Baby-led weaning (edición revisada y actualizada)

Begoña Prats

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COMIDA ENTERA TAL CUAL, ¿EN SERIO?

El BLW son las siglas de Baby-Led Weaning, un método de alimentación complementaria con el que se ofrecen los alimentos a demanda.

Vamos, es la alimentación que complementa a la lactancia y que regula el propio bebé.

A ver, a ver… ¿Cómo que regulada por el bebé? ¿Él decide qué y cuándo comer?

Pues sí y no.

Cuando optamos por este método, asumimos que el bebé, a partir de los seis meses, tiene el instinto y las capacidades para autogestionar los alimentos. Esto quiere decir que sabe cuánta comida necesita y, por tanto, cuándo debe parar al sentirse saciado.

Pero no comerá cualquier cosa ni en cualquier momento, ¡ojo! La idea es incluirlo en la rutina familiar, que coma cuando comen todos, alimentos saludables con textura adecuada aptos para su edad.

El BLW no implica barra libre de alimentos solo por el hecho de ofrecerlos enteros. Hay que entender que muchos no son adecuados para un bebé aún en proceso de maduración y con una dentadura escasa.

Básicamente para empezar le ofreceremos alimentos aptos saludables que pueda deshacer con sus encías o sus poquitos dientes.

Eso es muy amplio, ¿no puedes concretar?

Paciencia, solo estamos empezando…

¿POR QUÉ SE HACE ASÍ?

Cuando pensamos en niños y verduras, automáticamente visualizamos escenas complicadas: pequeños que lloran porque no quieren tomarse unos trocitos de zanahoria cocida, padres que se esfuerzan en elaborar platos de la manera más creativa posible para que resulten atractivos para sus hijos, preparados alimenticios que se jactan de contener «verduras escondidas»...

¿Por qué ocurre esto? ¿En qué momento se torció la cosa hasta el punto de que muchos niños y jóvenes no quieran ver la verdura ni de lejos?

Quizá tenga que ver la relación que establecieron con estos alimentos ya de bien pequeños, cuando iniciaron la alimentación complementaria.

En nutrición se dice que siempre es mejor tomar alimentos que productos alimenticios, que, debido a su excesiva manipulación, acabamos por no reconocer y que frecuentemente llevan aditivos poco recomendables. Así pues, lo ideal es iniciarse con cada alimento por separado para conocer la diversidad de sabores, colores, olores y textura de forma individual. De esta manera, el bebé descubre los alimentos de forma natural y divertida, estableciendo una relación saludable desde el primer momento.

Con el método que te presentamos, las comidas familiares dejan de ser algo impuesto y forzado para convertirse en un momento lúdico, en el que, aprovechando su curiosidad innata, los bebés descubren entre risas su nueva alimentación.

Pero, atención, como todo proceso de aprendizaje, llevará cierto tiempo ver los resultados (al menos los que imaginas a corto plazo).

Estrujar, chupar, oler... Verás que durante un tiempo juega y «no come», pero, en realidad, está aprendiendo a hacerlo. En esta primera etapa es más importante el qué y cómo come, y no tanto el cuánto. No te preocupes, su alimento principal seguirá siendo la leche materna o adaptada.

¿UNA NUEVA MODA?

Para muchos quizá sí es algo nuevo, inventado por padres hippies o modernillos (os vais a cansar de que os digan cosas así, os aviso), pero lo cierto es que las comidas para bebés preparadas tal y como las conocemos tienen su origen en el año 1928, cuando la empresa estadounidense Gerber comercializó las primeras conservas destinadas al público infantil, convenciendo a las madres de entonces de que sus productos eran más nutritivos que cualquier comida preparada en casa.

Lamentablemente esta última idea perdura hasta hoy, gracias al marketing de las grandes compañías alimentarias.

Vaya... ¿Y antes?

Las batidoras no son un invento del Paleolítico, como podéis imaginar. Durante milenios, se han ofrecido a los bebés alimentos en presentaciones sólidas o semisólidas (con mayor o menor textura) con total naturalidad.

En España, la práctica del Baby-Led Weaning se va normalizando poco a poco sin llegar de momento a los niveles de otros países, donde es poco frecuente ofrecer triturados de manera exclusiva. Sin ir más lejos, en el Reino Unido, alrededor de un 70 % de los bebés adoran comer con las manos.

