Agradecimientos
Este libro se gestó durante mis años de formación en la Universidad de California en Berkeley, en la Universidad de Yale, en la Universidad de Harvard y en el University College londinense, de modo que quisiera expresar mi agradecimiento a los profesores que más influyeron en mi pensamiento en aquella etapa: Frank Beach, Mina Bissell, Harold Bloom, Marion Diamond, Walter Freeman, Florence Haseltine, Richard Lowenstein, Daniel Mazia, Fred Naftolin, Stanley Jackson, Roy Porter, Carl Salzman, Leon Shapiro, Rick Shelton, Gunter Stent, Frank Thomas, George Valliant, Clyde Willson, Fred Wilt, Richard Wollheim.
Durante los años de facultad en Harvard y en la Universidad de California-San Francisco, mi pensamiento se vio influido por Cori Bargman, Samuel Barondes, Sue Carter, Regina Casper, Lee Cohen, Mary Dallman, Allison Doupe, Deborah Grady, Mel Grumbach, Leston Havens, Joel Kramer, Fernand Labrie, Sindy Mellon, Michael Merzenich, Joseph Morales, Kim Norman, Barbara Parry, Victor Reus, Eugene Roberts, Nirao Shah, Carla Shatz, Stephen Stahl, Marc Tessier-Lavigne, Rebecca Turner, Owen Wolkowitz, Chuck Yingling y Ken Zack.
Debo mencionar también a mis colegas, el personal, los médicos internos, los estudiantes de medicina y los pacientes de la Women’s and Hormone Clinic. Quisiera dar las gracias particularmente al cuerpo docente de la clínica: Lyn Gracie Adams, Steve Hamilton, Dannah Hirsch, Jane Hong, Shana Levy, Faina Novosolov y Elizabeth Springer.
Por su amistad y por su apoyo incondicional, quiero mencionar a Lynne Benioff, Marc Benioff, Diane Cirincione, Janet Durant, Adrienne Larkin, Sharon Melodia, Nancy Milliken, Jeanne Roberston, Sandy Robertson, Alla Spivak y Jodi Yeary.
El trabajo que se presenta en este libro debe mucho a las investigaciones y los textos de los siguientes autores: Marty Altemus, Arthur Arnold, Arthur Aron, Simon Baron-Cohen, Andreas Bartels, Frank Beach, Jill Becker, Sherri Berenbaum, Karen Berkley, Jeff Blaustein, Marc Breedlove, Lucy Brown, David Buss, Larry Cahill, Anne Campbell, Sue Carter, David Crews, Susan Davis, Karl Deisseroth, Geert De Vries, Catherine Dulac, Elisa Epel, Helen Fisher, David Geary, Jay Giedd, Jill Goldstein, Louis Gooren, Mel Grumbach, Andy Guay, Elizabeth Hampson, Bob Handa, James Herman, Melissa Hines, Gert Holstege, Sarah Hrdy, Janet Hyde, Tom Insel, Bob Jaffe, Doreen Kimura, Eleanor Maccoby, Dev Manoli, Helen Mayberg, Martha McClintock, Erin McClure, Bruce McEwen, Michael Meaney, Toni Pak, Barbara Parry, Don Pfaff, David Rubinow, Robert Sapolsky, Peter Schmidt, Nirao Shah, Barbara Sherwin, Elizabeth Spelke, Dick Swaab, Jane Taylor, Shelley Taylor, Rebecca Turner, Kristin Uvnas-Moberg, Victor Viau, Myrna Weissman, Sandra Witelson, Sam Yen, Kimberly Yonkers, Elizabeth Young, Larry Young, y muchos otros científicos cuyas obras se citan en este libro.
Quisiera dar también las gracias a las fundaciones y entidades que han respaldado este libro: la familia Lynne y Marc Benioff, la Fundación Médica Lawrence Ellison, el Centro Nacional de Excelencia en Salud de la Mujer de la Universidad de California-San Francisco, la Fundación Osher, el Festival de Música Staglin para la Salud Mental, la Fundación Salesforce.com, la Fundación Stanley y el departamento de psiquiatría de la Universidad de California-San Francisco.
Este libro se ha escrito y reescrito con la colaboración de Toni Robino, a quien debo la mayor gratitud.
Asimismo quisiera dar las gracias, de forma muy especial, a Diane Middlebrook y el Salón Literario. Diane dispuso las condiciones necesarias para que yo pudiese empezar a escribir; leyó muchos borradores de la obra, y fue y sigue siendo una inspiración, a pesar de su muerte prematura.
Amy Hertz creyó en este libro desde el primer día y merece un agradecimiento especial por contribuir a modelar mi pensamiento y escritura a lo largo de los años.
