Ah…, ¿te acuerdas de los años ochenta? Por aquel entonces las cosas eran más sencillas: en Downing Street teníamos a una mujer implacable y polémica, en la Casa Blanca a un bronceado y fanfarrón republicano, y lo único que nos preocupaba eran los rumores que llegaban de Rusia y la violencia en Oriente Medio. Días felices. Dudo mucho que volvamos a conocerlos.
El mundo de la televisión era, sin lugar a dudas, mucho más simple. Disponíamos de unas posibilidades de elección limitadas, y dichas posibilidades eran pasajeras. Sí, podías tener la suerte de grabar en vídeo tu serie favorita (si alcanzabas a comprarte una cinta), pero en cuanto la habías visto, tus opciones se acababan. Pero no pasaba nada, porque teníamos libros, novelizaciones con las que revivir las historias (con mejores efectos especiales), e incluso libros sobre las series de televisión que nos gustaban con los que podíamos llegar a saber qué había hecho exactamente el productor, y descubrir qué hacía el tipo de la izquierda, aquel no, el otro, sí, el que sostenía una pistola láser de plástico mientras le caían encima fragmentos de fibra de vidrio del planeta Alpharis.
Ahora podemos ver las series en streaming, podemos descargarlas, y disponemos de una emisión televisiva que no se detiene jamás. Y respecto a los libros…, ¿quién los necesita? Para eso está internet.
Oh. Hola. Bienvenido a Apuntes sobre el Mundo del Revés. Soy un libro. Lo siento.
Tal vez no sea más que otro homenaje a los años ochenta. Un guiño a la nostalgia.
De acuerdo, ¿pero cuál es mi cometido?
Bien, en primer lugar, tengo la esperanza de que algunas de las personas que me elijan no sepan tanto de la serie como para no poder decirles unas cuantas cosas que todavía no saben sobre ella. Eso estaría bien. Tengo un montón de información; disfrútala, utilízala en conversaciones de sobremesa hasta que se vayan todos los invitados (y entonces entra en Netflix y mira lo que sea. ¿Quién necesita amigos?).
Para todos los demás, aquellos que lo saben todo, espero que encontréis también aquí un montón de cosas interesantes. En especial, espero que encontréis películas, series o libros vinculadas a esta serie de las que no teníais noticia, que tal vez no hayáis visto o leído. Eso me encantaría. Si este libro consigue que una única persona vea la película de Gary Sherman Muertos y enterrados, de 1981, me daré por satisfecho.[1]
Para la mayoría de vosotros, espero, este libro será simplemente algo así como una conversación divertida —aunque unidireccional, me temo, o sea que siéntete libre para increparme— entre fans de la serie. Cuando algo te gusta, está bien hablar un poco más del tema, ¿no es cierto? Eso es lo que yo soy. Así que prosigamos.
El libro funciona del siguiente modo: si bien hay un par de secciones generales que remiten a la creación de la serie y a los actores involucrados en la misma, nos detendremos en cada uno de los episodios —mientras os aburro con mis opiniones—[2] y detallaré las referencias que contiene ese episodio, los temas musicales que suenan en él, e incluso me fijaré en alguno de los actores secundarios para valorar su aportación. Porque el nombre de Andrew Benator merece aparecer en un libro, ¿no crees?[3] También analizaré las influencias que más se aprecian en esta serie, de Stephen King a Steven Spielberg, de Drew Struzan a Richard Greenberg. Hablaré de proyectos secretos del gobierno y de Dragones y Mazmorras y… bueno, ya sabéis, cosas divertidas.[4]
Incluso hay cuestionarios. LO SÉ.
Que le den a internet. Aunque solo sea por unos minutos, finjamos que estamos otra vez en los ochenta. Rememoremos cuando no había nada mejor que un grueso e interesante libro de consulta que fuese capaz de sumergirte en los mundos de la imaginación.
Cuenta hasta diez para pasar de página y divirtámonos un rato.
UN EXTRAÑO NACIMIENTO
A todo el mundo le ha gustado Stranger Things, ¿no es cierto? Y no solo me refiero a esa clase de personas que va por ahí adorando los gofres congelados y moviéndose al ritmo de la siniestra música sintética de las películas de John Carpenter, que sin duda es la que suena en mi casa. Así pues, debe de haber sido fácil llevarla a la pantalla, ¿no?
