Sebastien permanecía callado. Miraba con sorpresa a su jefa porque no terminaba de creer lo que le acababa de contar. Era primera hora de la mañana y ella le sorprendía con esa noticia. Cruzó los brazos sobre el pecho y asintió.
—¿En serio quieres que me encargue yo de ir a hacerle la entrevista? —le preguntó por segunda vez desde que estaba allí. Pero, a juzgar por el rictus de su rostro, ella no parecía dispuesta a bajarse del carro. Su gesto era lo bastante claro y directo. Sin embargo, a él le parecía algo insólito.
—Dime, ¿tienes algún problema con Sandra Devine? ¿No te cae bien? ¿Le encuentras algún defecto? Puedo entender que no seas fan de sus películas o del género que interpreta, pero es una simple entrevista. ¿O tal vez es todo lo contrario? —Agitó un dedo ante él y sonrió con picardía.
—¿Qué quieres decirme? —Sebastien se echó hacia atrás mirándola con recelo por lo que podían significar su comentario.
—Que a lo mejor tiene que ver con que ella sea lo bastante atractiva como para ponerte nervioso—. Lucía arqueó las cejas y frunció los labios en un claro gesto de sorpresa por la reacción de su mejor redactor—. A ver, es la actriz de moda. La nueva reina de las películas románticas. No va a comerte. Ni creo que vayas caer rendido a sus pies. Ni mucho menos ella, vamos. Apuesto lo que quieras a que tiene una legión de admiradores. —Hizo rodar los ojos y resopló como si se imaginase la escena.
Sebastien apretó los labios y asintió disimulando su sonrisa.
—Lo sé. Pero, yo no tengo ni idea de qué preguntarle a una actriz de ese género —puso como excusa para evitar encargarse del trabajo. Estaba algo confuso por aquella petición de su jefa.
—Perfecto. Entiendo que no te gusten las historias de amor, y que no seas un entendido en las películas de corte romántico, porque siendo sincera contigo… No te pegan —confesó sacudiendo la cabeza convencida de que así era.
—¿Por qué lo dices?
—No te veo en ese papel. Te veo más en películas de acción o de suspense. Sí. En cuanto a las preguntas, no te preocupes que tampoco vas a someterla al polígrafo, hombre. Considero que es una buena oportunidad para ti hacerte cargo de la entrevista para el próximo número de nuestra publicación. Tenemos que aprovechar que Sandra estará de paso en la ciudad durante estos días
—Vale. ¿Y qué pinto yo en esto? Si puedo saberlo…
—Todo.
—¿Todo? —Sebastien frunció el ceño sin comprender nada.
—Cuando supimos de su visita a su ciudad natal y su estancia durante unos días, me puse en contacto con su representante para acordar hacerle un reportaje. Lo que me sorprendió fue que ella pidió que fueses tú expresamente quién la entrevistara.
Sebastien se quedó callado durante unos segundos en los que asimilaba la información.
—¿Me lo dices en serio? —preguntó él con la mirada entornada.
—¿En alguna ocasión te he dado la sensación de no estar haciéndolo? —reprochó con una mezcla de ironía y advertencia—. Lo que me lleva a preguntarte de nuevo ¿por qué pareces reacio a hacer el trabajo? Fíjate que algunos pagarían por estar cerca de ella y hacerle la entrevista. Y ya no te digo ser invitado de su fiesta. Dime, ¿qué sabes de ella?
Sebastien frunció los labios y encogió los hombros. Luego sacudió la cabeza.
—Lo poco que sé de ella es… que es una actriz famosa. He visto las portadas de sus películas y su rostro en algunas marquesinas de las paradas del autobús. Ah, y en las estaciones del metro.
—Yo me refiero a si te la han presentado. A si por casualidad alguna amiga tuya o tu hermana… ¡Coño, nació y se crio aquí!
Sebastien boqueó cogiendo aire al verse en aquella situación tan inesperada.
—Pues… pues claro que no. No tengo por costumbre codearme con estrellas de cine. La verdad…
—Sinceramente, no entiendo tu comportamiento. Sandra ha tenido a bien concedernos este reportaje con motivo del lanzamiento de su nueva película, que coincidirá con la noche de Halloween. Es más, según su agente, tiene pensado hacer una fiesta para celebrar el estreno. Todos los que quieran asistir deberán ir disfrazados. No hace falta que te diga que tendrás que asistir. —Lucía esbozó una sonrisa divertida al poner en aprietos a su mejor redactor. Se pasó la lengua por el labio superior y abrió los ojos como platos.
Él se limitó a resoplar al escucharla y relajó los brazos dándose por vencido ante tales evidencias. No iba a conseguir nada.
—¿Pretendes que acuda a una fiesta de disfraces? Pero…
—Es el requisito indispensable para asistir, acabo de comentártelo. Cubriremos ese evento también. Pero, lo primero es la entrevista, ya tendrás tiempo de pensar en un disfraz para tal ocasión. Por lo pronto, tú te encargarás de las preguntas, y Rachel de las fotografías.