Estoy muy agradecida a quienes facilitaron que este libro fuera posible: Julie Sills, Stephanie Bowen, Elizabeth Rendfleisch, Mark Birkey, Gary Stimeling, Lorraine Glennon, Diane Salvatore, mi siempre alentadora agente Lisa Queen, de Queen Literary, y mi delicada agente publicitaria en Random House, Rachel Rokicki.
Estoy muy agradecida a mi editora de Random House, Kris Puopolo, que me apoyó con inteligencia, habilidad y dedicación durante los muchos años de escritura, reescritura, comienzos e interrupciones.
También agradezco a mi hijo, John «Whitney», la gentileza con que me aportó muchas de sus anécdotas personales y lo mucho que ha contribuido a mi comprensión del mundo de los chicos, adolescentes y jóvenes varones. Su sentido del humor y su determinación siguen inspirándome.
Ante todo quiero dar las gracias a mi marido y alma gemela, Sam Barondes, por todo: su comprensión del mundo masculino, su sabiduría, su frivolidad, su inteligencia, sus críticas, sus consejos editoriales, su sagacidad científica, su tolerancia, empatía y amor.

Los científicos consideran que las áreas cerebrales como el CCA, la UTP y la ZCR son los «centros» de la activación cerebral, que envían señales eléctricas a las restantes áreas del cerebro, provocando que ocurran o no determinadas conductas.
1. ÁREA PREÓPTICA MEDIAL (APM): ésta es el área del impulso sexual, que se localiza en el hipotálamo y es 2,5 veces mayor en el varón. Los hombres la necesitan para iniciar una erección.
2. UNIÓN TEMPOROPARIETAL (UTP): este centro cerebral de la «empatía cognitiva» es un buscador de soluciones que aúna los recursos del cerebro con el fin de resolver problemas inquietantes, tomando en consideración la perspectiva de las demás personas implicadas. Durante la interacción emocional interpersonal, esta zona está más activa en el cerebro del varón, se estimula más rápidamente y se apresura a buscar una solución rápida y práctica.
3. NÚCLEO PREMAMILAR DORSAL (NPD): es el área de defensa del territorio. Se halla en la zona más profunda del hipotálamo y contiene todos los circuitos del afán de superioridad, la defensa territorial, el miedo y la agresividad, rasgos instintivos en el varón. Es un área más amplia en el hombre que en la mujer y contiene circuitos especiales para detectar desafíos territoriales de otros hombres, lo que le confiere una mayor sensibilidad ante potenciales amenazas territoriales.
4. AMÍGDALA: es el sistema de alarma de la amenaza, el miedo y el peligro. Dirige los impulsos emocionales. La testosterona, la vasopresina y el cortisol la estimulan, mientras que la oxitocina la calma. Esta área es mayor en los hombres que en las mujeres.
5. ZONA CINGULADA ROSTRAL (ZCR): es el barómetro del cerebro para registrar la aprobación o desaprobación social. Esta área de «soy o no aceptado» impide que los humanos cometan el error social más importante: ser demasiado distintos de los demás. La ZCR es el centro cerebral de procesamiento de los errores sociales. Nos alerta cuando no damos en el blanco en el marco de las relaciones o el mundo laboral. En la pubertad esta zona tal vez ayuda a los varones a anular las respuestas faciales con el fin de ocultar sus emociones.
6. ÁREA TEGMENTAL VENTRAL (ATV): es el centro de la motivación, un área profunda del centro del cerebro donde se fabrica la dopamina, un neurotransmisor necesario para iniciar el movimiento, la motivación y la recompensa. Es una zona más activa en el cerebro masculino.
7. ÁREA GRIS PERIACUEDUCTAL (GPA): la GPA, que forma parte del circuito cerebral del dolor, contribuye a controlar el dolor y el placer involuntarios. Durante la relación sexual, es el centro del gemido, el placer intenso y la inhibición del dolor. Está más activo durante las relaciones sexuales en el cerebro masculino.
8. SISTEMA NEURONAL ESPECULAR (SNE): es el sistema empático emocional del «siento lo mismo que sientes tú». Sincroniza con las emociones de los demás mediante la lectura de las expresiones faciales y la interpretación del tono de voz y otras pistas emocionales no verbales. Es más amplio y está más activo en el cerebro femenino.
9. CÓRTEX CINGULADO ANTERIOR (CCA): es el área «doña angustias» del miedo al castigo y el centro de la inquietud por el rendimiento sexual. Es más pequeña en los hombres que en las mujeres. Sopesa diversas opciones, detecta conflictos, motiva decisiones. La testosterona disminuye las preocupaciones por el castigo. El CCA es también el área de la cohibición.
