Introducción
AMANTE ESPOSA
Conozco a Isabel Preysler desde que se instaló a vivir en España. Pero, sobre todo, desde 1971, año que se casó con Julio Iglesias, del que se divorciaría tan solo siete años después. ¡Cómo olvidar su boda! ¡Nunca he visto una novia más triste el día que debía ser el más feliz de su vida!
Yo estimaba a Isabel porque era la mujer de mi mejor amigo, Julio Iglesias, el hombre que sería años más tarde el padrino de mi boda, el 6 de junio de 1984. Pero pronto empecé a admirarla como esposa y como madre; leal en el primer caso, abnegada en el segundo, hasta que no pudo más. Lamenté mucho que una dama que no debía querer mucho a Isabel me hiciese saber «que ella sabía lo que ocurría». (Abordaremos este asunto más adelante en este libro.) Mi lealtad hacia ella me obligó a advertirla, en la misma medida que la lealtad a mi amigo Julio me obligaba a ser prudente. Ni siquiera cuando estalló el «escándalo» —que no fue tal porque todo se desarrolló con la mayor discreción—, se me ocurrió hacer partícipe a Julio de lo que aquella voz anónima me había informado.
Isabel estaba cargada de razones para decirle «hasta aquí llegó la riada, Julio». Y, como el chiste, él sabía por qué.
Siempre he dicho que, si yo fuera un aristócrata, un miembro de la Diputación de la Grandeza, en mi escudo de armas figuraría el siguiente lema: «Valgo más por lo que callo que por lo que cuento». Me sorprendió que en la magnífica entrevista que Isabel concedió en junio de 2014 a la directora de Vanity Fair, Lourdes Garzón, utilizara mi frase, sin mencionar el copyright. Pero Isabel sabe que lo mío es suyo. Por supuesto que soy consciente de que si ella contara todo cuanto sabe, sería como metal que resuena, extendiendo su eco por los cuatro puntos cardinales. Pero prefiere sonreír, regalando su silencio, tan importante como los sonidos, ya sean del corazón, de la mente o del espíritu. ¿Radica ahí su encanto, en ese misterio que desprende? Pienso que hay mucho más. Si no, ¿cómo puede una mujer mantenerse en el primer plano de la actualidad nacional a lo largo de cuarenta y cinco años sin romperse ni mancharse, como el cristal atravesado por el sol, cuando tantas cosas han pasado por su vida y no siempre buenas? No olvidemos que el tiempo en sí mismo es un gran reto difícil de superar.
Facundo Cabral escribía que «nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo. Pero es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante con el favor de una mente que no tiene límites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos»; palabras que seguramente suscribiría Isabel.
Isabel Preysler ha llegado a ser, y lo sigue siendo, la mujer, la dama, la señora más importante de España. No ha habido a lo largo de estos cuarenta y cinco años nadie que la igualara, ni Carmen Thyssen, ni Carmen Martínez-Bordiú, ni la duquesa de Alba, ni las hermanas Koplowitz… Todas tuvieron sus momentos de gloria mediática por diversas circunstancias. Pero Isabel lo ha sido por encima del tiempo y de estas circunstancias, y siempre acompañada de parejas muy brillantes. Primero fue esposa de un cantante universal, Julio Iglesias; después, de un aristócrata español admirado y respetado, el marqués de Griñón, perteneciente a una de las familias más importantes de España, los duques de Montellano, protectores de don Juan Carlos en sus primeros pasos por el país del que sería rey; al marqués le siguió Miguel Boyer, uno de los políticos, socialista él, con más poder en la historia de la democracia. Y, por último, de un premio Nobel, Mario Vargas Llosa. De todos ellos esposa, que no amante, o amante esposa.
El título de este libro no es un juego de palabras, aunque los términos «amante» y «esposa» puedan llevar a la confusión cuando pueden —y deberían— ser complementarios. Sobre todo si la mujer, como es el caso de Isabel, sabe conjugar las dos situaciones: la de esposa y la de amante.