—De acuerdo. Veo que no me queda otra… ¿Alguna cosa más?
Lucía se quedó callada con los ojos entrecerrados mientras asentía.
—Sí. Estaba pensando que no vas a ceñirte a su trayectoria profesional. Esa la conocemos todos y nos basta con navegar por la web. No, no. Harás una entrevista más personal e íntima.
Sebastien frunció el ceño intrigado por lo que podía habérsele ocurrido a su jefa.
—¿Cómo?
—No vas a hacer las típicas preguntas que le hacen todos los periodistas. No me interesa saber quién es su actriz preferida, o por qué decidió el género romántico. Ni cómo se siente con el dinero que ha ganado; ni que cada vez que se estrena una de sus películas esta asciende al número uno de las más vistas en cuarenta y ocho horas. Quiero a la mujer que hay detrás de la actriz. ¿Captas el mensaje? —le indicó con un tono que pretendía dejarle claro lo que quería para la revista.
—La mujer —repitió Sebastien asintiendo como un chico bueno mientras en su cabeza intentaba hacerse una idea de qué le preguntaría. Menudo marrón le estaban endosando. Ya le daría a quien él sabía.
—Eso he dicho. La mujer. Soy consciente de que no te confesará con quién sale y todo eso, pero tú inténtalo. La verdad es que lo lleva muy en secreto. Y eso que se le ha visto en ocasiones acompañada, pero nunca ha dado información al respecto.
—No querrá mezclar su vida personal y profesional como mucha otra gente del mundo del espectáculo. Hay que respetarlos.
—Sí. Bien, lo que tú digas —Lucía sacudió la mano restando importancia a ese comentario y siguió con lo que en verdad importaba—. Os espera a Rachel y a ti en el hotel Chevalier. Avisaré a su agente cuando vayáis para que os espere en la recepción. De todas formas, allí ya saben que vais. Ella os conducirá a su habitación en la que le haréis el reportaje. A las ocho.
—¿Esta noche? —le preguntó sin poder creer que no pudiera irse a casa ya.
—No podía ser en otro momento. Lo lamento, pero es así. ¿Tenías planes?
—Sí, había quedado con alguien.
—¿Alguien especial?
El tono y la sonrisa irónica de Lucía provocaron las carcajadas en él.
—Muyyyyyy especial.
—Vaya. Esto sí que es digno de comentar. Creo que en tres años que llevas aquí es la primera vez que te escucho hablar de «alguien». ¿Llevas mucho tiempo con ella?
—Un poco, la verdad.
—Dile que venga a buscarte por aquí, y que te acompañe a la entrevista. No creo que tardéis mucho.
—No, no. No es buena idea.
—¿Por qué?
Sebastien se estaba complicando sin pretenderlo. Debería haberse quedado calladito. Pensó en ella y sonrió al imaginarla caminando por los pasillos de la redacción.
—Es algo tímida. Y ahora si me disculpas iré a ver a Rachel —le aseguró lanzando una mirada al reloj—. No querrás que lleguemos tarde, ¿verdad? Es una estrella del cine…—le recordó con cierto retintín.
—Está bien. No hace falta que pongas así. Parece que te envío a un suplicio. —A juzgar por el comportamiento de él, a Lucía le daba la impresión de que Sebastien parecía contrariado. Era la primera vez que lo veía de esa manera. ¿Acaso le intimidaba Sandra Devine? ¿O era por el tipo de preguntas que debía hacerle? De manera que se limitó a asentir—. Ya me dirás mañana qué tal te ha ido. Esperaré ansiosa tu entrevista. Espero que le causes una buena sensación.
Sebastien captó el mensaje y con una leve inclinación de cabeza salió del despacho de su editora mientras soltaba el aire acumulado en su interior. ¡Entrevistar a Sandra Devine! La actriz de moda. La mujer que acaparaba las portadas de las revistas, las marquesinas de los autobuses o en las estaciones de metro con el poster de su nueva película. Él la veía a todas horas; conocía su rostro de memoria. Estaba seguro de que cualquiera desearía estar en su lugar: seguro, se dijo con una mueca irónica.
Había quedado con Rachel para ir juntos al hotel, donde harían la entrevista y las fotos. Esta aparentaba estar relajada caminando a su lado con sus gafas de espejo sobre el pelo, un cigarrillo en la mano, y la bolsa con la cámara colgada del hombro. Llamando la atención a casa paso que daba con su aspecto de motera. Y es que lo era. Conducía una moto de gran cilindrada y era aficionada a las concentraciones de estas.
—Si no te conociera diría que no te hace ni pizca de gracia esta entrevista —le comentó cuando se dio cuenta que Sebastien iba distraído—. Estoy segura de que algunos tíos, y alguna que otra tía, desearían estar diez minutos a solas con ella en esa habitación de hotel y hacer realidad sus fantasías.
