La niña amarilla: El libro de relatos suicidas desde el amor

María De Quesada

Fragmento

Prólogo

PRÓLOGO

En las páginas de este libro encontrarás historias de personas que han compartido con valentía cómo se sintieron en una etapa difícil de su vida. Personas que un día se encontraron con esa «niña amarilla». Historias con las que me siento identificada.

Nada es lo que parece y todo puede cambiar de la noche a la mañana. En aquel entonces yo era una deportista ya reconocida en nuestro país y me dedicaba a lo que más me apasionaba, escalar montañas de ocho mil metros. Aparentemente era una persona con éxito, que podía superar todos los obstáculos que se interpusieran en su camino. Todos menos uno, la gestión de mis emociones. Tenía treintaiún años y había escalado ya ocho de las montañas más altas de la tierra; para conseguirlo me había enfrentado a momentos difíciles y de incertidumbre, incluso había visto la muerte de cerca. Y cuando la niña amarilla apareció en mi camino, me encontré con que no sabía cómo gestionarla.

Mis preguntas no tenían respuesta, mis respuestas no tenían sentido. Mi ochomil más difícil nunca tuvo forma de montaña, el más difícil tuvo forma de niña de color amarillo. Al principio no sabía muy bien lo que me ocurría, simplemente parecía que estaba triste, mi entorno no entendía cómo, teniéndolo todo, podía sentirme así de mal y con tan pocas ganas de vivir y de luchar por algo tan bonito como la vida.

Hasta que un día esa muerte, a la que tanto temía en la montaña, apareció en mis pensamientos como herramienta de salvación de la situación que estaba viviendo. Ahora, desde la lejanía, sé que no quería morir y que soy una persona afortunada, ya que pudieron ayudarme. Siempre digo que lo mejor que he tenido en la vida han sido las personas que me han acompañado: mis padres, el personal sanitario, mis amistades... y lo más importante es que se den cuenta de lo que a una le está pasando. Sé que es muy difícil porque el suicidio sigue siendo un tabú, pero es posible. Soy afortunada porque ni mi familia ni mis amistades han ocultado nunca lo que me ha pasado, y gracias a ellas hoy puedo escribir estas líneas, porque la niña amarilla no apareció solamente una vez en mi vida.

De mí siempre han dicho que soy valiente. Cuando alguien me lo dice suelo sonreír, pues seguro que está pensando en las montañas. Y creo que tanto o más valientes que yo son las personas que encontraréis en estos relatos de vidas increíbles y afortunadas.

Recuerdo perfectamente aquel día que la niña amarilla tocó a la puerta de mi piso de Barcelona. Llevaba más de una semana sin apenas salir de casa, el dolor era insoportable. Por mi cabeza pasaban todo tipo de ideas y de pensamientos, en algún momento eran incluso ideas positivas, de querer vivir, pero se desvanecían rápidamente a base de pensamientos negativos y soledad. Ahora me pregunto por qué no pedí ayuda antes, por qué tuve que llegar a aquel extremo para dar el paso. Podría describir los minutos anteriores con gran detalle, pero sobre todo lo que sentía, algo dentro de mí que no podía soportar.

Ahora, recordando aquellos momentos, me doy cuenta de que en realidad la muerte solo la veía como una solución final, pero no era lo que quería, solo quería que aquel dolor desapareciera de dentro de mí, y esa era la única vía que encontraba entonces. En las historias que leeréis a continuación, todas las personas somos supervivientes. Y estoy segura de que quienes no llegaron a sobrevivir no querían desaparecer, solo querían terminar con su dolor.

A día de hoy conozco muy bien a la niña amarilla, y en el momento en que vuelva a tocar a mi puerta la reconoceré muy rápidamente y sabré pedir ayuda enseguida. Mi entorno cercano también la conoce y sabe cómo gestionarla, por ese motivo estoy tranquila y afronto esta vida de otra manera, con felicidad y con ilusión.

Es importante que hablemos del suicidio desde el amor. Y el mayor regalo para quienes lo conocemos de cerca sería saber que se han leído nuestras historias y han ayudado a personas que se encontraban en una situación similar.

Mi abuelo me decía: «la vida es sencillamente maravillosa». Me costó darme cuenta y algunas veces todavía hoy dudo de lo que me decía. Pero lo que tengo claro es que merece la pena vivirla.

