Un barrio, mil historias

Gerardo Pérez

Fragmento

«El barrio ya no existe más»

En una charla de sala docente, de un liceo de Montevideo, un profesor le decía a otro con una contundencia absoluta, como muchas veces solemos hacer quienes deberíamos ser ejemplo de lo contrario: «el barrio no existe más… la vida del barrio ya no existe más».

La afirmación me quedó dando vueltas en la cabeza por un tiempo, y con el pasar de los días, se me transformó en pregunta: ¿el barrio no existe más? La pregunta empezó a resultarme sumamente atractiva y desafiante, me parecía un espacio maravilloso para comenzar a leer, investigar, conversar con vecinos, pero, ¿cuándo y cómo?

Otro docente, que participaba en la charla atentamente, le replicó: «a eso sumale que muy pocos conocen la historia de su barrio, muy pocos saben cuáles son sus orígenes, personajes destacados, sus dolores, derrotas, silencios, triunfos».

Con el tiempo, su afirmación también se me transformó en pregunta. ¿Pero cómo hacerme de un espacio de tiempo para dedicarme a profundizar sobre el tema? Porque, a veces, la vida cotidiana no nos deja huecos para esos lujos.

Pero el destino quiso que un gran amigo que me regaló la vida, Horacio Tano Abadie, me diera la posibilidad de sacarme las ganas de investigar sobre el tema y así poder compartirlo a través de su programa: Abran Cancha.

La columna se llamó: «Un barrio, mil historias», y este proyecto radial fue el impulsor de un trabajo que disfruté a lo largo de todo un año, y que hoy se convierte en un libro (también por el olfato creativo de la editorial Penguin Random House) que aspira a ser una herramienta en la que a través de la historia podamos conocer más de las realidades barriales y, a su vez, que busque poner el acento en la gente, en EL vecino y en su poderosa acción social. En el entendido de que lo más importante de un barrio es su gente y las acciones cotidianas que miles de personas llevan adelante y que, con ellas, generan y mantienen espacios más habitables e identitarios.

También deseo que sea un espacio en el que podamos conocer no solo a los personajes destacados que ya se pasean por un sinfín de libros que narran nuestra historia, sino que nos permita contactarnos con el vecino de a pie, personas que casi desde el anonimato le dan vida al barrio. Poder compartir un pedacito de la historia de los sin voz, acompañando la letra de la murga Agarrate Catalina:

«Gente común, maravillosamente común, distinta a todos, igual a todos los demás, gente común, en el asiento de al lado, en la ventana del bar, bajo el paraguas urgente, en la casa de enfrente en el auto de atrás… hay historias simples que contar todos los días, un libreto humilde para armar con nuestras vidas… hay una historia escondida en cada tipo común, es una vela encendida brillando en la multitud… hay una historia en la esquina el viento me la contó».1

A su vez, el deseo y la intención es que el libro aparezca como un espacio de diversidad, como un lugar a partir del el que se elabore, desde diferentes ámbitos y con distintas miradas, una idea o un concepto de barrio, ya que tiene una importancia que muchas veces dejamos de ver.

El barrio marca a las personas de diferentes maneras y en varios momentos de la vida y, por esto, el libro también es un intento por pensar juntos y reconstruir parte de la vida del barrio, teniendo presente que al hacerlo nos pesamos como sociedad.

Podemos trabajar el concepto de barrio desde un sinfín de aspectos, aquí, básicamente elegimos tres hilos conductores:

en primer lugar, marcar el recorrido histórico de los barrios, cuándo surgen, cómo, por qué, en qué circunstancias;

luego, identificar el barrio como ese espacio de subjetividad emocional y entonces buscar el reencuentro con nuestros recuerdos,

y, finalmente, resaltar la importancia del barrio como formador de ciudadanía e identidad.

Los hilos de estas historias se van a ir entrelazando necesariamente, porque al hablar de historia nos referiremos a la construcción de los barrios, pero a veces tomaremos recuerdos y con ellos aparece su subjetividad, y en este recorrido, necesariamente, quedará plasmada la construcción de ciudadanía e identidad.

Debemos de referirnos, rápidamente, a cuál es la realidad de nuestra capital en la actualidad.

El último censo, realizado en el año 2011, marcaba que Montevideo era el departamento más poblado del país con 1.325.968 habitantes. Y de acuerdo a los criterios del Instituto Nacional de Estadística, existen en nuestra capital 61 barrios.