—Seguro que sí.
—Admite que es una mujer muy atractiva. Apuesto a que más de uno se ha aficionado a las películas románticas solo por verla a ella. Hablando de todo un poco, sabes que tendremos que ir a la fiesta que organiza con motivo de su nueva película, ¿no?
—Eso me ha dejado claro la jefa.
—¿De quién piensas disfrazarte?
Sebastien se limitó a sonreír antes de entrar en el hotel con una mezcla de nervios y cabreo. ¿Por qué no le había avisado con tiempo? Preguntaron por el representante de Sandra en recepción, y al momento apareció una mujer con el pelo rubio y corto que los saludó.
—Sois los de la entrevista, ¿verdad?
—Sí. Soy Rachel, la fotógrafa; y él es mi compañero Sebastien. Se encargará de las preguntas.
—Perfecto. Soy Eve, la representante de Sandra. Si me seguís a la habitación donde os espera…
Esta intercambió una mirada y una sonrisa con Sebastien. Y este se limitó a asentir sin decir nada. Comentaron algunas directrices acerca de la entrevista antes de subir a la habitación.
—Creo que lo mejor sería hacer las fotografías antes que la entrevista. De ese modo podrás irte a revelarlas —convino la representante mirando a Rachel.
—Sería lo más lógico.
—Por mí no hay inconveniente —Sebastien sacudió la cabeza y se encogió de hombros.
—Entonces, todo claro.
Los dos siguieron a la agente hasta una habitación amplia con vistas a la arteria principal de la ciudad. Tal vez se trataba de una suite, pensó él recorriéndola con su mirada como si tratase de evitar a la persona a la que había ido a entrevistar. Inspiró hondo y la primera visión que tuvo de Sandra fue de espaldas a ellos, mirando por la ventana.
Al escuchar el sonido de la puerta cerrándose, ella se volvió para saludarlos. Sebastien percibió un brillo especial en su mirada y una sonrisa cómplice cuando estrechó su mano. Su apretón fue firme sin apartar su mirada de la suya. Profesional. Tratando de parecer convincente. La observó de manera detenida mientras Rachel le explicaba lo que harían. Quería pasar desapercibido, como si ella no fuera de interés para él, pero no pudo evitar lanzar un par de miradas en su dirección. E incluso en alguna ocasión se encontró con la de ella. Tenía que darle la razón a Rachel, era muy atractiva, y su cuerpo… aquellas increíbles piernas que asomaban bajo su falda… y la blusa entreabierta dejando ver algo más de lo permitido… Se puso a repasar las preguntas que le haría, mientras la escuchaba reírse y hablar con Rachel con total naturalidad y complicidad como si se conocieran de toda la vida.
—¿Nervioso?
—¿Eh? —La voz de Eve lo sorprendió. Volvió el rostro hacia la representante y sonrió de manera cínica—. ¿Tú que crees?
Eve le dio una palmada en el brazo, arqueó las cejas y sonrió divertida.
—Eres todo un privilegiado por estar aquí con ella.
—Sin duda que lo soy. No lo sabes tú bien —Se fijó en sus poses de cara a la cámara. En alguna ocasión ella lo miró con toda intención. Él no pudo evitar quedarse mirándola y asentir.
—Espero veros en la fiesta de disfraces con motivo de la presentación de la película.
—Ahhh, sí. Ya me han puesto al tanto. Descuida.
—Supongo que ella te lo comentará también. —Señaló a Sandra que ya había terminado de posar para Rachel.
—Eso es todo por mi parte. En cuanto tenga las fotos podrás verlas —le dijo guardando su cámara en la bolsa. Se volvió hacia Sebastien y movió las cejas con toda intención—. Toda tuya. Sé bueno.
—Claro. Faltaría más —le aseguró con un toque de ironía. Luego se volvió hacia Sandra Devine dispuesto a comenzar la entrevista. Se miraron de forma detenida y ella sonrió complacida por la situación.
—¿Nos sentamos? —sugirió indicándole a Sebastien una silla—. Déjanos a solas, Eve.
—Por supuesto. Iré a tomarme algo al bar. Un placer verte, Sebastien —Se despidió de él con una sonrisa muy reveladora.
—Sí, claro. Lo mismo te digo.
Una vez a solas, él se detuvo a observarla en silencio antes de afrontar la entrevista. Sandra no se quedó atrás y pareció retarlo con su mirada.
—Me apetece tener una charla relajada. Sin ningún tipo de prisas.
—Eso está bien porque es lo que pretendo que sea —Cerró su portafolios, donde llevaba preguntas y lo dejó sobre la mesa—. Me han encargado que te haga una entrevista informal. No voy a preguntarte por tu carrera como actriz sino por la mujer que hay tras esta. Al parecer, toda esa información se puede obtener en Internet con un solo clic.
—Tienes toda la razón.
