La nueva guerra: Del Chapo al Fentanilo

Jorge Fernández Menéndez

Fragmento

Título

Prólogo

Me he convencido de que aun cuando todo está o parece perdido, es preciso reanudar tranquilamente el trabajo, recomenzando desde el principio. Me he convencido de que es preciso contar siempre sólo con uno mismo y con sus propias fuerzas […] es necesario hacer sólo lo que se sabe y se puede hacer, y seguir el propio camino.

ANTONIO GRAMSCI, Cuadernos de la cárcel

Decía Jean-Paul Sartre, después del 68 francés, que nada había cambiado y, sin embargo, todo existía de otra manera. Nadie sabe cómo será, ni en los próximos meses ni en los próximos años, el mundo que nos dejará la pandemia, como no pudimos imaginar en aquellos días cómo sería el mundo después de los atentados del 11-S.

Esa sociedad universal más solidaria, más intimista, más familiar de la que algunos hablan es probablemente mucho más una expresión de deseos que una posibilidad. ¿Habrá espacio para la solidaridad en un mundo, y un país, con millones de nuevos desempleados, con miles de empresas, sobre todo pequeñas y medianas, en quiebra o simplemente cerradas? ¿Habrá espacio para la intimidad cuando la vigilancia posterior a la pandemia se base en controlar a través de las redes sociales nuestros movimientos y relaciones? ¿Realmente la familia saldrá reforzada de la larga etapa de confinamiento que hemos vivido?: simplemente ver las cifras de divorcios y de violencia intrafamiliar derivados del confinamiento hace suponer todo lo contrario.

Lo cierto es que la solidaridad, que siempre está presente a la hora de desastres naturales y en ocasiones sociales, suele estrecharse a sus mínimos niveles en las crisis económicas. Después de la crisis del 29 lo que hubo fue una oleada de suicidios y el nacimiento, en toda su actual expresión, del crimen organizado; las organizaciones sindicales, entonces en auge, se enfrentaron a la más dura intransigencia empresarial y a un número creciente de rompehuelgas y sindicatos blancos, ligados a su vez al crimen organizado; los grandes movimientos sociales que no devinieron en una caricatura del socialismo transitaron hacia el fascismo y el nazismo, y de sus fracasos nació una forma de populismo que permea, un siglo después, toda la política latinoamericana, incluyendo, por supuesto, la nuestra.

No sabemos cómo será el mundo postcovid-19, pero sabemos que no será ni un mundo mejor ni más equitativo o con menos desigualdades. Y sí sabemos que de la mano de la crisis económica tendremos una crisis de seguridad cuyas dimensiones son difíciles de evaluar en toda su dimensión, incluso en el corto plazo.

Pero siguiendo a Sartre, ese mundo de la violencia, la inseguridad, el crimen organizado, sin cambiar, existirá de otra manera. La caída del Chapo Guzmán y su juicio significan, en el mundo del narcotráfico y el crimen organizado, el fin de una era, no sólo por la virtual desaparición de un capo emblemático, sino también porque el mundo del Chapo, el de la cocaína, no ha muerto, pero ya ha nacido otro que lo eclipsará: el mundo de las drogas sintéticas que ejemplifica mejor que cualquier otra el fentanilo.

Este opiáceo sintético es mucho más barato de producir; para su consumo se necesitan dosis de menos de dos miligramos, por lo que se pueden hacer miles con apenas unos kilos; se puede producir en cualquier cocina, no huele, su apariencia es similar a la del azúcar glas, y se vende en pequeñas pastillas imposibles de distinguir de cualquier medicamento; las utilidades que deja son superiores a las de cualquier otra droga. Tiene un gran inconveniente: mata con enorme facilidad. Sufrir una sobredosis es una posibilidad real, con que una pastilla tenga medio miligramo de más, se acaba el viaje.

Pero además, el fentanilo es la droga de la época. La marihuana y el LSD fueron las drogas desde la década de los sesenta hasta la de los ochenta, de alguna forma los años de la paz y el amor, de la liberación sexual, de la búsqueda de los sentidos y la paz interior, de encontrar el yo mediante procesos alucinógenos que iban tan de la mano con la mejor música de aquellos años.

