UN BESO PARA SALVARSE DEL ABISMO
El mundo enfermo puede caer en pedazos, la existencia parece no tener salvación, es mucho el dolor, es una daga la angustia; los días extienden —pese a la luz solar, los árboles risueños y las baladas de los pájaros— su luminosa tristeza porque el ser humano no tiene el licor que alivie sus penas en la soledad, en el abandono o en el encierro, no tiene la promesa de un beso… sí, sólo un beso, de amor y de embeleso, un beso terso o perverso para darle vida a las pasiones, luz al corazón, el fuego erótico del cuerpo.
Un beso para despertar al amor y decirle a la penumbra que estamos vivos. Después… una caricia, las manos desesperadas, los torsos que se hacen una sola flama; mordidas y gemidos, alabanzas y latidos… el universo es otro por el amor, por sus argucias, moléculas y savias; es la esencia potente que alivia a mujeres y hombres de su desolación, pues amor y erotismo cubren sus días oscuros, dibujan en sus cuerpos el recuerdo de aquellos labios, la entrada ardiente al paraíso. Sin las vibraciones del amor los parajes del pensamiento son sombríos, sin la energía amorosa las almas levitan en el abismo; con su rabia dulce el amor, el goce, la voluptuosidad, funden las miradas y los brazos, la piel se vuelve un himno de fulgores y de dicha.
El propósito de este libro es reunir una serie de poemas apasionados, candentes, sensitivos, sibaritas, abrasivos, reflexivos, nostálgicos… en torno al amor y los secretos que encierra, la idea es desmenuzar el amor para sacudir nuestro espíritu: los poemas son besos, caricias, súplicas, invocaciones; también son un alcohol delicado, una caricia inolvidable que recorre la piel para escribir deseo. También hay poemas en busca del amor y del amante, composiciones que hablan de un amor lejano y siempre prendido, de la evocación de esa piel que nos iluminaba, de esos labios necesarios o de esas lágrimas nacidas en el vientre seco del abandono; la idea es amar y desarmar, soñar, añorar el juego de fuego, el alma sin calma, la ternura en la tersura, hacer con las palabras el amor y consumirse en sus misterios.
La antología comparte poemas donde el amor y sus requiebros derivan en bromas y burlas, amor travieso en versos lujuriosos; poemas místicos donde la idea del ser superior también es un deseo del cuerpo, un ideal sagrado que afiebra nuestros sueños; poemas lésbicos, homosexuales, fulgurantes o melancólicos, suplicantes o ardientes; rescates literarios de poetas desconocidos, heterónimos, poetas antiguos y voces frescas, insolentes, sutiles de la nueva poesía hispanoamericana.
Se incluyen en esta antología poetas mexicanos, españoles, argentinos, colombianos, dominicanos, puertorriqueños, venezolanos, cubanos… composiciones que abarcan la Edad Media, los Siglos de Oro, el romanticismo, el modernismo, poesía de vanguardia y poesía contemporánea. Hay poemas sobre el acto amoroso, sobre las caricias y el vocablo de la piel, poemas donde el amante extraña la complicidad, donde la mujer sueña con su sombra erótica, donde quienes se besan aguardan el nuevo encuentro, poemas amorosos de abandonados, de viajeros, de amantes vivos sólo por el recuerdo, poemas para lamer, beber, morder, rasgar, llorar al amor, rabiar al amor, desafiarlo desde nuestra soledad.
Versos de Gutierre de Cetina, Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Sor Juana Inés de la Cruz, Campoamor, Núñez de Arce, Bécquer, Espronceda, el duque de Rivas, Carolina Coronado, Rosalía de Castro, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, José Asunción Silva, Rubén Darío, Antonio Machado, Efraín Huerta, Eduardo Lizalde, José Luis Rivas, Antonio Deltoro, Francisco Hernández, Elsa Cross, Coral Bracho, María Baranda, Salvador Alanís, Minerva Margarita Villarreal, Ricardo Muñoz Munguía y muchos más, hacen de Sólo un beso, una celebración del amor, un festejo literario donde se brinda por los placeres, los vinos del cuerpo, la lumbre erótica de la mujer y el hombre entrelazados, el amor desenfrenado y su locura.