—Mi editora y sus lectores, quieren saber cosas de la mujer que surge cuando dejas de actuar, creo que me he explicado bien. —Entornó su mirada hacia ella y la observó sonreír de manera maquiavélica. Como si se estuviera divirtiendo con aquella situación, y él lo entendía. Entrecerró los ojos y asintió convencida de algo.
—Entonces, haremos una cosa —Se inclinó hacia delante permitiéndole ver algo más de su provocativo escote—. Si quieres conocerme como mujer, será mejor que estés dispuesto a aguantar despierto toda la noche.
Sebastien creyó que no había escuchado bien. ¿Cómo que estar dispuesto a aguantar toda la noche? ¿Qué pretendía? Al ver el gesto de sorpresa en su mirada, Sandra sonrió divertida por lo que pudiera estar imaginándose él.
—No pienses mal, hombre. Sólo te estoy proponiendo salir por ahí y charlar como dos personas que se conocen. Dejando a un lado el plano estrictamente laboral. Nos olvidaremos que yo soy una actriz de éxito, y tú un periodista. Solos tú y yo. Sin etiquetas. Sandra y Sebastien —le dijo pronunciando sus nombres con inusitado interés—. ¿Qué me dices?
Él se limitó a recostarse en la silla y cruzar una pierna sobre la otra. Una sonrisa mitad irónica, mitad divertida se trazó en sus finos labios. No esperaba que ella reaccionara de esa manera, pero…
—Sin duda será más interesante que charlar aquí. ¿Cuándo nos vamos?
—Será cuestión de diez minutos. Ponte cómodo —le dijo desapareciendo tras las puertas corredizas, que separaban el saloncito de la habitación.
Media hora más tarde en un pub alejado del hotel, Sebastien la contemplaba divertido mientras ella cogía el botellín de cerveza y se lo llevaba a sus labios para darle un buen trago. Tenía el pelo todo alborotado, y un gesto risueño en su rostro mientras le devolvía la mirada. Tenía ante él a la misma mujer que no hacía mucho tiempo había visto en la suite del hotel.
—Sé lo que estás pensando —le dijo ella con los ojos entrecerrados mientras asentía con una mezcla de diversión y seguridad—. Y déjame decirte que es verdad.
—Sería mejor que no te revelara mis pensamientos en ese preciso instante. Te lo aseguro.
Si ella supiera que en ese instante lo que más le apetecía era besarla...
—No estés tan seguro. A ver, entiendo que tal vez te sorprenda verme de esa manera tan relajada charlando contigo. Tomándome una cerveza y mientras escucho la música que suena. Pero, esta que ves aquí soy yo. Tan real como la vida misma ¿No crees?
—Sin embargo, ¿por qué en ocasiones ofreces una imagen de mujer…?
—¿Profesional? ¿Seria? ¿Fría? ¿Antipática? ¿Aburrida? —le enumeró ante la propia incredulidad de Sebastien—. ¿O tal vez la que sonríe en todo momento ante los micrófonos y los flashes de las cámaras? ¿Cuál prefieres?
—Prefiero a la que tengo ante mí en este mismo instante. No la cambiaría por ninguna otra.
—Vaya, sabes cómo halagarme.
—No te halago, soy sincero.
—¿Qué vas a escribir sobre mí? —le preguntó entornando su mirada con un toque de curiosidad, al tiempo que sentía como si él la conociera desde siempre.
—Que te gusta la cerveza.
Sandra sonrió ante el comentario.
—Eres poco original. Supongo que mis seguidores ya lo saben.
—Tal vez. Vale que te gusta que te halaguen —admitió él bajando la mirada hacia el vaso y pensando en lo que realmente podría contar acerca de ella. Aunque lo aderezaría con algunas notas de humor o fantasía. Nadie investigaría si eran ciertas o no—. Por cierto, quería preguntarte por cierta fiesta de Halloween que vas a dar y que…
—Espero contar contigo. No puedes fallarme.
—¿Pretendes que vaya disfrazado?
—Ya lo creo. O no podrás entrar a la fiesta. Además, te interesará porque voy a hacer una revelación que nadie se espera. Créeme.
Le gustó la expresión de su rostro. Natural, espontánea y su mirada de «allá tú».
—¿Serías capaz de dejarme a la puerta si no voy disfrazado? Creo que voy a empezar a hablar mal de ti en la revista —le dejó claro señalándola—. ¿Por qué no me dices qué vas a revelar? De ese modo, me evito ir.
—No puedes hacerlo, y lo sabes —sonrió con la seguridad de que era cierto—. Y en cuanto a la revelación, no te diré nada hasta la noche de Halloween.
—Encontraré algún secreto en tu vida que no has revelado a la gente.
—No me importa, e insisto en el tema de la fiesta. Dejaré orden por escrito al portero de que no deje pasar a todo aquel que no vaya disfrazado esa noche. Es Halloween, y por lo tanto hay que celebrarlo. Es la tradición.
