Filiaciones

CLAN DEL TRUENO
Líder
ESTRELLA DE FUEGO: gato de un intenso color rojizo.
Lugarteniente
ZARZOSO: gato atigrado marrón oscuro de ojos ámbar.
Curandero
GLAYO: gato ciego y atigrado de color gris y ojos azules.
Guerreros
(gatos y gatas sin crías)
LÁTIGO GRIS: gato gris de pelo largo.
MILI: gata atigrada de color gris.
MANTO POLVOROSO: gato atigrado marrón oscuro.
TORMENTA DE ARENA: gata de color melado claro
y ojos verdes.
FRONDE DORADO: gato atigrado marrón dorado.
ACEDERA: gata parda y blanca de ojos ámbar.
NIMBRO BLANCO: gato blanco de pelo largo y ojos azules.
CENTELLA: gata blanca con manchas canela.
ESPINARDO: gato atigrado marrón dorado.
Aprendiza: GABARDETA
ESQUIRUELA: gata de color rojizo oscuro y ojos verdes.
HOJARASCA ACUÁTICA: gata atigrada de color
marrón claro y ojos ámbar.
ZANCUDO: gato negro de patas largas, con la barriga
marrón y los ojos ámbar.
BETULÓN: gato atigrado marrón claro.
CANDEAL: gata blanca de ojos verdes.
BAYO: gato de color tostado.
PINTA: pequeña gata gris y blanca.
Aprendiza: FLORINA
RATONERO: gato gris y blanco.
Aprendiz: ABEJORRO
CARBONERA: gata atigrada de color gris.
Aprendiza: ZARPA ESPINELA
LEONADO: gato atigrado de color dorado y ojos ámbar.
Aprendiza: ZARPA DE TÓRTOLA
RAPOSO: gato atigrado rojizo.
NUBE ALBINA: gata blanca.
TORDO: gato blanco y negro.
ROSADA: gata de color tostado oscuro.
Aprendices
(de más de seis lunas de edad, se entrenan
para convertirse en guerreros)
GABARDETA: gata de color marrón oscuro.
FLORINA: gata parda y blanca.
ABEJORRO: gato de color gris muy claro con rayas negras.
ZARPA ESPINELA: gata atigrada de color plateado y blanco y ojos azul oscuro.
ZARPA DE TÓRTOLA: gata de color gris claro y ojos verdes.
Reinas
(gatas embarazadas o al cuidado de crías pequeñas)
FRONDA: gata gris claro con motas más oscuras,
de ojos verde claro.
DALIA: gata de pelo largo color tostado, procedente
del cercado de los caballos.
ROSELLA: gata parda, madre de dos cachorritos hijos
de Bayo: Grosellita (gatita de color rojizo)
y Jerbillo (gatito marrón y tostado).
Veteranos
(antiguos guerreros y reinas, ya retirados)
MUSARAÑA: pequeña gata marrón oscuro.
PUMA: gato viejo, rechoncho y de hocico gris.
En otro tiempo, un solitario.
RABO LARGO: gato atigrado, de color claro con rayas
muy oscuras, retirado anticipadamente
por problemas de vista.

CLAN DE LA SOMBRA
Líder
ESTRELLA NEGRA: gran gato blanco con unas
patas enormes y negras como el azabache.
Lugarteniente
BERMEJA: gata de color rojizo oscuro.
Curandero
CIRRO: gato atigrado muy pequeño.
Aprendiz: ROSERO (gato rojizo)
Guerreros
ROBLEDO: pequeño gato marrón.
Aprendiz: ZARPA DE HURÓN (gato tostado y gris)
SERBAL: gato rojizo.
CHAMUSCADO: gato negro.
SAPERO: gato marrón oscuro.
POMA: gata de color marrón moteado.
GRAJO: gato negro y blanco.
LOMO RAJADO: gato marrón con una larga
cicatriz en el lomo.
Aprendiza: PINOSA (gata negra)
AGUZANIEVES: gata de un blanco inmaculado.
TRIGUEÑA: gata parda de ojos verdes.
Aprendiz: CHIRLERO (gato rojizo)
OLIVA: gata parda.
RAPAZ: gato atigrado de color marrón claro.