A partir de los ochenta la cocaína fue la droga que reflejó ese ánimo: de la paz y el amor pasamos a los amos del universo de Wall Street de los que hablaba Tom Wolfe, a la competencia y el individualismo, a la necesidad de estar siempre un poco más allá, de vivir en el levantón cotidiano. Era la droga del boom reaganiano, del dios dinero. Las metanfetaminas y las drogas sintéticas acompañaron a la generación X, la del fin del milenio, de la incertidumbre, la de la pérdida de esperanzas post 11-S. Había que escapar.

El fentanilo y los nuevos opiáceos, incluyendo los legales, son las drogas de esta época depresiva, sin líderes, donde el escapismo adquiere otras formas, donde las políticas de Trump (y todos los populistas que lo acompañan) obligan a huir de la realidad, a buscar una droga fuerte que actúe como una suerte de síntesis de todas las anteriores, como un opioide psicodélico que al mismo tiempo relaja y provoca visiones intensas, activa los sentidos.

Los adictos dicen que han caído en el fentanilo porque las primeras veces que lo consumieron sentían unos colores y una intensidad tan vívidos como las primeras veces que habían consumido heroína u opio en grandes dosis. El fentanilo, agregan, aunque es un opioide, produce un exceso de liberación de dopamina, lo cual hace que se quiera volver a consumir en forma recurrente, como sucede con la cocaína, pero sus efectos son más perdurables. Ésa es otra de las razones que lo hacen tan atractivo y mortal.

Las sobredosis llegan con una enorme facilidad: 60 000 muertos al año por sobredosis de opiáceos en Estados Unidos lo demuestran, sobre todo de fentanilo, con el añadido de que los efectos son tan rápidos y la posibilidad de caer en la inconsciencia si se pasa la dosis es tan inmediata que los accidentes pueden producirse de cualquier forma.

En el mundo del crimen organizado que viviremos después de la pandemia, el fentanilo y otras drogas sintéticas, sobre todo las derivadas de los opiáceos, tendrán un papel preponderante. En un mundo un poco o muy depresivo, con una economía en recesión, con menos trabajo, peor pagado y absoluta incertidumbre, cuando aún tengamos el miedo en el cuerpo ante la amenaza de lo desconocido que significa una pandemia, ese opioide psicodélico de efectos inmediatos se entronizará como la más importante de las drogas ilegales. Eso cambiará todo el mundo del narcotráfico.

Se necesitarán menos manos pero más arriesgadas para el gran tráfico de drogas, y muchas y buenas relaciones internacionales, porque el fentanilo o sus derivados provienen de laboratorios asiáticos en la mayoría de los casos; se requerirá de buenas redes de distribución con una capacidad de ingreso al mercado estadounidense mucho mayor, aunque no será necesario pasar toneladas sino kilos de droga para tener las mismas o mucho mayores utilidades.

Sin embargo, las grandes bandas y pandillas se quedarán aquí y se cebarán mucho más con el mercado interno; son las que ya pasaron del narcotráfico al narcomenudeo y, desde ahí, avanzaron hacia el secuestro, el robo y la extorsión. Pasarán cada día más del control de rutas al control de territorios e impondrán también cada vez más esa violencia cotidiana que se ha incrementado en forma constante durante las dos últimas décadas.

Ésa es la historia que contaremos en este libro, la del paso a una nueva época en la violencia, la inseguridad, el tráfico de drogas; una época en la que aún no muere lo viejo y no ha terminado de nacer lo nuevo. El camino que va del Chapo al fentanilo.

* * *

Para hacer ese recorrido mostraremos primero cuál es la geografía del narcotráfico, la violencia y la inseguridad en el país. Contaremos cuáles son las principales organizaciones, de dónde vienen y sobre todo hacia dónde van; las que crecerán y las que terminarán eclipsándose; las que operan hacia el gran negocio de la droga en el exterior y las que se dedican a expoliar a la sociedad; hablaremos de los líderes que están quedando en el pasado, de los actuales y de los que más temprano que tarde los sucederán. Contaremos por qué no funciona la estrategia de seguridad de la administración de López Obrador. E inevitablemente tendremos que hacer un recorrido por ese camino del horror cotidiano que es la violencia y la inseguridad en México. Para aventurarse previendo el futuro hay que asentarse con firmeza en el presente. Ésa es la idea que sustenta este libro.

