Ayunar para vivir más y mejor: Los beneficios y rutinas del ayuno intermitente

Rüdiger Dahlke

Fragmento

cap-1

PRÓLOGO

El lector se preguntará por qué he decidido escribir otro libro sobre el ayuno, cuando ya he publicado unos cuantos sobre el tema. Tengo varias razones: en los últimos años, han aparecido estudios científicos revolucionarios que han despertado el interés del gran público por el ayuno. Por otra parte, los ataques que la medicina tradicional ha dirigido durante décadas a las curas de ayuno ahora han empezado a menguar de forma considerable, y al fin millones de personas pueden acceder a una de las terapias más efectivas, económicas y sencillas, que además ha demostrado ser realmente útil para afrontar muchos de los problemas de nuestra época. En un momento en el que la sobreabundancia se ha vuelto insostenible, el ayuno puede servir como una especie de panacea, un remedio universal. Mi intención es seguir contribuyendo a que así sea.

Los ayunos intermitentes y a corto plazo, cuya efectividad se ha evidenciado científicamente, suponen una nueva manera de entender el ayuno que podríamos llamar «ayuno a tiempo parcial». Como pasa con el trabajo a tiempo parcial respecto a la jornada completa, el ayuno a tiempo parcial resulta más sencillo para todos. Por otra parte, este tipo de ayuno ofrece posibilidades asombrosas, desde un notable aumento de la calidad de vida hasta una mejora de los resultados de laboratorio, que incluso los médicos alopáticos han reconocido. Aunque parezca increíble, sus efectos abarcan desde un hemograma más equilibrado, con una reducción de los marcadores de inflamación y unos valores más bajos de azúcar e insulina en sangre, hasta la prevención efectiva de enfermedades como diabetes, infarto, cáncer, alzhéimer, etcétera. Según han demostrado algunos estudios científicos, incluso ejerce una influencia positiva sobre la herencia genética. La epigenética, que va tomando el relevo de la genética, afirma que los genes se activan o desactivan dependiendo de factores externos, como puede ser el ayuno. Todo ello convierte el ayuno intermitente en una herramienta fantástica para la epigenética, y en un método muy sencillo y agradable de realizar.

Recientemente han surgido varios nombres para referirse al fenómeno de los ayunos breves, es decir, de una duración inferior a una semana. El ayuno intermitente o a intervalos es el método más conocido, en el cual se ayuna en días alternos. En mi opinión, «ayuno a corto plazo» es una locución adecuada para designar al conjunto de las distintas variantes que conforman esta tendencia, en oposición a «ayuno a largo plazo». Pero, en realidad, estos métodos no son ninguna novedad. El médico estadounidense Edward Hooker Dewey (1837-1904) ya defendió esta modalidad de ayuno en el siglo XIX, y también lo hizo el médico francés Guillaume Guelpa (1850-1930) en el siglo XX. En la actualidad, el ayuno a corto plazo ha alcanzado una gran popularidad gracias a los estudios científicos y a la gravedad de los problemas que sufre nuestra sociedad.

Yo mismo practico el ayuno a corto plazo desde hace décadas, de maneras distintas a lo largo del año, y por ello puedo recomendarlo de todo corazón y con la conciencia tranquila. Al igual que muchas personas, soy un apasionado de la comida, pero, al mismo tiempo, desde que era joven fui desarrollando una pasión por el ayuno, por lo mucho que me ha ayudado, y como médico intento transmitir esa pasión con ilusión y compromiso.

Mis casi cuarenta años de experiencia médica me han dado una buena perspectiva de las distintas tradiciones de ayuno, desde el clásico ayuno terapéutico, que conocí a través de Hellmut Lützner, hoy ya mayor de noventa años, y que he practicado siguiendo las enseñanzas de Otto Buchinger, hasta estas nuevas y refinadas modalidades de ayuno, que no precisan de seminarios y sanatorios, sino que casi todo el mundo puede integrar en su día a día, y que resultan tan efectivas. Por ello, a mi juicio, casi todo el mundo puede y debería ayunar, pues no hay un método más eficaz, ni sobre todo más fácil, de mantenerse sano y en forma hasta una edad avanzada. En efecto, las distintas variantes del ayuno garantizan no solo una vida mejor, sino también más larga. Esto se ha comprobado mediante estudios científicos realizados con animales. Si no funcionara igual en los humanos, seríamos la única excepción en todo el planeta.

Desde un punto de vista científico, el ayuno constituye el único método demostrado para prolongar el tiempo de vida, y las modalidades de ayuno a corto plazo, tan fáciles de acomodar al ritmo cotidiano, pueden contribuir considerablemente a lograr este objetivo. Sin embargo, lo más importante es que poseen la capacidad de aumentar no solo la duración, sino además la calidad de vida.