TOPERA: gata gris de zarpas negras.
CARBÓN: gato gris oscuro.
MANTO RUANO: gato moteado de color marrón y rojizo.
CORAZÓN DE TIGRE: gato atigrado marrón oscuro.
CANELA: gata de color marrón claro.
Reinas
PELOSA: gata atigrada de pelo largo que
apunta en todas direcciones.
YEDRA: gata blanca, negra y parda.
Veteranos
CEDRO: gato gris oscuro.
AMAPOLA: gata atigrada marrón claro
de patas muy largas.
CRÓTALO: gato marrón oscuro de cola rayada.
ESPUMOSA: gata blanca de pelo largo, ciega de un ojo.

CLAN DEL VIENTO
Líder
ESTRELLA DE BIGOTES: gato atigrado de color marrón.
Lugarteniente
PERLADA: gata gris.
Curandero
AZOR: gato gris moteado.
Guerreros
CORVINO PLUMOSO: gato gris oscuro.
CÁRABO: gato atigrado de color marrón claro.
Aprendiz: PARDINO (gato de color marrón claro)
COLA BLANCA: pequeña gata blanca.
NUBE NEGRA: gata negra.
GENISTA: gata de color blanco y gris muy claro,
de ojos azules.
TURÓN: gato rojizo de patas blancas.
LEBRÓN: gato marrón y blanco.
HOJOSO: gato atigrado oscuro de ojos ámbar.
HORMIGUERO: gato marrón con una oreja negra.
RESCOLDO: gato gris con dos patas oscuras.
COLA BRECINA: gata atigrada de color marrón claro
y ojos azules.
Aprendiza: ZARPA DE RETAMA (gata blanca y gris)
VENTOLERO: gato negro de ojos ámbar.
Aprendiz: PLOMIZO (gato grande de color gris claro)
CAÑAMERA: gata atigrada de color marrón claro.
FOSCA: gata de color gris oscuro.
CARA SOLEADA: gata parda con una gran mancha
blanca en la frente.
Veteranos
MANTO TRENZADO: gato atigrado de color gris oscuro.
OREJA PARTIDA: gato atigrado.

CLAN DEL RÍO
Líder
ESTRELLA LEOPARDINA: gata atigrada con insólitas
manchas doradas.
Lugarteniente
VAHARINA: gata de color gris oscuro y ojos azules.
Curandera
ALA DE MARIPOSA: gata atigrada de color dorado y ojos ámbar.
Aprendiza: BLIMA (gata atigrada de color gris)
Guerreros
JUNCAL: gato negro.
Aprendiz: LOBEZNO (gato atigrado de color marrón oscuro)
BOIRA: gata atigrada gris claro.
Aprendiza: NEBLINA (gata atigrada gris claro)
AJENJO: gato atigrado de color gris claro.
NIVEA: gata blanca de ojos azules.
PALOMERA: gata de color gris oscuro.
Aprendiza: ZARPA PICAZA (gata blanca y marrón)
GUIJO: gato gris moteado.
Aprendiz: CARRICERO (gato atigrado marrón claro)
MALVOSO: gato atigrado marrón claro.
PARDAL: gato pardo y blanco.
BICHERO: gato atigrado marrón y blanco.
PÉTALO: gata blanca y gris.
MATOJO: gato de color marrón claro.
Reinas
VESPERTINA: gata atigrada marrón.
MUSGOSA: gata parda de ojos azules.
Veteranos
ROANA: gata gris moteada.
SALTÓN: gato blanco y canela.
GATOS DESVINCULADOS DE LOS CLANES
HUMAZO: musculoso gato de color blanco y gris que vive
en un granero junto al cercado de los caballos.
PELUSA: pequeña gata blanca y gris que vive
en el cercado de los caballos.
OTROS ANIMALES
MEDIANOCHE: tejona observadora de las estrellas que vive junto al mar.



Prólogo
Los árboles susurraban, rama contra rama, por encima del desolado suelo forestal. La niebla se enroscaba en sus troncos, lisos y blancos como huesos, y serpenteaba por el bosque nocturno. Más allá de las ramas se desplegaba el cielo, frío y sin estrellas. No había luna que proyectara sombras, pero una luz inquietante resplandecía a través de los árboles.