Título

1

Nueva geografía del narcotráfico

El infierno está vacío y todos los demonios están aquí.

WILLIAM SHAKESPEARE

En los últimos años los cárteles de las drogas han sufrido reacomodos, cambios de liderazgo e incluso algunos han visto mermado su poder. El actual mapa de los cárteles se ha reducido a dos grandes organizaciones: el Cártel del Pacífico y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). De acuerdo con información de fuentes de inteligencia del gobierno federal, ambos controlan casi en su totalidad el mercado de las drogas: hablamos de la producción, distribución y comercialización.

El Cártel del Pacífico o de Sinaloa tiene presencia en 12 de 32 entidades, cuenta con cuatro grandes divisiones con mandos propios, entre los que destaca Ismael el Mayo Zambada; mientras que el CJNG se encuentra en 20 estados y es liderado desde la sierra por Nemesio Oseguera, el Mencho. Debajo de estos dos cárteles se ubican tres organizaciones delictivas que han perdido buena parte de sus capacidades: los Beltrán Leyva, el Nuevo Cártel de Juárez y el Cártel del Golfo; su capacidad para llevar a cabo toda la cadena del tráfico de drogas ya no existe, por lo que son utilizados por los dos grandes cárteles para llevar a cabo algunas tareas, y hoy por hoy no tienen liderazgo definido.

Siguiendo la cadena encontramos seis grupos delictivos, los cuales suelen operar de manera regional, como La Familia, Los Caballeros Templarios, Guerreros Unidos, el Cártel del Noreste, que es lo que quedó de Los Zetas, el Cártel de Santa Rosa de Lima y La Unión Tepito, además de otros grupos que operan sin mando ni características definidas. De acuerdo con información de fuentes de inteligencia del gobierno federal, hasta el final de esta cadena existen 70 estructuras delictivas de menor nivel, que están asociadas, son escisiones o restos de grupos mayores o simplemente células independientes con presencia local. Estas últimas, sumadas a los grupos y organizaciones, son en gran parte las causantes del incremento de la violencia en el país, y sus principales actividades son el secuestro, el robo y la extorsión.

* * *

Cuando se hace referencia al crimen organizado se habla mucho de cárteles, de organizaciones criminales, pero hay que tener claridad sobre cuáles son cárteles, cuáles son bandas y cuáles son organizaciones criminales.

Para las áreas de inteligencia federal sólo hay dos cárteles que pueden ser llamados como tales: el Cártel del Pacífico o de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación. Son los únicos que pueden cubrir todos los aspectos del narcotráfico desde la producción hasta la distribución internacional, desde el tráfico de armas hasta el lavado de dinero producto de sus operaciones.

El Cártel del Pacífico es el más antiguo de México. En la época de Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos, este cártel ocupaba prácticamente todo el país. La mayoría de los desprendimientos que ha habido de organizaciones criminales, incluso que ahora están en disputa con el Cártel del Pacífico, han surgido de él.

Los estados en el área de influencia del Cártel de Sinaloa están bajo su control desde hace mucho tiempo, en algunos casos desde hace décadas. ¿Cuáles son los que generan mayores conflictos y mayor violencia? Sin duda Jalisco, donde está en una competencia feroz con el CJNG, que fue parte de su propia organización, y Baja California, en una lucha que se ha prolongado a lo largo de muchos años, desde la época de los Arellano Félix hasta el día de hoy.

Todos los demás estados han sido invadidos poco a poco por el Cártel de Sinaloa. Una de las entidades que estuvo en disputa durante mucho tiempo es Coahuila, donde se ha fortalecido en los últimos años.

El Cártel del Pacífico o de Sinaloa está dividido en cuatro organizaciones diferentes; más que de un cártel, los especialistas en este tema hablan de una suerte de holding, de cuatro organizaciones con desacuerdos, con diferencias internas, que se disputan a veces territorios o rutas, pero que tienen una suerte de coordinación. Su líder más importante, sin duda, es Ismael el Mayo Zambada. Ahí está también Rafael Caro Quintero con un grupo, están los hijos del Chapo Guzmán y otros operadores que tienen un fuerte control sobre este cártel, que se dividen los territorios y que está calificado por las autoridades como un cártel en ocasiones menos sanguinario que otras organizaciones criminales.