Ser solo esposa, exclusivamente esposa, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separe tiene un riesgo: que la esposa, pasado el tiempo, adquiera el rol de madre, olvidando que un día fue también amante, en el más amplio y exacto sentido de la palabra. Esa amante esposa, que se ha ido alejando atendiendo las necesidades de la casa, los hijos y el trabajo, del esposo, puede acabar descuidando la parte sexual, tan importante en la relación de pareja. Los encuentros amorosos se van reduciendo a la misma hora, en la misma cama y con una menor frecuencia.
Cierto es que el estrés y la responsabilidad que muchas mujeres asumen al ser madre hace que su papel de esposa pase a un segundo lugar. Pero lo más grave es cuando la esposa se convierte en «madre-secretaria» de su marido, atenta a las pastillas, a las comidas, a los horarios y a los compromisos laborales. Tal fue el caso de Rosario Conde, como la esposa-madre de Camilo José Cela; o de Patricia Llosa, la esposa-madre y secretaria de Mario Vargas Llosa.
No hay nada más desagradable y elocuentemente expresivo de lo que hablamos que oír a un hombre llamar a su esposa «mamá», mamá por aquí, mamá por allí, dejando así a las claras que la relación de pareja ya no es lo que debería ser porque se prioriza el papel de madre al de amante. Ignoro si Mario Vargas Llosa llegó a llamar a Patricia «mamá». Pero verla, la he visto actuar como tal en el hotel Sancti Petri de Cádiz durante unas vacaciones veraniegas en las que coincidimos. Allí la vi actuar más como madre y secretaria de Mario que como la amante esposa que debería ser.
ISABEL, NOMBRE DE REINA
Según Wikipedia, el nombre de Isabel es un nombre femenino de origen incierto. Es posible que derive del nombre de la diosa egipcia Isis, «reina de las diosas». Otra opción sería que proviniera del nombre hebreo Elisa, «promesa de Dios o que ama a Dios». También cabe la opción latina, Isisa, «bella», la diosa egipcia que fue adorada en tiempos del imperio romano, en honor de la diosa de la fecundidad.
El nombre de Isabel es muy popular en el mundo occidental, en gran parte debido a la devoción a santa Isabel, madre de san Juan Bautista. Además de esta santa, existen otras con el mismo nombre en la Iglesia católica, como las reinas y santas Isabel de Hungría e Isabel de Aragón o Portugal, y en la Iglesia ortodoxa rusa, santa Isabel Fiódorovna, gran duquesa de Rusia.
El nombre fue muy popular en las familias reales europeas desde la Edad Media. Lo llevaron numerosísimas princesas y reinas consortes, especialmente en Alemania, España, Francia
y el Reino Unido. Entre las consortes más recientes con este nombre podemos citar a la emperatriz de Austria y reina de Hungría y de Bohemia, Isabel de Baviera (Sissi) (1837-1898); a la reina Isabel de Reino Unido (1900-2002), madre de la actual reina Isabel II y última emperatriz de la India; y a la reina Isabel de Bélgica (1876-1965), esposa del rey Alberto I de los belgas. Además, cinco soberanas titulares han llevado ese nombre: la emperatriz Isabel I de Rusia (1741-1762), las reinas Isabel I de Castilla, o Isabel la Católica (1474-1504), Isabel I de Inglaterra (1558-1603), Isabel II de España (1833-1868) o Isabel II del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, reinante desde 1953.
Se dice que las mujeres con el nombre de Isabel son de naturaleza emotiva y activa. Son perseverantes, de pensamiento desbordante y creativo. Son insistentes y se expresan con independencia. Les gusta hacer realidad todo cuanto piensan. Aman los modales distinguidos, la ropa de calidad y todo lo que tiene valor.