POR SUPUESTO QUE NO
Se trata de televisión, y en televisión nada es fácil, nunca.
Aunque para ser justos, y a pesar de un extraño frenazo previo, Stranger Things tuvo las cosas más fáciles que otras series. Antes de profundizar en las minucias y revolcarnos en el viejo y loco asunto de diseccionar la serie como si se tratase de un falso cadáver de goma de Will Byers relleno de guata, vamos a darnos el gusto de montarnos en una bicicleta BMX y atravesar un bosque, iluminado, eso sí, por las luces de platillos volantes, pues eso y no otra cosa fue la creación de la serie.
LOS HERMANOS DUFFER
Ross y Matt Duffer son gemelos, no saben si son mellizos o idénticos y no parecen tener ningún interés en descubrirlo. Nacieron en 1984 y crecieron en medio de ninguna parte, en Durham, Carolina del Norte. Como saben todos los soñadores, escapar de «en medio de ninguna parte» es fácil, lo único que necesitas es un buen libro o una película. Por ese motivo no tardaron en caer rendidos a los encantos de Spielberg, Stephen King y John Carpenter, tal como contaron en un artículo para Entertainment Weekly:
«Éramos unos niños bastante normales que crecieron en un suburbio de Carolina del Norte, pero cuando leíamos esos libros o veíamos esas películas sentíamos que en nuestras vidas normales también existía un potencial para la aventura. Al día siguiente podíamos encontrar el mapa de un tesoro en el desván, o quizá alguno de nosotros sería engullido por la pantalla del televisor, o cabía la posibilidad de que viésemos la cara de un payaso en la rejilla del alcantarillado de nuestra calle».
En unas declaraciones para Vulture.com, Ross añadió: «Esas películas y libros nos encantaban, sobre todo porque hablaban de gente corriente con la que podíamos identificarnos, que entendíamos… Ese era el tipo de historias que más nos gustaba, y que todavía nos gusta. El momento culminante para esa clase de historias, esas en las que lo corriente se topa con lo extraordinario, fueron los años ochenta».
Sí, los hermanos Duffer eran soñadores. Eran, en esencia, como Mike, Dustin, Lucas y Will.[5] Es más, yo creo que eran como todos los que estáis leyendo este libro.
Volvamos a ubicarnos en medio de ninguna parte, añadamos una considerable cantidad de fantasía escapista y solo iba a ser cuestión de tiempo que esos niños empezasen a hacer cosas por su cuenta. Los hermanos Duffer empezaron a hacer películas cuando estaban en 4.º de primaria.[6]
En una entrevista para el The News & Observer de Carolina del Norte, aseguraron que su primera obsesión como directores fueron las películas de Tim Burton.[7] Creían que sus películas, sobre todo para los niños, resultan increíblemente visuales y diferentes. Ya entonces fueron capaces de reconocer el trabajo del director y de identificarse con las películas de Burton.
Su primera película casera estaba basada en el juego de rol Magic: el encuentro y básicamente se centraba en ellos dos combatiendo con espadas de plástico.[8] Todos empezamos en alguna parte. No disponían de equipo de edición y la banda sonora consistió en música de Danny Elfman que sonaba en directo desde un radiocasete.[9]
A pesar de que consideraban que sus primeros intentos no había por dónde cogerlos, se convirtió en una costumbre y cada verano rodaban una nueva película. No resulta sorprendente que acabasen estudiando filmografía en la Chapman University de California. Mientras estudiaban, siguieron rodando cortos, incluido We All Fall Down, sobre la plaga de peste bubónica de 1666, que consiguió el premio al mejor corto en el Festival de Cine de Deep Ellum en 2005.
Para su tesis de licenciatura adaptaron el cuento «Eater», de Peter Crowther,[10] que puede verse completo online[11] y que les aseguró la representación de la agencia Paradigm Talent. Las cosas parecían ir viento en popa pues vendieron el guion de un largometraje, Hidden, a la Warner Bros y ambos dirigieron la película.