—¿Y de qué se supone que irás tú? Si puedo saberlo.
—Ya lo sabrás cuando me veas. Oh, vaya, eso implica que tendrás que disfrazarte para buscarme en la fiesta. En fin, creo que nos estamos desviando del tema por el cual estamos aquí.
—¿Qué me dices de tu pareja? ¿Tienes algún tipo de relación?
La vio sonreír con ironía y hacer un gesto de diversión. Luego, se mordió el labio con sensualidad y sacudió su cabeza.
—¿Tiene esta pregunta algo que ver con el tema de la fiesta? ¿Una especie de vendetta?
—No. Es por mi editora. Entiende que quiere saber cosas personales tuyas.
—Lo entiendo, pero eso es algo que me guardo para mí. Pero, por ser tú y porque me has caído bien… te diré que a mi pareja no le gusta aparecer en público. Desde el primer día me dejó claro que el prefería mantenerse al margen. Es mi carrera profesional y él no quiere interferir.
—¿Y os funciona ese tipo de relación?
—Ya lo creo. Llevamos juntos varios años, ya. Pero, no voy a contarte más. De manera que no sigas por ahí.
—¿Asistirá a tu fiesta?
—Supongo.
—Bien, ¿y qué me vas a contar que pueda interesar a mi editora?
—Te diré que me gusta cocinar, salir a correr temprano, practicar Tai-Chi, viajar cuando tengo tiempo o quedarme en mi casa tranquilamente con él y mis dos gatos. No te quejarás del material que te estoy dando… —Arqueó las cejas con toda intención y sonrió—. Pero, no veo que lo anotes en ninguna parte.
—Tranquila, me acordaré de todo cuando tenga que redactarlo. ¿Eres tan romántica en la vida real como en la ficción que interpretas?
La pregunta hizo que ella entreabriera sus labios dejando escapar un leve suspiro.
—Esa pregunta deberías hacérsela a la persona que está conmigo. Aun así, lo soy. Sin duda alguna. Por cierto, ¿has visto alguna de mis películas?
—Debo confesar que sí.
—¿Y qué te han parecido?
—Bueno… No es mi género preferido, pero me han parecido buenas historias. Creíbles. Tomaré nota para ponerlo en la entrevista. ¿Algún vicio inconfesable?
La vio reírse a carcajadas y como su rostro se encendía.
—Has dicho inconfesable…
—Touchée.
—Si lo hiciera dejaría de serlo.
—En fin, si no vas a hablar más de tu vida personal… Creo que con lo que me has contado y he visto durante tu sesión de fotos, tengo suficiente.
—¿Y tú? ¿Qué puedes contarme de ti?
Sebastien inspiro hondo. Frunció sus labios y sacudió la cabeza.
—No hay nada interesante que contar. Solo soy un simple periodista.
—¿Ni si quiera una relación? ¿Algo que no sea solo trabajo?
—Se supone que aquí soy yo el que hace las preguntas.
—Pero, no es nada malo intercambiar información.
—Hay alguien en mi vida. Pero no te diré más porque soy muy reservado. Y ahora, si me disculpas, deberías regresar a tu hotel, o tu representante se preocupará por saber dónde estás —le recordó observando su gesto de decepción—. Y yo debería irme a mi casa a redactar un borrador para presentárselo a Lucía a primera hora.
—¿Siempre eres tan aguafiestas?
—Por lo general… No. Pero el deber me llama.
Permanecieron en silencio, observándose de manera reveladora. Por fortuna nadie se acercó a ella para pedirle que se hiciese un selfie, o le firmase un autógrafo, lo que le permitió disfrutar de ese momento.
—Está bien. Vámonos —dijo ella con resignación.
—¿Cuánto tiempo estarás en la ciudad?
—Todo el que necesite. El rodaje de mi última película ha terminado y salvo por algunos viajes a Londres para asistir a la televisión y algunas entrevistas más, me quedaré en mi casa.
—¿Por qué el hotel para hacer la entrevista?
—Se lo sugerí a Eve por privacidad.
—Entiendo. Bueno, supongo que vuelves a este…
—Sí. Por cierto, no olvides lo de la fiesta de disfraces de pasado mañana. Y si no apareces disfrazado, no te dejarán pasar.
—¿De qué irás tú disfrazada? ¿De bruja? ¿Vampiresa? ¿La niña del exorcista? Dame una pista, venga…
Ella sonrió con picardía.
—Ya lo verás. Ah, y repasa el cuestionario, tal vez puedas darle otra vuelta.
—Lo tendré en cuenta. Podríamos tomarnos la última y así te comento un par de cosas que se me han ocurrido.
Ella sonrió ante la propuesta. A él le pareció que se lo estaba pensando por la cara que ponía. Se acercó con determinación hacia él y cogiéndolo de la mano tiró de él.
—Me parece bien siempre y cuando pases la noche conmigo.