Sonaron unos pasos en la tierra yerma. Dos guerreros se alzaron sobre las patas traseras y se abalanzaron el uno contra el otro. Sus cuerpos se movían y se retorcían como espectros en la penumbra. Uno era marrón. El otro, negro. El viento agitaba las copas de los árboles cuando el gato marrón, con una fuerte sacudida, le lanzó un golpe despiadado a su delgado oponente. El gato negro lo esquivó, sin despegar ni un instante la vista de las zarpas de su rival, entornando los ojos con concentración.
El gato marrón erró el golpe, aterrizó pesadamente y reaccionó con demasiada lentitud para evitar la penetrante dentellada del gato negro. Con un bufido, volvió a erguirse sobre las patas traseras, se revolvió y dejó caer las zarpas delanteras, como rocas, sobre su contrincante, que se derrumbó ante la fuerza de la embestida y se quedó sin aliento cuando su pecho impactó contra el suelo. El gato marrón empezó a arañarlo con sus afiladas uñas, y arrugó la nariz cuando de la herida empezó a manar sangre, escarlata y salada.
Veloz como una serpiente, el gato negro se libró con agilidad de las zarpas de su rival y empezó a golpearlo rítmicamente, atacándolo por un lado y luego por el otro, hasta que el gato marrón retrocedió. Aprovechando ese momento de debilidad — un solo instante de distracción— , el gato negro saltó hacia delante y hundió los colmillos en la pata delantera de su oponente.
Con los ojos llameando de rabia, el guerrero marrón aulló y se sacudió de encima al gato negro. Los dos se quedaron mirándose durante un largo segundo, con ojos relucientes y calculadores. Entonces, el gato negro se agachó y se retorció, colándose por debajo de la barriga blanca del gato marrón, pero éste le lanzó un zarpazo antes de que pudiera alejarse, le enganchó el pellejo con sus garras largas y curvadas y lo inmovilizó contra el suelo.
— Demasiado lento — gruñó el guerrero marrón.
El negro se debatió con un destello de pánico en los ojos al ver que las mandíbulas de su rival comenzaban a cerrarse alrededor de su garganta.
— Basta.
Un atigrado oscuro emergió entre las sombras, y sus enormes zarpas quebraron los jirones de niebla.
Los dos gatos se detuvieron al instante, y luego se separaron. El marrón se sentó sobre las ancas, con una pata levantada, como si le doliera. El negro se puso en pie con esfuerzo y se sacudió de arriba abajo, salpicando gotitas de sangre por el suelo del bosque.
— He visto algunos movimientos buenos, Alcotán — le dijo el atigrado oscuro al corpulento guerrero marrón. Luego dirigió la mirada al gato negro— . Estás mejorando, Ventolero, pero tendrás que ser más rápido si quieres vencer a guerreros más fuertes. Cuando no iguales en peso a un oponente, usa la velocidad y emplea su peso contra él.
Ventolero inclinó la cabeza.
— Trabajaré en ello, Estrella de Tigre.
Un cuarto gato surgió entre las sombras. Sus rayas plateadas centellearon a la media luz mientras rodeaba a Estrella de Tigre.
— Alcotán puede enfrentarse a cualquier guerrero — maulló, dulce como la miel— . No hay muchos gatos con semejante habilidad y fuerza.
Estrella de Tigre frunció el hocico.
— ¡Silencio, Cebrado! — bufó— . Alcotán conoce sus propias fuerzas.
Cebrado parpadeó.
— Yo no estaba...
— Y siempre se puede mejorar — lo cortó Estrella de Tigre.
Un quinto gato apareció por detrás de un árbol. Su pelaje marrón oscuro destacaba contra la corteza lisa y gris.
— Alcotán depende demasiado de su fuerza — maulló entre dientes— . Ventolero, de su velocidad. Juntos formarían un gran guerrero. Por separado, son vulnerables.
— Estrella Rota. — Alcotán saludó al atigrado greñudo mostrándole los dientes— . ¿Se supone que deberíamos seguir los consejos del guerrero que fue incapaz de silenciar a Glayo?
Estrella Rota agitó la punta de la cola.
— No esperaba que el Clan Estelar luchara con tanta fuerza para salvarlo.