Pero, ¿qué es un barrio?, ¿cómo nace?, ¿cuándo nace?, ¿cómo se va transformando?

¿Qué es un barrio?

Antes de avanzar en la lectura, les pido que se detengan un segundo y piensen en la pregunta: ¿qué es un barrio?

No aparece como una tarea sencilla el hecho de elaborar una definición de barrio si tenemos en cuenta todos sus aspectos. Porque, por un lado, tenemos su costado formal, y ahí nos encontramos con las definiciones de diccionario.

Como, por ejemplo, la que encontramos en el de la RAE (Real Academia Española), que nos dice que la palabra barrio proviene del árabe hispánico bárrī, que significa exterior, y a su vez, este proviene del árabe clásico barrī que significa salvaje.

Luego nos dice que barrio es cada una de las partes en que se dividen los pueblos y ciudades o distritos.

También nos hace referencia a arrabal como aquel espacio fuera del recinto de una población. Y, por último, nos dice que se trata de un grupo de casas o aldea dependientes de otra población, aunque estén apartadas de ella.

Pero el barrio también reúne otros aspectos que lo hacen particular y encantador, y es que lo que le da vida somos nosotros, las personas y con nosotros aparece lo subjetivo y emocional.

El barrio nos atraviesa a todos, y en ese atravesar nos deja una huella (a veces, también se la dejamos nosotros), y esa huella será la que irá definiendo el concepto que cada uno vaya formando de lo que es un barrio.

En este sentido, el barrio se nos presenta con la hermosa característica de ser un tema del que todos podemos hablar, ¿por qué?, porque todos nacimos, vivimos y perduramos en un barrio, por lo que lo hace accesible a todos. ¿Quién no comparte charlas con amigos, familia, compañeros, respecto a los recuerdos de su barrio y de sus vivencias?

En general, el barrio guarda ese componente maravilloso de ser nuestro primer universo, nuestra primera patria. Ese espacio que, después de nuestro hogar, es el que nos da sentido y, por lo tanto, el barrio es una pieza muy importante de nuestra identidad.

¿Pero qué pasa con nuestra percepción del barrio?

Las definiciones mencionadas anteriormente solo tienen en cuenta un elemento espacial, y no se detienen en que los seres humanos no vivimos únicamente en un espacio, sino también en un tiempo y en interacción con otros, y ese tiempo en combinación con nuestras subjetividades y sentimientos serán los que nos regalarán miles de percepciones distintas respecto a qué es un barrio.

Como, por ejemplo, la del escritor argentino Eduardo Sacheri, que en su libro Los dueños del mundo, nos dice:

«Mi barrio nació una mañana de sábado en la primavera de 1978 y vivió 4 o 5 años a lo sumo, ojo que cuando hablo del nacimiento de mi barrio no me refiero a la fecha de construcción de las casas, ni cuando se habitaron de gente, mi definición de barrio es más subjetiva y más estrecha, mi barrio nació cuando los que fueron mis amigos y yo, lo poblamos, lo recorrimos y lo conquistamos, y duró hasta que nos fuimos, por supuesto que las casas quedaron, pero sin nosotros se convirtió necesariamente en otra cosa, no fue seguramente el primer barrio que se adueñó de esas casas aunque temo sí, que se trató del último».

En cierto sentido, la idea de barrio la podemos asemejar a la de una casa que a lo largo del tiempo es habitada por diferentes personas, cada habitante, en su tiempo, la sentirá de un modo singular y, de acuerdo a lo que viva en ella, podrá dar visiones diferentes de ese espacio. Así como también, cada habitante le hará cambios que le darán perfiles distintos al lugar. Entonces la interacción entre el espacio y las personas es singular.

Para acompañar este razonamiento nos vamos a servir (una de las tantas veces que lo haremos) del historiador Aníbal Barrios Pintos, que dedicó buena parte de su vida a investigar sobre la historia de los barrios. Él, en la década del 70 del siglo pasado decía respecto a los barrios:

«Un barrio es [...] conversaciones de vereda a vereda, ejemplos de solidaridad humana, sillas que se sacan a la acera en los atardeceres estivales, radios atronadoras, ladridos de perros, parrilladas en las esquinas, silenciosas plazas donde se refugian los viejos y donde la niñez tiene su paraíso propio, vetustos caserones de muros descascarados, abandonados por familias y ocupados por «intrusos», [...]. Un barrio es eso y mucho más. Es, son, también, espléndidas residencias que ocultan sus hermosos jardines floridos con una protección metálica que ha sustituido a las enredaderas; es la pieza del jubilado con sus muebles desvencijados; es el camión embanderado que sigue al club de su fervorosa simpatía; es la mujer que teje en las veredas sin perder de vista el más mínimo latido del barrio; es la tragedia que enlutó una vida; el termo bajo el brazo, [...] los adolescentes que se vuelcan en la noche en sus veredas en busca del juego eterno del amor, [...] son los restaurantes donde se hace un arte místico del asado a la tablita, la cancha de Baby Fútbol; es el ambiente colorido y entrañable, muy poco reflejado en la literatura nacional».2

Hoy, 50 años después de la descripción dada por Barrios Pintos, ¿cuántos de los elementos que él maneja podemos seguir vinculando al barrio?, ¿cuántos no?, ¿cuáles aparecieron como consecuencia de la transformación del mundo en general y de nuestra sociedad en particular?

Entonces debemos pensar y analizar a los barrios como una entidad social que presenta cambios y permanencias, y no como un sector de la sociedad al que definimos de una vez y para siempre. Esos cambios se darán como consecuencia de la actividad humana, y esas permanencias harán sentir a parte de la población que vive en un espacio con características particulares: «¡como mi barrio no hay!».

«Uno no elige dónde nace, ni cuándo nace, uno no sabe qué familia le corresponde ni cuál será su lengua materna, ni el continente, ni la latitud, ni la patria, como dijera el Canario Luna, te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar, y yo tuve suerte, caí en una familia hermosa, en un barrio hermoso, casi que hecho a mi medida... mi barrio, mi patria, esa patria de la que no se puede salir pero a la que jamás se puede volver».3

Tabaré Cardozo, artista nacional y vecino del Buceo en el programa Abran Cancha.

El barrio es parte fundamental de nuestras vidas, de nuestros recuerdos, de nuestras vivencias, de nuestros amores, de nuestras derrotas pero, también, forma parte de un imaginario que ya no está, que ya no existe y, como dice Tabaré Cardozo, al que no podemos volver. Aunque a veces confundimos ese pasado al que no podemos volver con la creencia de que el barrio ya no existe, cuando en realidad lo que ya no existe, porque es imposible, es el barrio tal cual lo vivimos cada uno de nosotros.

¿Por qué los barrios y su historia?

Son varias las razones por las que creo que es importante volver a la historia de los mismos; pero no a su historia como simple repaso de su pasado, sino a una historia en conexión permanente con su presente, una historia que nos explique del hoy, del cómo llegamos hasta acá.

«La Historia debe enseñarnos, en primer lugar, a leer un periódico», Pierre Vilar

Para esto vamos a recurrir a la explicación de algunas ciencias sociales (historia y sociología), que tienen sus argumentos de peso en el porqué es importante poner acento en el barrio.

El barrio como foco desde el cual acercarnos a la historia

La búsqueda es acercarnos a parte de la historia nacional, americana y universal, pero desde el barrio. Identificar cómo nos afectaron los acontecimientos históricos internacionales en diferentes momentos para que se fueran desarrollando realidades particulares que terminarán dándonos un país mestizo y de inmigrantes.

Desde hace ya varias décadas que viene ganando terreno una nueva forma desde la cual analizar y estudiar a las sociedades, nos referimos a la microhistoria. Implica hacer una historia más cercana a la cotidianidad y a las vivencias de las personas. En historia, en general, se investigaba sobre los grandes acontecimientos, los grandes personajes, descuidando a las historias particulares. Para la microhistoria, el centro de investigación está en las personas.

«Es en el siglo XX cuando la microhistoria propuso dejar a un lado el estudio de las clases sociales para centrarse en los individuos [...] la historia local es una de las ramas de la investigación histórica que más relación tiene con la microhistoria. [...] [Esta] se hace necesaria porque es importante situar cada acontecimiento en su contexto y hacer una descripción a gran escala, pero si nos olvidamos de la dimensión individual no se podrán profundizar ni comprender en su totalidad los acontecimientos históricos».4

Es por esto que nos parece más que justificado ir a la historia local, la del barrio y su gente.

La historia de los barrios

Muchas veces las personas preguntan: ¿para qué sirve la historia?, aquí se pueden abrir muchas respuestas, en general, en historia elegimos decir que resulta muy difícil entender el presente en el que vivimos si no conocemos el pasado.