—Un momento —le dijo él deteniendo su avance—. ¿Estás segura? ¿Has dicho que estás con alguien? ¿Y la prensa? ¿Alguien podría veme subir contigo a la habitación y…?
La respuesta de ella fue determinante acercando su rostro al de él de una manera peligrosa. Sebastien se sintió confundido ante aquella situación siendo consciente que, aunque quisiera detenerse, no podría.
—En cuanto a mi pareja, no creo que ponga ningún impedimento, ¿no? —le confesó haciendo un movimiento con la cabeza hacia la entrada del hotel ante la incredulidad de él.
Sebastien sabía que no podía negárselo. Que por mucho que pretendiese mantenerse frío y distante con ella, le resultaría imposible.
Minutos después, en la intimidad de la habitación del hotel él dejaba que sus labios descendieran por el cuello de ella hasta la clavícula, donde los presionó con más insistencia; como si quisiera dejar su particular marca. Sus manos ascendían de manera lenta y sugerente por sus brazos hasta lo tirantes del sujetador que deslizó con toda intención, sabiendo lo que el roce de sus dedos provocaba, mientras volvía a besarla en el cuello.
Sandra sintió un escalofrío recorriendo su espalda, que se acrecentó cuando sintió como sus pechos quedaba libres y las manos de Sebastien los cubrían para juguetear con los pezones. Cerró los ojos abandonándose a aquella espiral de caricias, besos, y gemidos tan anhelados. Se tomó su tiempo. Saboreando cada instante. Sus labios trazaron un sendero de besos húmedos, cálidos, sensuales por todo su cuerpo mientras observaba las reacciones de ella. Decir que no quería que la noche terminara era absurdo. Sandra se acopló con total normalidad al cuerpo de él como si se conocieran, como si en verdad ambos estuvieran destinados a permanecer juntos. Lo besó con una mezcla de fervor, deseo y ternura, sintiendo cada una de sus caricias. Escuchó su voz susurrarle su nombre. Su piel sobre la de ella, sus ojos fijos en los suyos, su mano acariciando su mejilla mientras seguía moviéndose sobre él llevándolo hacia un clímax que no deseaba alcanzar. Pero que era inevitable. Entonces, la estrechó contra él besándola en la frente, en los párpados, en la nariz, y en los labios. No se trató de un beso voraz, como el que antes los había poseído. Era algo más tierno, más íntimo, más dulce.
La miró a los ojos, mientras ella sonreía risueña. ¿Qué podría decirle? ¿Qué debía hacer?
Sandra se incorporó devolviéndole la mirada con tal intensidad que Sebastien pensó que podría leer su mente, y su corazón. Le acariciaba el rostro mientras se mordía el labio inferior de manera sensual, provocativa. Lo besó de manera lenta e intencionada mientras la sábana se deslizaba más allá de su espalda revelando su desnudez.
—Imagino que lo que acaba de suceder no lo contarás en tu entrevista —le susurró con un tono burlón, pero sensual. Tenía el pelo alborotado cayendo sobre una parte de su rostro, se mordía el labio, y su mirada chispeaba otorgándole una imagen tentadora.
Sebastien la miró fijamente, confundido por aquel comentario, y al momento sonrió.
—¿Por quién me tomas?
—Más te vale, vaquero —le aseguró guiñándole un ojo.
Entonces, él la atrajo hacia su pecho dejando que sus manos le recorrieran la espalda a Sandra de manera provocativa. Luego, se recreó en su rostro al tiempo que le apartaba varios mechones para dejarlo despejado y sonreír burlón.
—¿Cuánto hace que no te digo lo preciosa que me pareces cuando te muestras tal y como eres?
Sandra asintió como enrojecía.
—¿Te refieres a este momento en el que estoy desnuda? —Inclinó su rostro para que él no la viera, pero Sebastien deslizó su mano bajo su mentón para obligarla a mirarlo a los ojos.
—No, me refiero a cuando eres «tú». La mujer que conozco de puertas para dentro. Cuando no interpretas a ningún personaje. Y ahora dime, ¿cómo se te ocurrió esta locura de pedir que te entrevistase? —le preguntó con los ojos entrecerrados. Mirándola como si tratase de averiguarlo por él mismo antes de que ella se lo dijese.
—Tenía ganas de estar contigo.
—Yo también, pero… Podrías haberme dicho que llegabas hoy a la ciudad.
—Pero no habría sido lo mismo. Quería darte una sorpresa.
—Pero, ¿solicitar a la editora de la revista en la que trabajo, que sea yo quien te haga una entrevista…? No veas la cara que se me quedó. Incluso ella pensó que no quería hacértela.
Sandra sonrió y pronto las carcajadas fueron lo único que llenó la habitación.
—Reconoce que ha sido ingenioso. Eve no podía creer que fuese a hacerlo.
—Sin duda que lo ha sido. Y deberías haber visto la expresión de su cara cuando Rachel y yo aparecimos en el vestíbulo del hotel. No veas qué sonrisitas me dedicaba —comentó abriendo los ojos hasta su máxima expresión, lo cual provocó un revuelo insospechado en Sandra.