— Jamás subestimes a tu enemigo — replicó Alcotán, que estiró la pata delantera, haciendo una mueca de dolor.
Ventolero se lamió los profundos zarpazos que tenía en el costado, y la lengua se le enrojeció con su propia sangre.
— Debemos estar preparados — gruñó Estrella de Tigre— . No basta con vencer a un enemigo en cada arremetida. Debemos entrenar hasta que seamos capaces de derrotar a una patrulla entera con una sola zarpa.
Ventolero apartó la vista de sus heridas y lo miró con ojos relucientes.
— Yo ya puedo derrotar a Lebrón y Hojoso en los entrenamientos.
Los ojos de Estrella de Tigre se oscurecieron.
— El entrenamiento es otra cosa. Los guerreros luchan con mucho más ímpetu cuando están tratando de salvar sus vidas.
Ventolero arañó el suelo.
— Yo puedo luchar con más ímpetu.
Estrella de Tigre asintió.
— Tú tienes más razones que la mayoría.
Un gruñido sordo ascendió por la garganta de Ventolero.
— Te han agraviado — maulló Estrella de Tigre quedamente.
— Vosotros sois los únicos que parecéis comprenderlo.
En la penumbra, el joven rostro de Ventolero parecía el de un cachorro.
— Ya te he dicho que tu único camino es el de la venganza — le recordó Estrella de Tigre— . Con nuestra ayuda, podrás vengarte de todos los gatos que te han traicionado.
Ventolero lo miró con avidez.
— Y de todos los que se mantuvieron al margen y no hicieron nada mientras otros reclamaban como propio lo que era tuyo — añadió el atigrado.
— Empezando por Corvino Plumoso. — Ventolero bufó al pronunciar el nombre de su padre.
Estrella Rota ondeó su cola torcida.
— ¿Qué hizo tu padre para defenderte? — maulló; sus palabras estaban teñidas de amargura, como si se vieran afectadas por sus propios recuerdos.
Cebrado se adelantó, despacio.
— Nunca te valoró.
Estrella de Tigre le indicó que retrocediera con un movimiento de la cola.
— Intentó aplastarte, volverte débil.
— No lo consiguió — maulló Ventolero con desprecio.
— Pero lo intentó. Quizá porque valoraba más a sus hijos del Clan del Trueno. Esos tres hermanos jamás deberían haber nacido... — Estrella de Tigre se acercó al joven guerrero con los ojos centelleantes, sosteniéndole la mirada como una serpiente que quisiera hipnotizar a su presa, y prosiguió— : Te han criado con mentiras y cargándote con las debilidades de otros. Tú has sufrido mientras otros prosperaban. Pero eres fuerte. Arreglarás las cosas. Tu padre traicionó a su propio clan y te traicionó a ti. Hojarasca Acuática traicionó al Clan Estelar al emparejarse con un guerrero.
Ventolero sacudió la cola.
— Haré que todos paguen por lo que han hecho... —En sus ojos no brillaba un fuego abrasador, sino un odio que helaba—. Me vengaré de todos y cada uno de ellos.
— Eres un guerrero noble, Ventolero — declaró Estrella Rota— . No puedes vivir una vida engendrada con mentiras. La lealtad al código guerrero corre por tus venas con demasiada intensidad.
— No como por esos llorones — coincidió el joven.
Alcotán no se había separado de él.
— ¿Practicamos un poco más? — propuso.
Estrella de Tigre negó con la cabeza.
— Hay algo más que debes hacer.
Estrella de Tigre volvió su imponente cabeza para mirar al guerrero.
Al entornarlos, los ojos de Alcotán quedaron reducidos a un par de rendijas glaciales.
— ¿Qué?
— Hay otra aprendiza — le dijo Estrella de Tigre— . Tiene un gran poder. Debe unirse a nosotros para que la batalla esté igualada.
— ¿Quieres que la visite? — maulló Alcotán; en sus ojos de hielo brillaba la amenaza.
Estrella de Tigre asintió.
— Paséate por sus sueños. Enséñale que nuestra lucha es su destino. —A continuación, sacudió la punta de la cola, larga y oscura—. Ve — ordenó.