Simplemente, nos parece raro o nos choca lo que no conocemos y desconfiamos. Afortunadamente, la gente comienza a tener curiosidad por otro tipo de alimentación diferente a la habitual, y eso es genial, porque quiere decir que se preocupan por la salud de sus hijos, decidan finalmente practicar el BLW o no.

MASTICAR SIN DIENTES

Una de las cosas que mayor perplejidad provoca cuando se habla de BLW es el hecho de que los bebés tomen alimentos sólidos sin triturar.

Tenemos muy integrado en nuestro subconsciente que la manera correcta y exclusiva de iniciar la alimentación complementaria es a base de purés y papillas, pero la realidad es que los bebés no tienen por qué comer de esta manera y no tienen por qué ser alimentados por terceras personas.

¿Cómo que no? ¡Son bebés!

Pues debo deciros que, si pensáis así, los estáis subestimando, porque con seis meses (cumpliendo los requisitos para iniciar la alimentación complementaria) pueden tomar la comida con las manos, llevársela a la boca y, aun sin un solo diente, masticar y deglutir perfectamente por sí mismos.

Os invito a dejar sorprenderos por las increíbles capacidades de vuestros hijos.

PROS Y CONTRAS

Ventajas

A los bebés se les integra en las comidas familiares en un ambiente relajado, sin presiones.

Es más práctico y barato: no hay que comprar comida especial ni ningún tipo de preparado. Con el Baby-Led Weaning, comerán lo mismo que el resto de la familia, quizá un poquito adaptado porque, por ejemplo, no pueden tomar sal, pero, en esencia, su comida será igual que la de los demás.

Los bebés adquieren una relación saludable con la comida: ellos deciden qué y cuánto comer de la variedad de alimentos saludables y de textura adecuada que les ofrecemos y serán capaces de autorregularse en el momento en que se vean saciados, lo que les ayudará a evitar la obesidad en el futuro.

Contribuye a la salud bucodental: con la masticación de los alimentos, se produce más saliva, que diluye y elimina los azúcares. Además, mantiene constante el PH de la boca, lo que ayuda a proteger los dientes, también los futuros, frente a posibles infecciones.

Fomenta la independencia del bebé: el niño explora con libertad desde la curiosidad propia de su edad y adquiere experiencias positivas de una manera lúdica, lo que fomenta la confianza en sí mismo.

Favorece la estimulación sensorial del bebé y le permite descubrir el sabor, el color y la textura reales de los diferentes alimentos de manera individual.

Mejora la psicomotricidad fina. El bebé elegirá el alimento y lo tomará con las manitas (o con los dedos más adelante) para hacerlo llegar a su boca, lo cual estimula su coordinación óculo-manual.

Favorece el desarrollo de la musculatura orofacial al ejercitar la mandíbula al masticar, lo que ayuda a que la dentadura crezca adecuadamente y previene posibles trastornos en el habla.

Inconvenientes

En general es bastante sucio y es muy probable que el comedor de casa quede algo perjudicado por una lluvia de brócoli... Pero ¿qué es un poco de suciedad comparado con la cantidad de beneficios que se obtienen?

En este sentido, además de algunos artilugios que recogen la comida directamente de la trona y un buen hule en el suelo, los perros serán unos grandes aliados para mantener la limpieza de vuestra casa.

Es probable que esperéis leer que pueden atragantarse y, de hecho, es una de las razones principales por la que dudáis si empezar o no con este método, ¿verdad?

¡Fue lo primero que pensé!

Bien, pues la realidad es que el bebé no se atragantará más que con una papilla, un puré o incluso leche. De hecho, dejándole comer con autonomía, aprende a comer con seguridad, descubriendo por sí mismo qué cantidades de alimento puede gestionar (dando por hecho que le ofreceremos alimentos que pueda deshacer con la boca).

El BLW causa cierto recelo. Hay todavía tanta incertidumbre con este tipo de alimentación que muchas veces genera desconfianza en el entorno más cercano, lo que nos obliga constantemente a justificar nuestra decisión.

Si decidís dar explicaciones, podéis apoyaros en recomendaciones de la AEP (Asociación Española de Pediatría), que reconoce el método como una alternativa más, perfectamente válida, y los estudios de la AEPap (Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria), que valoran positivamente su práctica.