—Quería tenerte una noche entera para mí. Por eso te he pedido que subieras a la habitación —susurró en sus labios antes de rozarlos de forma tímida y sus manos enmarcaban el rostro de él. Sintió que se fundía por dentro; un escalofrío recorrió todo su cuerpo y la piel se le erizó cuando ella lo besó de aquella manera, mientras dejaba que sus dedos trazaran el perfil de su rostro—. Llevo unas semanas de promoción de la película en las cuales no nos hemos visto. Por eso se me ocurrió esta idea. Eve llamó a tu editora para cerrar el acuerdo. Le pedí expresamente que fueras tú —confesó mientras el semblante de su cara se tornaba en el de una niña traviesa. Se mordió un dedo mientras sus ojos chispeaban de emoción—. Nadie te relaciona conmigo. Nadie sabe que tú eres el dueño de mi corazón.
—No has sido la única. Yo he tenido unos días frenéticos. Creo que ha sido lo mejor que has podido hacer —confesó mientras ahora era él quien tomaba su rostro entre sus manos y la besaba—. Soy muy afortunado por tenerte a mi lado.
Sandra se dejó arrastrar por el mar de caricias que las manos de Sebastien comenzaron a regalarle al tiempo que la besaba.
—Tranquila, no revelaré nuestro pequeño secreto a nadie. No voy a contarle a nadie cómo eres en realidad. Ni lo que sientes cuando te acaricio, o cuando te beso. Eso solo lo sabré yo. De todas formas, aunque lo hiciera, no me creerían.
—Tal vez ha llegado el momento de presentarte en público y de ese modo todos me dejarían tranquila. Sabes las veces que tengo que responder a esas cuestiones. Incluso me han relacionado con algún colega.
—No seré yo quien lo decida. Sabes que no me importa seguir en la sombra.
—Lo sé, pero empiezo a cansarme de ello. Entiendo que tenemos trabajos distintos y que yo paso temporadas alejada de ti, y que no pides nada a cambio. Que siempre estás ahí esperando mi vuelta a casa…
—Y seguiré estando ahí cada vez que regreses. Ya contaba con esto cuando di el paso. Por cierto, ¿quieres me largue de madrugada como si fuera un ligue tuyo o…?
—Ni hablar. Quiero dormir abrazada a ti.
—En el fondo eres una romántica.
—¿Y?
—Que me encanta. Eso sí, me largaré por la mañana temprano ya que supongo que la prensa estará aquí a primera hora. Verás como alguien les da el soplo. Y tendré que echar de comer a sus majestades felinas.
—No me importa porque esta noche ha merecido la pena. Espero que estén bien.
—Sin duda. Pero te echan de menos, sobre todo Artemisa. Es más mimosa que Aquiles. Me recuerda a su dueña. Creo que añadiré ese dato a la entrevista. Para que Lucía quede satisfecha.
—Confío en ti. Siempre lo he hecho.
Sebastien la atrajo hacia él rodeándola por los hombros y apagó la luz para que los dos descansaran. Ya se la ingeniaría a la mañana siguiente para marcharse de allí.
No había terminado de amanecer cuando Sebastien terminó de vestirse.
—No olvides la fiesta de Halloween —le recordó ella con una sonrisa pérfida.
—Lo tendré en cuenta porque eres tú… ¿eh?
—Te veré allí porque tengo compromisos con la película.
—No te preocupes. Allí estaré. Además, quiero estar presente cuando hagas tu famosa revelación —le dio un último beso y salió de la habitación dejándola a ella en la cama. Tenía el tiempo suficiente para pasar por su casa y cambiarse de ropa. Sería sospechoso aparecer en la oficina con la misma del día anterior. Terminaría la entrevista antes de pasársela a Lucía para que le echase un vistazo.
Llegó a su mesa en la oficina antes de que lo hubiese hecho Lucía. Se puso a trabajar en la entrevista en ese momento de calma del que disfrutaba. Añadiría un par de preguntas más y la adornaría aquí y allá en relación a los gustos y preferencias de ella. Sonrió cuando se paró a pensar en lo que iba a añadir. Esperaba que a ella no le pareciese mal, pero serían convincentes y graciosas. Y lo más importante de todo: no la comprometerían. Lo que lo llevo a pensar de nuevo en lo que ella le había contado acerca de presentarlo como su pareja ante la opinión pública. Era algo que habían llevado en secreto desde el principio porque él no había querido adentrarse en ese mundo. Prefería seguir siendo alguien anónimo para todos los demás. Pero si ella prefería hacerlo, y decirles a todos quién ocupaba su corazón… Adelante. Él no tendría ningún problema. Se fijó en Lucía y en como se dirigía hacia él nada más verlo sentado a su mesa tecleando.