EDURNE PASABAN

ADVERTENCIA PRELIMINAR

El contenido de las historias reales de este libro es muy sensible y puede afectar a personas que estén pasando por un periodo delicado de su vida. Si es tu caso, antes de empezar te recomendamos que te preguntes si es conveniente para ti y que lo consultes con una persona profesional de la salud mental. El único objetivo de estas historias es ayudarte, y si te parece que no te beneficiarán, te sugerimos una novela ligera para esta etapa.

ACERCA DE ESTE LIBRO

La niña amarilla relata, con amor, la existencia de pensamientos suicidas, sobre todo en la infancia y la adolescencia. Da visibilidad a ideaciones que nadie quiere que lleguen a convertirse en hechos y que, lamentablemente, en ocasiones terminan siéndolo. Permite poner nombre a emociones aplacadas por las mismas personas que las hemos sentido alguna vez y por nuestro entorno: miedos, frustraciones, desilusiones, ansiedades, llamadas de atención al respecto de una causa conocida o desconocida, consciente o inconsciente, que nos lleva a querer abandonar(nos). Que nos conduce a no querer existir para no sentir. A no querer estar aquí para no tener que levantarnos cada día con la aflicción del pensamiento más oscuro que hayas podido imaginar.

Cada relato de La niña amarilla es una historia real, contada desde la perspectiva de su protagonista, que intenta traer luz y amor a una sombra con la que algunas personas viven toda la vida. Si, en lugar de guardárnosla, la verbalizamos, la acogemos y la aceptamos con compasión, puede convertirse en el regalo más valioso: el de ver la vida desde todos los prismas y tener la libertad de ser quienes somos sin necesidad de esconder nada a nadie.

La principal intención de estas páginas es la de abrazar a todas las personas que hayan querido desaparecer alguna vez y comprenderlas; es la de ayudar a madres y padres a ponerse en el lugar de sus hijos e hijas adolescentes; es la de hablar sobre algo que sigue existiendo por muy incómodo y difícil de tratar que resulte; es la de ayudar a las personas que se encuentren en un momento especialmente complicado y animarlas a que pidan ayuda, hoy y ahora, a quienes las rodean. La niña amarilla somos todas las mujeres y hombres que un día quisimos desaparecer y que hoy estamos aquí compartiendo desde el amor.

Hoy damos voz a la niña amarilla que habita en todas las personas que han querido desaparecer alguna vez. Porque el día que es libre de soltar, de hablar, de compartir y de llorar, su oscuridad empieza a diluirse. Si te encuentras así, enhorabuena, estas páginas van dedicadas a arropar todo lo que ella experimentó dentro de ti una vez y que sigue impregnando tu existencia. Cuando seamos conscientes de nuestros sentimientos y podamos digerirlos, se sentirá más ligera y más libre.

QUERER SUICIDARTE es el acto de agresión más grave; es no valorarte, no quererte, no dar nada por ti y desear no estar aquí sintiendo. QUERER SUICIDARTE es la mayor de las autodestrucciones porque tal vez no tenga vuelta atrás. Puedo hablar de mi experiencia y de la de las personas a quienes he entrevistado para escribir este libro, y creo que hablar de los pensamientos suicidas con compasión y amor es el primer paso para poder transformar la realidad de las personas que han querido acabar con todo y desaparecer para siempre.

Hoy digo en voz alta por primera vez, sin vergüenza ni culpa, que yo también soy la niña amarilla. Seguir adelante es posible, quitarse la mochila de la deshonra es necesario y vivir libre de cargas de conciencia y miedos, un derecho. Y sí, la respuesta está en nuestros corazones. Pues empecemos a escucharlos.

Salir de la cárcel de nuestra mente es posible si encontramos espacios en los que poder comunicarnos y expresar lo que sentimos. «Desde todas las ventanas de Alcatraz se ve San Francisco.»

SUSANNA KAYSEN, Girl, Interrupted, 1993

Los actos de nuestra vida que llamamos buenos y de los que resulta fácil hablar son casi todos del primer género, «ligeros», y los olvidamos pronto. Otros actos de los que nos cuesta hablar, no los olvidamos nunca, son como más nuestros que los primeros y su sombra se proyecta ampliamente sobre todos los días de nuestra vida.

HERMAN HESSE, Alma infantil, 1920

La niña amarilla quiere desaparecer.

La niña amarilla quiere dejar de sentir.

La niña amarilla no quiere pensar.

La niña amarilla convive con el miedo.

La niña amarilla se quiere volatilizar.

La niña amarilla quiere consumirse.

La niña amarilla quiere esfumarse.

La niña amarilla no quiere existir.

La niña amarilla quiere ser salvada sin pedir ayuda.

La niña amarilla quiere ser comprendida sin comunicarse.