Los últimos estudios y evidencias nos indican que hay que esperar al menos hasta los seis meses para iniciar la alimentación complementaria.

Además, la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la AEP recomiendan lactancia materna en exclusiva (o en su defecto lactancia artificial) hasta el medio año y de manera complementaria hasta los dos años al menos.

¡Bum!

En definitiva, no es una locura. Habéis escogido alimentar a vuestro hijo de una manera natural. Os alegraréis de haberlo hecho.

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REQUISITOS

Por fin habéis decidido iniciaros en el Baby-Led Weaning. ¡Bien!

¡Qué nervios y qué ganas! ¿Empezamos ya? ¿Ahora mismo?

Un momento… Vuestro bebé tiene una vida entera por delante para comer de todo y bien, pero antes debéis esperar a que reúna una serie de requisitos necesarios y, ojo, no uno ni dos, sino todos los que os pongo a continuación.

Esto es importante porque será indicativo de que vuestro hijo ya puede manejar la comida con seguridad y de que su cuerpo está preparado para recibirla.

1. Debe mostrar interés por la comida

Esto lo estáis observando desde hace tiempo, ¿a que sí? Os mira mientras coméis y se relame… Incluso os sentís culpables por no darle nada, ya que parece que se muere de ganas de probar cualquier alimento. Sed pacientes, todo llega y más rápido de lo que creéis.

2. Debe mantenerse erguido solo y sin ayuda

¡No apoyado con cojines, ni ayudado por sus padres, que os veo!

Tiene que aguantar la postura de manera autónoma y moverse sin perder el equilibrio.

¿Por qué? Porque es un indicativo de la madurez del sistema digestivo. Si es capaz de mantenerse así, su musculatura orofaríngea está lo suficientemente desarrollada para poder gestionar comida sólida.

3. Debe saber mostrar saciedad y hambre con sus gestos

El Baby-Led Weaning no se reduce simplemente a incorporar los sólidos en su dieta, el objetivo es que aprenda a comer autorregulándose, por lo que es esencial que el bebé sepa comunicar y comprender él mismo cuándo debe comer y también cuándo debe dejar de hacerlo.

4. No debe tener reflejo de extrusión

¿Qué? Puff…

No os alarméis, os lo explico enseguida.

La extrusión es un reflejo innato del bebé que consiste en rechazar cualquier alimento que no sea leche, expulsándolo de su boca con la lengua. Esto indica que fisiológicamente no está preparado para alimentarse con sólidos.

Cuando estamos alimentando un bebé y este expulsa la comida con su lengua, nos puede parecer que no le gusta la comida que le hemos preparado cuando, en realidad, lo que sucede es que aún mantiene el reflejo de extrusión.

Lo más frecuente es que lo pierdan entre los cuatro y seis meses de edad, pero tampoco es extraño que lo hagan algo más tarde.

La pregunta del millón es: ¿cuándo sabemos que ya no lo tiene?

Pues esto ocurre cuando, una vez reunidos los anteriores requisitos, le ofrezcamos un alimento y no tenga problema en manipularlo y llevárselo a la boca (acabe ingiriéndolo o no).

NUNCA ANTES DE LOS SEIS MESES

Como hemos comentado antes, la OMS y la AEP recomiendan la lactancia exclusiva hasta los seis meses y al menos hasta los dos años de manera complementaria.

Pero… ¿por qué?

Imaginad que os dan la posibilidad de elegir entre dos coches: uno es el mejor del mercado, con todas las prestaciones y del color que más os gusta, y el otro es un coche horroroso, destartalado y de más de veinte años.

Y vais y elegís el segundo…

La leche, nuestro coche último modelo, cubre todas las necesidades nutricionales y es una gran fuente de energía en una etapa vital y de importante desarrollo para el bebé. Tomar cualquier otro alimento, incluso agua o infusiones, hará que su pequeño estómago quede lleno y no haya espacio para lo que realmente le hará crecer: la preciada leche.

Bueno, las papillas y los purés también son un buen alimento, ¿no?

Pues a esa edad, no.

Biológicamente, somos mamíferos y nuestro cuerpo está preparado para recibir leche. Todo lo que pueda aportar un puré o una papilla está cubierto con creces por la lactancia, tanto si es materna como si es artificial.