Lo suyo es el control y, sobre todo, la infiltración en las autoridades políticas y de seguridad, desde el nivel más bajo hasta, en ocasiones, el más alto.

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El Cártel del Pacífico tiene su base en Culiacán, Sinaloa. Fue a partir de los años sesenta cuando familias sinaloenses que se dedicaban al contrabando optaron por el comercio de drogas. Uno de los primeros en traficar a gran escala fue Pedro Avilés, quien es señalado como el pionero en el uso de aeronaves para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Ya en la década de los ochenta, la segunda generación de traficantes de Sinaloa la encabezaron criminales como Roberto Moreno, Ernesto Fonseca y Miguel Ángel Félix Gallardo. Fue el Cártel de Sinaloa el que comenzó a utilizar un sistema de túneles para contrabandear la droga por la frontera hacia Estados Unidos. Pero cuando estos líderes cayeron, la organización quedó en manos de Amado Carrillo Fuentes, hasta su muerte en 1997. Guzmán Loera, entonces un operador importante pero relativamente menor, que había trabajado sobre todo con Miguel Ángel Félix Gallardo, fundó, junto con Héctor el Güero Palma, su propia organización, siempre subordinada a los mandos centrales del cártel, en medio de una feroz disputa con la primera de las grandes escisiones que ha tenido esa organización, el cártel de los Arellano Félix, enfrentados por diferencias personales y por el control de Tijuana y Baja California.

Tras el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en mayo de 1993, el Chapo fue detenido en Guatemala y entregado a las autoridades mexicanas; poco después también fue detenido el Güero Palma.

Sus grupos quedaron debilitados, pero con la muerte de Amado Carrillo comenzó la disputa por el control del cártel. Ya para entonces el Chapo, que seguía operando desde la cárcel, estaba configurando una nueva organización, junto con dos grandes históricos del narcotráfico: Juan José el Azul Esparragoza y el Mayo Zambada.

En enero de 2001 un hecho cambió todo: el Chapo se escapa del penal de Puente Grande, Jalisco, y en poco más de un año logra reconfigurar el control de la organización. Pero vendrían las rupturas, las dos principales con los Beltrán Leyva y con el Cártel de Juárez, que encabezaba Vicente Carrillo, hermano de Amado. De esos enfrentamientos nació la llamada guerra del narco, que se ha mantenido hasta el día de hoy.

La estrategia del Chapo lo ayudó a vencer a sus rivales, pero su fama y poder lo llevaron a ser perseguido y puesto tras las rejas. Esta vez no tuvo tiempo de realizar un escape espectacular; fue extraditado a Estados Unidos y en el llamado “juicio del siglo” fue sentenciado a pasar el resto de su vida en prisión, pero esto no acabó con el cártel. Entre los nuevos líderes están Ismael el Mayo Zambada (se supone que el Azul Esparragoza murió por causas naturales); Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, los Chapitos; Aureliano Guzmán Loera, el Guano, y un viejo conocido del mundo del narcotráfico: Rafael Caro Quintero, el Narco de Narcos.

El Cártel de Sinaloa tiene presencia no sólo en gran parte del país, sino en al menos 50 países de América, Europa, África occidental y el sureste asiático.

* * *

La otra gran organización que existe en el país es el Cártel Jalisco Nueva Generación, es mucho más nueva, es un cártel que surgió y se desarrolló en la última década, aunque sus orígenes son añejos. Hasta el sexenio pasado era una parte del Cártel de Sinaloa.

El CJNG se ha convertido en el grupo criminal con mayor crecimiento y mayor ejercicio de la violencia. Surgió para combatir a Los Zetas y para ello adoptó muchos de los métodos de éstos, a los que derrotó en muchos ámbitos.