Y cuando el corpulento guerrero dio media vuelta para internarse en la niebla, añadió con un gruñido:
— No deberías tener ningún problema. Ya está lista.

1
Zarpa de Tórtola se estremecía en sueños.
— ¡Zarpa de Tórtola! ¡Zarpa de Tórtola!
A su alrededor aullaban unas voces, mientras ella luchaba contra la corriente que le tiraba del cuerpo y la sacudía en la oscuridad.
— ¡Zarpa de Tórtola!
Los gritos sonaban desgarrados por el miedo. Junto a ella pasaban troncos y ramas, dando vueltas arroyo abajo, y más allá de sus patas se abría una oscuridad profunda y aterradora que le atenazaba la garganta.
— ¡Zarpa de Tórtola!
El desesperado y solitario aullido de Torrentero resonó en los oídos de la aprendiza, que abrió los ojos, sobresaltada.
Zarpa Espinela, su hermana, se movió a su lado.
— ¿Estabas soñando? — La aprendiza irguió la cabeza y la miró, nerviosa— . Te sacudías como un ratón.
— Ha sido sólo una pesadilla. — Zarpa de Tórtola intentó que su voz sonara firme.
Le retumbaba el corazón, y el grito de Torrentero todavía le resonaba en los oídos. Estiró el cuello y lamió la cabeza de su hermana.
— Ya ha pasado, no ha sido nada — añadió, aunque sabía que no era cierto.
A Zarpa Espinela se le empezaron a cerrar los ojos de nuevo, y Zarpa de Tórtola aspiró su aroma. «Estoy en casa — se recordó a sí misma— . Todo está bien.» Aun así, todavía le martilleaba el corazón. Se desperezó en su lecho, estremeciéndose hasta la punta de la cola, y se levantó con pereza. Luego avanzó con cuidado entre los aprendices que aún dormían y salió de la guarida.
La luz de la luna bañaba el claro vacío y, por encima del muro rocoso que protegía el campamento, el cielo se veía lechoso con la primera luz del alba. De la maternidad surgían los maullidos de los cachorritos de Rosella, y de la guarida de los guerreros brotaban ronquidos. El aire le resultó extrañamente fresco, húmedo y reconfortante en el hocico. Durante muchas lunas, Zarpa de Tórtola no había conocido otra cosa que el viento abrasador de la sequía, que le resecaba la lengua. Pero en ese instante saboreó la frescura del bosque, embriagadora y deliciosa.
Jirones de nubes cruzaban el cielo salpicado de estrellas, envolviendo el Manto Plateado como si fueran telarañas. Zarpa de Tórtola se preguntó si Torrentero estaría allí, mirándola junto a sus antepasados estelares.
«Lo siento.» Las palabras resonaron en su mente como la llamada solitaria de un búho.
Aunque ya había transcurrido un cuarto de luna desde el largo viaje que habían hecho arroyo arriba, el recuerdo de lo ocurrido aún le dolía en lo más hondo. Zarpa de Tórtola había partido con Leonado y dos gatos de cada clan en busca de los castores que habían bloqueado la corriente de agua y habían estado a punto de desecar el lago. Trabajando en equipo, los gatos habían conseguido destruir el dique y liberar el agua, que había vuelto a llenar el lago poco a poco. Ahora la vida empezaba a volver a los territorios. Ella lo notaba en el susurro del bosque, podía oírlo en los movimientos de las presas, más allá del campamento.
De pronto sintió una oleada de orgullo. Era ella la que había percibido a los castores arrastrando troncos para taponar el arroyo, la que había ayudado a destruir el dique. Y ahora todos los clanes iban a sobrevivir. Torrentero, el guerrero del Clan del Río, había muerto luchando contra aquellas criaturas enormes y marrones, que eran más fuertes que los zorros y tenían unos colmillos amarillos mucho más letales que sus poderosas garras.
Sin embargo, desde que habían regresado, Zarpa de Tórtola se veía asaltada por los recuerdos del viaje, y la muerte de Torrentero la perseguía en sueños. ¿Le ocurriría lo mismo a Leonado? La joven aprendiza no se atrevía a preguntárselo. Tampoco le había confesado a Glayo que el viaje seguía aferrado a sus pensamientos. Tal vez la consideraran débil. Y tenía un gran destino por delante.