El tema del amor es muy socorrido entre los poetas y, sin duda, hay poemas célebres, inolvidables. Consciente de esta realidad ofrezco otros poemas de gran calidad y resolución para invitar al lector al encuentro con otras voces o celebraciones. Cuando el idioma español presentó algunas dificultades para su comprensión, recurrí a versiones más ligeras sin alterar los contenidos, esto quedará demostrado en poemas iniciales de esta selección. Es indudable que faltan poetas célebres, sobre todo del siglo XX; por cuestiones de derechos de autor no podemos convocar a muchos autores que han dedicado versos ardorosos al amor y sus avatares. En defensa de esta antología, compartimos poemas desconocidos, raros, festivos, sarcásticos, densos, novísimos y, en muchos casos, composiciones poco atendidas de autores famosos que dejarán en el lector una impresión agradable.
Gracias a mis amigos y editores Enrique Calderón y Eduardo Flores por el apoyo y el entusiasmo para que este divertimento sensual sea un libro. Gracias a Melissa Campos por el cuidado editorial. Gracias a los amigos poetas, siempre generosos al compartir sus versos, quienes con sólo una llamada telefónica, un mensaje o un correo electrónico aceptaron la publicación de sus poemas. Gracias a la siempre dispuesta y luminosa Céline Ramos por su ayuda en el trabajo editorial, sus lecturas y recomendaciones: Celincita, este libro y mi amor son para ti.
Sólo un beso está dedicado a Xanthe Holloway, por nuestro amor constante más allá de la muerte; a Esilda Anayansi Ramos Trujillo, Javier Ángel Antonio, Ludmila Elvira Escobar Ramos, Juan Ignacio y Ana Patricia Ramos Salgado, Iván Montes Gutiérrez, Karla Margarita y Juan Manuel Hernández Ramos, Aldo Fabián Ramos Guerrero y César Damián Arellano Zúñiga: todos, un gran corazón en mi vida. Deseo que quienes se acerquen a estas páginas gocen, se entristezcan, sonrían, añoren o disfruten el amor, como lo hice al juntar estos poemas. El libro es una invitación desde la intimidad, el encierro o el campo para convocar al amor con un verso, una palabra o sólo un beso.
César Arístides
18 de octubre de 2021, día de san Lucas Evangelista
POR AMORES E LOORES DE UNA SEÑORA*
Alfonso Álvarez de Villasandino (España, 1380-1457)
Visso enamoroso,
duélete de mí,
pues vivo pensoso
desseando a ti.
La tu fermosura
me puso en prisión;
por la cual ventura
del mi coraçón
nos’ parte tristura
en toda sazón:
por én’ tu figura
me entristece assí.
Todo el mi cuidado
es en te loar,
quel tiempo pasado
non posso olvidar:
farás aguissado
de mi te membrar,
pues siempre de grado
leal te serví.
Estoy cada día
triste sin plazer;
si tan sólo un día
te pudiesse ver,
yo confortar me ía
con tu parescer:
por én’ cobraría
el bien que perdí.
* Al parecer este nombre es un heterónimo de Alfonso Álvarez de Toledo, quien decidió crear a este poeta para referirse a sus contemporáneos en composiciones poéticas sin ser descubierto (según un texto de Jesús Fernando Cáseda Teresa aparecido en el sitio e-Spania).
DEZIR
Marqués de Santillana (España, 1398-1458)
I
Non es humana la lumbre
que de vuestra faz procede;
a toda beldad excede
expresando certidumbre.
Fuente de moral costumbre,
donzella purificada,
do quiso facer morada
la discreta mansedumbre.
II
Vos sois la que yo elegí
por soberana maestresa,
más fermosa que deesa,
señora, de cuantas vi.
Vos sois la por quien perdí
todo mi franco albedrío,
donzella de honesto brío,
de cuyo amor me vencí.
III
E si cantigas de amores
yo fago, que algunas plegan,
ciertas por dicho se tengan
que vuestros son los loores.
Donzella, cuyos valores
con pluma e lengua recito
en fablas e por escrito,
sanad mis tristes langores.