Según Isabel Romero, conocida profesional del marketing, detrás de una Isabel se esconde una mujer tierna, amable y que sabe estar. Por lo general, son personas con las que se puede congeniar sin esfuerzo. Muy entregadas a sus amistades, de vez en cuando pueden sufrir alguna decepción. Por lo que respecta a su vida amorosa, las personas de nombre Isabel destacan por el nivel de confianza que ofrecen a sus parejas. Se entrega totalmente a él, es romántica, cariñosa. Hace de cualquier día un día especial. Eso sí, siempre espera recibir algo similar a lo que da; si no, prefiere continuar con su camino. En cuanto al trato con los hijos, se muestra liberal y sabe convivir con ellos.
Pero ahora vamos a hablar de Isabel, pero no de Isabel Pantoja, ni de Carlota Isabel Diana, princesa de Cambridge, ni de Isabel II, ni de Isabel Coixet, ni de Shakira, cuyo verdadero nombre es Isabel Mebarak Ripoll, ni de Isabel Allende, ni de Isabel Sartorius, ni de Isabel San Sebastián, ni de Isabel Durán, ni de Isabella d´Este, o de Chabela Vargas, o de Chábeli Iglesias, ni de mi hija que se llamaba Isabel, a quien le debo un libro sobre su desgraciada vida. En este vamos a hablar de Isabel por excelencia, de Isabel Preysler.
EL DÍA EN QUE NACIÓ
Isabel, como todo ser humano, no puede acordarse del año en que nació. Desconozco cómo era la estrella que reinaba ese día. Pero no debió de ser mala. No conozco tampoco biografía más rica, más apasionada y más apasionante que la suya. Pero sería bueno que supiéramos qué sucedió aquel 1951, independientemente de su nacimiento, el 18 de febrero.
A principios de año, Marguerite Yourcenar y Camilo José Cela publican Memorias de Adriano y La Colmena, respectivamente. Dos premios nobeles fallecen ese año: André Gide y Sinclair Lewis y, por otra parte, el escritor, dramaturgo y novelista sueco Pär Lagerkvist, autor de La eterna sonrisa, recibe, en diciembre, el premio Nobel de literatura.
Siguiendo con noticias literarias, en diciembre fallecen dos grandes poetas de muy diversa índole: en Boston, donde residía exiliado desde 1936, el gran lírico español Pedro Salinas («La voz a ti debida») y, en Buenos Aires, su ciudad natal, Enrique Santos Discépolo, actor, dramaturgo y uno de los importantes letristas de tangos de todos los tiempos.
Independientemente de estos acontecimientos literarios que hoy marcan de forma más que notable la vida sentimental de Isabel, también sucedieron muchos y diversos hechos: el 12 de febrero se casa Reza Pahlevi, sha de Persia, con la princesa de origen alemán Soraya. La prensa del corazón hizo de la pareja imperial uno de sus temas favoritos, como hoy del romance entre Isabel y Mario Vargas Llosa. Unos días más tarde, concretamente el 27, el presidente de la República Argentina Juan Domingo Perón y su esposa, la mítica Eva Duarte, inauguran en el estadio del Racing de Buenos Aires los I Juegos Panamericanos. Entre tantas noticias hay una que acapara todos los titulares de la prensa del mundo entero, sobre todo en Filipinas, país donde nace Isabel: el presidente Harry S. Truman cesa fulminantemente de todas sus funciones a uno de los generales más galardonados de toda la historia americana: Douglas MacArthur, comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en el Extremo Oriente. El país de la señora Preysler no olvida el 20 de octubre, día en que MacArthur cumple la promesa que había hecho al abandonar las islas, en 1942: «Volveré». Y ese día los estadounidenses, comandados por el mítico general, desembarcan en Leyte y comienza la liberación del archipiélago filipino que los japoneses habían invadido en 1941. «Tenemos el deber moral de socorrer a los filipinos», declara el general. Y lo cumplió.
Me gustaría saber cómo vivió la familia de Isabel la batalla de Manila, que se prolongó a lo largo de todo el mes de febrero en medio de una serie de intensos combates callejeros que acabaron con la destrucción de la ciudad y de sus edificios, rica herencia cultural hispanofilipina. El salvajismo de las tropas niponas durante la lucha tiene únicamente parangón con su comportamiento en los combates de la ocupación de Shanghái en 1937.