¿Cómo era posible que estuviera a la altura de la profecía que le habían anunciado a Estrella de Fuego muchas lunas atrás? «Habrá tres, sangre de tu sangre, que tendrán el poder de las estrellas en sus manos.»
Zarpa de Tórtola era una de los tres, junto con Leonado y Glayo. Y eso todavía la conmocionaba. La habían nombrado aprendiza hacía menos de una luna, y ya cargaba sobre los hombros con más responsabilidades que un guerrero experimentado. ¿Qué podía hacer, aparte de pulir el poder que le habían otorgado, el poder que la convertía en una de los tres? Practicaba a diario, proyectando sus sentidos hacia lo más profundo del bosque para escuchar, saborear y buscar sonidos y movimientos que ni siquiera Glayo era capaz de detectar.
La joven aprendiza se acomodó delante de la guarida, cerró los ojos y dejó que sus sentidos vagaran. La brisa húmeda le acarició el pelaje, y la solidez de la tierra desapareció bajo su cuerpo. Su mente dejó atrás el ronroneo de los hijos de Rosella, que se acurrucaban en la maternidad. El bosque vibraba de vida, y los olores y sonidos la invadieron: pájaros que se sacudían las plumas antes de iniciar su trino matinal; una patrulla tempranera del Clan de la Sombra que salía adormilada del campamento, avanzando con torpeza por el suelo resbaladizo cubierto de pinaza; el aroma intenso de la nébeda que crecía junto a la vivienda abandonada de los Dos Patas; el sonido del agua que borboteaba por el arroyo rocoso de la frontera del Clan del Viento...
«¡Espera!»
¿Por qué había dos gatos avanzando sigilosamente por la orilla del lago a aquellas horas de la mañana?
Zarpa de Tórtola sintió un hormigueo de ansiedad. Abrió los ojos. Debía contárselo a alguien enseguida, pero ¿cómo iba a hacerlo sin revelar su poder? «Podría contárselo a Leonado...» No, no podía acudir a su mentor. Leonado estaría durmiendo en la guarida de los guerreros, y sería imposible despertarlo sin molestar a los demás.
«¿Y Glayo? ¡Por supuesto!» Desde que Hojarasca Acuática se había unido a los guerreros, él dormía solo en la guarida del curandero...
Zarpa de Tórtola cruzó el claro a toda prisa y atravesó la cortina de zarzas que cubría la entrada de la oscura cueva.
— ¡Glayo!
Los ojos de la joven aprendiza se dilataron, para que sus pupilas se acostumbraran a la penumbra. Luego corrió hasta el lecho de Glayo y lo empujó con el hocico.
El curandero tenía el pelo alborotado por el sueño y la nariz metida debajo de una zarpa.
— Lárgate — refunfuñó.
— Es importante — susurró la aprendiza.
Glayo levantó la cabeza y abrió sus ciegos ojos azules.
— ¡Estaba soñando! — le soltó, malhumorado.
Zarpa de Tórtola se puso tensa. ¿Habría interrumpido un mensaje del Clan Estelar?
— Estaba a punto de atrapar a un ratón...
Glayo juntó las zarpas casi por completo para indicar la distancia que lo separaba de su presa.
— Lo tenía así de cerca.
La joven aprendiza se tragó un ronroneo risueño. Era reconfortante saber que el curandero del Clan del Trueno soñaba con cazar ratones, como cualquier otro gato.
— Lo siento.
— ¡A mí no me hace gracia!
Glayo se puso en pie para sacudirse el pelo, y Zarpa de Tórtola se apartó cuando él saltó de su lecho y aterrizó ágilmente a su lado.
— ¿Qué ocurre?
Se lamió una pata y se la pasó por los bigotes.
— Hay dos gatos rodeando el lago — respondió la joven.
Glayo bajó la pata y la miró a los ojos. Zarpa de Tórtola parpadeó. Aún no se había acostumbrado a que el curandero se comportara como si pudiera ver, a pesar de su ceguera.
— ¿Vienen hacia aquí?
La joven asintió. Fue un alivio que no le hubiese preguntado si estaba segura. Él la creía, sin más. Confiaba en ella al cien por cien. Tenía fe en su poder. Para Glayo, Zarpa de Tórtola era indudablemente una de los tres.