El CJNG surgió en Jalisco, obviamente, y era parte del grupo de Nacho Coronel. Cuando muere Coronel, Nemesio Oseguera, su líder, se va haciendo del control cada vez más amplio de las organizaciones que participaban en el narcotráfico en Jalisco y Nayarit. A partir de ahí se fue extendiendo a varios puntos del país, primero combatiendo a Los Zetas, pero al mismo tiempo se fue haciendo un cártel cada vez más autónomo, que terminó entrando en conflicto con el Cártel de Sinaloa, de donde había surgido.

¿Cuáles son los puntos en los que tiene mayor enfrentamiento con el Cártel de Sinaloa? Sin duda uno de ellos es Baja California, lo que ha provocado innumerables muertes en Tijuana. En Nayarit y Jalisco la penetración que tiene el CJNG en las autoridades locales es enorme; como ejemplo está el exfiscal de Nayarit, Édgar Veytia, sentenciado en los Estados Unidos por tener su propia organización criminal, ligada con este cártel. El CJNG ha crecido sólidamente en 15 estados, aunque tiene presencia en 20; uno de sus puntos importantes, además de Veracruz, es, sin duda, Quintana Roo, donde ejerce un fuerte control y tiene una importante presencia, y Guanajuato, donde participa en una verdadera guerra contra el Cártel de Santa Rosa de Lima.

En una década ha pasado de ser un reducido grupo de desertores del ahora extinto Cártel del Milenio a conformar una enorme red criminal, cuyos nexos se extienden a toda América, así como a Europa y Asia.

Está liderado por Nemesio Oseguera, el Mencho, quien, de acuerdo con reportes de inteligencia, se esconde en la sierra e incluso se encuentra mal de salud. Ante esta situación y la reciente extradición de su hijo Rubén Oseguera González, el Menchito, se habla de un posible sucesor, Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, el Sapo, quien ya controla las finanzas del cártel desde Puerto Vallarta.

Pese a la persecución para capturar al Mencho, por quien los gobiernos de Estados Unidos y México ofrecen millonarias recompensas, las operaciones del CJNG no se detienen: al tiempo que transporta cargamentos de droga, sobre todo metanfetaminas y fentanilo, principalmente hacia los Estados Unidos, refuerza sus lazos con mafias asiáticas y disputa distintas plazas en el país, con estrategias violentas muy similares a las que utilizaron en su momento Los Zetas.

Los ataques son particularmente violentos en Michoacán, sobre todo en Uruapan y otros municipios de Tierra Caliente, donde el CJNG se enfrenta a Los Viagras, mientras que en Veracruz la disputa es con lo que queda de Los Zetas. En Guanajuato libra una batalla con el Cártel de Santa Rosa de Lima, principalmente por el robo y venta de combustible. En otros estados busca alianzas con grupos locales para extender su dominio, mientras se impone a través de la violencia, la extorsión, secuestros y homicidios.

* * *

Hay dos grandes cárteles, solamente dos, porque son los únicos que controlan todo el proceso del crimen organizado, desde la producción de la droga y su comercialización hasta el lavado de dinero o el aprovisionamiento de armas, y tienen también sus propias redes en Estados Unidos. Pero existen otras tres grandes organizaciones delictivas que en el pasado fueron calificadas también como cárteles, y han dejado de serlo por los golpes recibidos o porque no han podido consolidarse como tales, pues no llegan a afianzarse en todas las facetas del tráfico de drogas, pero eso no las hace menos peligrosas.

Esos grupos son la organización de los Beltrán Leyva, el Nuevo Cártel de Juárez y el Cártel del Golfo. Todos han sufrido durísimos golpes en el pasado y están tratando de reconfigurarse.

El de los Beltrán Leyva es un cártel que desde hace años ha tenido una fuerte presencia sobre todo en Sonora y el norte de Sinaloa; de ahí ha surgido siempre su fuerza. Opera también en Baja California, y trata de operar en otros lugares del país, sobre todo en Guerrero, que fue uno de sus feudos, aunque ahí ha sido progresivamente desarticulado.

En Chihuahua, el Nuevo Cártel de Juárez, después de la detención de Vicente Carrillo, ha resurgido, así como también las luchas por ese estado y las bandas con las que trabajó durante mucho tiempo, como La Línea y Los Artistas Asesinos. Hubo dos o tres años en l

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