Comer papillas o purés ni siquiera tiene un carácter educativo o lúdico, ya que el bebé no puede manipular nada, simplemente espera que llegue la cuchara, mucho antes de que haya perdido el reflejo de extrusión (condición indispensable para iniciar al bebé en cualquier tipo de alimentación complementaria), lo que, como poco, hará que cada comida sea una lucha.

Recordemos, además, que el sistema digestivo del bebé aún está madurando y ofrecerle alimentos no apropiados puede acarrear problemas en el futuro.

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Fuente: Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre la alimentación complementaria. Actualizado: noviembre 2018.

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ALIMENTOS NO RECOMENDABLES (AL MENOS) ANTES DEL AÑO

1. Sal

No es adecuada para sus riñones aún inmaduros. Quizá creáis que, si no aderezáis la comida con sal o no ponéis una pastilla de caldo concentrado en las verduras, no les resultarán sabrosas. Para nada. Pensad que los bebés desconocen ese sabor y no lo echarán de menos.

2. Miel

La miel no es recomendable hasta el año por riesgo de botulismo y hasta los tres por ser altamente cariogénica.

3. Frutos secos enteros

Los frutos secos enteros no son recomendables, pero molidos os darán mucho juego.

¿Entonces?

Resulta que su dureza y su forma redondeada favorecen el riesgo de asfixia, de hecho, son uno de los alimentos más peligrosos junto con las palomitas de maíz y las salchichas tipo Frankfurt (cortadas en rodajas pueden hacer ventosa y quedar atascadas en la garganta).

Es preferible no ofrecer estos alimentos hasta al menos los cinco años de edad. Os estoy oyendo pensar. En serio, no lo hagáis, ¡podéis llevaros un buen susto!

Vale, vale… grrr.

4. Desnatados y bajos en grasa

Estamos en una etapa de pleno desarrollo, necesitamos esa grasa (saludable) para crecer.

5. Grandes pescados y mariscos

Debido a la contaminación ambiental, muchos pescados grandes acumulan mercurio, que puede alterar el desarrollo neuronal del bebé. Además, las cabezas de las gambas y ciertos mariscos, como los cangrejos, retienen otro tipo de metal pesado, el cadmio, que favorece la disfunción renal.

6. Lácteos (leche entera)

¿Por qué creéis que hay leche adaptada para cuando no es posible la lactancia materna? La leche entera de vaca tiene muchas proteínas que a los riñones de un bebé en pleno desarrollo les cuesta filtrar. Además, este exceso de proteínas evita la absorción de hierro, tan necesario en esta etapa de la vida del bebé.

7. Carne, pescado y huevo poco hechos

Evitaremos ofrecer estos alimentos crudos o cocinados a menos de 70 °C, temperatura a la que los microorganismos patógenos se destruyen.

Si un adulto puede tener un problema serio en caso de intoxicarse, imaginad un bebé. Es mejor evitar riesgos innecesarios. Así que nada de sushi, nada de «un poquito de na de la yema de mi huevo frito», nada de carpaccio y cosas así, ¡que me entero de todo!

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Fuente: Recomendaciones de consumo de pescado por presencia de mercurio de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Actualizado: octubre de 2019.

Esta parte me va a costar…

8. Carne de caza con plomo

Seguimos intentando evitar carnes y pescados potencialmente contaminados con metales pesados, en este caso, con plomo. Evitaremos la carne de caza hasta al menos los seis años.

9. Espinacas, acelgas, remolacha y borrajas

Vaya, esto sí que es una sorpresa, ¿verdad?

Pero si son verduras, ¡y son sanísimas!

Lo son, lo son… pero antes del año deberían evitarse. Los nitratos son unas sustancias que las verduras de hoja verde absorben a través de la propia tierra de cultivo. Una vez metabolizados por nuestro organismo, se convierten en nitritos que, en cantidades elevadas, pueden resultar tóxicos. Ojo, que hablamos de menores de un año. Podrán tomar verduras de hoja verde más adelante.

10. Bebidas y tortitas de arroz

Te lo estás inventando… ¡Nooo!

Bueno, son cosas en las que no reparábamos cuando no teníamos hijos, pero la información siempre ha estado ahí.

El arroz es un cereal que, debido a sus características fisiológicas y forma de cultivo, absorbe arsénico.