El curandero tomó aire despacio, pensativo.
— ¿Sabes a qué clan pertenecen?
¿Por qué no se le había ocurrido comprobarlo? Zarpa de Tórtola volvió a proyectar sus sentidos y dejó que vagaran de nuevo por la orilla del lago, hasta que alcanzaron a los gatos, que seguían avanzando.
— Son del Clan del Río — anunció al percibir el olor a pescado que emanaban.
También distinguió el color de sus pelajes: uno era atigrado y dorado; el otro, de un gris azulado. Se trataba de dos gatas. La atigrada era más esbelta.
— Ala de Mariposa — dijo Zarpa de Tórtola.
El olor a hierbas en el pelaje de la curandera era intenso.
La gata gris era más grande y tenía la corpulencia de una guerrera experimentada.
— Y Vaharina, la lugarteniente.
Glayo asintió, y se le empañaron los ojos.
— ¿Qué ocurre? — Zarpa de Tórtola se le acercó un poco más.
— Están de duelo — susurró el curandero.
La aprendiza se percató de la tristeza en los pasos lentos y pesados de las gatas del Clan del Río, pero el pesar que transmitía la voz de Glayo le dijo que él sentía el dolor de aquellas gatas como si fuera propio.
— ¿Por qué están de duelo?
Glayo suspiró.
— Creo que Estrella Leopardina ha muerto.
— ¿Muerto? — Zarpa de Tórtola se puso tensa— . ¿Ha perdido todas sus vidas?
— Ya había llegado a la novena. Sólo era cuestión de tiempo...
El curandero se incorporó y se acercó a la grieta que había en la roca al fondo de su guarida.
— Probablemente, Vaharina y Ala de Mariposa se dirigen a la Laguna Lunar — le explicó a la joven— . Vaharina debe recibir sus nueve vidas. — Al desaparecer por la grieta, su voz resonó desde las sombras— . Ya que nos hemos despertado tan temprano — continuó con cierto reproche— , podríamos hacer algo útil.
Zarpa de Tórtola apenas lo oía. «¿Estrella Leopardina ha muerto?» Proyectó sus sentidos más allá del lago, hasta alcanzar el campamento del Clan del Río, y su mente se vio asaltada por las imágenes del conmocionado clan: algunos gatos daban vueltas alrededor de un cuerpo tendido en el claro, cabizbajos e intranquilos, mientras otros frotaban el pelaje moteado de su líder con romero y hierbabuena, en un intento de ocultar el olor a muerte. Una reina guiaba a sus cachorros de regreso a la maternidad.
Glayo salió de la gruta con un fardo de hierbas.
— Vaharina será una buena líder — maulló, dejando el paquete en el suelo para regresar al almacén— . Es justa y sabia, y los demás clanes la respetan.
Volvió con otro fardo grande y lo dejó junto al primero.
— ¿Y ahora Estrella Leopardina cazará con el Clan Estelar?
— A una guerrera tan noble como ella la recibirán de buen grado.
Glayo comenzó a separar las hojas en montones pequeños. Zarpa de Tórtola arrugó la nariz por el olor y devolvió su atención a la guarida del curandero.
— ¿Qué estás haciendo?
— Hay que extender estas hierbas para que se sequen.
— Pero ¿qué vamos a hacer con Estrella Leopardina?
— Nada.
Glayo empujó una pila de hojas hacia la aprendiza.
— La humedad de la lluvia ha entrado en el almacén, y no quiero que se pudran...
— ¿No deberíamos contárselo a Estrella de Fuego?
— ¿Es que también quieres despertarlo?
Zarpa de Tórtola se quedó mirando su montón de hierbas y llegó a la conclusión de que nada cambiaría si esperaban a que el líder se despertara y saliera de su guarida.
Glayo ya estaba desplegando sus hojas con mano experta, colocándolas una al lado de la otra en el suelo seco. La aprendiza separó una hoja ancha y flexible.
— ¿Siempre es el lugarteniente quien se convierte en líder? — preguntó.
— Siempre que ningún otro guerrero crea que él puede liderar mejor al clan.