¿Cuáles son nuestros orígenes?, como espacio indígena, como colonia española, como nación, como ciudadanos, como vecinos; ¿cuál es el entorno en el que nacimos?, ¿en qué barrio nos criamos?, ¿en qué época?, ¿qué experiencia de vida tuvimos?, ¿qué familia nos rodeó?; ¿cuál fue la coyuntura económica que le tocó atravesar al barrio y por ende a nosotros?

¿Es lo mismo haber nacido en la Villa del Cerro industrial, pujante, de frigoríficos que explotaban de demanda exterior, que nacer en un Cerro sin industrias, sin autonomía económica y cultural?

¿Cómo habrá afectado la personalidad de los vecinos que nacieron en el barrio Peñarol cuando los ingleses decidieron instalarse allí con todo su despliegue industrial? ¿Será la misma que generaron los vecinos, 80 años después con un ferrocarril en decadencia?

¿Cómo habrá sido criarse en el barrio De Los Pocitos en sus inicios, de inmigrantes pobres y con una fuerte cultura de trabajo? ¿Cómo se fue transformando en ese espacio de clase media alta y de saturación demográfica?

Podríamos seguir largamente con estas preguntas, las respuestas intentaremos compartirlas en el desarrollo de estas páginas.

Todas estas preguntas y sus respuestas van a tener una influencia enorme para entender quiénes somos y sin duda la historia nos ayuda a buscar parte de algunas de estas respuestas.

Desde el punto de vista histórico, nos sirve como pretexto para reencontrarnos con nuestro pasado, el lejano y el cercano.

Cuando hablamos de nuestro pasado lejano hablamos del acontecer de la Banda Oriental como colonia española, es hablar de parte del proceso fundacional de Montevideo y, obviamente, de parte de la historia del país.

Algunos barrios y algunas zonas que luego se convertirán en los barrios que hoy conocemos, fueron testigos del desarrollo de la ciudad cuando aún pertenecíamos al imperio español, otros fueron protagonistas de la invasión inglesa, otros de la Revolución Oriental, del nacimiento del país, de la Guerra Grande,5 de las interminables pujas por el poder entre bandos, del proceso de militarismo y modernización, y así hasta la actualidad.

Hablando de los barrios, en general, hay mucho más conocimiento de la Ciudad Vieja, porque su origen coincide con la fundación de Montevideo y, a su vez, es un tema con el que en algún momento entramos en contacto tanto en la escuela como en el liceo porque forma parte de sus programas de estudio.

Todos más o menos sabemos que el proceso fundacional de Montevideo comienza hacia el año 1724 por la urgencia que tenía la Corona española de poblar esta zona porque su archirrival de la época, Portugal, intentaba ganar terreno en la Banda Oriental permanentemente.

Es por esto que, apremiada por las circunstancias, España le solicita al gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, fundar una ciudad, así surge Montevideo, y junto con su desarrollo, irán lentamente surgiendo los barrios.

En este contexto, ¿el surgimiento de los barrios fue organizado?, ¿fue programado?

El acontecer histórico, entre otros factores, no permitió que existiera una organización pormenorizada del desarrollo de cierta parte de la ciudad, y si en algunos momentos existió, la fuerza de los hechos hizo que los barrios fueran apareciendo como consecuencia del crecimiento de la población, del flujo inmigratorio y de la especulación financiera.

Aníbal Barrios Pintos nos dice respecto al surgimiento de los barrios que hay básicamente tres formas en las que han surgido:

1. El nacimiento de algunos fue provocado por la Guerra Grande, como El Cerrito, la Villa de la Restauración (La Unión) y Buceo, que integran una unidad histórica.

2. Otros surgieron de manera espontánea, como Aguada, Cordón y Paso del Molino.

3. Pero en su inmensa mayoría fueron creados por especuladores de tierras, que al frente de empresas particulares vendieron a plazos solares para vivienda, en particular a inmigrantes y artesanos italianos y españoles, cuyo sentimiento patriótico explotaban dando a los nuevos barrios la denominación de lugares geográficos o de personajes destacados de su país de origen.6

Me tomo el atrevimiento de agregar a esta lista un cuarto elemento que estaría vinculado a las coyunturas económicas y políticas (Revolución Industrial, guerras mundiales, etc.), que llevaron capital a diferentes zonas y las hicieron florecer, como por ejemplo la Villa del Cerro, Peñarol, Colón, entre otros.

Aunque parezca extraño, el surgimiento y desarrollo de los barrios no está dentro de la educación formal, pero es parte de nuestra rica historia, y por esto nos encontramos con muchos vecinos que desconocen lo valioso de la zona en la que viven.