El número de bajas civiles, tanto las ocasionadas por los combates como por los asesinatos premeditados ejecutados por los japoneses, oscila entre noventa mil y cien mil víctimas, un número similar al que causó la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima.
Pero en ese año ocurrieron otras cosas de interés general: el 5 de abril los esposos Ethel, de 33 años, y Julius Rosenberg, de 35 años y físico reputado, son condenados a muerte por un tribunal de Nueva York, después de que un jurado los declarara culpables del delito de espionaje a favor de la Unión Soviética. El matrimonio eran hijos de inmigrantes judíos. El 28 de abril el jefe de Gobierno de Irán, Mohammad Mossadegh, nacionaliza el petróleo, la mayor y más importante riqueza del país. El 12 de mayo se produce la mayor explosión provocada por el hombre, con una potencia cien veces más destructiva que la bomba que arrasó Hiroshima, y que tuvo lugar en un desolado atolón de Micronesia, en el océano Pacífico. El presidente Truman asumió la responsabilidad de experimentar por primera vez con la bomba H.
El 16 de junio tiene lugar en Bruselas la coronación del joven rey Balduino, por abdicación de su padre, el rey Leopoldo. El soberano tenía tan solo 21 años y era soltero. Se casaría en 1960 con la española Fabiola de Mora y Aragón, una historia de amor como la que protagonizan Isabel y Mario.
El 19 de julio es asesinado por un joven árabe mientras oraba en la mezquita de El Aqsa, en Jerusalén, el rey de Jordania Abdullah ibn Hussein. Por renuncia de su hijo Talal, le sucede su nieto Hussein de 17 años de edad, quien se casaría cuatro veces (Dina, Muna, Alia y Noor), una más que Isabel (Julio, Carlos, Juan Miguel) y pronto Mario.
El 7 de septiembre un estúpido accidente, cuando tomaba un baño muy caliente para cumplir con un severo régimen de adelgazamiento, le produjo un colapso y falleció en su villa de Suresnes la bellísima actriz estadounidense de origen español María Montez. Tenía 31 años y estaba casada con el gran actor francés Jean-Pierre Aumont.
El 25 de octubre Winston Churchill vuelve a convertirse, a los 77 años, en primer ministro del Reino Unido, tras seis años de ostracismo desde la derrota electoral conservadora de julio de 1945.
El 11 de noviembre y con un lleno absoluto, el teatro María Guerrero de Madrid es el escenario de una desenfadada conferencia del pintor Salvador Dalí con el título «Picasso y yo». A lo largo de la charla declaró: «Picasso es un genio. Yo también. Picasso es comunista. Yo tampoco».
¿Fue un año interesante este del nacimiento de Isabel Preysler? Sin duda alguna. Pero la gran noticia para nosotros hoy no es otra que el nacimiento en Manila, el 18 de febrero, de una niña que llegaría a convertirse en una de las mujeres más famosas de este siglo. Tanto que lleva… cuarenta y cinco años copando las portadas de todas las revistas, y no solo las del corazón. Con 65 años y cuatro parejas, es el icono mediático y social de España y del mundo entero.
MANILA
Para este autor era importante, antes que entrar en la vida de Isabel Preysler, conocer el país, las gentes y la sociedad en la que nació y vivió. Sin este contexto, el relato quedaría incompleto. No ha sido fácil reconstruir la Manila de aquella época, de aquellos años terribles durante los que Isabel no solo nació, sino creció y vivió.
Aunque nuestra protagonista vino al mundo en el año 1951, hacía tan solo seis que en la ciudad de Manila los japoneses asesinaron, entre el 3 de febrero y el 3 de marzo de 1945, a cien mil civiles. La escultura de Peter Guzmán, compuesta por un pedestal rectangular de mármol negro con la inscripción, en blanco, que sirve de base a un grupo humano compuesto por ocho figuras distribuidas en forma piramidal, rememora esa masacre.