Hidden cuenta la historia de una familia encerrada en un refugio, que se oculta de los efectos de una pandemia viral. Alexander Skarsgård y Andrea Riseborough iban a ser los protagonistas y parecía que los hermanos Duffer tenían una mano ganadora. Desafortunadamente, el estudio retrasó tres años la realización de la película (y solo iba a salir en vídeo bajo demanda). Mientras esperaban, desarrollaron varias ideas para la adaptación de la novela It (Eso), de Stephen King, que la Warner Bros estaba planeando adaptar, pero las rechazaron.
Por suerte, no todo estaba perdido. El famoso director M. Night Shyamalan había leído el guion de Hidden, y le había gustado, por lo que les ofreció a los hermanos Duffer participar en el guion y la producción de la serie que estaba realizando, Wayward Pines. Escribieron cuatro episodios de la primera temporada y, lo que seguramente es más importante, aprendieron mucho sobre el proceso de trabajar para la televisión.
En una entrevista para la revista Rolling Stone, Ross dijo: «Se convirtió en nuestro campus de preparación, y M. Night Shyamalan en nuestro mentor. Para cuando abandonamos esa serie, fue como si dijésemos: ‘De acuerdo, sabemos cómo montar una serie’. Y entonces nos pusimos a escribir Stranger Things».
DESARROLLO DE LA SERIE
La inspiración inicial para la serie fue la película de 2013 Prisioneros, con Hugh Jackman. La película cuenta la historia de un hombre que intenta desesperadamente encontrar a su hija, a la que han secuestrado.
«Pensamos: ‘Esa película habría sido incluso mejor si hubiese sido una serie de ocho horas en HBO o Netflix’», contó Matt en Rolling Stone. «Así que empezamos a darle vueltas a una historia sobre una persona desaparecida.»
En la misma entrevista, Ross desarrolló la idea:
«Era estupendo ver a esos personajes con ese estilo en la gran pantalla, pero creíamos que necesitábamos algo más. Se trataba de tomar la idea de un niño desaparecido y combinarla con esa sensibilidad nuestra algo más infantil. Es decir, ¿podíamos meter ahí a un monstruo que come gente? Porque nosotros, en lo más profundo, somos niños, somos frikis, y pensamos que eso sería lo mejor.»
Pero no querían que su monstruo fuese mágico, querían mostrar que su origen era científico, no sobrenatural. Eso les llevó a pensar en historias centradas en extraños experimentos durante la Guerra Fría, proyectos secretos como MKUltra.[12] También entendieron que ubicar la acción de la serie en los ochenta no solo encajaría con el estilo de lo que querían contar, sino que también les permitía rendir homenaje a las pasiones de su infancia. Escribieron el guion del episodio piloto. Lo único que les quedaba por hacer era venderlo. Fácil, ¿no?
VENDER
Bueno, fue fácil encontrar una productora. Pero al intentar venderle el episodio piloto a las cadenas de televisión se encontraron con un rechazo tras otro; unos quince o veinte en total. A las cadenas no les gustaba que la serie se centrase en un grupo de niños y que no se intentase vender el producto como un programa infantil. En un principio, dieron por hecho que Netflix, que había construido un modelo de producir series basado en profesionales de renombre y no en nuevos talentos, no mostraría interés, pero cuando Dan Cohen y Shawn Levy de 21 Laps Entertainment aceptaron producir la serie, los hermanos Duffer comprobaron que se equivocaban. Según The Hollywood Reporter, Levy propuso la serie a Netflix inmediatamente y estos la compraron en menos de veinticuatro horas.
PRODUCCIÓN
Originalmente, los hermanos Duffer querían ubicar la acción en un pueblo costero, pues tenían en mente Amity Island, el pueblo de Tiburón. Habían pensado en Montauk, Nueva York, debido a que se sospecha que en aquella zona se habían llevado a cabo experimentos secretos del gobierno.[13] Ese tipo de ideas quedan muy bien sobre el papel, pero cuando se trata de rodar entran en escena los asuntos prácticos. Matt explicó en The Hollywood Reporter: «Iba a resultar imposible rodar en invierno en Long Island o en los alrededores. Habría resultado muy desagradable y también muy caro. Nosotros somos de Carolina del Norte, así que cuando nos vimos en Atlanta y empezamos a buscar localizaciones nos entusiasmamos, porque se parecía mucho al paisaje de nuestra infancia».