Este metaloide se encuentra de manera natural en la tierra y el agua independientemente del tipo de cultivo (ecológico o no).

Las bebidas de arroz y las tortitas, por su manera de ser procesadas, pueden llegar a ser potencialmente tóxicas tras un consumo reiterado, por lo que no serían alimentos adecuados para menores de seis años.

¿Pero me estás diciendo que es mejor no tomar arroz?

¡Claro que se puede tomar arroz!

Lo que estoy diciendo es que, siendo el arroz un alimento muy común, frecuentemente utilizado en alimentación infantil, hay que tener en cuenta las recomendaciones y optar por otras presentaciones.

Os indico cómo reducir el contenido de arsénico y de esta manera continuar comiendo este cereal con total tranquilidad:

• Dejar el arroz en remojo durante al menos ocho horas.

• Lavar el arroz hasta que el agua salga clara.

• Cocinar con abundante agua y después desecharla.

11. Algas

Sí, no es un alimento muy común (o no lo era hasta hace poco), pero hay muchos alga-lovers porque poseen excelentes propiedades nutricionales. La mala noticia es que también contienen un porcentaje de yodo muy alto que no es recomendable para un cuerpo en pleno proceso madurativo como el de un bebé.

Así que, a la lista de los olvidados… Bueno, solo hasta el año esta vez.

12. Azúcar

Distingamos primero los dos grandes tipos de azúcar:

• Azúcar intrínseco: es el que se encuentra de forma natural en los alimentos (frutas, hortalizas…).

• Azúcar libre: son los azúcares (refinados o sin refinar) añadidos a los alimentos por terceras personas y los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes y los zumos de fruta.

Será este último el que no debemos ofrecer a nuestro hijo por estas razones:

a) Su consumo se asocia con un incremento del riesgo de caries dental al contribuir a hacer el medio bucal muy ácido, lo que favorece la erosión dental. Para frenar el impacto de la caries dental todos los bebés y niños, deben cepillarse los dientes con una pasta dental de al menos 1000 ppm de flúor desde la erupción del primer diente. No te olvides consultar con tu odontopediatra al respecto. ¡Sí, aun siendo bebés!

b) La preferencia innata de los bebés por los sabores dulces junto con la enorme palatabilidad del azúcar harán que el bebé sienta necesidad de consumir más. Además, la percepción del sabor cambiará, desplazando en sus preferencias a otros alimentos mucho más nutritivos.

¿Verdad que no se percibe igual el sabor de una fruta tras comerte un donut?

Como si comiera un trozo de corcho…

Pues eso.

c) El consumo reiterado y precoz de azúcar libre está muy ligado al establecimiento de conductas alimentarias poco saludables que será muy complicado corregir en el futuro.

d) Su consumo está directamente relacionado con enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, obesidad y diabetes.

Hay que comprender que, de la misma manera que nuestros hijos no necesitan sal para aderezar los alimentos, no necesitan azúcar. No lo conocen, no lo echarán de menos.

Hay una impronta cultural muy fuerte que asocia la infancia con productos azucarados y no ofrecerlos se considera poco común: «Por una vez no pasa nada», «Es bueno para el cerebro», «Tarde o temprano tendrá que ir a un cumpleaños y ahí se pondrá morao»... Bueno, no podemos aislarlos del mundo, pero al inculcarles hábitos saludables sus preferencias serán otras. Doy fe.

13. Alimentos superfluos

Deberíamos prescindir de todo lo que no nos aporta nada nutricionalmente y modifica el apetito: patatas chips, bollería industrial (ya sabéis a qué me refiero), dulces, infusiones...

¿Cómo? ¿Infusiones tampoco?

Las infusiones, por los principios activos que suelen contener y según la concentración, pueden causar efectos adversos, como intoxicaciones o alergias.

Que algo sea natural no significa que sea inocuo.

Recordad además que los bebés de menos de seis meses no deben tomar ningún líquido que no sea leche materna o adaptada: ni zumos, ni agua y por descontado, tampoco infusiones.

Pfff... ¡No se le puede dar nada!

Que sí. Un poco de paciencia.

MANERAS DE PREPARAR LOS ALIMENTOS

Lo ideal es comenzar con alimentos blandos que se puedan deshacer al masticar (con dientes o sin ellos), de un tamaño lo suficientemente grande para que cuando los agarre con

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