La familia Preysler no solo lo sufrió como muchos descendientes de españoles, sino que sobrevivió intentando olvidar aquel día de 1942, cuando el general estadounidense MacArthur se despidió de Manila asegurando: «I shall return», promesa que no pudo cumplir hasta el 3 de febrero de 1945, cuando «los soldados japoneses, viéndose aplastados y sin posibilidad de retirada, enloquecieron por completo y emprendieron el desmantelamiento de la ciudad y el asesinato de sus habitantes manilenses, arrasándolo todo, acogiéndose a la consigna de morir matando» (Carmen Güell, La última de Filipinas).
El testimonio de la española María Elena Lizarraga, entonces una niña, víctima de la peor tragedia humana de la II Guerra Mundial y superviviente de la represión y matanza indiscriminadas, es elocuentemente expresiva de lo que sufrieron apellidos españoles que vivieron de milagro como los Arrastia, los Preysler, Pinto, Moreta, Chicote, Vázquez de Prada, Soriano, Gómez, Padilla, Zóbel, Maldonado y otros muchos.

Carlos Preysler Pérez de Tagle y Beatriz Arrastia Reinares, padres de Isabel. (Foto cedida por el autor)
La orden del militar japonés de mayor graduación era de «matad a todo el mundo». El 7 de febrero de 1945 entraron en el convento de La Salle, donde se habían refugiado muchas familias. Cincuenta y ocho personas perdieron la vida en ese minuto, entre ellos Hellen Vázquez de Prada —perteneciente a una de las familias españolas más importantes de Manila— que estuvo agonizando tres días en medio de la calle.
Junto a la familia Vázquez de Prada, también fueron exterminados los curas y todos los civiles que habían buscado refugio en el colegio La Salle.
A Manila, segunda ciudad más bombardeada después de Varsovia, le llevó mucho tiempo volver a la normalidad y muchísimo más olvidar.
El 7 de diciembre de 1945 un tribunal militar declaró al general Yamashita, comandante supremo de las fuerzas japonesas en Filipinas, culpable de los cien mil filipinos asesinados. Fue ejecutado el 23 de febrero de 1946, cinco años antes de que naciera Isabel y cinco después de que sus padres, Carlos Preysler y Beatriz Arrastia contrajeran matrimonio en la iglesia católica de La Maleta. La zona en la que crearon el hogar, Makati, fue una de las más masacradas por los japoneses, y ellos de los españoles supervivientes. Por ello, a Isabel, y a sus hermanos —ya habían nacido dos—, les tocó sufrir la caótica situación económica en la que había quedado Manila.

Isabel a los ocho años junto a su hermana mayor Victoria y uno de sus primos. (Foto cedida por el autor)
Mi deseo, al ponerme a escribir este libro, era encontrar a una persona que pudiera hablarme, con conocimiento, de aquella época, de aquella Manila, de aquella Filipinas, de aquellas gentes entre las que vivió Isabel. No era fácil. La suerte, con nombre de Paty Galatas, una bellísima mujer filipina y amiga mía de años, me puso en contacto con la persona que no solo vivió y vive entre Madrid y Manila, sino que perteneció y pertenece al círculo más íntimo de la sociedad manilense y, además y lo más importante… amiga íntima de Isabel.
Se trata de una ilustre dama de la alta sociedad filipina, y… española por más señas: Georgina Padilla Zóbel (de los Zóbel de toda la vida, que diría un clásico), hija de Gloria Zóbel de Ayala y Montijo y de Ricardo Padilla Satrústegui, y biznieta del almirante Montojo, el de la batalla de Cavite el 1 de mayo de 1898. Esta ilustre dama, viuda de Luis Mac-Crohon y Garay, ha desgranado para este autor sus mejores recuerdos no solo de la capital filipina, sino de Isabel. Este es su relato.

