Punto y coma, etcétera

Real Academia Española

Fragmento

Comisión Interacadémica de Publicaciones de la ASALE

Comisión Interacadémica de Publicaciones de la ASALE

COMISIÓN INTERACADÉMICA DE PUBLICACIONES DE LA ASALE

Santiago Muñoz Machado, presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española y director de la Real Academia Española

Francisco Javier Pérez, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Academia Venezolana de la Lengua

Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua

Guillermo Soto Vergara, director de la Academia Chilena de la Lengua

Eduardo Francisco Hopkins Rodríguez, presidente de la Academia Peruana de la Lengua

Jorge Fornet Gil, director de la Academia Cubana de la Lengua

Wilfredo Penco, primer vicepresidente de la Academia Nacional de Letras de Uruguay

José Luis Vega, director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española

Dirección y coordinación

DIRECCIÓN Y COORDINACIÓN

Soledad Puértolas, de la Real Academia Española

PRÓLOGO Y SUPERVISIÓN LINGÜÍSTICA

Raquel Montenegro, de la Academia Guatemalteca de la Lengua

RESPONSABLE DE PUBLICACIONES DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Carlos Domínguez Cintas

Prólogo, de Raquel Montenegro

La colección Hablantes, en general, y Punto y coma, etcétera, en particular, responden al propósito de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias de la Lengua Española, en colaboración con Penguin Random House Grupo Editorial, de acercar el conocimiento de la lengua a un amplio público lector, al hablante del español de aquí y de allá.

El hablante es el protagonista de esta colección, de allí su nombre. Para comprender el contenido de cada uno de sus volúmenes, no requerimos conocimientos profundos de lingüística, pero sí un interés manifiesto por conocer mejor nuestro idioma.

La comunicación es parte de nuestra vida cotidiana, profesional y escolar. Cuando esta es escrita, contamos con variedad de recursos para transmitir nuestras ideas, deseos, proyectos y más. Estos recursos incluyen la ortografía, que va más allá de repetir normas, pues tiene la función de establecer un canon para que los mensajes que emitimos en español sean comprendidos por todos los hispanohablantes.

Como se afirma en la presentación de la Ortografía de la lengua española (2010), «La correcta escritura, el buen uso del léxico y el dominio de las reglas gramaticales constituyen los tres grandes ámbitos que regula la norma de una lengua. Por ello, los objetivos académicos, renovados constantemente a lo largo de los siglos, se han concentrado en tres publicaciones emblemáticas: la Ortografía, el Diccionario y la Gramática».

De las tres obras mencionadas, la Ortografía explica que nuestro sistema ortográfico aborda la representación gráfica de los fonemas mediante letras o grafías. Este tema es especialmente importante cuando iniciamos nuestra formación en lectura y escritura; en esta etapa comprendemos que los sonidos de las palabras que hablamos se pueden representar mediante letras y dígrafos. También lo es cuando avanzamos en nuestro aprendizaje y elegimos las letras correspondientes para escribir las palabras que usamos en nuestra comunicación.

Otro ámbito del sistema ortográfico del idioma que hablamos es el correspondiente a la representación gráfica del acento. La tilde es un valioso recurso para mostrar variaciones en la pronunciación y hacer notorias las modificaciones que se producen en el significado al acentuar una u otra sílaba.

La puntuación es un aspecto esencial en nuestro sistema ortográfico. Es una valiosa herramienta al comunicarnos por escrito. La coma, el punto, el punto y coma, los dos puntos y los otros signos apoyan al escritor en la organización de las ideas en los enunciados y permiten variaciones en un mismo texto con el propósito de cambiar el tono, el estilo y el mensaje.

Dada la relevancia de los signos de puntuación como parte de la ortografía del español y la importancia que estos signos poseen en la expresión escrita, el segundo volumen de la colección Hablantes se dedica a este tema bajo el título Punto y coma, etcétera.

En él encontraremos datos interesantes entrelazados con explicaciones claras, sencillas y amenas sobre los usos de los signos de puntuación, además de ejemplos obtenidos de publicaciones de todo el mundo hispánico. De allí que, como lectores, este material puede ser una fuente de consulta diaria y un libro de lectura interesante.