Zarpa de Tórtola lo miró sorprendida, con una hoja colgándole de la zarpa.
— ¿Eso ha sucedido alguna vez?
Glayo asintió.
— En el Clan del Viento. Estrella de Bigotes tuvo que luchar por su liderazgo.
— ¿Luchar?
Zarpa de Tórtola dejó la hoja junto a las demás, intentando que no le temblara el pulso. No sabía que los compañeros de clan pudieran volverse los unos contra los otros de esa manera.
— Enlodado pensaba que él sería mejor líder — respondió Glayo como si nada.
Su hilera de hojas ya casi medía una cola de longitud, y Zarpa de Tórtola intentó trabajar más deprisa.
— ¡Hazlo con cuidado! — le dijo el curandero— . Si las desgarras, pierden parte de sus jugos curativos.
La joven vaciló antes de sacar otra hoja del montón empapado.
— ¿Y eso... sucede a menudo? — quiso saber con un nudo en el estómago— . Me refiero a que los compañeros de clan luchen por ser líderes.
Glayo negó con la cabeza.
— Es algo bastante insólito. Pero si Vaharina va de camino a la Laguna Lunar, significa que nadie ha desafiado su autoridad.
El curandero comenzó a reordenar las hojas que Zarpa de Tórtola había extendido.
— Aunque en otro tiempo alguien podría haberlo hecho.
— ¿Quién?
La aprendiza volvió a proyectar sus sentidos hasta el campamento del Clan del Río, buscando con desazón algún movimiento de cola o uñas desenvainadas que pudieran sugerir cierto descontento. Pero no percibió nada. Sólo captó los pasos lentos y las colas gachas de un clan vencido por la tristeza.
— Alcotán. — Glayo casi escupió el nombre— . El hermano de Ala de Mariposa.
— ¿Alcotán?
La joven había oído hablar de él en las historias que contaban los veteranos sobre los primeros tiempos en que los clanes llegaron a los territorios del lago.
— Está muerto, gracias al Clan Estelar.
El curandero no apartó la vista de su tarea, aunque sus movimientos se volvieron más lentos, como si los recuerdos lo distrajeran.
— ¿Lo has visto en el Clan Estelar?
Glayo pasó por alto la pregunta.
— Date prisa — dijo en su lugar— . Quiero todas estas hojas extendidas para cuando salga el sol; así tendrán tiempo de secarse.
«¿Habrá visto ya a Torrentero?», se preguntó Zarpa de Tórtola, colocando otra hoja más. El recuerdo del guerrero del Clan del Río le atravesó el corazón.
Glayo fue hasta el almacén para sacar un montón nuevo de hierbas mojadas.
— ¿Ala de Mariposa y Vaharina han hecho que te despertaras tan pronto?
La joven irguió la cabeza y parpadeó.
— ¿Han perturbado tu sueño? — insistió él.
Zarpa de Tórtola negó con la cabeza. No quería compartir el sueño que había interrumpido su descanso.
— ¿O estabas soñando con Torrentero?
La aprendiza alzó la vista de golpe, tan sorprendida por la dulzura con la que había hablado Glayo como por la propia pregunta. ¿Acaso se había paseado por su sueño?
El curandero negó con la cabeza.
— No, no me he paseado por tus sueños.
«¿Me está leyendo el pensamiento ahora mismo?» Zarpa de Tórtola hizo una mueca, pero Glayo continuó.
— Sé que estás alterada y puedo notar tu dolor. Es como una ortiga en el corazón, y escuece todavía más cuando tratas de sacártela.
La aprendiza siguió desplegando hojas, como si fuera la tarea más importante que hubiera hecho en su vida. Había intentado ocultar sus sentimientos con todas sus fuerzas para que el curandero no detectara su debilidad. ¿Qué pensaría ahora Glayo de ella? ¿Lo decepcionaría que fuese una de los tres?
El curandero, sin embargo, seguía extendiendo hojas tranquilamente.
— Quizá sientas que eres la responsable de su muerte, pero no es así. Tú tienes un destino, pero no debes olvidar que los demás gatos también. Torrentero debía formar parte de la misión para desbloquear el arroyo. Nació con valor, y tú no habrías podido tener éxito sin él. Su muerte guió tu camino, te ayudó a encont