Georgina Padilla Zóbel, amiga de Isabel y colaboradora en este libro, posa en esta fotografía en 1992 junto a Beatriz Arrastia, madre de Isabel, primera de la izquierda. A la derecha, Tessy Arrastia, su tía, don Luis Mac-Crohon y Victoria, hermana de Isabel. (Foto cedida por el autor)
LA TIERRA EN LA QUE VIVIÓ, SEGÚN GEORGINA PADILLA
«La sociedad en la que se desarrollaron los primeros años de la vida de Isabel era muy reducida, muy pequeña. Todo el mundo se conocía. Pero al mismo tiempo existía una colonia española bastante grande, muchos emparentados entre sí. Los apellidos más importantes eran, aparte de los Zóbel de Ayala, los Roxas, Soriano, Ortigas, Madrigal, Aboitiz, Brías, Araneta, Galatas, Prieto, Rocha, Berenguer, Preysler, Arrastia, Ortoll, Valdés, Loinaz, Roces, Querino, Sunico, Picornell, Zulueta, Tuason, Enchausti, Pardo de Tavera, Pérez Rubio, Got, Azcárraga, Melián, Elizalde, Lizarraga, Ossorio… —Como observará el lector, muchos apellidos vascos. A consecuencia de ello la colonia vasca en Manila era, no solo muy numerosa, sino muy importante—. Mi marido decía que parecía Neguri, la exclusiva zona de Bilbao. Se trataba de empresarios que emigraron a Filipinas convirtiéndose en grandes terratenientes y hacendados de plantaciones de coco y azúcar.
»Como dato curioso, los protagonistas de las novelas de José Rizal, el gran héroe filipino, el médico, novelista y mártir nacionalista (fue ejecutado por los españoles en Manila el 30 de diciembre de 1896), autor de Noli me tangere y El filibusterismo, suelen tener nombres vascos, como Ibarra.
»La zona donde habitaba la familia Preysler se llamaba Makati. Aquí fijaron su residencia los padres de Isabel cuando se casaron, bajo una gran inquietud civil derivada de la ocupación de Filipinas por las crueles tropas japonesas. A su vez, en esta zona existen otras fincas de estilo americano como Forbes Park, San Lorenzo, Urdaneta, Magallanes, Legazpi y Bel-Air, con vegetación tropical, jardines, piscinas y anchas avenidas bordeadas de palmeras y árboles frutales. La avenida Ayala cruza Makati con sus rascacielos de oficinas. Se trata del equivalente al Wall Street financiero de Manila. Allí vivió la familia de Isabel, primero en San Lorenzo y más tarde en Magallanes, dos preciosas urbanizaciones de Makati.
»Independiente de las fiestas que se celebraban casi todas las semanas en los jardines de estas mansiones, también se organizaban fashion shows o desfiles de modas benéficos con las chicas de la alta sociedad manilense, que se prestaban como modelos de grandes modistos y diseñadores. Isabel fue una de ellas y ya entonces llamaba la atención por su belleza oriental y por lo alta y elegante que era.
»El clima tropical que disfruta Manila todo el año permitía que la vida se desarrollase, casi siempre, al aire libre. La sociedad a la que pertenecía Isabel se reunía después de misa en la iglesia de San Antonio, en Forbes Park, o en la de San Agustín de intramuros, en el Polo Club o Golf, el Yacht Club o en el Army Navy Club, en la bahía de Manila. Para cenar Jai-alai o el Casino español eran los lugares escogidos.
»La lengua de la élite y la intelectualidad era el castellano. También para todo tipo de servicios administrativos y gubernamentales. No olvidemos que el español fue el idioma oficial en las islas desde 1571, año de la fundación de Manila, por Legazpi, como capital del estado filipino bajo la corona de España. Tan evidente es que el idioma español se hablaba en Filipinas que la declaración de la independencia del país fue redactada en español. Hasta que en 1898, los estadounidenses impusieron por la fuerza el idioma inglés, al apoderarse de la colonia después de la batalla de Cavite.
»Mi bisabuelo, el almirante Patricio Montojo, mandaba la escuadra española en aquella batalla tan desigual, porque desiguales eran las fuerzas navales de los norteamericanos.
