PERSONAJES Y LUGARES
Director Lennon III
Heredero del director original de la Organización. Está reuniendo a un nuevo grupo, los Herederos, que lo ayuden a luchar contra Mordred y Morgan. ¿Cómo ha sabido de sus intenciones? Lo desconocemos, pero está convencido de que para vencerlos será necesario reunir a los Herederos.

So-ya Hiro
Heredero de Jiraiya, el primer ninja. Hiro, de quince años, es el último de una larga estirpe de ninjas encargada durante siglos de proteger Japón y a sus habitantes del clan Orochimaru, un poderoso clan enemigo poseedor de la magia de la serpiente. Con ayuda de Amanda Black, consiguió derrotarlo en Amanda Black 9. El camino del ninja, convirtiéndose de paso en el interés romántico de la joven. Es poseedor de la magia del sapo. Es sensato, sensible, inteligente y siempre se preocupa por los demás.

Robyn Locksley
Heredera de Robin Hood. Fue abandonada al nacer en un orfanato en los suburbios de Londres del que escapó con apenas seis años prometiéndose no volver jamás. Desde entonces malvivía en las calles de la ciudad aprendiendo a valerse por sí misma. El Director Lennon la encontró y le ofreció protección. En agradecimiento, Robyn se unió voluntariamente a los Herederos. Domina el uso del arco y de cualquier arma arrojadiza que pueda lanzar con su propio cuerpo. Cualquiera es cualquiera, desde un clip a una sartén.

Zheng Yun
Heredera de Zheng Shih, conocida como la reina pirata china que en el siglo XVIII reunió un tesoro imposible de imaginar durante sus años al mando de una flota de mil quinientas naves. Yun (Yun es el nombre, Zheng el apellido), a sus dieciséis años, es un genio de la tecnología, además de una de las más importantes influencers de estilo en redes sociales con millones de seguidores en todo el mundo. Heredó la fortuna de su familia tras la muerte de sus padres. Es vanidosa, muy muy inteligente, divertida, carismática… y puede convencer a casi cualquiera de hacer lo que ella diga.

Olaf Loðbrók
Heredero de Ragnar el Rojo, un rey nórdico hijo ilegítimo de Odín.
Olaf es dulce, callado, aficionado a la comida y a moverse lo imprescindible. Le gusta el viking metal, algo que tiene en común con Morgan. Su carácter bonachón, amable e inocente podría hacernos pensar que no existe la malicia en su interior, y eso es así mientras no le hagan enfadar. Al igual que todos sus ancestros, comienza a verlo todo rojo y se convierte en berserker. Cuando esto ocurre no distingue a amigos de enemigos, se vuelve imparable.

Mordred
Heredero e hijo ilegítimo del rey Arturo y aprendiz del hechicero más poderoso de la historia, Merlín el Mago. Mordred luce el aspecto de un hombre en la cuarentena, pero que eso no nos engañe: tiene más de 900 años.
Es elegante, fuerte e inteligente y su ansia de poder lo ha corrompido del todo. Está empeñado en reunir ciertos elementos que, junto con la magia negra y roja que domina, le permitirán esclavizar a la humanidad. Su herencia le fue arrebatada y, por lo tanto, considera justificado que se le devuelva… con intereses.

Morgan Le Fay
Heredera de Morgana, hechicera de la corte artúrica, se dice que es hermana del mítico rey. Trabaja a las órdenes de Mordred, pero su espíritu independiente la llevará a ir por su cuenta en más de una ocasión. Decidida, despiadada, peligrosa y con un ingenio muy vivo, es una joven que, en mejores circunstancias, podría haber sido una más de los Herederos.

Agente Brown
Nadie sabe su verdadero nombre. Forma parte de la Organización desde que el Director Lennon se hizo cargo de ella. Lleva años trabajando con él, siendo su mano derecha. Ha sido la responsable de ayudar a entrenar a los Herederos y siente un miedo indescriptible cada vez que tienen que ocuparse de alguna misión. Se ha encariñado con ellos, pero su fidelidad está y estará siempre del lado de Lennon.

Amanda Black
Heredera de un antiguo culto dedicado a la diosa egipcia Maat. Vive con su tía abuela Paula desde que sus padres desaparecieron al poco tiempo de nacer ella. Al cumplir trece años descubrió la verdad sobre sus orígenes, y desde entonces su misión es encontrar y robar objetos mágicos (y no tan mágicos) que en malas manos podrían ser peligrosos para la humanidad. Además, tiene que lidiar con los típicos problemas de una adolescente, que no son pocos, y entrenar a diario para que los poderes que empezaron a manifestarse el día que cumplió trece años puedan desarrollarse hasta su máximo potencial.

