múltiples vidas.

Casi todas las que Namoo conocía.

Y ambos se besaban.

¿Se podía estar enamorado de alguien con quien soñabas hacía años? Sí, y también podía romper un corazón que no sabía que le pertenecía en ese mundo y en tantos más.

7

¿Sabías que...?

Durante el Cretácico los continentes tomaron su forma actual. Como la temperatura se elevó tanto, los polos no tenían hielo y aparecieron las primeras flores con semillas. Dentro de las originales angiospermas estuvieron la magnolia, la haya, la higuera, el sauce y otros árboles y arbustos con flores. En este período ocurrió la extinción masiva de los dinosaurios.

Desde el año anterior Minwoo realizaba clases en línea gratuitas, las cuales organizaba a través de la Asociación de Paleontología. Una vez por semestre le llegaba un informativo con las charlas disponibles y él optaba por algunas. Por lo general trataba con niños y adolescentes, jóvenes que no superaban los quince años y que estaban ávidos por aprender sobre dinosaurios tras ver la saga cinematográfica Jurassic Park.

Así que, si bien Minwoo deseaba poner los ojos en blanco cada vez que le hacían algún comentario de esas películas, no podía restarle importancia al impacto que mantenían hasta la fecha. Y por ello, aunque estuvieran mal documentadas en muchas partes —y fueran ilógicas en más sentidos de los que Minwoo podía omitir—, él no sentía más que admiración cuando conocía a alguien que se había enamorado de la paleontología por dicha serie.

Varias hipótesis después, por fin finalizó la clase. Como era sábado por la mañana, Minwoo continuaba en pijama, porque se había cambiado solo la parte de arriba de la vestimenta. Además, a pesar de la fecha y la hora, ya estaba haciendo un calor tan infernal que se preguntó si acaso iban a derretirse de nuevo los polos como en el Cretácico.

Llamó a Gallina mientras iba a la cocina, ya que hacía horas que no la veía. Al no encontrarla, regresó a la oficina que mantenía la ventana entreabierta. Le dejó semillas en el marco para que regresara pronto. Su mascota tenía la costumbre de salir por las mañanas y regresar exigiendo cariño y comida.

De vuelta a la cocina, notó que Haru le había dejado una nota en el refrigerador:

Recuerda que viajé a ver a Hana.

Su amigo y ella llevaban saliendo poco menos de un año, por eso Haru se esforzaba tanto por ir a visitarla en cada momento libre que tenía. A Minwoo no le agradaba demasiado la idea; las relaciones eran de dos personas, pero era su amigo el único que viajaba.

El desinterés de Hana no le gustaba.

O quizás él estaba demasiado acostumbrado a su funcional —y a la vez dinámica— relación. Son Subin y él se habían conocido a los dieciocho años en la universidad. Por ese tiempo, ambos cursaban el plan común de Ingeniería. Minwoo para obtener la Geología y luego lograr especializarse en Paleontología, y Subin para recorrer el mismo camino con la finalidad de llegar a la Astronomía.

Se habían conocido el primer día, tras llegar tarde a clases y quedar fuera del aula. Del puro estrés y la presión que ejercía su familia sobre él, Son Subin había llorado en un rincón balbuceando disculpas al aire, mientras Minwoo intentaba averiguar si su profesor notaría si intentaba meterse a la clase por una ventana. Al final, Minwoo no se había colado por ninguna parte y Son Subin había dejado de llorar.

Fueron amigos por dos largos años.

Y a pesar de que Minwoo tenía a Haru, su mejor amigo desde la infancia, y podía notar que no se sentía de la misma forma cuando estaba con Subin que con Haru, tardó dos años en darse cuenta de que estaba enamorado de él. Con lo despistado que era, posiblemente seguiría sin aceptarlo si no fuera porque, tras una larga noche de estudio sobre campos magnéticos y eléctricos infinitos, Subin había chasqueado la lengua y se había colocado de pie para ir hacia él. Minwoo aún podía recordar sus manos cálidas y suaves en su barbilla para tirar de él, como también seguía en su mente aquella boca familiar y hambrienta sobre la suya.

Al separarse, lo único que pudo hacer fue suspirar y soltar un inteligente:

—Wow.

Para luego buscar de nuevo su boca.

Subin se rio por lo menos una hora entera cuando Minwoo le confesó que siempre creyó que él era el único gay de los dos.

—Minwoo, siempre tocaba tus piernas y manos —había asegurado Subin, sonriendo.

—Pensé que era parte de tu personalidad. —Fue su pobre excusa.

—Mi personalidad, tonto —había bufado Subin mientras su boca volvía por la suya—. Mi personalidad es que llevo enamorado de ti dos años.

Subin

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