Cuando nos iniciamos en la lectura y la escritura en español, un elemento clave es comprender los conceptos de enunciado, de frase y de oración; estos últimos más vinculados a la sintaxis. A medida que vamos desarrollando nuestra capacidad para combinar las palabras, necesitamos agregar más componentes e información por lo que la coma, el punto, el punto y coma, los dos puntos y otros signos de puntuación se convierten en nuestra mejor herramienta para evitar la ambigüedad y lograr claridad. Estos signos son fundamentales para expresarnos con precisión sobre diversas temáticas y con variadas intenciones comunicativas.

En Punto y coma, etcétera se evidencia la relación entre sintaxis y puntuación. Vemos a través de sus páginas que la sintaxis tiene sentido en los diversos ámbitos de nuestra vida. La necesitamos para expresar ideas mediante oraciones simples, compuestas; coordinadas y subordinadas, causales y otras. En el libro se introducen elementos clave de gramática aplicados a la puntuación; por ejemplo, sin entrar en profundidades técnicas, se explica cómo el punto y coma enlaza oraciones.

Podemos sentirnos un poco cautelosos ante la posibilidad de encontrar temas abundantes de gramática en este libro, pero no nos apresuremos a juzgar, encontraremos las explicaciones necesarias para comprenderlos. Veremos cómo en estas páginas, gramática y ortografía se toman de la mano; los conceptos de frase, oración, enunciado, párrafo recorren las páginas y se entremezclan con explicaciones sobre el uso de los signos de puntuación.

Si pensamos en nosotros como escritores, puede suceder que nos planteemos escribir textos para publicarlos en medios impresos o digitales. Cuando redactamos en dispositivos electrónicos, podríamos pensar que no es necesario el conocimiento sobre los signos de puntuación porque contamos con recursos digitales cada vez más eficientes que nos ayudan a seleccionar las opciones correctas y a reconocer los errores. Pero para usarlos, debemos tener el conocimiento que nos permita elegir la herramienta que mejor aplique las normas vigentes y seleccionar aquella combinación de palabras que transmita mejor nuestro mensaje.

En tiempos recientes, con el uso de las posibilidades que nos da la inteligencia artificial, la puntuación reviste una importancia notable por la exactitud que se requiere en las «instrucciones» y la necesidad de usar la sintaxis para redactar indicaciones eficaces con el objeto de obtener el resultado deseado.

En Punto y coma, etcétera también encontraremos orientación sobre la puntuación en casos utilizados en los medios digitales, por ejemplo, al uso del punto en las direcciones electrónicas, en los hipervínculos y en los tipos de archivos. Obtendremos, asimismo, información sobre el uso de la coma o de los dos puntos en saludos y despedidas de correos electrónicos.

Si pensamos en nosotros como hablantes del español y lectores de textos en este idioma, podemos recordar nuestros primeros pasos como aprendices de la lectura. Lo primero fue la identificación de los sonidos de nuestro idioma; después, aprendimos a relacionarlos con la letra o dígrafo correspondiente. Luego, nos pidieron que leyéramos en voz alta para demostrar que, efectivamente, éramos capaces de leer. Antes de la invención de la imprenta, pocas personas tenían acceso a los libros, que eran manuscritos. Esto obligaba a recurrir a personas que sabían leer y ellos, generalmente, lo hacían en voz alta para todos. ¿Cuál sería la importancia de los signos de puntuación en un texto para ser leído en alto? Para acercarnos a la situación transcribimos a continuación un fragmento de la Ortografía en el que se han suprimido, a propósito, los signos de puntuación

En las lenguas de escritura alfabética basadas en la utilización de signos gráficos para representar las unidades fónicas de la cadena hablada la ortografía cumple además un papel esencial como factor de unidad puesto que impone una representación gráfica uniforme y común por encima de las numerosas variantes de pronunciación existentes debidas a factores geográficos socioculturales e incluso individuales.

Si quisiéramos leer el texto anterior en voz alta, tendríamos dificultad para determinar el final de cada enunciado, por lo que en Punto y coma, etcétera se afirma que en la Antigüedad clásica y Edad Media «la lectura se hacía en voz alta, los oradores debían enfrentarse a las dificultades que conlleva leer un texto en público, así como a las ambigüedades a la hora de determinar dónde concluía una idea y comenzaba la siguiente. Los signos de puntuación permitían establecer las pausas necesarias para que el mensaje no perdiera el sentido original ni se interpretase o difundiera erróneamente. Los signos de puntuación fueron sumamente valiosos siguiendo este modelo prosódico».