—Buenos días, ¿de lleno con la entrevista a nuestra actriz de moda?
—Sí, dándole lo últimos retoques. En breve la tendrás para que le eches un vistazo.
—De acuerdo. Veré las fotos que le hizo Rachel mientras, y elegiremos las mejores. Cuando lo tengas terminado me lo envías y charlamos sobre qué tal te fue con ella.
—Hecho.
Siguió trabajando ajeno a la mirada atenta de Lucía. Esta pensaba en lo que le contaría al respecto de la entrevista con Sandra. No podía evitar preguntarse si había resultado todo bien dada la reticencia que había mostrado él. ¿Le sucedía algo con ella? Preguntaría a Rachel a ver qué tal había ido, mientras estuvo presente.
Sebastien miro el reloj y no pudo evitar preguntarse si ella todavía estaría durmiendo. La verdad era que su ocurrencia le había alegrado el día ya que ella no le había dicho nada de que llegaba a la ciudad. Una idea original que había terminado de la mejor manera. Terminó el documento y se lo envió a Lucía. Esta no tardó ni cinco minutos en llamarlo al despacho para comentarle algo.
Cuando él entró en el despacho minutos después, Lucía terminaba de leer el segundo folio y lo dejaba sobre la mesa. Levantó la mirada hacia Sebastien.
—Reconozco que tu entrevista es muy original. ¿En verdad te contó estas cosas? —le preguntó mirándolo con cara de incredulidad mientras sostenía sus gafas para ver de cerca en la mano. Entrecerró sus ojos sin apartar su atención de él.
—Ahí está todo. Me centré en la mujer que habita bajo la actriz. Era lo que me pediste.
—Sí, sí… Es lo que buscábamos. Darle un enfoque completamente diferente y evitar las clásicas preguntas que todos hacen cada vez que la ven.
—Por ese motivo preferí centrarme en cuestiones de la vida cotidiana. Como si fuésemos dos viejos amigos.
—Sin duda que es la impresión que dejan tus preguntas, y sus respuestas. Me choca que se haya confesado ante ti y no lo hiciese en otras entrevistas que le han hecho… Como bien dices, parecéis dos viejos amigos que quedan para charlar —Su tono dejaba entrever que sospechaba que algo podría haber sucedido entre ellos. Pero prefirió no insistir y no alimentar sus sospechas más. —Dime, ¿qué te pareció? Ayer cuando te lo propuse parecías… sorprendido y hasta cierto punto molesto. Y esta mañana me entregas esta entrevista tan genuina y divertida. Gustará a muestras lectoras, e imagino que a algún lector también.
Él se fijó en las fotografías de Sandra desplegadas sobre la mesa de Lucía. Rachel había sabido captarla. Admitía que en alguna que otra la encontraba preciosa. Desvió la atención de estas lo antes posible. No quería llamar la atención de Lucía.
—Me sorprendió que fuese yo.
—Ya te dije que cuando hablé con su agente, Sandra pidió que fueses tú en exclusividad. ¿Te dio alguna explicación de por qué te había elegido?
Él se limitó a sacudir la cabeza.
—No. No mencionó nada al respecto.
—Es curioso. Tal vez conoce tu trabajo… —Mordisqueó la patilla de su gafa y lo miró con curiosidad, pero también con toda intención.
—¿Hay algo más que quieras comentarme acerca de las preguntas, o te parecen acertadas?
Lucía retomó los folios para echar un último vistazo.
—Así que dice que canta en la ducha.
—Eso parece —asintió él recordando alguna que otra ocasión en la que la había sorprendido aferrada al bote del champú por micrófono.
—No es supersticiosa.
Aquí él volvió a sonreír de manera tímida recordando como todas las mañanas ella salía de la cama posando el pie derecho en el suelo. Y aunque le juraba que lo hacía porque era el primero que sacaba de la cama, y no por superstición, él más bien creía que algo de eso había. Volvió a prestar atención a Lucía cuando hubo terminado de leer la entrevista.
—Me parece perfecta para su publicación. De su vida sentimental no te habrá dicho nada… —comentó con la mirada entornada llena de curiosidad.
—Asegura que tiene una relación desde hace años.
—¿Y dónde está? ¿Por qué nunca se lo ve con ella? ¿Hombre o mujer?
—Al parecer, él prefiere permanecer en el anonimato.
—Vaya… No le va ese mundo ¿Te contó algo más de él?
—No.
—Tal vez vaya a la fiesta de disfraces de mañana con motivo de Halloween.
—¿Quién sabe? Solo que si va disfrazado no lo reconoceremos —le comentó él encogiéndose de hombros y ladeando la cabeza.
Lucía asintió complacida.
—Eso es cierto. Será complicado dado que se le acercarán muchos a saludarla, hacerse una foto y demás —Ella se quedó pensativa unos segundos mientras se mordisqueaba el labio. Finalmente se limitó a asentir—. Sí claro. Buen trabajo, Sebastien