Eric
Es el mejor amigo de Amanda. No sólo van juntos al mismo instituto, sino que la acompaña allá donde la lleven sus misiones. Es un auténtico genio de los ordenadores y puede piratear cualquier red. Antes de conocer a Amanda, era un chico solitario con el que todos se metían; ahora ha ganado confianza y nada se interpone en su camino…

La Organización
A principios del siglo pasado existía una organización dedicada a proteger al mundo de amenazas sobrenaturales. Una organización tan secreta que no tenía ni nombre. Fundada por el Director Lennon (abuelo), operaba con el apoyo de los gobiernos más importantes del mundo. Aun así y durante toda su historia bajo el mando del Director Lennon (abuelo) y del Director Lennon (padre), fueron capaces de mantener una completa independencia.
Durante años cumplieron su misión y lo hicieron de manera tan exhaustiva y completa que, poco a poco, triunfo a triunfo, la Organización murió de éxito. Sólo el heredero del Director Lennon (padre), el también llamado Director Lennon (Director de nombre, Lennon de apellido), mantiene viva la lucha con unos fondos paupérrimos y sin apenas credibilidad.




1
Una amiga
–Esto tiene que acabar, Morgan —dijo el mago masticando las palabras—. O estás conmigo o estás contra mí. No puedes continuar así. Tienes que comprometerte con la causa.
—¿La causa? —preguntó ella con una ceja alzada, pero sin levantar la mirada del móvil. La joven estaba sentada en una butaca, con la espalda apoyada en uno de los reposabrazos y las piernas sobre el otro—. ¿Qué causa? ¿La tuya?
—Por supuesto, niña. ¿Para qué llevamos trabajado tanto tiempo si no?
Todos los sentidos de Morgan se agudizaron, no obstante, no dejó traslucir ninguna emoción en su rostro. Estaba jugando un juego muy peligroso. Necesitaba calcular con mucho mucho cuidado su respuesta.
—¿Y qué gano yo? —preguntó tras unos instantes, todavía con los ojos clavados en la pantalla del teléfono.
—Tendrás tanto poder como yo. Juntos, dominaremos el mundo.
—Por supuesto, tío —replicó con un encogimiento de hombros.
—¿Eso es un sí?
—Eso parece —dijo ella todavía sin mirarlo. Temía que el hombre descubriera sus verdaderas intenciones si lo hacía.
Mordred pareció satisfecho, ya que asintió. Fue un movimiento apenas perceptible, pero lo suficiente para que Morgan supiese que continuaba confiando en ella.
Más o menos.
La joven se puso en pie y caminó hasta la puerta, intentaba fingir una seguridad que no sentía. Cada vez estaba más harta de su tío, pero todavía le temía demasiado… Eso sin contar con que el mago podía poseerla cuando quisiera y utilizar sus poderes, muy superiores a los de Mordred, para matar a quien quisiera que se le pusiese por delante.
No, todavía no estaba preparada para enfrentarse a él, pero ese momento se encontraba cada vez más cerca. Sólo necesitaba un poco más de tiempo, o eso se decía ella.
Se dirigió a su habitación, que no era más que una alcoba ruinosa, gélida y polvorienta del castillo en el que vivían. Morgan había intentado limpiar el dormitorio y darle algo de calidez al ambiente. Para ello no sólo se había gastado el poco dinero que tenía en un edredón de color gris con pequeñas flores blancas, sino que además intentaba mantener el fuego de la chimenea siempre encendido —para algo tenía que servirle la magia—. También había tapado la ventana con un plástico grueso y transparente sujeto con cinta aislante y había puesto unas cortinas a juego con el edredón. No era mucho, pero era mejor que nada.
Poco después, Mordred abrió la puerta y asomó la cabeza. Por supuesto, sin llamar. Llamar a la puerta no era uno de los puntos fuertes del mago, que carecía de la más mínima educación y respeto cuando se dirigía a su sobrina.
—Voy a salir, tendrás que hacerte algo de cena —avisó y volvió a desaparecer.
—Genial —masculló ella en voz baja—. No hay nada en la nevera, ¿qué se supone que voy a cocinar?