10. CÓRTEX PREFRONTAL (CPF): el CPF, una suerte de director ejecutivo del cerebro, se centra en el asunto que le ocupa, con el fin de sopesarlo a conciencia. Esta zona del «presta total atención a esto ahora» también opera como sistema de inhibición que refrena los impulsos. Es mayor en las mujeres que en los hombres, y en ellas madura uno o dos años antes.
Elenco de los actores
neurohormonales
(en otras palabras, cómo afectan
las hormonas al cerebro masculino)
TESTOSTERONA—Zeus: el rey de las hormonas masculinas, dominante, agresivo y todopoderoso. Centrado y orientado hacia los objetivos, construye febrilmente todo lo masculino, incluida la compulsión de descollar sobre los demás varones en la jerarquía. Provoca que las glándulas sudoríparas generen el olor insinuante de la virilidad: la androstenediona. Activa los circuitos del sexo y la agresividad, y afronta con ahínco la obstinada búsqueda de la pareja objeto de deseo. Preciado por su seguridad y valentía, puede ser un seductor convincente, pero cuando está irritable puede llegar a ser el peor gruñón.
VASOPRESINA—El Caballero Blanco: la vasopresina es la hormona del galanteo y la monogamia, la que defiende y protege agresivamente el territorio, la pareja y los hijos. Junto con la testosterona, regula los circuitos cerebrales masculinos y realza la masculinidad.
SUSTANCIA INHIBIDORA MÜLLERIANA (SIM)—Hércules: es fuerte, bravucón e intrépido. También es conocido como el «desfeminizador», pues despoja de forma despiadada al varón de todo lo femenino. Construye circuitos cerebrales para la conducta exploratoria, anula los circuitos cerebrales de las conductas típicamente femeninas, destruye los órganos reproductivos femeninos y contribuye a construir los órganos reproductivos y circuitos cerebrales masculinos.
OXITOCINA—El Domador de Leones: con unos cuantos abrazos y caricias, esta hormona del «siéntate, chico» es capaz de amansar al animal más fiero. Incrementa la capacidad empática y construye en el cerebro circuitos de confianza, amor romántico y apego. Reduce las hormonas del estrés, disminuye la presión sanguínea del hombre y desempeña un papel fundamental en el desarrollo de vínculos afectivos entre los padres y sus bebés. Favorece los sentimientos de seguridad y es la causa de la «narcolepsia poscoital» masculina.
PROLACTINA—El señor Mamá: causa un embarazo empático (síndrome de couvade) en los futuros padres e incrementa la capacidad paterna de oír el llanto de los bebés. Estimula las conexiones en el cerebro masculino favorables a la conducta paternal y disminuye el impulso sexual.
CORTISOL—El Gladiador: cuando se siente amenazado, se enfada, se enciende y está dispuesto a luchar a brazo partido.
ANDROSTENEDIONA—Romeo: el seductor de las mujeres. Cuando es segregado por la piel como feromona, contribuye más al atractivo sexual del hombre que ninguna colonia o aftershave.
DOPAMINA—El Vigorizante: es el más animado de la fiesta, especialista en la diversión, el disfrute y el entusiasmo. Siempre con una fuerte motivación, está mentalizado para ganar y triunfar una y otra vez. Pero, cuidado: es muy adictivo en sus efectos compensatorios, sobre todo en los juegos bruscos de los niños y en el juego sexual del hombre adulto, donde la dopamina incrementa el éxtasis durante el orgasmo.
ESTRÓGENO—La Reina: aunque no ejerce sobre el hombre tanto poder como Zeus, puede ser una fuerza muy influyente detrás del trono, capaz de controlar la mayoría de los circuitos cerebrales del varón. Tiene la capacidad de incrementar el deseo masculino de dar abrazos y otras carantoñas, estimulando su oxitocina.
Fases de la vida del hombre
Las hormonas pueden determinar qué le interesa hacer al cerebro. Su finalidad es contribuir a dirigir las conductas sociales, sexuales, de apareamiento, parentales, protectoras y agresivas. Pueden propiciar la brusquedad, la competitividad en el deporte o la asistencia a encuentros deportivos, la resolución de problemas, la interpretación de expresiones faciales y emociones ajenas, el establecimiento de vínculos afectivos entre varones, el cortejo y el apareamiento, la contemplación de las hembras atractivas, la formación de relaciones sexuales y vínculos de pareja, la protección de la familia y el territorio, el fantaseo, la masturbación y la pulsión sexual.

EL CEREBRO MASCULINO