Parte de la tarea y el intento de este libro es revalorizar el contenido histórico y patrimonial del que los barrios son protagonistas.

Como dijimos, el recorrido del libro debe necesariamente llevarnos por otras voces que nos ayuden a mostrar diferentes colores de este arcoíris.

El profesor de Historia Gabriel Quirici, nos dice que:

«Hacer una historia de los barrios tiene un enorme valor en la medida que a través de ese recorrido se construye ciudadanía y ayuda a reforzar los lazos en la comunidad. Ya que conocer la historia de otros barrios nos ayuda a identificar al otro, al vecino. Los barrios son ese primer territorio de comunidad imaginada donde cada uno siente que pertenece a algo más que no es la casa o la familia. Carlos Machado, profesor del IPA, nos decía que los seres humanos, al igual que los árboles, tenemos raíces, pero no somos árboles. Esto implica que tenemos un vínculo con un barrio, pero también que nos podemos mover hacia otros. Y la historia de los barrios es una forma de movernos y visualizar similitudes y diferencias con los vecinos de Montevideo».7

Entonces, el libro aparece como una invitación a conocer y reconocer las raíces propias, pero también las ajenas. Y así, enriquecernos todos como comunidad.

El concepto de barrio como primer territorio de comunidad imaginada nos lleva al segundo fragmento de Eduardo Sacheri:

«y de ahí, me viene la certeza de que mi barrio nació un sábado de primavera en la vereda de mi casa. Pasaron dos pibes que vivían al lado, iban con las manos vacías, Andrés picaba la pelota junto al portón, cuando estuvieron a dos metros se detuvieron, en lugar de seguir hacia donde iban, pararon, nuestros ojos se cruzaron y empezó a caminar de nuevo el tiempo, jugamos un arco a arco, dos contra dos, bajo la sombra incipiente de los tilos. Al día siguiente, ya no pasaron, vinieron, que no es lo mismo. Ya no éramos dos y dos, éramos cuatro. Después vino Diego y Pablo, después de ellos dos, les tocó a los hijos del oculista, eran cuatro varones que hicieron un aporte demográfico sustancial, fuimos ocho. Y cuando la vida camina, camina, cuando mi hermana me contó que acababan de vender el quiosco de Mario, y que llegaba una familia de cinco hijos y que el mayor se llamaba Gustavo y tenía once años casi ni me sorprendió. Para lo que sí no estaba listo era para que una de sus hermanas se llamase Carolina, tuviera nueve años, el pelo lacio y unos ojos castaños y preciosos, pero esa es otra historia. Cuando fuimos suficiente, fue el tiempo de bajar a la calle y poner los cuatro cascotes, se había acabado el peloteo infantil en la vereda, la cosa iba en serio, faltaban cuatro o cinco más que cuando nos vieron dueños del asfalto vinieron a tomar su parte en el camino de la gloria... por algunos años la calle Guido Spano se convirtió en el núcleo de mi vida, los fines de semana en bocanadas de aire en medio del hastío y la soledad de mi casa, los veranos en el ombligo del tiempo, mis recuerdos del mundo en esos años, están inevitablemente tejidos con esos días en el cordón de la vereda».8

Como lo demuestra Eduardo Sacheri, hablar de los barrios, también es una forma de hablar de nuestro pasado cercano, porque para algunos el barrio evoca recuerdos de una época que no es lejana en el tiempo.

Mientras que, para otros, el barrio es el presente cotidiano, o la proyección de lo que desean para su entorno en los años venideros.

Es por esto que, a través del recorrido que les proponemos realizar por los barrios, intentaremos conectar aquel pasado lejano con nuestro presente, de forma que logremos vincular hechos y personas, demostrando que somos parte de una historia que nos conecta, nos forma y nos vincula.

Este, necesariamente ha de ser un ejercicio de empatía, no podemos entender la historia si no intentamos ponernos en los zapatos del otro, entender su tiempo y sus circunstancias. La historia de los barrios necesita de la flexibilidad del vecino que lee, para entender por qué otras personas se golpean fuerte el pecho para hablar de la historia de su querido barrio.

¿Qué valor aporta el barrio?

Muchos para hablar de historia eligen la economía, otros la política, nosotros, en este caso, elegimos a los barrios y su gente, en el entendido que la vida del barrio es formadora de ciudadanía e identidad.

Cuando comenzamos con esta aventura de investigar sobre los barrios y su importancia el intendente de Montevideo e

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