IV
Donzella sed vos la lança
de Arquiles que, si fería,
prestamente convertía
la dolor en buena andança.
Mi bien y mi contemplança,
si firió vuestra presencia,
no tarde vuestra clemencia
con saludable esperança.
V
Ca non es tan poderoso
vuestro “non” que me defienda
de seguir la tal contienda,
aunque viva congoxoso.
Vuestro gesto desdeñoso
non fará, ni yo lo creo,
donzella, que mi deseo
non vos recuente quexoso.
Fin
Viso angélico, gracioso,
donzella de tal aseo
cual yo nunca vi ni veo,
dadme vida con reposo.
A UNA DAMA QUE IVA CUBIERTA
Gómez Manrique (España, 1412-1490)
El coraçón se me fue
donde vuestro vulto vi,
e luego vos conoscí
al punto que vos miré;
que no pudo fazer tanto,
por mucho que vos cubriese,
aquel vuestro negro manto,
que no vos reconociese.
Que debaxo se mostrava
vuestra gracia y gentil aire,
y el cubrir con buen donaire
todo lo magnifestava;
así que con mis enojos
e muy grande turbación
allá se fueron mis ojos
do tenía el coraçón.
ROMANCE
Juan del Encina (España, 1468-1529 o 1530)
Yo me estava reposando,
durmiendo como solía.
Recordé, triste, llorando
con gran pena que sentía.
Levantéme muy sin tiento
de la cama en que dormía,
cercado de pensamiento,
que valer no me podía.
Mi passión era tan fuerte
que de mí yo no sabía.
Conmigo estava la Muerte
por tenerme compañía.
Lo que más me fatigava
no era porque muría,
mas era porque dexaba
de servir a quien servía.
Servía yo una señora
que más que a mí la quería,
y ella fue la causadora
de mi mal sin mejoría.
La media noche passada,
ya que era cerca el día,
salíme de mi posada
por ver si descansaría.
Fui para donde morava
aquélla que más quería,
por quien yo triste penava,
mas ella no parecía.
Andando todo turbado
con las ansias que tenía,
vi venir a mi Cuidado
dando bozes, y dezía:
“Si dormís, linda señora,
recordad por cortesía,
pues que fuestes causadora
de la desventura mía.
Remediad mi gran tristura,
satisfazed mi porfía,
porque si falta ventura
del todo me perdería.”
Y con mis ojos llorosos,
un triste llanto hazía
con sospiros congoxosos,
y nadie no parecía.
En estas cuitas estando,
como vi que esclarecía,
a mi casa sospirando
me bolví sin alegría.
SONETO V
Garcilaso de la Vega (España, 1501-1536)
Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo,
vos sola lo escribiste; yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
A UNA DAMA
Diego Hurtado de Mendoza (España 1503-1575)
Tu gracia, tu valor, tu hermosura,
muestra de todo el cielo, retirada
como cosa que está sobre natura,
no pudiera ser vista ni pintada.
Pero yo, que en el alma tu figura
tengo en humana forma abreviada,
tal hice retratarte de pintura
que el amor te dejó en ella estampada.
No por ambición vana, o por memoria
tuya, o ya por manifestar mis males;
mas por verte más veces que te veo
y por sólo gozar de tanta gloria,
señora, con los ojos corporales,
como con los del alma y del deseo.
CUBRIR LOS BELLOS OJOS*
Gutierre de Cetina (España, 1510-1554)
Cubrir los bellos ojos
con la mano que ya me tiene muerto,
cautela fue por cierto,
que ansí doblar pensastes mis enojos.
Pero de tal cautela
harto mayor ha sido el bien que el daño,
que el resplandor extraño
del sol se puede ver mientras se cela.
Así que aunque pensastes
cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
yo os perdono la ofensa,
pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.
* Bella composición que de inmediato nos recuerda a los versos “Ojos claros, serenos, / si de un dulce mirar sois alabados, / ¿por qué, si me miráis, miráis airados?...” del mismo autor. El poema de esta antología parece ser continuación de estos versos, sin duda los más conocidos del poeta. Elegimos “Cubrir los bellos ojos” por no ser tan célebre, pero sí de igual gracia y encanto.