Más adelante, se afirma que «Con el tiempo, los niveles de alfabetización de la población aumentaron de forma notable, y los antiguos criterios de puntuación basados en la pronunciación dieron paso a otros que privilegiaban la sintaxis y el sentido de cada periodo». En la actualidad, la puntuación y la sintaxis se han armonizado para facilitar la comunicación entre las personas.

Punto y coma, etcétera viene a ocupar un lugar importante en el ámbito educativo. En investigaciones y artículos científicos se hace constante referencia a la vinculación entre lectura y ortografía. Este volumen cumple una doble función: por una parte, es una lectura interesante, pues se organiza en bloques pequeños, de fácil lectura, y por otro, aborda usos y datos curiosos sobre la puntuación; con esto, los hablantes podemos tomar conciencia de que la ortografía, en general, y los signos de puntuación, en particular, se establecen siguiendo criterios científicos basados en aspectos gramaticales, de uso y otros.

La lectura del libro es un deleite. Es agradable porque organiza el tema en segmentos cortos, llenos de contenido, con ejemplos provenientes de las diversas zonas en las que se habla español.

Este es un libro panhispánico, ya que reúne ejemplos de los países donde se habla en español y detalla usos particulares de los signos de puntuación en los lugares de habla hispana. Por ejemplo, en el uso del signo de puntuación para indicar decimales, se lee: «El uso de la coma es habitual en zonas como Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, España, Paraguay, Perú y Uruguay, en tanto que en México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, en cambio, entre los hispanohablantes estadounidenses predomina el uso del punto. En Bolivia, Costa Rica, Cuba y El Salvador, se utilizan los dos signos».

El libro está organizado con una clara intención didáctica y hace especial referencia a los casos que pueden causar duda o ser desconocidos por los hablantes. La primera parte introduce conceptos generales de la puntuación, subraya su importancia y destaca algunos elementos clave de la gramática. Le sigue la parte dedicada a la coma con una enorme riqueza en casos y explicaciones sobre el uso de este signo en los vocativos, en los conectores discursivos, las enumeraciones, para sustituir un verbo omitido. También se hace alusión a aquellos casos donde no se usa la coma; además, se refiere a la «coma de Oxford», adoptada erróneamente por algunos hablantes del español.

Punto y coma, etcétera ofrece, asimismo, un claro resumen de los principales usos de los dos puntos, los puntos suspensivos, los signos de interrogación y exclamación. Incorpora alusiones a datos interesantes como los que anota respecto al uso del signo de interrogación de apertura obviado por muchos en las comunicaciones en medios digitales. «En la ortografía de 1741 se consideraba suficiente poner el signo de cierre… Trece años más tarde, en la ortografía de 1754, se decía que se podía usar el signo de apertura en las frases largas para evitar equivocaciones y malentendidos… No fue hasta la publicación de la gramática de 1870 cuando se recomendó la utilización del signo de apertura de forma general».

Punto y coma, etcétera es, en fin, un libro para todos; para aprender y para enseñar; para leer y para instruirse; en dos palabras: ¡para disfrutarse!

RAQUEL MONTENEGRO

Academia Guatemalteca de la Lengua

INTRODUCCIÓN

Introducción

Coma, punto, punto y coma, puntos suspensivos, signos de interrogación y exclamación… Los signos de puntuación son esos pequeños elementos ortográficos que contribuyen a mostrar visualmente cómo se ha organizado un texto. Gracias a ellos, se pueden comprender mejor las relaciones entre las distintas partes de un escrito y se evitan posibles ambigüedades. Entre ¡A comer, niños! y ¡A comer niños! hay una coma de diferencia y dos significados muy distintos.