La niña amarilla se acuesta soñando con no levantarse.

La niña amarilla se siente avergonzada y culpable todos los días.

La niña amarilla vive enjaulada.

La niña amarilla piensa en maneras de dejar de existir.

La niña amarilla se maltrata.

La niña amarilla escupe cada día a su alma.

La niña amarilla se levanta cada mañana deseando no haberlo hecho.

La niña amarilla no explica su experiencia y se encierra en su mente.

La niña amarilla puedes ser tú y he sido yo.

La niña amarilla puede haber sido tu amiga o tu primo.

La niña amarilla existe hoy y existirá mañana.

La niña amarilla necesita ayuda.

La niña amarilla puede pedirla.

EL MUNDO CONTRA MERITXELL

Ilustración de una niña haciendo la plancha con las manos y los pies en el suelo.

Color: un túnel sin fin, sin luz y muy oscuro

Textura: tensa y sudorosa

Temperatura: fría

«Y hoy puedo llorar y reír, respirar enamorada de cada paso dado y de las muchas oportunidades que tenemos cada día para ser felices. Por eso, a pesar de sentir que todo el mundo estaba contra mí, decidí querer a la vida.»

Pienso en mi niñez y no hay alegría ni paz. Solo recuerdo presión, exigencia y mil y un complejos como una nube negra sobre mí. Nunca fui suficiente para mi madre, que se encargó de menoscabar la relación entre mis hermanas y yo y de abducir a mi padre, una de las mejores personas que he conocido y a quien echo muchísimo de menos. Me inculcaron la importancia de estudiar; es de las pocas cosas que puedo agradecer a mis padres, porque hoy tengo un trabajo humilde que me permite ser independiente económicamente y disfrutar de estabilidad laboral. Salí huyendo de mi pueblo para casarme con mi primera pareja. Un matrimonio tradicional de treinta años que trajo el amor incondicional a mi vida: dos hijos maravillosos a los que adoro con todo mi ser y desde lo más profundo de mi corazón. Sin embargo, la relación de pareja se transformó en un desacuerdo constante. Los años pasaban y el padre de mis hijos empezó a consentir en ellos comportamientos de abuso verbal hacia mí mientras les regalaba todo lo que pedían.

El día que mi pareja me llamó «hija de p**a» marcó un antes y un después. Mis hijos adolescentes empezaron a imitarle otras humillaciones y comencé a romperme por dentro mientras recibía cada día más y más insultos y vejaciones. Tenía la sensación de que mi madre había vuelto del pasado para verter su ira y su odio de nuevo contra mí. No había sido suficiente el sufrimiento y el maltrato que viví en la infancia, todavía me quedaba mucho más por soportar. Y me hundí. Sé que ellos son influenciables y que están manipulados, y por eso lucho cada día para recorrer este camino de barro y piedras por el que llevo transitando un tiempo, con todas las dificultades imaginables, y aun así guardo la esperanza de que puedan entenderme y respetarme, para que lo hagan también con sus parejas y otras relaciones. Porque en mi escala de valores son fundamentales el respeto y el amor y, a pesar de no haberlos recibido, son lo que yo les quiero transmitir. Romper la cadena de dolor para dar y recibir solo amor.

Romper el círculo

Me separé de mi marido, y en esta dura etapa en la que sobrevivía tan herida y acobardada llegué a plantearme el suicidio como solución para el sufrimiento. Se lo conté a un amigo y gracias a esa conversación me sentí arropada y fuerte para pedir ayuda profesional y empezar a escalar hasta la salida de la zona de dolor profundo en la que me despertaba un día tras otro. Hoy puedo llorar y reír, respiro enamorada de cada paso dado y de las muchas oportunidades que tenemos cada día para ser felices. Por eso, a pesar de sentir que todo el mundo estaba contra mí, yo decidí querer a la vida. No callar mi sufrimiento y hacer valer el derecho que tenemos todos los seres a una existencia digna, a encontrar una senda de luz dentro de la oscuridad que nos guíe hasta nosotros mismos. Día a día aprendo a amarme un poco más, y sé que este es el gran secreto para conseguir el respeto y el amor de las demás personas. Empezar por mí ha sido el paso esencial para iniciar este viaje, y doy gracias por haber encontrado personas maravillosas que me acompañan y un equilibrio saludable para mi mente y mi cuerpo a través del deporte. Canalizar mis frustraciones y convertirlas en autocuidado es un regalo que estoy orgullosa de hacerme. Empecé a encauzar la tensión acumulada en mi cuerpo y el implacable bloqueo que me atenazaba a través de disciplinas com

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