Poco a poco la serie que conocemos empezó a tomar forma, y una vez tuvieron el reparto, las piezas se colocaron en su sitio. Carmen Cuba se encargó del casting. Cuba había dirigido castings en una gran variedad de proyectos, desde películas de Steven Soderbergh[14] a series como Sense8 o Looking, de HBO. Fue ella, por ejemplo, la que propuso a Winona Ryder. Tanto a los Duffer como a Levy o a Cohen la idea les encantó de inmediato, pero no solo por una cuestión de nostalgia, sino porque Ryder, una gran actriz, le aportaría un plus de calidad a la serie. Una calidad que acabaría trasladándose también al guion, como Matt declaró en Bustle.com: «Sabíamos que ella tenía una energía muy específica y pensamos que podríamos apoyarnos en eso, y que eso nos llevaría a algo parecido al papel de Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase. La idea era ‘Winona contra el mundo’. Eso nos encantaba».
Ryder, que había participado recientemente en la miniserie Show Me a Hero, leyó el guion y firmó el contrato. También le aportó un detalle algo menos convencional al papel de Joyce Byers: su corte de pelo. La actriz quería parecerse a la Meryl Streep de Silkwood.[15]
Por encima de todo, como tiene que ser, lo que se intentó con el reparto fue que se tratase de los mejores actores posibles. En el caso de Ryder o de Modine consiguieron grandes nombres, reconocibles, pero ese nunca fue el principal interés por parte del equipo de producción. Se puede tomar a David Harbour como ejemplo, un actor con una larga trayectoria como actor de reparto; se decidió que sería perfecto para el papel protagonista del jefe Hopper.
«Creímos que era su momento», dijo Levy también en la entrevista en Bustle.com. «Aceptó el papel y escogió la simplicidad, para que la fuerza y la profundidad de su dolor apenas resultasen visibles. Puedes apreciar que su actuación es increíblemente contenida. La calma de Hopper transmite una fuerza que resulta irresistible en la pantalla.»
Por descontado, el mayor reto iba a ser encontrar a los niños. Ross admitió el riesgo que entrañaba en Vulture.com:
«Sabíamos que una actuación mala por parte de alguno de los niños acabaría con la serie, porque el peso que recaía sobre los hombros de esos niños era muy grande. Lo que buscábamos eran niños que pareciesen reales y que actuasen con naturalidad. Para mí, por descontado, Cuenta conmigo supone un punto culminante en cuanto a la actuación de niños en una película o una serie.[16] No se puede hacer nada mucho mejor de lo que lo hicieron, pues a esos niños los sientes cercanos al instante, reales. Hoy en día, parece como si a la mayoría de los niños los preparasen al estilo Disney, donde se les enseña a ser adorables y a jugar con la cámara, intentando hacer reír. Lo que nosotros queríamos era que al ver a esos niños sintieses que los conocías».
Partiendo del hecho de que para los hermanos Duffer Cuenta conmigo es un modelo, no resulta sorprendente que usasen escenas de dicha película en las audiciones.
Carmen Cuba, en una entrevista para Backstage.com, apunta un importante detalle al decir que no estaban buscando niños sino actores: «Necesitábamos que todos los actores fuesen sutiles y dispusiesen de una vida interior que no necesariamente necesitase de palabras para definirlos, y valoramos a los niños y a los adolescentes siguiendo el mismo patrón. No hablamos de ello en ese momento, pero teníamos claro que no pensábamos en actores infantiles o adolescentes… Los hermanos Duffer esperaban que transmitiesen experiencia humana, no que su cuerpo encajase con la edad del personaje».
Habida cuenta de las posibles dificultades, la búsqueda comenzó en el mismo momento en el que se dio luz verde a la serie. Vieron a miles de niños en busca de varios papeles. A pesar de que a esas alturas solo habían escrito el episodio piloto, los hermanos Duffer sabían que acabarían moldeando los personajes respecto a los actores que finalmente encontrasen, con la intención de adaptarse a las mejores y más interesantes posibilidades que se les presentasen.