»Según explica el investigador naval Alejandro Anca Alamillo, “el resultado final de la guerra hispanoamericana de 1898 estuvo inevitablemente marcado por dos combates navales decisivos que tuvieron lugar en Santiago de Cuba y Cavite. En ambos enfrentamientos, los americanos aniquilaron a las fuerzas españolas, recibiendo estas la peor y más completa derrota naval de toda su historia contemporánea”.
»Tras el luctuoso hundimiento del Maine, el 15 de febrero, en el puerto de La Habana y antes de declarar la guerra contra España, Theodore Roosevelt ordenó al comodoro Dewey preparar su escuadra asiática basada en el puerto de Hong Kong, con el fin de destruir a la española de Filipinas.
»En Cavite, se iban a encontrar dos escuadras a priori casi equilibradas en fuerzas, con ventaja de los americanos al ser sus buques más grandes, rápidos y potentes que los españoles. En el momento de estallar la guerra, tres de los principales buques españoles se estaban reparando y el resto estaba en mal estado. A esta deplorable situación del material a flote se unía la escasez y la falta de preparación del personal que componía la Armada Española. Patricio Montojo pidió refuerzos que nunca llegaron.
»A las cinco y cuarto de la mañana del 1 de mayo de 1898 comenzó el combate. Los españoles perdieron 60 hombres, y 103 resultaron heridos; los americanos oficialmente… un muerto y quince heridos. La decisión del almirante Montojo de hundir sus buques fue precipitada. Sobre este punto existe una polémica entre la versión “oficialista” que exime a Montojo de toda responsabilidad y una versión “revisionista” más crítica con la actitud del almirante.
»En cualquiera de los casos, la batalla de Cavite no supuso una derrota total, sino también el triste aperitivo de lo que luego ocurriría en Santiago de Cuba, el 3 de julio de 1898, con la armada del almirante Cervera: 371 muertos, 151 heridos y 1.670 prisioneros, entre ellos el almirante español, frente a un marinero muerto y dos heridos leves, en el bando americano. La escuadra española, como antes en Cavite, fue enviada a una guerra que ya estaba perdida de antemano. Pero esa es otra historia que no viene al caso en este libro.
»Después de esta batalla, los norteamericanos importaron cientos de profesores, llamados “thomasites” porque llegaron en el barco Thomas, con el claro objetivo de recorrer el archipiélago para imponer el idioma inglés a los nativos. Desde entonces (hasta 1946, en que los americanos concedieron la independencia a Filipinas), quien no supiera el idioma de Shakespeare perdía su trabajo, y aquellos colegios e institutos que no lo enseñaran les retiraban la licencia y los clausuraban.
»Sin embargo, gracias a las familias españolas anteriormente citadas, entre ellos mi abuelo Enrique Zóbel de Ayala, mecenas de las artes y uno de los fundadores de la Academia Filipina, el idioma de Cervantes se ha mantenido. Él fue el fundador del Premio Zóbel, en 1920, el único premio literario español que se da en Asia y que ayudaba a conservar el uso del idioma castellano en Filipinas. Después de cuatrocientos años, la influencia española en las islas sigue vigente. Los españoles no solo trajeron el idioma, sino la religión. Filipinas es el único país católico de Asia y el más occidental de todos los de Oriente.»

Isabel, en el centro, junto a su hermana Beatriz, a la izquierda y Georgina Padilla Zóbel y su marido. (Foto cedida por el autor)
LA FAMILIA PREYSLER
Georgina Padilla continúa su relato:
«Conozco a la familia Preysler desde siempre. Mis abuelos ya mantenían una gran amistad con los suyos, Faustos Preysler y Carmen Pérez de Tagle Teves, y mis padres con los suyos, Carlos Preysler y Beatriz Arrastia.
»Su familia materna tenía extensas plantaciones de azúcar y de arroz en la provincia de Pampanga. Mientras que el linaje paterno es europeo, de origen danés, alemán, austríaco, húngaro y español, el materno procede de Navarra. El bisabuelo, Valentín Arrastia, había nacido en Estella y se casó con una rica heredera nativa de Pampanga, Francisca Salga