Una buena puntuación no solo presenta una estructura más clara, sino que agiliza la lectura y facilita la comprensión del lector. Entre otras facultades, los signos de puntuación tienen la de ayudar a distinguir funciones sintácticas: la coma del ejemplo anterior nos hace saber que niños no es un complemento directo, como en el segundo ejemplo, sino un vocativo, es decir, el elemento que se refiere a la persona a la que se interpela. Por su parte, los signos de interrogación indican que una frase es una pregunta (¿Eres abogado?, frente a Eres abogado) o unas comillas advierten al lector de que un fragmento del texto es una cita.

Estas propiedades de los signos de puntuación los convierten en herramientas útiles, pero para puntuar bien no es suficiente con saber las reglas de uso de cada signo, hay que tener conocimientos sintácticos. Según dicta la norma, no se pone coma entre sujeto y verbo, pero para poder aplicarla hay que saber identificar el sujeto y el verbo. Con mucha frecuencia, existen distintas opciones posibles de puntuación, con mínimas diferencias en la interpretación, por lo que la tarea puede ser subjetiva y depender de nuestra intención, del grado de vinculación que queremos que exista entre unas partes y otras y de nuestro gusto personal y estilo. Así, en Llegué, vi, vencí, se estaría presentando una sucesión de acciones más estrechamente vinculadas que en Llegué; vi; vencí o que en Llegué. Vi. Vencí, siendo correctas las tres opciones.

La ausencia o el exceso de signos de puntuación, su uso erróneo (creer, por ejemplo, que una pausa en la oralidad siempre implica el uso de una coma) o el abuso de un único signo (como utilizar la coma para todo) dificultan la comprensión de los textos, además de ser un síntoma de la pobreza expresiva de quien escribe.

El conocimiento y la aplicación adecuada de los signos de puntuación dan lugar a un texto rico y de mayor eficacia comunicativa. Con este libro intentaremos orientar al lector para que la tarea de escritura resulte algo más sencilla y que esos pequeños elementos, lejos de suponer una dificultad, se conviertan en una herramienta útil para la expresión de los hispanohablantes.

DE LA ORALIDAD A LA ESCRITURA: LA NECESIDAD DE LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN

Los actuales signos de puntuación son el producto de un largo proceso de transformación. En sus orígenes se trataba de un sistema sencillo basado en la indicación de pausas en la lectura y acotación de unidades de sentido básicas. Dicho sistema ha dado lugar a otro mucho más complejo en el que cada signo tiene una función concreta.

Hay que retroceder al siglo III a. C., cuando los filólogos alejandrinos empezaron a utilizar distintas marcas, primero en los versos y luego en textos en prosa, con el objeto de reflejar el ritmo y la prosodia de los escritos. Estos signos originales, que beben de la tradición latina, se trasladaron a la escritura romance.

El sistema clásico se basaba en tres tipos de puntos que marcaban pausas y unidades de sentido completo: el alto, el medio y el bajo. De forma general, podría decirse que un periodo estaba formado por cólones, que son signos de puntuación con que se distinguían las partes o miembros principales de las oraciones gramaticales (en castellano y otras lenguas corresponde al punto y coma o los dos puntos). Cada colon estaba compuesto, a su vez, por incisos o comas.

Para entender la evolución del sistema de puntuación en español debemos remontarnos a épocas anteriores a la imprenta: la Antigüedad clásica y la Edad Media. La lectura se hacía en voz alta, los oradores debían enfrentarse a las dificultades que conllevaba leer un texto en público, así como a las ambigüedades a la hora de determinar dónde concluía una idea y comenzaba la siguiente. Los signos de puntuación permitían establecer las pausas necesarias para que el mensaje no perdiera el sentido original ni se interpretase o difundiera erróneamente. Los signos de puntuación fueron sumamente valiosos siguiendo este modelo prosódico. Sin embargo, en los textos de esta época apenas se encuentran estos elementos gráficos, y en los pocos que se han conservado no se detectan unas pautas sistemáticas.

Ya en la Alta Edad Media, época en la que se documenta la aparición del signo de interrogación, se observa el incremento de los textos redactados en letras minúsculas, que dificulta la interpretación de los puntos a distintas alturas a los que antes se ha hecho mención. Gramáticos como san Isidoro y referentes como Carlomagno empezaron a preocuparse porque los textos se puntuasen de forma clara, ya que el desarrollo de las cancillerías y la proliferación de las distintas traducciones de la Biblia pod

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