Cada vez que he defendido una nueva idea y un nuevo tratamiento, he oído cosas como: «¡Está yendo demasiado lejos! Ahora resulta que todo es psicosomático; qué exageración»; «Usted afirma que para tener buena salud todo el mundo debería beber una buena cantidad de agua de manantial sin tratar… ¡Tiene que haber algo mejor!»; «Así que la alimentación vegetariana e integral es la mejor solución para todas las personas del mundo… Es demasiado bueno para ser verdad». Ciertamente, todo ello ha demostrado su enorme potencial a lo largo de mi vida, tanto para mí como para mis pacientes. Y sin duda nos ha servido para llegar muy lejos.

Hoy en día mucha gente necesita mejorar su calidad de vida, y el ayuno a corto plazo es una forma muy sencilla de conseguirlo. Y sí, voy a ir muy lejos de nuevo: recomiendo a todos los pacientes, hombres y mujeres, que practiquen el ayuno a corto plazo todos los días y el ayuno a largo plazo dos veces al año; lo ideal es en primavera y en otoño. Yo lo practico desde hace décadas y me sienta estupendamente. Si además entre los ayunos diarios y los anuales uno se alimenta de manera adecuada, lo cual para mí equivale a una alimentación vegetariana, integral y consciente —ética—, se ahorrará muchos problemas a sí mismo, y a los demás. Con esta rutina, uno prácticamente se asegura algo tan esencial como es la salud corporal y mental, pues nos ayudará a desarrollar también el espíritu.

El que sabe y come mejor corre el riesgo de convertirse en un sabelotodo o en una persona arrogante, un efecto negativo del que ya advirtió Hildegard von Bingen a los ayunadores. Pero lo que a mí me interesa es el lado positivo. El que sepa más, ayunará mejor, y el que quiera comer mejor, lo tendrá mucho más fácil después de ayunar. Una vez el lector haya leído este libro, habrá profundizado notablemente en el tema. Aportaremos gran cantidad de datos científicos, aunque estos no resultan imprescindibles para captar la esencia del libro. Así pues, quien lo desee, puede saltarse los fragmentos marcados con puntos azules en el lateral, lo cual no le impedirá entender y aprovechar lo más esencial.

Mark Twain escribió una frase muy acertada: «He tenido miles de problemas en mi vida, la mayoría de los cuales nunca sucedieron en realidad». Con ambas modalidades de ayuno, estas palabras pueden convertirse en una realidad cotidiana. Uno de los objetivos de este libro consiste en minimizar los problemas sin caer en la arrogancia, así como servir de guía en el camino hacia un peso ideal y una vida más larga y saludable.

cap-2

MI EXPERIENCIA PERSONAL CON EL AYUNO

Mi primer contacto con el ayuno estuvo motivado por la curiosidad. Como he aprendido y constatado a lo largo de mis cuarenta años de experiencia ejerciendo de médico, cuando la medicina tradicional rechaza de plano algún método, conviene prestarle especial atención. Ya cuando se inició mi conflicto con la medicina tuve esta sensación; de hecho, desde un buen principio me interesé por todo aquello que la mayoría desechaba. Por ejemplo, en mis años escolares hice amistad con un muchacho al que nadie quería por el simple motivo de ser pelirrojo, y se convirtió en mi mejor amigo.

Las primeras veces que intenté ayunar cometí muchos errores, hasta que di con el libro del médico alemán Hellmut Lützner y pude al fin disfrutar de un período de ayuno. Como reza el título de su libro superventas, me sentí Renacer a través del ayuno.

Noté que mis sesiones de meditación se volvían más profundas y calmadas, lo cual tenía ya una gran relevancia en mi adolescencia. Pronto comprobé que, además, cuando ayunaba me concentraba mucho mejor y tenía un nivel de abstracción más elevado; en definitiva, pensaba con mayor gozo y fundamento.

En aquellos tiempos, la medicina tradicional no contaba con ningún tipo de pruebas ni estudios sobre el ayuno, y por tanto lo rechazaba por completo. Pero esta reticencia tan irracional acrecentó aún más mi curiosidad, como decía antes. ¿Cómo era posible que un método presente en todas las culturas, religiones y tradiciones fuera totalmente falso y peligroso? ¿Cómo podía darse algo por falso sin saber apenas nada sobre ello, como —para mi estupefacción— hacían tantos de los médicos alopáticos que he conocido? Menospreciaban una práctica que no conocían en absoluto, ni por experiencia ni por estudios científicos. Una postura que todavía me llama la atención.

El rechazo de la medicina convencional era tan unánime como positiva la opinión de todos los fundadores de religiones,

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